Disclaimer: Todos los personajes de esta historia no me pertenecen, le pertenecen a Clamp, y la historia en sí pertenece a Sherryl Woods, yo sólo la adapté sin fines de lucro porque me pareció una muy buena historia para que los fanáticos de CCS la leyeran transaldada al mundo de Sakura.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Tomoeda Trilogy
The Backup Plan
Capítulo 8
Aún aturdida por la noticia del compromiso de Clow, Tomoyo decidió llamar a Afganistán para hablar con Toshinobu antes de que Eriol fuera a recogerla para cenar. Tal vez aún no era demasiado tarde para reconsiderar su futuro. Era posible que aquella inesperada noticia sobre Clow fuera una señal de que no se debería haber rendido tan fácilmente, de que necesitaba regresar al trabajo, aunque sólo fuera para demostrarse a sí misma que era lo suficientemente fuerte como para poder hacerlo.
Estar en casa no había resultado ser la panacea que ella había creído. Podría ser que hubiera llegado el momento de regresar a la acción, a lo que conocía y amaba.
¿Matrimonio e hijos? ¿En qué había estado pensando? Ella no era así. Era una periodista muy buena, a pesar de todo lo que había ocurrido. Estaba empezando a pensar que su plan de emergencia jamás habría funcionado, aunque Clow hubiera estado libre, por quien era ella y por lo que había visto.
Cuando Toshinobu respondió al teléfono, parecía muy nervioso. Demasiado tarde, Tomoyo se dio cuenta de que lo había pillado justo cuando estaba preparando la conexión vía satélite.
—Lo siento mucho, Toshinobu —dijo, disculpándose inmediatamente—. No me había dado cuenta. No es buen momento para llamarte. Volveré a hacerlo mañana.
—No seas tonta. Siempre tengo cinco minutos para ti. Dime, ¿qué tal te van las cosas en casa?
—Bien —mintió, aunque sin mucha convicción—. Ha sido genial volver a ver a mi familia —añadió. Al menos eso era cierto.
—¿Y ese hombre que dejaste atrás? —preguntó Toshinobu—. ¿Cómo te va en ese sentido? ¿Debería estar pendiente de recibir una invitación de boda uno de estos días?
—Me temo que no. Parece que está prometido. Eso arroja una nueva luz a todo este asunto, ¿no te parece?
—Hay otros hombres, Tomoyo. No tienes que sentar la cabeza mañana mismo. Simplemente ábrete a la posibilidad de que así sea.
Sabía que Toshinobu tenía razón, pero había querido poder volver a empezar para no sentirse tan perdida. Siempre había sido la clase de mujer que se pone unas metas y que luego trabaja como loca para conseguirlas. En aquellos momentos, sin propósito ni dirección alguna, se sentía aterrada sin saber del todo qué era lo que le daba tanto miedo. Tal vez la posibilidad de aferrarse al primer hombre o al primer trabajo que se le presentara.
—Dime algo, Tomoyo —le ordenó Toshinobu—. Esto no te habrá hecho pensar en volver aquí, ¿verdad?
Tomoyo notó la tristeza que había en la voz de Toshinobu. Supo que él se enfrentaría a ella, al menos hasta que Tomoyo pudiera demostrarle que estaba completamente convencida de su elección.
—No —dijo por fin, tratando de no mostrar resignación en la voz—. Supongo que no…
Cuando llegara el momento de regresar, si llegaba alguna vez, Tomoyo necesitaba estar emocionalmente fuerte y lista para luchar por su derecho de estar allí. En aquellos momentos, no se le ocurría nada que decir a su favor más que su propia desesperación por hacer algo.
—Te aseguro que regresar a casa fue una buena decisión, Tomoyo —le aseguró Toshinobu—. ¿Sigues teniendo pesadillas?
—De vez en cuando —admitió.
—¿Y los ataques de pánico?
—Eso mejor —dijo. El último había sido el que le había dado en casa de Eriol.
—¿Pero no han desaparecido del todo?
—No.
—¿Has hablado con alguien?
—No. Estoy bien. Estoy segura de que sólo necesito tiempo.
—En eso tienes razón. Date todo el tiempo que necesites. No seas dura contigo misma. Sé que no te gusta estar sentada sin hacer nada, pero hace falta tiempo para curarse. Ten paciencia.
—Claro, Toshinobu —contestó, tratando de evitar que el tono de derrota se le reflejara en la voz. Lo último que quería era la piedad del que había sido su jefe.
—Bueno, ahora tengo que dejarte. Ya Hablaremos.
—Cuídate, Toshinobu. Mantente a salvo.
Tomoyo colgó el teléfono sintiéndose más deprimida que nunca. Casi antes de que se diera cuenta de lo que estaba ocurriendo, las palmas de las manos se le cubrieron de sudor. La respiración se le ahogó en la garganta.
—¡Respira, maldita sea! —murmuró, al sentir que el ya demasiado familiar pánico se apoderaba de ella. Lo único que tenía que hacer era tranquilizarse. Sólo tenía que recordarse que todo iba a salir bien y respirar tranquilamente.
«Piensa en Eriol», se dijo. Él era un ejemplo de relajación y tranquilidad. Tal vez él pudiera enseñarle su técnica para tumbarse en una hamaca y dejar que los problemas le resbalaran por encima. «O puede que esté tratando de encontrar la solución para alcanzar la paz mundial», pensó. Inmediatamente, se le dibujó una sonrisa en los labios. El pulso se le fue tranquilizando y la tensión que se había apoderado de ella desapareció.
Si no podía tener a Clow ni regresar a su lugar de trabajo, tendría que decidir lo que hacer con su vida. Eriol probablemente podría ayudarla con eso. Sin duda, no tendría reparo alguno en darle su sincera opinión. Eriol no sabía el significado de endulzar la verdad. En aquellos momentos, le vendría muy bien un punto de vista imparcial y si éste venía de un hombre que entraba muy bien por los ojos, mucho mejor.
:.:.:.:.:.:.:.:.:.:
Cuando Eriol llegó a la casa de Tomoyo, se sorprendió al encontrarla en los escalones de entrada con un aspecto más angustiado que el que había tenido una hora antes. Llevaba exactamente la misma ropa y no parecía que se hubiera pasado ni un peine por el cabello.
La apariencia no le importaba nada. Ella tendría un aspecto igual de increíble después de dos días andando en medio de una tormenta de arena en el desierto. Lo sabía porque la había visto en aquellas condiciones durante un reportaje. Tomoyo le aceleraba el pulso de todas las maneras.
Lo que sí le preocupó sobre aquel detalle era que a Tomoyo no le interesara su aspecto. Estar presentable, incluso elegante, formaba parte del carácter de una mujer sureña de clase alta como lo era Tomoyo. Diez años en frentes de guerra no podía haberle arrebatado la coquetería.
—¿Todo bien? —le preguntó.
Ella forzó una sonrisa y se acercó a él.
—Por supuesto. Vamos. Estoy muerta de hambre.
—Lo que tú digas —dijo él, mirándola con apreciación mientras se subía al asiento delantero de la furgoneta. Tal vez estaba demasiado delgada, pero seguía teniendo el trasero más bonito que había visto en mucho tiempo.
Le cerró la puerta y rodeó el vehículo para dirigirse al lado del conductor. Al notar que ella estaba mirando al frente con un aspecto muy triste, dijo suavemente su nombre.
Cuando Tomoyo se volvió para mirarlo, se inclinó impulsivamente sobre ella y le tocó los labios con los suyos. El gesto casi no fue ni un beso, pero bastó para colorearle ligeramente las mejillas y ponerle fuego en los ojos. Eriol asintió con satisfacción.
—Eso está mejor —dijo.
—¿Por qué diablos has hecho eso, Eriol?
—Porque estabas muy pálida —respondió. Entonces, sonrió—, y ahora no lo estás. Ha funcionado a la perfección.
—Vuelve a intentarlo y te demostraré todo lo que he aprendido en esas clases de defensa personal que tomé antes de marcharme —le espetó él.
—Vaya, cielo… Ahora has hecho que resulte interesante.
—Ni siquiera pienses en convertirlo en una especie de desafío —le advirtió ella.
—No puedo pensar en ello de otra manera —comentó Eriol mientras arrancaba el coche—, pero te aseguro que lo intentaré, al menos hasta que lleguemos a un lugar que sea más conveniente. Ojalá hubiera traído mi descapotable. Los asientos son mucho más cómodos y no hay que pelearse con la palanca de cambio.
—Olvídate de lo que estás pensando. Esto no es una cita, si es eso lo que estás pensando.
—Por supuesto que no. Se trata tan sólo de dos viejos amigos que salen juntos a cenar.
—No somos viejos amigos.
—Conocidos entonces. Estoy seguro de que estarás de acuerdo en eso.
—Lo que sea mientras comprendas las reglas.
—¿Es que hay reglas, Tomoyo? —preguntó Eriol con inocencia—. Tal vez sería mejor que me las enumeraras. Yo por lo menos no las sé.
—¿Por qué he tenido que salir a cenar contigo? Eres imposible.
—Bueno, ahí es precisamente donde te equivocas. Soy una persona posible, aunque en tu caso yo me esforzaría un poco más para durar un poco más. Me parece que tus armas de mujer necesitan ejercitarse un poco. Evidentemente, te falta práctica, cielo. Si no fuera así, te habrías marchado corriendo a Tokyo en vez de estar aquí conmigo.
La dura expresión que Tomoyo tenía en el rostro desapareció por completo cuando ella soltó una carcajada.
—Debí de estar loca al pensar que podría pasar una tarde entera contigo. Sigues siendo el mismo de siempre. No voy a ir a Tokyo porque no persigo a los hombres que están comprometidos con otras mujeres.
—Lo harías si pensaras que los dos estabais enamorados.
—¿Me estás diciendo que debería ir?
—Por supuesto que no. Simplemente te estoy diciendo mi interpretación de por qué no vas. No deseas a mi hermano lo suficiente como para luchar por él. Te basta con lamentarte un poco, lo que probablemente harás durante unos días más antes de concentrarte en otra persona. Por cierto, yo estoy disponible.
—Como si yo pudiera tener una relación con un hombre en el que no puedo confiar. A pesar de lo respetable que resultas profesionalmente, algo me dice que eres el mismo hombre mentiroso y manipulador de hace diez años.
—A la mayoría de las personas les gusta saber que algunas cosas no cambian nunca —comentó él, riendo—. Les da tranquilidad.
—Créeme si te digo que yo estaría más tranquila sabiendo que tu hermano seguía disponible y que aún estaba enamorado de mí.
Eriol trató de no sentirse herido por aquel comentario.
—¿Por qué exactamente? En lo que se refiere al amor, ¿no es normalmente el primer instinto el que tiene razón? Tú abandonaste a Clow hace diez años porque sabías perfectamente que no era el hombre adecuado para ti.
—No. Lo que sabía era que no estábamos en el momento adecuado para ambos. Es completamente diferente.
—Yo no soy un romántico, pero estoy seguro de que el momento no importa cuando se está hablando del amor verdadero. ¿No se supone que uno debe dejarse llevar por la pasión?
—¿Y dejar de lado el sentido común? No sabes de qué estás hablando. Por cierto, ¿cuántas veces has estado enamorado?
—Nunca —respondió Eriol inmediatamente. Entonces, lo pensó un poco más—. Miento. Una vez.
Desgraciadamente, había sido de Tomoyo y ella no lo había estado entonces más de lo que lo estaba en aquellos momentos. Un hombre más sensato habría comprendido el mensaje. Sin embargo, ninguna de las lecciones que Eriol había aprendido en su vida habían resultado fáciles. Parecía como si también en aquella ocasión fuera a tener que luchar para ver si podía conseguir lo que quería.
:.:.:.:.:.:.:.:.:.:
Durante la cena, Tomoyo se pasó mucho tiempo cambiando la opinión que tenía sobre Eriol. Resultaba más agradable estar con él de lo que había imaginado y era un hombre inteligente y perspicaz. Por supuesto, también parecía que no se tomaba las cosas muy en serio, por lo que ella se sorprendió mucho cuando le preguntó sus razones para regresar a casa, lo que sorprendió mucho a Tomoyo.
—¿Vas a decirme qué es lo que estás haciendo aquí? —preguntó.
—¿Te refieres a por qué estoy aquí contigo esta noche? —replicó ella, fingiendo que no había interpretado bien la pregunta—. Yo misma llevo intentando comprenderlo desde que me subí a tu todo terreno.
—Venga ya, cielo. Ya sabes a lo que me refiero —repuso él, con impaciencia—. Una cosa es que regreses a Tomoeda como la hija pródiga, que digas hola a tus padres y que luego te vuelvas a marchar y otra muy distinta que te quedes durante semanas. De hecho, ni siquiera pareces inquieta aunque ya sabes que Clow no está disponible.
—Créeme que lo estoy.
—¿Has reservado ya el billete para regresar?
—No.
—¿Y eso?
—Simplemente no lo he hecho, ¿de acuerdo? ¿Podríamos cambiar de tema, por favor?
—Creo que no. Algo me dice que por fin estamos llegando a lo bueno.
—¿A lo bueno?
—Ya sabes, a los secretos íntimos de lo que hace vibrar a Tomoyo Daidouji.
Ella se echó a temblar ante la perspectiva de que él fuera a tratar de psicoanalizarla.
—Mira, no he venido aquí esta noche para que me analices ni a mí ni a las decisiones que tomo. No tienes ningún derecho.
—Pensé que la otra noche habíamos establecido que tengo algunos conocimientos para esta conversación en particular. Vamos, Tomoyo. Habla conmigo. No te estoy preguntando qué te ocurrió allí para ponerte nerviosa porque me lo imagino, pero, ¿vas a dejar que eso afecte al resto de tu vida?
—No es eso lo que estoy haciendo —replicó ella, a la defensiva. Cuando notó el escepticismo con el que él la miraba, suspiró—. Muy bien, tal vez sea eso lo que esté haciendo, pero es lo que yo he elegido, Eriol. No tiene nada que ver contigo.
—Claro que tiene que ver si sigues decidida a utilizar a mi hermano como medio para aliviar lo que estés sintiendo.
—Yo no soy así. Además, eso ya no importa ahora que sé que está prometido. Por lo tanto, puedes dejar de preocuparte.
—Ahora sí que sé que te ocurre algo. Si hubieras regresado aquí sólo porque una mañana te despertaste y te diste cuenta de que estabas locamente enamorada de Clow, no dejarías que el hecho de que él estuviera comprometido se interpusiera en tu camino. Tal y como te he dicho antes, lucharías con uñas y dientes para recuperarlo.
—Te aseguro que no. Tengo escrúpulos.
—No se trata de escrúpulos, sino de luchar por algo que deseas con todo el alma. Sé que seguramente jamás romperías un matrimonio, pero un compromiso no sería nada más que un pequeño inconveniente para una mujer que está convencida de lo que quiere.
—Eso demuestra lo poco que tú sabes sobre el honor y la integridad —le espetó ella. Entonces, lo miró con curiosidad—. No te entiendo. Pensaba que estabas haciendo todo lo posible para apartarme de Clow. Ahora casi parece que quieres que rompa su compromiso.
—No. Tan sólo quiero ver pruebas de que tienes la misma fuerza que recuerdo.
—Claro que la tengo.
—Pues no la veo y me da mucha pena, porque jamás te tuve por una mujer que abandonara fácilmente. Sin embargo, aquí estás. Has dejado tu profesión y a Clow en un abrir y cerrar de ojos. ¿Qué viene después? ¿Te vas a pasar los días tomando el sol en la piscina de tu padre esperando que aparezca un tipo rico y que quiera casarse contigo? Tal vez eso le gustara a tu mamá, pero no me parece que vaya contigo a no ser que hayas cambiado más de lo que yo recuerdo.
—Te aseguro que no estoy escapando de nada. Estoy tratando de encontrar algo mejor.
—¿Mi hermano?
—Sí.
—Y ahora has abandonado la idea, ¿no?
—Ciertamente y sabes perfectamente por qué. ¿Tenemos que hablar de lo mismo una y otra vez?
—Sí. ¿Estás enamorada de él?
—¡Sí, maldita sea!
Eriol la miró durante lo que a Tomoyo le pareció una eternidad. Entonces, sacudió la cabeza.
—No me lo creo.
—Pues a mí me importa un comino si te lo crees o no —repuso ella.
—¿Por qué no tratas al menos de convencerme? Empecemos con el hecho de que Clow y tú no os habéis visto desde hace diez años. De hecho, ni siquiera os habéis mantenido en contacto. ¿Qué tal voy hasta ahora?
A Tomoyo no le gustó el sarcasmo que notó en la voz de Eriol. Tenía razón al mostrarse escéptico, pero no iba a darle la satisfacción de admitirlo.
—¿Qué te hace pensar que no hemos mantenido el contacto?
—¿Sabías lo de nuestro negocio?
—No —admitió ella, de mala gana. —Ya me parecía. ¿Puedo continuar? —añadió, muy pagado de si mismo.
—Claro —dijo ella, sabiendo que Eriol iba a hacerlo tanto si ella quería como si no.
—Entonces, se te ocurrió volver a casa para volver a su lado y ¿qué? ¿Casarte con él? ¿Tener unos cuantos hijos? ¿Vivir felices para siempre?
—Lo dices como si fuera algo muy extraño. ¿No son todas esas cosas lo que desea la mayoría de la gente?
—No hay nada malo en ello, aunque yo no crea mucho en ese tipo de cosas. Digamos que todo hubiera salido como esperabas y que tuvieras ya lo que querías. ¿Qué se suponía que ocurriría cuando empezaras a aburrirte?
—No le estás dando mucho crédito a Clow. Estar casada con él y tener una familia no sería aburrido.
—Para alguien como Madoushi no, porque ella lo adora y está perfectamente feliz con la perspectiva de quedarse en casa, cuidando de sus hijos. Ella no aspira a nada más que a ser una gran esposa y una fantástica madre. ¿Puedes tú decir lo mismo?
Por supuesto, Tomoyo reconocía que Eriol sabía que no sería capaz. Todo el mundo sabía que Tomoyo era una mujer muy ambiciosa. Siempre había mostrado mucho desdén ante lo de ser esposa y madre.
—Tal vez ya haya estado en todos los sitios a los que quería ir y haya hecho todo lo que quería hacer —replicó.
—¿De verdad?
—Sí —contestó, lo que era cierto hasta un punto. La razón por la que lo había dejado todo era el miedo, aunque no estaba dispuesta a admitirlo delante de Eriol.
Él la miró con incredulidad.
—Admítelo, Tomoyo. Puedes mentirme todo lo que quieras, incluso hacerlo contigo misma, pero los dos sabemos que el aburrimiento terminaría por acabar contigo. ¿Entonces qué? ¿Abandonarías a tu familia para regresar a tu trabajo?
—Por supuesto que no. Yo jamás haría algo así.
—Entonces, ¿preferirías quedarte y ser una mujer infeliz? Eso sería fantástico para todos los implicados, ¿no te parece?
—Te muestras tan cínico porque no comprendes nada sobre el poder del amor.
—El amor es algo fantástico. Incluso poderoso, pero no hace milagros. No puede cambiar la naturaleza humana.
—En eso te equivocas. ¿Acaso no has oído nunca que el amor puede mover montañas?
Eriol se echó a reír.
—Sí me muestras un ejemplo de que eso te está ocurriendo a ti, te diré de buena gana exactamente dónde está y te llevaré a su lado yo mismo.
—Ni siquiera sé por qué estoy teniendo esta conversación contigo. No haces más que tergiversar todo lo que digo.
—¿De verdad? ¿No será más bien que estoy haciendo que veas lo ridículo que fue pensar que podrías regresar aquí y volver a recuperar el pasado?
—No era ridículo. Clow y yo hicimos un trato.
—Sólo por curiosidad. ¿Incluía ese trato permanecer fiel y célibe?
—No, aunque no sé por qué eso es asunto tuyo.
—Sólo estaba comprobando las reglas. Por lo que yo sé, Clow las ha incumplido al empezar su relación con Madoushi. Si hubiera habido reglas, yo estaría dispuesto a sentarme con él y a tener una conversación de hombre a hombre con él por ti.
—Te digo que no había reglas —repitió ella—. Teníamos un acuerdo. Si llegaba el momento en el que estábamos dispuestos a casarnos y los dos estábamos disponibles, eso sería precisamente lo que haríamos.
—En ese caso, no puedes culpar a mi hermano por haber decidido seguir adelante con su vida.
—Por supuesto que no.
—¿Y tú? ¿Seguiste adelante con tu vida?
—¿Me estás preguntando si me acosté con algún hombre?
—Sí, Tomoyo. Eso es precisamente lo que te estoy preguntando.
—No veo cómo eso puede ser asunto tuyo.
—Lo hiciste —afirmó él, sacando su conclusión por la reticencia que ella mostraba.
—De acuerdo, sí. Estaba en muchas situaciones peligrosas. Es natural refugiarse en alguien.
—¿Alguien en especial?
Tomoyo pensó en el único hombre que le había importado de verdad y entonces, deliberadamente, bloqueó su recuerdo. Las imágenes aún estaban demasiado recientes y resultaban demasiado dolorosas a pesar de que habían pasado varios meses. No podía pensar en todo aquello sin perder por completo el control.
—Nadie —mintió.
—¿De verdad? —insistió él, mirándola con incredulidad.
—¿Por qué insistes tanto?
—Porque, evidentemente, es importante. Estás evitando responderme directamente, Tomoyo. ¿Quién era él? ¿Qué le ocurrió? ¿Por qué no estás con él en vez de perseguir a mi hermano?
Tomoyo hizo un gesto de dolor ante tanta insistencia. Si se le permitía a él o a cualquiera que retirara la costra de la herida aún reciente de su trágica pérdida, estaba completamente segura de que empezaría a gritar sin poder detenerse.
—Cuéntamelo, Tomoyo —le ordenó Eriol, tomándola una mano con la suya.
Los recuerdos de Fye inundaron la cabeza de Tomoyo. El pulso empezó a acelerársele. De repente, volvía a estar allí… en el infierno.
Afganistán, seis meses antes
—¡Vete! ¡Vete!
Sin poder moverse, Tomoyo oyó la urgencia que había en la voz de Fye. Su instinto le decía que debía obedecer la frenética orden, pero ¿cómo iba a poder hacerlo? Él estaba pidiendo que huyera, que lo dejara para enfrentarse solo a la terrible incertidumbre de los rebeldes armados que los habían obligado a detener su vehículo en medio de una carretera abandonada. El conductor había abandonado el coche para unirse a los guerrilleros, posiblemente para negociar, aunque resultaba mucho más probable que lo hubiera hecho para unirse a ellos. Los hombres que contrataban los periodistas extranjeros como conductores y traductores tenían a menudo dividida su lealtad. Además, los periodistas norteamericanos eran un buen objetivo. Los actos terroristas de Al Qaeda captaban la atención del mundo entero.
—No puedo…
Se sentía culpable. Sabía que ella los había metido en aquel lío. Había insistido en salir sola con Fye para conseguir aquella entrevista, a pesar del protocolo que establecía que los periodistas debían viajar en coches separados en todas sus incursiones. Si uno sufría una emboscada o se estropeaba, al menos el otro coche tenía oportunidad de escapar.
—No puedo… —repitió.
—Claro que puedes —dijo Fye—. ¡Lo digo en serio, Tomoyo! Cuando salga de este coche, voy a empezar a disparar. Toda la atención se centrará en mí. Abre la puerta, agáchate y muévete. Entonces, tan pronto como te veas libre, echa a correr todo lo que puedas. Para esto nos hemos estado entrenando. En los últimos meses, has aumentado tu velocidad y tu resistencia. Claro que puedes —reiteró. Cuando vio que Tomoyo no respondía, la zarandeó—. ¡Maldita sea! ¿Me estás escuchando, Tomoyo?
—Te he dicho que no puedo —susurró de nuevo.
Sentía una extraña sensación en el estómago, como si fuera a vomitar—. Acordamos que siempre estaríamos juntos. No puedo dejarte, Fye…
Lo peor de marcharse, lo peor de abandonar a Fye, era que lo dejaba expuesto a una muerte casi segura mientras que ella al menos tendría oportunidad de vivir. Nada de todo lo que habían planeado la había preparado para aquello.
El hecho de trabajar con el mismo cámara tantos años le había dado a Tomoyo una habilidad intuitiva para comprender cómo pensaba Fye y viceversa. Como equipos, habían ganado premios. Se arriesgaban juntos y, más que eso, Tomoyo lo amaba. ¿Cómo podía olvidar todo aquello y marcharse sola?
—Tienes que hacerlo —insistió él—. ¿Prefieres que muramos los dos aquí? Porque eso será lo que ocurrirá, Tomoyo. Míralos. No se andan con bromas. Te matarán o, peor aún, te tomarán como rehén.
Aquellas palabras la obligaron a enfrentarse de nuevo a la triste realidad de su situación. Los dos sabían lo que les ocurría a los rehenes, en especial a las mujeres. Habían entrevistado a muchas víctimas y habían leído los fríos informes forenses de las que ya no podían hablar por sí mismas. Tomoyo prefería morir bajo una lluvia de balas. De eso no tenía ninguna duda.
—Sabes que tengo razón —prosiguió Fye—. Al menos si yo sé que tú estás a salvo, tal vez pueda escapar de aquí. Incluso tú podrías tener tiempo de pedir ayuda. Sólo estamos a tres kilómetros de la ciudad. Tal vez puedas llegar allí y alertar a las autoridades. Podrías regresar para salvarme.
Tomoyo sabía que no sería así. El hombre del que se había enamorado, aquel valiente cámara que había estado en múltiples guerras junto a ella en lugares abandonados de la mano de Dios, iba a morir allí mismo, en una carretera desierta y le estaba dando a ella una pequeña posibilidad de salvarse.
Así era Fye, valiente y noble hasta el final. Su valor, no el de ella, era el rasgo que les había conseguido historias que nadie más era capaz de obtener. Ella recibía toda la atención porque su rostro salía en la pantalla, pero eran las imágenes que Fye grababa las que cautivaban a la audiencia y la habían convertido a ella en una superestrella de la pantalla.
Fye le enmarcó el rostro con las manos y le acarició la barbilla. Los brillantes ojos azules que habían sido capaces de ver tanto a través de la lente de una cámara estaban llenos en aquel momento de generoso amor y de determinación.
—¡Hazlo, Tomoyo! No te andes con tonterías, ¿de acuerdo? ¡Hazlo! ¿Me comprendes? No puedo estar aquí sentado discutiendo contigo.
Tomoyo aceptó por fin que no le quedaba elección alguna y asintió porque le resultaba imposible hablar.
—Cuando cuente tres —dijo Fye, con increíble tranquilidad—. Te amo. No lo olvides nunca, ¿de acuerdo?
Los ojos de Tomoyo se llenaron de lágrimas. Siempre había sospechado que podría ocurrirles algo así. Eran los riesgos que conllevaba su trabajo. Hoy en día, ser corresponsal de guerra no es algo glamuroso. Resultaba peligroso y, a menudo, mortal. Los terroristas no jugaban según las reglas. Los reporteros que se cruzaban en su camino tenían tantas posibilidades de morir como los soldados o los civiles y, desgraciadamente, los reportajes no se conseguían en los seguros y cómodos hoteles.
No obstante, jamás habría pensado que esto podría ocurrirle a ella. Tenía cuidado y calculaba el margen de peligro cada vez que salía a hacer una entrevista. Aquella noche, ansiosa por conseguir una en exclusiva tras la que llevaba mucho tiempo, había cometido un error de cálculo fatal.
Siempre había tenido a Fye a su lado. La solidez de él le daba fuerzas a ella, fueran cuales fueran las atrocidades a las que tenían que enfrentarse en los lugares que la cadena les había mandado cubrir. En los todo el mundo se les conocía como una intrépida pareja, que siempre conseguía increíbles imágenes de personas y lugares que otros no se atrevían lo suficiente a buscar. Las imágenes de él junto con las palabras de Tomoyo les había reportado todos y cada uno de los honores periodísticos.
Se les reconocía por todas partes, a excepción de los pueblos más remotos. Unos los respetaban y otros los vilipendiaban. A Tomoyo le daba la sensación de que precisamente esa fama se encontraba detrás de la situación en la que se encontraban. Se les utilizaría como ejemplos de lo que le podría ocurrir a cualquiera que se atreviera a destapar el terror.
Observó la pistola que Fye tenía en la mano y se echó a temblar. El hecho de que su compañero fuera armado era evidencia del imprevisible giro que la guerra contra el terrorismo había dado después del once de septiembre. En el pasado, los periodistas raramente iban armados e incluso en el presente aquella decisión era cuestionada por muchos.
Tomoyo era de las que tenía sus dudas, pero, en aquellos momentos, se alegraba de que Fye hubiera insistido en llevar un arma cuando salían a hacer un reportaje, sobre todo porque sabía cómo utilizarla. Les daba una pequeña posibilidad.
—¡Uno!
La voz de Fye resonó en el aire. Les quedaban minutos, tal vez segundos, para tomar decisiones que podían decidir que vivieran o que murieran.
—Te amo —susurró ella, deseando creer que tendría un millón de oportunidades más de decírselo.
Le agarró con fuerza la pechera de la camisa, tiró de él y lo besó con fuerza, sabiendo que aquella podría ser la última vez. En aquellos pocos segundos, trató de memorizar el sabor y la textura de aquella boca. Entonces lo soltó. Fye le guiñó un ojo mientras le sonreía con una de esas sonrisas tan características suyas.
—Dos —dijo, apretándole con fuerza la mano para darle ánimos.
Había llegado el momento. Tomoyo se giró y agarró con fuerza la manilla de la puerta.
—¡Tres!
Sin mirar atrás, Fye salió del coche y empezó a disparar. La débil puerta era su única protección. Tomoyo luchó contra la tentación de volverse a mirar. En vez de eso, abrió la puerta y se agachó, rezando para que Fye hubiera conseguido captar toda la atención de los insurgentes. Se colocó junto al coche, sabiendo que por el momento estaba a cubierto mientras las balas restallaban a su alrededor.
Entonces, respiró profundamente y echó a correr, alejándose de la batalla en dirección a la ciudad, tal y como había acordado con Fye. En todo momento, no dejó de esperar sentir el impacto de una bala en la espalda.
Había recorrido tan sólo unos cien metros cuando el mundo explotó a su alrededor. Sintió que la fuerza de la deflagración la levantaba en el aire, para dejarla luego caer sobre la polvorienta carretera. Las piedras se le clavaron dolorosamente.
Como no dejaban de llover piedras desde el cielo, se cubrió la cabeza con las manos para protegérsela, aunque las piedras pudieran abrirle heridas en los brazos e incluso rompérselos. Entonces, esperó hasta que el ruido cesó después de lo que le pareció una verdadera eternidad.
Sólo cuando todo quedó sumido en una extraña tranquilidad, se incorporó y se atrevió a mirar atrás. La zona en la que había estado el coche estaba completamente ennegrecida. El metal del coche, al menos lo que aún se podía identificar como tal, era un amasijo de hierros abrasados. El humo flotaba en el aire mientras que los cuerpos cubrían la carretera.
—¡Oh, Dios no! —gritó.
Consiguió levantarse y regresó frenéticamente hasta el último lugar en el que había visto a Fye. En los segundos que tardó en llegar, no hacía más que repetirse que lo encontraría herido, pero con vida. Se lo prometía una y otra vez.
Sin embargo, a medida que se fue acercando, vio que no había esperanza alguna. Había visto aquella clase de horror, la de los coches bomba antes, pero nunca con alguien que conocía como protagonista, nunca cuando había conseguido escapar por unos pocos segundos.
Al principio, no pudo entenderlo. ¿Por qué detonar una bomba allí? ¿Se habría detonado accidentalmente por una bala? Esa era la única explicación que tenía sentido.
Temblando, examinó cada trozo de chatarra. Cuando por fin encontró un trozo desgarrado de la cazadora que Fye llevaba puesta, lo agarró con fuerza y siguió buscando desesperadamente, aterrada de no encontrar más.
Cuando por fin lo encontró, casi irreconocible entre los hierros retorcidos y los restos esparcidos por todas partes, se arrodilló al lado de la carretera y vomitó. Su corazón, que siempre había estado lleno gracias a la presencia de Fye, se vació de todo sentimiento. El empuje y la ambición que la habían llevado a arriesgarse murieron allí mismo, en aquella carretera desierta. En ese momento comprendió que ya no le quedaba nada más por dar, ni a su profesión ni a sí misma. Presa del shock, se sentó al lado de lo que quedaba del hombre que había amado y agarró con fuerza la mano destrozada y ensangrentada.
Pasaron horas antes de que un convoy de soldados la encontrara, perdida e incoherente. No le sorprendió que ellos insistieran en llevársela para que pudieran curarle los cortes y los arañazos que se había hecho cuando cayó al suelo. De hecho, creía que ya nada podría volver a sorprenderla…
—¡Tomoyo!
La voz de Eriol la sacó por fin del horror de aquella escena. Sólo se dio cuenta de que había estado llorando cuando él le tocó la mejilla.
—Dime —le suplicó él, con la mirada llena de preocupación y compasión.
—No puedo hablar de ello…
—Entonces, ¿hay algo de lo que hablar, algo concreto?
—Déjalo estar, Eriol, por favor…
Él la miró durante un instante y por fin asintió.
—Muy bien. Lo dejaré estar por el momento, pero no para siempre.
A Tomoyo no le preocupaban las palabras «para siempre». De hecho, ya no creía en ellas.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Y ahi tienen el capítulo ocho!
Capitulo interesante!, con grandes revelaciones!... Pobre Fye, duró poco en la historia, pero tiene un papel importante, fue un gran amor de Tomoyo! Cuando una persona a la que amamos se va de una manera tan trágica cuenta mucho más superarlo, ahora nos vamos enterando porque sufre tantop nuestra Tomy... En lo personal Fye siempre fue un personaje que me gusto muchísimo, por eso lo puse en este papel, porque aunque no pueda aparecer más me gusta mucho la personalidad que tiene y el impacto que tiene en la historia... Bueno ya me dirán ustedes que opinan...
Ok! Que les pareció el capítulo?... ¿Que piensan de la actitud de Eriol ante Tomoyo? ¿Creen que esta bien que la pelee se esa manera o piensan que no es la mejor forma para llegar a ella?
Muchas gracias a los lectores que me dejaron sus comentarios y espero Reviews con sus opiniones sobre este cap ;)
RTAs:
Cereza21: Hola! Me alegro que te este gustando... Al parecer por el momento tomó la decisión de no hacerlo, pero no parece 100% convencida... Habrá que ver que hace más adelante, ojalá Eriol la distraiga lo suficiente como para que no tenga tiempo de pensar en Clow, viste como somos las mujeres, le damos vueltas a un asunto hasta que encontramos la manera de salirnos con la nuestra jajaja... No te preocupes que ya van apareciendo signos de confusión en Tomoyo, parece ser que Eriol tiene una influencia especial en ella que logra calmarla en los peores momentos... Bueno espero que te haya gustado este cap! Y quiero leer tu opinión sobre lo que pasó... Muchas gracias por tu Review! Siempre es muy lindo leer los comentarios que me dejas ;)... Nos leemos en el próximo cap! Un beso :)
Tinavb: Jajaja yo actualizo bastante rápido! Mas o menos dos veces por semana... así que si te pasas a principios de la semana y/o el finde es casi seguro que vas a encontrar un capítulo nuevo... :) Opino igual que vos con respecto a Tomoyo y Clow, sería bastante egoísta de parte de ella, son muchos años! Por otro lado, Clow siguió con su vida, está con alguien más ahora, alguien lo suficientemente importante para él como para estar dispuesto a casarse; si Tomoyo se presentara en su puerta con la cola entre las patas después de tanto tiempo, ¿sería capaz él de dejar a su prometida por ella?... Yo también me divertí mucho con Eriol y Sonomi! Cuando estaba leyendo la historia original no podía más que imaginarme a Sonomi en la piel de la madre de la protagonista, fue una de las razones por las que decidí adaptarlo a un ExT... Y si, por lo visto ella tiene una buena opinión de Eriol ya que, parece que fue una de las personas que depositó su confianza en el Eriol y su talento para la construcción, una de las que le dio la oportunidad de hacer algo importante de su vida... Si soy completamente sincera, nunca me cerró mucho el hermano de Tomoyo, no es un personaje que me guste mucho por alguna razón inexplicable, pero bueno, ya me dirás tu opinión de él cuando aparezca un poco más en la historia. Me alegro que te guste la historia! Muchas gracias por tu Review, nos leemos en el proximo capítulo y espero ansiosamente tu opinión sobre este cap! Un beso grande! :)
-.-.-.-
Creo que voy a actualizar a mediados de semana como siempre, los Miércoles es el día que más tiempo tengo así que, a menos que tenga una sesión de fotos, el capítulo que viene lo subo ese día, sino el jueves...
Nos leemos el Miércoles o Jueves!
XOXO
Mel
