Perdí la cuenta de cuantas veces le pregunté si estaba seguro de acompañarme, esto parecía romper con alguna cláusula de nuestro contrato, pero me aseguró que era muy específico al decir que yo no podía suministrar información personal, no lo haría ya que por voluntad propia seria espectador y entonces no incumpliría absolutamente nada y lo que le había dicho a su familia tampoco había incurrido en una falta pues no fue directamente a él y ellos eran ajenos al contrato, busqué miles de excusas para no viajar a Michigan y todas esas veces dijo que por su culpa no estaba aprovechando mis días de vacaciones para ir personalmente a ver a mi familia, era yo la que no estaba segura así que dos días después simplemente dijo que tenía pasajes para ambos. La última vez que vi a mi padre tuve que llevarlo arrastrando internado a una clínica, su función hepática estaba deficiente y estuvo a punto de morir, fue muy duro verlo en ese estado y no poder hacer nada, su ex esposa me había ayudado mucho era una mujer buena que una vez quiso mucho a mi padre pero el alcohol terminó por destruir siempre todo a su paso, me mantenía en contacto con ella por mi hermano y por qué aun visitaba a mi padre con él de vez en cuando, no pudo negarse cuando me ofrecí a pagar la colegiatura era un excelente colegio que le abriría muchas puertas en un futuro y no quería que pasara dificultades, las mismas que viví yo trabajando desde los 14 años para pagar las cuentas y sacar el tiempo de donde no tenía para estudiar, aquella vez se recuperó gracias a la medicina, su condición era inestable y yo no podía quedarme a cuidarlo había hecho una vida en Chicago, busqué la mejor de las clínicas de rehabilitación, un internado, casi un asilo, llore mucho, me reproche muchas veces haberlo dejado y cada vez que lo llamaba se escuchaba mejor, los terapeutas hacían un mejor trabajo que yo evidentemente y con lo que costaba ese lugar más les valía prestar toda su atención a tratar su enfermedad. Tal vez Albert pensó que llegaríamos a una casa de familia aunque no demostró sorpresa alguna cuando llegamos a el centro de rehabilitación, era un lugar ambientado como una enorme casa con palmeras artificiales y prado verde, algo más de color para el constante gris de Michigan, había mucha gente de todas las edades, mire a todos lados y los recuerdos golpeaban mi mente, el estado deplorable de mi padre tanto que la mayoría del tiempo no me reconocía, mi desesperación y angustia, mi hermano llorando en los brazos de su madre con la cabeza encajada para no ver, realmente pensamos que era la última vez que lo veríamos


Flashback

Tomé su mano apenas tenía 12 años, camine con el hasta el jardín, nos sentamos en un banquillo de madera y suspire profundamente, al mirarlo en secaba sus lágrimas rompiéndome el corazón, hice que me mirara para luego limpiar su cara con una servilleta mientras le sonreía.

- ¡Sabes! Hay momentos en los que ser fuerte simplemente no basta, papá está enfermo y si Dios tiene planes para él en este mundo se va a recuperar, este lugar le va a ayudar y nosotros también, eres muy pequeño todavía Tommy y..

- ¡Ya no soy tan pequeño Candice! – estaba molesto, dolido

- Lo sé.. estas creciendo rápido - acaricie su cabeza sin perder la sonrisa – entonces tenemos que ser más valientes y si papá se recupera ayudarlo, esto es una enfermedad, a veces no es consciente de lo que hace o dice, una adicción te quita tu personalidad arruina todo ¿pero sabes cómo podemos ayudarlo?, dándole amor... pase lo que pase no podre quedarme, tengo que trabajar y la universidad comenzara pronto – acaricie sus manos – lo llamare cada semana y a ti tambien, cada semana sin falta pero tú, no lo olvides, por favor no lo odies por esto, confío en ti y tu presencia siempre le hará bien – se irguió y dejo escapar el aire, sus ojitos claros me miraron con ternura y me abrazó, muy fuerte, besé su cabeza queriendo que ese momento durara una eternidad, no quería dejarlos, pero tampoco podría hacer nada más, tenía que convertirme en alguien ser un ejemplo a seguir para Tommy

- Te prometo que sere fuerte, se que se va a recuperar lo siento aqui - se toco el pecho y me sonrió - lo cuidare hasta que regreses

- Y yo te prometo que estudiare mucho para convertirme en médico pronto para que papá y tu esten orgullosos de mi - su enorme sonrisa lleno mis ojos de lagrimas


Llegamos justo a la hora, yo ya había coordinado con Denise para darle la sorpresa a papá, estaba entre emocionada y nerviosa, no sabía que esperar, no sabía cómo iba a encontrarlo, él tomo mi mano y me dijo que todo saldría bien, agradecí que estuviese conmigo y apreté su mano, quizá nunca hubiese tenido el valor después de todo. Un chico alto de cabello castaño y guapo me sonrió desde lejos y corrió a abrazarme no podía creer cuanto había crecido estaba más alto que yo, para mi seguía siendo un niño, lo abracé con un nudo en la garganta y me permití verlo por completo, por el teléfono no era lo mismo que tenerlo finalmente de frente

- Te has puesto más pequeña hermana

- Y tu ya eres todo un hombre – reí, Denisse me sonrió como siempre con su temperamento sumiso y yo les presente a Albert como mi amigo.

Juntos nos preparamos para pasar a el salón en donde esperaba mi padre, sería una sorpresa, ellos ya lo habían visitado hacia unas semanas, al entrar en una silla frente a la ventana estaba él, un poco encorvado, parecía más anciano de lo que debería, mis ojos se llenaron de lágrimas tenía que aguantar, en cuanto dije su nombre giró y me miro por unos segundos, no pude contenerme deje salir mis lagrimas

- Papá, vine a verte y te traje tus galletas favoritas – se levanto poco a poco y pude ver lo delgado que estaba, demacrado y pálido, me dolía tanto verlo así

- ¿Candice?, ¿qué haces aquí? – se acercó con una sonrisa y los ojos húmedos – mi pequeña Can Can – y me abrazó, sentía como solo era piel y huesos, lloré en su hombro mientras me abrazaba y acariciaba mi cabeza como solía hacer, finalmente limpie mi rostro y trate de contener tanto sentimiento – ¡están ambos aquí! Abrazó a Tommy - Hace mucho tiempo, tanto que... que no esperaba esto

Su sonrisa amplió sus arrugas alrededor de sus ojos a pesar de ello se veía tranquilo, a simple vista podía notar que el efecto de su enfermedad había disminuido muchísimo corroborando el informe que me habían enviado hacia un par de meses atrás, volví a abrazarlo y él no dejaba de sonreír hasta que reparó en las otras dos personas en la sala

- Denise, sigues igual de bonita y… supongo que el caballero no es tu esposo sino el de mi hija ¡Candice!, no me digas que te casaste – me hizo reír, era prueba de que había recuperado el sentido del humor

- Papá él es William Andrew – estrecho su mano – es un Amigo

- ¿Un amigo?... ¿cómo que un amigo? A estas alturas no le presentas a tu padre a un esposo y dices que es amigo… ¿Viene a pedir tu mano?... ¿Es eso? - hacia tanto que no escuchaba su risa que hasta crei haberla olvidado

- No creo que ella quiera casarse conmigo señor White solo vine a acompañarla

- Lamento mucho que tengamos que conocernos aquí, pero aun no puedo salir, he avanzado mucho Candice, ¿lo sabes?

- Si papa, lo sé – me miró un largo rato – te pareces tanto a tu madre, ella estaría orgullosa de ti – sonreí – será mejor que nos sentemos, tomó de mi mano el pequeño paquete de galletas, eramos muy parecidos en muchas cosas

Durante la visita mi padre se veía animado, lejos de la pesadilla del Alcoholismo, nos contó la historia de su travesía como un soldado que había ido a la guerra, comió sus galletas y me dijo que no me preocupara tanto por él, que sabía que aquella clínica en la que llevaba tanto tiempo era muy costosa y que estaba dando su mejor esfuerzo, pero no saldría hasta estar seguro que no volvería a recaer, entonces iría con Tommy a verme a Chicago, hablamos de todo y fue lo mas parecido que tuve a tener a mi familia en paz reunidos entre risas, aunque solo fuera en un lugar como ese, al despedirse no se notó la tristeza más bien pareció recuperado y le prometí llamarlo una vez por semana como siempre, hastab le hizo prometer a Albert que no nos casaríamos hasta que el pudiera ir a Chicago, puse los ojos en blanco, que manía tenían las familias de vernos hacer una bajo el concepto del matrimonio, la verdad era que fue toda culpa mía, mi padre jamás me había conocido a un novio o pareja, pero él no lo era, no en Michigan y no de verdad.

Al verlo tan recuperado me sentí bien, por fin todo estaba tomando sentido para él y esperaba que esta vez fuera definitiva, me abrazo por largo rato besando mi mejilla repetidas veces como cuando era pequeña y suspiro feliz al despedirnos. Denisse no nos permitió quedarnos en un hotel esa noche y fuimos hasta casa, la misma casa en donde crecí parecía más bonita que como la recordaba y quizá era porque allí había pasado más momentos tristes que felices

- En el auto Tommy giro muy serio y le pregunto directamente a Albert – ¿qué clase de amigo eres exactamente de mi hermana?

- ¡Tommy! - Le reprendí

- Eres mi hermana Candice y yo ya casi soy un hombre tengo que saber – entrecerró los ojos y me dieron ganas de reír

- Exactamente es mi amigo

- No lo creo, nunca había conocido a ningún amigo tuyo y papá tampoco – su actitud para mí era tierna, quería cuidarme

- Tienes razón, me pasó lo mismo cuando conocí a el primer hombre que pretendió a mi hermana

- ¿¡Entonces estas pretendiéndola!?

- Si pero no me hace ni caso, tendré que insistir ¿tú que me sugieres? – me cruce de brazos escuchando esa inusual conversación

- Bueno, aun no entiendo a las chicas, pero a Candice podrías regalarle chocolates y con eso aceptara salir contigo deben ser muchos, es de esas chicas a las que le gustan los detalles y las rosas – me eche a reír

- Entonces le regalare montones de flores y chocolates, a ver si da resultado y entienda que tal vez es mejor darnos una oportunidad – él me sonreía, pero evidentemente era una broma que dejaría satisfecho a Tommy, buen revés, después de todo yo había hecho lo mismo con su familia

- De momento tendras que convencerme que eres bueno para ella, de ahora hasta mañana - canturreó

- ¡Vaya! tengo menos tiempo, es injusto ¿no crees Candy?

- Me parece justo dado que no tienes nada que perder, daremos un paseo mañana si Denisse lo permite

- Sabes que no tienes que pedirme permiso para eso Candice, ademas les hara bien pasar tiempo juntos tiene algo que contarte - Sonrió a travez del retrovisor

Pasamos la mañana mostrándole a Albert nuestros lugares favoritos, mi hermano me puso al día con sus excelentes calificaciones diciéndome que entraría el próximo año a una selección de intercambio, me sorprendió muchísimo que quisiera ir a Japón, lo apoyaría si era lo que quería hacer, queria ser un ingeniero y encontro mucho mas tema que conversar con Albert que conmigo, fue divertido poder pasar por lugares de mi infancia, visité a mamá y le conté en silencio que estaba muy cerca de lograr titularme, esa tarde me despedí con una sensación extraña, estaba feliz y al mismo tiempo tenía la tristeza atravesada en el pecho, eran demasiadas emosiones en tan poco, durante todo el regreso a casa me mantuve muy pensativa, no dejaba de pensar en el tiempo cuando había decidido vivir mi vida dejando todo lo malo atrás, nunca desampare por completo a mi padre pero si me alejé, lo hice porque nos estaba arrastrando a ambos y alguien tenía que tomar las riendas, estaba feliz de volver a verlo y tan decidido a recuperarse, aun así esa visita me hizo reconsiderar mi futuro, me hizo comenzar a pensar en mi, realmente él esperaba que hiciera una vida mejor, que tuviera una familia, que siguiera adelante mientras yo me concentraba en ser mejor profesional dejando mi vida personal de lado, en el fondo no quería estar sola, de hecho aunque me había acostumbrado de cierta manera a estarlo, a abrazar mi soledad, la odiaba, deseaba un hogar, siempre miraba las luces encendidas de otras casas y me imaginaba a sus habitantes, me imaginaba como seria vivir en el calor de una familia, las risas, las noches frente al televisor con alguna película, que alguien realmente te esperara en casa después de un día agotador y dormir entre sus brazos, lo que le había dicho a Albert en la cena con su familia era cierto y lo sentía con todo mi corazón era lo único que siempre quise.

- Sentí su mano rozar la mía – ¿estás bien?

- Si… - Sonreí apartándome de su contacto – todo está en orden y estará bien supongo

George nos estaba esperando en el Aeropuerto, en cuanto llegamos frente al edificio esa noche, noté la ventana del departamento, la luz estaba apagada, me baje del auto dándoles las buenas noches y me dispuse a sacar la llave de mi bolso, no me di cuenta que él se había bajado detrás de mí, la verdad era que quería llegar a mi cama tal vez desahogarme un poco y dormir

- Candy… - giré y se acercó hasta mí, me miró de alguna forma que me hizo sentir que estaba realmente preocupado, por primera vez sentí que alguien se preocupaba por mí, estaba harta de ser el pilar que solo sostiene todo el peso

- Lo abracé de pronto como si fuera un salvavidas y me aferre a su cintura, respire de a poco su perfume, me sentí en paz, protegida, el simplemente dejo que lo abrazara acurrucándome entre sus brazos – Gracias, Gracias por acompañarme ha significado mucho para mí y sola no hubiese tenido el valor

- Acuno mi rostro – eres la persona más valiente que conozco – nuestras miradas de pronto quisieron hablar, tenía unos ojos tan bonitos, tan sinceros, quería creer en sus palabras y ser valiente, pero simplemente me aleje poco a poco nerviosa por aquel contacto tan cercano, tan íntimo

- ¿Así que aquí vives? – rompió el hielo cambiando de golpe

- Si… yo… Annie… bueno las dos compartimos los gastos – mi corazón no paraba de desordenar mis pensamientos

- Es bonito el lugar y… espero que… que pases buena noche, nos veremos en un par de días

- ¡Bien!… - me despedí con la mano no volvería a acercarme, no de ese modo

Llegue hasta mi habitación y me deje caer en la cama, ¿que había sido todo eso?, me pregunte repetidas veces y llegaba siempre al mismo juicio, no podía ser posible no podía estar pasándome algo tan absurdo, recordé las palabras de George, "cuando pasas mucho tiempo con una persona… " mire la lámpara del techo y me dije que aquello solo era algo normal, a pesar de sus cambios de humor y su misterio le había tomado cariño, no era el imbécil que creía, era un hombre noble y dulce, le tomé cariño era todo, solo eso.


Tarán! temprano si... es que hoy y mañana estare en un bar a ver si consigo a un Albert... mmmm lo dudo no tengo tanta suerte, pero se vale soñar... lo cierto es que no llgare a casa temprano y antes que las deje en suspenso hasta el sabado me reprogramo...