Hola amores, mil perdones por la ausencia! no le he estado pasando muy bien y la verdad es que me costaba mucho escribir. Espero que aún haya alguien queriendo leer esta historia y sino, igual se las regalo con todo mi amor :) besos y mucho cariño.


Capítulo 8: "Presión"

El tercer día de vuelta a Mystic Falls es lunes y, lamentablemente, me despierta el estridente y agudo sonido de mi despertador. La cama es tan cómoda y mullida que no puedo evitar quedarme diez minutos más pero, cuando suena la segunda alarma, sé que ya no puedo seguir durmiendo.

Me levato en pijamas y sin querer ni mirar el desastre que debe ser mi cabello en el espejo, tomo la laptop antes de bajar y luego me preparo un café con leche y mucha azucar. Quiero autobofetearme por pensar en Damon tan temprano pero no puedo evitar recordar que solía preparar el café así para él cuando merendábamos todos juntos en invierno.

Intento no pensar mientras me acomodo en el sofá de la sala con mi café y la computadora portátil, lista para trabajar en el silencio que resguarda la casa de mi madre tan temprano a la mañana. Mientras me tomo el café, reviso mi correo electrónico organizando los temas a los que voy a dedicarme en las siguientes cuatro horas y le envío un mensaje a Klaus y Beckah avisando que estoy en línea.

A partir de ahí, me sumerjo en el trabajo durante casi cinco horas. Las consultas van y vienen una y otra vez y acompaño a la distancia a mis compañeros hablando silenciosamente con ellos por medio de las aplicaciones en sus móviles. Suceden algunas cosas importantes, como que Nik gana un juicio en mi nombre y Beckah consigue dos audiencias exitosas, el resto marcha bastante bien, aún sin resolución.

Al final me despido y guardo mi trabajo antes de apagar todo. Es agradable trabajar desde casa, pero es de lo más tedioso porque le quita toda la diversión. Desearía haber estado ahí cuando Klaus se enfrentó al interrogatorio de aquella prostituta adicta que consiguieron rehabilitar un poco para que pudiese declarar contra el imputado por dirigir la organización que la tenía trabajando ilegalmente, o correr por los atestados pasillos del juzgado para llegar justo en el momento decisivo en la audiencia de Rebekah. Extrañaba esa parte de mi trabajo, esa cuota de adrenalina de todos los días...

A la hora que termino de trabajar la casa ya está en pleno movimiento y huelo con alegría el aroma del almuerzo que prepara mi madre en la cocina. Mi estómago hambriento agradece infinitamente y me levanto del sofá por primera vez en varias horas, contenta de estirar las piernas.

-Hola ma -sonrío entrando a la cocina para lavar las tazas de café que estuve tomando durante la mañana- ¿Qué hay de rico?

-Pasta

Como mis hermanos están en la escuela mamá y yo almorzamos solas recordando algunas cosas de mi adolescencia y charlando de lo que ha pasado en todo este tiempo.

No mucho más tarde, cuando ya hemos limpiado todo, decido salir a caminar y tomar un poco de aire ya que ya no tengo de quien ocultarme.

Ahora no es solo ese par de ojos celestes tan familiares el que inunda mi mente, sino la dulce mirada de Annie, la niña con melena color chocolate y mirada tan parecida a la de su padre. No puedo dejar de pensar en lo mucho que quiero ayudarlos a ambos y en que, como siempre que se trata de Damon, haría cualquier cosa para ayudarlos pero no puedo dar ni un paso sin su aprobación.

De repente, el sonido de una llamada interrumpe la música de mi móvil y, por lo tanto, tambien mi caminata. El nombre de Matt brilla en la pantalla y aunque no tengo ganas de hablarle decido contestar como lo haría una novia perfecta que no sabe nada de su novio desde hace tres días.

-¡Matt! -saludo con falsa emoción.

-Hola cariño -contesta del otro lado, con una alegría seria, como siempre que me habla- ¿Cómo va todo?

-Bien, extrañaba un poco el pueblo... ¿Qué tal el trabajo?

Después de esa pregunta, Matt envía la conversación hacia su tema favorito: él y sus logros. Durante algunos minutos me habla sobre sus días en el trabajo y sobre lo fantástico que es. La llamada termina sin que me diga una sola palabra de cariño, ni un te extraño, ni siquiera me preguntó si estaba bien o si lo extrañaba. Cuando guardo el movil en el bolsillo me inunda la desilución, porque siempre fui una persona romántica y me habría encantado pasar mi vida junto a un hombre que se preocupara por los detalles, que fuera cariñoso, atento, tierno... todo lo que Damon siempre fue con Katherine.

Y cuando ese pensamiento cruza mi mente quiero golpearme en la frente. No debería seguir pensando en Damon ni de esa ni de ninguna otra manera.

No regreso a mi casa en toda la tarde y, cuando lo hago, mi madre me encierra en una conversación sobre los preparativos de la boda. Es tan irritante que tengo que contener las ganas de gritar. Lo peor de todo, es que tengo que sonreír y pretender que todo está bien. Matt se une a la conversación mediante videollamada y, mientras discute con mi madre argumentando lo que él piensa que yo eligiría quiero gritarle por conocerme tan poco. Al final del día. Hemos elegido de manera fría, a distancia y sin un ápice de emoción, la comida, la bebida que se servirá, la música, los colores del decorado y los arreglos de centro de mesa (sobrios y aburridos). De todas las cosas que planeamos para la boda no hay ni una sola que no odie.

La comida es desabrida, demasiado cara, los platos tienen muy poco en ello y en lugar de parecer apetitosos platillos parecen una obra de arte moderno sin sentido por la que algún idiota pagaría millones.

La música es aburrida, no puede bailarse con alegría y, por descontado, es imposible de cantar con tus amigos. Hasta roza lo deprimente...

El decorado parece de un funeral. Ni un solo color, ni una sola flor, ni una vela. Nada. Todo estará decorado en blanco y una escala de grises platinados y los centros de mesa serán floreros de cristal con agua, pero sin flores. Todo en la fiesta es sobrio y hasta en la tarjeta de invitación está la advertencia de no llevar vestidos ni ropa de colores demasiado llamativos.

Patético. Mi futura boda parece todo menos una fiesta, parece una cena de negocios perfectamente prolija y bien planeada solo que en lugar de que asistan unas diez o doce personas asistirán más de 300. Y todos ellos ricos y estirados conocidos y familiares de Matt. Mi madre me pidio que no invitara a mis viejas amistades ya que no eran parte de esta, mi nueva vida, y las únicas personas que conozco a las que se me permitió invitar son los Mikaelson. Estoy a punto de explotar cuando Matt y mi madre comienzan a discutir sobre cuan perfecta y prolija debería lucir yo misma ese día y las ganas de llorar y huir de la prisión en la que sé que se convertirá mi matrimonio son tantas que no puedo evitar cerrar la laptop con un golpe seco y salir de ahí sin decirle nada a mi madre.

Tengo tanto miedo de que mi vida se convierta en nada más que eso que salgo corriendo de la casa sin importarme el frío y hago oídos sordos a los gritos de mi madre en el proche y a las llamadas de Matt disparando cada cinco segundos a mi movil. Quiero alejarme de todo, porque después de haber pasado todos estos años conteniendo la persona que realmente soy, siento que en cualquier momento voy a explotar.

No sé exactamente como es que termino allí, pero cuando me doy cuenta, estoy en un bar, bebiendo vodka directamente de una botella y bailando con una vieja amiga del pueblo llamada Rose. La música suena tan fuerte que no me permite pensar y eso es justo lo que necesito en este momento, entonces, un cabo del destino se desata y él aparece entre la gente.

Su cabello castaño, sus ojos color miel, su camisa blanca abierta, todo de él llamaba mi atención.

-¡Elena! -saludó sonriente y me envolvió en un abrazo.

Se trataba de Drew Porter, el hermano gemelo de Rose aunque no se parecían en nada. Conozco a los gemelos Porter desde que tengo memoria, ya que su padre era muy amigo de mi madre. Se que en algun momento antes de que yo conociera a Damon, Rose tuvo un rollo con él y que Drew lo odiaba por romper el corazón de su hermana al irse con Katherine. Por eso, cuando comencé a juntarme siempre con los hermanos Salvatore y el resto de mis amigos, mi relación con Rose y Drew disminuyó bastante pero a diferencia del resto de mis amigos, si mantuve el contacto con lo Porter durante mi ausencia así que no me costó nada saltar a los brazos de Drew apenas se acercó a mi.

-¡No nos avisaste que vendrías! ¿Cómo estás preciosa?

-La encontré en la barra deprimida hace un rato -se burló Rose- Pensé que es mejor bailar las penas que ahogarlas en alcohol, pero ella tuvo una mejor idea y combinó ambas cosas.

Los dos rieron conmigo y, como la música no permitía una conversación, decidimos no hablar de mis problemas y seguir bailando y riéndonos de tonterías mientras la botella de vodka iba desapareciendo en nuestros cuerpos.

En un momento dado, me doy cuenta de que Rose ya no está cerca y al levantar la vista la veo bailando con un joven rubio que no conozco, con una sola mirada, Drew y yo reímos pensando en lo incorregible que es su hermana.

-¡Lo odio! -grito en medio de una canción, mientras río a carcajadas.

No estoy segura de en qué momento se acercó tanto, pero Drew me abraza por la cintura y sus labios están cerca de mi oído mientras bailamos así que puedo escuchar perfectamente su voz:

-¿A quién odias tanto, linda?

-A todos -declaro enfurecida, pero sin soltarme del abrazo- Odio mi vida, todas las presiones, mi trabajo, mi prometido y al idiota del que llevo la vida entera enamorada.

-Tranquila... respira profundo -dice medio en broma pero, aún através de la nube de alcohol logro sentir sus sugerentes caricias en mi espalda. Y es tanta la necesidad de cariño que tengo, que no lo aparto... porque además, se trata de Drew. Él nunca me dañaría- Te extrañé mucho, Elena...

-Estoy tan cansada, ya no quiero estar sola -susurro pegando mi cabeza a su pecho- ¿Por qué todo el mundo es feliz menos yo?

En ese momento, levanto la cabeza para mirarlo a los ojos. Sé que no está bien, que es una estupidez, pero necesito tanto hacer una estupidez como esta que siento que sino voy a terminar volviéndome loca. Porque nunca fui libre del todo, porque jamás me permití una experiencia sin ataduras ni sentimientos, porque Drew siempre representó una persona completamente para mí y porque mi cabeza está tan llena de alcohol que tengo el juicio completamente nublado.

Antes de que yo haga nada, toma mi cara entre sus manos y su beso estalla en mis labios como una explosión de adrenalina. Me cuesta recordar un beso tan lleno de fuego como este en toda mi vida. No puedo decir que sea una experiencia específicamente placentera o linda, en lo único que puedo pensar es en las enormes ganas de seguir, es como si hubiera vivido toda mi vida encarcelada y finalmente puedo arañar la libertad.

Llevo mis manos a su cabello y nos seguimos besando con desenfreno sin darle ya importancia ni siquiera al ritmo de la música. Todo queda en segundo plano, inclusive él. Cuando cierro los ojos ni siquiera pienso que es Drew la persona que estoy besando, todo lo que puedo pensar es en lo incorrecto que es lo que estoy haciendo y en lo bien que se siente hacer algo así. Que alguien pueda abrazarme y hacerme sentir como Matt nunca pudo, y que no sea Damon.

Después de algo así como media hora, nos miramos a los ojos y la desición brilla en nuestras miradas. Mi cuerpo sonríe de anticipación cuando pienso en la locura que vamos a cometer.

Tomados de las manos, salimos casi corriendo del bar, parando nuestro recorrido hasta el auto entre besos. Mientras termino entre risas el último resabio de vodka de la botella Drew me empuja contra una pared y vuelve a besarme. El impacto del cristal contra el piso pasa desapercibido mientras acaricia mi cintura, entonces sucede. De repente mi mundo empieza a dar vueltas en un mareo y me doy cuenta de que no quiero hacer esto. De que no quiero arruinar una amistad de años por una idiotez así y de que, por más que esté borracha y necesitada de cariño y libertad este no es el camino para encontrar eso.

-Drew... Drew, no -digo cuando comienza a besar mi cuello.

-¿Qué?

-Drew, quiero irme. No me siento bien...

-Shh... no pasa nada...

-¡Drew! Basta

Pero él parece estar más borracho que yo y casi parece que no escucha nada de lo que le digo. Solo sigue presionando y, lo que antes se sentía agradable empezaba a sentirse molesto y hasta doloroso.

-Shh... todo estará bien -susurra con los ojos cerrados y vuelve a besarme.

-¡Drew! ¡Suéltame! -esta vez es un grito el que abandona mi garganta y las lágrimas empiezan a inundar mis ojos.

Entonces lo siento, alguien arranca el cuerpo borracho de Drew de encima mío y yo me deslizo por la pared hasta terminar en el piso. Me cuesta enfocar la visión y concentrarme para escuchar el significado de los gritos.

-¡No quiero volverte a ver cerca de ella! -grita una voz y veo como Drew cae al suelo de rodillas agarrándose la nariz con una mano.

Y ni el alcohol, ni el miedo ni nada es suficiente para que mis sentidos no lo reconozcan. Damon, después de haberle gritado eso y de otro puñetazo, se agacha frente a mí y levanta mi rostro para que lo mire.

-Elena... ¿Estás bien?

Yo niego con la cabeza, sintiendo que todo mi cuerpo pesa demasiado y ya no puedo levantarme del suelo, apenas puedo verlo a través de mis ojos entrecerrados.

-Perdón -susurro con los ojos entrecerrados y dejo caer mi cabeza.

Entre la consciencia y la inconsciencia, siento que me levantan del suelo y el perfume de Damon inunda todo mi alrededor.

Siento como me lleva en brazos y me deposita en algún lado cómodo y perfumado y, recién cuando siento el movimiento, me doy cuenta de que estoy en su auto.

-Me siento mal... -susurro intentando apartarme el cabello de la cara.

Unos minutos después, Damon para el auto y, después de pasar un momento con los ojos cerrados, enfoco mi vista y lo veo volver al auto caminando. Abre mi puerta y me da una botella de agua mineral que recibo con manos temblorosas mientras recoje mi cabello apartándolo de mi rostro.

-¿Lista? ¿Seguimos?

No sé a donde pretende llevarme pero confío ciegamente en él así que asiento y él sube al auto por su puerta para arrancar. Bebo pequeños sorbitos de agua mientras hacemos el recorrido en auto en silencio, cuando frenamos me doy cuenta de que me siento mareada y me agarro de la puerta intentando buscar estabilidad.

-¿Puedes caminar? -pregunta preocupado y yo simplemente cierro los ojos, incapaz de decirle nada más.

-Arriba, Elena...

Al abrir los ojos, veo que ya bajó del auto y me quitó la botella de agua de las manos. Sin que pueda protestar, me lleva en brazos y cuando atravesamos la puerta me doy cuenta de que estamos en su casa. En algún recóndito lugar de mi mente, quiero protestar pero no me alcanza la energía así que me dejo llevar por él que me sube en brazos por las escaleras hasta su habitación. No dice nada, o no lo escucho, hasta que me deja en la cama. Se sienta junto a mí y se quita los zapatos, recién entonces me mira negando suavemente con la cabeza.

-¿Qué pasó, Elena?

-Demasiado vodka -intento bromear con la voz debil.

-¿Drew Porter? ¿En serio?

-Por dios, Damon ya crecimos... además no estaba pasando nada malo.

-Intentó obligarte

-Me siento mal -declaro cuando su voz me hace doler la cabeza y siento como todo da vueltas a mi alrededor de nuevo.

-¿Qué te pasa?

-Quiero...

Pero no termino de decir la frase. Tan rápido como mis inestables pies pueden llevarme me dirijo al baño y caigo de rodillas frente al escusado. Siento como el alcohol quema mi garganta al hacer su camino de vuelta hacia afuera y, como siempre que vomito, mis ojos se llenan de lágrimas y me da miedo ahogarme. Estoy mareada y temblando y, definitivamente, me siento completamente patética. Hasta que siento las suaves y cálidas manos de Damon en mi frente, apartando mi cabello de mi rostro y acariciando con cuidado mi espalda con la otra. No deja de susurrarme que me quede tranquila y, cuando le aseguro que fue suficiente, me ayuda a pararme. Me lavo la boca aún con un poco de mareo y acepto su ayuda para caminar de vuelta a la habitación. Sigue igual que como la recordaba y, cuando me acuesto me doy cuenta del ridículo que acabo de hacer, pero la otra mitad se siente tan mal que decido dejar la culpa para cuando me despierte.

-¿Estás bien? Todavía tiemblas.

-Tengo frío -admito acurrucándome en las sábanas.

-Nunca haces estas cosas... -comenta Damon mientras me arropa con cuidado.

-Y lo dice quien no me ve hace años -le respondo mordazmente con los ojos cerrados porque los resabios de la borrachera aún generan que mi lengua hable por sí sola.

-Te conocía entonces, a la verdadera tu. No creo que eso haya cambiado Elena.

Siento el peso cambiar a mi lado y sonrío ante la ironía. Mil veces he deseado estar en la misma cama sola con él y cuando logro hacerlo las condiciones son completamente diferentes a lo que imaginé siempre.

-Tienes razón, no suelo hacer estas cosas -acepto- ¿Y quién es la verdadera yo? Apenas puedo recordarlo.

-Eres fuerte y valiente, eres libre y soñadora. Eres compasiva y alegre, una persona hermosa... que tiene la suficiente valentía para afrontar sus problemas en lugar de evadirlos haciéndose daño a sí misma con cosas como esta.

-¿Vas a irte?

-Si quieres...

-Tengo frío. Quiero que te quedes.

Puedo escuchar su risita suave en el aire y siento el peso cambiar cuando se acuesta junto a mi. Entonces nada más importa. Olvido todo lo que me preocupaba cuando salí corriendo de mi casa, olvido a Matt a mi madre y a Drew, hasta olvido la parte mala de mi misma y todo lo que puedo pensar es que me siento justo en el lugar correcto en el momento perfecto.