Capitulo 8. El mal se culmina dentro de mí.
Caminaba por aquel paisaje inhóspito, en busca del hogar del santo de Aries, pero para ese momento se encontraba enormemente sorprendido del lugar que le rodeaba estuviera tan desolado e inhabitable, que pareciese abandonado por los mismos dioses y al mismo tiempo que Mu viviera en un lugar como aquel, elevo su cosmos esperando que Mu, hiciera lo propio para poder localizarle, pero esto no sucedió.
-Maldición. – Se quejo, giro en torno suyo para intentar ubicarse, al tiempo que miraba el paquete que llevaba en su mano. - ¿Dónde estás?
Camino por unos segundos, mientras el aire soplaba fuertemente debido a la altura de aquella montaña donde se encontraba parado en medio de la nada, recorrió unos segundos a paso lento, intentando localizar el cosmos del guardián de Aries, que sabía que estaba ocultándolo. Se acerco a un acantilado y permaneció en su filo, sintiendo como el aire golpeaba el paredón debajo de él y se elevaba buscando una salida para continuar su curso, miro el vacio unos segundos, viendo la caída que podría matar a cualquiera y mas por la forma caprichosa de las piedras debajo de él, que habían adoptado la forma de picos. Retrocedió al ver unas piedras debajo de su pie caer al vacío y perderse en la inmensidad de la caída.
-Buena decisión. – Menciono alguien a su espalda, Aioria no se inmuto al reconocer que el cosmos que había estado escondiéndose, se encontraba detrás de él.
-Mu. – Le llamo, se giro para observar al pelilila con ambos puntos en la frente observándole atentamente.
-¿Qué te trae por aquí Aioria de Leo? – Mu se acerco un poco a su igual, clavando su mirada en el león dorado que lo observaba con atención.
-El patriarca me ha enviado… -
-Ya veo. – Menciono Mu al ver el paquete que llevaba en la mano, Aioria observo que miraba el otro y le tendió el paquete. El dueño de la primera casa lo tomo tranquilamente y lo observo pacientemente. – Sígueme, por favor.
Aioria asistió y se encamino detrás de Mu, caminaron en silencio por pequeñas veredas que normalmente estaban rodeadas de enormes acantilados, donde cualquier error de equilibrio podría causarle la muerte a cualquiera, observo a lo lejos una edificación que tenia entre seis y cinco pisos, pero no observo ninguna entrada a nivel del suelo, o al menos eso podía observar a lo lejos.
A medida que caminaban por la enorme montaña, alcanzo a contemplar un pasaje de piedra, que en forma de puente conectaba una montaña con la otra, a sus lados se erguían dos imponentes acantilados, Aioria pudo observar que al fondo de estos se encontraban numerosas armaduras destruidas vestidas aun en esqueletos, que permanecían inmóviles.
Mu observo al santo de leo, mirar atónito aquel valle desolado, por lo que se detuvo unos segundos y espero a que su compañero terminara de ver aquella obra siniestre que servía de protección a su torre.
-Es el cementerio de las cloths. – Repuso tranquilamente.
-¿Cómo puede haber tantas armaduras en este lugar? – Aioria se agacho, quedando en cuclillas, clavando sus ojos castaños en la pila enorme de esqueletos que aun portaban sus antiguas armaduras dañadas. - ¿Qué ha ocurrido aquí?
-Con certeza no lo sé, jamás se lo he preguntado a Dokho de libra, pero me imagino que debió ser un lugar decisivo de batalla en la anterior guerra santa, donde miles de caballeros perdieron la vida. – Menciono el carnero dorado, Aioria lo miro a él y después volvió a posar su vista en aquel tétrico cementerio bajo sus pies.
-¿El santuario sabe de esto? – Pregunto a su par, quien solo elevo los hombros.
-No lo sé. – Aioria se incorporo mirando a Mu frente a él, que miraba tranquilo la escena, pues el santo se encontraba por más que acostumbrado a aquel lugar. – Sirven de protección a mi torre, pues aquellos caballeros que sirvieron a nuestra diosa y que observas al vacio, atacan a cualquier caballero que intente venir a reparar su armadura o pase por el sendero, intentándolo arrojar por el barranco en donde a su fondo se encontraran con rocas puntiagudas.
-Son solo esqueletos. – Bufo Aioria, pues no encontraba que protección podría darle a Mu aquellos santos caídos.
-Lo sé, pero siempre que se aproxima un caballero, el pasaje se llena de niebla y aquellos esqueletos con escases de cosmos podría hacerte resbalar al vacio y como vez la caída no te dará un recibimiento del cual escapar. – Aioria reparo en lo que Mu decía al ver la acumulación de rocas puntiagudas al fondo del acantilado.
-¿Por qué hacen eso? – Aioria resoplo frustrado ante aquel hecho, ¿Qué motivo tenían aquellos santos para atacar a sus iguales?
-Es algo muy tétrico, tu y yo hemos venido por otro camino, pero cualquier santo que no conozca estas montañas como yo, solo encontrara ese pasaje para llegar hasta la torre, muchos santos han perdido la vida al desviarse del camino y caer en aquellas estalactitas, lo hacen para que se reúnan con ellos en la muerte, debido a que los celos han crecido dentro de ellos.
-No puede ser. – Mu rio por lo bajo al encontrar graciosa la frustración de su compañero que aun parecía al niño que solía ser el aspirante de leo y que hacía unos años los habían separado.
-Sí, no hubiera llegado a dónde estabas, hubieras tenido que enfrentar aquello, es una trampa mortal, no conocías el lugar, en el cual llega a reinar una densa niebla, al verte atacado intentarías evitar el golpe y al moverte saldrías del camino y caerías a tu fin. Es algo verdaderamente ingenioso ¿No lo crees? -
-Tendría que avanzar en línea recta para mantenerme en el camino, de lo contrario caería. – Menciono para sí mismo el santo de leo, absorto en sus propios pensamientos.
-Así es, al tiempo que tienes que contraatacar. – Mu palmeo el hombro de Aioria y continúo caminando hacia la torre que se alcanzaba a divisar desde donde se encontraban, mientras el león dorado echaba su ultimo mirado a aquel cementerio bajo sus pies.
-¿No haces servicio a domicilio? – Bromeo Aioria, Mu lo miro unos segundos y después soltó una carcajada, al escuchar la petición del león dorado. – No quisiera enfrentarme a eso, Mascara de la muerte de Cáncer lo haría gustoso, pero gente de razón, como yo, no, me parece escalofriante.
Ambos llegaron a la torre, donde Aioria observo que no había ninguna puerta en el primer nivel, por lo que miro insistentemente a Mu, quien telequineticamente abrió una abertura en la misma torre para entrar, lo siguió al interior donde miro numerosas herramientas y elementos que creyó necesarios para que Mu pudiera reparar una armadura y de las cuales el no tenía idea de ni siquiera para lo que servían o como usarlas. Encontró en una esquina una armadura que tenía varias herramientas adheridas entre sí, de color plateado con pequeños destellos de color blanco y amarillos.
-¿Qué armadura es esa? –
-Es la armadura del escultor, sirve para reparar otras armaduras. – Mu indico con un dedo a Aioria una silla donde podría sentarse mientras él se recargaba en una mesa y rompía el sello del patriarca para observar el contenido de la carta. Mu clavo su mirada en las letras escritas por el patriarca, las cuales expresaban su enojo debido a su ausencia desde que había recibido la armadura de Aries y por haberse ausentado tanto tiempo de sus funciones como caballero de oro.
Mu sabia a la perfección que él no podía, contestar como posiblemente lo haría el antiguo maestro, Dokho de Libra, aun aunque la presencia del antiguo maestro se ausentara del santuario, el patriarca no podía ejercer ningún dominio contra él, debido a que la mayoría de los caballeros dorados conocía que la función de Dokho iba más allá que la de cualquier santo de oro normal y que su presencia en el santuario, era la misma que la que podría ejercer el patriarca, para Arles debería ser un beneficio que Dokho no pudiera moverse de los cinco picos, de lo contrario el nuevo patriarca se vería baja la continua vigilancia del santo más respetado del todo el santuario.
-¿Y bien? ¿Qué piensas hacer Mu? – Aioria lo saco de sus pensamientos, dirigió una mirada rápida al hermano menor de Aioros y sonrió a medias.
-No tengo otra opción que regresar al santuario para aclarar esta situación. – Aioria asistió al oír aquello, mientras ambos sentían el cosmos de Aldebaran acercarse. - Me alegra mucho que hayas conseguido Leo. – Le felicito a su manera Mu.
-¡Mu! – Prorrumpió Aldebaran en una sonora carcajada desde afuera de la torre. – ¡Ábreme o hago un boquete en el muro para entrar!. – Rio alegremente el santo de la segunda casa, mientras Aioria movía negativamente la cabeza y Mu tenía una ligera sonrisa en el rostro.
…
Mu recorrió el camino de las doce casas acompañado de sus dos compañeros, Aldebaran se despidió de ellos en Tauro dejándolo continuar con Aioria quien hablaba animadamente a su lado, si bien el santo de leo y el no habían sido muy buenos amigos durante su infancia cuando Arles envió a todos a sus lugares de entrenamiento a excepción de él y el león dorado, la soledad y el aislamiento los había unido enormemente, hasta que Arles considero oportuno también excluirlo a él del santuario para finalizar su entrenamiento.
-Bien, aquí me quedo. – Menciono Aioria una vez que llegaron a la casa de leo. – Mucha suerte Mu.
-Gracias, Aioria nos vemos después. – Mu sonrió cálidamente a su compañero y continuo subiendo por las doce casas.
Cuando llego a la casa de Virgo, Shaka se encontraba en su posición de loto en la mitad del salón de combate, Mu, lo observo durante unos segundos, al tiempo que media la cantidad de cosmos que emanaba el santo de virgo y ni siquiera era una tercera parte de su poder, que se ocultaba bajo aquella pasividad.
-Buenas tardes caballero, pido permiso para pasar tu casa. – Shaka se levanto tranquilamente de su antigua posición y camino hacia Mu. El no se inmuto por el contrario espero a que el santo llegara y se pusiera frente él.
-Puedes pasar Mu, me sería muy grato que después volvías a Virgo a platicar conmigo. – Mu asistió mientras, Shaka se hizo a un lado dejándolo pasar. Continúo su camino hacia el salón patriarcal, la casa de Libra, Escorpión, Sagitario se encontraban completamente vacías, pero a llegar a Capricornio se encontró con Shura.
El guardián se encontraba sentado en las escalinatas que iban entre Sagitario y el decimo templo, tenia ambas manos apretándose la cabeza y el guerrero se venía tremendamente pálido, su mirada estaba ensombrecida y una mueca se dibuja en su rostro.
-Shura… - Le llamo, el guardián le miro unos segundos. -¿Estás bien?
-Hola Mu, si, solo tengo un terrible dolor de cabeza, nada grave. – Le sonrió, mientras reprimía una punzada de dolor. – Deberías apresurarte el patriarca espera a por ti.
-Lo sé Shura, deberías descansar. – Le recomendó entrando a la casa de capricornio continuando con su camino. Antes de entrar a acuario escucho la carcajada de una persona que de por mas se distinguía que se estaba burlando de algo.
Cuando se acostumbro a la oscuridad del templo de acuario, observo a dos peli azules que se miraban entre si y no habían reparado en él, uno de ellos tenía una sonrisa plasmada en el rostro y miraba socarronamente al otro, mientras el otro lo observaba lleno de reproche y estaba rojo como tomate.
-Buenas caballeros. – Saludo cortésmente, lo que hizo que el dúo lo observara, el que estaba colorado pronto recobro el temple y se puso serio mientras el otro amplio mas su sonrisa.
-¡Mu! – Saludo alegremente, se levanto y puso su mano alrededor de su cuello en un abrazo fraternal. –Camus me comentaba…
-Cállate Milo. – Reprendió el otro molesto. – Hola Mu.
-Camus, pero si fue gracioso. – Rio de buena gana el escorpión dorado, Camus soltó un bufido fastidiado y helo un poco más el ambiente. – Mu también se reiría.
-Milo, cállate. – Volvió a pedir el otro pacientemente. –Mu, te espera el patriarca.
-Es cierto, con permiso. – Mu se despidió de los dos amigos y cuando estuvo a punto de salir de acuario, sintió el cosmos de Camus aumentar y después un grito de sorpresa del escorpión.
-¡Camus! –
Estaba a punto de entrar a la sala patriarcal, pero se encontró con Afrodita y Mascara de la muerte, el primero le saludo y el segundo se limito a verlo, los observo hasta que se perdieron en las escaleras que iban a piscis y suspiro, al tiempo que abría la puerta de la sala patriarcal.
-Mu de Aries. – Le saludo el gran santo de Athena, quien se encontraba sentado en el gran trono, las velas estaban apagadas y solo unas pocas iluminaban la habitación, Mu sintió como si entrara a la cueva del lobo, por la oscuridad que rodeaba el salón.
-Gran patriarca. – Hinco una rodilla a forma de respeto, haciendo una ligera reverencia. – Me disculpo por mi ausencia, pero aun continúo reparando armaduras.
-Ello no elude tus responsabilidades como santo dorado. – Reprendió duramente Arles a Mu quien se limito a asentir suavemente.
-Entiendo, gran patriarca, sin embargo no puedo eludir mi responsabilidad ante la tarea dejada por mi maestro Shion y predecesor suyo ante su investidura, pues como sabrá, soy el único santo que puede repararlas, el único que posee conocimientos para revivirlas, mi trabajo exige que este en Jamir, pues en aquel lugar está todo lo necesario para dicho encargo. – Menciono Mu, mirando fijamente a los ojos al patriarca, solo por un segundo se pregunto ¿Qué hubiera pasado si en lugar de Arles, Shion estuviera ahí? Seguramente el recibimiento hubiera sido totalmente diferente.
-Eres un santo dorado, tu deber es proteger el primer templo, de las doce casas, has pensado que pasaría si atacasen al santuario y la primera casa estuviera vacía. – Mu miro los ojos cargados de odio de Arles, volvió a agachar el rostro y miro fijamente las grietas del suelo de mármol.
-Lamento haber eludido mis responsabilidades como santo de oro. – Admitió Mu, para evitar que Arles siguiera exaltándose e imaginando posibles situaciones desoladoras.
-Por respeto a tu maestro, pasare esta falta por alto, pero Mu espero que no vuelva a ocurrir. ¿Entendido? – Saga intento elevar su cosmos para que el ariano lo notara, pero Ares rápidamente reprimió al santo.
-Sí, gran patriarca. – Mu se levanto, hizo una pequeña reverencia y se retiro, no sin antes volver a ver al sumo pontífice al rostro y notar aquella alteración en su cosmos.
…
-¡Aioria! ¿Dónde estabas? – Pregunto Marín una vez que observo al santo de leo aparecer en el coliseo.
-Tuve una misión. – Respondió observando a la acompañante de Marín, una chica blanca, que portaba al igual que ella una máscara que cubría su rostro y su cabello era de color amarillo.
-Eso explica tu ausencia. – Menciono la chica, aun con sus ropas de entrenamiento. – Me debes una Aioria.
-¿Y eso? – Aioria miro que la sonrisa de la pelirroja se ampliaba, mientras su compañera la miraba orgullosa, por lo que regreso su vista a la aprendiza de amazona.
-Porque en tu ausencia, me he convertido en la amazona de águila. – Contesto la pelirroja orgullosa de haberse convertido un santo de Athena, Aioria desencajo el rostro al enterarse de aquello.
-¿Qué? ¿Por qué no me dijiste? – Se emociono él también por el logro que su amiga había alcanzado, pues al final los dos habían logrado convertirse en santos de Athena.
-Tampoco viniste a despedirte, como para decírtelo. – Repuso la chica en fingiendo indignación.
-En eso tienes razón Marin, lo siento mucho intentare compensártelo, lo prometo, pero me alegra que lo hayas conseguido. – Le felicito el león dorado, palmeándole el hombro, señal que para la otra amazona no paso desapercibido.
-Aioria ella es Shaina de Ofiuco, Shaina él es… - La interrumpió su acompañante.
-Aioria de Leo, he oído hablar de él. – La amazona le saludo con una inclinación de cabeza que Aioria respondió.
-Me imagino que has escuchado hablar de mí, pero cosas no muy gratas. – Menciono Aioria pues sabía que aquella joven eran muy dada a obedecer las órdenes del patriarca por lo que no dudaba que su relación con él fuera muy cercana.
-Es muy raro oír algo cumplido hacia ti. – Admitió la amazona, Marin miro a Aioria que se había incomodado por aquel comentario, pues sabía que su amiga había intentado ocultar la palabra "traidor" en aquella oración.
-Me lo imagino. – Respondió el santo de la quinta casa intentando restarle importancia al comentario, pero ciertamente los ojos de Shaina pesaban duramente sobre él. – Después de todo, la fama de mi hermano me precede.
-Aioros de Sagitario. – Menciono Marín débilmente, mientras su amiga la miraba como si hubiera dicho alguna maldición.
-Él… - Shaina no dijo la palabra traidor pero Aioria la entendió a la perfección, el santo de leo, miro curioso a Marín quien le había metido un codazo a su amiga para que guardara silencio. – Lo lamento. – Shaina se retiro dejándolos solos Marín miro apenada al león dorado.
-Yo lo siento Aioria. –
-Déjalo así. – Le resto importancia. – No puedo hacer que cambien su opinión, Aioros lo hizo de todos modos.
-Aioria. – Marín tomo sus manos entre las suyas y miro fijamente los ojos castaños de Aioria. –Yo no creo que tu hermano haya sido un traidor, algo paso aquella noche, algo que nadie termina de comprender pero que todos juzgan, pero Aioros jamás fue aquello y lo sabes.
…
Continuara.
He vuelto, así que aquí está el capitulo dudas y comentarios, son bien aceptados. Cualquier salida de la línea original de la historia es licencia artística. Feliz navidad, tal vez alcance a subir otro capítulo antes de las fiestas.
Muchas gracias a Kaito Hatake Uchiha y Andrea de Cisne, lamento la tardanza del capítulo pero aquí esta, espero que lo disfruten.
Atte: ddmanzanita.
