Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.
Capítulo 8
Aquellas calles que solían ser tan bulliciosas, el día de hoy enmudecieron perpetrando un silencio escalofriante. La caravana continuaba con lentitud, encabezando la peregrinación seis hombres vistiendo sus más lujosos uniformes cargaban el féretro. Detrás, cientos de patrullas y motocicletas así como un regimiento completo de la policía los escoltaban.
– La conocí sólo por unos meses, y aunque fue por muy poco tiempo comprendí que no era una chica ordinaria–cierto adolescente, evocó su propia epístola dicha unas horas antes–Videl, fue más que únicamente la hija de su valeroso padre, ella, sin dejarse intimidar por nada ni nadie, luchó por todo aquello que consideraba correcto…y lo hizo hasta dar su último aliento.
Frotando su entrecejo, él continuó recordando.
– Videl fue para mí, una señorita tenaz dotada con un profundo sentido del deber y el honor, su fallecimiento me provoca un enorme pesar, ya que en mi opinión, una persona con la entereza que ella poseía, no pensaría ni remotamente en extinguir deliberadamente su existencia…
Sudoroso, humedeció sus labios deseando terminar.
– De ti Videl, sólo tengo buenos y gratos recuerdos, fuiste la mujer más ejemplar que he conocido, y tu legado vivirá por toda la eternidad, no sólo en mí, sino también, en cada individuo que rescataste del peligro al combatir el mal sin dudar, créeme cuando te digo, que tu ausencia ha calado profundamente en mi ser, y me llevará tiempo reponerme a tu desaparición, aunque desde ahora comprendo que nunca más volveré a ser el mismo…
Parado a un lado del camino, Gohan permanecía inmóvil mirando el pausado avanzar del cortejo fúnebre. Los sollozos y el llanto, gradualmente fueron ganando vigor al aproximarse a la entrada del cementerio de Ciudad Satán. Una enorme multitud se aglomeró en los alrededores del camposanto, la cual lanzaba flores al aire despidiéndose de la joven justiciera.
– ¿Videl, por qué, por qué lo hiciste?
Frunciendo el ceño, Gohan desvió su mirada a su costado viendo a Ireza llorando desconsolada entre los brazos de Shapner. Al verla derramar un mar de lágrimas, el hermano de Goten supuso que ha estado así desde que se reveló la trágica noticia. No obstante, a Gohan le molestaba e inquietaba la resolución final que las autoridades dieron sobre la muerte de Videl:
Causa oficial del fallecimiento: suicidio.
Él se negaba a aceptar eso, y además, le resultaba extraño que las fuerzas del orden cerraran el caso con tanta urgencia, confirmando el suicidio sin investigar más a fondo. La ceremonia se desarrolló con normalidad, el alcalde le dedicó unas palabras a Videl para luego cederle el podio a Mr. Satán, quien con gruesas gafas oscuras ocultó sus enrojecidas retinas.
– No sé cómo agradecer las infinitas muestras de cariño que he recibido, sus frases de apoyo me han sostenido en estos momentos tan difíciles–el campeón luchó por evitar que su voz se quebrara–y a mi hija, a mi Videl, sólo puedo decirle que la amo y que la amaré por siempre, ahora estás en el paraíso junto con tu madre, algún día nos volveremos a ver…
Instantes después, la persona al mando de la comisaría y sus subalternos también se refirió a Videl.
– Videl fue más que una defensora de la justicia, fue un verdadero símbolo de lo correcto, que nos enseñó que no importa que tan grande sea la adversidad, si nos esmeramos en triunfar todo es posible–a Gohan su tono vocal le sonaba mecánico y hasta en cierto punto: ensayado–quizás ya no esté físicamente con nosotros, pero su espíritu vivirá eternamente…
Inmediatamente, la escolta en honor a Videl realizó la tradicional despedida de veintiún disparos como último adiós a la heroína caída. Simultáneamente, el ataúd iba siendo descendido descansando finalmente en las profundidades de la tierra. Sellando la tumba, una lujosa lápida de mármol fue colocada bajo la expectación de los numerosos dolientes que le rindieron su respeto.
Por su parte, Gohan se alejó escondiéndose detrás de un frondoso árbol. Esperó a que se retiraran los restantes asistentes a las honras fúnebres, y al no ver a nadie más, activó su reloj convirtiéndose en el Gran Saiyaman. Vestido como el superhéroe, aterrizó frente la losa rocosa con el nombre de Videl posando su mano enguantada en ella.
– Jamás, jamás creeré que te suicidaste–le afirmó–tú nunca harías algo así, lo sé, tal vez toda la ciudad crea esa historia pero yo no, te prometo que buscaré la verdad…presiento que hay mucho más de lo que se ve a simple vista, y si logro confirmarlo, te traeré de regreso…esto no es un adiós Videl, es sólo un hasta luego.
– ¡Oye tú, maldito payaso de circo! –Mr. Satán, aún permanecía allí deseando soledad con su difunta primogénita– ¿qué demonios piensas que haces?
– Vine a despedirme de Videl–replicó directo y sin rodeos.
– ¡No te quiero ver aquí, lárgate y no regreses!
– No tiene por qué molestarse…
– ¡Yo sé que tú tienes algo que ver con su muerte, lo sé, tú estás detrás de todo esto! –Mr. Satán no pudo resistirse, y lo señaló acusadoramente–mi Videl no pensaría en suicidarse, ni de broma, si descubro que tengo razón, haré cuánto sea por verte tras las rejas… ¿me oíste maldito gusano, me oíste?
Sin decirle absolutamente nada, el hijo de Son Goku alzó vuelo retirándose veloz. El campeón cambió su actitud de enfurecida a afligida, al estar solo cayó de rodillas llorando copiosamente ante el sepulcro de Videl. Gohan al contrario, endureció sus facciones al dirigirse al lugar donde empezó su tormento. Se quitó su disfraz, y sin demora entró ahí para explorar.
Caminar por esos laberínticos pasadizos no le causaba ningún placer, al irse adentrando en ese edificio sintió como todos sus cabellos se erizaban. Cerró los ojos, por un fugaz instante la vio, ella se subía en una tambaleante silla de madera mientras se colocaba la soga al cuello. Un segundo más tarde, saltó haciendo que su cuerpo se columpiara en un bamboleo interminable.
"¡No, eso no sucedió!" –Se dijo mentalmente–"vine aquí por respuestas, y nada me impedirá encontrarlas".
La policía había clausurado la edificación, varias cintas amarillas bloqueaban cada puerta y ventana. Según los diarios de Ciudad Satán, el nuevo jefe de los alguaciles ordenó la demolición inmediata de ese viejo hotel, argumentando que éste se transformó en un sitio infame que sólo atraería recuerdos dolorosos. Si quería inspeccionar la escena, debía hacerlo ahora.
– Hay algo en ese hombre que…–su aseveración sobre el líder de los protectores de la ley se cortó abruptamente, al llegar a la zona dónde ella dejó de existir.
Aquella área solía ser el comedor de la posada, varias mesas y asientos cubiertos de polvo apenas se observaban gracias a la poca iluminación que ingresaba hasta allí. Dándole un vistazo a su alrededor, Gohan notó los llamativos y blasfemantes grafitis que cubrían las paredes. Al quedar abandonado, dicho sitio fue habitado por toda clase de rufianes convirtiéndolo en su guarida.
– Ahí estaba la cuerda–murmuró al mirar hacia arriba.
Sobre él, se hallaba un corredor que comunicaba un sector de la hostería con el otro. Mirando con más detenimiento, observó que la escalera por la cual se llegaba a ese pasillo yacía destrozada justo en la mitad. Lo cual lo llevó a preguntarse: cómo logró Videl subir hasta ahí para atar la correa, necesitaría una alta escalera para conseguirlo. Y aún más considerando su baja estatura.
– ¡Lo sabía, lo sabía!–exclamó creyendo haber encontrado una pista crucial, la idea de un suicidio como la causa de su muerte empezaba a desquebrajarse–sus muñecas estaban enrojecidas, ella sola no pudo haberse amarrado a sí misma…
A pesar de su súbita alegría, ésta se esfumó al hacerse más interrogantes:
– ¿Aún no entiendo qué hacías aquí Videl? –Dijo cruzándose de brazos– ¿quién te hizo esto y por qué?... ¿y por qué a la policía no parece interesarle?
Gohan prosiguió inspeccionando la antigua hospedería, pero ese nivel no le ofreció más indicios de lo sucedido días atrás. Flotando con facilidad ingresó a los siguientes pisos sin hallar nada de utilidad, al entrar en una de las tantas habitaciones se acercó a una de las ventanas oxidadas para abrirla. Aún vestía su traje negro y dicha vestimenta lo ahogaba con un calor insoportable, desatando su corbata oscura Gohan sintió la entrante brisa besando su piel.
– ¡Aléjense de mí malditos, déjenme tranquila! –pero los gritos de una mujer acabaron con su breve paz.
– ¡Diablos, no pueden pasar cinco minutos sin que haya un robo en esta ciudad! –al asomarse por la ventanilla, distinguió no muy lejos a tres asaltantes acorralando a una indefensa señorita.
El primogénito de Goku se preparaba para cambiar lugares con el Gran Saiyaman, cuando la sirena de una patrulla policial resonó en sus tímpanos. La víctima aprovechó la oportunidad para escapar de sus agresores, sin embargo, Gohan percibió un detalle que le sorprendió. Normalmente, los rufianes huían al escuchar tal sonido y los oficiales les perseguían con vehemencia.
No obstante, al estar cara a cara, los criminales y los uniformados no se miraban como enemigos.
Fin Capítulo Ocho
Hola, nuevamente les doy las gracias por tomarse la molestia de leer. Antes de despedirme, les doy mi agradecimiento a Pascualita Son, Oyuky Chan, Eternauta y a Luis Carlos por sus comentarios en el episodio anterior.
Gracias por leer y hasta la próxima.
