La aparición de la llama blanca

-¿Quieres retarme?-preguntó incrédula Ayano.

-Así es, yo Katherine McDonald, he viajado desde América, por tu espada- replicó sonriendo la mujer.

-…- Ayano no respondió enseguida, cosa que sorprendió a Kazuma, porque sería una buena oportunidad para sacar su ira afuera-¡Ha! ¿¡Una chica como tú?! ¡Dale! ¡Te espero en tres días en el parque!

-No me subestimes-respondió Katherine agresivamente.

Cuando Ayano llegó, se fue a su habitación, sintiéndose agredida, sin saber muy por qué, de que Kazuma se fuera con Katherine y no con ella, de repente, vomitó sangre.

-Estoy bien- le dijo al espejo, mientras se limpiaba- no te preocupes, simplemente no me estoy esforzando suficiente.

Katherine McDonald, trató de atacar a Kazuma, cuando se percató de que la seguía, pero falló y al ver lo increíblemente poderoso que era, decidió pagarle para que le enseñara cómo derrotarla…

Lo que nadie sabía es que estaba a punto de presenciar el secreto de Kannagi Ayano.

Ayano entrenó como de costumbre, sólo que esta vez no dejó que le sangraran los pies, y se fue a dormir, durante los tres días.

Llegado el día…

-¡Hoy será el día en que me entregarás a Enraiha!-anunció orgullosa Katherine.

-¡Ve Ayano! ¡Acábala!-dijo Yukari tratando de animarla.

Ayano no se encontraba bien, nada bien, lucía muy agotada lo cual eso no le pasó desapercibido a Kazuma y empezó a sentir una presencia detrás de Ayano.

"¿Un Youma?" pensó Kazuma, no parecía serlo además tenía la característica de tener el poder del fuego.

-¡Estoy lista, McDonald!- gritó Ayano, sosteniendo a Enraiha, sintiéndola más pesada que nunca.

-¡Aquí voy!-dijo McDonald.

Tal como Kazuma predijo, Ayano iba a aprender algo, pero justo en el último momento, pareció que se desvanecía, se recuperó, pero de inmediato Kazuma sintió como la presencia de Ayano desapareció para dar a otra presencia.

En pocas palabras, esa no era Ayano.

-¡Kyaaa!- trató de protegerse, entonces fue cuando Kazuma vio lo algo que le paralizó, una llama blanca, hace años que no la veía porque esa llama pertenecía…

-¿Ayumi?