La Ascensión de Shurima 8
-Por esta vez te lo voy a dejar pasar, pero como vuelva a ocurrir otro accidente de este tipo no seré tan benevolente. ¿Entendido?
Merina dejó salir un largo suspiro de sus labios. Aun recordaba a la perfección lo muy enfadado que se había puesto Javed al enterarse de lo ocurrido la noche anterior. Esa frase en particular se le había grabado a fuego en la mente, por no mencionar que incluso podía ver la cara de su jefe cada vez que la recordaba. Había tenido mucha suerte de que Javed no hubiera tomado medidas drásticas…otros la habrían puesto de patitas en la calle sin remordimiento alguno. Y si ese hubiese sido su caso…
¿Dónde habría ido ella? No tenía ningún lugar al que ir. Estaba completamente sola y dudaba que alguien en toda esa maldita ciudad fuera tan bueno como para ayudar a alguien como ella.
Negó con la cabeza, intentando alejar todo aquello de sus pensamientos y siguió limpiando el recinto de las eca'sul sin ayuda alguna. Que se hubiera librado de un despido no significaba que se fuera a ir de rositas
Mientras tanto, nuestro emperador se había propuesto aprender sobre los "misterios" (Tal y como él los llamaba) de esa extraña época.
Tomó prestados diversos libros de la biblioteca y se fue a su habitación a leerlos tranquilamente y, ojeando las primeras páginas de uno de ellos, no pudo evitar suspirar aliviado. Temía que con el paso del tiempo el idioma de shurima se hubiera perdido, pero, por suerte seguía intacto, aunque había algunas palabras que él no entendía.
-Mi…micro…microon…das? –Leyó en voz alta el emperador mientras ladeaba la cabeza ligeramente. Dejó el libro a un lado y buscó aquel que le había dado una de las mujeres que trabajaba para Javed. Según ella le ayudaría a entender las palabras que no conociera; solo tenía que buscarla por la letra que empezaba y así las siguientes.
Tras unos minutos, encontró la dichosa palabra en aquel libro (Que también estaba lleno de palabras muy raras).
MICROONDAS s.m. (p.l. microondas). Horno eléctrico que emite radiaciones electromagnéticas con las que los alimentos se calientan, cuecen o cocinan rápidamente. (También horno de microondas.)
…
Tras leer el significado de tan misteriosa palabra se quedó en silencio mirando el libro, lo cerró, se levantó de la cama y salió de su habitación, libro en mano.
Minutos después, se encontraba prácticamente delante del recinto de las eca'sul, con la esperanza de que su joven "amiga" le ayudara con su problemilla.
-Merina… -Gimoteó Azir. Al oír la voz que la llamaba, la muchacha se giró con el ceño fruncido, visiblemente molesta.
-Es que aún no has tenido suficiente con-Tras ver el rostro de Azir, el cual parecía que fuera a echarse a llorar en cualquier momento, su molestia se esfumó y paso a ser pura confusión.
-No lo entiendo…horno electrónico…radiaciones…-Siguió gimoteando el emperador.
La joven siguió en silencio observando como este seguía quejándose como un niño de cinco años. Pestañeó varias veces al ver de lo que se había dado cuenta.
-Sin duda es un niño grande… -Pensó Merina mientras dejaba salir un suspiro de sus labios, negando con la cabeza. –Espera, no me lo digas…quieres que te explique qué significan todas esas palabras, ¿no? –Dijo la joven mientras cruzaba los brazos. Azir solo se limitó a asentir varias veces. –Pues me temo que no puedo ayudarte. Lo siento.
Tras unos segundos en silencio, el emperador no pudo evitar dar casi un grito.
-¡¿Qué?! ¿Por qué no?- Preguntó.
-Porque yo no entiendo de esas cosas, Azir. Lo siento pero tienes que buscar a otra persona para que te ayude, si es que encuentras a alguien, claro…-Dicho esto la joven se dirigió hacia fuera del recinto, hacia los establos. –Ahora si me disculpas tengo que ir a cambiarme e ir al mercado. Hay gente que tiene más cosas que hacer aparte de jugar, ¿sabes? –Y tras finalizar la conversación, se largó sin más.
Atónito ante la respuesta de Merina, Azir se quedó clavado en el sitio, pensando en lo que había dicho. ¡¿Cómo podía pensar que el querer aprender cosas nuevas era solo un juego?! Y además, ¿Qué había querido decir con si encontraba a alguien? Bueno, una cosa estaba clara, aún seguía molesta con él. Y tras darle un último vistazo al libro que llevaba en la mano, se dispuso a ir de vuelta a su habitación.
Mientras recorría los largos pasillos de la vivienda, decidió volver a ojear el libro con una mueca de disgusto en la cara.
-Vaya libro más inútil…lo único que hay son palabras y más palabras donde no te explican nada. -Se quejaba Azir mientras iba pasando las hojas de una en una, leyendo por encima cada palabra que estaba escrita.
-Jojojo…eso es porque ese libro solo sirve para consultar el significado las palabras, querido.
Dando un ligero respingo, Azir se dio la vuelta en dirección hacia la voz, encontrando a una mujer de pelo prácticamente blanco y con un gesto sereno en la cara. Tras unos segundos después, Azir pudo identificar de quien se trataba.
-¡Usted es la mujer de la biblioteca! -Dijo como conclusión. La anciana rio otro poco, divertida.
-Parece que el diccionario que te he dado no te ha ayudado mucho, ¿verdad? –Azir solo asintió ligeramente. –Anda, ven. Quiero enseñarte algo. –Dijo la mujer mientras empezaba a ir hacia algún lugar, mientras Azir la observaba algo confuso.
-Em…disculpe…-Dijo Azir mientras empezaba a seguirla.
-Regina. –Dijo sin más la anciana, sin girarse a verle. –Soy el ama de llaves de Javed.
-Bueno, un placer Regina, yo soy-
-Se quién eres, jovencito. –Le cortó ella antes de finalizar. –He leído sobre ti en miles de libros… -Siguió diciendo la anciana sin detenerse. –Azir, el Emperador perdido de Shurima, aunque también te llaman Emperador de las Arenas si no me equivoco. –Rió la anciana.
-Así que sabe quién soy. –Dijo Azir sonriendo.
-Lo imaginé, más bien. Cuando escuché el otro día a varios comerciantes hablar sobre un accidente en las ruinas y algo sobre dos criaturas salidas de una tumba me vino a la mente un pequeño relato sobre la caída de tu imperio. –Azir dejó de escuchar a la anciana mientras analizaba lo que había dicho. ¿Dos criaturas salidas de una tumba? Sus nervios empezaron a aumentar tras darse cuenta de que, después de haber "muerto", la cosa no habría acabado solo en la total aniquilación de su pueblo…
-¡Regina! –Dijo el emperador casi desesperadamente mientras la agarraba por los hombros, haciendo que se girara a verle y sorprendiendo a esta por verle hacer algo un tanto…poco gentil por parte del emperador, llegando casi a asustarla. –Necesito que me cuentes TODO lo que sepas desde mi supuesta muerte hasta ahora. ¡Por favor!
La voz de Azir dejaba ver toda la preocupación que este sentía, y para Regina no pasó desapercibido. La mujer solo suspiro e intentó buscar las palabras correctas para calmar al shurimano.
-Está bien, está bien. Te diré todo lo que se sobre aquel incidente, pero antes suéltame. Estas haciéndome daño, jovencito. –Al oír esto, Azir soltó a la anciana poco a poco, sintiéndose avergonzado por el pequeño desliz por el que se había dejado llevar, llegando casi a "herir" a alguien que trataba de ayudarle. Antes siquiera de dejarle disculpar, la mujer volvió a hablar. –Por lo que veo no eres muy bueno escondiendo tus sentimientos...
-…lo siento…-Dijo él tras soltar un suspiro de arrepentimiento.
-No te disculpes muchacho, todos podemos perder nerviosos alguna vez. –Respondió Regina mientras abría una puerta. –Ven, ya hemos llegado.
Azir siguió a la anciana hasta dentro de la habitación, mientras esta dejaba que la luz entrara en ella. No era muy grande, pero tampoco muy pequeña. En las paredes había diferentes papeles pegados a ella con dibujos que, evidentemente, estaban hechos por niños, o en este caso, por tres niñas pequeñas, además de varios lápices de colores que estaban esparcidos por el suelo junto a varios juguetes. Aunque, lo más llamativo de aquella sala, eran las tres mesas y sillas que había delante de lo que parecía un enorme cuadro negro y unas barras pequeñas de color blanco. Azir se acercó a ver tan extraña obra de arte mientras tomaba una de las barras para examinarla más de cerca.
-¿Que es este sitio? –Preguntó el emperador girándose a ver a la anciana. Esta rió y respondió.
-Es el salón de estudios. Las niñas vienen aquí de vez en cuando para aprender sobre diferentes cosas. –Después de una pequeña pausa, Regina se acercó a Azir sin dejar de sonreír. –Matemáticas, geografía, historia y muchas otras cosas. Aunque la pequeña aún no termina de entender las sumas y restas. –Dijo la mujer riendo ligeramente.
-¿Y por qué me ha traído aquí? –Preguntó con curiosidad el emperador.
-Quieres aprender sobre el mundo que te rodea, ¿no es así? –Preguntó la anciana mientras miraba a Azir a los ojos. Este asintió varias veces. Justo como ella imaginaba. Regina volvió a reír ante la afirmación, tomando la tiza de las manos de Azir.
-Veamos…cual era la forma exacta…-Tras decir esto, Regina empezó a dibujar en el pizarrón con todo detalle lo que parecía un mapa. Azir la observo en silencio hasta que hubo terminado de dibujar.
-¿Eso es Runaterra? –Preguntó el shurimano mientras seguía con los ojos puestos en el dibujo.
-Eso es. –Respondió Regina mientras asentía ligeramente, paso por paso fue explicándole al emperador sobre las nuevas naciones que existían en Valoran y algunos datos sobre ellas, finalizando en un pequeño punto casi al centro del dibujo. –Y este punto de aquí representa el Instituto de la Guerra. Aquí es donde se encuentra la Liga de Leyendas.
Al escuchar ese nombre, en la mente de Azir algo le hizo un "click", recordando lo que aquella joven de pelo negro le dijo antes de marcharse de las ruinas.
"Si necesitas ayuda, ve hacia el norte, allí encontraras la Liga de Leyendas…"
-Eh…ese nombre me suena… -Dijo el emperador observando el pequeño punto del mapa para luego girarse a ver a Regina. -¿Qué es ese sitio?
-Bueno, no se mucho sobre ese sitio pero-Un gran estruendo sacudió el lugar, haciendo que ambos perdieran el equilibro. Lo siguiente que se escuchaba en toda la casa eran los gritos de desesperación de los sirvientes. Azir reaccionó en cuestión de segundos ante lo sucedido, ayudando a la anciana a levantarse.
-¿Se encuentra bien, Regina?
-Si, si, tranquilo…soy mayor pero aún tengo algo aguante. –Dijo ella riendo un poco para tranquilizar al shurimano. Otro grito junto con una risa maniática resonaba en el lugar. –Anda, ve…los gritos vienen del salón, hay gente que te necesita más que yo.
Azir dejó salir un ligero suspiro. –Está bien…pero vaya con cuidado.
-Lo tendré, jovencito. Ahora ve, rápido. –Y dicho esto, Azir se fue hacia el salón todo lo deprisa que sus piernas le permitieron.
El salón había quedado destrozado por el cañonazo que recibió la puerta para ser abierta. Trozos de la misma de diferentes tamaños estaban repartidos por el suelo. Cuando llegó al lugar de los hechos, Azir no pudo sino observar con horror el escenario.
Varios cuerpos inertes y cubiertos de sangre estaban tendidos en el suelo.
Algunos de ellos tenían la piel arrancada y quemada debido a la explosión, sin embargo, no todos estaban así. Uno de ellos había sido degollado de un corte certero, mientras que otros habían sido apuñalados a sangre fría. Otro grito inundo el lugar y, sin pensárselo dos veces, Azir se dirigió hacia él.
Al llegar a la cocina, se encontró con unas cuantas sirvientas, acorraladas en una esquina rezando por su vida mientras dos hombres desaliñados y con dos sables las amenazaban. Un tercero se dio cuenta de la presencia del emperador al entrar en la sala.
-¡EH, TÚ! –Gritó mientras se abalanzaba sobre él. Azir reaccionó rápidamente, propinándole un puñetazo en la cara, rompiéndole la nariz en el acto y dejándolo inconsciente. Era increíble como después de haber sido Ascendido su fuerza física había aumentado en gran cantidad. Sin embargo, el pequeño gemido de dolor que soltó tras caer al suelo alerto a sus dos camaradas.
Uno de ellos chasqueó la lengua. –Maldito gilipollas entrometido…
-¡Te vas a enterar! –Gritó el otro mientras ambos iban hacia él. Una pequeña gota de sudor recorrió su sien. Mierda…había olvidado el pequeño detalle de que SU báculo estaba en el dormitorio…no tenía nada con lo que defenderse…a menos que…
Con un movimiento rápido, desenfundo el sable del hombre al que había noqueado y se puso en posición de ataque. Ambos hombres se lanzaron hacia él a matar mientras el emperador se defendía de todos los golpes con bastante soltura. Si esto seguía así tendría que mancharse las manos…Entonces uno de los hombres volvió a hablar.
–Llévate a esas putas, yo me encargo de él.
El otro solo asintió mientras se dirigía hacia una de las sirvientas y tomándola por el pelo la levantó a la fuerza mientras esta seguía llorando y pidiendo clemencia. -¡Cállate maldita zorra! –Gritó mientras le daba un bofetón.
Ya había tenido suficiente.
Un golpe certero al cuello y su oponente cayó al suelo abruptamente. Al oír esto, el otro hombre se dio la vuelta para encontrarse con el mismo destino que su compañero. Una estocada en el estómago fue lo último que pudo sentir, mirando justo hacia los ojos de su verdugo para perder la consciencia y dejarse arrastrar al mundo de los muertos.
Azir soltó el sable, dejando caer al cadáver en el suelo ante las miradas atónitas y asustadas de las sirvientas.
-¿Estáis bien…? –Preguntó el emperador, recibiendo un asentimiento colectivo. Las pobres estaban demasiado asustadas como para hablar.
-¡Azir! –La anciana voz de Regina hizo que el llamado se diera la vuelta hacia la puerta.
-¡Regina! –Dijo el emperador mientras se dirigía hacia ella. Esta llevaba su báculo entre sus temblorosas manos. –No deberías estar aquí. –Siguió él mientras posaba sus manos en sus hombros.
-Mi trabajo es velar por la seguridad de todos los sirvientes y de todos aquellos que vivan bajo este techo. ¿No creerás que voy a quedarme de brazos cruzados? –Respondió la anciana. –Toma, creo que vas a necesitarlo. –Dijo mientras le ofrecía su báculo.
-Gracias Regina. –Agradeció Azir mientras salía corriendo hacia fuera mientras les daba un último grito. – ¡Atad a ese sinvergüenza y poneros a salvo!
- ¡Lo haremos! ¡Y buena suerte! –Gritó la mujer con la esperanza de que la hubiera escuchado. –Vamos, mis niñas. Tenemos trabajo que hacer. –Dijo la anciana antes de que una de las chicas se abalanzara sobre ella en busca de consuelo. –Ya está, ya está…todo ha acabado…
Una vez que Azir salió por fin a la calle no supo si el escenario de dentro de la casa era peor que el de la calle o viceversa. Edificios en llamas, gente corriendo atemorizada y gritando…era como si fuera un campo de batalla. Mientras contemplaba todos los detalles desde su sitio, Azir solo podía preguntarse una cosa…
¿Qué es lo que está pasando?
CONTINUARÁ…
¡Por fin! ¡Ya tengo terminado el capítulo!
Si, otra espera de más de dos meses, lo se…pero sigo escribiendo, no? (Introducir tomatazos aquí)
Y aquí es donde empieza lo del tema "sanguíneo" al que me refería cuando os dije lo del Rated T o M…así que mejor os lo vuelvo a preguntar porque los próximos capítulos van a ser más o menos como el final de este (o eso voy a intentar XD)
Y sin más, espero que os haya gustado este capítulo y espero vuestras respuestas con muchas ganas ;)
Y ahora si…¿REVIEWS O TOMATAZOS?
