El día siguiente, no estuvo tan espectacular como aquellas luciérnagas que habían machacado del piso. Tenía una sonrisa al momento de dormir. Pero No perduró la tranquilidad en su mente para siempre.
Jim era un niño atormentado. Dicen que cuando un niño tiene traumas, crece para ser alguien mucho peor. Y bueno, Jim no era una excepción.

Entre sus sueños, recordó como corría por todo el comedor. Pasando debajo de la mesa hacia la sala. Corría con terror. Su madre estaba ebria de nuevo, y quería golpearlo. No estaba su padre en casa. Sus excusas para el trabajo ahora eran más continuas. –"Esta noche no me esperen" – decía. Entró a su habitación, encerrándose bajo la cama. Abrazando sus rodillas. Escuchando los pasos de una madre enfurecida con la vida, y con él. Cerró los ojos. El miedo le embriagaba. Pero cuando los abrió. Ya no estaba en su habitación. Estaba en un Locker encerrado. Afuera, se escuchaban risas. Risas de estúpidos. Risas de amistades peligrosas. Risas de ese maldito Carl Powers que se creía el mejor de todos. Al ver por las rendijas que se alejaban, empezó a pegar. Tratando de salir. Las paredes comenzaban a cerrarse y él gritaba con terror. Pedía ayuda… Y entonces, apareció la ayuda. El Locker se abrió y él entrecerró los ojos, divisando la silueta de un hombre. Era alto, y al parecer era rubio. Unos ojos azules que se distinguían entre la luz que se iba marcando cada vez más mientras la puerta se abría. – "Jim…"– Escuchó. – "Jim!" – Volvió.

– ¡Jim! Despierta… – Lo movió un poco, había escuchado los quejidos y eso lo despertó un poco. Lo que lo alarmó fueron los gritos que ahora tenía. Si no lo despertaba, su madre iría a ver qué pasaba. – Jim por favor, joder…

– S-Seb?... – Se fue despertando de a poco. Restregándose los ojos. Al fin pudo abrirlos encontró la mirada preocupada de su mejor amigo. Ladeó la cabeza confundido.

– Tuviste una pesadilla. – Suspiró aliviado. Se recostó de nuevo en su cama y le miró de reojo. – ¿Qué soñaste?

– No… No lo recuerdo bien… – Era verdad. Jim soñaba horrible, pero en cuanto soñaba, su mente lo bloqueaba. – Soñé con mi madre… Creo… y Con un Locker… y ojos azules.

– Ya, pero eso no da miedo.

– Mi madre ebria, sí. – Susurró para sí, pero no lo suficiente bajo para que Seb no lo escuchara.

– Mph… – Suspiró de nuevo. – Venga ya, nada de sentir cosas como esta. Tenemos que empacar. Hoy regresamos al apartamento.

– Oh… ¿Podría quedarme con ustedes?...

– Jim… – Se sentó en la cama– Hablaré con tu madre.

– N-No creo que sea buena idea.

– Todo lo que hago, no parece buna idea. Así que, acostúmbrate. – se volvió a recostar. Eran las 3am no iba a perder las otras 5 horas que le quedaban por dormir.

– Siempre serás un dormilón. – Se reía mirando cómo le daba la espalda. Era de costumbre que ahora él se quedara en el cuarto de Seb. Miró lo que hacía y recordó. Era verdad. Ya estaba metiendo en pequeños paquetes su experimento. Paquetes que después usaría. Miró al rubio otra vez, y se levantó del escritorio con un pequeño dolor de espalda. Guardó en su bolsa secreta los paquetes, y esos en la maleta que harían en unas horas. Se sentó haciendo presión en la cama y le miró por horas dormir. Sebastian era algo que jamás le había ocurrido. O que le ocurriría. Era alguien extraño. Toda su vida había sido tratado mal, pero Sebastian no lo trataba mal.

A las 6 am. Después de cansarse de verlo dormir, se levantó y se fue para su respectiva cama. Pasó mirando el techo. Cuando abrió los ojos Sebastian ya lo estaba mirando. Había sido como un pestañeo cuando se despertó. ¿En qué momento se había quedado dormido?

– Buenos días, Jim. Mamá ya hizo el desayuno – Le picó con un dedo la mejilla y el moreno volteó el rostro para tratar de atrapar su dedo con los dientes. – ¡Oye! Caníbal.

– Te lo arrancaré si vuelves a picarme así a mejilla.

– ¿Ah sí? Quiero verte intentarlo. – Se rió y le volvió a picar. Pero Jim era más lento que Sebastian.

– ¡Ya, bien! Aléjate. – Refunfuñó mientras el rubio se reía y salía. – Ahora voy. – Le sonrió un poco de vuelta y se despabiló de su sueño. Miró al suelo un ratito. Suspirando. No quería volver a casa…

Pasaron las horas, y ya estaban en el auto de vuelta al apartamento.

Sebastian hablaba con su madre, animado. Jamás lo había hecho así, por lo general, era como su padre. Reservado. De mal humor. Callado. Pero Ella sentía que Jim le hacía un bien. Un buen bien. No sabía lo equivocada que podría estar.

Al llegar, aparcó en el edificio y ambos salieron del auto.

– Madre, llevaré a Jim a su casa. Estaré con él hasta la tarde. – Le pasó su maleta con cuidado.

– Muchas gracias, Señora Moran, fue un placer pasar unos días con ustedes.

– Oh, pequeño. No hay de qué. – Se acercó para darle un abrazo cálido. Un abrazo de madre rota, que quería solo el bien para su hijo y la persona que lo hacía feliz. – Cuando quieras regresa a la casa.

– Sí señora. – Le dio una pequeña sonrisa, y tanto el rubio como él, partieron a la casa Moriarty.

– Dame. – Le quitó la mochila. Jim se Alarmó un poco, por que traía allí sus cosas y no quería que se estropearan. – ¿Qué?

– Nada… Solo ten cuidado, traigo algunos recuerdos de allá. – No mentía, sí eran recuerdos… o algo parecido.

Al llegar, se sintió el aire pesado. Estaban afuera de la puerta de la residencia del menor. Este tragó un poco de saliva. Miró a Sebastian quién le dio una gran sonrisa. Tomó aire. Habían pasado días de no estar con su madre, seguramente, estaría histérica. Al abrir la puerta, le costó hablar.

– Y-Ya he vuelto. – Carraspeó.

– ¡¿Dónde demonios te habías metido!? – Decía desde la sala, la T.V estaba encendida.

– Madre...

– ¡Tu padre se ha ido de la casa! ¡Es todo tú culpa! ¡¿Por qué te largaste!? ¡¿También querías dejarme!?

– Madre esp… – Intentó entrar, pero al entrar había botellas tiradas, por todos lados. – ¿Cuánto has estado bebiendo?

– ¿Y a ti, eso que te va a importar?

– Madre… – Se acercó a ella. Sebastian estaba tras él. Con pasos cautelosos caminaba mirándola a la mujer.

– Tsk, no he bebido. Tiré todo el alcohol – Se echó a llorar. Eran los cambios de humor que un adicto tenía cuando se desintoxicaba. Lo que Jim no sabía, era exactamente eso. Sabía que su madre bebía. Pero las pastillas para "el dolor de cabeza" en realidad no eran para eso. – ¡Y tú, te alejas!

– No digas eso... Madre Yo- – No pudo terminar, porque una mano se estrelló contra su rostro. Marcando un gran círculo rojo sobre su piel. Sebastian no se pudo contener. Dejó caer la mochila. Cuando una segunda bofetada iba a arrematar contra Jim, Sebastian se interpuso. La recibió él. Cerrando los ojos. Jim lo miró, se quedó petrificado. La madre histérica, lo tomó de la playera y lo zangoloteó.

– ¡¿Y tú quién rayos te crees!?¡Maldito mocoso! Aléjate de mi hijo.

– No puede golpearlo.

– ¡¿Y tú quién eres para decirme qué hacer o no?!

– Al menos alguien que en verdad se preocupa por él. – Sonaba tan frío. Tan… Un soldado. Vio como su madre se enfadaba cada vez más. Volvió a darle otra bofetada. Sebastian no hizo nada. No podía, era la madre de Jim de todas formas. Esta vez, Jim la empujó.

– ¡Déjalo! – La volvió a empujar. Con más ira que antes. – ¡No lo toques! ¡Nadie puede tocarlo! Nadie. No te atrevas a pegarle a Sebastian. – La miró, todo el pequeño e indefenso Jim que estaba en él, desapareció. – Me iré con papá.

–¡Ni lo sueñes!

– Oh, no necesito. – Miró al rubio. – ¿Me ayudas? – Tomó el teléfono y marcó a su padre, mientras Sebastian iba por una maleta más grande, tomando ropa del moreno. – ¿Padre? – Este contestó. Su padre no era tan malo como su madre. Al menos eso creía. – ¿Puedo ir a contigo? –La madre estaba en la sala aún gritando al aire. – ¿Qué?... – Se sentó en la cama. – ¿Cómo que… quedarme? Es que no puedo… Madre está peor, por favor… – Escuchó su disculpa. Se enfadó más y con total desprecio, tiró el teléfono a la pared, destrozándolo.

– Puedes… quedarte en mi casa.

– No. – Cerró los ojos y suspiró. Pensando que es lo que haría. Algo se le ocurrió y con una siniestra pero escondida sonrisa, miró a Sebastian. – Está bien. Me quedaré, ya razonaré con mi madre.

– ¿Estás… Seguro?

– Sí. Solo, vete, por favor. Tienes que regresar con tu madre.

– Bien. – No quería salir por la gritona de su madre. Miró para su ventana. Luego sonrió– Me voy.

– No te atrevas a salir por la ventana, no hay escaleras de emergencia.

– Hago lo que quiero, Jim. No eres mi jefe. – Reía más y abría la ventana. Tenía donde apoyarse para bajar. Había hecho rapel, sin cuerda. Se rió al ver a Jim horrorizado al verlo bajar. Al estar en el suelo, le hizo una mueca divertida y se echó a correr a su casa.

– Lo haces… –Susurró despacio. Y se separó de la ventana. Miró a su mochila y sonrió. Para disculpa, le haría un café a su mamá. Un rico y "nutritivo" Café a su madre. Sonrió una vez más.


Lo siento. De verdad. u_u Por tardar taaaaaaanto. Es que ksajdjasgdh Ok, ya. Yo creo que en 2 capítulos más termina, y ahora sí. Empezaré el TeenLock. Con la conti de "¿Quieres tener una aventura?" Y de este :) Muchas gracias por leer.

Dudas, quejas, comentarios déjenlos con confianza. Si son quejas los haré zapatos.(?) xD