Disclaimer: Los personajes de Hetalia que aquí se presentan no me pertenecen, sino a Hidekazu Himaruya (gran genio mundial xD), ni siquiera México es mío (es de los mexicanos) xD, aunque sí hice yo algo del personaje n_n
Advertencias: yaoi, violencia ¿leve?, drama, un poco de OoC (me es difícil a veces captar a Rusia), y alguno que otro sentimiento nacionalista que me surgió y lo puse; además un poco más de USAxMex en este capi.
Kary: Privet pequeñas!
Inner: como han estado?
Kary: esperamos que bien, y les traemos hoy (como prometimos) el nuevo capítulo de nuestro fic.
Inner: y para las que pidieron más USAxMex… bueno, habrá… pero muy poco en este capi, aunque para el que sigue habrá algo más n_nU
Kary: esperamos que les guste, y lo que está en letras "itálicas" (las acostaditas xD) es parte de un sueño n_n
Sin miedos.
Me mentiste.
-El General Invierno…- susurró; el "espectro" clavó sus ojos en los del otro y desapareció al momento- pero…- los escalofríos surgieron atravesando su espalda; trató de no darles importancia y continuó su camino hacia el aeropuerto, aunque algo le decía, que una vez más, se encontraría con los golpes del destino…
Pronto llegó al aeropuerto y tomó el primer avión que iba a la Ciudad de México, que afortunadamente salía en menos de media hora; ya dentro del avión permaneció inquieto durante todo el viaje: movía las piernas, se asomaba por la ventana y luego por el pasillo; golpeaba el asiento frente a él, haciendo incomodarse a las personas que estaban sentadas cerca de él, pero no le importó: lo único que quería era entretenerse mientras llegaban.
Poco más de una hora antes de que llegaran a su destino, y mientras miraba por la ventanilla sus ojos comenzaron a cerrarse; trató de mantenerse despierto, pero no lo lograba: tenía un cansancio increíble y la presión en su pecho no hacía nada por quitarla, ni siquiera darle algo en que pensar; poco a poco el cuerpo fue cediendo y se quedó dormido…
Abrió los ojos y se encontró recostado sobre la nieve; se extrañó muchísimo y movió los brazos para darse cuenta de que, efectivamente, estaba encima de ese blanco manto que cubría siempre sus tierras. Se incorporó despacio y una nueva sorpresa llegó a él: ya no era tan alto como antes; a decir verdad, era realmente bajito; se miró las manos, y en vez de encontrarse a aquellas dos fuertes y grandes partes de su cuerpo, se encontró con unas suaves y pequeñas.
Sin salir de su asombro, comenzó a caminar, con la esperanza de encontrarse a alguien que le pudiera ayudar, o por lo menos un espejo o algún lago en donde se pudiera ver; anduvo pues unos minutos, mientras sus cortas piernas se hundían en la nieve y le hacían hundirse, dificultándole la caminata. Luego de un corto tiempo, divisó a lo lejos un terreno completamente verde, que contrastaba de una manera extraña con la nieve que terminaba justo a un lado, dando lugar a un pequeñísimo bosque.
Se aventuró hacia allá sin pensarlo dos veces, y en menos de un minuto ya había llegado a las inmediaciones de ese lugar; sonrió en cuanto hubo puesto un pie ahí… todo era perfecto: había una enorme cantidad de árboles, que ahora que estaba cerca de ellos, no podía ver donde se terminaba aquel bosque; pequeños animales corrían bajo sus pies y un clima cálido nacía n todas partes, pero lo más hermoso es que mirara para donde mirara, los girasoles crecían hasta medio metro de altura, y despedían un brillo dorado bastante inusual.
Se acercó a donde crecían varios, y tomó uno; la bella flor brilló con gran intensidad en las manos de Iván; el chico continuó adentrándose en aquel terreno con el girasol en la mano, hasta que escuchó el ruido inconfundible de un pequeño riachuelo corriendo cerca de ahí, y la inocente risa de un niño. Siguiendo a su curiosidad, sus pasos se dirigieron al lugar de donde venía el sonido; al acercarse, pudo ver a un pequeño que jugaba cerca del río; su cabello era negro, su piel chocolate, y sobre su nariz descansaban unas gafas de montura cuadrada.
Al pequeño Rusia se le hizo muy familiar aquel niño, por lo que se acercó un poco más, y escondiéndose detrás de un árbol para no ser visto lo observó: corría por el pasto mientras reía; sus cabellos se mecían con el viento y reflejaban destellos plateados; tenía los ojos cerrados, y cuando los abrió, Iván pudo ver un par de orbes café oscuro llenas de vitalidad y alegría.
El morenito siguió jugando y tirándose en el pasto por un buen tiempo, en el que el albinito no se atrevía a moverse o a hablarle, por miedo a que se fuera a asustar o a ir; se decidió por hablarle y juntó el valor suficiente para hacerlo; cuando estaba a punto de ir con él, una voz ligeramente familiar, rompió el entorno "mágico" del ambiente.
-¡México!, ¡México!- gritaba la voz, que dio lugar a un chico rubio y de ojos azules que llegaba estirando los brazos y sonriendo abiertamente; el nombrado se quedó en su lugar sin moverse pero dirigiendo una sonrisa al otro niño que llegaba- Hello, México!
-Hola Alfred- su voz era suave y tierna, sin llegar a ser aguda o molesta- ¿cómo estás?
-Fine!, Inglaterra me dejó venir a jugar contigo- le dijo y lo tomó de la mano; Iván sintió como su corazón daba una sacudida en su pecho.
-¡Vamos pues!- los pequeños se echaron a correr a lo largo del riachuelo, de vez en cuando también se tiraban al suelo los dos juntos y daban vueltas o se hacían cosquillas; un rayo rojizo los sacó de sus juegos, y a Rusia de sus pensamientos- ¡mira!- señaló Ale- ¡vamos a ver la puesta de sol!- en efecto, los tonos rojos y anaranjados del sol cuando se oculta habían aparecido en el cielo y se reflejaban en el río; los dos norteamericanos se sentaron juntos y observaron.
-¡Se ve muy lindo!- gritó el güerito señalando también.
-¡Sí, claro!- se quedaron en silencio un rato, y fueron juntando sus manitas, que se entrelazaron con ternura.
-Hey, México- el nombrado lo miró dándole a entender que lo escuchaba- quería hacerte una pregunta- los últimos rayos del sol los iluminaban directamente- ¿vamos a estar juntos siempre?
-…- México lo miró por un momento: claro que siempre iban a estar juntos, ¡eran vecinos!; sin embargo, la mirada del güerito le decía que la pregunta iba por otro lado. Reflexionó por un momento y luego respondió- ¡Por supuesto, Al!; ¡siempre juntos!*- lo abrazó y le dio un besito en la mejilla.
El corazón del pequeño Rusia volvió a latir con fuerza y dolor; las lagrimas cayeron por sus mejillas al instante mientras sus puños se cerraban haciéndole daño en sus propias palmas; miró a su alrededor y se dio cuenta de que ya no estaba en el bonito bosque de hace poco, sino en medio de un "sembradío" de árboles secos; en su mano también yacía una rama dura y resquebrajada.
Se levantó del suelo, al cual había caído sin darse cuenta, y retrocedió, viendo a los dos pequeños alejarse a través del bosque tomados de la mano, y a cada paso que daban se veían más grandes.
¡No!, el dolor volvía cada vez más fuerte a su ser y las lagrimas seguían cayendo; quiso gritar, pero no pudo, y el sonido se quedó atorado en su garganta impidiéndole respirar; se llevó sus manos al cuello tratando de volver a captar aire pero sin lograrlo… se ahogaba, ¡Se ahogaba!
-¡Señor!- Iván abrió los ojos de golpe para encontrarse con el rostro de una mujer que lo veía preocupada- ¿está bien?, se movía entre sueños y estaba sudando- le señaló haciendo que Rusia se avergonzara un poco; miró a su alrededor y se dio cuenta de que la gente ya estaba empezando a bajar- ¡A sí!, acabamos de llegar a la Ciudad de México, ¿quiere que le ayude a bajar?
-¡No!... spacibo*… yo sólo… era una pesadilla; puedo bajar solo- dicho esto se levantó y se dirigió casi corriendo a la salida, dejando muy confundida a la mujer.
Salió del aeropuerto apenas pudo y corrió por las calles de la ciudad; ahí apenas estaba amaneciendo, y algunos puestos se ponían en esos momentos sobre las banquetas, además de que mucha gente caminaba con aspecto soñoliento mientras se dirigían a sus escuelas o trabajos.
Pasó varias avenidas a pie; agradecía que la casa de México no estuviera tan lejos de la terminal de aviones; a los pocos minutos vio la casa a lo lejos y aceleró el paso: tenía que hablar con Alejandro lo antes posible.
Llegó sin aliento a la puerta y tocó el timbre un par de veces sin recibir respuesta; tocó una vez más, y unos pasos le indicaron que alguien se acercaba. Preparó su mejor sonrisa y se acomodó la ropa, un segundo después México abrió la puerta.
Al parecer la llegada de Iván lo tomó por sorpresa, pues abrió mucho los ojos y la boca, como si nunca lo hubiera visto; Rusia lo miró: estaba completamente despeinado y con ojeras, lo que indicaba que se acababa de levantar y ayer se había acostado tarde, pero lo que más le llamó la atención es que no llevaba camisa puesta, y traía un par de pantalones que le quedaban un poquito grandes.
-México… ¿qué pasó?, ayer me llegó tu nota, pero… no entiendo por qué…- Ale respiró un par de veces pero no le contestó- ¿qué pasa?, dime por favor; ¿fueron tus jefes?...- al ver que el moreno no le respondía, le preguntó- ¿puedo pasar?- y sin esperar, hizo ademán de entrar, cosa que logró hacer hablar al mexicano.
-Eh-eh… no… ahora no- puso una mano en la puerta y la otra en el marco de esta, impidiéndole pasar al siberiano- s-e… será mejor que no.
-¿Por qué?, ¿A México le pasa algo?- lo contempló preocupado.
-N-no… vete por favor… y-yo…- el ruso estiró su brazo para acariciar su rostro, pero una voz lo interrumpió.
-¡México!, ¡México!, ¿dónde estás?; creo que te llevaste mis pantalones- el latino cerró los ojos con dolor, aunque Rusia no notó eso, pues levantó la mirada para ver algo que lo invadió de tristeza: Estados Unidos venía bajando las escaleras, también sin camisa y con unos pantalones algo apretados para él- jeje, me desperté y no estabas en la cama- el güero terminó de bajar las escaleras, sólo entonces notó la presencia del albino- Oh, Rusia… vaya, vaya, ¿a qué se debe tu visita?- México seguía con los ojos cerrados mientras las puñaladas de dolor y vergüenza lo atormentaban.
-México… ¿q-qué significa esto?- trataba de controlar su voz, pero sabía que estaba a punto de embargarlo la ira- ¡dime que no es lo que parece!- gritó; Alejandro enfocó sus ojos chocolate hacia los violetas.
-Y-yo… es que é-él – quería gritarle la verdad: lo que el gringo le había hecho, como lo había chantajeado, pero lo más importante, quería prevenirlo de aquel peligro que lo amenazaba desde el territorio de su hermana, sin embargo no podía; no podía arriesgarse a que le pasara algo a él, o a cualquiera de sus hermanos; apretó los labios y los ojos, y suspiró; de nuevo hizo que sus miradas chocaran- aquí no hay ningún malentendido Rusia; todo es lo que parece, y ayer terminé mis relaciones contigo para formar unas más fuertes con Estados Unidos- hasta a él mismo le dolieron esas palabras, y por primera vez en su vida odió esa capacidad que tenía para mentir con tanta naturalidad.
-N-no, ¡No!; ¡México!, pero me dijiste que…
-¡Olvídate de lo que te dije!, ¡todo estaba planeado!, ¡todo, TODITO, era parte de mi plan pa' mejorar!- el ya maltrecho corazón de Rusia se volvió a romper en miles de pedazos que lo quemaron por dentro; México permaneció inmóvil con una mueca inexpresiva que no dejaba ver las horribles sensaciones que le pasaban por la mente- vete ya- dijo, esta vez tratando de no sonar tan cruel; Rusia negó un par de veces. Entonces el estadounidense se acercó a la "escena" y rodeó al moreno con un brazo.
-Oh come on, Russia…acepta que… perdiste- el moreno empujó un poco al otro con el codo, pero este lo apretó con más fuerza y recargó su rostro con el del otro- acostúmbrate Rusia; así fue… y ahora pasa de nuevo*- Iván no pudo más con aquello; sin volver a dirigirles una sola palabra, echó a correr por donde había venido; en cuanto su silueta se perdió, México empujó con fuerza a Alfred y lo apartó de sí mismo. Golpeó una pared con fuerza y luego estrelló sus manos con una pequeña mesita que estaba ahí de adorno; Alfred lo miró y se acercó a él; sabía que por un momento México había estado tentado a decirle la verdad a Rusia, y eso le preocupaba un poco- ¿sabes México?, por un momento pensé que le dirías toda la verdad a Iván, que tontería ¿No?- el otro no le respondió pero negó con la cabeza- ¿qué?, ¿es que acaso piensas decirle?- se burló.
-No; porque, ¿sabes?, lo amo mucho más de lo que a tí te odio- le respondió fríamente y volvió a su cuarto, dejando al rubio más que molesto.
**o**
Mientras tanto, Rusia había corrido varias calles, alejándose lo más posible de la casa del mexicano; las lágrimas caían de sus ojos, pero no hacía nada para contenerlas; la tristeza y el dolor en su pecho iban en aumento al igual que la decepción; pronto y sin darse cuenta, llegó a un bonito parque de la ciudad el cual estaba completamente solo; al parecer las personas aún no habían llegado a él pues seguía siendo temprano.
Dejó de correr y se "abrazó" de un árbol; enterró sus uñas lo más que pudo sobre la corteza de éste y pegó su cabeza al tronco; las saladas gotas seguían emanando y al caer ensuciaban su bufanda; daba suaves sacudidas por cada sollozo e involuntariamente enterraba más sus dedos en el árbol causándose daño.
-¿Por qué?- se preguntaba entre lágrimas; las heridas del pasado se volvían a abrir en su mente, y una nueva y más profunda que las anteriores, desgarraba lo que quedaba de sus sentimientos; recordó al tártaro, a cuando China se fue, y también cuando Lituania lo dejó solo… "tan solo como vuelves a estar" estas dolorosas palabras resonaban con eco en su cabeza, al mismo tiempo, otras frases le recordaban su dolor: "me ha dado tiempo de hacerme más fuerte", "he sacado provecho de muchas circunstancias"; ¿pero cómo había podido ser tan tonto?; ahora se daba cuenta: el mexicano lo había usado para beneficiarse y cuando había logrado lo que quería, lo había dejado de lado para volver con Alfred.
Sin embargo, eso no era lo que más le dolía, sino que recordar las palabras y promesas de amor que le había hecho Alejandro era lo que de verdad le taladraba el alma; "yo no te voy a dejar solo Rusia-san", "por eso te admiro Rusia-san", y sobre todo al mexicano diciéndole que le amaba en pleno clímax de la entrega total de sus cuerpos y almas; al recordar eso las lágrimas se intensificaron y se tomó el rostro con las manos.
-¿Por qué, México?- se volvía a preguntar con dolor- ¿por qué me mentiste…?
Algo de información extra (aunque puedes omitirlo)
Siempre juntos: bueno, he aquí algo que me da un no sé qué de tratar: hubo un tiempo en el que en México se admiraba a USA; de hecho fue uno de los principales factores de ideas de independencia (al igual que la Revolución Francesa) al igual de que era un modelo a seguir en la forma de gobierno, y varias de sus ideas también hoy en día son adoptadas en México.
"Spacibo": es el "gracias" ruso; bueno, la forma en cómo se escribiría y leería en nuestro alfabeto.
Pasa de nuevo: haciendo referencia a la disolución de la Unión Soviética; desde tiempo antes de que se disolviera empezaron conflictos e ideas de "independencia" por así decirlo, y al fin en la década de los 90's los países "lograron su liberación" (y Rusia se quedó solito T.T)
Es esto, o mi libro de historia, Wikipedia, las embajadas de los diversos países, la Secretaría de Relaciones Exteriores, el profesor de historia y yo estamos locos.
Kary: T.T de nuevo les pedimos que no nos odien T.T (nooo~ hice sufrir a Rusia T.T)
Inner: Da, nos costó muchísimo hacerlo T.T
Kary: de cualquier manera esperamos sus comentarios (con amenazas también xD)
Inner: y los agradecimientos son: Youko Saiyo, Hinata Jagerjaques, Lily Yavetil, Juan Nikte, , Loreley Kirkland, Grellicious x3 y angelmex
Kary: les agradecemos sus valiosos comentarios n_n
Inner: nos vemos pa'l siguiente capi.
Kary: esperamos subir el miércoles o el martes
Inner: bye!
