Capítulo VII

El espectáculo debe continuar.

Fue aquel el momento en que Hinata supo que ella también era capaz de sentir vergüenza. Antes de aquel suceso, su espíritu apenas había sido turbado por el leve y cálido, incluso placentero sonrojo provocado por la presencia de Naruto.

Nunca había notado que aquel camisón de dormir que tan bien la cobijaba en las noches y tan suave le parecía, fuese a la vez tan indecente, hasta el preciso momento en que observó la mirada de Gaara sobre ella. Aquel instante le llenó el corazón de una agitación, tan intensa y extraña que por mucho que pensaba, no lograba identificar con ninguna otra sensación.

Se encontraba ahora acurrucada bajo el alfeizar de la ventana, desde donde miraba aventureramente hacía apenas unos segundos atrás. Inconscientemente se llevó las manos a sus muy bien formados pechos, al tiempo que sonreía como quien se encuentra de repente con que es increíblemente hermosa y se holga de ello

Permaneció en aquella actitud unos segundos, hasta que recordó que probablemente su padre le estuviese observando a través del Byakugan. Se apresuró entonces a desandar el camino a su habitación. Una vez en ella se despojó de su ropa y se puso a contemplarse largamente en el espejo, encontró que ya no tenía el cuerpo de niña de antes y que no lo había descubierto por estar constantemente distraída en otros asuntos.

Aquella contemplación le reveló, asombrosamente los motivos por los que Sakura e Ino miraban su pecho con desazón cada vez que iban a la piscina, sus pechos eran tan grandes y provocativos que no podían causar en aquellas jóvenes más que una envidia muy bien disimulada. Además de eso Hinata descubrió que sus piernas, se habían vuelto largas y elásticas, tan elegantes como las de las mujeres retratadas en los grabados Shunga*3 que su primo Neji guardaba celosamente bajo el colchón de su cama. El conjunto que su cuerpo ofrecía a la vista fácilmente la habría convertido en una estrella si hubiese nacido en una familia dedicada al oficio de Geisha o alguno similar. Se reconocía hermosa y provocativa por primera vez y disfrutaba enormemente de ello.

Mientras todas estas cosas ocurrían con Hinata en su luminosa habitación, su padre la olvidaba nuevamente, dejando el recuerdo de los vergonzosos eventos de la mañana tras el velo de las diversiones que ofrecía a sus invitados.

De hecho, el evento social continuaba con completa normalidad. En la mesa Hiashi hablaba y hablaba, sin parar de promocionar a su segunda hija mientras esta se concentraba mas en comer la mayor cantidad de mochis*4 posible, que en proyectar la imagen de heredera talentosa que su padre se empeñaba en destacar.

Gaara por su parte, no le prestaba la menor atención a Hiashi, sonreía de vez en vez y ponía cara muy seria mientras asentía a su interlocutor, pero en realidad solo pensaba en la manera de entresacarle al viejo el modo de ver más de cerca a Hinata. Todos los engranes de su cerebro se movían coordinadamente para alcanzar ese fin único. Finalmente, cuando estaban levantando la mesa de postres Gaara se atrevió a hablar ya que después de esto solo se ofrecería una ronda de bebidas calientes tras lo cual se daría por terminado el agasajo.

Tengo entendido que tiene otra hija Hiashi, creo recordarla del examen shuunin.

De inmediato el Hyuga se tensó, tanto Gaara como sus hermanos tuvieron dificultad para saber sí fue por los terribles sucesos ocurridos en aquella ocasión o por la reciente aparición intempestiva de la heredera del clan.

¡Ho! Sí, se refiere a mi hija mayor, Hinata. – señaló el hombre inexpresivamente.

Gaara, estoico, repuso.

Sí, creó que ella y su primo tuvieron un enfrentamiento de lo más interesante.

Lo recuerdo, me asombra que recuerde algo como eso Kazekage sama. Ella… - El hombre permaneció en silencio sin saber muy bien cómo justificar la ausencia de la muchacha en aquel agasajo.

Me parece que ha olvidado este encuentro- completó Gaara pletórico de alegría.

Claro, claro, me temo que es muy distraída. Disculpe su descortesía por favor.- Hiashi siguió el juego más por salir del paso que por disculpar a su hija.

En ese caso creo que no tendré más remedio que regresar para verla, me han notificado que sus habilidades se han vuelto sorprendentes y no puedo negar que estoy intrigado. – Culminó Gaara con una sonrisa de oreja a oreja.

Temari y Kankuro que habían asistido a este breve dialogo cada vez más asombrados, terminaron de apurar sus respectivos mochis casi sin respirar, preguntándose desde cuando existía este gran interés en una chica tan rara. Kankuro sopesó la situación y se alegró por un momento de la posibilidad de volver a ver aquellos pechos tan bien distribuidos, pero refrenó su contentura cuando sintió el aura densamente irritada de la rubia, que se preguntaba a dónde se había ido la cordura del jinchuriki que tenía por hermano.

Finalmente llegó el momento de salir de la casa Hyuga, era casi la hora de volver a comer pero el trío estaba tan satisfecho que siguió andando hasta llegar al hotel.

Una vez habían vuelto a sus habitaciones el comportamiento de Gaara empezó a volverse bizarro y caprichoso…