Desde el momento en el que Crowley me dejó encerrado en una habitación completamente vacía, no he parado de soltar alaridos, de soltar insultos; injurias.

Ni siquiera sé por qué lo hago, a sabiendas de que mis irrelevantes gritos no me sacaran de la situación en la que me encuentro, mis gritos no harán que la gran placa de metal, que es la puerta de la habitación en la que me encuentro, se abra.

No grito debido al miedo o para causar lástima en los que me tienen cautivo, si no que mis vociferaciones están llenas de rabia e impotencia. Podría llegar a decir que los insultos que formulo van dirigidos principalmente a mí, por ser tan idiota, también por no prepararme lo suficiente. Nunca me consideré alguien débil, pero al momento en el que me enfrente contra Crowley simplemente dudé de mis habilidades un montón de veces, ¿Habré entrenado bien? Se me hace inevitable no preguntármelo, pero esto solo hace que tenga ganas de entrenar y mejorar mis capacidades; siento la necesidad de llevarme al cien por ciento.

No tengo mucha oportunidad para tratar de largarme de este lugar, estoy completamente obligado a ser sumiso, pues se han asegurado de mantenerme inmovilizado atándome con algo parecido a una cuerda, pero mucho más fuerte que una normal gracias a ciertas modificaciones, de no ser así ya me habría liberado a mí mismo hace algunos minutos, también han puesto un tipo de imán en mi tobillo izquierdo y el otro imán en un punto específico del piso, para que ni siquiera pudiera cambiarme de lugar.

Estoy frustrado y cansado, no he parado en todo el día, he estado en continua actividad. Mi cuerpo me está cobrando las confrontaciones con Sublevados que ocurrieron hoy.

Han pasado tantas cosas y recién es el primer día de esta gran guerra, ¿Qué se nos vendrá más adelante? Me dan escalofríos de tan solo pensarlo.

¿Por qué las cosas tienen que ser así? ¿Por qué, como humanos, no aprendemos de nuestros errores? Las cosas que ya pasaron hace años están a punto de desatarse nuevamente, puesto que el humano sigue actuando cual animal. ¿Por qué no dejamos nuestra codicia y soberbia, nuestro individualismo y egoísmo atrás? Deberíamos dejar todo esto en el pasado que causó tantos gritos, tantas lágrimas, tanto pesar y dolor a quienes lo vivieron, a quienes estuvieron presentes en él.

Aun así cuando los penumbrosos escenarios que fueron testigos de grandes masacres, de grandes dolores y de grandes errores nos dicen diariamente por medio de sus ruinas, por medio de los cadáveres que esconden y por los recuerdos que tienen gravados en sus edificaciones– Fue su culpa, todo ocurrió gracias a su ambición y a su arrogancia – No somos capaces de concientizar nuestros actos en el presente.

Pero todo esto no es más que alguna que otra reflexión que solo se va a quedar en mi cabeza.

La luz de la habitación se apaga sin previo aviso, eso me indica que se apaga y se prende desde afuera de la habitación, tal vez desde alguna sala en específico. El hecho de que la luz se apagara me inquieta. Hay que tener en cuenta que el cuerpo humano, se prepara para dormir al estar en oscuridad; o bueno, eso es lo que yo he escuchado, puede que esté equivocado, aunque eso realmente no importa ahora, puesto que el sueño ya está llegando a mí. Si bien estaba cansado, no quería cerrar mis ojos para caer en algún sueño profundo, al no querer bajar la guardia.

Me senté en el suelo, incómodo, ya que estar con mis manos atadas era desagradable y el imán era pesado.

¿Cómo estará Mitsuba? ¿Qué estará haciendo Yoichi? ¿Guren me estará buscando? Estas interrogantes simplemente aparecieron debido al aburrimiento, pues a decir verdad, sí, estoy preocupado, pero los recientes acontecimientos solo me dejaron tener pensamientos vagos sobre estas tres personas.

Espero que el desgraciado de Mikaela no les haga daño.

La discusión que sostuve con el rubio me dejó satisfecho, ya que sabía que no tenía más que palabras inconclusas para rebatir mis argumentos.

¿Por qué querría tan desesperadamente tenerme del lado de los Sublevados? Si hubiese sido por un tema de estrategia, podría decir que es bastante estúpido que me hayan elegido a mí, ya que hay soldados mucho más fuertes que yo, y también, no poseo ningún cargo de importancia para que mi pérdida cause alboroto. Realmente no entiendo las intenciones de Mikaela. Hay que recordar que mucha gente recalcaba que este tenía sus ojos puestos en mí, pero ¿Por qué?, ¿Cómo, siquiera, supo de mi existencia?

Todo es confuso para mí en estos momentos.

Supongo que debe de estar descansando en estos momentos, mientras yo lleno mi mente de incógnitas.

Se me hace desagradable que un tipo como él me necesite, al ser nuestros objetivos tan diferentes.

Tengo que arreglármelas para escapar, tengo que regresar con las personas a quienes aprecio, tengo que informarle a Guren sobre lo que me ha dicho Shindo y sobre la ubicación de este último, tengo que saber si Mitsuba está bien, tengo que saber de Yoichi, también de mi familia, aún no sé si esta fue afectada por los desmanes o si están bien. Espero que mi madre y mi padre estén a salvo.

Desgraciadamente mi cuerpo pide que le propine horas de sueño, por lo que pronto me recuesto en el suelo y caigo dormido.

Primero simplemente caí rendido para no soñar con nada, simplemente todo estaba negro, pero pronto, antes de que siquiera me diera cuenta, comencé a soñar con un mundo completamente devastado, y lo peor es que todos estamos tratando de asesinarnos entre nosotros.

Es como si todos hubiésemos perdido la cabeza, incluso puedo ver a Shinya tratando arrebatarle la vida a Guren utilizando su habilidad mientras este se defiende y, por su parte, también intenta hacerle daño.

¿Por qué sueño este tipo de cosas? No creo que sea un sueño premonitorio.

Todo está bajo un caos absoluto, fácilmente podría comparar el escenario con el infierno y me atrevería a decir que nuestros actos les darían miedo, incluso, a los seres más despiadados.

¿Si quiera hemos sido capaces de asimilar lo grotescos que podemos llegar a ser? ¿A caso nos hemos puesto a pensar en las mórbidas acciones que podemos llegar a cometer? En estos momentos no dudaría en que si Satanás estuviese viendo esto conmigo, estaría llorando.

Tal como espectador de una maravillosa galería artística, me paseo viendo cada obra maestra, apreciando sus detalles. Camino observando cada apuñalada que un joven le propina a una señora, observando como un hombre viola a una pequeña niña, observando como una familia se grita incesantemente, como personas con la misma insignia en el uniforme pelean a muerte; observo superficialmente, ya que hay algunas cosas que son realmente repulsivas y perturbadoras.

¿Cómo terminamos así? Temo del futuro que nos espera.

¿Quién fue el causante de todo esto? – preguntó al aire.

Por arte de magia la figura de Mikaela aparece frente a mis ojos.

Simplemente siento como mi corazón comienza a acelerarse, como mi cuerpo se tensa completamente y como la ira fluye por mi cuerpo cual sangre por las venas.

Me lanzo hacia el líder de los Sublevados ignorando el hecho de que este estaba apuntando hacia a algún lado. Me pregunto por qué ignoré esto, tal vez solamente quiero culpar al rubio. Esto no importa, no es relevante para mí, después de todo él fue el que inició la guerra, él fue el causante de la gran explosión que hizo volar a tantos cuerpos.

Maldito Mikaela.

Juro que me gustaría poder propinarle un buen golpe por tenerme encerrado en la habitación en la que estoy durmiendo incómodamente en el suelo, quiero cortar sus manos, ya que son estas las que utiliza para hacerle daño a los demás, me llenaría de gozo poder arrancarles los ojos de la cólera, ya que utiliza estos para ver el desastre que genera, y me encantaría borrar sus existencia de la faz de la tierra para que todo el dolor que este ha causado no sea más que una herida cicatrizada en todos los afectados.

Simplemente imaginar a Mikaela gemir de dolor hace que todo mi cuerpo sienta una increíble corriente eléctrica que hace aparecer mi adrenalina y hace crecer mi odio.

Voy a hacer desaparecer esos ojos azules cueste lo que cueste.

Yo, Yuuichirou Amane, juro que voy a asesinar a Mikaela Shindo con mis propias manos.