Que rápido pasa el tiempo ¿Eh? Esta es la actualización más rápida que he tenido a un fic (naa la tenía a medio hacer pero como les dije, decidí dividir el capitulo en dos por eso de que quedaba muy pero muy largo) este capítulo es algo más corto de lo acostumbrado, pero no se preocupen, el otro no lo será tanto. Estos días normales, excepto que me paso la cosa más graciosa que podría pasarle a alguien, un amigo extremadamente alcoholizado quiso llamarle a una chava por eso de "que la quiere un chingo" pero según él no se acordaba del teléfono, ¡asi que le llamo a esa misma chica preguntándole por su número de teléfono! Jajajajajajaja ese fue el momento más sublime de la historia jajajajaja jamás veré algo semejante, bueno quizás algún día vea una orquesta de monos o un mono con pistola, eso sí sería lo mejor del mundo "miren un mono con una pistola" Bang! Y creo ya me estoy pasando mucho, en fin aquí está el fic.

Disclaimer: Naruto no es mío, no me pertenece ni él ni ninguno de sus personajes, si así lo fuera Deidara (dios en la tierra como en el cielo) ya habría explotado el mundo entero, aparte los japos son muy conservadores y no me veo a mi mismo de alguna manera viviendo en una sociedad tan estricta, apenas si soporto a la mexicana… que por cierto su selección perdió hoy….

El peso de la oscuridad baja esta cortina de fatiga que a duras penas he mantenido a raya durante la última hora. Logro seguir a unos turistas hasta su hotel, y tomo un cuarto por la noche. Pero el sueño no llega, retrocede ante las cadencias demasiado extrañas de los sonidos que se deslizan al cuarto por las ventanas que hay que tener abiertas porque el cuarto es muy pequeño... Allá abajo, golpes huecos sobre el acero, imposibles de identificar: la ronca voz de una maquina diesel que viaja hacia la nada; insistentes conversaciones guturales en hebraico que hacen eco en los departamentos de enfrente; y a lo lejos, susurrantes sirenas que por encima de las azoteas anuncian un mensaje de violencia; del hombre o de dios, eso no importa. Llegan al miedo, por igual.

Cometí un profundo error al venir aquí. De pronto ya no tengo por qué luchar, salvo por el pasado. ¿Katamon? Que se lo guarden. ¿Y ahora qué? ¿Vagare por este pequeño y desértico país buscando algo lo suficientemente bonito, que me haga hervir la sangre al pensar que nos lo arrebataron? Absurdo. Yo soy estadounidense. Sin mover un dedo yo tengo Yosemite, el gran cañón y la bahía de Shakespeare. Estos judíos no han tomado nada de mí. Lo que tomaron se lo arrebataron a mi padre y a otros padres palestinos, dejando a la mayoría de ellos blandos, encorvados y llenos de penas, como mis tíos. Pero la sabia sobrevive. Tengo toda la savia que mis hermanos no, allá ellos como doctores o abogados. Tengo la única herencia que cuenta en este mundo: la rapidez de mente, de las manos, de la lengua y de los pies. Yo herede las cuatro. Estoy excelentemente preparado para triunfar en un país como los estados unidos. También lo estaba mi padre. Así que: ¿Qué es toda esa alharaca por un barrio pequeño y mugroso? ¡Al diablo con él! Simi padre lo quiere otra vez, que baje aquí a luchar por él. Yo me voy a casa. Pero, lo peor de todo, es que… Estados Unidos no es mi casa…

Entran disparos de ametralladora por la puerta. Naruto rueda, buscando cubrirse de esta barrera blanca y blanda, detrás del enorme cadáver de su hermano, que hace florecer a una hilera de pequeñas flores rojas entre lo blanco; en donde entran las balas: pft, pft, pft. Espera, tu hermano no es tan grande, es tu padre. ¿Mi padre? Si, tu padre, mejor arrástrate y sálvalo. Lo hare, pero las piernas de Naruto están paralizadas. ¿Me dieron también? ¡Oh, no! Y las arrastra inútiles, conforme avanza, sobre los brazos, hacia su padre. Pero ese no puede ser mi padre, el tampoco es grande. Naruto, ve a ver quien toca la puerta, por favor. Te creía muerto papá. Me mira con ojos muertos y tristes, padre, padre. Deja de soñar despierto y contesta a la puerta.

Ah, toquidos, no disparos ¿Y qué hago en el piso, enredado en mis sabanas y chorreando sudor? El cuarto esta tan caliente como un baño de vapor. Debí levantarme medio dormido para cerrar la ventana. Pero ya es pleno día y no hay nadie a la puerta, salvo un hombre anciano cuyas rodillas artríticas se asoman por sus pantalones cortos a cuadros.

- ¿Usted toco?

Se vuelve hacia mí, burlándose:

- ¿Y porque habría de tocar tu puerta?

- ¿Y porque no habría de meterle su dentadura postiza por la garganta?

Quizás nadie toco. Me muestra el dedo índice cuando azoto la puerta. ¿Por qué siempre o casi siempre, soy un niño en mis sueños? Sobre todo cuando sueño a mis hermanos y a mi padre.

Ahora veo la Nikon sobre el tocador: un pequeño demonio negro que exige homenaje. ¿También soñé a Jiraiya? ¿Para engañarme a mí mismo, para venir aquí? No hay tal Jiraiya como tampoco existe el tal Katamon. Son inventos para satisfacer una obsesión. Pero el dijo que esas fotos son importantes. Por falta de esas fotografías acribillan a tus hermanos cuando cruzan por el Golán. Esa no es ninguna invención. Revolutionismo oblige Naruto, así que las tenias todas contigo, Naruto, tu no estás loco, sabes porque viniste, deja de atormentarte con tu infancia, tu viniste a pelear, sabes que si no peleas, tu nombre será aplastado por la historia. Toma esas fotografías y sal volando es de este agujero olvidado por dios, lleno de ancianos artríticos. Ya te preocuparas por tu dilema existencial haya en Paris, donde de todos modos es la specialité de la maison.

- Tiene suerte – Dice el hombre de la recepción -. En dos minutos más hubiera tenido que cobrarle el día completo.

- ¿Y qué?

- "¿Y qué?"

- Eso dije: ¿Y qué? Mire le pagare dos días si eso lo hace feliz, o tres, o cuatro o una semana si eso lo hace feliz.

Pone mala cara. Cree que hago algún chiste a sus costillas.

- ¿Entonces…?

- Entonces nada, Págueme un día y no vuelva jamás por aquí y eso me hará feliz.

- Mazel tov.

Afuera, el sol es cegador. Cae a plomo del cielo y rebota sobre las brillantes piedras amarillas. Duele calentar la manija del Volskwagen. Al abrir la puerta me salta a la cara una descarga de aire añejo y sobrecalentado. Y en ese mismo momento me sujetan de ambos brazos, arriba de los codos, me arrebatan la maleta de la mano derecha y me azotan contra el borde del toldo. Tengo un movimiento para esto, pero la respuesta es muy viscosa, se arrastra muy atrás de la intención. Se supone que debo de moverme e ala derecha con el pie izquierdo, para así crearme un espacio a mi izquierda entre mi atacante y yo y poder girar para poder golpearlo a los testículos con mi rodilla. Pero siento que me patean ambos pies, dejándome sin apoyo, y quedo colgando del mentón sobre el metal abrazador, con el canal de la lluvia encajado en la nuez de la garganta. Me pasan las manos por encima, me roban mis papeles primero. Ahora por la pierna y lo largo de la entrepierna. Debí pagar por el día adicional y quedarme en la cama. No me roban, me arrestan.

Cuando me dejan recuperar la vertical tengo las manos esposadas a mi espalda. Toda la operación tardo lo que un respiro. Antes de que las piernas se vengan abajo me dan la vuelta, me empujan, y trastabillando cruzo la calle hacia un jeep Land Rover estacionado junto a la entrada del hotel. No lo vi cuando pase caminando a su lado. De un salto entro por la puerta trasera, para impedir que deshagan los rótulos de mis rodillas contra la defensa. Después de mi suben dos hombres uniformados y un tercero ya está al volante. El golpeador más cercano a la puerta, sentado frente a mí, tiene hombros de toro y rasgos burdos, y me escupe en arábigo. Siento que me va a dar risa. Ya he sido arrestado, en el 68., como cualquiera. Un arresto es cosa de todos los días en una democracia, y esta es una democracia, ¿Verdad amigos? Jajajajaja.

Con los nudillos, de revés, el grandote me pega en la mejilla, y a lo largo de la boca. Me imita con una pesada risa "jo, jo, jo" explicándome la razón por la que me golpeo. Me rio en su cara, bajo la cabeza, y echándome contra él le pego con la frente en la nariz. Contesta con sus puños contra mis costillas indefensas, pero logro dejarme caer al piso de la Land Rover, encogiéndome las piernas, listo para patearle a través del toldo. Pero ahora lo limita el policía más chico y se limita a escupirme.

Retorciéndome vuelvo a mi asiento y permanezco ahí durante el resto del paseo. El golpeador reposa con los puños cerrados, y con su manga caqui limpia con sus bigotes las gotas de mocos ensangrentados. El pequeño se ve exasperado y evitan mirarse el uno al otro. No me siento mal, le atice un buen golpe, tomando en cuanta mi desventaja.

Rumbo al norte pasamos los muros de la ciudad vieja y entonces varamos a la izquierda. En Paris oí decir que las prisiones verdaderamente duras están en el desierto o sobre la margen occidental. No parece que vayamos a abandonar la ciudad, de ser así me preocuparía. Pero abruptamente el Rover salta a la calle a lo que parece ser una aglomeración de casamatas provisionales construidas dentro de un patio formado por un cuadro de envejecidos edificios institucionales de tres o cuatro pisos. El efecto es el de un escenario de filmación para una película de espías en algún lugar de Europa oriental, en 1946. Pero a pesar de todo el alambre de púas, esto no es muy amenazador. La reja está abierta y no hay guardia. La gente va y viene por la calle. El chofer nos lleva hasta un congestionamiento de vehículos policiacos estacionados en la parte posterior de las construcciones, y se detiene frente al cuartel mas retirado. Aquí me bajan a empujones del Land Rover y me llevan marchando ante un callejón entre dos casamatas. Estoy en buena compañía, hay docenas de árabes a mi alrededor, muchos de ellos tocados con Keffiyeh. Me miran en silencio pero intensamente, mientras me empujan frente a ellos. Esto me recuerda un poco a las comisarias de Harlem, salvo que aquí nadie ríe.

Cuando entramos al cuarte por la puerta lateral, siento alivio de no estar bajo el sol. Esta pequeña aventura aun no logra despertar mi ansiedad. Mi padre hubiera dicho que me lavaron en cerebro con propaganda, haciéndome creer que la democracia israelí es simplemente una extensión de la democracia de estados unidos. Pero también me ha golpeado la cara un gordo policía estadounidense, pero por voltear su coche en Morningside Heights. Quizás esto es un arresto preventivo para impedir que voltee su Lan Rover.

Ahora, con bastante gentileza, me empujan por una puerta del corredor a un cuarto de malla de acero sobre la puerta y a una docena de sillas desdoblales alienadas frente a los muros junto a los muros. Una sala de espera: ya hay cuatro adolecentes ahí. Hablaban pero cortan en seco a conversación cuando entro cayéndome. Ahora me miran de arriba abajo, cabeceando cautelosamente y no prosiguen la plática. Quienes quieran que sean deben de pensar que soy un espía echado ahí para escuchar su conversación, porque ya no dicen ni una palabra. No me importa, por fin identifique al fantasma ligeramente presente del deja vu que me acompañaba desde que sentí que me apresaban los brazos y que me ha impedido que tome en serio el arresto. Acostumbraba soñar despierto un episodio muy parecido, hace mucho, mucho tiempo; una aventura que invente con las conversaciones secretamente escuchadas que hacían eco a lo largo del pasillo de parquet hasta nuestra recamara, junto con el tintineo de hielos y vasos. Mi padre había llevado la cuenta de los arrestos en Gaza. Cada vez que tenía lugar una oleada de ellos, se los anunciaba a sus invitados, quienes murmuraban su reverencia y conmiseración por las heroicas victimas. Si, eran héroes. Mientras que nosotros ignorados, desechados y olvidados en nuestras camas, no contábamos para nada. Éramos simplemente chicos estadounidenses frívolos e inútiles.

Pero ya sabía hacerme valer. También me hice arrestar, casi todas las noches, por soldados israelíes, que parecían policías irlandeses en uniforme azul oscuro, con garrotes y revólveres Smith Wesson. 38. Me hacían marchar como rana hasta la estación de policía y me lanzaban tras los barrotes, donde me burlaba de ellos y los desafiaba a que me hicieran lo peor. Mientras maquinaba fugas usando explosivos escondidos para volar el muro posterior. Y entonces conducía a mis compañeros de escuela hacia la libertad, a los bosques de New Hampshire. Ya lo lejos de ahí, en mi casa, mi padre hacia recuentos de mis proezas a sus acostumbrados y aduladores invitados….

El pesado chasquido metálico de un pasador corrido, interrumpe mi nostálgica meditación. Un caballero arañesco, de cabello rosado, se asoma por la puerta parcialmente abierta, nos inspecciona por un momento y vuelve la cabeza hacia el corredor, como si escuchara instrucciones que le dieran tras bambalinas. Tiene los rasgos limpiamente esculpidos y la postura erecta de un conde austriaco. Definitivamente es algo superior a los dos simios que me cayeron encima. Con un gesto me indica que me ponga en pie y de la vuelta para poder quitarme las esposas. Podría hacerme esto en el pasillo, pero el hecho de que prefiera hacerlo aquí hace pensar en una demostración de benignidad para los cuatro adolecentes… o de que nos tiene a su completa disposición. Sea cual sea el motivo, me gusta recuperar mis manos.

Me lleva a lo largo del edificio.

- Por favor.

Abre la puerta de una pequeña oficina, canturreando como un joyero de alta categoría que invita a un cliente a inspeccionar sus mejores diamantes. Pero el cubículo solo tiene una mesa de metal negra y tres sillas mecánicas sin brazos. Hay un claro olor a cloro y no tiene ventanas de donde escapar. Tres lámparas de fotógrafo, sobre largos tallos iluminan el cuarto. En la mesa hay una solitaria carpeta de manila y un cepillo de pelo. Los simios nos siguieron por el pasillo y ahora se unen al conde y a mí al cubículo.

- Por favor, primero una fotografía – Me dice extendiéndome el cepillo de pelo.

- No sin firmar un contrato, mi agente me dice que jamás lo haga sin un contrato.

El conde agita amenazadoramente la carpeta de manila:

- Este es su contrato.

El simio más pequeño ya ajusto las luces y trajo una cámara con tripee. Extiendo la mano para recibir la carpeta de manila.

- Por favor seños Uzumaki, no subestime la seriedad de su posición.

- ¿No es algo relativo?

- ¿Relativo?

- Relativo a mis posibilidades. Por ejemplo ¿mi posición es más o menos seria que el rodear el Cabo de Hornos en una canoa?

Hace girar el pesado anillo de oro de su dedo índice izquierdo.

- Fácilmente podría volverse más seria, señor Uzumaki.

- ¡Que pesado!

- Usted ataco a un oficial. Y eso es solo el principio. Antes de seguir adelante, cepíllese el cabello y déjenos tocar nuestra fotografía.

Le señala al simio grande que se levante de manera amenazadora. Se armo con una macana. Van a conseguir su foto de una manera u otra. Así que me conviene dársela graciosamente. Acepto el anillo de plástico, me aliso el cabello y adopto la expresión más inocente que es posible tener ante tres cámaras. Si esta fotografía va a circular, conviene que sea lo más benigna posible. Desafortunadamente me vea bien o no, quedare fichado en los archivos de inteligencia judíos.

- Gracias por su cooperación señor Uzumaki. Tome asiento por favor.

La silla de metal está fijada ante la mesa. El conde asume una pose interrogativa sobre la mesa.

- ¿Señor Uzumaki a quien contacto ayer en Katamon?

¡Me habían seguido!

- ¿Qué es Katamon?

- Es el lugar donde estuvo ayer por toda la tarde.

- Aja, buscaba a Yehudi Menuhin. (1)

- Señor Uzumaki basta de chistes.

- Simplemente andaba paseando, disfrutando el paisaje.

- No hay nada que ver en Katamon. Señor Uzumaki. No somos tontos, aterriza en Lod. Una hora después esta en Katamon. Si usted hubiera ido directamente al Muro de las Lamentaciones, o en su caso al Domo de la Roca, eso si me parecería bastante normal. Pero Katamon no. Estaciono usted el choche y se echó a caminar. ¿A dónde fue?

- Si saben tanto ¿Por qué no saben a donde fui?

- Señor Uzumaki, a mi es al que le pagan por hacer las preguntas.

- ¿No le pagan también por hacer las respuestas? Les dije que estaba paseando, mirando el paisaje. Si usted tiene otra información por favor dígamela. De veras tengo la curiosidad por saber que hacia ahí en Katamon. Porque vera, tengo la impresión de que solo paseaba.

- Usted fue ahí deliberadamente.

- Así es.

- ¿Por qué?

- Mis padres vivieron allí.

- ¿Y por que no me dijo esto cuando se lo pregunte por primera vez?

- No me pregunto lo que hacía. Usted me pregunto que a quien contacte. No hice contacto con nadie. Solo con una niñita pesada que pretenda venderme la ciudad por dos dólares.

- Una buena ganga.

- Pensaba en regresar para invitarla a salir.

- ¿Ahora donde están sus padre, señor Uzumaki?

- Mi madre está en Nueva York.

- ¿Y su padre?

- Eso tendrá que preguntárselo. Cruzo el gran rio hace cinco años, solo espero que Caronte (2) le allá tenido la paciencia que él se merecía.

- Y entonces ¿Por qué regreso usted?

- Para ver lo que dejaron atrás.

- ¿Por qué regreso usted, señor Uzumaki?

- A ver lo que dejaron atrás.

- ¿Por qué regreso usted, señor Uzumaki?

- Su aguja se trabó

- ¿Está usted consiente que aquí es ilegal ser miembro de una organización terrorista? Podría caer en prisión.

- ¿Y por qué crimen?

- Por intento de cometer violencia contra el estado de Israel.

- La intención es un estado mental.

- La intención precede a los actos.

- ¿Qué actos?

- Eso es exactamente lo que nos proponemos saber.

- Saber o inventar, dígame.

- Señor Uzumaki, ¿Dónde estaba usted antes de venir a Israel?

- Ginebra.

- ¿Y antes de Ginebra, señor Uzumaki?

- Aquí y allá.

- ¿Y antes de Ginebra, señor Uzumaki?

- Se trabo de nuevo.

- Paris señor Uzumaki. Ahora dígame, ¿Dónde estaba antes de Ginebra?

- Paris, ¿No fue lo que dijo?

- ¿Y cuanto tiempo estuvo en Paris?

- Usted tiene mi pasaporte. Allí está el sello.

- ¿Y qué ha hecho en Paris desde Septiembre?

- Diciembre.

- Lo siento. Diciembre.

- Fornicar con chicas y beber vino, ¿Qué otra cosa hace un turista en Paris? Si es del tipo serio, ir a museos.

- Entra en contacto con organizaciones terroristas que los franceses toleran en su suelo porque la conveniencia cuesta menos que los principios.

- Usted es algo aburrido, ¿Sabe? Si no puede salir con algo más específico que eso, creo que me iré.

- Apenas levanto el trasero del asiento unos centímetros cuando me golpean en el cuello con el canto de la mano, encendiendo focos en mi cabeza. Y cuando trato de volver esta, me sujetan firmemente por los cabellos de ambos lados.

- Señor Uzumaki, no estamos jugando. Usted fue enviado aquí a cumplir una misión y vamos a saber de que se trata.

Busca un pretexto para torturarme, para enviarme a una de sus prisiones en el desierto, donde los judíos orientales se vengan de la miseria de sus padres.

- Exijo hablar con la embajada de los Estados Unidos.

Otro golpe en el cuello enciende más focos. Ahora no puedo enfocar la vista. Dos condes borrosos y sombreados sobrevuelan mi cabeza. Cuando comienzan a converger en una sola imagen vo que dirige una de las lámparas hacia mí.

- ¿A quien vio usted en Katamon, señor Uzumaki?

- Gestapo (3)

- ¿Qué dijo?

- GES – TA – PO – Grite a todo pulmón.

Otro golpe.

- GES – TA – PO, GES – TA – PO, GES – TA – PO…

Una manaza me cubre una boca, pero oigo que el canto hace eco en otro cuarto:

- Ges- ta- po, ges – ta – po…

- GES – TA – PO.

Ahora el gran simio me jala por los cabellos, pero la adrenalina me anestesia el cuerpo por completo.

- Ges – ta - po, ges – ta – po… - Canta el eco.

¡Comenzó una manifestación!

- GES – TA –poo… - Finalmente e amordazan la boca, y ahora forcejean para ponerme otra vez las esposas. Por alguna razón, aun no intento resistirme.

- Ges – ta - po, ges – ta – po…

El canto sigue periqueando en algún lugar del edificio. El conde sale del cuarto azotando la puerta, mientras los simios acaban de atarme los brazos al respaldo de la silla y los tobillos a las patas. Por eso fijaron la silla al piso. Comienzo a reírme bajo la mordaza, aunque no se por que, deben de ser los nervios por la tortura que se avecina, o por la pequeña victoria que logre al provocar tantos gritos, pero de algo estoy seguro, esto no durara poco, no importa si es aquí o en Monte, a cualquiera que le sucediera esto, estaría ahogándose en el sudor de su propio miedo.

Mi cuello comienza a palpitar y después a acalambrarse. Los calambres en el cuello con el peor dolor del mundo. ¿Quién fue el soplón? Mi mente no está lo bastante lucida para razonarlo. Pero si se lo suficiente para preguntarme porque no se esperaron para pescarme en el acto, con la cámara llena de espionaje. Entonces tendrían un verdadero pretexto para romperme los cojones. He tenido un golpe de suerte. Apprehensio preacox.

Por lo menos pasa una hora antes de que regrese el conde. Inmediatamente le ordena a los dos simios que me desaten y me desamordacen. Incluso me ayudan a incorporarme. El conde merodea inquietamente.

- Estire los músculos señor Uzumaki, así evitara los calambres. Ya nos traen café. Me apena admitir que hubo un error, un terrible error. Lo hemos confundido con otra persona.

- ¿Ah, si?

- Me doy cuenta de que lo hemos sometido a algo terriblemente inexcusable.

Recita, le ordenaron dejarme ir. Han descubierto su error. Me cayeron encima demasiado temprano. Buscaron en sus archivos y descubrieron que una familia llamada Uzumaki verdaderamente vivió en Katamon y que yo no mentía. Me dicen que me confundieron con otra persona para así persuadirme a seguir con mi misión. ¿Qué tan tonto creen que soy? Por otra parte ¿Qué pueden hacer? Si se aferran a mí, tarde o temprano hare llegar un mensaje a la embajada estadounidense, y entonces tendrán que dejarme ir, ya que no tienen evidencia con que respaldar sus cargos. Así que me dejan libre y esperan lo mejor. Lo peor que puedo hacer es protestar en la embajada, mostrarles un par de marcas negras y azules. Poca cosa. Y por otra parte, si soy tan tonto como para creerme esta ridícula excusa y sigo con la misión, acabaran con el verdadero premio.

- Señor Uzumaki si hay algo que pudiéramos hacer…

- Si la hay. Puede reservarme un asiento en el próximo vuelo que salga de esta atrocidad ilegal que tienen el cinismo de llamar país, y uno de sus golpeadores podría llevarme al aeropuerto.

- Por favor señor Uzumaki, comprendo su indignación. Dese tiempo para recuperar la calma. De ninguna manera debe permitir que nuestro error arruine sus vacaciones.

- Ya es un poco tarde ¿No lo cree? ¿Dónde están mis cosas?

- Ya las traen ¿Le gustaría asearse?

- Cuando salga de aquí no debe verse que me golpearon, ¿Eh? ¿Tanto miedo les da eso, que vean como realmente son? Quizá les gustaría que me pusiera un poco de maquillaje.

- Debería de descansar por lo menos una noche antes de volar.

- Voy a volar esta tarde, hagan o no la reservación.

- ¿A que lugar quiere que le hagan la reservación?

- A cualquier lugar de Europa.

- Me parece que hay un vuelo a Atenas.

- Atenas es hermosa. Queda pendiente el asunto del coche que alquile. Háganme el favor de devolverlo.

- Usted puede conducir hasta el aeropuerto.

- Preferiría que me acompañara uno de sus golpeadores, solo para que se cerciore de que no haga nada sospechoso.

- Eso me parece bastante innecesario, pero será como guste.

Ya no vuelvo a ver al Conde. Adnan, el simio más pequeño, habla un poco el inglés. Mientras salimos del gran patio le pregunto qué lugar es este.

- Antes era un hospital, pero cuando lo tomamos, los británicos lo usaban como estación de policía.

- ¿Visité Shin Beth? (4)

- Oh no, se llama Miutim, minorías – Así que resulta que los judíos incluso tiene una policía contra las minorías del país, vaya democracia.

- Que bonito.

- Pero no para ti, ¿Eh?

Realmente hubiera preferido viajar con el simio mas grande, por que al menos es el se sabe malo, este es tan cínico que se cree en lo que hace, no sé si será un estúpido sentido del humor o que la acides ya es algo que tienen en la sangre.

No platicamos mucho en la autopista rumbo al aeropuerto. Siento que lentamente nace en mi una rabia que no quiero acelerar. Tengo que salir de aquí antes de cometer alguna estupidez. No son sus rudezas las que me afectan, si no el que me frustraron. Me hicieron fallar. Tuve suerte de que aquí se equivocaran. No me parece que los judíos comentan muchos errores como este.

Esta vez el aeropuerto es algo bienvenido, aun con su rebaño de turistas bufones. Están más reservados a esta hora, ya se acerca la oscuridad. Andan permanece a mi lado hasta llegar a la sala de abordaje. Ale llegar hasta los cubículos de revisión muestra una credencial o chapa que saca de su cartera para evitarme lo que ahora siente seria más irritante para mí. Mientras esperamos, un grupo de turistas japoneses pasa a través de las filas de revisión. Todo el mundo los mira, las memorias siguen frescas. Ellos saben por qué los miran así, y no dejan de mirar al piso. Cuando anuncian el vuelo de abordaje para Atenas entran al avión en fila, como prisioneros de guerra, moviendo solo los pies, casi sin hablar.

Adnam encoge los hombros.

- No fue culpa de ellos.

Pero no le llega a los ojos, a su manera, silenciosamente, dice que cada uno de nosotros es responsable de lo que hace su raza, no se da cuenta de que eso también se le aplica a los judíos.

Nos damos la mano casi catatónicamente, como en un ensayo del mago de oz que salió mal. Pero ver a los japoneses me ha calmado.

El gesto casi conmueve a Adman, casi.

- Lo siento ¿eh? – Quiere decirme que este es un mundo duro y que hico lo que tenía que hacer, pero él no sabe que yo también tengo cosas que hacer.

- Pudo ser peor, Adnan – Eres mi enemigo, recuérdalo bien, algún día, si no yo, alguien de mi pueblo acabara con el tuyo. Mi padre no peleo, pero yo si lo hare. Sabes muy bien que la revolución vendrá, mientras que los perros de tu casa comen mejor que muchos de mi raza, la revolución vendrá, y con ella, el fin de tu estado. Y acabara con ustedes, simios golpeadores, y con su conde que los dirige como organillero parisino.

- Sabes, uno tiene suerta, mucha suerte, si puede vivir en los estados unidos-

Quiere decir "Vete a casa mientras aun puedas"

- Supongo que simplemente soy un tipo con suerte, Adnan.

Pero los estados unidos no son mi casa, algo aprendí en este viaje. Esta es mi casa, ustedes me la arrebataron.

Su gesto de despedida va acompañado de una sonrisa retorcida que significa "Quizá, algún día, vuelva a verte"

Mi gesto de despedida es enigmático. Por desgracia para uno de los dos, seguramente vuelvas a verme.

Notas del autor:

1: Yehudi Menuhin es un famoso violinista judío, demasiado famoso.}

2: Caronte, según la mitología griega era el barquero del infierno (Hades) que se encargaba de cruzar las almas errantes por el Estigia, (según otros el Aqueronte) en espera de obtener su juicio, popularizado por la Divina Comedia, incluso hay canciones de metal que habla de su trabajo.

3: Gestapo, policía secreta alemana encargada de atacar a las minorías (judíos, gitanos, comunistas, anarquistas, homosexuales, eslavos, etc) ¿ven lo bien que aprendieron de sus amos nazis los sionistas?

4: Shin Beth, son los servicios de inteligencia y seguridad general interior de los judíos. Créanme no son unas blancas palomas.

Bueno solo espero que les haga gustado, tratare de subir la continuación antes de mi graduación (¡no manchen por fin salgo de la prepa!) no sé porque (bueno si la trama va de eso) pero se me viene a la mente la canción de Is it college yet, de Daria (la última serie decente de MTV)

Déjenme un review no sean mendigos jaja.

Hasta la victoria siempre.

Agradecimientos especiales a:

Agadea

okashira janet

fantasmaalineal

x . LalaCleao . x

Abarai Ebril

Mizuno Gina

FATUA

Elade-chan

Aeguis

Yume no Kaze