El Príncipe idiota y el Cerdito sin suerte

8. El cerdito perdido

—¿Y ahora qué? —preguntó Otabek

—No lo entiendo… —decía Leo— Estoy seguro de nunca haber visto esos cerditos antes por estas tierras

—Puede ser consecuencia de alguna moda que impusieron los comerciantes, suele pasar —dijo Pichit— Primero debemos averiguar que es lo que hacen con ellos, así sabremos si mi Yuuri está en peligro o no

Se dirigieron hasta uno de los ajetreados puestos del mercado, la mayoría vendía pequeños cerditos que al parecer eran muy demandados ya que la gente estaba constantemente comprándolos.

—Disculpe… —le habló Leo a uno de los comerciantes— Sobre los cerditos…

—¡Oh! ¿Querer cerdito? Ser cerdito más barato del lugar

—No, yo quiero saber por qué los vende —volvió a hablar el ex marinero.

—Porque ser buen negocio ¿Seguro no querer cerdito? Ser más barato y bonito de todo mercado —insistió el mercader.

—¿Por qué habla así? —preguntó en un susurro Otabek a Leo.

—No lo sé, será su acento, no estoy seguro… —respondió para luego volver a centrarse en el comerciante— A lo que me refiero es si hay alguna razón en específico para venderlos, es acaso alguna especie de moda o …

—¡Se los comen cierto! —interrumpió gritando Pichit que ya estaba comenzando a perder la paciencia— ¡Los vende para hacer katsudon con ellos! ¡¿Cierto?!

—No, no —negaba el mercader un poco confundido— Cerdito no ser comida, cerdito ser mascota

—¿Mascota? —dijeron los tres al mismo tiempo.

—Sí, cerdito ser mascota real, ser muy famoso no ser comida —explicó.

A los tres le tomó un poco de tiempo procesar lo que habían escuchado. Por lo menos ahora sabían que Yuuri no corría peligro de terminar siendo el katsudon de la cena de alguien.

—Deberíamos buscar un sitio donde quedarnos —dijo Leo, que fue el primero en volver del trance— Probablemente a Yuuri lo adoptaron y ahora es la macota de alguien del pueblo. Deberíamos descansar y comenzar a buscarlo mañana

—No será fácil —intervino Otabek— Al parecer todo el pueblo tiene un cerdito

—Pero ahora sabemos que Yuuri este a salvo siendo una querida y tierna mascota —decía Pichit un poco más tranquilo— ¿Quién no querría adoptar al adorable de mi Yuuri?

Comenzaron a caminar en busca de alguna posada, preguntaron a algunas personas en el mercado y estas le recomendaron un sitio cerca del centro de la ciudad que era económico y acogedor. Siguiendo las indicaciones llegaron hasta un lugar llamado "Posada Crispino". Entraron y lo primero que les llamó la atención fue el gran bullicio del interior.

—… ¡Yo sé que estabas mirando a mi hermana! ¡Aléjate de ella Emil!

—Mickey estas siendo irracional, Emil solo me estaba ayudando a correr las mesas para la cena —decía una chica de piel morena y cabello oscuro. De pronto la muchacha se percató de los recién llegados y se dirigió hasta ellos— Hola, lamento el espectáculo ¿Están buscando un lugar donde quedarse?

Era difícil enfocarse en la muchacha cuando el chico del fondo seguía gritándole al otro y este conservaba una gran sonrisa, lo que solo hacia aumentar las quejas y el enojo del aparentemente llamado Mickey.

—Sí … nosotros —era un poco complicado tratar de hablar con tanto grito desde el fondo del lugar.

—Soy Sala —dijo la chica— Me disculpo nuevamente por los gritos, pero no se preocupen es solo el idiota de mi hermano, se le pasará en un rato

—¡Sala! ¡No soy idiota! —gritaba el chico acercándose a grandes zancadas hacia su hermana.

—Mickey cállate un momento ¿No ves que hay nuevos clientes?

—¿Son extranjeros? —preguntó el alegre chico al cual le estaban gritando unos momentos atrás— Yo soy Emil, ellos son sala y Mickey Crispino los dueños de la posada

—¿Ves? Deberías ser como Emil, él si sabe cómo tratar a los clientes —le reprocho la morena a su hermano haciendo que este se encogiera de hombros y mirara con odio al alegre chico.

—Somos Otabek, Pichit y Leo —dijo el ex marino presentando a sus compañeros— Efectivamente estamos en busca de un lugar y la gente del mercado nos recomendó este

—¡Excelente! Tenemos alojamiento y tres comidas al día por un módico precio —ofreció Sala.

—Este sitio parece entretenido —comentó Pichit— Además desde aquí puede ser más fácil buscar a Yuuri, es un lugar muy cerca del centro del pueblo

Así fue como decidieron quedarse en la posada de los Crispino. Dejaron las pocas pertenencias que portaban en sus respectivas habitaciones y se juntaron en el gran comedor para la cena.

—¡Un marino! ¿En serio? Debes conocer muchos lugares —decía emocionado Emil mientras hablaba con los recién llegados.

—Aunque no entiendo que hacen acá, siendo que vienen desde un lugar tan lejano como el reino de Japón —dijo Mickey tomando asiento en la gran mesa. Había fingido desinterés por los extranjeros, pero estaba muy pendiente de la conversación que estos tenían con Emil.

—Mickey no seas entrometido —lo regañó Sala que se encontraba cerca sirviendo la cena a los demás clientes de la posada.

—Estamos buscando a alguien —respondió Pichit.

—Este reino es demasiado grande —comentó la chica— Espero que tengan suerte

—Creemos que aun esta en este pueblo —dijo Otabek.

—Entonces será muy simple, este lugar en pequeño. Si necesitan ayuda me pueden decir a mí, encantado les daré una mano —ofreció Emil— Siempre es bueno ayudar en algo, además me estoy tomando unas pequeñas vacaciones antes de volver a mis labores como guardia real

—¡¿Eres un guardia real?! Vaya eso es increíble —dijo Leo.

El chico de ojos azules se dedicó a hablarles un poco sobre las costumbres de palacio, los bailes, las festividades, las tradiciones. Habló sobre la famosa historia de amor del rey con un hada, de la cual nació el príncipe Viktor, que era muy querido por su reino y todos creían que sería un excelente monarca.

—… incluso es amable con los guardias de palacio y también es muy popular, gracias a él se expandió la moda de los cerditos mascotas…

—¡Espera! ¡¿Qué?! —exclamó Pichit casi escupiendo su comida de la impresión.

—Yo ya había salido de vacaciones cuando el príncipe adoptó un pequeño cerdito y lo hizo su mascota. Después de eso todos en el reino querían tener un cerdito como el del príncipe Viktor —contaba Emil— Creo que había una foto de ellos en el periódico de hace unos días…

—Ah, lo use para hacer el fuego de la cocina esta mañana —respondió Mickey

La conversación siguió un poco más antes de que se retiraran a dormir. Otabek y Pichit daban gracias internamente al príncipe Viktor por popularizar a los pequeños cerditos y así evitar que su querido amigo termine siendo la cena. Aunque ese hecho también iba a dificultar enormemente la búsqueda de Yuuri.

—Viktor será mejor que te concentres o Yurio definitivamente perderá la paciencia otra vez —le reprocho Yuuri al príncipe que no dejaba de verlo embobado. El cerdito se encontraba sobre el escritorio en donde el hada intenta hacer que el príncipe le hiciera caso.

—¡Maldito anciano! ¡¿Quieres poner un poco de esfuerzo e intentarlo?! —vociferó Yurio. Siempre era lo mismo con el príncipe, por alguna razón buscaba cualquier excusa para no usar sus poderes.

—Es muy complicado, no quiero hacerlo… —decía Viktor haciendo un mohín.

—¡Siempre es la misma estupidez contigo! ¡Ahg! ¡Me largo! ¡Necesito un descanso de ti!

—Pero acabas de volver… —repuso el príncipe, pero el hada no lo escuchó y se fue volando furiosa por la ventana.

Yuuri suspiro cansado. Miró a Viktor quien se había echado sobre la mesa del escritorio y sus largos cabellos se extendían desordenadamente en todas direcciones.

—¿Por qué no quieres intentarlo Viktor? —dijo el cerdito acercándose a él.

—No es la gran cosa… no entiendo que tiene que ver esto con ser un Rey… no hace falta que los use.

Yuuri intuía que algo andaba mal con la actitud del chico, pues ni siquiera le había mirado para decir esas palabras, solo escondió su rostro entre sus brazos que aún se encontraban desparramados en el escritorio. Se acercó hasta posar su suave naricita en una de las manos del heredero.

—¿Hay algo que te moleste con respecto a tus poderes? —preguntó el perspicaz animalito.

—Uhm… no

Claramente había algo que Viktor ocultaba.

—¿Sabes? Se que tú quieres ayudarme a romper esta maldición, pero a mí también me gustaría ayudarte de alguna forma —dijo el cerdito, notando que no había ninguna reacción por parte del príncipe— Si quieres hablarme sobre eso está bien. Sé que no soy nadie para pedirte algo así, pero me haría muy feliz si decides confiar en mí, yo no te juzgare, ni me reiré de ti… ¿Puedes decirme que es lo que te molesta con respecto a tus poderes?

—Yuuri… —finalmente el Viktor se dignó a levantar su cabeza para verle— Es que de verdad no creo que haga falta, Yakov no tiene poderes y puede gobernar sin ningún problema. No entiendo cuál es la insistencia en que use los míos

—Eso puedo entenderlo. Es verdad que tus poderes no definirán si eres un buen moraca o no, pero ¿Cómo pretendes conocer a tu pueblo si ni siquiera te conoces a ti? —dijo el rosado animalito— Un buen rey debería saber cuáles son sus fortalezas y debilidades, hasta donde llegan sus límites. Eso podría serle de mucha utilidad a la hora de tomar decisiones. Tal vez deberías partir definiendo hasta donde puedes llegar con tus poderes, cuál es tu limite. Concuerdo contigo en que no son necesarios para ser un rey. Aun así ¿No crees que tus súbditos estarían orgullosos de que su futuro monarca tenga poderes mágicos?

—Um… No lo había pensado de esa forma…

—Probablemente ni siquiera tú conoces tus propias habilidades, deberías intentarlo, quizás te sorprendas gratamente

El príncipe parecía tener un debate interno. Yuuri no estaba seguro si sus palabras tendrían algún efecto positivo sobre Viktor, pero por lo que pudo notar el chico tendía a reprimir sus poderes, esa era la razón de que se negaba a explorarlos. Debía haber algo más ahí, pero no sabía si debía seguir insistiendo.

—Cuando era pequeño podía usarlos fácilmente, mi madre era un hada blanca o del hielo, así que era obvio que mis poderes tuvieran algo que ver con eso —comentaba el príncipe— Una vez lo hice frente a Yakov, pero el solo me miró serio y se fue, no volvió por varios días y pensé que tal vez le molestaba que usara los poderes heredados de mi madre…

—Ya veo… —poco a poco Yuuri iba comprendiendo la razón por la que Viktor creía que sus poderes no eran necesarios— No creo que esa sea la razón. Tu dijiste que tu madre y el rey se amaron mucho, probablemente al verte usar los poderes sintió algo de tristeza, pero dudo que relacionada a ti. Si amó tanto a tu madre entonces sería normal que aquellos poderes le recuerden a ella. El rey no parece ser de la clase personas que hablen libremente sobre sus sentimientos, pero te ama mucho y se preocupa por ti Viktor, estoy seguro de que te apoyará en esto…

—Yuuri… —el príncipe no pudo reprimir un par de lágrimas que se le escaparon y estrujo fuertemente al cerdito entre sus brazos— ¿Qué sería de mi sin ti?

—Aun así, estarías bien sin mí, tienes mucha gente a tu alrededor que se preocupa por ti… —Yuuri comenzaba a entender un poco la actitud de Viktor, a veces podía ser muy infantil, como lo acaba de demostrar ahora y claramente había un leve problema de comunicación con el rey. A pesar de ello, Yuuri estaba absolutamente seguro de que aquel chico de largos y platinados cabellos sería el mejor soberano que este reino podría tener.

—Realmente eres muy bueno Yuuri, ahora entiendo por qué eras el tutor de los príncipes en Japón

—Ah… si, bueno… y ¿Vas a mostrarme tus poderes? Estoy ansioso por ver que es lo que puedes hacer

—¡Por supuesto que si!

A lo lejos un hada se encontraba refunfuñando en voz baja sobre lo idiota y testarudo que era su familiar. De pronto una sensación conocida la invadió, era algo que ya había sentido antes. Rápidamente voló hasta la habitación en donde había dejado al príncipe con el cerdito y al entrar por la ventana notó como todo el lugar estaba cubierto de nieve.

—¡Mira Yuuri! ¡Hice un cerdito de nieve! Pero no te preocupes tú sigues siendo el más lindo. Ahora hagamos un Makkachin de nieve…

Es verano, pensó el hada, no debería de haber nieve y menos dentro de una habitación del castillo ¿Acaso había sido Viktor el que lo hizo? ¿Cómo era posible si él se negaba a utilizar sus poderes?

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó finalmente.

—¡Yurio! ¡Mira lo que hice! —dijo orgulloso el heredero.

—Pero… ¿Cómo?

—Yuuri me convenció de que no estaba mal usar mis poderes, así que pues… —no termino de hablar y solo se encogió de hombros para luego seguir jugando en la nieve junto a Makkachin.

—¿Qué fue lo que le dijiste cerdo? —eso había sonado más duro de lo que quería, pero no pudo evitarlo. Llevaba años tratando de que Viktor hiciese algún avance y el puerquito en tan solo unos minutos hizo más que él.

—Solo le di mi opinión al respecto

—¡Yuuri ven a jugar conmigo! ¡Yurio tú también!

El hada no estaba enojada, pero si un poco celosa ante el poder que el cerdito tenía sobre el príncipe. Sin embargo, después de meditarlo bien no le parecía tan malo, tal vez Yuuri sería una buena influencia sobre Viktor, desconocía como eran los príncipes de otros países, pero si el cerdito podía ayudar de esta forma a su familiar él estaría agradecido de ello.

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Hola! Gracias por leer este fanfic!

Perdón por la demora, pero para compensarlo les daré dos capítulos seguidos, pesen a leer el siguiente.

Cambio y fuera.