Capítulo 8: Hawks, el ángel del liderazgo.
El pequeño ramos de flores seguía posando en el humilde jarrón donde Inko las colocó, procurando cambiarles el agua para preservar lo más que se pueda la belleza de las mismas. La mujer de cabellos verdes observaba con una sonrisa las hortensias, ella siempre deseó en tener un jardín y pasar un buen rato admirando y oliendo las fragancias de las plantas, pero esta tan ocupada con sus deberes que no podría darle mantenimiento y las plantas morirían.
Inko suspiró decepcionada, tenía que afrontarlo, jamás podría darse ese lujo ya que era una campesina con muchas tareas pendientes que realizar, a pesar de la gran ayuda que recibe por parte de Enji, siempre hay algo que hacer en la casa o en la granja con los animales, su papel en este mundo era trabajar y pagar los impuestos.
Así es su vida, y no quería que su hijo tuviera que pasar lo mismo que ella. Sin embargo, le dolía recordar la espalda de su niño alejándose más de ella.
Agitó su cabeza, no debe de pensar en eso, debe continuar.
Así es la vida.
Fuyumi se encontraba caminando en un bosque que se encontraba cerca del castillo, gracias a los constantes entrenamientos que ella misma se imponía, era capaz de cuidarse y no era la primera vez que huía de su hogar para vivir hazañas que su familia ignoraba por completo. Ella era dueña de su vida, y un apodo no la definía como persona, tardó en comprender eso, pero finalmente puede vivir en paz y ayudar a su pueblo a su modo.
Fuyumi escribiría su historia, y esa misma pasará de generación en generación.
Una mirada decidida nació en su rostro y sus ojos brillaban valentía. No dejó de caminar siendo respaldada por su amiga, un hada que rescató de unos cazadores mientras viaja para formarse, y no dudo en liberar esas pequeñas criaturas. Al final, eligió una zona rodeada de seres que se dedicaban a proteger un bosque, luego de convencer al líder de esas criaturas, las hadas se incorporaron sin ningún problema pero una se negaba a ir con sus compañeras.
Así conoció a Tuli, en realidad los nombres de las hadas son muy largos, así que le puso de cariño ese apodo, su verdadero nombre es Eltulipannacidaeninvierno. Si, ese es.
¿Dónde debería ir primero?
Bueno, no importa, ya verá que le ofrece el mundo.
Fuyumi miró el cielo lleno de nubes blancas, parecían tan suaves desde donde se encontraba, ella sonrío y aspiró, reteniendo un momento la respiración y soltar un enorme suspiro de satisfacción.
Definitivamente, prefiere estar al aire libre que estar encerrada entre los muros del castillo.
Enji se encontraba comprando unos vegetales para Inko, cuando uno de los aldeanos se acercó con preocupación, avisándole que al atardecer habría una reunión importante, era acerca de los asaltantes de caminos, el pelirrojo asiente con la cabeza, parecía muy grave la situación.
Regresando a casa, le diría a su compañera.
—Sí, Hawks me dijo algo al respecto…será mejor asistir. —Inko guarda las compras, —Es probable que el alcalde tomé medidas por su cuenta.
Enji miró confundido a la mujer.
—¿Por su cuenta? ¿Qué quieres decir?
—Verás, Hawks no confía mucho en los soldados del reino, así que entre todos, nos encargamos de nuestros propios problemas, sin intervención del Rey.
—¿Por qué?
—Porque tendríamos que pagar por los servicios, y ya de por sí tenemos problemas económicos, además de los asaltantes y los monstruos. —Inko arrugó la nariz al recordar la última vez que pidieron ayuda al Reino, se trataba de una criatura de piel oscura, con dos pares de ojos, este ser poseía la habilidad de convertirse en la pesadilla de las personas al momento de verla, dependiendo de la persona, el alcalde confío en los hombres de Su Majestad, pero al final, Hawks tuvo que subir los impuestos para pagarle a los soldados, y para colmo, ni siquiera hicieron bien su trabajo, y el pueblo tuvo que limpiar el desastre que ocasionaron los caballeros.
Desde ese día, Hawks dejó de enviarle solicitudes al Reino.
—¿Qué fue lo que pasó? —Inko le contaría la historia de camino al pueblo.
—Ya veo…—Soltó Enji, le era muy lógico que apenas conociera el pequeño poblado, querían pasar desapercibidos por esas razones, un lugar olvidado, puede tener sus beneficios, no pagar los tributos y tener una economía más o menos estable, ya que lo piensa, no vio ningún vagabundo merodeando, la pobreza era casi nula.
Si los nobles se enteraran de la situación, no dudarían en tomar cartas en el asunto.
—Inko, ¿cómo es el alcalde? —La mujer guardo silencio por unos momentos para elegir las palabras correctas.
—Es muy inteligente, pero muy joven, él fue quien nos salvó de un líder corrupto, tomando el poder y gobernar a su modo, al principio, todos pensaron que íbamos a caer en una situación más precaria, teniendo a un niño como líder, pero nos equivocamos y no dudamos en seguirle, es muy respetado y amado a pesar de su actitud.
La curiosidad de Enji aumentó, él también había llegado al trono muy joven, a los veinte años fue cuando derrotó al anterior Rey, al estar en desacuerdo en como trataba al reino y a sus súbditos. Volviéndose una leyenda.
—Algunos dicen que es un ángel enviado para protegernos. —Continuó Inko con una sonrisa, —Incluso los niños afirman de verlo volar con un par de alas escarlatas ¿no es gracioso?
—…
Enji se dejó guiar por Inko, llegando a la plaza de la aldea, ahí se encontraba un enorme roble viejo y en frente una plataforma, seguido de una multitud de personas, reunidos en espera de las indicaciones de su líder, Enji miraba al escenario de madera, y a lado de este unas escaleras, era simple pero cumplía con su propósito. Cuando vio un joven de melena dorada y desordenada, subir con calma y ver a las personas de alrededor.
—Él es el alcalde, lo llamamos Hawks, —explicó con ternura como una madre hablándole a su niño.
No bromeaba con que era joven.
—¡Habitantes del Pueblo Roble Antiguo! ¡Los he llamado aquí por la creciente inseguridad que sufre nuestros caminos! ¡Y no tengo que explicar las razones por las cuales no solicite auxilio del nuevo Rey! ¡No lo necesitamos! ¡Podemos resolverlo si trabajamos juntos en esto! ¡Por el bienestar de nuestras familias, solicitó cooperación de los hombres! Propongo patrullajes, yo haré los equipos, y si logramos atrapar a los responsables de esto, los castigaremos. Los hombres se quedaran para dar más detalles del asunto, es todo por hoy.
Enji volteó a Inko, y esta le sonríe.
—Estaré bien, iré rápido a casa. —Él asiente y se dirige al grupo para recibir órdenes del joven alcalde, mirando la figura de Inko alejarse poco a poco.
—¿Cómo te fue? —Inko no despegó su atención de la canasta que estaba haciendo.
—En un par de días me va a tocar patrullar esta zona junto con otros hombres, mientras tanto, otro grupo estará caminando por aquí.
—Entiendo, entonces debes descansar bien para dar lo mejor ¿no?
Enji asiente.
