Capítulo VII
Viktor se sobresaltó cuando escuchó la risa de Natalya desde la cocina, y, pese a la prohibición de ingresar cuando la mujer estaba cocinando, fue a ver qué le hacía tanta gracia, seguido de cerca por Makkachin.
Pavlin solo rezó en silencio.
La última vez que Viktor y Natalya habían estado juntos dentro de una cocina, al día siguiente el pentacampeón había tenido que buscar un nuevo departamento, mientras que la mujer había tenido que cambiar drásticamente de peinado.
―¿Qué sucede?
Natalya, que sujetaba sus cabellos rojos en un moño desordenado, le mostró su móvil, mientras sus ojos azules brillaban traviesos.
Era un artículo de la prensa rosa, en la que, como siempre, eran mencionados como una de las parejas más consolidadas de los últimos tiempos, incluso hablando sobre planes de una próxima boda.
―No sabía que nos íbamos a casar, Vitya.
Viktor soltó una carcajada, aunque algo hizo que la risa se detuviera de pronto.
En la revista había varias fotos de ellos tomadas seguramente durante los últimos días. En una de ellas, aparecían abrazados mientras abandonaban el bar de Ivan.
―Ah… ―suspiró―, tendré que dejar de ir a ese bar por un tiempo.
Viktor amaba ese bar precisamente por lo discreto que solía ser.
―Ivan te odiará si se llega a llenar de visitas indeseadas.
Viktor asintió, mientras volvía a reír con diversión.
Pavlin solo se cubrió la cabeza con una de sus alas, deseando fervientemente asesinar a ambos.
Estaba seguro de que algún día ―no ese, ni al siguiente, pero sí en algún momento― a ambos les pesarían aquellos malentendidos que disfrutaban provocar. Pavlin solo esperaba que, para ese momento, sus plumas fueran lo suficientemente resistentes.
Unas semanas después, previo al campeonato europeo, Natalya y Viktor estaban abrazados en el aeropuerto Púlkovo, esperando el vuelo de la mujer pelirroja.
―No te vuelvas un extraño, Vitya ―dijo una vez se separaron.
―Tú tampoco, Tasha ―respondió él a su vez, siendo seguido por un ladrido de Makkachin.
Antes de que ella tuviera que marcharse, se abrazaron una última vez, y Viktor besó cortamente sus labios.
―Ten buen viaje, pequeña.
Ese día, cuando llegaron junto a Makkachin al departamento, fueron recibidos por un sepulcral silencio.
Pavlin escuchó el suspiro de Viktor con tristeza. Nikiforov ya extrañaba a Natalya, y él también.
A partir de ahí, Viktor volvió a su monotonía usual. Obtuvo un nuevo título en el campeonato europeo, llevado a cabo en Bratislava, y se esperaba que ocurriera lo mismo durante el campeonato mundial que sería dos meses después.
Al igual que los rumores que hablaban sobre su supuesta próxima boda, también lo hicieron sobre un posible retiro al final de la temporada. Viktor no se refirió a aquello en ninguna de sus entrevistas. No estaba acostumbrado a hablar de su vida personal, sino que prefería que los rumores aparecieran y luego fueran desmentidos por los propios hechos.
Pavlin era un asunto aparte. Cada vez que se hablaba sobre un posible retiro del pentacampeón, el pobre animal sentía que una pluma quedaba fuera de lugar; o cuando se sugería que Viktor no ganaría el oro, como en aquella oportunidad. Durante esas veces era Pavlin el que se encargaba de impulsar a Viktor para que cerrara la boca de todos aquellos que decían de manera malintencionada cosas sobre él.
Viktor podía ser el humano más tocapelotas que tuvo la desdicha de conocer, pero era su humano, y con su protegido nadie se metía.
Así de simple.
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Nota de autora:
¿Merece un review? ¿Les gusta cómo va el fic hasta el momento? Lo siento por estarme enfocando exclusivamente en Viktor, pero se necesita saber sobre su contexto, creo yo.
