Len sintió la luz del sol sobre su cara y abrió los ojos molesto. Quería dormir mucho más tiempo.
Se sentó en la cama y se frotó los ojos. De repente, todo lo que había pasado la noche anterior volvió a él. Mierda, murmuró. La noche anterior había hecho cosas que no sabía por qué había hecho, cosas que no sabía ni siquiera cómo había hecho. Se había comportado como un animal y Kaito… ¡Kaito! Estiró su mano hacia el lado, todavía con los ojos dormidos, pero no sintió nada, solo la frisa y la almohada. Su corazón comenzó a latir repentinamente.
¿Y si lo había asustado y Kaito había decidido irse?
Len escuchó el sonido de la ducha y se tranquilizó. Caminó hacia el baño y entró.
Podía ver el cuerpo de Kaito nublado por el vapor en la ducha. Estaba recostado contra la pared con un brazo y dejaba que el agua cayera sobre su pelo y continuara su camino por todo su cuerpo, sin moverse.
Una vez más, Len se dio cuenta de lo hermoso y perfecto que era Kaito. Su hombros, su espalda, sus piernas… Su trasero. Sintió como el calor lo invadía. Quizás era un afterefect de la noche anterior. Quizás todavía estaba dormido. Pero de todas formas sintió como su pene crecía.
Sin hacer ruido para que Kaito no lo notara, entró en la ducha. Kaito todavía no se había dado cuenta de que él había entrado en el baño, parecía sumido en sus pensamientos. Len sonrió para sí mismo de forma pícara. No sabía que se le había metido dentro, pero le gustaba.
Agarró el pene de Kaito y escuchó como este lanzaba un suspiro ahogado, sorprendido.
"Buenos días, caramelito" le dijo Len en el oído (aunque tuvo que ponerse de puntitas para poder alcanzarlo).
"L-Len… ¿Qué…?" Kaito comenzó a hablar, pero Len lo interrumpió.
"Me levanté y no te encontré a mi lado. Espero que sepas que estoy muy enojado."
"Len… Yo..."
Len puso uno de los dedos de su mano libre en los labios de Kaito y sonrió.
"Como estoy tan enojado, tendré que castigarte, ¿sabes?"
Len comenzó a masajear el pene de Kaito, lenta y suavemente. Kaito se contrajo y inhaló fuertemente mientras se recostaba con ambos brazos contra la pared y levantaba el culo. Len se encontraba justo detrás de él y podía sentir la verga de éste contra sus nalgas.
De repente, Len se agachó detrás de Kaito e introdujo su lengua en el culo de Kaito. Esperaba un sabor asqueroso, pero todo lo que pudo probar fue algo dulce, como mantecado. Kaito se dejó caer más contra la pared, pero Len lo obligó a pararse derecho.
"No, caramelito. Este es tu castigo. Jugaré contigo y tendrás que estar de pie todo el tiempo. Si te recuestas o te dejas caer al suelo… Bueno, digamos que tendrás otro castigo."
"¡L...Len-kun! M…matte!" Kaito se estrujó mientras Len habría sus nalgas con sus manos y volvía a lamer, esta vez más fuerte. Kaito sentía electricidad con cada una de las lamidas. Len volvió a introducir su lengua en su culo y a moverla en círculos mientras Kaito se revolvía como un gusano sobre él. Len sintió como un líquido espeso le caía en el brazo.
"Ora, Kaito-kun… Matte te kureiyo? (Oye, Kaito-kun… ¿No pudiste esperar un poco?)" dijo Len mientras recogía el semen de su brazo se paraba y lo tragaba frente a Kaito sensualmente.
"Len..." Kaito solo podía susurrar en una voz manchada con deseo y desesperación. Len sonrió.
"Te tengo en mis manos corderito." dijo Len, pero sintió como Kaito daba un traspié hacia atrás. Se levantó sonriéndo triunfante, pero la sonrisa se le congeló en el rostro.
Kaito lo miraba asustado, con miedo. Se había puesto pálido y parecía temblar. Len estiró su mano para abrazarlo.
"Kaito..."
"¡NO ME TOQUES!" le gritó Kaito y le golpeó la mano y se alejó tanto como le permitía la ducha. Len observó su mano en shock. ¿Qué había pasado de repente? Volvió a intentar acercarse, pero Kaito lo golpeó con más fuerza. "¡NO ME TOQUES, CABRÓN!"
Len se alejó y miró a Kaito. Él seguía en una esquina, mirándolo con… ¿odio?
La mirada de Kaito congeló a Len y salió del baño casi corriendo, sin importarle que estaba mojado. Llegó a su habitación y se vistió, decidiendo ir a correr para despejar su mente. Kaito no podía odiarlo por lo de anoche… ¿o sí?
Diablos, había sido un estúpido. Kaito todavía estaba recuperandose y él lo había usado como muñeca inflable. Cualquiera estaría enojado.
Se puso su ropa de correr y cerró la puerta detrás de él. Corrió y corrió hasta lo único que quedaba era calor, sudor, y una mirada de odio.
