Descubrimiento involuntario
—Aquí tienes, Hikari —expresó amablemente Koushirou, alcanzándole una lata de gaseosa y sentándose frente a ella.
La joven dejó a un lado la revista que estaba contemplando y a continuación, exhaló con fuerza.
—¿Ocurre algo? —quiso saber el pelirrojo.
—¡No sé qué usar para el primero de agosto! —contestó ella, haciendo un puchero y cruzándose de brazos.
—Ya veo… —dijo el pelirrojo, apoyando la cabeza en una de sus manos y con la vista posada en la ventana de su sala de estar—. Yo tampoco estoy seguro de qué me pondré, no sé por qué Mimi quiere que sea una fiesta de disfraces.
—La idea me sonó divertida cuando me la comentó, pero ahora me siento frustrada. ¡No tengo idea qué disfraz luciré!
—Más allá de lo que nos pongamos, hay otra cosa que me preocupa, Hikari —comentó él, mirándola—. Hace ya un mes que nosotros… que estamos, eh, que somos… —Koushirou tenía dificultades para poder expresarse.
Hikari alzó una ceja.
—Bueno, que compartimos cada día —dijo, finalmente.
Ella asintió, no muy segura si le gustaba la dirección que había tomado la conversación.
—Y los únicos que lo saben son Jou, Mimi y Sora. El día de la fiesta estarán todos, ¿has pensado en decirles a Takeru y Taichi? —preguntó, algo temeroso.
Hikari bajó la vista y se mordió el labio inferior. Ya sabía que ese día llegaría, pero la verdad es que ocurrió más rápido de lo que nunca imaginó. Todo iba tan bien entre ella y Koushirou… no quería arruinarlo, era lo último que deseaba. Sin embargo, en el fondo sabía no tenía opción. Era obvio que no se podían ocultar para siempre.
—En realidad no sé bien qué decirles… —confesó, apenada—. No es que seamos novios o algo parecido.
El pelirrojo rodó los ojos, algo molesto.
—No porque yo no quiera… entiendo que no te sientes cómoda poniéndole un título y todo eso, pero sinceramente, Hikari, si lo piensas por un momento, no hacemos nada que no sea propio de una pareja —destacó Koushirou, sonrojándose.
Hikari también se sonrojó. ¡Diablos! Odiaba cuando él tenía razón.
—Ya lo sé… —admitió ella, causando una gran sorpresa en el dueño de casa—. No hay nada que me gustaría más que ser tu novia y que todos los sepan, pero…
—Siempre pones excusas, Hikari. A mí también me encantaría que seamos novios —confesó él, tomándola de la mano.
—Pero…
—No soy como Takeru —afirmó él, seriamente—. Lo que estamos haciendo no es apresurado, simplemente creo que es lo correcto.
Ante estas palabras, Hikari relajó los hombros y no pudo evitar sonreír.
—Yo también, por un lado estoy aterrada, pero siento que contigo no tengo nada que temer —dijo, apretando la mano de él y mirándolo fijamente.
—¿Entonces es un sí? —interrogó inseguro.
Hikari apoyó su torso sobre la mesa y con la mano que tenía libre, tomó el rostro del pelirrojo y le dio un dulce beso en los labios.
—¿Eso responde a tu pregunta? —inquirió juguetona, luego de romper el contacto y volviendo a sentarse.
Koushirou asintió, con el rostro tan rojo como su cabello. La Yagami sonrió nuevamente, le divertía la reacción de él; Koushirou sí que se avergonzaba con facilidad.
—¿Y qué pasa con Takeru y Taichi? —preguntó él, al cabo de unos momentos.
La castaña lo meditó.
—No creo que mi hermano deba enterarse todavía; no lo entenderá, es muy pronto. Sobre Takeru, creo que podría hablarlo con él; sí, le mandaré un mensaje para vernos mañana —dijo, y acto seguido tomó su celular.
Takeru sacó su teléfono móvil que estaba en el bolsillo su pantalón, para asegurarse de estar a tiempo. Suspiró algo aliviado al ver que faltaban varios minutos para que fuera la hora acordada, quizás Hikari no habría llegado todavía. De cualquier manera, el joven decidió ingresar a aquella cafetería y se pidió un mantecado de fresa, para refrescarse. El verano ya estaba más que instalado y los días se presentaban cada vez más calurosos y húmedos.
Comenzó a disfrutar de su helado, cuando pudo notar que Hikari acababa de entrar al local y ahora se dirigía hacia donde estaba él. Takeru se tensó un poco, la verdad le había sorprendido bastante recibir un mensaje de ella el día anterior, solicitándole que se vieran. Él había aceptado enseguida, pues desde que terminaron, la castaña había procurado evitarlo y era entendible. Sin embargo, Takeru tenía la esperanza de que pudieran recuperar su amistad. Después de todo, antes de ser novios, habían sido los mejores amigos por siete años.
—Hola —saludó ella, e inmediatamente tomó asiento frente al rubio.
Él había estirado su mano para que la estrecharan, pero al notarla indiferente, tuvo que disimular rascándose la cabeza. Tal vez la conclusión de que volverían a ser amigos, fue algo apresurada, pensó.
—Hola —dijo él, algo resignado—, ¿quieres algo de tomar o…?
—No, gracias. ¿Cómo has estado? —quiso saber Hikari.
—Bien, trabajando de administrativo, gracias a mamá; y jugando al baloncesto, como siempre. ¿Tú qué has hecho?
—No mucho en realidad, disfrutar de las vacaciones y tomar muchas fotografías con mi nueva cámara.
—Oh, qué bien.
Un incómodo silencio hizo acto de presencia. Afuera, las nubes se empezaron a acumular cada vez más y gotas de lluvia no tardaron en golpear el suelo; poco a poco aumentando su intensidad.
—¿Has estado viendo a alguien? —preguntó ella, desconcertándolo por completo.
Él intento contener la sorpresa y la incomodidad, ante esa oración. Le pareció un descaro que Hikari le preguntara eso, más porque él sabía lo de ella y Koushirou. El Takaishi negó con la cabeza.
—¿Y tú? —le retrucó.
Ella se echó un poco hacia atrás, tomó aire y clavó sus castaños ojos en los azules del rubio. Lentamente, su cabeza se movió de arriba abajo, asintiendo.
—Es Koushirou, ¿verdad? —inquirió él, haciendo que la mandíbula de Hikari casi tocara la mesa.
—¿Cómo…? —balbuceó ella.
—Mimi me lo dijo —informó él—. En realidad lo sé hace bastante.
—¿Qué? ¿Por qué? —Hikari no comprendió del todo.
—Ella se sentía culpable por haberte convencido para estar con Koushirou, entonces me lo contó. Bah, lo que me dijo fue que creía que eran más que amigos, pero no estaba muy segura. Me diste a entender que se han estado viendo, ¿acaso son novios?
La castaña guardó silencio unos segundos, no se esperaba eso. Su primera reacción fue molestarse con Mimi, sin embargo, enseguida se le pasó. Sabía que no era fácil estar en su posición, siendo amiga tanto de ella como de Takeru y que si se lo dijo, fue porque tenía remordimientos… no, Hikari no tenía derecho a enojarse con la Tachikawa.
—Mimi y tú se han hecho muy amigos últimamente, ¿eh? —dijo, traicionando sus pensamientos; simplemente se le escapó.
Takeru hizo una mueca de desconcierto y arrugó su nariz.
—¿Qué tiene que ver? Además no me respondiste.
—Sí, Koushirou es mi novio —aseveró Hikari con firmeza, cruzándose de brazos.
Takeru se sintió extraño. Una mezcla de alivio y ¿felicidad?, eso creía, se apoderó de él. Para ser franco, pensó que escuchar esa frase de Hikari, iba a ser difícil, pero no. Ahí comprendió que se sentía feliz por Hikari, su amiga, y no triste por Hikari, su ex pareja. Eso lo hizo sonreír genuinamente.
—Me alegro mucho —expresó, con absoluta sinceridad.
Hikari descruzó sus brazos y no pudo evitar sonreír también.
—Gracias… —susurró, mirándolo tiernamente.
—Espero que él pueda hacerte feliz, Hikari, porque te lo mereces.
Ella asintió.
—Sé que lo hará… y disculpa lo que dije de Mimi, si te lo contó supongo que fue porque se sentía mal consigo misma. Además, si no fuera por ella, nunca me hubiera atrevido a hablar con Koushirou en primer lugar.
—Descuida.
—Entonces, ¿estamos bien? —quiso saber la joven.
—Seguro —afirmó él—, me gustaría que seamos amigos nuevamente.
—¡Claro! —exclamó ella—. Y cuando consigas novia, salimos los cuatro —bromeó.
Takeru rió con ganas ante el comentario. Novia… él sí que estaba alejado de eso y es que prácticamente no tenía contacto con mujeres; tanto sus compañeros de trabajo, como los de baloncesto, eran hombres. Ahora que lo pensaba, con la única mujer que trataba últimamente era con Mimi y ella era la novia de su hermano.
¿Y si no lo fuera?
Takeru sacudió su cabeza de inmediato tras esa auto-pregunta. ¡Por Dios! ¿En qué estaba pensando?
—Ya debo irme —el anuncio de Hikari lo devolvió a la realidad—. Me complace mucho que todo esté bien entre nosotros, Takeru.
—A mí también.
—Ah y por favor, no le digas nada a Taichi de lo mío con Koushirou —pidió ella, poniéndose de pie.
—Tu secreto está a salvo conmigo —aseguró él, también incorporándose.
Se dirigieron en silencio hacia la puerta de la cafetería; una vez que salieron, Hikari abrió su paraguas y se despidió del joven, no sin antes darle un apretón de manos, símbolo del sellamiento de paz.
Takeru emprendió la marcha en dirección opuesta a la de ella. Caminaba lentamente, evitando que la lluvia lo mojase demasiado gracias a los techos que sobresalían de los comercios.
Sonrió. Se sentía bien, como si se hubiera sacado una pesada mochila.
Liberado.
Esa era la palabra que buscaba y se lo atribuyó a la charla que había mantenido con Hikari. El saber que ella estaba feliz, que con el tiempo recuperarían su amistad y que sentía que ahora podría estar con quien quisiese, sin remordimientos.
Recordó la broma de la Yagami respecto a la cita doble y la imagen de Mimi volvió a hacerse presente en su mente. La castaña y él se habían vuelto muy unidos desde que vivían bajo el mismo techo. Sin embargo, por más bien que se llevaran y por más bella que fuera la Tachikawa -porque tenía que admitir que en verdad lo era-, Takeru nunca podría mirarla con otros ojos. A ver, ¡era la novia de su hermano!
¿Y si no lo fuera?
Takeru se detuvo en seco. Otra vez ese pensamiento descarado aparecía inconscientemente, ¿por qué?
Él decidió desafiar a su cerebro, contestando la pregunta: y si no lo fuera, ¡nada! Igual no haría nada. ¿Feliz?
¿Estás seguro?
¿Qué rayos? ¡Por supuesto que estaba seguro! Además de ser su cuñada, Mimi era su amiga, su mejor amiga. Y los amigos son sólo eso, AMIGOS, valga la redundancia.
Hikari también era tu mejor amiga.
¡Eso es diferente!
¿Por qué?
Para comenzar, Hikari y él se conocieron por muchos años, antes de empezar a salir.
A Mimi la conociste primero…
¡No es igual! Ella estuvo lejos tanto tiempo, recién ahora la relación entre ellos se parecía a la que tenían de niños… además Mimi era dos años mayor, sin mencionar muy unida a Hikari.
La edad es irrelevante y Hikari está con Koushirou.
…¿Y qué? Aún así… él, Mimi… eso no.
No suenas convencido.
…
Te duele que esté con Yamato, porque sabes todas las veces que la engañó.
…
Sufres al no poder ser sincero con ella, cuando ella siempre lo es contigo.
…
Y sobre todo, te carcome por dentro el hecho de que sea todo lo que siempre quisiste en una mujer, pero que dada las circunstancias, esté totalmente prohibida.
—¡Basta! —exclamó Takeru con todas sus fuerzas, haciendo que varias personas de la calle se detuvieran a mirarlo. El joven dio unos pasos más y se apoyó contra una columna, respirando agitadamente.
¿Por qué? ¿Por qué estaba pensando en esas cosas? ¿Habría sido por la conversación con Hikari? En realidad, el porqué no importaba… la cuestión era, ¿todo eso era cierto? ¿De verdad tenía sentimientos más que de amistad hacia Mimi? No podía ser en serio…
De pronto, un fuerte bocinazo lo hizo levantar la vista y dirigirla a la carretera. Allí, la joven de sus pensamientos le saludaba desde su camioneta tipo sport y lo llamaba para ir con ella.
Mierda.
Takeru se cubrió con ambas manos para mojarse lo menos posible, y corrió hacia el vehículo.
—¡Hola! —le saludó Mimi, tan animada como siempre.
—Hola… —murmuró él, con la cabeza gacha.
—¡Qué casualidad encontrarte! Justo estaba volviendo de hacer unas compras, fui a conseguir los ingredientes para preparar sukiyaki* —informó ella, poniendo el auto en marcha nuevamente.
—¿Pero eso no lleva más de una hora para hacer?
—Sí, pero es la comida preferida de tu hermano y pensé que sería lindo sorprenderlo con eso cuando llegue del trabajo.
Takeru sonrió y volteó a mirar la cantidad de bolsas que ocupaban el asiento trasero. ¿Algún día Mimi cocinaría algo exclusivamente para él? Bueno, en realidad ya lo había hecho muchas veces, pero no era lo mismo. Nunca de esa manera. Esa manera especial para la persona que ella amaba… su hermano.
"Yamato no sabe valorar lo que tiene"-pensaba Takeru, mirando a Mimi.
¿Por qué? Era lo único que cruzaba por su mente. El joven suspiró resignado; y es que no lo podía entender. ¿En qué estaba pensando su hermano? ¿Qué podía tener Sora que Mimi no tuviera? En ese momento, comenzó a molestarse. Si tan sólo él hablara… pero no lo haría. Por mucho que quisiese, se lo había prometido a Yamato. Se maldijo por hacerlo. Cada vez era más difícil guardar silencio y ahora, que estaba empezando a descubrir sus sentimientos por la Tachikawa, peor.
—¿Te pasa algo? Luces preocupado —preguntó ella, observándolo por el rabillo del ojo.
Takeru negó con la cabeza.
—¿Seguro? ¿Pero hablaste con Hikari, verdad?
—Sí… y me lo confirmó: ella y Koushirou son novios —respondió él, con tranquilidad.
—Vaya… —murmuró Mimi, al tiempo que ingresaba la camioneta al estacionamiento del edificio—. ¿Y estás bien con eso? —inquirió ella, mirándolo con preocupación. Hikari ya le había comunicado que estaba con Koushirou, aunque no le había mencionado que eran una pareja con título.
—Yo la dejé, Mimi. Hikari puede hacer lo que guste.
—No contestaste mi pregunta.
Takeru rió y se giró para enfrentar a la castaña.
—Sinceramente, pensé que iba a ser más difícil, pero luego de que Hikari me lo confesara, la verdad me sentí feliz… tanto por ella como por Koushirou.
—Bueno, si es así, me alegro. Creo que significa que de verdad sólo tienes sentimientos de amistad hacia Hikari.
—Sí, exactamente —aseguró él, descendiendo del vehículo y abriendo la puerta trasera para cargar con algunas bolsas.
—Qué bueno que te encontré, no podría haber subido todo eso yo sola —dijo Mimi, tomando el resto de las compras.
Mientras caminaban hacia el ascensor, un fuerte trueno se escuchó desde afuera.
—Parece que la tormenta está empeorando —notó él—. ¿También fuiste al centro comercial? —preguntó, percatándose que uno de los paquetes no se parecía al resto.
—Sí, fui a comprar mi disfraz —respondió Mimi, ingresando al ascensor y presionando el botón de su piso.
—Oh, qué bien. ¿De qué es?
—Es sorpresa, sólo puedo decirte que te traerá nostalgia. ¿Tú ya tienes el tuyo?
Takeru negó con la cabeza. La verdad que si no fuera porque Mimi se lo recordaba casi a diario, se habría olvidado todo el asunto del disfraz.
En una semana más, sería primero de agosto y todos volverían a estar juntos. Eso lo ponía feliz y lo entristecía al mismo tiempo. Es que, era increíble que ya hubieran pasado diez años desde que se conocieron y las cosas eran tan diferentes en aquel entonces… Ahora, con todo el asunto de Yamato, Mimi y Sora, también el de Hikari y Koushirou; y él, que estaba en el medio de todo guardando los secretos, descubriendo sus nuevos sentimientos por su cuñada y para colmo, no sabía qué rayos usar como disfraz. Últimamente cada cosa que acontecía en su vida no era más que un nuevo problema.
En eso, el celular de Mimi sonó, sacando a Takeru de sus reflexiones.
—Es Yama —sonrió ella y se dispuso a leer para sí el mensaje recién recibido.
El rubio pudo notar cómo su sonrisa se desvanecía de a poco y de que cierta tristeza se reflejó en sus ojos miel.
—¿Ocurrió algo? —quiso saber el joven.
—Yamato vendrá más tarde de lo esperado. Cuando salga del trabajo, ensayará con la banda —replicó ella, seriamente, guardando su teléfono.
—¿Qué? ¿Va a ensayar con este día?
—Sí… supongo que es porque falta menos de una semana para que toquen —suspiró ella, bajando la mirada y apretando las bolsas que cargaba—. Ya compré todo esto así que, parece que sólo seremos tú y yo.
Takeru tragó saliva y asintió. Acto seguido, observó a Mimi, preocupado. Sintió lástima por ella… todo lo que había comprado únicamente con el propósito de complacer a Yamato. Nuevamente pensó que su hermano no la valoraba lo suficiente, siempre el trabajo y la banda eran una prioridad para él. Mimi no se merecía ser tratada así. Siempre, y más en el último tiempo, se estaba esforzando para que él la tuviera en cuenta y Yamato no se daba por aludido. Takeru suspiró, si Mimi fuera su novia él jamás la haría sentir dejada de lado. Ese pensamiento lo hizo sonrojarse, de verdad había comenzado a quererla más de lo que debía. ¿Cómo pasó eso?
El ascensor se detuvo y ambos se dirigieron a su apartamento, el cual hacía más de un mes que compartían. Takeru abrió la puerta y encendió la luz, cuando lo hizo, su vista se dirigió hacia el sillón frente al televisor y sus ojos no dieron crédito a lo que vieron: el bajo de Yamato se encontraba reposado sobre el mismo. Rápidamente miró a Mimi, quien no lo había notado y cerró la puerta en sus narices. La muchacha pestañeó confundida. Takeru dejó las bolsas que cargaba sobre la mesa, y tomó el instrumento para llevarlo a su habitación, donde lo escondió debajo de su cama. Luego volvió a la sala lo más deprisa que pudo y abrió la puerta nuevamente.
Mimi arqueó una ceja.
—¿Qué fue eso? —preguntó, mirando alrededor.
—Eh, bueno… es que… vi que había ropa interior mía sobre el sofá —mintió, riendo nerviosamente.
Mimi también rió.
—Ah, pero no tienes de qué avergonzarte, Takeru. He visto tu ropa interior muchas veces en el baño.
El joven guardó silencio y se dejó caer en una de las sillas de la cocina. Mimi colocó las bolsas sobre la mesada y buscó un delantal para comenzar a preparar la cena.
Cuando el nerviosismo se le pasó, Takeru empezó a enfadarse y mucho, pues había tenido que mentirle a ella nuevamente por culpa de Yamato. Si su bajo estaba allí, quería decir que él no se iría a ensayar. Y eso sólo significaba una cosa: Sora. El joven apretó los párpados con fuerza, intentando controlar su ira. No podía creer lo que Yamato estaba haciendo, era demasiado. Intentó razonar, a lo mejor había decidido ensayar cuando se encontraba en el trabajo y por eso su bajo estaba en casa.
No, qué justificación más tonta. Él sabía muy bien que Yamato le tenía un considerable aprecio a ese instrumento, pues no solamente era el único que poseía, sino que previamente había pertenecido a su padre, por consecuencia, Takeru estaba casi convencido de que su hermano nunca ensayaría sin él. Entonces seguramente, su primera suposición sería la correcta. ¡Mierda! ¿Y ahora qué haría?
—Takeru, ¿estás bien?
La pregunta de la castaña lo devolvió a la realidad, él exhaló profundamente.
—Sí, Mimi, no pasa nada —aseguró él, mirándola.
Mimi le sonrió dulcemente y acto seguido volvió a depositar su atención en los ingredientes.
"Estás bien". Ella siempre le preguntaba si estaba bien, siempre tan cordial… dispuesta a hablar todas las últimas veces que él lo necesitó. Ahí cayó en cuenta: cada vez que estaba mal o triste, Mimi estaba para él. Cuando simplemente tenía ganas de conversar, Mimi estaba allí. Si hasta iba a verlo a jugar baloncesto… oh, por Dios. Entonces pasó en todo ese tiempo; poco a poco y sin darse cuenta, Mimi se había convertido en la única persona con la cual Takeru podía contar, pues las cosas con Yamato no eran iguales desde lo de Sora y la situación con Hikari recién ese día pareció dar señales de mejora. Finalmente, estaba más que seguro de lo que sentía. Maldición…
Takeru sacudió su cabeza. Pensar en esas cosas ahora no tenía caso más que sólo seguir frustrándolo, así que decidió ayudar a Mimi a preparar la cena, gesto que ella agradeció, y luego de que terminaran, ambos se sentaron frente a frente en la mesa de la cocina.
—Está delicioso —comentó el joven, después de tragar su primer bocado—. Yamato de verdad se perdió un gran platillo.
—No es la gran cosa. Además si no me hubieses ayudado aún estaría cocinando, gracias —le sonrió ella, intentando ocultar su tristeza.
El Takaishi lo notó enseguida y simplemente no pudo evitar preguntarle.
—Mimi, ¿eres feliz?
La susodicha dudó un momento qué responder.
—¿A qué viene eso? Claro que lo soy —aseguró ella, finalmente.
—Me refiero a… ¿Yamato te hace feliz?
La interrogante la tomó por completa sorpresa, Mimi no comprendía.
—Sí, Takeru. ¿Por qué me preguntas estas cosas? —quiso saber, mirándolo fijamente.
—Por nada, es sólo que… no me hagas caso —dijo él, concentrándose en su plato.
Unos momentos después, el joven notó algo inusual.
—¿Tú no vas a comer, Mimi?
—No, me siento algo mal del estómago, creo que paso —dijo ella, poniéndose de pie—. Iré a recostarme un poco —anunció.
Takeru iba a hablar, pero decidió guardar silencio y continuar con su comida. Cuando terminó, recogió su plato y prosiguió a encender la televisión. Comenzó a pasar los canales y para variar, no había nada interesante. Su vista se posó en el pasillo que daba a las habitaciones. Esperó que lo de Mimi no fuera nada serio, últimamente la notaba algo pálida y muy delgada.
Demasiado delgada.
En ese momento, el control de la TV que descansaba en su mano impactó el suelo y sus ojos se abrieron de par en par. Ahora que lo pensaba, eran pocas las veces que veía a Mimi comer, siempre decía que no tenía hambre o que ya había comido, y en las ocasiones que lo hacía, sólo probaba lo mínimo indispensable. ¡Oh, por todos los cielos! ¿Acaso sería posible…? Nunca lo notó porque la castaña sonreía todo el tiempo y además estudiaba cocina. Sin embargo, todas las situaciones lo llevaban a la misma escalofriante conclusión: Mimi sufría de anorexia.
Una mezcla de sentimientos se hicieron presentes en Takeru; angustia, preocupación, y sobre todo, incredulidad. ¿Sería capaz de ayudarla? ¿Yamato lo sabría? Unas ganas incontenibles de verla se acumularon en su ser. Él no esperó más y se puso de pie, dispuesto a dirigirse a la habitación que ocupaba Mimi.
Mientras iba, un grito desgarrador lo hizo detenerse abruptamente. Su corazón se aceleró, ¡el chillido había sido de ella! El joven apresuró sus pasos y abrió la puerta del cuarto bruscamente.
—¡Mimi! —exclamó.
La castaña levantó la mirada, desde la cama, y apoyó la mano sobre su pecho.
—Takeru… —susurró.
—¿Qué pasó? —quiso saber él, sentándose junto a ella en la amplia cama.
—Sólo tuve una pesadilla… gracias por venir tan rápido.
Takeru suspiró aliviado.
—De nada, me tranquiliza saber que sólo se trató de eso —dijo, poniéndose de pie.
—Oye…
—¿Sí? —preguntó el rubio, volteándose para mirarla.
—Si no estás muy ocupado, ¿podrías quedarte hasta que me duerma?
Takeru asintió, susurrando un leve "ajá" y volvió a acomodarse junto a Mimi. Agradeció que la habitación estuviera lo suficientemente a oscuras, porque lo más probable era que se encontrara sonrojado.
—¿Vas a dormir vestida? —preguntó, notando que la joven aún llevaba puesta la falda rosa y la camiseta blanca que estaba usando anteriormente.
—Sólo quiero descansar un poco antes que vuelva Yama… hoy cuando salí del trabajo me junté con Miyako para que me echara una mano con lo del sábado. Estuvimos varias horas buscando un lugar adecuado para el festejo, eligiendo la comida y todo eso.
—Ya veo, me parece bien que hayas solicitado ayuda, era demasiado para que te encargaras tú sola.
—Sí… quería hacerlo con Sora, pero para variar ella estaba ocupada así que… Takeru —murmuró Mimi.
—Dime.
—¿Por qué hace un momento me preguntaste si era feliz? —cuestionó ella, alzando la vista para mirarlo.
Takeru se mordió el labio inferior. ¡Rayos! ¿Tendría que mentir nuevamente? Era obvio que no podía contarle la verdadera razón por la cual se lo preguntó…
—Bueno, yo… —tartamudeaba él, intentando pensar en algo.
—Yamato te ha hablado de nuestras dificultades, ¿no es así?
El rubio permaneció en silencio por unos segundos, eso sí que no se lo esperaba.
—¿De qué hablas?
—Tu hermano no confía en mí.
—¿Eh?
—No sé cuál es el problema. Yo siempre intento hacer mi mayor esfuerzo, por eso quise cocinarle algo especial hoy y por eso fue que acepté vivir con ustedes en primer lugar —comenzó Mimi y a cada palabra pronunciada, su voz se iba quebrando más y más—. Todo el tiempo me preocupo por arreglarme para que me vea bonita, pero aun así, él…
Takeru cerró los ojos y negó con la cabeza. Yamato ciertamente era un imbécil.
—¿Por qué dices que no confía en ti?
—Porque es la verdad. Es muy poco comunicativo y no me cuenta sus cosas. No se ha abierto conmigo y hace más de un año que somos pareja. Creo que prefiere estar con su banda o en el trabajo a que estemos juntos y cuando lo estamos, a veces siento como que él no estuviera allí. No entiendo qué es lo que no estoy haciendo bien… —fue lo último que pudo decir, antes de empezar a sollozar.
Takeru se sentía cada vez peor.
—Mimi, por favor no llores —dijo él, colocando su mano sobre uno de los brazos de la castaña.
—¿Qué está mal en mí, Takeru? —preguntó ella en llanto, apretándole la mano.
—¡Nada! Eres perfecta, Mimi. Mi hermano es un idiota.
El resplandor de un relámpago iluminó brevemente el dormitorio, dejando ver a Takeru la mirada de dolor y desconcierto de la Tachikawa.
—Eh… lo que quise decir es que no es tu culpa. Yamato siempre ha sido bastante reservado cuando se trata de lo personal y lo sabes.
—Sí, pero…
—Él no es extrovertido como tú, no le gusta andar contando sus cosas. No es que no confié en ti, ni mucho menos, sólo es su forma de ser… —expresó Takeru. Una vez más, el pellejo de Yamato había sido rescatado por él.
Mimi soltó una risita sofocada.
—Sé que lo que dices es cierto, es más, la razón por la cual me empezó a gustar Yamato fue precisamente por ese aire misterioso que lo envuelve. Yo siempre había tenido una excelente relación con todos, pero con él era diferente, era más callado, tan distinto a mí… por eso me atraía —contó ella—. Gracias, Takeru —susurró, acariciando la mano de él que seguía en su brazo, y luego volvió a recostarse.
—No hay de qué…
—Gracias por estar, siempre… —murmuró Mimi, cerrando los ojos.
Takeru rascó su cabeza con brusquedad y literalmente se tuvo que morder la lengua para contenerse. Quería decirle tantas cosas, ¡quería ser sincero con ella! Pero sabía que no podía hacerlo y eso lo estaba consumiendo por dentro.
Él no pudo evitar mirarla y contemplar su pequeña figura, cada vez que un relámpago alumbraba el cuarto. Se veía tan frágil, de verdad que estaba delgadísima y el rubio se maldijo una vez más por no haberlo notado antes…
Permaneció en silencio, intentado ordenar sus ideas, hasta que notó que la Tachikawa dormía.
—Yo te ayudaré, Mimi… —susurró para sí y acto seguido abandonó la recámara.
Takeru decidió apagar la computadora, cuando escuchó unos pasos provenientes del pasillo del edificio. Tomó asiento en el sofá cerca de la entrada y apagó las luces. La puerta comenzó a abrirse poco a poco y tras ella, un sigiloso Yamato se iba adentrando al apartamento.
—Es un poco tarde, ¿no? —cuestionó Takeru, encendiendo la lámpara junto a él.
El rubio mayor dio un pequeño salto y a continuación, empezó a reír.
—Takeru eres tú… me diste un susto de muerte.
—¿Cómo estuvo el ensayo? —preguntó tranquilamente el rubio menor, desde su lugar. Antes de confrontarlo, tenía que estar completamente seguro. Así que decidió darle a su hermano el beneficio de la duda.
—Eh, todo bien, como siempre. Estuvimos decidiendo qué canciones tocaremos el viernes y practicándolas.
Y eso fue todo.
Takeru se puso de pie y fue en busca del instrumento que descansaba bajo su cama. No hubo falta más palabras. Yamato observó con terror a su preciada posesión en las manos de Takeru y supo que había sido descubierto.
—Creo saber lo que está pasando aquí, pero necesito escucharlo de ti —pidió el Takaishi, desviando la mirada.
Yamato agachó la cabeza y comenzó a respirar agitadamente.
—Eh…
—¡Eh nada! —Exclamó Takeru, dejando el bajo sobre la mesa—. No puedo creerlo Yamato, ¡lo prometiste!
El acusado abrió la boca, pero ninguna palabra salió de ella.
—¡Eres de lo peor!
—¿Dónde está Mimi? —logró articular el rubio mayor, al cabo de unos momentos.
—Te estaba esperando, pero se quedó dormida. Se encontraba cansada por tener que organizar la fiesta del sábado y por haber pasado no sé cuánto tiempo comprando los ingredientes para prepararte sukiyaki, que terminé comiéndolo yo. En fin, ¿cómo pudiste? —exclamó, nuevamente.
—No grites, la despertarás.
—Bien —dijo Takeru, aproximándose al perchero y tomando su chaqueta—, entonces vamos afuera.
—¿Qué? Pero está lloviendo a cántaros…
—¡Afuera ahora! —gritó el rubio menor, abriendo la puerta y obligando a su hermano a seguirlo.
Ambos descendieron por las escaleras a un ritmo apresurado. Cuando llegaron al primer piso, se colocaron bajo el pórtico. Takeru cruzó sus brazos y miró a Yamato, inquietantemente serio. El Ishida pasó saliva y a continuación, se dispuso a encender un cigarrillo.
—De verdad me decepcionas… —pronunció el portador de la esperanza.
—¿Qué quieres que diga, Takeru? Me atrapaste.
—¿Cómo puedes decirlo tan tranquilamente? —vociferó el Takaishi.
—¿Y a ti por qué te molesta tanto? —preguntó Yamato, expulsando el humo de su cigarro.
—¡Porque estoy en el medio! Y por tu inmadurez, el que tengo que mentir soy yo.
—Sí, pero, esto ya había pasado varias veces y jamás te habías puesto así.
—¡Es que estoy harto, Yamato! De las mentiras, los engaños… esto tiene que terminar.
El rubio mayor arqueó una ceja, incrédulo y arrojó su tubo de nicotina.
—No creo que sea eso… si así fuera hubieras explotado mucho antes. Me parece que estás molesto por otra razón y la única que se me ocurre es…
Al oír esas palabras, Takeru retrocedió, temblando ligeramente.
—Odias a Sora.
El Takaishi casi se cae de espaldas.
—¡Por supuesto que no odio a Sora!
—Entonces… —comenzó Yamato, poniéndose de pie, quedando a una corta distancia de su hermano—, te gusta Mimi.
Takeru bajó la mirada.
—No… —susurró, algo ruborizado.
—Oye, mira que no lo dije en serio, ¿por qué…? —y en ese instante, el Ishida comprendió todo—. ¿Te gusta mi novia, Takeru? —preguntó, al tiempo que su cara se iba retorciendo.
¡Chan! Sí, hasta acá llegamos jeje. Varias cosas para destacar de este capítulo. Primero, el asterisco junto a la palabra sukiyaki; se trata de otro típico plato japonés.
Bien, sobre lo que pasó, vayamos de a poco. Sobre los sentimientos de Takeru, puede que a algunos les haya parecido algo apresurado y repentino, no los culpo por sentirse así. Pero la verdad es que, a veces, cuando nuestra mente está despejada y nuestro cuerpo relajado, son los momentos en que nos sinceramos con nosotros mismos y bueno, algunas veces uno no controla lo que siente, pero tampoco puede evitar que así sea. Eso es lo que le ocurrió a Takeru.
Sobre la enfermedad de Mimi, desde el primer capítulo aclaré que este fic tocaría temas fuertes, y si fueron atentos, también desde el comienzo ella se limita mucho con las comidas. ¿Cómo y por qué llegó a eso? Será revelado más adelante.
Y eso es todo por ahora, ojalá les haya gustado y hasta la próxima.
Como siempre, MUCHAS GRACIAS POR LEER! =) (y gracias extra por tomarse unos minutos para comentar ^^)
