Capítulo VIII.- El reflejo que ansío ver

Reino de Meridiam

El consejo de guerra de Meridiam comenzaría al atardecer razón por lo cual los lores fueron convocados para tomar las decisiones que afectaran el curso de la historia por eso se les pide que piensen sus decisiones, que no busquen el beneficio propio. Son doce señores con el mayor poderío dentro del reino quienes han brindado su apoyo a la corona durante generaciones, cada uno de ellos poseen enormes extensiones de tierra y riquezas, sus matrimonios son cuestiones de estado por lo que piden permiso al soberano, de esa forma se cuidaba de que la unión de dos casas no afectaran la estabilidad. Cualquier golpe de estado es aniquilado por completo y la familia cae en desagracia, dentro del vocabulario de un rey no existe la palabra perdón.

Por esa razón cuando son convocados por su rey acuden sin importar las distancias para tratar de manera personal los asuntos que les atañen, de esa forma podían exponer los puntos de vista y llegar acuerdos. En esa ocasión eran los constantes ataques del reino de Nerissa, quienes quemaban todo lo que se encontraba a su paso dejando una estela de muerte que preocupaba a todos, ya fuera por bondad o por que afectaban sus arcas.

Cada uno de los señores fueron llegando, algunos acompañados por sus hijos quienes se convertirían en sus sucesores, la presencia del Gran Duque Tom de Meridiam del Norte se hizo presente, una comitiva de más cuarenta sirvientes lo seguían, de su brazo se encontraba la Duquesa Irma y el hijo menor Christopher de catorce años años, quien era considerado un prodigo en el manejo de la espada. Eran los favoritos del pueblo quienes nunca han tenido una derrota en combate, contando con cientos de solicitudes para ingresar a su guardia

Seguidos de ellos aparece el Marques Richard Owen, considerado uno de los hombres más ricos de Meridiam, quien siempre ha gozado de los favores de la familia real, la amistad entre el rey y el marques data desde la más tierna infancia donde se hicieron grandes amigos. Cuentan con ejército propio, quienes rivalizaban con los Lair en cuanto a fuerza militar, el heredero es Lord Cedreric, considerado como un guerrero fuerte y que estaba a la par de los los cuatros generales.

Dentro del salón ya se encontraba el conde Bryan McKnight, un hombre de cabellos rojizos y mirada tranquila, su padre era ya un hombre de edad mayor quien decidió dejar a su hijo al frente de las decisiones, se siente orgulloso de la valentía del hombre, al cual no duda en apoyar en cada una de las decisiones que tome, lo había educado de una forma impecable y no cometería ningún error. Estaba sentado conversando conversando con el canciller Lord Wilson, un hombre de mediana edad de mirada rígida, siempre vestía de negro después de la muerte de su esposa e hijos, a manos de los ejército de Nerissa quienes no tuvieron piedad, se casó en segundas nupcias con una joven aristócrata con quien esperaban el primer hijo.

-Es inconcebible que el príncipe no se encuentre en el reino.-dice lord Wilson, quien deseaba la destrucción de ese lugar, aun cuando le costara la vida entera lucharía para lograrlo.-El reino de Nerissa no ha atacado de manera frontal, sin una declaración previa de guerra.

-Tenemos que responder.-aseguro Ryan Whisperer.-No debemos tener dudas en atacarlos.

-Vizconde Whisperer usted es un digno ejemplo determinación por proteger a nuestro pueblo.-responde Wilson, quien no soportaba a Ryan, consideraba que no era digno de estar entre personas de nobles cunas como lo eran ellos, pero que era uno de los favoritos del rey, situación que buscaría cambiar.-Nos alegra escuchar sus palabras, espero que su hijo las comparta.

-Lo hace y luchara por el bienestar del reino.-le aseguro, tiene que conservar la calma y no caer en provocaciones de parte de ese hombre.

-Opino lo mismo que usted.-responde Lord Cedreric, quien se encuentra al lado de Irma.-Es uno de los hombres más dedicados a proteger al reino que he tenido la oportunidad de conocer y estará en la lucha con nuestro futuro rey, ambos nos llevaran a la victoria.

-Es un excelente soldado que lo da todo en la lucha.-responde Irma, no puede permitir que hable de esa manera frente a ella de un compañero de armas tan valiente como lo era Caleb.-Y el príncipe dará muestra de su valor llevándonos a la victoria

Ryan Whisperer Vizconde es el padre del general Caleb, era una casa noble de menor rango que tuvo que trabajar para tener sus arcas llenas, contrario a los otros nobles, siempre fueron militares y sirvieron como guardianes de los príncipes y reyes. Se encontraba molesto con su único hijo, por no estar en el consejo, sabe que se encuentran en el reino de Kandrakar apoyando al príncipe quien cortejaba a la princesa. Lo ha mandado llamar para que se haga cargo de sus responsabilidades como general, no era un casamentero quien debe preocuparse por amoríos de otras personas. El príncipe se encontraría bien mientras permaneciera en ese reino, no existía mayor seguridad para él.

Detrás de las puertas del salón se encontraba la conmoción por la llegada de la nobleza del reino, los sirvientes corrían de un lado al otro. La princesa Elyon recibía a los nobles en compañía de Hay-Lin, Corlenia y su madre, quienes mantenían la calma debían mostrarse fuertes por el bienestar del reino, cada persona tiene una función dentro de la corte y no se debía de olvidar de la responsabilidad que se tenía. Poco sabían del motivo de la reunión, pero pensaban que era algo realmente grave si todos se reunirían

Al percatarse de la presencia de una figura conocida para ella, Cornelia Hale corrió a toda prisa, olvidándose de sus modales de dama al ver a llegar a su padre quien estaba acompañado de su hermana menor Lillian y su madre Elizabeth.

-Querido padre sea bienvenido al castillo.-exclama Cornelia haciendo una reverencia.- Madre y hermana menor espero que el viaje haya sido ameno.

-Lo ha sido hermana.-dice la pequeña Baronesa a su querida hermana mayor.-Hace tiempo que nos vemos.

-Es un gusto verte de nuevo.-le dice el hombre depositando un par de besos sobre sus mejillas.-Por favor cuida de tu madre y hermana.

-Por supuesto padre.-le responde con una sonrisa tomando entre sus brazos a su hermana menor. Se siente intranquila al ver llegar uno a uno a los señores de las diferentes partes del reino llegar al castillo, algunos luciendo sus pesadas armaduras o siendo acompañados por sus herederos quienes las portaban. Sentía dentro de ella que algo estaba ocurriendo.-Los acompañare a sus habitaciones.

-¿Cómo se encuentran tus primos?-pregunta con tranquilidad Lord Harold, intentando no reírse.-¿Y mi futuro yerno donde esta? Tiene que atender a su suegro.

-¡Padre!-las mejillas de Cornelia se tiñeron de rojo al escuchar las palabras. Ella sabe que solamente quiere que sea feliz y considera a Caleb un hombre excelente que la hará feliz.

-Dile que hable conmigo ya es tiempo para que estén juntos.-dice el hombre con una sonrisa encantadora, quiere asegurar la felicidad de su hija si es que llega a fallecer en la guerra.-Quiero nietos pronto.

-Quiero sobrinas.-agrega la pequeña Lillian.

-Eres muy pequeña para que digas esas cosas.-expresa Cornelia, quien llevaba en brazos a su hermana, dejando que sus padre caminaran delante de ella, intentando mantener una distancia prudente pero se encontraba preocupada por saber que era lo que estaba pasando.

-Espero que la guerra pueda evitarse.-dice la baronesa acariciando la mejilla de su esposo. Al no tener un sucesor varón su querido esposo sería quien iría a la guerra, le preocupaba que muriera en combate.

-Yo también lo espero, pero de no ser así le sugeriré al rey que sea nombrado Caleb como mariscal de campo, es un brillante militar.-le dice orgulloso al ver el rostro de su hija, sabe que si falleciera su yerno sería el más apropiado para cuidar de su familia.-Cuando regresemos triunfantes celebraremos la boda más hermosa de todas, más que la del príncipe.

-Esposo mío por favor cuídate.-tiene miedo a perder a su esposo, a la guerra que es tan cruel, a todo lo que signifique

-Regresaremos triunfantes.-expresa Lord Harold.

-No quiero que nada les pase.-las hermanas Hale abrazan a su padre quien pronto tendrá que marchar a una guerra que solamente dejará muerte y destrucción a su paso.

-Prometo que regresaremos.-aseguro el barón Hale, se despide de su familia antes de abrir las puertas del salón.

Cornelia corre deprisa para alejarse del lugar, se tropieza a su camino con los diferentes señores del reino, quienes en sus rostros se reflejaba el deseo de lucha, no es capaz de entender la razón de esto, la guerra solamente los dejaría heridos a todos, si triunfaban devastarían al reino contrario, si perdían sería su propio hogar el que terminaría lleno de sufrimiento. Era llamada por las doncellas que pedían que parara que se podría hacer daño, pero ella no quería dejar de correr solamente de esa forma podía dejar de pensar.

Por primera vez en su vida le duele el pecho, teme perder a los seres que no ser capaz de proteger a las personas que ama con todo su corazón, en esos momentos es cuando se maldice el no ser una guerra como era Irma, quien tiene las manos ásperas de levantar la espalda y figura era atlética, nunca se comportaba de manera delicada, solía ser bastante brusca y terminaba tropezándose cada vez que llevaba tacones, odiaba los vestidos y terminaba llevando los ropajes más sencillos que le permitían caminar de manera libre. Se había preguntando el ¿Por qué? Cedreric había preferido estar con una mujer como ella, en lugar de Elyon, quien era la representación de la belleza pura y angelical, el sueño de cualquier hombre. Pero la respuesta a su pregunta era qué estaría a su lado, por que ambos compartirían las buenas y las malas.

Contrario a ella que siempre era salvada por su caballero de brillante armadura, que no dudaba lanzarse a la aventura para rescatarla, el hombre que le protegía con todo su corazón. Tantas veces le grito que debería de ser más dulce y cariñoso con ella, que debería olvidase de convertirse en un militar y aceptar los ofrecimientos de Phobos o de su padre para ascender en la corte. Se había comportado como una niña boba que solamente quería llamar la atención, quien vivía en un mundo de fantasías mientras los demás vivían en una realidad no diferente a la suya.

Caleb se esforzaba día con día en convertirse en un brillante militar para proteger a las personas que ama, por hacer del reino un lugar mejor, cuando le acompañaba podía ver el rostro de quienes estaban a su lado llenos de admiración. Debió haberse llenado de orgullo y no enfadase por que no tenía la atención, al final Cabel terminaba corriendo para abrazarle y le hacía entender que ella era la persona más especial, besaba sus suaves labios y todo su mundo volvía a ser perfecto.

¿De qué le servía ser una dama fina y distinguida? Si tiene que esperar el retorno de las personas que ama, los bellos vestidos y perfumes solamente no son nada, al darse cuenta que si ella fuera más fuerte podría ir con Caleb y serle de ayuda. Las lagrimas comenzaron a derramarse, le duele el pecho al imaginase al saber que puede ser herido en combate, se muerde el labio inferior y termina por esconderse. Quiere estar al lado de Caleb, ser capaz de ayudarle y no ser la mujer que le esperaría sin saber una noticia, pero no podría marchar a la guerra y las lagrimas no dejaban de correr por sus mejillas.

Pero dejaría atrás esa niña caprichosa que era para convertirse en la mujer y segura de si misma, aquella que es capaz defender a los demás, se convertirá en la mujer que es capaz de estar a lado de Caleb como su compañera y no como una muñeca de cristal que es frágil. Ella lucharía a su lado, cuidará de sus heridas y protegería a los suyos, por que lo ha decidido y lo lograría.


Val Marsal 3 gracias por tu apoyo, espero haber cumplido aunque fuera un poquito con tu deseo.