DISCLAIMER: LOS PERSONAJES PERTENECEN A JK Y LA HISTORIA A JUDE DEVERAUX, YO SOLO ADAPTO ESTA HISTORIA PARA EL DISFRUTE DE LOS SEGUIDORES DEL DRAMIONE.

YA ESTOY AQUI OTRA VEZ, ¿NO ME HABRAN HECHADO DE MENOS, NO? JAJAJA

AQUI ESTA ESTE CAPITULO DE REGALO Y DE DISCULPA. ESPERO QUE LO DISFRUTEN.

7

Enfilaron una estrecha carretera que discurría más cerca del mar y aparcaron en un camino de entrada junto a una casa que Hermione habría identificado como uno de los diseños de Draco Malfoy. Tenía ventanas abuhardilladas en el tejado, las puertas estaban embutidas y había ángulos que nadie se habría esperado. Las marcas de sus diseños eran bien visibles.

Se quedó en la camioneta, observándola, como si esperase que dijera algo, pero no lo hizo. Estaba decidida a cumplir con su parte del trato. En Nantucket, él era Black, no Malfoy.

Una mujer menuda de pelo canoso, de unos sesenta años, apareció por un lateral de la casa. Tenía la piel curtida por las largas exposiciones al sol y al agua salada del mar, pero sus ojos eran igualitos a los de Draco. Y a los del capitán Abrax, pensó.

Draco casi saltó de la camioneta y corrió hacia su prima antes de levantarla en brazos y hacerla girar.

—Por el amor de Dios, Draco, menudo saludo. Si te vi hace unos días.

—No menciones a Ken —le dijo él—. No lo conoces. Hablar de Victoria vale, pero no de Ken.

Dilys se inclinó para mirar a Hermione, de quien había oído hablar mucho. Lexie la había llamado para contarle una historia increíble acerca de que Draco se había presentado en mitad de la noche para pedirle unas flores.

—¿No puedo hablar de su padre? —preguntó Dilys mientras Draco la dejaba en el suelo.

—No sabes quién es. Ya te lo explicaré después.

Dilys asintió con la cabeza y se apartó para acercarse a Hermione.

—Bienvenida a Nantucket. ¿Por qué no entráis? He preparado té.

Draco estaba sacando la nevera de la parte trasera de la camioneta.

—Ella preferiría ron.

—¡De eso nada! —protestó Hermione, ya que temía que Dilys creyera que tenía un problema con la bebida.

—Que no te engañe esa carita inocente. Se bebe el ron como un marinero Black.

Mientras Draco llevaba la nevera a la casa, Hermione se quedó plantada, colorada como un tomate.

—La verdad es que no bebo mucho y...

Dilys se echó a reír.

—Es un halago. Entra y echa un vistazo. Me han dicho que eres estudiante de Arquitectura.

—Sí —contestó ella, que entró... y se quedó sin aliento.

El interior de la casa era glorioso. Había enormes ventanales con vistas al mar, un techo alto embovedado, una cocina de estilo marinero totalmente equipada y un banco adosado. Lo nuevo y lo viejo de la mano.

En parte, era como las típicas casas de playa y en parte era una construcción moderna... pero era completamente Draco Malfoy. Sin embargo, sabía que esa casa nunca se había fotografiado ni había salido en libro alguno.

Cuando se volvió sobre sí misma para captarlo todo, atisbó la cara de Draco mientras sacaba el contenido de la nevera. «Ufano», pensó ella. Sabía lo que estaba pensando... y esperaba sus alabanzas.

—Es evidente que es obra del arquitecto Draco Malfoy —dijo en voz bastante alta—. Es de una época temprana, pero es suya. Las ventanas, el modo en el que esta estancia fluye hacia la siguiente... lo dejan claro. Es su trabajo, lo reconocería en cualquier parte. —Lo miró—. Señor Black, ¿les importaría a usted y a Dilys que echara un vistazo por el resto de la casa?

—Claro que no —contestó él, y Hermione echó a andar por el pasillo.

Dilys tenía los ojos como platos.

—¿No sabe que tú eres Malfoy?

—Lo sabe —respondió Draco con una sonrisa.

—Ah. —Dilys no lo entendía—. ¿Por qué te llama señor Black?

—Creo que así me llamó el abogado, así que ella sigue haciéndolo.

—¿Le has dicho que te llame Draco?

—Pues no. —Sonrió—. La verdad es que me gusta. Es una muestra de respeto.

—O de la edad que tienes —replicó Dilys.

—¿Qué pasa hoy con mi edad que todo el mundo me da la tabarra con eso?

—No lo sé. ¿No crees que podría ser por tu barba y tu pelo de ZZ Top?

Draco se detuvo con el paquete de pescado en una mano y la miró, parpadeando.

—¿Quieres que llame a Trish y te pida cita? —preguntó Dilys—. ¿A las tres de la tarde hoy estará bien?

Draco asintió con la cabeza.

—Encaja tan bien aquí que cuesta imaginar que haya vivido en alguna otra parte —dijo Hermione—. ¿Quería abandonar la isla?

Draco estaba tumbado de espaldas sobre la hierba mientras que Hermione estaba sentada, y los dos miraban el mar. Detrás de ellos se encontraba su casa. La había guiado a través de la casa en la que creció y le describió su aspecto de cuando él era pequeño: una casita oscura y desvencijada, poco más que una cabaña de pescadores.

—Pero la arreglé —dijo, mirándola a los ojos—. Fue la primera casa en la que trabajé.

Hermione quería comentar sobre la brillantez de su remodelación, pero temía ponerse a balbucear, de modo que se mantuvo en silencio. Draco le contó que la casa había sido remodelada cuando él tenía catorce años, y parecía creer que era un punto importante, pero Hermione no sabía por qué.

Después de la visita guiada, Dilys los había echado diciéndoles que tenía que preparar el almuerzo y que Draco tenía que enseñarle su antiguo barrio.

Pasearon cerca de una hora y, tal como sucediera en el restaurante, Draco conocía a todo el mundo. La presentó a todo aquel con el que se encontraban por su nombre de pila, y la invitaron a excursiones en barco, a comer vieiras y a visitar jardines.

Dos parejas mayores le pidieron a Draco que le echara un vistazo a algo que no funcionaba en sus casas, cosa que él prometió que haría. Nadie lo trató ni por asomo como si fuera algo más que la versión adulta del niño que solía vivir al final de la calle.

Ya habían vuelto a la casa, pero Dilys los había echado de nuevo. Draco se tomó su tiempo en contestar la pregunta.

—Después de que mi padre muriera, estaba furioso, cabreado —contestó él—, y acumulaba mucha energía dentro. Quería ganarle la mano al mundo. Para hacerlo, tuve que abandonar la isla, primero para estudiar y licenciarme, y después para trabajar.

—¿Trabajó duro en la universidad para librarse de esa energía acumulada? No, perdón. Se supone que no debo preguntarlo.

Draco pasó del último comentario.

—La verdad es que no. La universidad me resultó bastante fácil.

Hermione gimió.

—Acabo de decidir que me cae fatal.

—Vamos, la universidad no ha podido ser tan difícil para ti. Eres hija de Victoria.

—Se puede decir que me ha ayudado más la perseverancia que he heredado de mi padre que la... ¿Cómo llamar lo que posee mi madre?

—¿Carisma? —sugirió Draco—. ¿Encanto? ¿Alegría de vivir?

—Todo eso. Su trabajo le resulta fácil. Desaparece un mes entero todos los años y... —Lo miró—. Supongo que usted lo sabe mejor que yo. El caso es que se va y planifica sus novelas, luego vuelve a casa y las escribe. Tiene una cuota diaria de páginas y nunca se desvía de su argumento original. Yo cambio de opinión cincuenta veces antes de decidir qué quiero hacer.

—¿Cambias de opinión o miras lo que has dibujado, ves lo que está mal y luego lo arreglas?

—¡Sí, eso es lo que hago! —exclamó con una sonrisa.

—Ser capaz de ver los defectos de tu trabajo es un don.

—Supongo que lo es. Nunca lo había mirado de esa forma. Sé que Eric creía que todos sus diseños eran perfectos.

—¿Eric? ¿Tu prometido?

—No lo suba de categoría. Solo era mi novio. Y ahora es mi ex. —Se miraron un instante y Hermione quiso preguntarle si todas sus novias ya habían dejado de serlo, pero él apartó la mirada y perdió la oportunidad.

—¿En qué estás trabajando ahora? —le preguntó él.

Hermione pensó en su pequeña capilla, pero era insignificante en comparación con las magníficas estructuras que él había diseñado.

—Nada importante. Tengo que estudiar para los exámenes y pensar en mi proyecto de fin de carrera.

—¿Vas a construirlo? —preguntó él con un brillo travieso en los ojos.

Se echó a reír al escucharlo.

—Eso ya lo hizo otra persona.

—Seguro que se puede repetir, ¿no?

—No creo. Yo... —Se interrumpió porque Dilys los llamó para comer.

Unos minutos después, estaban sentados a la mesa en la preciosa casa, comiendo pescado frito, ensalada de col y ciruelas en almíbar. Dilys y Draco estaban sentados a un lado de la mesa, y Hermione estaba enfrente.

—Hermione prepara unos buñuelos deliciosos —comentó Draco.

—¿Te enseñó a hacerlos tu madre? —preguntó Dilys.

—Mi madre... —comenzó Hermione, pero se percató del brillo travieso en los ojos de Dilys—. Ya veo que la conoce bien. Cuando cumplí los seis años, ya sabía llamar a todos los restaurantes de la zona que servían comida a domicilio.

—Victoria tiene sus defectos, sí, pero allá donde va, hay fiesta —repuso Dilys—. Lo que más nos gustaba de tu madre era que podía conseguir que Andy saliera de su casa.

—No sabía que vivía recluida —dijo Hermione—. Recuerdo las reuniones para tomar el té y un montón de invitados.

—Ah, sí, Andy invitaba a gente a su casa, pero no salía a menudo.

—¿Era agorafóbica? —preguntó Hermione.

Dilys se inclinó hacia delante con expresión conspiradora.

—Mi abuela solía decir que Andy tenía un amante fantasma.

—¿Alguien quiere más ensalada? —preguntó Draco—. Queda bastante.

Las dos mujeres pasaron de él.

—Seguro que era el capitán Abrax —replicó Hermione—. Recuerdo que la tía Andy, como me dijo que la llamara, y yo solíamos tumbarnos en su cama y mirar el retrato mientras ella me contaba historias de sirenas. Me parecía romantiquísimo.

—¿Te acuerdas de eso? —preguntó Dilys—. Pero si solo tenías cuatro años.

—Sabe dónde encontrarlo todo en la casa —comentó Draco.

Dilys sonrió.

—Eso es porque solía registrar los cajones y los armaritos en busca de cosas para usar en sus construcciones. Si no le hubieras regalado esa caja de Legos, habría empezado a coger los ladrillos de las paredes.

Hermione miró a Draco con expresión interrogante, justo antes de que la comprensión le iluminara el semblante.

—Usted era el chico alto que siempre olía a mar.

Dilys se echó a reír.

—Ese es Draco. Siempre olía a pescado y a serrín. No creo que se duchara hasta cumplir los dieciséis, cuando empezaron a gustarle las chicas.

Hermione seguía mirándolo.

—Me enseñó a usar los bloques y nos sentamos en el suelo para construir... ¿Qué era?

—Era una burda réplica de esta casa. Mi madre no dejaba de repetir que necesitaba arreglos y yo pensaba en cómo añadir otra habitación. —Más tarde, había dibujado sus ideas. Ken las había visto y había usado los dibujos de Draco para la remodelación. El hecho de que no pudiera decirle a Hermione que ella, una constructora de cuatro años, había sido su fuente de inspiración para comenzar en su profesión lo irritaba muchísimo.

Hermione intentaba asimilarlo todo. Le había dado lecciones sobre cómo construir con Legos un chico que acabaría convirtiéndose en uno de los arquitectos más renombrados mundialmente. Su cara tenía que reflejar lo que pensaba, porque Draco apartó la mirada. Se percató de que estaba frunciendo el ceño. ¡Desde luego que no quería que lo considerasen un famoso!

Hermione no quería decir nada que intensificara esa expresión ceñuda. Miró de nuevo a Dilys.

—Bueno, ¿el capitán Abrax era el amante fantasma de la tía Andy?

Dilys asintió con la cabeza.

—Eso es lo que decía mi abuela. Mi madre le replicaba que era una ridiculez, pero fuera verdad o no, me encantaban esas historias. Y a Lexie también.

—¿Lexie? He oído hablar de ella, pero todavía no la conozco.

—Lexie y su madre se mudaron conmigo después de que el padre de Lex muriera. Cuando Draco se fue a la universidad, nos permitió amablemente mudarnos a esta casa.

Durante un instante, Dilys miró a Draco con tanto amor y gratitud que casi le resultó vergonzoso.

Draco ocultó la cara de modo que no pudiera ver su expresión y se puso en pie para empezar a recoger los platos. Hermione hizo ademán de ayudarlo, pero la cara de Dilys le indicó que Draco se encargaría de todo.

—¿Cómo se tiene una aventura con un fantasma? —preguntó Hermione—. Lo que quiero decir es que habría limitaciones físicas, ¿no?

—Eso mismo me he preguntado yo —contestó Dilys—. De hecho... —Tras lanzarle una miradita a Draco, que les daba la espalda, se inclinó hacia Hermione—. Le hice la misma pregunta a mi abuela.

—¿Y qué te contestó?

—Que una vez Andy dijo que quería tanto a ese hombre que lo retenía prisionero.

Hermione se echó hacia atrás en la silla.

—Qué cosa más rara. Me pregunto cómo podría haberlo hecho.

—La verdad es que una vez se lo pregunté y me contestó que simplemente no buscaba la llave para abrir la puerta de su celda.

—Eso suena muy misterioso. ¿Qué crees que quería decir con...? —comenzó Hermione, pero Draco la interrumpió.

—¿Creéis que podríais dejar de cotillear un ratito? —preguntó—. Tengo una cita a las tres.

—Los hombres Black no creen en fantasmas —comentó Dilys—. Se enorgullecen de ser cuerdos y lógicos, y los fantasmas no encajan en esa imagen. Bueno, querida —continuó Dilys—, si ves un fantasma en Black House, tendrás que contármelo todo.

—Dilys —dijo Hermione despacio—, si veo al capitán Abrax, sea un fantasma o no, pienso quedármelo para mí solita.

Las dos mujeres se echaron a reír con tantas ganas que Draco entró de nuevo en la cocina.

Después del almuerzo, Draco cogió unas herramientas de su camioneta para hacer una reparación. Una vez que se quedaron a solas, Dilys le contó a Hermione que tenía una barca y que dentro de una semana Draco la sacaría del cobertizo y la flotaría por ella.

—Parece que hace mucho por los habitantes de la isla —comentó Hermione.

—Tiene responsabilidades. Es el primogénito de una antigua familia de Nantucket. El apellido implica unas obligaciones.

—No es un concepto muy moderno —dijo Hermione.

—Los habitantes de Nantucket tenemos muchas cosas que no son nada modernas.

—Empiezo a darme cuenta —repuso Hermione.

Quería darles tiempo a Hermione y a Dilys para que estuvieran a solas, de modo que salió para dar un paseo hasta el espigón que se introducía en el mar.

Cuando Draco volvió a la casa, Dilys se percató de que buscaba a Hermione con la mirada, y de que pareció relajarse cuando la vio en el alargado espigón. Minutos más tarde, estaba tumbado en el suelo, con medio cuerpo metido en un armarito para arreglar la fuga que tenía el fregadero de Dilys.

—Nunca te había visto tan cómodo en compañía de una mujer —comentó Dilys.

—Le debo una a Ken. Dame esa llave. —La cogió—. Por desgracia, sus padres han mantenido su relación con Nantucket en secreto.

—¿A qué te refieres?

—Ninguno le ha contado que vienen a menudo.

—Pero Victoria viene todos los años.

—Hermione ya está al tanto de eso, pero Victoria le dijo que se iba a una casita perdida en Colorado.

—¿Por qué haría algo así?

—No lo sé —contestó Draco—. Abre el grifo, anda.

Dilys abrió el grifo, que funcionó perfectamente.

Draco se levantó del suelo.

—Ken me dijo que Victoria no quería que nadie supiera que sus libros están ambientados en Nantucket y que se basan en la familia Black.

—Todos en la isla lo saben.

—Y nosotros nos callamos lo que nos atañe. Ella no quiere que el resto del mundo se entere.

—¿Y qué excusa pone Ken para no haberle dicho a Hermione que viene a menudo? —quiso saber Dilys.

—Que se lo prohibió Victoria. Le dijo que si Hermione se enteraba de que sus padres venían a Nantucket, ella también querría hacerlo.

A Dilys le costaba entender el razonamiento, pero después asintió con la cabeza.

—Tiene algo que ver con Andy, ¿verdad?

—A lo mejor. Sé que Victoria no quería que su hija tuviera contacto con la tía Andy. Entablaron una relación muy estrecha cuando Hermione estuvo aquí, y a Victoria no le hizo gracia.

Dilys meneó la cabeza mientras hacía memoria.

—Recuerdo lo deprimida que estuvo Andy después de que Victoria se llevara a Hermione. Creía que íbamos a perder a tu tía. De hecho, me pareció que Victoria fue muy cruel. Y también le hizo daño a Hermione. ¡Cómo lloraba esa pequeña!

—Parece que Hermione ha superado el trauma. No creo que tenga muchos recuerdos conscientes, pero sabe más de lo que cree. Se mueve por la cocina como si llevara ahí toda la vida.

—No me digas que es capaz de encender esa espantosa cocina verde.

—¡Esa cocina es genial! Y Hermione usa los mandos sin tener que pensar siquiera.

Dilys se apartó para mirarlo.

—¿Qué es ese deje raro que detecto en tu voz?

—Es respeto lo que siento por la hija de Ken y de Victoria.

—No me vengas con esas, Draco Black. Te conozco de toda la vida. Ves algo distinto en ella.

Draco titubeó un instante.

—Ha diseñado una capilla —dijo en voz baja.

—¿Y?

—Y es buena.

—¿Buena? ¿En una escala del uno al diez?

—Un once.

—Vaya, vaya, vaya —dijo Dilys—. Inteligencia, belleza y talento. Parece que es un paquete muy completo.

—Es demasiado pronto para saberlo.

—Draco, cariño, te aconsejo que no tardes demasiado en tomar una decisión. La inteligencia, la belleza y el talento vuelan en Nantucket. Somos gente sabia.

Draco se lavó las manos en el fregadero.

—Wes le ha pedido que lo acompañe al Festival de los Narcisos el sábado.

—¿Tu primo Wes Drayton? ¿Ese chico guapo y soltero con un boyante negocio de reparación de barcos? ¿Ese Wes?

—El mismo. —Draco no sonrió al escuchar la descripción—. No puedo tontear con la hija de Ken y de Victoria. Si vamos en serio y luego no sale bien... ¿Cómo voy a superar algo así? Les debo toda mi vida a sus padres. Deberías haber escuchado cómo me gritaba Ken porque... —Agitó una mano—. Ya da igual. Aquí viene. No te pases, ¿vale? Es una muchacha agradable.

—Tú también eres un muchacho agradable —dijo Dilys, pero Draco ya estaba en la puerta, recibiendo a Hermione con una sonrisa.

OTRO CAPITULO QUE SE VA.

PARECE QUE TODA LA ISLA ESTA GUARDANDO EL SECRETO DE VICTORIA Y KEN.

PIDO PERDON OTRA VEZ POR EL RETRASO, PERO LAS VACACIONES EN MI FAMILIA SON SAGRADAS Y HACEMOS AL MENOS UNA SALIDA AL MES.

ESTABA PENSANDO QUE, YA QUE ES UNA HISTORIA BASTANTE LARGA (33 CAPITULOS Y UN EPILOGO) Y QUE VAMOS POR EL 7, SUBIRE DOS CAPITULO SEMANALES. USTEDES MANDAN ¿SUBO DOS O SIGO COMO HASTA AHORA?

HASTA LA SEMANA QUE VIENE