CAPÍTULO 8 – UNA PREGUNTA MUY IMPORTANTE.

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El ensayo de las Cheerios había sido particularmente extenuante. Estaba peleada con Quinn y no se habían dirigido la palabra durante toda la práctica. Brittany actuaba como siempre, pero ya le había dejado bien claro que no le pertenecía, y Santana prefería mantener cierta distancia, porque le resultaba doloroso, especialmente cuando la veía besándose con el idiota ese del coro. A Santana se le revolvía el estómago.

Si se lo hubieran dicho un par de semanas atrás se hubiera reído incrédula, pero lo cierto es que había llegado el punto en el que Rachel Berry era la única persona con la que podía contar. Estaba un poco flipada y le hartaba cuando empezaba a desvariar sobre sus objetivos en la vida y sus historias de Broadway, pero se sentía cómoda hablando con ella. Rachel tenía sus cosas pero no juzgaba a los demás.

La saludó con la mano cuando se dirigía hacia el vestuario. Como siempre, Rachel había presenciado el entrenamiento desde las gradas. Se metió en la ducha y se quedó un momento quieta bajo el chorro de agua caliente. Respiró profundamente mientras el sudor y la negatividad se perdían por el desagüe.

Se volvió al notar un vestigio de frío que le hizo tiritar. Brittany entró en las duchas y se acercó a ella. No habló y Santana tampoco dijo nada. Algunas chicas del equipo salieron y entraron, hablaron y se rieron a su alrededor. Al final se quedaron las dos solas.

Brittany se acercó a ella y le acarició el pelo mojado. Santana se quedó muy quieta sin saber qué hacer. Le había dicho que no quería estar con ella, así que no entendía por qué estaba haciéndole eso. También temía que alguien más entrara y las pillara desnudas, compartiendo la intimidad que solo compartían cuando estaban solas. Sin embargo, no pudo estarse quieta mucho tiempo y tampoco le importó nada más que tenerla cerca. Le agarró la cara y la atrajo hacia sí. La besó como no la había besado nunca, con ansiedad, con miedo, con dolor. La besó como si fuera la última vez que la besaba.

Se le escaparon las manos para recorrer su cuerpo y se le quebró la garganta cuando las de ella se perdieron entre sus piernas.

- Quiero estar contigo, Britt – gimió.

-¿De verdad? – Preguntó ella deteniendo todo el movimiento.

- Sí – le dijo apretándose contra su cuerpo.

- Santana – insistió Brittany mirándole a los ojos - ¿Quieres ser mi novia, mi novia de verdad?

A Santana se le saltaron las lágrimas. Claro que quería, pero no podía. Tenía miedo.

- Santana – volvió a insistir Brittany.

Santana no podía responderle. Brittany se separó de ella y ella intentó abrazarla y atraerla de nuevo hacía sí.

- No, así no – le dijo rechazando el abrazo y escapándose de allí.

Santana no pudo contenerse. Comenzó a llorar como hacía mucho tiempo que no lo hacía, como nunca se permitía llorar. Lloró hasta que se quedó sin lágrimas.

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Rachel se tropezó con Brittany, que salía del vestuario de las animadoras con el pelo mojado.

- Hola – le dijo - ¿Ha salido ya Santana?

- No – respondió – todavía está ahí dentro.

- ¿Estás bien? – le preguntó Rachel.

Brittany no tenía buena cara.

- Sí – respondió esta vez dibujando una sonrisa tímida. – Te conozco del coro.

- Sí – le dijo Rachel sonriéndole de vuelta. – No tengo clase hasta dentro de media hora, ¿te apetecería dar una vuelta?

Brittany asintió y salieron caminando del instituto.

- No sé si lo sabes pero ahora, Santana y yo somos amigas.

- Santana y yo también somos amigas – dijo Brittany – eso quiere decir que… ¿Tú y yo también somos amigas?

- Sí, ¿Por qué no?– asintió Rachel pensativa. – A mi me gustaría ser tu amiga.

Brittany se rió.

- Me gusta esta forma de hacer amigos.

-¡A mí también! – le respondió Rachel también entre risas.

Llegaron junto al campo de football y se sentaron entre las gradas. Rachel no sabía muy bien cómo empezar.

- Santana quiere estar contigo – le dijo de improviso, yendo directamente al grano.

Brittany frunció las cejas. Y la miró un poco desconcertada.

- ¿Qué te ha contado?

- Todo.

- Todo… ¿Al final van a hacer la película de Verónica Mars?

Rachel abrió la boca completamente pérdida.

- Has dicho todo… - le aclaró Brittany.- Hay muchas cosas que quiero saber.

- ¡Todo lo que hay entre vosotras!

- Ah. Entonces te ha dicho que somos amigas…

- Me ha dicho que está enamorada de ti y que quiere estar contigo.

A Brittany se le volvió a dibujar una sonrisa.

- No creía que fuera capaz de decírselo a nadie.

- Quiere recuperarte. – prosiguió Rachel.

- Yo también quiero eso, pero no como antes. Quiero que sea mi novia, mi novia de verdad. Y no tener que escondernos para besarnos. Eso se ha acabado.

- Tienes que darle tiempo.

- Artie no necesita tiempo.

- ¿Quieres a Artie?

- Me gusta… pero no es Santana. – consideró Britttany.

- Entonces déjale y vuelve con ella. – insistió Rachel – No está preparada para gritarlo a los cuatro vientos, pero lo hará, poco a poco.

-No, si vuelvo con ella no lo hará. Está esforzándose porque no tiene otro remedio.

Rachel apretó los labios pensativa. Probablemente tenía razón. La única razón por la que Santana la había abordado y le había contado su relación con Brittany era porque estaba en una situación desesperada.

- Pero entonces… - le dijo – no estás siendo muy justa con Artie. Si todo esto es para dar celos a Santana…

- No sé. Artie sabe que no estoy enamorada de él. Me gusta y nos acostamos juntos.

Rachel volvió a abrir la boca sorprendida. Ella nunca se había acostado con nadie y le venía grande la idea de que Brittany lo hiciera sin estar enamorada.

- Pero… - comenzó a decir.

- A mí también me gustan los chicos, Rachel. – le aclaró Brittany con una sonrisa – Y si no estoy saliendo con Santana, puedo acostarme con quien me apetezca.

- Ya claro – dijo Rachel recapacitando – en realidad tienes razón. Yo…

- ¡Eres virgen! – dijo Brittany alegremente.

- Eeh. Sí - le respondió Rachel poniéndose colorada.

- Se nota.

Rachel se había puesto muy nerviosa y le ardían las orejas. Todo el mundo decía que Brittany era tonta, pero no había nada de tonto en su conversación. Se iba por las ramas y tendía a entender las cosas de forma literal, pero por lo demás parecía más aguda que la propia Rachel.

- ¿Chicas o chicos?

- ¿Cómo? – le preguntó sin comprender.

- ¿O los dos?

Rachel se puso aún más colorada. Necesitaba una bebida fría. Un té, agua con hielo. Algo. No sabía ni qué responder.

- Me gusta Quinn – le dijo finalmente, porque le pareció la respuesta más honesta. Al fin y al cabo era lo único que tenía claro.

- Es muy guapa – asintió Brittany.

- Sí – respondió Rachel muerta de la vergüenza.

Brittany miró su reloj y se levantó sonriéndole.

- Me voy ya para clase – le dijo como despedida mientras se colgaba el bolso del hombro y comprobaba que llevaba todas sus cosas metidas en la carpeta. - ¿Vienes?

Le dijo que iría un poco después y Brittany se marchó en dirección al instituto. Se quedó un rato más sentada en las gradas tratando de recomponerse.

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Rachel esperó a Santana en la puerta del instituto cuando acabaron las clases.

- Hola – le dijo cuando la vio aparecer. – Hablé con Brittany esta mañana.

- ¿Qué te dijo? – le preguntó Santana andando a su lado, esperando que no le hubiera contado lo que había pasado en las duchas.

- Creo que quiere volver contigo, pero le da miedo que te acomodes y no quieras salir del armario.

- ¡Es que no quiero salir del armario!

Rachel suspiró. Santana era muy cabezota.

- Bueno, pues tienes que hacerlo. Eso o te quedas sin ella, tú verás.

Santana soltó un gruñido y Rachel se empezó a Reír. Santana, muy a su pesar, no pudo evitar reírse con ella.

- Poco a poco. – dijo – Bueno, tengo que darme prisa para coger el autobús.

- Ah, precisamente te iba a decir… eeh, si te apetece – A Rachel le costaba mucho trabajo proponer las cosas, especialmente a alguien nuevo en su vida – Mis padres se han ido a pasar el fin de semana fuera, he pensado que podrías coger tu pijama y venirte a pasar la noche conmigo.

Santana arqueó las cejas y la miró de soslayo.

- Noche de chicas, ya sabes – aclaró con un poco de vergüenza.

- Me hago una idea, Berry – le respondió Santana riéndose.

- Puedes invitar a Brittany –propuso Rachel

- ¿Y a Quinn?

Rachel se puso colorada.

- No creo que quiera venir.

- Ahá. Entonces quieres que la invite – se mofó Santana.

- Déjame – Protestó Rachel dándole un suave golpe en el hombro.

- La llevaré si se deja – le dijo Santana aligerando el paso, su autobús estaba ya en la parada - ¿Te parece bien que vayamos a las ocho?

Rachel asintió y Santana se marchó corriendo.

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- Quinn, el teléfono – gritó su madre desde el piso de abajo.

A Quinn le fastidiaba muchísimo que la llamaran al fijo y solo existía una persona sobre la faz de la tierra que se atreviera a hacerlo: Santana López. Tampoco es que pudiera objetar nada, Santana tenía móvil, pero su familia no tenía mucho dinero y siempre andaba sin saldo.

- ¿Qué quieres? – le dijo con malos modos cuando levantó el auricular. Santana la había mandado a la mierda el día anterior y no le había dirigido la palabra durante los ensayos de las Cheerios esa mañana. Y a Quinn no le gustaba sentirse ignorada.

- Tranquila, fiera. – la saludó tranquilamente Santana al otro lado de la línea – te llamo para enterrar el hacha de guerra.

- Pues a lo mejor no me interesa – se resistió. La verdad es que no le gustaba estar peleada con Santana, pero era demasiado orgullosa como para ceder tan fácilmente. Santana se rió al otro lado.

- Venga – insistió suavizando el tono de su voz – además, te he llamado para invitarte a una fiesta.

Quinn no tenía muchas ganas de fiesta, pero le agradó que la invitara. No puedes pretender ser popular si te pierdes las fiestas, así que Quinn solía presentarse en casi todas, siempre acompañada por Santana, Brittany y un selecto grupo del equipo de animadoras.

- ¿Esta noche?

- Sí.

- ¿Dónde? – preguntó como quien le hace un favor.

- En la calle Kibben, cerca del cruce con la principal. Está muy cerca del instituto, cuando pasas el Starbucks. – le explicó Santana, evitando aclararle que se trataba de la casa de Rachel.

- Vale, ¿Quieres que te recoja?

- No, mejor nos vemos allí – le respondió Santana. – ¡Y ponte guapa!

- Siempre estoy guapa, Santana – bromeó, conteniendo una carcajada.

Santana se rió y le colgó el teléfono. Quinn subió hasta su cuarto de muy buen humor. A Santana se le había pasado el enfado y ella no había tenido que disculparse. Las cosas no podrían haberle salido mejor.

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Brittany había llegado bastante temprano y le había preguntado si tenía algún gato en la casa. Rachel le dijo que no.

- Ah, una pena. Te iba a llamar para preguntártelo, pero no tenía tu teléfono – le dijo Brittany mientras se quitaba el abrigo - ¿Me lo das?

- ¿El qué? – le preguntó Rachel, que todavía estaba pensando en la razón por la que Brittany querría llamarla para preguntarle si tenía un gato.

- Tu teléfono, por si te tengo que llamar otro día – le respondió.- He estado a punto de traer a Lord Tubbington, pero tampoco quería que se aburriera aquí, sin otros gatos para hacerle compañía.

A Rachel por poco no se le desencajó la boca, pero no dijo nada. Ya sabía que Brittany tenía ideas bastante peculiares y probablemente, su mejor opción con ella sería seguir los consejos de Santana.

- Una vez que te acostumbras a ella empiezas a entenderla y las cosas que dice comienzan a cobrar sentido – le había dicho Santana con una paciencia que nadie hubiera dicho que tenía, cuando Rachel le preguntó cómo se había enamorado de alguien tan… diferente.

Santana era alguien completamente distinta a la imagen que vendía de sí misma. No tan distinta, porque era muy irónica y había adoptado sus caras de asco como una pose ante la vida, pero había alguien interesante ahí adentro, debajo de su máscara de chica mala y su perenne mal humor. Así que le había chocado que estuviera enamorada de alguien tan singular. Sin embargo, lo que le había explicado Santana, y la conversación que había tenido con Brittany esa misma mañana, le habían abierto la mente a la posibilidad de que quizás se hubiera excedido al prejuzgar a la muchacha. Y se había dado una cura de humildad, porque ella misma había sufrido los prejuicios de los demás por ser diferente. ¿Qué más daba, al fin y al cabo, el modo en el que eres diferente?

Así que cerró la boca y le dijo a Brittany que le encantaría conocer a su gato, pero probablemente, una fiesta de pijamas no fuese el mejor sitio para él.

- Es una noche solo para chicas – le dijo en tono de broma – no aceptamos ni chicos ni gatos.

Estuvieron charlando de Santana, de chicas, de chicos, de gatos y de varios temas durante un buen rato, hasta que sonó el timbre de la puerta.

Rachel fue a abrir y se encontró de frente con Zizes, cuya colosal figura llegaba de marco a marco de la puerta. Rachel levantó la cabeza.

- Hola – le saludó.

- Me ha traído en la furgoneta – dijo Santana saliendo de detrás de ella y entrando en la casa. – Si no te importa se va a quedar un rato, le he prometido que la invitaríamos a merendar si me acercaba hasta aquí.

- Sí, claro – dijo Rachel apartándose para dejar entrar a Zizes y mirando su reloj extrañada.

- La hora de la merienda pasó hace ya un par de horas, Santana – le dijo bajito para que no se enterara nadie más.

- Ya, ¿La has visto? Esta tía merienda una vez por hora – le respondió Santana igual de bajito.

Rachel volvió a mirar a Zizes y le pareció coherente el argumento de Santana, así que se encogió de hombros y se fue hacia la cocina para prepararle un sándwich a la muchacha.

El timbre volvió a sonar mientras untaba el pan con mantequilla.

- Ya abro yo – dijo Santana saliendo de la cocina.

Rachel se empezó a poner nerviosa. No había tenido tiempo de preguntarle a Santana, así que no sabía si Quinn iba a acudir también a su fiesta. Pero tampoco esperaban a nadie más, así que quizás, la persona que estaba llamando al timbre podía ser ella. Quiso preguntarle a Brittany si lo sabía, pero estaba sentada en la mesa de la cocina contándole alguna cosa de las animadoras a Sizes y le dio vergüenza interrumpirlas para preguntar eso.

Mientras, Santana abrió la puerta de la entrada.

- Hola – le saludó Quinn entrando sin esperarse a que la invitara a pasar. - ¿Qué pasa que somos las únicas invitadas? – dijo mirando a su alrededor.

- Mas o menos – le dijo Santana con una sonrisa autosuficiente que no le hizo ni pizca de gracia.

Se quedó mirándola esperando una explicación, pero no hizo falta que Santana abriera la boca, Rachel Berry entró en la sala con un cuchillo untado de mantequilla en una mano y una rebanada de pan de molde en la otra.

- Hola – le dijo con una sonrisa nerviosa.

- Hola – respondió Quinn después de mirarla durante un buen rato. Seguidamente miró a Santana buscando una explicación, pero Santana miraba hacia otro sitio intentando no reírse. A Quinn no le hizo ni pizca de gracia.

Volvió a mirar a Rachel, esta vez con cara de mala leche. Rachel tragó saliva y le dijo que tenía cosas que hacer en la cocina. Salió corriendo de allí.

- ¿Me has traído a la casa de Rachel Berry? ¿Qué mierda de fiesta es esta? – protestó Quinn un poco molesta.

- Pues una fiesta para chicas. Vamos a cenar y a tomarnos una copa tranquilamente – le respondió Santana – Algo diferente, para variar.

- ¿Qué pasa que ahora que eres lesbiana quieres que las demás también lo seamos? –dijo muy enfadada.

- Eh, para ahí – la cortó Santana – Aquí nadie ha dicho nada de lesbianas. Te he invitado a una fiesta y has venido porque te ha dado la gana venir.

- ¡A una fiesta de lesbianas!

- ¡Para ya! – volvió a cortarle Santana también enfadada. – Deja de decir "lesbianas" como si fuera algo malo. Ya sabes que me gustan las chicas, supéralo. – prosiguió con la voz rota – Lo estoy pasando mal, porque tengo miedo de que la gente reaccione como tú. Eres mi amiga, no deberías ponerte así conmigo.

Quinn, que ni se había parado a pensar hasta ese momento sintió una punzada de remordimiento en la boca del estómago. Abrió la boca, pero no encontró nada con lo que rebatirla.

- Mira, tú piensa lo que quieras, pero he organizado esta reunión con las personas que más me importan. Y las únicas que saben quién soy de verdad. – Santana tenía la voz en un hilo y parecía a punto de echarse a llorar. – Puedes quedarte y, si quieres, hablamos del tema, si no, puedes irte pero no esperes que volvamos a ser amigas nunca más.

Brittany , Sizes y Rachel estaban escuchando lo que decía Santana desde la cocina. No lo hacían adrede, pero la puerta estaba abierta y la conversación entre las dos chicas se había desarrollado a más decibelios de lo normal.

- Yo volvería con ella – le dijo Zizes a Brittany masticando su sándwich – se está esforzando de verdad. A mí me lo contó la semana pasada y si no fuera hetero te la quitaba. Está muy buena. – añadió levantándose mientras acababa de tragar su sándwich.

Quinn y Santana se habían quedado mirándose a los ojos. Ninguna de las dos sabía muy bien qué decir o hacer a continuación. Las interrumpió Zizes, que salió de la cocina y pasó en medio de las dos, que tuvieron que apartarse para no ser arrolladas. Zizes cogió su abrigo del perchero que había junto a la puerta de entrada y se volvió para despedirse.

Quinn y Santana estaban muy cerca, mirándola confusas. Un poco más atrás estaban Rachel y Brittany, que habían venido detrás suya siguiéndola desde la cocina.

- Me voy – dijo Zizes colocándose el abrigo – no me apetece estar de violinista. ¡Pasadlo bien, chicas!

La puerta se cerró detrás de ella y Santana volvió a mirar a Quinn.

- Entonces... – preguntó muy seria - ¿Te vas o te quedas?


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Muchas gracias por seguir leyendo. Espero que os haya gustado :)

Quizás el próximo capítulo se titule "Noche de chicas" depende de lo que decida Quinn. xD