Heridas.

Tobi es atravesado por la Totsuka no Tsurugi. Poco a poco, cada partícula del enmascarado se integra e incendia en la espada inmaterial del mítico dios de las tormentas. Y cada vez que Susano'o cobra una víctima, su aura se pigmenta en oscuridad siniestra, como los ojos que le dan origen.

—Te lo advertí —mostrando Sasuke una desagradable mueca de satisfacción.
—No seas imprudente —se escucha una voz tras el pelinegro.
—¡No es posible!

Sasuke no podía creer lo que escuchaba. Hace unos segundos sus ojos eran testigos del como Tobi estaba desintegrándose. Se supone que Tobi no debería de existir más en este mundo. Y sin embargo, estaba hablando con él. Se supone que los ojos de Itachi le permitirían ver en la oscuridad. Nadie podía engañar a esos ojos, orbes que estaban acostumbrados a presenciar el dolor y la culpa. Pupilas que se dilataban ante el derramamiento de sangre. Cristalinos que se adaptaban a los paisajes funestos.

—Lo ves, aún no estás listo. Te sugiero cuidar mejor esos ojos.
—¿Qué demonios dices? —reponde un sorprendido Sasuke.
—Qué esos ojos no están lo suficientemente preparados para pelear.
—¡Y tú que sabes! —grita Sasuke enardecido—. ¡Itachi vio una guerra tras otra! ¡Itachi vio morir a sus seres más queridos! ¡Todo por el deseo de sangre de esos ancianos malnacidos! ¡Todo por la paz de esa pútrida aldea! ¿Y dices que estos ojos no están preparados para la batalla? ¡Me das risa!

El menor y único de los Uchiha comienza a generar una corriente de rayos en su brazo izquierdo, cuyo sonido es el símil de una parvada de aves. Los tenebrosos ojos de su interlocutor se iluminan de satisfacción al vislumbrar la danza de los hilos eléctricos que Sasuke emite. El pelinegro está por dar en el blanco, pero únicamente consigue traspasar el cuerpo de Tobi, como ya antes ocurriera. Reponiéndose, Sasuke enfoca sus ojos hacia los de su adversario; una pequeña esfera de fuego aparece a la altura de los ojos de Sasuke. El abrasante orbe crece y se oscurece cada vez más, siendo lanzado hacia Tobi segundos más tarde:

—¡Enton: Goukakyou no Jutsu! (Liberación del Infierno: Jutsu de la Gran Bola de Fuego).

La siniestra esfera se dirige hacia Tobi a una velocidad enorme. A milímetros de tocar el cuerpo del enmascarado, un remolino comienza a aparecer a la altura de su ojo derecho. La esfera de fuego negro comienza a ceder ante el arrastre del torbellino generado por el poseedor del Sharingan y el Rinnegan. En un instante, la Gran Bola de Fuego se desvanece.

—¡Basta, Sasuke! —profiere Tobi con una voz casi inaudible.
—No volveré a repetirtelo, Madara. ¡Quítate de mi camino! —Sasuke blande su Chokuto emulando clavarla en el suelo; cabe recordar que en el agua nos encontramos— ¡Chidori Kouken!

El poderoso vendaval de rayos rodea el cuerpo de Tobi; lejos de dañarlo, los rayos se sincronizan con él, decorando su cuerpo de una forma escalofriante. Sasuke se sorprende por esta acción, pero lejos de tener miedo, desea enfrentar a Tobi con mayor ahínco.

—¡Terminemos con esto, Madara! ¡Chidori Senbon!
—¡Hmp! —es lo que Tobi se limita decir.

Las agujas son dirigidas al rostro de Tobi que, por cierto, aún continua con la mitad izquierda en las sombras. Absorbe las luminosas ráfagas, pero no como antes. Esta vez, la corriente eléctrica rodea el cuerpo de Tobi, integrándose a su cuerpo en instantes. A pesar del constante asedio de Sasuke, Tobi levanta el brazo izquierdo con suavidad. Ante dicha acción, Sasuke vuelve a envolverse en el aura de Susano'o, preparando la Totsuka no Tsurugi de nueva cuenta.

—¡Esta vez, irás al otro mundo!
—¡Se acabó, Sasuke!

El ojo izquierdo de Tobi refulge en la oscuridad.

—¡Tendo: Shinra Tensei!

Susano'o es arrasado por el Juicio Divino como las semillas de un diente de león son esparcidas por la suave brisa. Sasuke no puede creer lo que ve. El jutsu definitivo del Fuumetsu Mangekyo Sharingan es fácilmente devastado. La rabia de Sasuke va en aumento, pero Tobi se adelanta.

—¡Tendo: Bansho Ten'in!

Sasuke es atraído hacia Tobi con gran fuerza y, en un parpadeo, tomado del cuello por Tobi.

—¿Qué diablos es esto? —rebate el Uchiha con un tono gutural, provocado por la asfixia.
—Pon atención, Sasuke. No estás preparado para combatir en este estado.
—¿Qué demonios tratas de decirme?
—El Kyuubi es bastante poderoso. Necesitas la fuerza suficiente para capturarlo.
—¡Eso no me importa! ¡Si quieres capturar al Kyuubi, hazlo tú mismo!

Tobi queda silente por un instante. Acto seguido, lanza al Uchiha al agua, quedando éste último lleno de lodo.

—Me marcho, Sasuke. Tengo asuntos importantes que atender. Adiós.

Tobi se desvanece entre el tornado que forma con su ojo derecho. Su voz aún puede ser escuchada por Sasuke, como si del murmullo del viento se tratara.

—Te recuerdo, que debes ser cuidadoso con esos ojos, puedes hundirte en la oscuridad perpetua.

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Las aves abandonan las copas de los árboles en aleteos violentos y caóticos, pues su sueño o su acecho ha sido interrumpido. La causa de todo esto ha sido una espada que materia viva ha atravesado. El responsable, un ninja de Iwagakure, sostiene la hoja asesina; una mirada de furia y satisfacción se refleja en su rostro. La mirada es intercambiada con una de terror que dirige un shinobi de Kirigakure a su ejecutor.

—Ryoga, ¿te has vuelto loco, acaso?
—Te dije que hasta los sensores más experimentados pueden fallar, Manabu.
—¡Podrías haberme dado alguna señal, idiota!
—¿Y permitir que este tipo huyera? —señalando la sombra que estaba metros adelante.

El motivo de la discusión era un Zetsu blanco que acechaba desde el suelo a Manabu. Ryoga lo había visto desde que partieron de Takigakure, pero decidió no comunicar a sus compañeros ANBU a fin de evitar que el Zetsu sospechara de que ya había sido hallado. Hazuki y Koichi habían terminado ya con la inspección del lugar, reuniéndose de nueva cuenta con Manabu y Ryoga; quedan mudos de la impresión cuando ven al Zetsu blanco. Pero Manabu no está tranquilo todavía.

—¿Sucede algo, Manabu-taichou? —Pregunta Hazuki.
—Creo, que debemos regresar. Caímos en una trampa.
—¿Explíquese por favor, taichou? —replica Koichi.
—Por lo que nos han informado, estas cosas —señalando al Zetsu blanco— se desplazan bajo tierra. Y no sólo eso, son capaces de comunicarse entre ellos a gran distancia.

Manabu comienza a moverse en la dirección desde donde arribaran al Puente Kannabi. El resto del escuadrón ANBU lo sigue. Conforme saltan de árbol en árbol, a gran velocidad, el capitán ANBU explica los motivos.

—El objetivo de este tipo era tendernos una emboscada, pero no a nosotros, sino a nuestros compañeros de Suna y los Samurai; romper nuestra comunicación con el frente de Godaime Kazekage y el General Hatake Kakashi en caso de que este último restableciera contacto. Esa cosa simplemente envió una señal al resto, confirmando que no lo detectaríamos.
—Entonces, el resto está... —menciona Ryoga con palidez expresa.
—Apresurémonos para que no sea así.

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—¿Zabuza? ¿A qué te refieres, Mangetsu?
—Así es, Kakashi. Fue hace tres años, en el ocaso de la Niebla Sangrienta.
—¡Explícate! —resopla Gai cerrando con fuerza su puño derecho.
—Fue...mientras huíamos de los ANBU de Kirigakure. Habíamos recibido informes de que el Daimyo del Agua deseaba desatar una guerra entre las cinco grandes naciones, así como entre aquellos países que no estuvieran regidos por el sistema feudal. Los feudales del Fuego y del Viento se opusieron rotundamente a ello, mientras que el señor de la Tierra no quiso opinar al respecto, pero nuestras fuentes nos confirmaban que estaban muy interesados en participar. Sólo el Daimyo del Rayo manifestó abiertamente su acuerdo en la propuesta del Agua. Para ello, se valdrían de contratar a shinobi de poderosos clanes como los Yuuki, Fuuma, Kaguya y, por supuesto, el clan Uchiha. Estábamos al tanto de este macabro juego de Shogi desde que al Daimyo del Agua se le ocurrió y notificara a Yondaime Mizukage-sama de su ejecución. Y para ello, había que preparar a los ninja de la mejor forma posible, privarlos de toda emoción. Ese fue el inicio de la Niebla Sangrienta.

Mangetsu continuaba su relato, ante la mirada interrogante de Kakashi y Gai.

—No obstante, nuestras investigaciones llegaron a la conclusión de que había algo extraño en dichos procedimientos. Aun cuando Kirigakure tenía una serie de escaramuzas con Iwagakure, mi aldea se había caracterizado por su abstinencia a participar de los conflictos armados en que el resto de las aldeas shinobi estuvieran inmiscuidas. Sin embargo, los planes eran otros. Ao-sama y Mei-sama junto con algunos shinobi del clan Hyuuga se encargaron de averiguarlo. Y ahí es donde entramos nosotros. Desafortunadamente, el asesinato de nuestro compañero Fuguki a manos de Hoshigaki Kisame estropeó todo lo que habíamos trazado hasta entonces. Fuguki era quien se encargaba de mantener comunicación con Suna y Konoha, detallando cada uno de los movimientos que Mizu no Kuni y Kaminari no Kuni trazaban.

Gai se estremece un poco cuando es nombrado el hombre tiburón. Kakashi por su parte reconstruye los hechos palabra por palabra.

—Tras esto, Zabuza adelantó sus planes para ejecutar el golpe de estado en contra de Yondaime Mizukage y el Daimyo del Agua, pero falló en ambos. Yondaime-sama ordenó la persecución de todos nosotros, enviando informes a Hi no Kuni de que se nos entregara vivos o muertos. Al estar marcados en el Libro Bingo, no nos quedó otro remedio más que separarnos, ya que cada uno de nosotros representaba un riesgo para los demás. Sin embargo, el primero en ser cazado fue Ringo, interceptado por un cazador de nombre Kurosuki Raiga. Luego les siguieron Jinin, Kushimaru y Jinpachi. Zabuza se hizo de seguidores que desertaron y lograron huir de Kirigakure, así como de un chico de Yukigakure; se emplearon como asesinos a sueldo para un hombre llamado Gatou.

—¡Gatou! ¡No puede ser posible! —exclama Kakashi sorprendido a la vez que observa los cuerpos sellados de Zabuza y Haku de nueva cuenta.
—En efecto. Ese hombre se dedicaba al contrabando y, para defenderse, contrataba los servicios de ninja renegados, pues un ninja con estatus legal le saldría más caro. Zabuza reunía dinero para llevar a cabo un segundo golpe; pero, cometió un error.

Kakashi estaba mudo de la impresión, aún cuando conocía la historia con lujo de detalles; vivió parte de ella.

—Veo que lo recuerdas, Kakashi. Gatou comenzó a cobrar precios muy altos a aquellos que ejercían el comercio con el País de la Ola, a tal punto que los mercaderes vivían para sostener económicamente a Gatou. Harto de los acosos de estos rufianes y con el objetivo de resarcir su ya muy golpeada economía, Nami no Kuni estableció una alianza con Hi no Kuni. El pacto, construir un puente que uniera ambas naciones, contratando a un constructor de nombre Tazuna para tal fin. Éste contrataría a cuatro shinobi de Konoha para su protección, pues sabía que Gatou lo perseguía. La Ola anhelaba la terminación del puente; de hacerlo, el poder de Gatou se vería drásticamente disminuido.

El Ninja Copia trataba de guardar la calma ante el relato de Mangetsu. Pero lo recordaba perfectamente, pues esa fue, la primera misión de rango A del Equipo 7.

—¿Cómo sabes de todo esto, Mangetsu? —pregunta Kakashi.
—Visité a Zabuza en esa ocasión.

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Nos trasladamos a un momento en el tiempo, en un lugar donde las olas se agitan furiosas, pero en el aire se respira tristeza. El rocío del aire envuelve a los centenarios habitantes del bosque. De pronto, tres hombres aparecen, uno de baja estatura y dos armados con una katana que escoltan al primero. Cuando se retiran, una figura borrosa comienza a aparecer, distinguiéndose únicamente por la refracción luminosa que el agua provoca. Este fantasma llega a la base de unos árboles y asciende por un camino en espiral que conduce a una construcción de forma aproximadamente cónica, que cuelga de los mismos árboles. La figura de agua ingresa a este lugar, observando a dos personas durmiendo. Sentado en una silla, pero con la parte superior de su cuerpo sobre una cama, un chico de 15 años de largo cabello negro y un kimono azul verdusco. Recostado en esa misma cama, un hombre de aproximadamente 26 años; sólo se observa de él su cabeza vendada.

—Debo reconocer que has progresado, pero no lo suficiente. Puedes pasar.
—Podría engañar a cualquiera, menos a usted, Zabuza-san —sonríe Mangetsu discretamente.
—¿Por qué estás aquí?
—He venido a traerle información valiosa, Zabuza-san.
—¿Te refieres al extraño comportamiento de Yondaime-sama?
—En efecto. Además, Hoshigaki Kisame trabaja para él.
—El que mató a Fuguki —Zabuza aprieta con fuerza el kunai con que se disponía a atacar a los guardias samurai de Gatou que lo visitaron minutos antes.
—Exacto.
—¿Y los demás?
—Están muertos.
—¡Maldición! ¡Esto será cada vez más difícil! Peor aún ahora que Konoha está tras mi cabeza.
—¿Konoha, Sensei?
—Es por culpa de Gatou. El País de las Olas se hizo de los servicios de ninja de Konoha, tres Gennin y Hatake Kakashi.
—¡Kakashi del Sharingan! Ya me explico el por qué te encuentras en estas condiciones —replica Mangetsu burlonamente.
—Esto lo hizo Haku —señalando a su cuello primero y al chico después—. De no ser por él, estaría con los interrogadores ANBU ahora mismo.
—Hablando del Sharingan, debo decirte algo. Ao-sama y Mei-sama han descubierto los motivos del comportamiento extraño de Yondaime-sama. Al parecer, es algo relacionado con ese maldito Doujutsu.

Un ruido de hojas de árbol interrumpe la conversación. Mangetsu dirige su mano derecha a su espalda, empuñando la Hiramekarei.

—¡No, Mangetsu! ¡Aún no es momento! Además, Gatou te cree muerto.
—¿Y dejar esto ahora que lo tenemos en nuestras manos?
—Es necesario. Volveré a Kiri tan pronto acabe con Kakashi.
—Lo dejo en sus manos entonces, Zabuza-san.

Mangetsu se marcha entre el murmullo de la neblina. Haku despierta para atender el estado de Zabuza, aún resentido de su estado de muerte momentánea.

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—Regresé a Kiri después de eso. Cuando lo hice, se estaba preparando nuevamente un atentado contra Yondaime-sama. Pero todo era caos. Me confirmarón la noticia de que Yondaime-sama había sido asesinado. Quería comprobarlo. Pero lo único que puedo recordar es algo llamado Tsuki no Me y ese rostro que no olvidaré jamás —enfatizando Mangetsu la última palabra—. Ese rostro. Esos rasgos...

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En otro lugar, Kabuto se encuentra examinando el tablero de Shogi; medita su próximo movimiento. De vez en vez, dirige su mirada hacia Anko, verificando que su estado de salud sea óptimo, requisito indispensable para seguir con el Edo Tensei en pie. Del pergamino que horas antes extendiera, toma un par de fichas más; decide, sin embargo, sacar sólo una de ellas. Inmediatamente dirige su vista hacia el tablero, concretamente a una ficha de madera ubicada junto a otras seis de color blanco.

—Creo que has hablado demasiado, Mangetsu —trazando un inscripción en la ficha; sonríe ampliamente.

Mediante la ejecución de un sello, Kabuto hace que la ficha cambie de color madera a un negro intenso.

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Las palabras ahogadas en los labios quedan. Los ojos morados de Mangetsu cambian violentamente su coloración a un profundo negro. El Shinobi Gatana comienza a tener un dolor de cabeza de gran magnitud, pues se resiste a ser controlado; la tortura a su cuerpo y mente es insoportable, lo que hace que el Hozuki finalmente se entregue al control del marionetista de ninjas resurrectos. Los clones que sostenían el Casco Disidente y la Aguja de Coser desaparecen, dejando las espadas libres. Toma el pergamino en donde guarda a las Espadas, extendiéndolo.

—Creo que quien lo controla se ha dado cuenta de nuestro plan. ¡Estén atentos! —menciona Kakashi.
—¡Hai! —responden todos los acompañantes del Ninja Copia.
—¿Estás listo, Sai? —dirigiendose Kakashi al artista.
—Todo preparado —responde el referido.

Kakashi se dispone a imbuir la Kubikiri en chakra Raiton de nueva cuenta, mientras que Sai y Maki extienden sus respectivos pergaminos; Maito Gai protege a estos dos últimos. A punto de hacer contacto con su adversario, Kubikirihoucho es súbitamente detenida por una enorme maza en el último segundo.

—¿Qué ha sucedido? —gritan Sai y Maki.
—Parece que Mangetsu ha logrado detener a...¡No es posible! —grita Gai con el rostro perlado en sudor.
—¿Qué sucede, Gai-sensei? —pregunta Lee sin darse cuenta de lo que sucede.
—¡Esa, esa...esa es! —señalando Gai tembloroso hacia Mangetsu.

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Dos sombras están por arribar a un sitio escarpado, en donde puede verse una cueva en la base de las montañas. Una vez en tierra, las sombras se introducen en la caverna, disolviéndose en la oscuridad. Una de ellas ejecuta un extraño jutsu, como si tratase de comprimir el tiempo y el espacio en un solo punto, generando un remolino con tal acción. Minutos más tarde, un cuerpo es arrojado al suelo de forma brusca y comienza a ser rodeado por otras cuatro sombras impasibles, siniestras y frías. Uno de estos oscuros fantasmas observa el cuerpo con cierto aire de nostalgia, comenzando repentinamente a llorar. Una sombra de grandes contornos y ojos brillantes que se hallaba a unos metros fuera del círculo de seis personas, nota la acción con una fría mirada. La sombra de brillantes ojos comienza a padecer una cefalea de proporciones descomunales, pues su cabeza comienza a resquebrajarse, desprendiendo unos cuantos trozos de la ceniza con la que estos cuerpos se sostenían. El dolor padecido por la silueta, femenina al parecer, hace que su céreo rostro se endurezca más. Sin embargo, una lágrima traicionera consigue salir de esos ojos siniestros, cayendo en las mejillas marcadas con cuernos de toro de un hombre moreno de lentes oscuros. Yuugito debe contener el dolor intenso de ver a su camarada caído ante los enemigos de la Nube, so pena de ser torturada con el Sharingan y el Rinnegan de la persona que permanece a la distancia.

—Es momento. Sólo tomará cuatro horas —mencionaba una voz.
—¿Crees que funcione con ellos? —pregunta una voz que parece fastidiada
—Fueron los shinobi de mayor poder. No debería ser problema —responde una voz gutural y siniestra.
—Zetsu. Infórmame de la actual localización de Kabuto. Debo hablar con él.
—Como ordenes, Tobi.

Zetsu se introduce en las entrañas de la roca que conforma el áspero paisaje montañoso donde se encuentran. Cuando Zetsu desaparece, Tobi ordena a los Jinchuuriki profanados reunirse en cada uno de los dedos del Gedo Mazo para así comenzar la extracción del Hachibi. Así mismo, el enmascarado coloca sus manos en la tapa de la Benishisago.

—Usaré el chakra residual del Kyuubi que permanece sellado en Kinkaku y Ginkaku mientras logro hallar al... —y dirigiendo su mirada hacia los Jinchuuriki—. No, usaré Ningedo en el Hachibi para saber dónde se encuentra...Uzumaki Naruto.


Hola a todos!

Lo sé, dije que los capítulos de Pain and Love serían cortos. Y este es más largo de lo normal; pero, consideré que las ideas aquí vertidas no podía ponerlas por separado.