CAP II: ¡ATCHEM!
Eran las 3'30h de la mañana y solo se escuchaba a los gatos del vecino maullar. Entonces Anko se levantó, cogió la alpargata y se la estrelló a uno de los gatos; instantes después, se escuchó un bufido:
- ¿Qué quieres que te saque a mi amiga? – dijo Anko gritando. Kakashi se cayó de la cama y le preguntó medio dormido:
- ¿Anko?¿ Con quién hablas a estas horas de la mañana?-
- Con el gato, ¿Con quién quieres que hable? – le preguntó Anko.
- Buenas noches, Anko.- le dijo Kakashi dejándola como un caso aparte. Anko se metió en la cama y no podía conciliar el sueño. Tenía frío y calor, se tapaba y se destapaba.
- Anko, ¿Qué pasa? Ni duermes ni dejas dormir – dijo Kakashi.
- Pues vete al sofá – le contestó y entonces Kakashi se dio cuenta de que no se encontraba bien y tenía fiebre.
- Anko voy a traer el termómetro – dijo Kakashi.
- No, no, ya estoy bien… ¡ATCHEM! – dijo Anko.
- Espera que te traigo un pañuelo- le ofreció Kakashi.
- ¡Quieres dejar de traer cosas y hacer algo! – dijo Anko.
- Anko, tus cambios de humor no me gustan – dijo Kakashi.
- A mi tampoco – dijo Anko entre sollozos.
- Bueno, Anko tranquila que yo voy a…- dijo Kakashi.
- ¡No me dejes sola! ¿Qué pasa, te quieres ir con Yügao?- dijo Anko.
- Anko, deja de hablar de Yügao. – le dijo Kakashi.
- Pero, ¿dónde vas, Kakashi? – le preguntó Anko.
- Voy a buscar a Sakura - contestó Kakashi.
- Deja a la pobre que duerma – le replicó Anko.
- Es que no sé qué te tienes que tomar para la fiebre, ni para el resfriado. – le dijo Kakashi.
- Kakashi, yo nunca he tomado medicamentos. –
- ¿Qué nunca has qué? . -pregunto Kakashi confundido.
- Es lo que tiene criarse con Orochimaru, ¡SUPERVIVENCIA! – dijo Anko.
- Me había olvidado de ese pequeño detalle – dijo Kakashi.
-Solo es un detalle. – dijo Anko, cuando de pronto tuvo una idea – ve, ves a buscarme más dangos y se me quitará todo, pero… ¡Vuelve pronto! ¿Vale? – dijo Anko riéndose.
Kakashi mira el reloj y se da cuenta de la hora que es, 4'10 de la madrugada. Se pregunta "¿Quién tendrá una tienda de dangos abierta a estas horas?".
- Bueno, ahora vendré, o eso creo – dijo Kakashi.
- Venga cariño, que yo sé que por nuestro niño encontrarás una tienda de dangos abierta – le dijo cariñosamente Anko a Kakashi.
Él le dio un beso y fue a buscar los dangos. Fueron pasando las horas y Anko se quedó dormida. Kakashi esperó hasta las 7:30h hasta que el dueño de la tienda abriera, cuando abrió, Kakashi compró los dangos. Cuando llegó a casa entró, dejó los dangos en la mesa y fue a buscar a Anko a la habitación, y al entrar vio a esta durmiendo.
- Tanto para esto, si lo sé no voy; pero todo sea por Anko – dijo Kakashi cambiándose y metiéndose en la cama. Kakashi tocó a Anko y vio que tenía bastante fiebre. Aunque estuviera durmiendo la tuvo que despertar.
- ¿Ya es de día? – preguntó Anko adormilada.
- Sí, y ahora nos vamos al médico – le dijo Kakashi.
- Aah… ¡no! – dijo Anko.
- ¿Por qué no? No te encuentras bien así que iremos al hospital, ¿vale? – le dijo Kakashi.
- No me vas a meter en un hospital – dijo Anko replicando.
- Anko, no estamos para tantas quejas, que tú aún no me has visto serio – dijo Kakashi cambiando su cara de parecer.
- ¿Me estas vacilando? – preguntó Anko.
En ese instante Kakashi la cogió y se dirigieron al hospital con Anko pegándole voces. Al llegar al hospital entraron en la consulta de Tsunade.
- ¡Kakashi te voy a matar! – gritó Anko.
- ¿Qué pasa, Anko?¿Por qué chillas en el hospital? – dijo Tsunade. Cuando Tsunade acabó de hablar, Anko le estornudó encima.
- Pasa a la consulta, anda – dijo Tsunade.
- Andando no, voy corriendo…estas que sí, ni de coña entro, que no, no y no, no quiero entrar, nooooo – dijo Anko hablando sarcásticamente y entre sollozos.
- Anko, tus cambios de humor no me gustan – dijo Kakashi.
Entonces Anko se giró y le dirigió una mirada envenenada
- ¿Quieres que te saque a mi amiga? – preguntó Anko.
- Mira Anko, podemos hacerlo por las buenas o por las malas; por las buenas, entras y ya está o te pongo un calmante y entras. – dijo Tsunade enseñándole una inyección.
- No, no, no me pinches con esa aguja – dijo Anko retrocediendo hasta el final del pasillo – Kakashi protégeme – acabó diciendo Anko mientras dos enfermeras la cogían por los brazos.
- No, por favor; Tsunade no me pinches – le dijo Anko suplicando.
- Anko compórtate que eres una jonnin; no te pueden dar miedo las agujas. – le dijo Tsunade.
- Tú no pasaste tu infancia con Orochimaru – dijo Anko mientras las enfermeras la arrastraban hacia la consulta.
- Anko, te espero fuera – le dijo Kakashi.
- Noooo, Kakashi, nooo, no me abandones; además todo es por tu culpa, si no se te hubiera caído ese cubo yo no estaría aquí y no tendría que sufrir. – dijo Anko sollozando.
- Es que si tú no hubieras pasado por ahí – dijo Kakashi defendiéndose.
- Si tu no hubieses tirado el agua – dijo Anko haciéndole ver que no tenía razón.
- ¿A qué os despido a los dos? – dijo Tsunade.
- ¡Valeee! Si con eso me dejas irme, hazlo. – le contestó Anko.
- Anko, tira para dentro – dijo Kakashi.
- Vale, si no me pincháis entro, sino no entro – dijo Anko cruzando los brazos.
- Bueno, pero no puedes rechistar ni decir nada, serás buena, ¿entendido? – dijo Tsunade.
- Si te pasas te saco a mi amiga – le dijo Anko a la Hokage.
- Más te vale que todo lo que estás diciendo sea porque tienes fiebre.
- Venga Anko, que si te portas muy, muy, muy bien te daré un regalito – le dijo Tsunade pensando que la idea le iba a gustar.
- ¿El qué? ¿Una piruleta? ¿De fresa? – le preguntó Anko divertida.
- No estaba pensando en eso precisamente – le dijo Tsunade al escuchar su pregunta.
- ¿Ah no? – pregunto Anko con curiosidad.
- No – le contestó la Hokage poniéndose seria. – Anko, entra y ya veremos que te doy de recompensa.
Entraron en la consulta y Anko se tumbó en la camilla. Acto seguido Tsunade la empezó a examinar. Cuando acabó, Anko le dijo:
- Más te vale que me des mi recompensa – Tsunade sacó de un estante una caja y se la dio.
- Toma, tu recompensa; son para que te baje la fiebre, ¿vale? – le explicó Tsunade.
- ¡TIMADORA! – le dijo Anko a Tsunade.
- ¡Sal de la consulta antes de que me lo piense mejor! – le contestó Tsunade aguantándose la risa.
- Sí, Tsunade-sama – dijo Anko mientras salía de la consulta.
Al salir, Anko se estaba dirigiendo a la papelera para tirar las pastillas cuando de pronto Kakashi se asomó por su hombro y le dijo:
- ¿Qué haces? – preguntó Kakashi.
- ¿Yo? ¿Qué voy a hacer yo? Nada, hombre, nada… - dijo Anko poniéndose nerviosa.
- Más te vale que no hagas nada – le dijo Kakashi – vámonos a casa.
Entonces llegaron a casa y Anko se tomó las pastillas, no con muchas ganas y después Kakashi cuidó de ella con sacrificio y esfuerzo hasta que se recuperó.
