Bueno, comenzamos esta semana con un nuevo capítulo. Ahora el Luffy del otro mundo enfrentará las consecuencias de su fama como pirata, la cual desconoce completamente. Espero que les guste.
-8-
En la base naval.
Las olas golpearon el casco del enorme buque de guerra mientras éste avanzaba por el mar con total tranquilidad. Dentro del navío, en la zona de prisioneros, se encontraba Smoker sentado frente a Luffy, el cual estaba esposado y sin embargo, reía. El usuario de logia respiró un espeso humo mientras analizaba el rostro tranquilo del pirata, sabía muy en el fondo que tampoco tenía que estar nervioso, pues Mugiwara siempre escapaba, tal vez no de la manera más cautelosa, pero siempre lo hacía.
El Vice-Almirante carraspeó un poco, para llamar la atención del muchacho. Luffy simplemente le sonrió amistosamente.
—¿Fumas? – le preguntó inocentemente. —Pensé que era una persona muy sana, Smoker-san. – el marino frunció el ceño.
—No siempre fumé. Pero, desde que comí la fruta del diablo sentí la necesidad de hacerlo.- confesó sin mucha intensión, simplemente era una pregunta que respondió con sinceridad.
—¿Fruta del diablo? – Luffy ladeó la cabeza con una enorme interrogante en su rostro.
—Déjate de bromas, Mugiwara. No he venido a contarte algo que tú sabes de sobra.
—Tch. – chistó algo irritado. —¿Por qué todos aquí me llaman así? Yo nunca he usado un sombrero de paja en mi vida.
Entonces el marine se descolocó.
—Hoy estás muy raro. – dejó salir humo de su boca pero no fue por su habano, pues acababa de terminarlo.
—¿El humo se te junta en los pulmones? – preguntó curioso.
—¿Es que lo has olvidado? Mi Moku Moku no Mi me permite convertirme en humo.
—¿De verdad? ¿Es posible hacer eso? ¡Ah, pues claro, lo olvidaba! Esto no más que un producto de mi imaginación. – recargó la cabeza en los barrotes con risa. Smoker tenía la cada completamente desencajada, no era normal que Luffy se comportara así, por más idiota que pudiera ser, cuando los dos se enfrentaban siempre mantenía un margen de estupidez e ingenuidad que no rebasaba más de lo debido. El marino se llevó una mano a su barbilla.
Sí, la persona que estaba frente a él era Mugiwara no Luffy, claro, a excepción de que no traía su sombrero, cosa característica en él. Pero el resto de su apariencia, su voz, su ropa y cicatriz, todo encajaba a la perfección con sus estatutos.
—¿A qué te refieres con producto de tu imaginación? – le interrogó intrigado.
—Bueno, en realidad no tiene caso que te lo diga. Nee, Smoker-san, ¿A dónde me llevan?
—Vamos a la base naval de Luscka. Es el puerto más cercano, te aprisionaremos ahí y declararemos tu sentencia. Yo seré, personalmente tu guardia hasta que lleguemos ahí. – dijo con tranquilidad, ignorando momentáneamente los comentarios anteriores del moreno.
—¿Me van a… encerrar en prisión, verdad?
—Así es. – pero Smoker a pesar de todo, seguía dudando. —¿No estás asustado?
—Mmm… - pareció pensárselo. —Un poco, creo. Pero no importa, mis compañeros vendrán por mí. – eso era lo que Smoker temía. Conocía a los Mugiwaras, tuvo en incontables ocasiones la oportunidad de medir su fuerza y le constaba que, cuando trabajaban en equipo no había nada que pudiera hacerles frente.
—Esperaba que dijeras que no estabas asustado. – se cruzó de brazos.
—No soy muy bueno mintiendo. – explicó el moreno. —Por cierto, Smoker-san, ¿No has visto a mi abuelo?
—No. – le respondió con monotonía. —¿Por qué de pronto me llamas con tanto respeto? – también se había dado cuenta de eso.
—¿Por qué habría de tratar irrespetuosamente al hombre que me salvó la vida? – su contestación fue tan condenadamente honesta que el marine se tensó. Él nunca había hecho tal cosa. Bien, admitía que en ocasiones le había dejado escapar o le había ayudado, pero salvarle la vida como tal, nunca. De hecho, Luffy sí le había salvado.
—Yo nunca he… - pero después se calló y frunció el ceño. Llevó una de sus manos a las mejillas de Luffy y lo pellizcó sin ningún escrúpulo.
—Ay, ¿Qué hace? – se quejó el muchacho. Smoker intentó estirar su mejilla y esta lo hizo en un promedio normal para un humano común. Le soltó enseguida.
—¿Cuál es tu nombre? – preguntó dudoso.
—Luffy.
—Completo.
—Monkey D. Luffy. – se llevó las manos esposadas a su mejilla y acarició el sitio, éste estaba irritado.
—No… no sentí la goma. – dijo intrigado para sí mismo.
—¿Goma? – Luffy alzó una ceja. —¿Cómo que goma?
Inmediatamente y sin decir nada se levantó. Salió de ahí ignorando la voz de Luffy, quien le preguntaba hacia donde se dirigía. Salió a cubierta, Tashigi estaba ahí, esperándole.
—Smoker-san. – él pasó de lleno y la ignoró, parecía estar sumergido en sus pensamientos. Se recargó contra la borda del barco y suspiró al mismo tiempo que una bocanada de humo emergía de su nariz y boca. La espadachín se acercó a él insegura, pues no se veía contento, seguramente su charla con Mugiwara había sido desagradable.
—Toque a Mugiwara. – dijo sin más y la mujer prestó atención. —Su cuerpo no se sentía de goma. – expresó, algo en su voz sonaba indeciso.
—¿Qué quiere decir?
—Sentí su piel como la de un humano normal. – aclaró.
—Pero, Mugiwara tenía puestas las esposas de Kairoseki, probablemente sea por eso.
—¿Tú crees? – Smoker se enderezó. —Mantén tus ojos abiertos, no sabemos si los Mugiwara nos vayan a interceptar en cualquier momento.
—Sí. – se llevó una mano a la frente. —¿A dónde va?
—Iré a descansar. – entró en los camarotes, lo que en realidad deseaba era pensar a cerca de sus sospechas.
Smoker comenzaba a creer, sólo con suposiciones, que ese chico no era Mugiwara.
Así, después de pasar más de medio día navegando, el buque llegó a una isla habitada en cuyo centro se encontraba un gran edificio de la Marina. Bajaron a Luffy completamente rodeados, a pesar de estar apresado por las esposas, los infantes se mantenían alertas puesto que, según los rumores, Mugiwara era sumamente fuerte y no se debía subestimar sólo por su pueril imagen.
Fue el Vice-Almirante Momonga quien los recibió. Estaba en las cercanías cuando recibió la noticia y decidió ir lo más pronto posible para verlo con sus propios ojos. Además, serviría de apoyo para la base.
La base Luscka no era la más fuerte de todas, pero sí la más cercana, necesitaban meter a Mugiwara en una celda para dar un informa completo al Cuartel General y así, decidir su sentencia. Aunque lo más probable era que le ejecutaran.
—Smoker-san. – saludó Momonga con cordialidad una vez que se topó con el Vice-Almirante al mando y contempló a Mugiwara, el cual estaba muy quieto y tranquilo, en una celda de kairoseki con esposas del mismo material. —Veo que han logrado algo increíble. – admitía, desde que estuvo en Marineford, que Mugiwara no Luffy era un enemigo de temer y no se tenía que tomar a la ligera.
—Trasladaremos a este pirata a una celda de seguridad de la base. ¿Lo tienen todo preparado?
—Sí, también dispondremos de vigilia durante todo el proceso legal. Si es necesario, yo mismo guardaré de Mugiwara no Luffy hasta que recibamos órdenes del Almirante de la flota.
—Sí, está bien. – Smoker ordenó que trasladaran a Luffy hasta el interior de la base. Lo llevaron un total de veinte marines armados hasta los dientes, listos para saltar sobre Luffy si este intentaba algo. Era claro también, que la seguridad nunca dejaría de faltar, puesto que también habían escuchado que el pirata del Sombrero de Paja poseía la habilidad del Haki del rey. Era una agradable sorpresa que no la hubiese usado hasta ahora.
Llevaron a Luffy al último pasillo que componía la prisión. La última celda y la más dura. Reforzada con kairoseki especialmente para usuarios así grilletes del mismo metal y fuertes bisagras. Smoker le ordenó al moreno entrar a ese lugar y aunque Luffy le obedeció dócilmente, se sintió extrañado por que no hubiese protestado o hecho mala cara. El marine observó al muchacho por última vez, ¿Por qué algo dentro de él le insistía en que no estaba haciendo lo correcto? Suspiró notoriamente y Momonga, quien estaba a su lado junto con Tashigi percibió su estrés.
—¿Se encuentra bien, Smoker-san?
—Perfectamente. – ordenó la retirada de los cadetes. —Mugiwara, cuando decidamos tu sentencia, vendré por ti. – declaró con rudeza a lo que Luffy sencillamente asintió.
—Está bien, Smoker-san. – se limitó a decir. De nuevo, el Cazador Blanco volví a sentirse sofocado.
—Vámonos. – ordenó a las tropas retirarse, no obstante un total de cinco guardias se quedaron en el calabozo, cuidando de que nada se saliera de control.
El sonido de la puerta de hierro al cerrarse y la oscuridad que vino a continuación fueron un contrapunto armónico para el largo suspiro de Luffy. El muchacho se recargó contra la pared contraría de la celda mientras observaba sus manos envueltas en kairoseki. No estaba seguro a que se referían con esa palabra pero por lo visto se trataba de un metal tan duro como el acero.
Sacudió la cabeza con aburrimiento, no es que le intimidara estar encerrado en un calabozo, pero el tiempo ahí pasaría tan lento que se moriría de expectación. Cerró los ojos un momento, no estaba completamente seguro de cómo funcionaban las cosas en ese mundo, pero lo que sí sabía es que eran desconcertantes. La última vez que había visto a Smoker fue en una junta anual de marines a la cual su abuelo les invitó y Luffy asistió. Se había hecho amigo del ahora Comodoro Smoker, el cual simplemente era muy rancio para relacionarse con los demás. El marino que él conocía era un hombre duro pero justo y desde la vez que le había salvado la vida en aquel incidente, había mantenido contacto con él.
Entonces pensó ligeramente en su conversación pasada. ¿Qué diablos sería una fruta del diablo? Podría haber jurado que el humo que exhalaba no era por su tabaco, era como si éste hubiese salido desde adentro de su cuerpo. Además, también le intrigaba la manera en la que muchos se expresaban de él. Cuando se topó con aquel marinero en el restaurante pudo percibir cierto temor en su rostro.
Y otra cosa, ¿Mugiwara? Él nunca había usado sombrero en su vida, generalmente le molestaban, sentía que le calentaban mucho la cabeza. Simplemente no eran de su elección a la hora de vestir. Pero… si su epíteto era Sombrero de Paja, entonces tendría que tener relación con la situación actual. Luffy frunció el ceño al tiempo que cerraba los ojos, generalmente no le gustaba razonar mucho, pero en ocasiones podía llegar a ser sumamente brillante.
La inteligencia, heredada de Dragón sin duda, se manifestaba en situaciones duras y en donde era siempre necesario usar el cerebro para resolver un problema. Ace solía decirle, que él podría hacer todo lo que quisiera, pues determinación y cerebro tenía, sólo que siempre había sido un vago y un despistado muchacho que le gustaba sentir el aire en su piel a la sofocante tensión de una oficina.
Iba a continuar con sus debates individuales cuando escuchó algo bastante simpático y extraño a su alrededor. Luffy alzó la vista para buscar lo que fuera que hiciera ese ruido. No podía estar equivocado, se trataba de unos ronquidos. Enfocó la vista, pues estaba muy oscuro, pero se dio cuenta que frente a él en otra celda, escondido entre las sombras se hallaba un hombre.
No podía distinguirlo bien, pero aparentemente tenía una chaqueta larga, pantalones y botas. En su cabeza, un pequeño destello que emergía por una pequeña rendija le daba la oportunidad de hacerle ver un sombrero de copa que no era muy alto. El sujeto no parecía estar atado como él y de hecho, estaba recargado a la pared durmiendo cómodamente.
Era evidente que esa persona no estaba completamente de acuerdo con el estatus que suele manifestarse en todo reo. La desesperación no perfilaba en él, además de que sus ronquidos eran resonantes y contagiosos. Luffy soltó una leve carcajada cuando comenzó a sonar irregular, como si de pronto se hubiese ahogado con saliva. De repente el sujeto pareció despertar de su sueño y ante una revoltosa serie de tos y carraspeo aclaró su garganta y se llevó una mano al rostro, limpiándose a la altura de la boca.
—Mmm… - gruñó mientras estiraba los brazos y las piernas. Luffy sonrió. El hombre cayó en cuenta que no estaba solo. Por un momento todo regresó al mutismo hasta que habló. —Hola. – dijo con simpleza.
—Hola. – saludó animado Luffy.
—¿Desde hace cuánto estás ahí? – preguntó, mientras acomodaba su cuerpo hasta estar sentado en flor de loto. La luz tan nítida que se fundía por la pared no le dejaba ver más allá de lo descrito.
—Acabo de llegar. – contestó como si estuvieran hablando del clima.
—No escuche nada. – su compañero de cárcel pareció reparar en las esposas que portaba. —Veo que eres un sujeto peligroso.
—¿Por qué lo dices?
—Se han tomado la molestia de esposarte a pesar del encierro. – el tipo soltó una carcajada irónica. —Los marines y sus paranoias.
—Ellos dicen muchas cosas de mí. – se encogió de hombros.
—Ellos dicen muchas cosas de todo el mundo. – explicó el muchacho, pues aparentemente su voz sonaba a la de alguien joven.
—¿Qué dicen de ti?
—Nada que yo sepa. – su cabeza se recargó sobre su hombro. —No suenas de mucha edad, ¿Cuántos años tienes?
—Diecinueve. Tú tampoco suenas muy viejo.
—No, tengo veintidós. – contestó sin nada más.
—Lo sospeché. – sonrió ante su descubrimiento.
—Je, yo también supuse que eras una persona joven.
Otro periodo de silencio se cruzó entre ellos.
—¿Así qué… te encerraron aquí por…? – cuestionó su compañero de celda a lo que Luffy encogió los hombros sin nada de preocupación.
—Soy un pirata.
—¿Eres muy famoso?
—Eso parece.
—¿Parece? – su voz detonó gracia. —No te oyes convencido.
—Quien sabe. – volvió a decir desinteresado. —¿Por qué estás aquí?
—Por ser un desvergonzado. – rio inevitablemente.
—¿Qué hiciste? – cuestionó Luffy, bastante entretenido por la conversación.
—En cinco días, entré a quince restaurantes diferentes... y me fui sin pagar la cuenta. –algo recobró ánimo en la voz de aquel sujeto. —Aún recuerdo la cara de los dueños… pero no pude evitarlo, moría de hambre.
—Es comprensible. – Luffy asintió, seguramente él hubiera hecho lo mismo.
—¿Verdad que sí? Pero esas personas no entienden. Es obvio que cuando estás hambriento y no tienes dinero comes más que cuando traes. – parecía tomárselo con humor. —Pero bueno… no los puedo culpar después de todo. Comí sin retribuir su trabajo, ya sabes, no es justo. – suspiró. —Los dueños de los locales hicieron tal escándalo que decidieron encerrarme en las mazmorras mayores. ¡Cuánta gracia me da! – se cruzó de brazos. —¿No es un poco exagerado?
—¡Claro! – contribuyó Luffy. —¡La comida debería ser gratis siempre!
—¡Tú si entiendes mi sentir!
—¡Yo hubiera hecho lo mismo! ¡Shishishi! – a continuación los dos se rieron con gracia y tranquilidad.
—Ah, me caes bien, chico. ¿Cómo te llamas?
—Luffy.
—Bien, Luffy. Creo que he hablado de más para no haber sabido tu nombre. – sonrió en la oscuridad. —Puedes llamarse S.
—¿S? ¿Te refieres al sonido de las serpientes o a la letra?
—¡A la letra por supuesto! – volvió a soltar una carcajada. —¡Eres divertidísimo! ¿Por qué te encerraron aquí?
—Ya te lo dije, soy pirata.
—Ajá. ¿Asaltaste a un galeón repleto de oro? ¿Mataste a un noble o a algún marine? ¿Saqueaste una aldea? Sé más específico por favor. – cuestionó curioso.
—Simplemente… por ser un pirata. Nunca he hecho nada de lo que dices. – abogó sin mucho interés.
—Mmm, tal vez te metieron aquí por una exageración, como a mí.
—¿Tú crees? Yo sólo quería aventuras.
—Bueno, esta será prefecta para contarle a los nietos.
—Eso es cierto, ¡Shishishi!
—Tu risa es contagiosa. – comentó S.
—Tú tienes un buen humor. ¿Cuánto tiempo tienes encerrado?
—Creo que cinco días. En fin, sólo me sentenciaron por una semana.
—Yo no tengo idea de cuánto tiempo estaré aquí, Smoker-san dijo que decidirían mi sentencia.
—¿Smoker? Ah, creo que sé de quién hablas, es un marine un tanto amargado, ¿No crees? Lo he visto una vez y me causó esa impresión.
—Bueno, sí, a simple vista pareciera que está estreñido.
—Tienes buena vista, entonces.
—¿Si está estreñido? – alzó ambas cejas.
—No lo sé, lo digo porque fue la misma impresión que me dio a mí. – sonrió entre las umbras, sin que Luffy pudiera darse cuenta. De nuevo otra pausa se hizo entre ambos. —Eres agradable, chico.
—Tú también S. – Luffy miró sus esposas y una expresión comprensiva y a la vez esperanzada cruzó su rostro. —Pronto estarán aquí y podré irme.
—¿Quiénes?
—Mis nakamas. – argumentó con una confianza excepcional. —Sé que vendrán a ayudarme. – tenía fe en ellos, a pesar de que en su mundo no fuesen tan decididos, sabía que no lo dejarían solo.
—Cierto, dijiste que eras pirata. ¿Eres el capitán?
—Así es. – lo dijo con orgullo mientras hacía sonar sus cadenas aburrido. —Ellos vendrán con el barco más increíble que hubieras visto antes.
—Pues cuando tus nakamas lleguen y te saquen de aquí, ¿Podrías llevarme a la próxima isla? Ahí están esperándome algunos compañeros míos.
—¿Tú también eres pirata?
—Algo así. – recargó su cabeza en la pared que estaba detrás de él.
—¿Y si es así, porqué ellos no vienen a rescatarte?
—Yo se los pedí. – miró a Luffy y por primera vez el moreno pudo captar el brillo de sus ojos. Por debajo de su sombrero de tela, observó un destello singular, él estaba muy seguro de si mismo.
—¿Por qué? – seguía curioso.
—Porque no quería causar un escándalo. Además, yo me lo busqué y creo que es justo que pague por lo que hice, ¿No crees? Prácticamente robe, así que por cada mala acción corresponde un castigo. – profesó con sabiduría y mucha determinación, Luffy sintió como si estuviera escuchando a su padre hablar.
Dragón siempre hablaba de ese tipo de cosas, él era un hombre justo y muy decidido, siempre cometía actos de valor cuando eran requeridos, y ese, era un hábito que quería enseñarle.
—Hablas como mi padre. – confesó el chico del otro mundo.
—Debe ser un hombre muy disciplinado. – correlacionó el otro.
—Supongo. – recargó su cabeza contra los barrotes. —Muero de hambre.
—Yo igual, espero que pronto nos traigan comida. – como si hubiesen sido invocados sus estómagos gruñeron parejos.
Y mientras Luffy congeniaba con su nuevo compañero de celda el caos se desataba entre los Mugiwaras. Quienes se encontraban todos en una junta grupal, mordiéndose las uñas e ideando un plan de búsqueda.
—¡No puedo creer que lo hayamos perdido de vista! – gritó histérica la navegante.
—¡Todo fue culpa de Brook! – señaló Usopp asustado del aura negra de su amiga.
—¡¿Yo?! – el esqueleto retrocedió. —¡Yo ni siquiera quería…!
—Ya, ya, los dos. – calmó Sanji. —No estamos en posición de pelearnos entre nosotros, primero tenemos que pensar en un plan para recatar a Luffy, claro, en caso de que esté preso.
—Creo que eso sería lo más factible. Posiblemente, ahora mismo estén tramitando su orden de ejecución.
—¡Robin, deja de decir esa clase de comentarios! – regañó Usopp.
—¡Ah, Robin-san siempre tan realista! – rio Brook.
—Muchachos, recuerden que estamos planeando recatar a Luffy. – recordó Chopper.
—Escuchen, necesitamos llegar con cautela a la Isla Miel, la Marina sabe que nosotros regresaremos tarde o temprano, el Sunny se dirige a la isla pero desembarcaremos en un lugar lejos del puerto, para no exponernos. – planteó Nami con astucia.
—¡Ah, Nami-swam me encanta cuando te pones creativa!
—¡Deja escuchar, cocinero! – gruñó Zoro.
—¡¿Me hablaste acaso?!
—Chicos. – llamó con fastidio la chica del bikini. —Esto es serio.
—Hai, lo siento Nami-san. – se disculpó cortésmente el rubio.
—Nami-san. – Arian tragó saliva. —¿Puedo ayudarle en algo?
—Descuida, Arian-kun. Nosotros podemos hacernos cargo. Ya lo tengo planeado. – miró a sus compañeros. —Nos dividiremos en dos equipos, Zoro, Sanji y Brook, ustedes se encargarán de hacer una distracción. Necesitamos un ataque frontal para llamar la atención de las fuerzas de los marines. – los tres asistieron. —Robin, Chopper y yo nos infiltraremos en la base, investigaremos el paradero de Luffy y lo traeremos de vuelta.
—Eso es súper Nami, pero ¿Qué haremos mientras? – preguntó Franky, señalándose él y Usopp.
—Eres muy grande para infiltrarse, así que te quedarás en el barco y nos esperaras preparado con un Coup de Burst. Usopp, lo mismo para ti, necesitaremos respaldo de un tirador cuando regresemos al barco.
—Está bien. – alzaron sus pulgares.
—Ustedes tres, necesitamos que luchen por el tiempo necesario, nosotros les diremos cuando hayamos recuperado a Luffy, para entonces tendrán que regresar al barco. – le dio un Den-Den Mushi bebé a Sanji. —Estaremos en contacto.
—De acuerdo.- dijeron los tres.
—Franky, ¿Ya casi llegamos?
—Sí, puedo ver la isla, atracaremos dentro de poco.
—Bien.- Nami alistó su arma. —Arian-kun, ¿Puedes quedarte con Franky?
—Sí, Nami-san.
—¡Yohohoho! Esto es emocionante.
Al llegar a la costa los grupos fueron a sus posiciones, necesitaban actuar rápido, puesto que Luffy estaba indefenso contra cualquier amenaza.
Como si se tratara de una caminata normal, Zoro, Sanji y Brook se pasearon tranquilamente por las calles de la ciudad hasta que llegaron a las puertas de las oficinas navales. Como era de sospecharse, los marinos estaban alertas, tenían guardias duplicadas y todos estaban armados hasta los dientes. Los piratas miraron interesados la fachada, a juzgar por cómo vigilaban los alrededores Luffy debía estar aprisionado en la mazmorra más segura de aquel desdichado departamento.
—Es momento. – Zoro desenvainó sus espadas y se colocó en guardia.
—¡Yohohoho! – Brook sacó su Soul Solid, sus intenciones eran claras.
—Oye, marimo, será mejor que tiremos la puerta. – sugirió Sanji al momento que encendía un cigarrillo.
—Retrocedan. – Zoro acumuló haki en el filo de sus armas. —¡Oni Giri!- y el resultado fue inmediato, todas las alarmas resonaron con fuerza y los marinos comenzaron a juntar filas de defensa.
—Interesante, parece que lo tenían planeado. – comentó Sanji, se ajustó la corbata a su cuello.
—Fase uno, completa. Espero que los demás estén listos. – dijo Zoro, una sonrisa ansiosa se dibujó irremediablemente en su rostro. Había llegado la hora de pelear.
…
Smoker observó el Den-Den Mushi como si fuera el invento más atroz sobre la faz de la tierra. Podía escuchar claramente la voz de Akainu del otro lado, no cabía duda. Tanto él como Momonga se encontraban en la oficina de la base, había comunicado al cuartel que tenían en su poder a Mugiwara no Luffy y que esperaban indicaciones oficiales para proceder.
Akainu, quien había interceptado la comunicación cuando oyó la mención del chico se encontraba en estos momentos dando las órdenes.
—Mandaré a Kizaru. – dijo roncamente. —Pero no es necesario que lo esperen. Su presencia sólo será una garantía para hacer esto oficial. Ojala pudiera ir yo mismo. – lo último lo argumentó con furia y satisfacción. —Esta vez nos aseguraremos del que el cuerpo de ese criminal quede bajo el cuidado de la marina. – inmediatamente cortó la comunicación.
Smoker tragó saliva y dejó emanar humo por la comisura de sus labios. El Vice-Almirante Momonga dejó la bocina en su lugar y miró a Smoker, el cual parecía tenso.
—¿Sucede algo?
—No. – intentó relajarse. —Aunque…
—¿Sí?
—Es extraño que los Mugiwara no hayan llegado todavía.
—Oh, eso. – el Vice-Almirante se relajó sobre un sillón. —El Vice-Almirante Strawberry se está haciendo cargo de eso. – se sirvió una copa de vino.
—¿Strawberry? – Smoker entornó los ojos. —¿Cómo?
—Después de la captura de Mugiwara nos notificaron a cuatro Vice-Almirantes a la vez. Doberman, Strawberry, usted y yo. Claro que usted prefirió adelantarse y hacerle escolta a Mugiwara.
—Ahora que lo mencionas, vi a Doberman hace poco, estaba atracando recién. – reflexionó el Cazador blanco.
—Conocemos la fuerza de Mugiwara y su banda, es por eso que decidimos actuar antes de que ellos supieran. – le ofreció vino al usuario y éste simplemente alzó la mano, tomando la botella. —Planeamos algo.
—¿Qué? – él no sabía nada acerca de eso.
—Un chivo expiatorio. Seguramente, los piratas del Sombrero de Paja regresarían por su capitán, después de Enies Lobby no me sorprendería, así que organizamos una mascarada. – al comprender sus palabras Smoker apretó la botella. —Lo más probable es que ellos estén en la Isla Miel, pensando que ahí tenemos a su capitán, pero en realidad se encuentra aquí.
—Una emboscada. – concluyó Smoker.
—Más o menos. De todas formas, si los piratas lograran escapar… - agregó Momonga, dando a entender que las posibilidades de que eso pasara eran altas o moderadas. —No podrían llegar a tiempo.
—Ya veo. – se levantó precipitadamente.
—¿A dónde va?
—A cenar. – cerró la puerta con algo de fuerza. Momonga simplemente observó la puerta durante unos segundos antes de dar otro sorbo a su copa.
…
Nami, Robin y Chopper se las habían arreglado para inmiscuirse por la zona trasera. La experta ladrona, la arqueóloga que había podido evadir al gobierno por más de 20 años y el usuario Zoan con un olfato de primera, ellos eran una buena combinación si se trataba de asaltar un edificio.
Nami, tan astuta como siempre, había logrado trazar un camino a base de precaución y movimientos anticipados. Era como cuando era más joven y asaltaba barcos piratas o guaridas de los mismos. Por otro lado, Robin se sentía un poco emocionada, aquella entrada silenciosa y cautelosa le recordaba a cuando era niña y se las ingeniaba para escapar de los agentes del gobierno. Chopper no tenía mucho que comentar, era la primera vez que hacía ese tipo de encargos.
Se había infiltrado por lo ductos de aire. En este momento se encontraban caminando por los pasillos, habían visto a varios marines corriendo de un lado a otro, todos armados y presurosos, comentando cosas como: Los Mugiwara están aquí.
—Deben tener a Luffy en lo más recóndito de esta base. – comentó Robin. El lugar no era tan grande, pero sí lo suficientemente engañoso.
—Se acerca alguien. – mencionó Chopper.
—Atrás de mí. – susurró Nami y enseguida creó un espejismo. Pasaron de largo al menos cinco marines.
—Deben estar enfrentando a los chicos. – espetó en voz baja Chopper.
—Démonos prisa, usaremos mis Mirage Tempo para llegar a la oficina principal, ahí buscaremos los registros. – Robin y Chopper asintieron.
Caminaron en silencio para no alertar a los guardias de su presencia. Incluso los Den Den Mushi de vigilancia eran incapaces de detectarlos. Cuando localizaron la entrada a la oficina principal Robin usó sus poderes para noquear a los guardias. Entraron en silencio, aún con el espejismo activado, cuando se dieron cuenta que no había nadie Nami lo deshizo.
—Busquen alguna orden de aprensión. – sugirió Robin al momento que se ponían a revisar las gavetas.
—Encontré algo. – mencionó Chopper. —Es un mapa de la base.
—Déjame ver. – Nami lo puso sobre la mesa. —Aquí está la prisión. – señaló entonces una sala que estaba justamente detrás de la oficina principal. No era algo grande.
—Vamos. – motivó la arqueóloga. Cruzaron el pasillo y se encontraron rápidamente con la celda. Se estaba haciendo tarde y no podía retrasarse más.
—Está cerrado. – declaró el reno cuando intentó abrirla.
—Yo la abriré. – para sorpresa de todos, Nami sacó de su cabello un pasador y se apresuró a hacer lo suyo.
—¡Oigan! – pero no esperaban con que algunos marines pasaran por ahí. —¡Son los piratas del Sombrero de Paja! – gritó uno alarmando a los demás. En pocos segundos se vieron rodeados por veinte hombres.
—Nosotros nos ocuparemos de esto. ¡Cuarenta Fleurs! – emergieron manos desde el cuerpo de aquello hombres quienes asustados intentaban liberarse del agarre de Nico Robin. —¡Clutch! – inmediatamente el sonido de las espinas rompiéndose se oyeron.
—¡Prepárense! – más marines llegaron.
—¡Kung Fu Point! – Chopper se transformó. Les atacó con las pezuñas a la vez que Robin seguía reventando huesos. Mientras Nami intentaba abrir la cerradura, independientemente de todos sus esfuerzos ésta taba sumamente difícil.
—¡Lo logré! – gritó y en ese instante Robin y Chopper terminaban de vencer a sus oponentes. Los tres abrieron la puerta precipitadamente y las bisagras de ésta hicieron un chillido espeluznante.
—¡Luffy! – gritaron al mismo tiempo pero entonces… se quedaron congelados.
…
—¡Yohohoho! – Brook saltaba de un lado a otro tocando el violín, había dormido a la mayoría de los marines y a otros más los atrapó en una ilusión. Después, se apresuraba a cortarles.
—¡Son muy persistentes! – gruñó Sanji, al momento que se quitaba de encima a cinco marines con sólo la fuerza de sus piernas.
—¡¿Esto es todo?! – Zoro por otro lado estaba más que emocionado. Sus katanas rebanaban sin piedad la de sus enemigos y no escatimaba en mandarlos a volar. El poderoso Kokuhyou Ootatsumaki era imparable y los ánimos de Zoro comenzaban a contagiarle. La pelea era entretenida, ya tenían bastante tiempo sin combatir, pero tampoco podía confiarse, pues esta era una misión de rescate.
—Qué raro. – profesó Sanji. Estaba de pie, esquivando son ninguna dificultad los embates de algunos espadachines marines.
—¿Qué sucede, Sanji-san? – Brook se acercaba lentamente hasta él, acababa de cortar sin ningún problema a un grupo de enemigos.
—Estos marines pelean sin mucha estrategia. Es como si… - detuvo sus palabras para apalear a uno.
—Me pregunto si Nami-san, Robin-san y Chopper-san lograron llegar donde Luffy-san. – el esqueleto movió su espada a una velocidad envidiable, acababa de cortar a otro enemigo.
—No se preocupen por ellos. – exclamó Zoro. —En cualquier momento nos llamaran.
—Eso espero. – Sanji miró a las decenas de marines que insistían en acercarse. —Creo que tenemos diversión para rato.
…
Los ojos de los tres se toparon con unos que jamás habían visto. Lo que esperaron que fuera una escena gloriosa en donde rescataban a su nakama caído pronto se transformó en la imagen exacta de una trampa.
—Es un oficial de élite. – dijo Robin, analizando su chaqueta.
La celda estaba vacía y abierta con un Vice-Almirante dentro de ella, esperando pacientemente. El hombre se levantó con pereza y los observó sin mucho interés.
—La Gata Ladrona, La Niña Demonio y el Amante del Algodón de Azúcar. – suspiró cansinamente. —Los estaba esperando. –desenvainó su espada.
—¿Quién eres? - preguntó Robin, podía jurar que le había visto antes.
—Soy el Vice-Almirante Strawberry. – inclinó la cabeza. —Nos vimos antes en Enies Lobby. – dijo como si le hubiese leído la mente a la poseedora de la Hana Hana no Mi.
—¿Vice-Almirante? – Nami tragó saliva. Aunque eran más fuertes que antes, la idea de enfrentar a un Vice-Almirante le causaba escalofríos.
—¿Dónde está Luffy? – demandó Chopper, aún en su Kung Fu Point.
—No aquí, eso es seguro. – comenzó a caminar donde ellos.
—No dé un paso más. – advirtió Robin, colocándose en guardia.
—Conozco su fama… piratas del Sombrero de Paja, no seré blando sólo porque se trate de dos mujeres y un animal. – claramente emanaba seguridad.
—¡Tres Fleurs! – finalmente Robin se dedicó a atacarle. Pero en un destello el Vice-Almirante desapeció.
—¡Soru! – gritó y entonces se ubicó al lado de Robin, la tomó del cuello y pasó su espada amenazantemente.
—¡Robin! – Nami y Chopper se conmocionaron.
—Ya te tengo.
—Eso crees. – la mujer se desvaneció en sus brazos dejándole con sólo pétalos de flor.
—¿Desapareció? – no captó el golpe de Chopper el cual le atinó certeramente en el pecho. El Vice-Almirante dio contra la pared.
—¿Dónde está Robin?
—Aquí. – apareció detrás de ellos. —Este hombre es fuerte, tenemos que tener mucho cuidado.
—Sólo me tomaron por sorpresa. – se levantó elegantemente del suelo.
—Maldición.- exclamó Chopper. —Nami, avísale a los demás, yo lo detendré.
—Te ayudaré. – Robin se unió a él. Nami asintió y se apresuró a salir.
—No saldrás de este cuarto. – Strawberry se apresuró a llegar donde ella, pero antes de colocarle una mano encima fue atrapado por los brazos de Robin. Usando sólo fuerza bruta, el Vice-Almirante se liberó de ella y alcanzó a tomar a Nami de un brazo. El Den Den Mushi bebé cayó al suelo y rodó fuera del alcance de la navegante.
—¡Nami, Robin! – Chopper llegó donde el marino y le propinó una buena senda de golpes. Adolorido soltó a la chica de pelo naranja. Nami se apresuró a recoger el comunicador pero no logró encontrarlo.
—Dónde demonios…
—¡Rankyaku! – el Vice-Almirante creó una corriente cortante de aire la cual destrozo la habitación. Chopper y Robin se levantaron inmediatamente. —¡Rankyaku Gaicho! – como si se tratara de un enorme águila hecho de aire los Mugiwara tuvieron que esquivar a duras penas la potente ráfaga que terminó por destrozar las paredes de aquella prisión.
—Chopper. – exclamó Robin, al darse cuenta que necesitaban acabarle de un solo golpe. —Tengo un plan. – el reno asintió.
Mientras, Nami corría entre el pasillo para llegar a la oficina principal. Había perdido el Den Den Mushi bebé así que no había tiempo que perder. Buscó en el escritorio algo para comunicarse con sus compañeros y encontró un Den Den Mushi utilizado como altavoz. Se apresuró a activarlo y lo probó.
—¡¿Me escuchan?! – gritó y en toda la base se detectó la voz de Nami. Zoro, Sanji y Brook la escucharon y atendieron. —¡Estamos dentro de la base…! – gritó mientras su aliento escapaba. —¡Es una trampa! – informó. —¡Es una trampa! – repitió. —¡Luffy no está aquí!
—¡¿Qué?! – los tres abrieron los ojos azorados.
…
Smoker estaba solo en la cafetería. Tenía la comida lista pero simplemente no había probado bocado. Observaba atentamente la sopa, como si intentara ver más allá de lo que sus ojos le permitían.
—Smoker-san. – Tashigi le había visto pensativo toda la tarde, quiso dejarle solo, pero ahora su preocupación no le dejaba en paz.
—Tashigi. – respondió Smoker, sin muchos ademanes.
—¿Le sucede algo? – se sentó a su lado. —Desde que habló con Mugiwara esta tarde ha estado extraño.
—¿Eso parece? – se enderezó y por fin llevó un trozo de pan a su boca.
—¿Sigue creyendo eso?
—¿Qué cosa? – sabía lo que quería decir.
—Sobre que… Mugiwara no es realmente Mugiwara.
—Le conozco. – afirmó el marino. —Estos años no han sido en vano. – ya no pudo continuar comiendo. —Y créeme cuando digo que hay algo extraño con Mugiwara.
—Pero… ¿De verdad eso puede ser posible? Si es así, ¿Entonces quién es esa persona?
—Sé que es él. Pero… por algún motivo, siento como si no fuese el mismo. – apretó el puño.
—Tal vez está cansado, Smoker-san.
—Tal vez. – suspiró.
Smoker era un hombre justo, durante todos sus años de servicio y adultez se había creado una firme decisión de tratar a los demás con justicia, una que creyera real, no como la profesaba el Gobierno Mundial, a comparación de ellos Smoker era una persona muy humana. Y era por esa razón que se sentía así en estos momentos. No es que fuese muy unido a Mugiwara o que tuvieron una relación muy estrecha, porque realmente no era así. Smoker lo odiaba y lo que más deseaba era atraparlo, ¿Cierto? Pero… cuando vio a Luffy atrapado en esa jaula de kairoseki, sin ningún rasgullo y alegre, con una sonrisa optimista en vez de una mirada cansada, como solía causar el metal en los usuarios, comenzó a sospechar que algo no estaba pasando por los estándares normales.
¿Sería acaso posible? Bueno, a estas alturas podía esperar de todos pero…
—¿Smoker-san?
—Tú me conoces Tashigi. – dijo de la nada. —Sabes que no me gusta jugar en situaciones tan delicadas como estas.
—Lo sé.
—Entonces… - tomó un papel que desde hacía un rato estaba leyendo, lo arrugó entre sus dedos. —¿Por qué siento como si estuviera mandando a la horca a un inocente?
En el papel se leía:
"Orden de ejecución confirmada. Prisionero: Monkey D. Luffy. Hora designada: 11:00 am."
Continuará…
Uff, Luffy está atrapado literalmente en una situación de vida o muerte. Y los demás Mugiwaras acaban de caer en una trampa. ¿Que les esperará más adelante? Mientras tanto, por el lado de Luffy (en el mundo de Ace) las cosas comenzaran a ponerse de muchos matices de colores.
Espero que les haya gustado, dentro de poco nos volveremos a ver.
¿Merece un comentario?
Yume no Kaze.
