Disclaimer: Esta historia no es mía, los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la autora es Drotuno, yo solo traduzco.
Disclaimer: This story is not mine, the characters are property of Stephanie Meyer and the author is Drotuno, I just translate.
Muchas gracias a mi querida amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme con esta historia.
CAPÍTULO 8
EDWARD
Me desperté con un jadeo, sentándome en la cama. Gotas de sudor corrían por mi cuello y frente. Pasando la mano por mi cabello, controlé mi respiración mientras miraba alrededor de mi habitación. El sol todavía no había salido, incluso los grillos seguían cantando su canción fuera de mi ventana.
Estaba acostumbrado a sueños jodidos. Estaba acostumbrado a revivir errores, pérdidas de vidas, disparos y explosiones. Estaba acostumbrado a ver prisioneros putrefactos mientras seguían vivos en celdas que técnicamente eran solo hoyos en el suelo. Incluso estaba acostumbrado a ver a Emmett, Jasper, Mickey y a mi padre en esos sueños. Estaba acostumbrado a fallar en las misiones.
Me había vuelto insensible al cañón de mi arma apuntando directamente a la frente de una niña, pero cuando la cara de la niña se transformó en el rostro de Isabella Swan y a pesar de eso tiré del gatillo, desperté de golpe, porque, sin importar las veces que haya revivido ese sueño en particular, nunca había tirado del puto gatillo.
"Joder," dije entre mi aliento, frotando mi cara y lanzando mis piernas a un lado de la cama.
Era hora de levantar mi trasero de todos modos. Se supone que tenía que relevar a Jasper en sus rondas alrededor de la cabaña. Me levanté, me duché rápidamente y me puse unos jeans y una camiseta, guardando mi arma en la parte baja de mi espalda.
Todavía estaba un poco agitado mientras me servía una taza de café y salía a la terraza.
"Te ves como la mierda," Jasper observó en voz baja con su característica sonrisa, "y yo soy el que ha estado despierto toda la noche."
"Gracias…" Dije bajo mi aliento, sentándome en la tumbona junto a él.
Estudió mi cara pero no dijo nada por un minuto o dos. "Te he visto despertar de pesadillas antes, pero estás blanco como el papel, hombre," dijo, inclinándose hacia adelante y apoyando sus codos en sus rodillas.
Me reí sin humor. "Está… fue diferente," murmuré, mirando hacia el lago cuando el sol hacía lo imposible por asomarse por encima de las montañas. "Solo… diferente."
Tan cercano como estaba a mi padre, e incluso Emmett, Jasper nunca me hacía sentir cohibido por mis pesadillas. Emmett no lo entendía porque, estaba seguro, nunca ha tenido una. Y con mi padre, no siempre era fácil hablar sobre cosas personales. Con Jasper sí, no porque siempre habláramos sobre cosas personales, sino porque él nunca había traicionado mi confianza, y nunca me juzgaba.
Jasper siguió mirándome, esperando pacientemente a que le contara, pero no estaba seguro de que pudiera decirlo. El sueño me había asustado. Joder, de verdad me había asustado.
"¿La niña?" Preguntó, consciente del sueño recurrente de Iraq.
"Sí, pero se transformó en alguien más."
Su nariz se arrugó y asintió, bajando la vista a sus manos. "Tus prioridades están cambiando," dijo en voz baja, encontrando mi curiosa mirada. "No tengo que preguntar, Ed. Tu rostro lo dice todo. Bella estaba en ese sueño."
Asentí, bajando la vista a mi taza de café antes de llevarlo a mis labios.
"Eres diferente con ella," señaló, recostándose en su silla y subiendo los pies sobre la otomana. "Eres más… con ella. Más cuidadoso, más relajado. No es necesariamente algo malo, mi amigo." Se rio cuando lo fulminé con la mirada. "Ella es buena para ti, fuerte, inteligente, igual de… ingeniosa como lo eres tú."
Me reí pero asentí. Tenía razón, Bella era todas esas cosas. Sin embargo, la pregunta en mi cabeza era: ¿yo era bueno para ella?
"Eres un buen hombre, Edward," dijo Jasper, respondiendo mi pregunta no expresada. "Solo porque tenemos un trabajo extraño no quiere decir que no podemos ser buenas personas. Tu papá trata de meternos eso en la cabeza todo el tiempo. Es la razón por la que acepta los trabajos que acepta. Hay 'empresas de seguridad' allá fuera que no son nada más que asesinos a sueldo. Nosotros no somos eso. Lo sabes. Nosotros detenemos a los bullies de este mundo, hermano."
Sonreí, sacudiendo la cabeza. Eso era, de hecho, como mi padre y compañeros de equipo veían nuestros trabajos, pero yo no podía ver más allá de los ruinas de mis días y misiones en Iraq. Abu Ghraib era el mayor ejemplo de eso porque, ¿cómo podríamos decir que éramos la mejor nación cuando estábamos capturando hombres contra su voluntad en su propio país a cambio de información?"
"¿Cómo podría hacer que funcione, Jasper?" Gruñí, pasando la mano por mi cabello. "No tengo experiencia en relaciones. Ella me está diciendo constantemente que soy muy mandón. Y nuestros mundos son totalmente diferentes."
"¿Lo son?" Respondió con riéndose. "Diferentes, digo. Por lo que sé, ella es tan dura como tú."
Me eché a reír, recordando lo calmada que había estado en el estacionamiento, como había matado en defensa de ambos sin siquiera pestañear. "Ella… es algo especial," resoplé, rodando los ojos.
"Está haciendo que revalúes todo, Edward. Eso, tampoco es malo."
"Me vuelve loco," refunfuñé, tirando de mi cabello.
"¿Por qué?" Se ríe. "¿Por qué te hace sentir algo?"
"No lo sé," suspiré, mirando de nuevo hacia el lago.
"No estoy diciendo que no seas un cretino, Ed. Puedes serlo… la mayor parte del tiempo," se rio entre dientes, empujando mi hombro, "pero hay algo en ti, diferente, desde que la sacaste de ese jodido sótano."
"¡Tú no lo viste!" Gruñí, volviéndome hacia él, pero levantó sus manos en señal de rendición.
"Y a juzgar por esa reacción, estoy muy seguro de que me alegro de no haberlo hecho," respondió, frunciendo el ceño. "Carlisle dice que se conocieron de niños. ¿Cómo era ella?"
Sonreí, mirándolo. Mi equipo no tenía idea de mi pasado tartamudeo, y no lo iban a saber, pero aun así no pude evitar sonreír. "Fue una única vez, ¿sabes? Éramos solo unos niños."
"Sí…"
"Ella era… justo como es ahora, pero un poco torpe, no que yo no lo fuera." Me eché a reír, y él se me unió. "Acababa de perder a mi madre, y mi papá nos estaba mudando a otro estado, pero tuvo que detenerse con Charlie de camino. Luego me enteré que fue entonces cuando respaldó financieramente a Swan e hizo un trato para armas y otras cosas para su primer equipo. Pero entonces tenía trece años, así que no sabía nada de esa mierda. Nuestros padres nos dejaron solos toda la tarde, y ella fue tan… extrovertida y con quién te pasabas bien el rato."
Jasper sonrió y asintió. "Así es ahora."
"Lo es," concedí. "Pero también había perdido a su madre. Cuando tenía ocho años o una mierda así, y ella estaba… bien. Me hizo sentir completamente cómodo en menos de treinta segundos," me reí con un resoplido ante el recuerdo, pero era cierto.
"¿Y ahora?"
Me encogí de hombros, sin saber cómo responder porque ella me hacía sentir todo… todo a la vez. Me hace sentir como ese niño de nuevo, como si no tuviera control sobre nada. Me hace sentir protector y enloquecido. Me hace desear besarla hasta dejarla sin aliento y cerrarle la boca con cinta.
Jasper asintió y entonces se puso de pie y apretó mi hombro. "Es cierto… tú no cuentas," se rio burlonamente.
Mi cabeza se levantó de golpe y lo fulminé con la mirada con frustración y enojo. No podría saber lo que había pasado en esa escalera. No fue uno de mis mejores momentos porque había estado enojado después de lo que Bella había dicho sobre ser solo una obligación, después de los celos de Mickey, y después de ver a ese trajeado meter su tarjeta en el bolsillo de los jeans de Bella. Todo eso combinado me hizo sentir incómodo, inquieto, y terriblemente posesivo, y no tenía derecho a ser así con ella. Había estado cautiva por casi tres días, había sido torturada, golpeada, y era malditamente seguro que no necesitaba que yo me pusiera al nivel de Miller.
"Nunca he disfrutado de esa mierda," murmuré, negando con la cabeza.
Era la verdad, porque nunca he entendido porque comparan notas de sus conquistas. Mi vida personal era mía, pero tal vez era porque no tenía relaciones a largo plazo. Cada miembro de mi equipo había estado en una relación a largo plazo en algún momento, pero yo no. Jasper había salido con una mujer llamada María por algún tiempo, pero ella lo engañó una vez que él estaba en una misión. Emmett estuvo viendo una cosita graciosa por más o menos un año, pero ella ganó una beca para la escuela de medicina, y su relación no sobrevivió sus estudios y los viajes de Emmett. Mickey salió con dos personas por un tiempo, una mujer y un hombre, pero rompió con ellos, indicando diferencias irreconciliables.
"Y tú suenas como Mickey," agregué, mirando hacia él.
Se rio entre dientes. "Son tantos los celos que siente por Bella, que están asumiendo su propia personalidad. Caminan, hablan, viven, respiran."
"No te creo," gruñí. "Mick no es así."
"Estás tan ciego, Ed. Esa chica ha estado buscando tu atención desde que se sentó con nosotros por primera vez en la tienda comedor de Afganistán. ¿En serio? ¿No lo sabías?"
Negué, murmurando, "¡No puede ser! Todas esas… historias. Todo ese parloteo sobre chicos con los que estaba saliendo, las chicas…"
"¡Atención!" Canturreó, riéndose. "Coqueteó al principio pero luego decidió convertirse en uno de los chicos."
"Oh mierda," gemí, agarrando mi pelo en un puño. "Bella tenía razón…"
"Bella ve esa mierda para ganarse la vida. Por supuesto que lo vio. Pero no es el tipo de celos que estás pensando," dijo él, sacudiendo su cabeza. "Tal vez al principio, estaba encaprichada contigo, pero ahora solo te idolatra…"
"Sí, porque soy un gran ejemplo," dije con un bufido, mirándolo cuando se rio.
"No dije que estaba cuerda…."
Le sonreí, chocando puños con él, pero su atención se desvió hacia el interior de la casa. "Ed, deberías ir allá dentro…"
Mi cabeza se giró rápidamente, y vi a Bella dejarse caer en el sofá, su rostro pálido y sus ojos rojos por las lágrimas.
"¿Qué demonios?" Dije en voz baja, levantándome de la tumbona.
"Al parecer no eres el único con pesadillas…" Jasper murmuró, mirándome. "Alice dice que son todas las noches…"
Hice una mueca, asintiendo. "Eso parece…"
"Me voy a dormir un rato, hermano. Te veré en unas horas, ¿está bien?"
Asentí distraído y fui adentro. Sus sollozos eran bajos, como si los estuviera conteniendo, pero su pequeño cuerpo estaba temblando de los pies a la cabeza, observé mientras me acercaba a ella.
"¿Bella?" Dije con voz suave, sin querer asustarla, pero parecía ajena a mi presencia, como si no nos hubiera escuchado a Jasper y a mí entrar desde la terraza.
Levantó la vista y mi corazón se rompió por ella. "Él no me dejará en paz," hipó suavemente. "Lo es todo en mis pesadillas."
Asentí, poniéndome de rodillas frente a ella, pero no tenía que decirme de quién estaba hablando. Miller.
"Nunca voy a volver a ser normal," murmuró, limpiándose rápidamente la cara, y no pude contenerme de estirar mi mano y hacer el trabajo por ella.
"Ser normal es un estado mental," le dije, sonriendo cuando se sorbió la nariz riéndose un poco, pero ella rodó los ojos.
"Me arruinó," dijo, negando con la cabeza. "Lo veo en todas partes…"
Suspiré, odiando a ese cabrón, Miller, más y más.
"No estás arruinada," susurré, limpiando más lágrimas con mis pulgares. "Eres una buena persona, alguien a quién le pasó una verdadera mierda. Eso no te convierte en alguien arruinado."
Lloró con más fuerza, asintiendo, pero comenzó a divagar, "Pensé que estaba bien. Pensé que había pasado esta mierda… es una puta mierda que no pueda simplemente… seguir adelante. Todavía siento pánico cuando alguien trata de tocarme."
"No sentiste pánico ayer," bromeé, con la esperanza de una sonrisa, pero fui recompensado con una risita. Sonreí, riendo entre dientes. "De hecho, estabas a punto de patearme el trasero."
"Estabas siendo un cretino," respondió ella.
"Cierto, y lo siento," suspiré, pasando una mano por mi cabello y mirándola. "Estás dejando que te toque ahora, Bella. Eso tiene que contar para algo."
Asintió de nuevo y más lágrimas cayeron por su rostro como dos riachuelos. Mientras trataba en vano de limpiarlas, me di cuenta de pronto que mi pánico por mi propia pesadilla se había desaparecido, pero el significado de ello era tan jodidamente claro como el cristal. No podía mantenerme alejado de Bella por más tiempo porque, por alguna extraña razón, ella me necesitaba, solo a mí, y me sentía honrado. No había llevado esta mierda a sus amigas, a Carlisle, o incluso a Esme, me lo había entregado a mí. De hecho, probablemente era mía desde el segundo que desabroché la primera correa de esa maldita mesa.
Me senté en el sofá junto a ella, respirando profundamente ante esa revelación, pero traté de no pensar demasiado en ello en ese momento.
"Ven aquí," susurré, y volvió lentamente su cabeza para ver que mis brazos estaban abiertos.
Moviéndose un poco, cayó en mis brazos, la presa se rompió por completo, abriendo paso a sus emociones. Envolví mis brazos a su alrededor, dejando que su caliente rostro se metiera en mi cuello. Sus fuertes manos se agarraron de mi camiseta como si temiera que fuera a esfumarme.
"No eres débil, o anormal, o mala, o nada de eso, Bella," susurré contra su oído. "De hecho, estoy asombrado de que hayas llegado tan lejos. La mayoría de la gente no hubiera sido capaz de funcionar después de algo como eso".
"He escuchado acerca de ti, ¿sabes?" Me reí entre dientes. "Tus amigas estuvieron alardeando de ti en la fogata de anoche…"
Gimió, y no pude evitar sonreír contra su hombro.
"Contaron historias de cuán fuerte eres, de cómo defendiste lo correcto en lo relacionado con Jake y tu papá," continué, frotando su espalda a medida que se calmaba un poco. "Dijeron que la mayor parte de las mujeres que conocen se hubieran ocultado después de haber encontrado que su novio, de tanto tiempo, las había engañado, pero no tú. Tú te fuiste, cambiaste tu número de teléfono, y seguiste adelante.
"Y no temes en lo absoluto enfrentarte conmigo," me reí contra su mejilla. "Eres terca y sarcástica, y me encabronó cuando todo lo que haces es sonreír cuando estoy tratando de hacer algo".
Resopló una carcajada en mi cuello, dando un profundo suspiro. "Tu forma de hacer las cosas no es siempre la mejor forma, Edward," murmuró contra mi piel.
Sonreí, asintiendo y le dije, "Eso es muy cierto, pero eso no significa que no me vuelva loco, dulzura."
Se rio entre dientes y sorbió de nuevo su nariz, sus lágrimas calmándose aún más.
"Yo… no es fácil lidiar conmigo, y mi trabajo me hace… mandón, Bella. Sé que puedo ser malo, insensible, frío y demandante—no conozco otra forma. Es solo que… desde que te encontré en ese cuarto, me siento… protector contigo," admití con voz baja, esperando que supiera que esto no era fácil de decir para mí. "No puedo pensar en que algo pueda pasarte…"
Ella se apartó lentamente, y yo levanté mi mano para limpiar el resto de sus lágrimas.
"No sé lo que significa o qué estoy haciendo," susurré, sintiendo como se arrugaba mi frente cuando fruncí el ceño contemplándola.
"No eres insensible," susurró en respuesta, negando. Y como para dar énfasis, miró cómo estábamos sentados—con ella en mi regazo y mis brazos a su alrededor—y sus ojos encontraron los míos de nuevo.
"Ayer, no debí haberte besado de esa forma," le dije, sacudiendo mi cabeza en vergüenza.
Miré con confusión como su rostro se enrojeció, y agachó su cabeza, jugando con un hilo colgando de su camiseta.
"No debí haber violado tu espacio, Bella," agregué, y su cabeza se levantó de golpe, sus ojos encontrando mi mirada. "Ya antes te había sido arrebatado ese poder, y yo solo… te forcé."
"No me resistí," dijo con una sonrisa irónica encrespando las comisuras de su boca. "No fui violada…"
"No soy mejor que Miller por besarte sin tu permiso," me quejé, mirándola, pero mis ojos me traicionaron porque se posaron en su boca y ese asombroso labio inferior suyo, esta vez deseando el permiso.
"Por favor… no vuelvas a decir eso, Edward," susurró, lágrimas acumulándose en sus ojos. "Tú no eres él."
"Debí haber preguntado," dije en voz baja, lamiendo mi labio inferior y mirándola de nuevo a los ojos. "No tomado."
"Yo lo di," dijo ella, acercándose más, y mi corazón se retorció con lo que ella estaba a punto de hacer. "Voluntariamente," agregó, rozando sus labios sobre los míos con el más suave de los besos, solo para apartarse. "No estábamos de humor para ser educados, Edward…"
"¿Y ahora?" Jadeé, todo mi cuerpo ansioso por probarla de nuevo, por desaparecer sus lágrimas, sus miedos, su desconfianza en sí misma.
La anticipación era insoportable a medida que levantaba su mano para tocar mi rostro. Con caricias tan suaves como una pluma, trazó con sus dedos mi ceja, bajando hacia mi mandíbula y a mi barbilla, sus ojos siguiendo su camino. Aún con los círculos oscuros debajo de sus ojos enrojecidos, su cabello desordenado por dormir y sus dientes mordiendo su labio inferior, era jodidamente preciosa—simplemente hermosa.
Dijo solo dos palabras, y perdí todo pensamiento coherente.
"Por favor…"
Cerré el espacio que quedaba entre nosotros, cubriendo su boca con la mía, y dos profundos gemidos resonaron con armonía en mis oídos—el suyo y el mío. Sus dedos se deslizaron por mi cabello cuando tomé su labio inferior antes cambiar a su superior. Sabía a menta y saladas lágrimas y el mismo sabor dulce que había disfrutado contra la pared el día anterior. Pero esta vez, en lugar de resistirse, sus labios eran suaves, cálidos y dóciles.
Una de mis manos agarró la parte de atrás de su camiseta, mientras la otra tocaba su rostro, deslizándose poco a poco en los rizos oscuros en la base de su cuello.
"¿Más?" Pregunté contra sus labios, mi respiración entrecortada.
"Sí," jadeó, esta vez volviendo su cabeza y lanzándose hacia mi boca. "No te detengas…"
~oOo~
BELLA
"No te detengas," respiré en su boca mientras sus manos agarraban mi cabello solo un poco más para girar mi cabeza, y mi estómago se encogió ante el sonido de su gemido.
Besar a Edward el día anterior había sido una cosa—todo fuego, ira y primitivo. Pero en ese momento, podría haberme derretido en él, y lo hice.
Cuando nuestras lenguas se encontraron vacilantes, ambos buscamos la entrada al mismo tiempo, me apreté a él, moviéndome de manera que quedé de forma descarada a horcajadas sobre él. Mis papilas gustativas se encendieron cuando disfruté del sabor de Edward, café y simplemente todo lo que ningún otro beso era.
Y de pronto, perdimos todo el control. Mis caderas giraron sobre él, sintiendo la promesa de algo… enorme. Una de mis manos se deslizó debajo de su camiseta solo para gozar de la sensación de esos perfectos músculos tensándose bajo mi toque, mientras la otra mano se deslizaba dentro de su manga. Gemí cuando su bíceps se flexionó en una roca sólida contra mi mano.
Edward se quedó sin aliento, apartándose de mi boca, arrastrando sus labios y su lengua por mi mandíbula hacia mi cuello, solo para chupar la carne justo debajo de mi oído.
Sentí su mano soltar mi camiseta, sus dedos rozando ligeramente bajo de ella a lo largo de la piel de mi espalda. Sus manos eran suaves y cálidas… y sorprendentemente callosas, pero eso no era necesariamente algo malo porque se sentía muy bien tener su piel contra la mía.
Hasta que se dirigió a la parte baja de mi espalda y hacia mi estómago, y me tensé por completo, apretando su brazo. Mi abdomen se apartó, mi mente recordando un contacto no tan agradable estando allí la última vez.
"Cariño, deberíamos detenernos," gimió contra mi piel, colocando el más suave y dulce de los besos en mi mejilla. "No estás lista para esto…"
"Lo sé," dije bajo mi aliento, mi frente tocando la suya, y no pude evitar que las lágrimas se acumularan por la frustración y ante el hecho de que su voz fuera tan comprensiva cuando me llamó cariño.
"Hey," susurró, colocando sus dos manos en cada lado de mi rostro. "Está bien. Simplemente es mucho, demasiado pronto."
"Arruinada." Le recordé en un sollozo, encogiendo solo un hombro y dándole una sonrisa triste. "No soy normal," murmuré, apartándome un poco.
Sus ojos contenían una tristeza con una ira latente, e iba a bajarme de su regazo, pero él me agarró con fuerza.
"Arruinada no, Bella. Lastimada," instó suavemente, besando mis labios con apenas un roce de su boca. "Puede que no siempre lo demuestre, pero puedo ser… muy paciente por algo que quiero," dijo, su voz profunda y ronca, y sus ojos oscuros con fuego y deseo mientras me miraba a través de sus largas pestañas.
"Nunca te quitaré tu libertad de elección de nuevo," prometió, viéndose avergonzado. "Pero también voy a protegerte, incluso si es de mí mismo." Inclinó su cabeza hacia mí en reconocimiento.
Fruncí el ceño ante esa última afirmación, respirando profundamente porque no estaba segura de dónde nos encontrábamos. "No soy débil…" Logré decir en apenas un susurro.
"Oh, eso lo sé," respondió rápidamente. "Nunca pensaría eso."
Asentí porque se escuchaba tan sincero. Lo miré a los ojos—esos ojos verdes que fue lo primero que vi al salir de ese horrible sótano. Eran más claros, serenos, ahora que estábamos hablando y no besándonos.
"Quieres esto," declaré, pero sonó más como una pregunta. "¿De verdad quieres lidiar con esta mierda?" Solté un bufido.
Vi como en su rostro se dibujó esa tímida sonrisa torcida que me gustaba tanto. Asintió lentamente, susurrando, "Sí."
"También yo," dije con un suspiro, aliviada de que no estaba sola con estos sentimientos. "Pero yo… simplemente no puedo…"
"Shh, cariño," dijo, tomando de nuevo mi rostro en sus manos. "No hay ninguna prisa porque te prefiero… deseando mis caricias, Bella."
Solo pude asentir porque su voz era profunda, sexy, llena de lo que sonaba como a promesas carnales—promesas que quería que cumpliera, pero que sabía no estaba lista para ello. Podía soportar algunas formas de contacto, como abrazos y agarrarnos de las manos—incluso las manos de Edward en mi espalda se sentían bien. Pero cuando se trataba de cualquier lugar donde Miller me había golpeado, quemado, o dejado un moretón, mi piel hormigueaba con los recuerdos.
Respiré hondo, pero provocó un gran bostezo.
Edward se rio entre dientes pero se serenó rápidamente. "¿Dormiste algo?"
"En realidad no," suspiré, sacudiendo mi cabeza. "Cada vez que una de las chicas se mueve, yo me muevo a fin de que no me toquen. Y luego están mis sueños," gemí, haciendo una mueca ante el recuerdo. "Si regreso ahora, las voy a despertar…"
Sin decir nada, Edward se puso de pie, conmigo todavía en sus brazos. "Puedo resolver eso," dijo con una amplia y dulce sonrisa.
Caminó directamente a su habitación, cerrando la puerta de una patada detrás de él. Quitó las mantas, metiéndome en la cama y cubriéndome.
"¿Sabes? Para alguien que dice que no sabe lo que hace, Edward—", bostecé de nuevo "—vaya que me engañaste."
Se rio suavemente, sacudiendo su cabeza. "No sé lo que estoy haciendo. Todo lo que sé es que ya no puedo mantenerme lejos de ti," susurró, su frente arrugándose cuando frunció un poco el ceño. "Debería, pero no puedo."
Extendí mi mano, delineando su afilada mandíbula con la punta de mis dedos. "Entonces no lo hagas."
Me escuché tan segura cuando dije esas últimas palabras, pero me preguntaba si Edward se cansaría de esperar por mí. Me preocupaba que perdiera la paciencia, que perdiera el control.
"No voy a ir a ninguna parte," dijo, como si estuviera leyendo mi mente. "Voy a revisar el área y preparar algo para desayunar. Duerme tanto como quieras, ¿de acuerdo?"
"Está bien," dije en voz baja, acurrucándome entre las sábanas con el olor más delicioso con las que jamás había tenido contacto.
Sonrió. "¿Ves? Ya te tengo en mi cama."
Solté unas risitas, empujándolo, y él se levantó riéndose. Inclinándose, plantó un suave y casto beso en mis labios, apartándose demasiado pronto.
Cerré mis ojos, metiéndome más en la cama, y estaba dormida probablemente antes de su primera caminata alrededor de la casa.
~oOo~
Manos. Siempre estaban en mis sueños. Empezarían siendo cálidas, callosas, y reconfortantes, pero lentamente se transformaban en sudorosas y pequeñas, y esas lastimaban. Una vez que cambiaron no podía alejarme de ellas, pero una voz me trajo de vuelta, me hizo emerger y alejarme.
"Bella," Edward dijo en voz baja, y sentí la cama moverse junto a mí.
Desperté de mi sueño estirándome y bostezando, parpadeando por la luz del sol que entraba por la ventana. Cerré mis ojos con fuerza y luego los abrí para verlo observándome.
"¿Un sueño?" Preguntó.
"Sí," dije con un suspiro, sentándome y cruzando mis piernas. "Pero me despertaste justo a tiempo."
"Al menos soy bueno para algo," se rio, encogiendo un solo hombro.
Los dos nos volvimos hacia la puerta de su recámara cuando escuchamos fuertes risas y conversación por el pasillo.
Lo miré preguntando. "¿Saben dónde estoy?"
"Sí, les dije que tuviste una pesadilla y que yo me acababa de levantar así que te di mi habitación," me dijo, encogiéndose de nuevo de hombros, pero parecía avergonzado. "Lo que somos no es de su incumbencia, Bella."
Ahora podía ver por qué podían burlarse de él por guardarse las cosas—por no contar. No les dijo nada más de lo que tenía que decir. No lo hacía mejor de lo que ellos eran—solo discreto. Les dijo a todos sobre mis sueños porque eso era de conocimiento público, pero cuando se trataba de cualquier cosa que haya pasado entre nosotros, se lo guardaba porque no se trataba solo de él. Edward era una persona leal.
"¿Y qué somos?" Pregunté, acercándome y tirando de él hasta que estaba en la misma posición que yo, nuestras rodillas tocándose.
"¿Un lío?" Respondió riéndose.
"Eso somos." Solté unas risitas y vi como levantaba su mano, pasando por sobre las mantas antes de que la bajara de nuevo.
Me acerqué más, negando con la cabeza. "No hagas eso," le dije, cogiendo su mano. "No tengas miedo de tocarme, Edward. Ya me has tocado antes, y se sintió bien—los besos están bien. ¿Puedes confiar en que te diga cuándo no esté bien?"
Asintió, levantando sus manos para tomar mi rostro, él suyo aliviado. "No q-quiero lastimarte," dijo, su dulce tartamudeo esparciéndose en el aire. "Pero me siento a-atraído a ti…"
"Y yo a ti," le dije, pasando mis dedos por su cabello. Edward cerró sus ojos y se inclinó hacia mi toque. "Dices que no sabes lo que estás haciendo. Dime por qué piensas eso."
Suspiró, bajando la vista a su regazo antes de hablar. "Mi última relación… de largo plazo, fue en la secundaria, Bella."
Estudié su rostro, e imaginé que era cierto. Fue enviado al extranjero justo después de su graduación, quedándose allí por algunos años. Después de eso, volvió a casa a un trabajo que requería viajar mucho, y era malditamente peligroso. No muchas mujeres podrían aguantar eso, serían un manojo de nervios. Podía imaginarme a Edward manteniendo a las mujeres alejadas de él, solo para eludir la pelea inevitable.
"Jake no quería que fuera a Quántico. ¿Te lo dijo?" Pregunté de pronto, y Edward negó con su cabeza. "Él y mi padre pensaron que el trabajo era demasiado peligroso. Y cuando volví a casa, los dos estaban excesivamente felices. Pero cuando cambié de opinión y comencé a hablar de abrir Gravity, Jake estaba encabronado. Odiaba mi trabajo. Odiaba que me fuera por días, que cargara un arma, que pudiera salir lastimada.
"Fue cuando volví a casa después de estar fuera por una semana que lo encontré engañándome," continué. "Al principio, dijo que no era de mi incumbencia, y después de que salió del hospital…"
Edward se rio, su cabeza cayendo hacia atrás, y Dios, si no se veía hermosamente sexy cuando se reía.
"Cuando salió del hospital," continué, riéndome, "me dijo que no podía soportar que no estuviera allí, que podría perderme en cualquier momento. Estaba levantando muros, protegiéndose a sí mismo, estoy segura. ¿Es a eso a lo que le tienes miedo, Edward?"
Asintió lentamente, su frente arrugándose un poco.
"¿Tienes miedo que una chica no pueda manejar lo que tú eres?" Pregunté.
Respiró profundamente, mirando por la ventana en lugar de mirarme a mí. "La mayoría no pueden. Me imagino que la mayor parte de las esposas de los militares se sienten de esa forma. Así que después de un tiempo, simplemente no permitía que mis relaciones continuaran más allá de cierto punto."
Más allá de cierto punto. Sonreí ante su modo de expresarse porque sabía lo que estaba diciendo. "No soy una aventura de una noche, Edward."
"No," espetó en respuesta, su boca abierta por la sorpresa o la vergüenza. "Eso no es… no quise…"
"Lo sé," suspiré, tomando sus manos y jugando con sus dedos. Podía ver callos que sabía eran por su arma porque yo tenía unos justo como esos. Pero también podía ver otro tipo de callos, muy probablemente por construir cosas, hacer muebles. "Pero ni siquiera estoy… completa. No sé si… valga la pena tu tiempo. Me haces sentir a salvo, pero no voy a usarte…"
"Quiero que te sientas a salvo conmigo," susurró, poniéndome en su regazo. "¿Así está bien?" Preguntó, mirándome a los ojos mientras me apretaba a él asintiendo. "Quiero… más, Bella. Quiero que me digas lo que necesitas. Quiero… que me guíes porque soy—"
Levanté mi mano y toqué sus labios con mis dedos. "Entonces, ¿vamos a intentarlo?" Pregunté, aterrada por todo esto mientras lo miraba.
Era bien parecido e independiente. No tenía que hacer mucho para conseguir una mujer—demonios, había dos en la casa, además de mí, que estaban prendadas de él—de manera que me preocupaba que su paciencia conmigo se acabara. ¿Y si nunca pudiera tocarme de la forma en que ambos parecíamos desear?
"Eso es lo que quiero," admitió en voz baja, sus ojos tan sinceros, tan verdes a medida que sus pestañas se cerraban lentamente y se abrían de nuevo.
"Está bien," le dije, mi voz un poco temblorosa, pero asentí de todos modos. "Entonces, bésame de nuevo, Edward."
~oOo~
EDWARD
"Entonces, bésame de nuevo, Edward," me ordenó, y no pude evitar sonreír.
Era tan segura de sí misma en algunas áreas pero muy frágil en otras. Era la razón por la que había sentido temor de extender mi mano y tocarla cuando recién había despertado toda adorable, risueña, linda, toda soñolienta. Y verla en mi cama no estaba ayudando.
Sabía que se suponía que debía despertarla para decirle que se preparara porque todo el grupo había decidido que un viaje al pequeño pueblo de Trinity era malditamente necesario—que no podríamos seguir con nuestras vidas hasta que no fuéramos a un puto Wal-Mart—pero Bella me hacía olvidar todo lo que no fuera ella.
Me incliné hacia ella, recordando que mis manos en su espalda habían estado bien, y la atraje hacia mí. Tan pronto como nuestros labios se encontraron, me invadió una sensación de que todo era perfecto. No siempre besé a las chicas que habían estado conmigo, al menos no tanto así, pero comprendí que quería besar a Bella. Comprendí que quería conocerla, aprender de ella y, a cambio, dejarla enseñarme lo que estaba bien, que se supone que tenía que hacer.
Parecía que cada vez que nuestras bocas se unían, perdíamos el control, y juro por Dios, traté de mantener las manos en un solo lugar, pero la necesidad de jalar, empujar y agarrar me estaba matando.
Me aparté de su boca, rozando su mejilla con mis labios y bajando hacia su cuello. "Joder, deseo tanto tocarte," dije en voz baja contra su tibia piel. "Dime dónde, bebé…"
Esa expresión de cariño sería mi perdición porque ella era preciosa para mí, frágil—como un niño. Y entre más lo usaba, más sentía que mi control y mis muros se desvanecían. Me asustaba como el infierno.
Bella se echó hacia atrás, su rostro ligeramente incómodo, y su respiración entrecortada. Tomó mis manos entre las suyas. "Me sentí bien con tus manos en mi espalda," susurró, su voz temblorosa, y comprendí que esto la hacía sentir nerviosa.
Sin embargo, también había determinación en su rostro. Sus ojos estaban oscuros, sus párpados pesados, pero sus manos temblaban contra las mías. Y odiaba que Miller la hubiera dejado así, porque estaría dispuesto a apostar que antes de su secuestro, Bella Swan había sido una criatura hermosa y sexual—lo suficiente para poner a cualquier hombre a sus pies solo para poder tocarla.
"Él… lastimó la parte de enfrente… más que nada," dijo ella, su voz aún suave y vacilante. "Me siento bien con esto," me dijo, llevando mis manos a lo largo de la parte exterior de sus muslos hacia su trasero, pero no del todo. "Eso está bien," dijo, mirándome a los ojos al mismo tiempo que me dejaba tocar sus costados, espalda y finalmente, su trasero, que estaba firmemente plantado en mi regazo.
Asentí en comprensión, apartando mis manos de las suyas. "¿Y aquí?" Pregunté, levantando la mano despacio hacia su cuello y clavículas, delineando ambos con la punta de mis dedos.
"Está bien," dijo asintiendo. "Mis hombros, mis brazos… ahí está bien."
Asentí de nuevo, complacido de que podríamos resolver esto, de que podría tocarla de alguna forma. Comencé con sus hombros, y se quedó muy quieta mientras deslizaba mis manos lentamente por sus brazos, cogiendo sus manos y besando sus dedos. Llevé mis manos hacia su espalda, delineando su columna, sonriendo con suficiencia cuando se estremeció.
"¿Es demasiado?" Pregunté.
"Me haces cosquillas." Soltó una risita, mordiendo su labio inferior.
Me reí entre dientes, feliz de que había conseguido que hiciera ese sonido de nuevo. "Lo siento."
"Yo no."
Sonreí de nuevo, apoyando mi frente con la suya cuando mis manos finalmente hicieron contacto con su trasero. Gemí cuando pude sentir sus músculos, su fuerza, pero también lo redondo y firme que era. Lo había visto en jeans y pantaloncillos cortos, pero tocarlo, masajearlo, era fenomenal. Me hizo darme cuenta de cuanto la deseaba, así como mi excitación que empezaba a hacerse notar.
"Me alegra que esto esté bien," dije con una media sonrisa.
De nuevo se echó a reír, inclinándose para presionar sus labios con los míos. "¿Eres un hombre que le gustan los traseros, Edward?" Se rio con un resoplido cuando besaba mi mandíbula.
"Soy un… hombre al que le gusta todo," respondí con honestidad, pero provocó que su risa se hiciera más fuerte contra mi cuello.
"Excelente," dijo con ironía, gimiendo cuando apreté un poco sus nalgas y la acción hizo que sus caderas se giraran contra mí.
"Mierda…" Siseé por la sensación de la fricción sobre mi polla, mi cabeza cayendo en su hombro. "Oh, bebé… estás…"
"Lo siento," dijo, echando su cabeza hacia atrás. "Esto es el infierno…"
Hice una mueca porque de alguna manera, lo era—ahora mi erección estaba palpitando por atención que sabía todavía no recibiría—pero este era su show. Se trataba de lo que ella podía manejar.
"No te disculpes," le dije, inclinándome para besarla a medida que mis manos bajaban por sus muslos. "Puedo con lo que sea, Bella. Tienes que decirme, ¿de acuerdo?" Susurré contra sus labios.
Dios, quería devorar a esta chica, lo que era una maldita sensación nueva para mí. Quería ser consumido por ella, y me hacía sentir impotente y fuera de control, pero de alguna manera contento que ella se sintiera de la misma forma; solo tenía un obstáculo que superar.
"Ed, ¿qué demonios, hombre?" Escuche la voz de Emmett retumbar justo al otro lado de la puerta de la recamara.
Los dos dimos un respingo, mirándonos el uno al otro. Nuestra respiración era pesada, y el rostro de Bella se ruborizó de un color rosado y se avergonzó.
"Si todavía estuvieras dormida, le habría disparado por eso, por perturbarte," le dije al oído.
Resopló en la misma linda y profunda risa, enterrando el rostro en sus manos. "Edward, se van a dar cuenta de esto…"
"Deja que lo hagan," suspiré, rodando los ojos.
"Esme cree que lo sabe," afirmó, quitándose de mi regazo, y sentí la pérdida al instante.
"Nos encargaremos de lo que sea que nos lancen," le dije, encogiéndome de hombros cuando me miró.
"No tenemos que decirles," empezó a decir, su frente arrugada mientras se levantaba de la cama. "Sé que eres una persona reservada…"
"Nunca les conté nada sobre mis… asuntos personales," le dije, parándome frente a ella. "Puede decirse que Jasper me entiende…"
Se rio entre dientes, asintiendo, y se paró de puntillas para besar mi mejilla. "Te espera una gran sorpresa con Mickey, Edward. Recuerda lo que te digo."
"Eso fue lo que dijo Jasper." Gemí, negando, pero envolví su cintura con mis brazos. "Me encargaré de eso," le dije con una ceja levantada. "Como sea, se supone que tenía que despertarte porque todos quieren ir al pueblito. Juran que tienen que ir a comprar provisiones."
"¿Qué provisiones?" Preguntó con un resoplido.
"No lo sé. Nunca había estado tan superado en número por mujeres, Bella," me quejé, rodando los ojos. "Oí algo sobre trajes de baño, películas para ver, y cosas para mujeres que hacen que me hormiguee la piel."
Bella se rio, empujándome para apartarse de mí. "¿Vamos a ir todos?"
"Sí… es una maldita excursión," me quejé. "Todo el mundo va."
Ella se rio de nuevo, negando. "Está bien, voy a arreglarme." Caminó hacia la puerta pero se detuvo justo antes de abrirla. "Gracias por dejarme usar tu cama."
Sonreí y asentí. "Claro. Cuando quieras, bebé."
~oOo~
"Yo me encargo de lo que sea que necesites, Mack," insistió, "pero no puedes usar tu tarjeta de crédito, cariño."
Al parecer, Bella había guardado algo de efectivo en el bolso que yo había encontrado en la habitación de hotel, porque tenía razón. Carlisle había recibido una llamada de Cheney, diciéndole que mantuviera un perfil bajo, que se mantuviera oculto porque las casas de Rose, Alice y Makenna habían sido saqueadas, así que alguien las estaba buscando.
"Usar esa tarjeta es como una gran flecha apuntando hacia ti, diciendo 'aquí estoy'," le dije, conteniendo el impulso de rodar mis ojos cuando se sonrojó. "Las están buscando chicas," añadí, mirando alrededor del gigantesco Wal-Mart, porque una vez que habíamos salido en tropel de los dos vehículos, todos se esparcieron a los cuatro vientos dentro de la maldita tienda.
"Bien," suspiró, volviéndose hacia Bella y mordiendo su uña. "Esto es parte de mi pago, ¿no es así?"
"No, tontita," Bella se rio entre dientes. "Se te va a pagar… cuando salgamos de este lío, Mack. ¡Y deja de hacer eso!" Gruñó, dando un manotazo a la mano de la pobre chica. "¿Tienes idea de lo asqueroso que es eso?"
Alice apareció junto a ellas, diciendo, "Tus uñas están llenas de bacterias—desde células de la piel hasta materia fecal, Makenna. Cada puerta que hayas tocado, cada comezón que te hayas rascado, y lo que sea que cojas de esta tienda abandonada de Dios se va a tu boca cuando haces eso."
"Ugh." Sentí náuseas, apartándome de ellas al mismo tiempo que aullaron de risa. "Cuando lo pones así, es un milagro que no todos desarrollemos TOC…. cargando botellas de esa mierda antibacterial…"
"¡Oh, tengo algo de eso!" Makenna dijo efusivamente con sus ojos amplios, corriendo por el pasillo.
"Fan-girl,"(1) Alice y Bella murmuraron al mismo tiempo.
"¿Qué… significa…eso?" Gruñí. "Defínanlo para mí."
Alice sonrió mirando a Bella, que estaba sonriendo con suficiencia con los brazos cruzados en su pecho. Estábamos de pie en medio del pasillo de los refrescos haciendo hasta lo imposible por ajustarnos a diez jodidas personas.
"Ella piensa que eres tan lindo," Bella canturreó, levantando su mano para pellizcar mi mejilla, y aparté su mano dándole un golpe con la mía, jugando, para la diversión de Alice. "Tendría carteles tuyos en su pared. Vive para mirarte. Si le preguntas, probablemente querría tu autógrafo…"
Alice resopló en risitas histéricas, asintiendo. "Para ella, eres un placer para los ojos…."
Gemí, negando. "¿Podemos solo terminar con esta mierda?" Gruñí, tratando de cambiar de tema.
Bella contuvo una sonrisa y asintió. "Por supuesto… niño bonito."
"Para," gruñí, empujando el carrito por el pasillo y dejándolas con su risa.
Cuando di la vuelta a la esquina hacia el siguiente pasillo lleno de frituras, me encontré con la más dulce vista. Aparentemente, Bella había caminado en dirección opuesta, y estaba parada de puntitas, tratando de alcanzar una bolsa de frituras de maíz en el estante superior. Su camiseta se había levantado, mostrando solo una franja de piel desnuda.
Traté de ignorar la pequeña cicatriz en su vientre justo arriba de sus jeans y me puse detrás de ella, agarrando la bolsa, y dejando que mi cuerpo se pegara a su espalda.
Ella se giró frente a mí, recargándose en los estantes.
"Podrías haber pedido ayuda, enanita," le dije.
"Podría," dijo en voz baja, extendió su mano y me agarró por las presillas, acercándome lo suficiente para tratar de agarrar la bolsa de frituras en mi mano.
Las sostuve más arriba en el aire, fuera de su alcance. "No, no, no," la reprendí con una sonrisa, riendo cuando prácticamente trató de subirse en mí para alcanzarlas. "Hay una cuota que forma parte de mis servicios de altura," le dije, tratando de sonar sincero pero fallando miserablemente porque ella se estaba riendo de mí.
"¿Qué es lo que quieres, Edward?" Gruñó, y se escuchó malditamente sexy.
"Bésame," ronroneé, inclinándome hacia ella.
"Sabes que nos van a atrapar," susurró, cerrando algo de distancia. "Vas a tener mucho que explicar, señor."
"No me importa," le dije, cubriendo su boca finalmente con la mía. Sabía en el fondo que tenía razón, pero había una parte de mí que simplemente le importaba una mierda.
Todavía con una mano en el aire, sosteniendo la bolsa de frituras, mi otro brazo se envolvió alrededor de su cintura, manteniéndola cerca. Besarla era como una droga, y me sorprendía pensando más y más en ello. Volví mi cabeza solo para llegar más profundo con mi lengua, para saborear más de ella, pero fuimos interrumpidos por un carraspeo.
"Hmmm, quién iba a saber que las frituras de maíz eran tan malditamente románticas," los dos escuchamos detrás de nosotros, y nos separamos con un jadeo para ver a Esme de pie allí con una sonrisa de satisfacción en su rostro.
"No las llaman Lay's (2) por nada," Bella murmuró, haciéndome bufar en carcajadas.
"Si ustedes dos ya terminaron, tenemos que irnos. Carlisle acaba de recibir una llamada que no fue... buena," dijo, sacudiendo su cabeza. "Pero nos quiere a todos en casa cuando hable de ello, así que terminen rápidamente, ¿está bien?"
Iba a darse la vuelta pero se detuvo, enfrentándonos de nuevo señalándonos con un dedo mientras decía, "¡Y sabía que había algo diferente en ustedes dos!"
Bella y yo nos reímos pero nos encaminamos hacia las líneas de cajas.
Les tomó más de una hora a diez personas pagar, cargar las bolsas en los maleteros, y volver a la cabaña. Para entonces, había empezado a notar el comportamiento de mi padre. Estaba nervioso y molesto. Estaba paseándose de un lado a otro para cuando todos nos reunimos en la sala, dejándonos caer en las sillas, sofás y otomanas.
Me miró cuando me senté junto a Bella, y vi como sus ojos se oscurecían cuando fijó sus ojos en ella. Se removió incómoda bajo su mirada pero no dijo nada.
"Como todos saben," comenzó a decir, tomando una respiración profunda antes de continuar, "Ben nos hizo saber que los departamentos de las chicas fueron allanados."
Todos asentimos pero nos quedamos callados.
"Tenemos un pequeño problema ahora," suspiró, caminando hacia su laptop que estaba conectada a la pantalla plana. Presionó unos cuantos botones, y comenzó a reproducirse un vídeo. Parecían ser las noticias de la tarde en Seattle porque reconocía a la atractiva rubia que había visto todas las mañanas cuando estaba haciendo el desayuno.
Royce King fue arrestado hoy en su casa justo a las afueras de Seattle. Está siendo detenido sin derecho a fianza por diversos cargos desde tráfico de armas hasta terrorismo. Se ha rumoreado, desde hace varios años, que King está involucrado en varias actividades ilegales y ha sido citado afirmando ser el último padrino.
Hasta esta mañana, el FBI se había mantenido en silencio en relación con los dos hombres que tomaron bajo custodia protectora hace apenas unos días, pero Charlie Swan, CEO y fundador de la empresa multimillonaria, Twilight Technology, ha sido retirado de la zona y de su cargo en la sede de la empresa, y no ha sido visto en su casa en semanas. Se rumorea que el señor Swan es el testigo principal contra Royce King.
La película que se estaba presentando mientras la mujer de las noticias hablaba era la básica "exposición mediática" donde hacen desfilar al delincuente justo frente a todos los medios dentro de la estación de policía. King lucía pagado de sí mismo y despreocupado. Se veía como un hombre muy rico que podía pagar su salida de lo que sea. No era tan viejo como me lo esperaba, tal vez de unos cincuenta y cinco años, usando un traje impecable, sin una sola cana fuera de lugar.
Un vocero de Twilight Tech, que no quiso aparecer en cámara, afirmó que no solo Charlie Swan está en custodia protectora con el FBI, sino que también la hija de veintisiete años de Swan, Isabella, está actualmente desaparecida.
"Oh, maldición," Bella dijo en voz baja, negando con la cabeza.
Cuando las noticias del Canal Seis le preguntó a la policía sobre Isabella Swan, nos dijeron que había sido reportado, y que ahora había una investigación en curso sobre su desaparición. Las autoridades de California reportaron haber encontrado el coche de Isabella en el estacionamiento de un hotel justo a la salida de la autopista. También se reportó que ella se había registrado en ese mismo hotel, y desde entonces, no se le había visto.
"¡Mi puñetero coche!" Bella gruñó, mirando a mi padre.
Él contuvo una sonrisa, sacudiendo su cabeza. "Sé que amas ese precioso Mustang, Bella, pero no estaba preocupado por eso cuando encontré tu sangre en la habitación del hotel."
Hizo un puchero, cruzando los brazos sobre su pecho. "Y ahora… todo el maldito mundo me está buscando."
"Y otros más," Alice murmuró, tecleando en su laptop. "Cheney me acaba de enviar unas fotos de la casa de Jake…." Dijo arrugando su nariz, girando la computadora para que todos pudiéramos ver una pequeña casa casi en ruinas, con cristales rotos, una puerta derribada, y el garaje abierto. Giró de nuevo la computadora y tecleó un poco más, solo para girarla de nuevo hacia nosotros. "Y esto es Gravity…." Hizo una mueca cuando Bella y Makenna maldijeron en voz alta.
La oficina de Bella estaba quemada hasta los cimientos. Y si bien el titular del periódico lo declaró un incendio, todos estábamos seguros que fueron los hombres de King.
"Son advertencias, Bella. Tienes que permanecer fuera de la vista," mi padre le dijo. "Sin embargo, yo tengo que ir a TT. Tengo que averiguar quién, exactamente, se considera a sí mismo como el portavoz oficial."
Bella bufó, negando con la cabeza. "Sabes quién es," gruñó, mirándolo.
"Sí, pero no puedo acusarlo abiertamente," respondió él.
"Están pensando en el padre de Jacob, ¿cierto?" Pregunté, mirándolos a ambos.
Bella asintió, pero fue mi padre quién habló.
"Billy Black fue a la universidad con Charlie. Tiene un título en contabilidad. Es un genio con el dinero y los números," dijo, empezando a caminar de un lado al otro. "Cuando me retiré de la Fuerza Aérea, y tú y yo visitamos a los Swan cuando eras un jovencito, Charlie estaba teniendo algunos problemas financieros con TT. Billy había hecho algunas malas inversiones, y los rescaté. Charlie me puso en la mesa directiva ese mismo día. Si algo le pasaba a Charlie, el control de TT recae sobre mí. Si algo me pasa a mí, entonces le corresponde a Billy Black."
Bella resopló, su rostro oscurecido al estar sentada junto a mí, mirando fijamente el suelo.
"¿Por qué no la heredaría Bella?" Makenna preguntó. "O sea… ella es su hija."
"No la quiero," Bella murmuró, sacudiendo su cabeza, su rostro eclipsado por una expresión de disgusto.
"Esta… es una cuestión de dinero," Alice añadió, mirando por encima de su laptop. "He investigado a Billy Black más que cualquier persona en su sano juicio debería, pero está limpio—o al menos, lo estaba la última vez que comprobé. No está confabulado con ninguno de los hombres de King, pero por lo que averigüé, no le rompería el corazón. Jake no es como su padre, en lo absoluto, así que Charlie está a salvo con él."
"Sin embargo, con todo lo que está pasando," Bella suspiró, inclinándose hacia adelante en el sofá, "no me sorprendería ni un poco si lo usara en su ventaja… o," gruñó, levantando un dedo hacia mi padre, "si King lo está amenazando."
"Y esa también es mi teoría, Bella," mi padre dijo con un gesto de su cabeza y una sonrisa de orgullo en su rostro. "De manera que tengo que volver a Seattle y agitar un poco las cosas en TT para ver qué sale arrastrándose."
Volvió su atención hacia mí. "Quédense aquí. Nadie se va a menos que sea absolutamente necesario, en especial Isabella. Lo último que necesitamos es a un muy apasionado policía de pueblo con un crecido sentido del heroísmo. En el momento en que se reporte que ha sido encontrada, será un blanco de nuevo." Se volvió hacia Alice con una sonrisa. "Sospecho que ya has descubierto cómo comunicarte con Ben."
"Sí, señor," dijo entusiasmada con una enorme sonrisa. "Está usando múltiples enrutadores, y yo también. Si alguien está tratando de rastrearnos, tendrían que saltar a cerca de siete diferentes países antes de ser enviados de nuevo al principio, al azar. De hecho—".
"¡Está bien!" Bella se carcajeó. "Tú eres la mierda. Todos lo sabemos. Un simple 'sí, no hay problema' hubiera funcionado."
Alice sonrió. "¡Sí, no hay problema!"
Todos nos atacamos de la risa porque ella era divertidísima y encima de todo una jodida genio.
Mi padre resopló, rodando los ojos, y luego se volvió hacia mí. "Estás a cargo. Si algo sale mal mientras no estoy, sabes qué hacer."
"Sí, señor," le dije.
"¿Alguna pregunta antes de que me vaya?" Preguntó, mirando alrededor de la habitación.
"¿Cuánto tiempo te irás?" Preguntó Emmett, moviéndose hacia adelante en su silla.
"No estoy seguro, pero gracias a Alice, mi laptop es segura. Solo puedo recibir correos electrónicos como contacto," suspiró. "Quiero entrar y salir. Tengo que hacer una aparición en TT para que Billy no empiece a asumir el control ya que Charles está desaparecido. Pero también quiero asegurarme que no hay nadie que lo esté amenazando." Miró alrededor hacia todos nosotros, preguntando si teníamos preguntas una vez más.
"Sí," Mickey bufó, rodando los ojos. "¿Puedo ir contigo? Vas a necesitar respaldo, y esta mierda de la pijamada es para animadoras de secundaria."
Nueve cabezas se giraron para mirarla, algunas ofendidas, otras divertidas. Makenna, que había estado compartiendo habitación con Mickey, se veía muy ofendida. Bella y Jasper, por otro lado, no parecían sorprendidos en lo absoluto.
"No, Mick. No puedo llevarte a ninguna parte cerca de TT," mi padre respondió, su rostro algo confundido. "Te necesito aquí. Necesito que las guardias sean dobles por las noches. Espero que nadie rastreé a Bella y las chicas hacia mí, pero si lo hacen, puede que sean capaces de encontrar cada propiedad, todo lo que esté a mi nombre."
"Bien," suspiró, rodando dramáticamente los ojos.
Estaba a punto de gritarle por su falta de respeto, pero mi padre me interrumpió.
"Edward, me gustaría verte antes de que me vaya," ordenó y me puse de pie, dándole a Mickey una mirada de advertencia que estaba más que seguro estaba ignorando.
Salimos hacia la terraza trasera, caminando hasta la orilla del lago antes de que se diera la vuelta para mirarme furioso.
"¿Qué demonios estás haciendo, hijo?" Gruñó, sus manos cerradas en puños. "¿Bella?"
"¿Qué con Bella?" Pregunté, sin soltar una mierda.
"¿Siquiera sientes cariño por ella? Porque, Edward, si ella es otra chica para ti… ¡Ella es mucho mejor que esa mierda!"
"¡No digas eso!" Gruñí, acercándome. "No es solo otra chica. Ella es… importante."
Se quedó callado, echándose hacia atrás para estudiar mi rostro. "¿Qué tan importante, hijo?" Preguntó, su temperamento calmándose solo un poco.
"Tan importante… que preferiría morir a que algo le pase a ella." Suspiré en frustración y derrota, pero necesitaba su consejo, ya sea que quisiera admitirlo o no. Pasando una mano por mi cabello, miré hacia el lago. "Tan importante… que no sé qué demonios estoy haciendo, pero no hay nada que me detenga."
Mi padre se rio entre dientes. "Estoy seguro que ella puede contigo…."
"No es divertido," susurré, volviéndome para mirarlo. "Ella es… me refiero a que… esto es entre nosotros, ¿verdad?"
"Siempre," me dijo, poniéndose serio de inmediato.
"Miller la lastimó… mucho. Es solo que no sé qué hacer…" Agarré mi pelo de nuevo, sintiéndome como un niño por correr hacia mi padre, pero necesitaba dirección. "Quiero ayudarla, quiero estar con ella, pero…"
"¿Ella siente lo mismo?"
Asentí, sonriendo un poco. "Sí, eso creo. Quiero decir, estoy muy seguro. Mierda, sueno como un maldito niño con un enamoramiento, y esto es mucho más que eso. Más serio. Más intenso…"
Sonrió, pero fue una sonrisa triste. "Voy a darte dos consejos, Edward. Escucha con atención, ¿de acuerdo?" Preguntó, levantándome sus cejas hasta que asentí. "Primero, ese sentimiento… es el mejor, el peor, el más aterrorizante y, aun así, el más hermoso sentimiento en el mundo. No hay nada parecido. Y no siempre se presenta. Así que tienes que mimarlo, nutrirlo, y tratarlo con cuidado. Y tienes que aferrarte a él como si se te fuera la jodida vida en ello porque es malditamente precioso y muy fácil de perder. ¿Me entiendes?"
Asentí de nuevo, tragando saliva, porque sabía que en ese momento estaba hablando de él y mi mamá.
"Bien," dijo con voz ronca, frunciendo un poco el ceño. "El siguiente… sé que Bella ha pasado por algunas cosas que supongo solo se ha sentido a gusto compartiéndolas contigo. ¿Estoy en lo cierto?"
"Sí, señor."
Asintió, inhalando profundamente antes de dejarlo salir. Eres desmesuradamente leal, hijo, pero Bella necesita hablar con alguien."
"Habla conmigo," interrumpo con un gruñido porque sé que Bella todavía no podría compartir su experiencia. "Se siente cómoda… conmigo."
"Está bien," me dijo, levantando sus manos. "Entonces, al menos habla con Esme, Edward. Ha estado preocupada por la chica. No tienes que ser específico, pero al menos ella puede guiarte. Y lo que sea que le digas se mantendrá en la más estrictas de las confidencias."
"Lo pensaré. No estoy diciendo que no, papá. Esto es nuevo, y no quiero presionar a Bella a algo que la lastime…"
Asintió en comprensión, levantando su mano para apretar mi hombro. "Ten cuidado mientras no estoy. Cuídalos, hijo. Pero asegúrate de que hagan lo que se supone que tienen que hacer porque veo que están empezando a distraerse—incluyéndote a ti. Un momento de descuido puede tener consecuencias desastrosas. Y sabes qué hacer si algo pasa."
"Lo sé," le dije, abrazándolo con fuerza antes de soltarlo rápidamente. "Cuida tu espalda, papá. Estaremos en contacto."
Me hizo un rápido gesto con su cabeza antes de alejarse. Me quedé mirando hacia el lago, esperando como el infierno que nada le pasara.
(1) Lo dejé en inglés porque no hay un término parecido en español, por lo general todas saben lo que significa, pero si no, es una chica que es fan de alguien o algo, en este caso Makenna es fan de Edward y haría lo que sea por complacerlo.
(2) Lay en inglés aparte de otras cosas significa un polvo o aventura de una noche, así que ya saben porque lo mencionó Bella y porque Edward se rio.
Hola :) Espero que hayan disfrutado del capítulo. Pobre Bella, sin duda Miller la dejo marcada y se le hace difícil creer que pueda volver a ser "normal", pero nuestro Mercward está dispuesto a esperar y ayudarla. Ya nuestra parejita está empezando a soltarse más aunque todavía les falta un gran camino por recorrer. Me encantó esa conversación de Edward con su padre, que hermoso consejo le dio con respecto a lo que empieza a sentir por Bella. ¿Y que tal les está cayendo Mickey? Esos celos la están matando. Muchas gracias a quienes comentan semana con semana, gracias por sus alertas y favoritos, ahora, si solo me regalaran unas palabras en el cuadrito de abajo me harían más feliz. Saludos y nos leemos la próxima semana.
