Disclaimer: Bleach pertenece a Tite Kubo


8. Che, zanpakuto*

(Izuru Kira)

Una vez más, la tarde caía en la Sociedad de Almas, dando la pauta para que todas las almas se fueran a descansar y relajarse de la jornada. Algunos cerraban sus tiendas y contaban las ganancias del día; otros preparaban las cosas que necesitarían para mañana; y otros estaban en sus recámaras y estancias, listos para echarse un buen sueñito.

Sin embargo, no todos pensaban quitarse el estrés de una forma saludable, sobre todo si hablamos de los segadores. Algunos salían a buscar más peleas, sobre todo para quitarse la frustración de haber sido humillados en las misiones, otros buscaban salir en compañía de alguna pareja o amigo para dar una ronda a la luz de la luna, y el resto se juntaba en lugares donde podían alabar o maldecir las actividades del día junto con la mejor sustancia conocida por ellos para quitar el estrés: alcohol.

Muchos segadores se juntaban en un bar del Rukongai, donde la bebida era más barata para ellos. Eso lo sabía Izuru Kira desde que entró al servicio de los Escuadrones de la Corte la primer semana que sus amigos lo sacaron para que se divirtiera. Ahora, varios años después, él se encontraba allí, ocupando una solitaria mesa y observando cómo los ryokas y los segadores conviven animadamente mientras entorpecen sus sentidos.

Kira le dio un suave sorbo a su vaso de sake. Al parecer, todos en el bar tenían alguna compañía, ya fuera una pareja o un amigo. Eso no le importó al segador rubio, ya que él también había venido al bar con alguien.

Su zanpakuto, Wabisuke.

Sí, esa katana, tan característica de los segadores, también alberga a alguien. A un espíritu que reflejaba la personalidad de su portador, que en el caso de Kira era la personificación de un hombre de apariencia triste, tal vez por la carga que lleva encima o por que la melancolía siempre ha formado parte de Izuru.

Además de su trágico aspecto, la voz de la zanpakuto era también muy triste. Como si fuera un duende que, tocando un peculiar tono, atrajera y absorbiera el sufrir de las personas que rodean a Izuru, apiadándose de sus pesares y haciendo más grande el dolor de su portador.

Izuru acarició un poco el mango de su zanpakuto. Por más que quisiera, no podía evitar esa curiosa habilidad de su arma de atraer la tristeza. Hasta parecía que por empuñar el adormilado mango de su espada, los sujetos más tristes se le acercaban, aquellos cuyo corazón no puede estar en paz por causa de los amargos sentimientos que los afligen.

El rubio miró mejor a su alrededor y encontró a varias chicas, en especial tres de ellas, cuyos nombres eran Emi, Mizuki y Natsuki. Ellas, que habían aprovechado la soledad y tristeza de Izuru algunas noches para darle migajas de cariño, trabajaban en el Seireitei como ayudantes en los Escuadrones, donde vestían uniformes de percal blancos. Pero en ese bar no había huellas de tales ropas, sino simples kimonos de rayón pardo, como si se estuvieran vistiendo de acuerdo al melancólico eco de la voz de Wabisuke.

Al alejar su vista de las mujeres, Izuru le dirigió una mirada a su zanpakuto, cómo si ésta le estuviera hablando. Hoy era una noche para relajarse con el alcohol y, posiblemente, conseguir algo de efímera compañía, así que podía confesarle la verdad acerca de sus pensamientos a su espada antes de hacer estupideces. Porque cada noche que sale, donde las penas desfilan en su cabeza y el quiere ahogarlas en vaso tras vaso de sake y con cada canción triste, siempre termina más y más profundo en la locura que provoca el alcohol, pero también acaba más hundido en otro lugar peor: la amargura. Sí, ese sentimiento negativo que hace que las personas pierdan todo el optimismo y terminen por adoptar una actitud derrotista ante las buenas oportunidades que se le presentan. Y para rematar, escuchaba claramente cómo su zanpakuto la nombraba interminables veces, diciéndole que ella estaría decepcionada de él, que ella está mejor con alguien que no fuera Izuru, y quien sabe que tantas cosas más. Pero Kira simplemente ignora todos esos comentarios de su espada, ya que su corazón sólo está para olvidar esa noche, pese a que cada noche los recuerdos de ella le vuelven con cada canción que tocan en el bar, acompañado del discreto llanto de su zanpakuto.

Sin embargo, pese a que Izuru intentaba controlar todas esas emociones, su zanpakuto no lo apoyaba del todo. Es más, hasta sintió una triste tonada que provenía de su espada. Una triste canción que representaba su amor frustrado por esa chica, pero por otra parte también reflejaba ese bonito cielo azul donde los más hermosos y optimistas sueños se cumplen, por lo menos en su imaginación.

Además de esos dos elementos, la triste canción de Wabisuke hizo que viniera a su mente la imagen de Shuuhei Hisagui. Ese fraternal amigo que, por un tiempo, se hundió al intentar trabajar una tormentosa relación. Fue atento con su chica, nunca la descuidó y fue muy detallista. Sin embargo ella terminó por querer a otro hombre, convirtiendo el querer de Shuuhei en una fuerte tormenta en su corazón.

Izuru negó un poco, moviendo su cabeza de lado a lado. Con tanto recuerdo triste, las ganas de llorar fueron inevitables, sin importarle que se viera poco masculino. Esta vez si tenía razones para derramar algunas lágrimas, pero otras noches ese tremendo impulso de soltar el llanto venía sin razón alguna.

Kira se limpió las pocas lágrimas que se le habían acumulado en sus orbes azules. Respiró un poco y le dio un buen trago a su sake. Al momento, el líquido lo sintió bastante reconfortante y aturdidor, pero después la bebida lo traicionó en atormentar más sus sentimientos. Izuru bebió otro trago y pasó lo mismo, y así sucedió lo mismo con los otros cinco vasos. Al parecer, el licor sólo servía para recordarle que tan triste estaba su alma, aunque Wabisuke insistiera en que nunca podría superar

Izuru dejó el vaso, suspiró profundamente y miró a su zanpakuto. Esa noche de fandango podía confesarle la verdad a su espada. Copa a copa, pena a pena, canción tras canción que se presentara en la noche servirían para que se embalara en la locura del alcohol y la amargura. Además, le decía a su zanpakuto el motivo de nombrarla tanto, ¿que no sentía que esa noche estaba de olvido su corazón? Bah, de todos modos ella volvía noche a noche, en los recuerdo como un canto, acompañado de las gotas del llanto de la propia zanpakuto.


Notas del autor

*El título original del tango, como el del buscador de capítulos, es Che, bandoneón. Así como el bandoneón representa el alma del tango, la zanpakuto representa el alma de un segador.

Respondiendo a los reviews

Soul Neko-Natsu: Hola. Me da mucho gusto que te haya gustado el capítulo, y me complace más que me tengas paciencia (como el nombre del capítulo, jeje). Y si, pobre Renji, pero parece ser que los segadores son un poco reacios respecto a esos temas. Espero que te guste el próximo capítulo. Nos vemos.

July-nyaan: Hola. Que bueno que te haya gustado el capítulo, aunque creo que lo hice algo triste. Nos vemos.

ALEXZHA: Hola. Me da mucho gusto que te hayan gustado los capítulos y la forma en que escribo. Nos vemos

Harumi Yamazaki: Hola. Que gratificante encontrar reviews así (no quiere decir que los otros sean menos importantes). Me da muchísimo gusto que te hayas leído los capítulos en una vez, al igual que te hayan gustado. Además de que es un placer compartir mis ideas con la gente y muchas gracias por los ánimos y la paciencia, ya que es un poco difícil escribir un capítulo. Nos vemos.

Gracias por leer