Twilight y sus personajes pertenecen a stephenie meyer, la historia es mía
Temas fuertes (violencia, violaciones, lenguaje, etc), que pueden fomentar pensamientos negativos a audiencias jóvenes. Se aconseja prudencia. Solo para mayores de 18.
Edward nunca había estado tan ansioso de comida y compañía. Lo cual dejaba bastante claro cuánto tiempo había pasado de que tuviera alguna de las dos. Si bien la comida que la hembra le dejaba lo alimentaba… no lo satisfacía del todo. De nueva cuenta comenzaba a sentir ese zumbido en sus oídos, y ese malestar en la boca del estómago, comenzaba a sentirse débil otra vez. Para su desgracia, pronto tendría que alimentarse de alguien de su especie o volvería a ser un cadáver viviente.
Miró las manecillas en la posición en la que siempre estaban cuando Bella llegaba, al parecer aún faltaba más tiempo, se revolvió incómodo en la silla pensando cuánto deseaba verla. Necesitaba escuchar las conversaciones sobre su trabajo, su risa, el sonido de sus pasos por toda la casa. Porque si no tenía esas distracciones, su mente evocaba terribles imágenes: El peso de los grilletes sobre sus muñecas, el traqueteo metálico de cadenas, collares de perro, gemidos, sudor, sangre... Era una atroz imagen mental. Respirando entrecortadamente, se desplazó con suma velocidad hacia el baño, necesitando ver su reflejo.
No podía soportar la sensación de entumecimiento, le recordaba a sus días de esclavo. Mirándose fijamente, observó su cabello, era del color del bronce, y no estaba sucio, podía ver su mandíbula y labios, no había nada de barba ahí, sus ojos ya no se veían hundidos, pero el dorado comenzaba a oscurecerse. Al menos, ya no se parecía a ese zombi que había llegado semanas atrás. Deslizando la lengua por la punta de uno de sus colmillos, recordó lo que se sentía al dejar de ser alguien, como cuando Tanya lo encadenaba, y lo montaba sin que él pudiera hacer nada. Su mente nunca quería cooperar con el acto, pero su cuerpo... su cuerpo respondía siempre a la perfección. Después de todo era un vampiro, y ella estaba siempre tan excitada y hambrienta. Nunca podía evitarlo, era como un llamado horrible de su naturaleza, algo más fuerte que él que lo urgía a satisfacer las necesidades de la hembra, de sangre o sexo... o ambos.
Edward apretó los dientes, cruzando rápidamente el pasillo, atravesó la cocina y llegó a la estancia donde abrió de golpe la puerta corredera. Cuando salió al balcón, el miedo no le permitía respirar, pero el impacto del aire gélido nocturno hizo que sus pulmones se apaciguaran. Ya no soy un esclavo, ya no soy un esclavo, se repitió una y otra vez.
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—No puedes tenerlo encerrado para siempre.
—Además, ¿a dónde se supone que vas a llegar con todo esto? —Jasper se cruzó de brazos—. ¿Es que no tienes instinto de preservación? ¡Es un vampiro!
Bella bajó la mirada a sus manos, tratando de encontrar la respuesta adecuada para sus amigos frente a ella. Sabía que la pareja tenía razón, ¿pero qué se suponía que debería de hacer?, ¿pedirle a Edward que se fuera? El puro pensamiento la sofocó como si le hubieran dado un golpe en el estómago, y aunque decía mucho de ella que se sintiera de esa forma, le restó importancia sacudiendo la cabeza.
—Él nunca me haría daño.
—¿Cómo puedes decir eso después de que te atacó en tu casa? —contraatacó Alice incrédula.
—Es un vampiro, se estaba muriendo de hambre y aun así fue capaz de liberarme, por eso sé que no me haría daño. —Jasper sacudió la cabeza.
—No puedes confiar en su precario autocontrol. Pronto necesitará alimentarse de nuevo.
—Y las unidades de sangre que te dimos, no podrán recuperarse hasta dentro de meses, Bella, tienes que sacarlo de tu vida. —Aquello de nuevo fue como asfixiarla.
—Buscaré otra cosa, tan solo denme espacio —pidió un tanto molesta.
—Si los mitos son ciertos… —murmuró Jasper, tratando de aligerar el ambiente de pronto tenso—. Se puede alimentar de humanos, quizás convenga que lo lleves a uno de esos locales de estilo gótico, con suerte quizás no sea el único vampiro, y aun si lo fuera, puedo apostar a que hay un montón de enfermos psicópatas que quisieran alimentarlo. —El pensamiento de Edward alimentándose de una mujer le provocó náuseas.
—¡Sí! —Aplaudió Alice, lanzándose a los brazos de su novio y compañero para besarlo—. Podemos acompañarlos.
—Alice… —El tono de Jasper era una advertencia que por supuesto su amiga desechó.
—Nos encantará acompañarlos cuando sea el momento, Bella —aseguró su amiga con una pícara sonrisa.
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—¿Te encuentras bien? —El macho asintió distraídamente.
A este punto, se estaba pensando seriamente el dejar de respirar, el aroma a frutas de la joven comenzaba a hacerle agua la boca, deseaba enterrar los colmillos en su garganta y proveerla de todo lo que le hiciera falta. A veces podía percibir ciertas necesidades que la humana tenía, quería satisfacerla, en verdad que sí. Pero años de tortura no se iban en un par de días, además no había manera de que se atreviera a hacerle daño, mucho menos a profanar su cuerpo de ninguna manera, por lo que contuvo la respiración, de todas formas podía aguantar bastante. Sin poder evitarlo se estremeció ante el recuerdo.
Cuando se negaba a alimentarse de la vena de Tanya, ella podía ser muy… persuasiva, haciendo que su verdugo, Emmett, lo sumergiera en un tanque con agua por horas. Hasta que se desmayaba, o lloraba de desesperación por la falta de aire, o si nada de eso funcionaba, traían a Rosalie para...
—Quiero que me cuentes del lugar de donde vienes, ¿de dónde saliste?, ¿por qué estabas en ese oscuro callejón?, ¿quién te dejó ahí? —Edward parpadeó aturdido.
—¿Podríamos n-no hablar de eso, ama? —susurró apretando fuertemente el borde la mesa.
No quería ni siquiera pensar en el horrible lugar del que había escapado enfrente de la humana, Bella tenía un halo puro de energía, era tan transparente y pura. Además su aroma se lo confirmaba. ¿Por qué manchar a aquella hembra con semejantes recuerdos?
—Quiero hablar contigo y de ti. —El macho cerró los ojos, pellizcando el puente de su nariz. Ella podía ser increíblemente testaruda—. ¿Qué tipo de sangre bebes? —La pregunta lo tomó desprevenido, incluso no pudo evitar sonreír.
—Me alimento con la sangre de los de nuestra misma especie, ama.
—¿Otra vez llamándome así? No creas que no las cuento, esta es la segunda vez hoy. —El tono lo hizo estremecer de una forma totalmente ridícula pero no podía evitarlo.
—Lo siento, Bella —balbuceó apenado. Ella tan solo suspiró antes de inclinarse un poco más hacia él.
—¿Nada de humanos? —Él suspiró, la sangre de los humanos era débil pero no le parecía correcto decírselo—. ¿Animales? —Edward abrió los ojos como platos, antes de por poco reírse, logró controlarse negando con la cabeza—. ¿Te mueres si te entierran una estaca? —Negó con la cabeza y el ceño fruncido—. ¿Solo con el sol?
—Incineración, eso definitivamente acabaría conmigo. —Por alguna razón ella se estremeció.
—¿Tienes padres?, ¿son vampiros?, ¿en dónde están? —El bombardeo de preguntas parecía interminable. El macho se removió incómodo en su lugar. Esperó en silencio a que ella lo dejara pasar como otras veces, pero solo hubo silencio de vuelta. La hembra definitivamente quería respuestas.
—Casi no puedo recordarlos —susurró mirando fijamente hacia su regazo—, pero sí, obviamente son vampiros, o lo fueron, no sé su paradero.
—¿Te abandonaron? —Su voz esta vez era más suave, el olor de la preocupación le llegó como una bala.
—Fuimos secuestrados cuando éramos niños.
—¿Fuimos?, es decir, ¿tú y quién más? —El macho respiró hondo, la furia juntándose en sus manos hasta cerrar los puños, cuando volvió a hablar, parecía que le hubieran raspado la garganta con una lija.
—Mi hermana.
—¿En dónde está ella ahora? —La furia comenzó a corroer las entrañas del vampiro, por lo que tuvo que coger aire tres veces de forma lenta y pausada, antes de responder.
—En cautiverio.
Que tal, muchas gracias por todos sus comentarios, es un gusto que me digan sus nombres e incluso se presenten, la verdad estoy gratamente sorprendida. Espero que siga gustándoles la historia.
A la chica que me pregunta si Edward fue secuestrado a los 18, solo aclaro que a esa edad dejó de contar los años de cautiverio, saludos a todas.
