¡Hola! Pfff... tenía el titulo de este capitulo justo antes de empezar incluso el fic, pero no tenía ni idea de que momento sería XD

En fin, trás muchos desvelos y quebradas de cabeza, salió esto. Espero les guste porque comenzamos con quinto año! Y para mí, PARA MÍ, es donde estos dos comenzaron a "sospechar" lo que sentían. !PARA MÍ!

Bueno, este... Aquí va.

Harry Potter y todos sus personajes no me pertenecen, pero si lo hicieran (que se vale soñar), yo habría estado presente cuando se filmo el beso de estos dos.


8.- Gestos Conocidos.

− ¿Podemos acabar ya con esto?

−Aun queda mucho por recorrer, Ron.

El chico puso los ojos en blanco y soltó un bufido mientras Hermione se dedicaba a recorrer los pasillos oscuros y desiertos de Hogwarts con la mirada.

−Tengo sueño− comentó Ron, con la voz cargada de fastidio.

−Es nuestro deber, como nuevos prefectos, recorrer los pasillos de noche para que los estudiantes no…

−Si, si, si− dijo él y bostezo con descaro.

Hermione rodó los ojos y siguió caminando. No iba a ceder ante sus replicas, pero ella tampoco iba replicar. Ambos habían tratado de disminuir sus discusiones para no fastidiar a Harry, que últimamente tenía un comportamiento de lo más estresante (¡Nadie cree realmente que Voldemort haya regresado!).

Ron volvió a bostezar y soltó un gruñido. Hermione rodó los ojos otra vez.

−Estoy cansado.

−Apenas llevamos quince minutos en la roda− contesto ella, sin poder contenerse.

−Ya, pero es aburrido− comentó Ron. –Hoy nadie está haciendo nada en contra de las normas, Hermione. Además, apuesto a que los demás prefectos ni siquiera hacen las rondas… Tenemos que ser los dos bobos de Griffyndor que salen a cumplir con su deber y…

− ¡Nadie te está pidiendo que te quedes!− exclamo Hermione comenzando a enfadarse. Odiaba cuando Ron tomaba esa actitud. –Puedo yo sola con las rondas, gracias.

− ¡Cielos, calma!− dijo Ron alzando las cejas. –No lo decía para que te enfadaras. Solo quería sentarme un momento y así después continuar con la ronda.

Hermione lo miró exasperada, pero él sabía que había pronunciado las palabras justas para poder convencerla.

−Solo un momento− determino Hermione cruzándose de brazos.

Ron sonrió y señalo una escalera bastante estrecha junto a una armadura. Tomo asiento en los primeros escalones y le indico a su amiga que se sentara con él. Ella, aun cruzada de brazos, accedió.

− ¿Quieres?− preguntó Ron sacando del bolsillo de su túnica un par de ranas de chocolate.

− ¡Acabas de cenar!− dijo ella, entre divertida y severa. –Además, Ron, comer chocolate en la noche, aumenta tu energía y es muy difícil poder dormir si…

− ¿Quieres o no?− preguntó él, comenzando a morder una de las ranas.

Hermione negó con la cabeza y sacó del bolsillo de su túnica un libro pequeño y delgado, nada propio de ella.

¡Lumos!− murmuro y la punta de su varita se encendió. La coloco junto a ella y abrió el libro casi por la mitad, en donde se había quedado la noche anterior.

− ¡Merlín, Hermione! ¿Te vas a poner a leer? ¿Aquí?

− ¿Te molesta en algo, Ron?− preguntó ella con desafío.

−No, para nada− dijo él poniendo los ojos en blanco y siguió comiendo su rana de chocolate.

El silencio reinaba en esa sección del castillo, pues tal vez Ron tenía razón y esa noche nadie había decidido saltarse las normas de Hogwarts.

Ambos estaban ensimismados en sus asuntos, colaborando con el silencio que los rodeaba. Pero eso ya se estaba convirtiendo en algo habitual, pues en las pocas rondas de prefectos que había tenido hasta el momento, no habían hecho otra cosa más que conversar un poco de Harry y vigilar por los pasillos.

Nada más.

Y ninguno sabía porque, pero estas situaciones se estaban volviendo cada vez más incomodas. No es que no les gustara estar juntos, si no que… Nunca habían estado juntos tanto tiempo sin Harry.

Y era raro, aunque no debería serlo.

O por lo menos, eso era lo que pensaban.

−Ese libro no te gusta mucho, ¿verdad?− preguntó Ron sobresaltándola.

− ¿Por qué dices eso?

−Porque no le estas poniendo mucha atención.

−Mi mamá me lo presto− explico Hermione. –Dice que debo alejarme un poco de los gruesos tomos de magia y concentrarme un poco en una lectura ligera. Es una novela muggle.

−Yo estoy con tu mamá− dijo Ron sonriendo. –Te vas a volver loca de tanto leer.

Hermione frunció los labios.

−Eso no es cierto… ¿Y cómo sabes que no estoy prestándole atención al libro?

−Bueno… Es que, siempre que estás concentrada en un libro, frunces un poco el seño, así− y Ron frunció el seño. –Y arrugas un poco la nariz, así…

Ron hizo frunció ligeramente su pecosa nariz, pero cuando se dio cuenta de que Hermione lo miraba con extrañeza, relajo el gesto, se aclaro la garganta y se dedico a abrir la otra rana de chocolate que tenía en la mano.

− ¿Y cómo es que…?

−Bueno, te la pasas leyendo todo el día− razono Ron. –Cualquiera que te conozca sabe eso.

La respuesta salió de los labios de Ron sin que él si quiera la pensara, pero algo dentro de él, le decía que no era del todo cierta.

Hermione lo miró a la cara, pero antes de que pudiera si quiera decir "Ron, yo no me la paso leyendo todo el día", emitió una risita.

− ¿Qué?− preguntó él extrañado. − ¿De qué te ríes?

Hermione se rió aun más y se tuvo que tapar la boca con una mano porque su risa resonaba en el corredor desierto.

− ¿Por qué te ríes? ¡Dime!

Hermione paró de reír, pero aun conservaba cierta sonrisita burlona en la cara, que hizo que Ron frunciera el seño.

−Es que, siempre que comes esos dulces− explico Hermione. –Te llenas de chocolate este lado del labio.

Hermione se señalo el lado derecho de la boca. Ron, con las orejas rojas, se limpio el izquierdo.

−Mi derecha, tu izquierda, Ronald− dijo poniendo los ojos en blanco y con el pulgar, le quito la mancha de chocolate de la boca.

Una lechuza ululo a lo lejos y los dos se separaron con un respingo. Ron tenía las orejas rojas, Hermione se mordía el labio.

Había sido incomodo, Merlín sabía que eso había sido incomodo… Pero, ¿Por qué?

Si bien era cierto que nunca habían estado acostumbrados a llevarse de esa manera, también era cierto que eran amigos. Y con los amigos uno no debía sonrojarse, ¿verdad?

−Será mejor que sigamos con la ronda− dijo Hermione y se metió la pequeña novela muggle al bolsillo de la túnica.

Ron hizo una mueca.

−Aun estoy cansado.

− ¡Cansado!− repitió Hermione con severidad. –Llevamos más tiempo sentados que vigilando los pasillos.

−Y los traviesos de primero que anden vagando por ahí, nos lo van a agradecer.

Hermione lo miró con los ojos entrecerrados y cruzó los brazos. Bufó.

− ¿Ya te enojaste?

−No− dijo ella, pero volvió a bufar.

−Si, ya te enojaste− afirmo Ron y puso los ojos en blanco. –Siempre que te enojas conmigo, te pones a bufar, como si te indignara mi comportamiento.

−Eso no es cierto− murmuró Hermione y sin poder evitarlo, volvió a soltar un pequeño bufido.

− ¿Ves?

−Bueno tal vez, pero es solo porque siempre que te aburres, se te da por molestarme.

− ¡Eso no es cierto!− dijo Ron indignado.

−Si lo es. Siempre que vas a molestarme solo por estar aburrido, tuerces una sonrisita así− y Hermione ladeo un poco la boca, burlonamente.

Ambos se quedaron mirándose en silencio y luego de la nada, comenzaron a reír.

− ¿Ves? Ya deberíamos volver a la Sala Común, estamos tan cansados que decimos tonterías− se rió él.

Hermione sonrió y resignada, asintió con la cabeza.

Ron se levanto de inmediato y le ofreció una mano a Hermione para que esta se levantara también (Porque sí, ya sé que Hermione es una chica, Fred), pero al hacerlo, ella tropezó con el dobladillo de la túnica de Ron.

Fue instinto.

Para evitar que ella cayera al piso, Ron la agarro del brazo con una mano y de la cintura con la otra. Sus caras quedaron a solo unos centímetros de distancia y ambos estaban seguros de que nunca, nunca habían estado tan cerca.

Un fuerte ruido los hizo sobresaltarse y separarse rápidamente.

Un niño de primer año estaba en el suelo frente a ellos, con una bandeja llena de comida en las manos.

−Me caí− murmuró el niño, avergonzado de que lo hubieran atrapado en sus intentos por llevar comida a su Sala Común.

Hermione le pidió su nombre, su casa, le ordeno que devolviera todo a la cocina y dijo que al día siguiente hablaría con el jefe de su casa.

−Te dije que debíamos revisar los pasillos− dijo Hermione seriamente cuando el niño se hubo alejado. –Hay que terminar la ronda.

− ¡Pero, si ya habías dicho que…!

−No importa. Es nuestro deber.

Hermione camino con la cabeza erguida y Ron la siguió a regañadientes.

Ninguno le hablo al otro por el resto de la ronda. Pero no era porque estuvieran enojados, como otras veces. No.

Cosquilleos que antes pasaban casi inadvertidos, momentos que se antes ni siquiera se hubieran dado, sonrojos que ahora llegaban con demasiada facilidad, conversaciones que los habían hecho pensar…

Porque Hermione pensaba que si sabía de qué lado de la boca se manchaba Ron cuando comía chocolate, era porque se había sorprendido a sí misma mirando sus labios más de una vez.

Y Ron pensaba que si sabía de qué manera fruncía el seño su amiga al leer, era porque fingía estudiar cuando en realidad la observaba.

Pero no podían sentir eso. No podían… gustarse, vaya.

Gustarse.

¡No, no podían!

Así que el resto de la ronda, se dedicaron a pensar en excusas de porque conocían con tanta atención los gestos del otro.


Personalmente lo adore jeje. Pero aki kuenta la opinión de ustedes, claro ;) En fin, me ire a hacer tarea (si, tarea porque tengo unos profes crueles).

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