Mientras leía en internet todo lo que había podido encontrar sobre los trasgos y las encantadas, Sam levantó la mirada y se fijó en Dean. Sonrió, pues aunque sabía que estaba terriblemente mal, no lo pudo evitar.

Dean no se dio cuenta, estaba mirando por la ventana, con la mirada fija en la nada y no había dicho nada en más de dos horas; para total incredulidad de su hermano, Dean no había abierto la boca en dos horas enteras.

John se acercó a su tío con un libro en la mano y se sentó a su lado, esperando a que Sam se percatara que estaba allí. Este se volvió hacia el niño y le revolvió ligeramente el pelo cariñosamente.

"¿Qué le ocurre a papá?" John miró a también a su padre.

El niño no comprendía nada y Sam tampoco le había dicho gran cosa sobre lo que le ocurría a su padre, pues incluso a él le era difícil de comprender, sobretodo tratándose de Dean y de unos sentimientos que no le pertenecían.

"John, tu padre, está pasando una mala racha, pero no te preocupes no le pasa nada grave y que no se pase en unos días." "Al menos eso espero." Tan sólo pensó Sam, sin decirle nada al niño.

John asintió, al menos parecía que había aceptado esa respuesta. El niño bajó la mirada hacia el libro de nuevo y se enfrascó en la lectura de nuevo. Sam no pudo concentrarse de nuevo en su lectura en la pantalla del ordenador.

Estaba preocupado por su hermano, desde que Dean había sufrido ese cambio, esa unión con Nadia que le hacía sentir lo mismo que sentía la chica; por muy lejos que ella estuviera, pues en realidad no tenían ni la más remota idea de donde se encontraba; su hermano no era realmente el mismo.

Desde luego que Dean estaba allí, que le tomaba el pelo, que se metía con él como antes y que jugaba y hablaba con John como si no hubiera ocurrido nada; sin embargo, y por mucho que Sam no sabía lo que era exactamente, su hermano había cambiado, su mirada era diferente y su comportamiento también era ligeramente extraño.

"¿Dónde está Nadia?" Al escuchar la pregunta, Sam agachó la mirada hacia John, que no había apartado la vista del libro que tenía entre manos. "¿Por qué papá no va a buscarla si sabe donde está?" Sam abrió los ojos de par en par al escuchar aquello, pues en ningún caso se hubiera imaginado escuchar eso viniendo de su sobrino, que tan sólo contaba con cuatro años. ¿Acaso John sabía más de lo que ellos creían? Y de ser así ¿Cómo era posible?

"¿Por qué dices eso?" Sam dejó el ordenador a un lado y esperó a que el niño levantara la mirada hacia él. John se tomó unos segundos, como si lo que acabara de decir no hubiera sido realmente importante para él, como lo había sido para Sam. "¿John?"

"Es verdad, Nadia me lo dijo cuando estuvo conmigo." Sam lo miró expectante, esperando a que el niño continuara hablando, de nuevo, John se tomó su tiempo, momento en que Sam comenzó a desesperarse.

Con una mirada rápida alcanzó a ver a Dean; no se había percatado pero Dean se había movido, se había acurrucado en el sillón en el que llevaba varias horas sentado, con las rodillas rodeadas con sus brazos y lo escuchó suspirar. Sam estaba totalmente perplejo, acababa de escuchar a Dean suspirar.

"Me dijo que papá y ella estaban comunicados y que aunque no quisiera él la comprendería mejor que nadie. ¿Qué quiere decir eso tío Sam?, ¿puede papá encontrarla si quiere?"

Sam tragó saliva. Llevaba casi un día entero buscando información entre libros e Internet sobre las encantadas y sus protectores, que le parecía increíble que su sobrino supiera tanto sobre el tema. Por un momento se sintió orgulloso, pues ese pequeño niño de cuatro años y medio le recordó mucho a si mismo.

"No lo se John, supongo que podría preguntarle a tu padre." Al escuchar aquello, John había dejado apartado el libro en el que había estado tan concentrado un momento antes. Aunque apenas la había llegado a conocer, le había cogido un enorme cariño a Nadia y si le decían que podía ser posible volver a verla, el niño se emocionó enormemente.

"¿Nadia va a volver?" Los ojos negros de John se iluminaron como pocas veces lo había visto Sam y este no supo que decirle, pues no estaba del todo seguro si era bueno crearle unas esperanzas que tal vez nunca llegaran a cumplirse.

"¿Por qué no hacemos una cosa? Tu quédate aquí." Sam cogió el libro que había dejado a un lado, sobre la cama John y leyó el título, que hasta ese momento había pasado completamente por alto, "Cuentos y leyendas americanas, contados para niños."

Se lo había regalado él mismo, una vez que John había aprendido a leer, quería que su sobrino tuviera la mayor información posible sobre lo que ellos hacían y que comenzara a hacerlo pronto, como un juego, para que una vez que llegara el momento de enfrentarse a su primera criatura, todo aquello no le cogiera demasiado por sorpresa.

Cuando John había llegado a sus vidas, Sam había querido pensar que era posible que terminaran llevando una vida normal y que el niño pudiera crecer en un ambiente normal, fuera de todo el mundo sobrenatural. Sin embargo, una vez que había pasado el tiempo y que las cosas habían seguido igual, Sam se dio cuenta que eso era algo imposible y que si las cosas no cambiarían mucho, John terminaría por convertirse en un cazador como ellos dos y de ser así, Sam quería que su sobrino fuera el mejor, con el mayor conocimiento sobre su trabajo.

"¿Qué tal si me buscas tu cuento favorito, te lo vuelves a leer y luego me lo cuentas?" John le mostró a Sam una sonrisa enorme en su rostro y cogió otra vez el gran libro, que casi era más grande que él. Comenzó a pasar páginas, haciendo lo que su tío le había dicho, mientras Sam, por fin se levantaba y se iba a hablar con Dean.

Un momento antes de llegar hasta donde estaba Dean, se dio la vuelta hacia John, por saber si lo que fuera a decir lo fuera a escuchar el niño, pero al ver que estaba absolutamente concentrado en su libro, se dio cuenta que eso no iba a suceder y que podía hablar con su hermano con total tranquilidad.

Sam cogió el sillón en el que había estado sentado y lo llevó hasta la ventaba, hasta donde se encontraba Dean. Este no se movió, ni siquiera le miró, era como si no se hubiera dado cuenta que Sam estuviera allí.

Sam se recostó en el sillón y apoyó las piernas sobre el marco de la ventana, a la vez que se cruzaba de brazos. Esperó un momento, pero Dean no reaccionó. Sam lo miró, fijándose mejor antes en su rostro y de nuevo, para su tremenda sorpresa, se percató de los ojos enrojecidos de su hermano, siendo que pocas veces lo había llegado a ver llorar y se dio cuenta que no respiraba con normalidad, sino que su respiración era algo entrecortada.

"¿Dean te encuentras bien?" Dijo por fin Sam, sabiendo que Dean no le iba a contestar. "Dean, vamos, dime algo, no puedes quedarte así toda la vida; tienes que darme algo para que te ayude a solucionar todo esto." Sam volvió a esperar a que su hermano contestara, pero Dean tardó unos segundos demasiado largos para Sam en hacerlo.

"No puedo creer que esté tan destrozada." Dijo Dean finalmente, aunque su voz sonó tan triste que casi le rompió el corazón a Sam. "Yo pensé…"

"¿Dónde está Nadia?" Sam no le dejó contestar. Ya había escuchado a su hermano decir demasiadas veces eso de "no creí que fuera para tanto", o "no se porque se lo ha tomado tan mal, no ha sido tan grave", que prefirió cortarle antes de que pudiera decirlo una vez más y tuviera que volver a decirle lo que había hecho mal.

Dean lo miró por fin, como si aquellas simples tres palabras lo hubieran hecho reaccionar. "¿De que estás hablando? Sabes tan bien como yo, que no tengo ni idea de donde está esa desquiciada."

"Dean, no seas así, tu sabes mejor que nadie lo que Nadia siente en este momento y porque." Dean no apartó la mirada de Sam, incluso pareció que sus ojos se volvían más agresivos.

"¿Qué no sea así después de lo que me ha hecho?" Sam le indicó con la mirada a John después de ver como su hermano levantaba la voz de repente. Dean se dio cuenta perfectamente y trató de calmarse. "Tenía que haberme avisado que esto iba a ocurrir, que después de convertirme en su guardián también me iba a dar sus estúpidos sentimientos de tía sentimentaloide y con el corazón roto. Por el amor de dios Sam, lo hizo a posta."

"En eso tienes toda la razón." Dean fue a decir algo pero no lo hizo, no sabía porque Sam había dicho eso, por qué le acababa de dar la razón y esperó a que terminara. "Nadia quería unirse a ti."

"¿Se puede saber de que narices estás hablando Sam?" Dean bajó por fin las piernas al suelo y se acercó a Sam, sin quitarle los ojos de encima ni por un momento. "No es que no me gusten tus juegos de palabras del hermano listo, pero me vendría bien que me echaras una mano."

Sam respiró profundamente un momento. Por mucho que al principio y aunque no le hubiera dicho anda a su hermano, se hubiera alegrado que Dean tuviera ahora las emociones de Nadia, que supiera lo que otros sentía cuando él siempre se comportaba tal cual era, luego se dio cuenta que Nadia se parecía demasiado a él y que cuando se trataba de tener sutileza a la hora de hablar, los dos tenían la misma, es decir, ninguna.

"Estoy seguro que Nadia sabía perfectamente como eras antes de decidirse a elegirte como guardián y que por eso te escogió a ti." Dean lo continuó observando con la mirada de no entender nada. "Sois iguales y por eso se enamoró de ti. Aunque te cueste creerlo, eres exactamente igual que Nadia y nadie mejor que tu para encontrarla ahora. Ella lo sabía entonces y tu lo sabes ahora."

Cuando Sam se dio cuenta que Dean no decía nada, supo que tenía razón, que su hermano había estado intentado negárselo a si mismo todo el tiempo pero era cierto, sabía que Nadia y él eran iguales y sobretodo ahora que podía saber a la perfección todos y cada uno de sus sentimientos, no podía negar las evidencias y tal como John había averiguado sólo y como Sam ahora sabía, Dean podía encontrarla.

"¿Por qué piensas que quiero encontrarla después de lo que me ha hecho?"

"Porque por mucho que no quieras reconocerlo, tu también la quieres, no todo lo que sientes es sólo de ella, si estás deprimido, no sólo es porque ella se sienta mal, no sólo es porque le hayas roto el corazón a Nadia, una parte de ese dolor es tuyo." Sam negó con la cabeza al terminar de hablar. "Lo que no soy capaz de entender, es porque lo has hecho, porque la has echado de tu vida de esa forma tan horrible, cuando tu también estás loco por ella."

Ahora fue Dean el que respiró con fuerza. ¿Cómo era posible que Sam lo conociera casi mejor que él a si mismo? En ese momento ya le daba igual, pues Sam tenía razón, aunque no conociera el motivo de lo que su hermano había hecho.

"Porque no quería perderla." Sam lo miró atónito, pues no se había esperado esa respuesta. Hubiera esperado algo más del estilo de su hermano, del tipo, "porque no quería enamorarme", o "porque ya tengo bastante con mis propios problemas y los de mi familia como para liarme con nuevos".

Pero eso fue nuevo para él. "Me conoces demasiado bien y sabes porque lo he hecho. Ya he perdido a demasiados seres queridos, ya he sufrido suficiente Sam y si reconocía que me había enamorado de ella, tarde o temprano hubiera ocurrido algo, tarde o temprano la hubiera perdido y no estoy seguro de poder soportarlo."

"No, no lo sabía Dean, creía que… bueno, ya sabes, que habías sido más tu, la hacerle eso." Dean sonrió con sorna, Sam tenía razón, él no solía ser así, pero la verdad era que él nunca había conocido a ninguna mujer como Nadia, ni Lisa, ni Cassy, ninguna le había impactado tan directamente en él, incluso cuando no había llegado a ocurrir nada entre ellos.

Por eso, Sam entendió su sonrisa y su mirada y prefirió cambiar de tema y no seguir por ahí. "¿Me estás diciendo entonces que estos días has sabido donde ha estado Nadia y no me has dicho nada?"

"Y no pienso hacerlo Sam. Supongo que me costará acostumbrarme a esto, pero no voy a involucrarla en mi vida, pensando lo que puede llegar a ocurrirle."

"¿Y John?" Sam conocía demasiado bien a Dean, como para saber que no iba a conseguir convencerle alegando que iba a sufrir mucho o que ella lo estaba pasando mal con lo que le había dicho. Dean era demasiado testarudo para eso.

Pero Sam también sabía que sí disponía de una forma de conseguir que Dean hiciera algo que él quisiera, usar uno de sus dos únicos puntos débiles y en esa ocasión no iba ser su hermano pequeño.

"¿Por qué metes a John en todo esto?" Mientras hablaba, Dean se quedó mirando a su hijo, en todas aquellas horas, no se había dado cuenta que el niño estaba allí y por un momento agradeció que Sam estuviera allí para cuidar de él como si fuera su propio padre,

"Porque John quiere mucho a Nadia y me ha preguntado que cuando volvería, que cuando la traerías de vuelta. También me ha preguntado que porque no la encontrabas."

"¿Cómo lo sabe?"

"¿Tengo todavía que recordarte de quien es la sangre que corre por las venas de ese pequeño granuja?" Sam le sonrió a su hermano. "Así que tu decides Dean, ya no se trata de lo que tu sientas o lo que Nadia sienta. Alguien más está implicado y si uno de nosotros tiene que decirle que a sus cuatro años de edad tiene que perder a Nadia, no quiero ser yo."

"Sabes que a veces puedo odiarte ¿verdad Sammy?" Sam escuchó a su hermano pronunciar su hombre con tanto retintín que casi se echó a reír, sabiendo que había conseguido lo que quería. "Bien, nos vamos en cinco minutos, prepara tu bolsa, que yo hablaré con John."