Ninguno de los siguientes personajes son de mi propiedad. Pertenecen a la grandiosa Rumiko Takahashi. Lo que sí es mío, es la historia. Hecha sin fines de lucro, sólo para entretener.


La herencia de la Luna.

Capítulo VIII. Ímpetu.

El palacio era enorme, los pasillos largos y había una infinidad de movimiento todo el tiempo. Día y noche.

Ya podía mantener su cuerpo levitando durante distancias cortas, las piernas completamente dominadas no dejaban de corretear. Ese mundo estaba lleno de juegos, de posibilidades. Los guardias seguían negándole el paso al cielo, pero no importaba. Tenía tiempos para ser libre, evadir la barrera.

Siempre bajo miradas vigilantes. Que al mismo tiempo se mantenían bajas.

Tenía dos lugares favoritos: La sala del trono y su habitación. En ambas solía haber quietud, lejos del estridente bullicio que se dejaba escuchar en el resto de los lugares.

Su madre siempre lucía magnífica, queda. Defendiendo con orgullo su deber, aunque no lograba entender cuál era.

Pero incluso ella era más ruidosa cuando su padre llegaba de sus largos viajes. Era ligeramente más habladora… Más sonriente. Más natural.

El aroma de sus padres estaba por todos lados. No podría olvidarlos ni aunque dejara de verlos un siglo, no cuando el aroma estaba grabado en él mismo.

Hoy era uno de esos días, un día ruidoso. Su padre llegaba a casa.

Imitaba a su madre, en la misma pose erguida y neutral. Su padre llegó directo hacia ellos, tomándolo primero a él y luego a la mujer a su lado. Apachurrándolos, asfixiándolo con una sensación que si bien no era desagradable, no le terminaba de gustar. Quizá porque era demasiado.

A su madre parecía divertirle ver sus refunfuños, y a su padre parecían no importarles.

Teniendo tan cerca el cuerpo de ambos y sus ropas, pudo sentir la esencia impregnada en el atuendo masculino. Era leve, habían intentado quitarla, pero ahí estaba. No sabía lo que era.

Puso atención a los ojos del mayor. Brillaban. Brillaban de una manera diferente, como si aún ardiera en ellos alguna sensación apremiante.

Quería irradiar esa emoción.

Empujó con fuerza a su padre. Quería observarlo mejor.

Cuando el agarre cesó se vio de vuelta en el piso. No alcanzaba, el adulto era muy alto, más que su madre. Necesitaba elevarse, más de los pocos centímetros que alcanzaba normalmente.

Concentró su atención a la altura que deseaba llegar; sus padres le miraban atentos. Ella esperando, animándolo con la mirada; él confuso, sin saber qué es lo que estaba viendo.

Sus pies se despegaron del suelo, pasaron la distancia acostumbrada y continuaron elevándose hasta lograr con gran ímpetu su cometido.

El dorado en los ojos de su padre ahora centellaba distinto… Eso no era lo que quería ver. E igual no pudo seguir observando, ahora estaba de nuevo oprimido por los brazos del mayor.


Palabras: 432

Letra del día: I

Ya ven, les dije que quería continuar esta historia. Por ahora el primer capítulo para continuar el camino y además dejar claro que no bromeaba (?).

Muchas gracias por sus reviews a YumiPon y al anónimo que se animó a decirme lo qué le pareció mi historia. Temo informarles que muchos no ignoraron la advertencia de los pequeños demonios.

Tú no seas cruel, un favoritos/follow es dejar a un sangre pura a merced de la muerte de cuna. Además (como dicen muchas de mis compañeras) es como agarrarme una teta y salir corriendo.