Hace nueve años…

Si había algo que le gustase al doctor Mukeino Shou eso eran los niños. Desde que era pequeño y más siendo el mayor de cinco hermanos, había tenido siempre aquel instinto de cuidar y proteger a cualquier criatura que fuera menor que él. Su madre siempre le comentó que aquel instinto era tan innato en alguien tan joven que no podía sino presumir en decir que posiblemente sería un padre excepcional que llenaría su hogar de niños en cuanto fuera mayor.

Sin embargo el destino le tenía preparado un camino distinto cuando le llevó a interesarse por la medicina que, por cosas de la vida, cuando era adolescente la escuela les mandó leer una novela para poder hacer un comentario de texto para la clase de literatura. Hoy en día, Mukeino no era capaz de recordar cuál era la novela que leyó pero si podía recordar que le llamó poderosamente la atención varias escenas donde una mujer de una tribu utilizaba diferentes tipos de plantas y hierbas para tratar a los enfermos. La misma mujer tenía dos hijas; una propia, la más pequeña, y otra adoptada, la mayor de las dos, y Mukeino siguió con interés como la mujer enseñaba a sus dos hijas a seguir sus pasos para aprender a preparar medicina a través de la botánica. A través de los ojos de la hija mayor, quién era la protagonista de la novela, Mukeino aprendió que las frutas rojas del muérdago podían interrumpir el embarazo de una mujer; también le llamó la atención que la infusión de datura tenía un efecto anestesiante para el cuerpo; de la misma forma aprendió que preparando una cataplasma de amapolas se podía mitigar el dolor de las quemaduras.

Hubo muchos otros agentes que influenciaron, pero Mukeino tenía ese primer recuerdo grabado en su cabeza que le impulsó ir a la universidad a estudiar medicina. Recordaba la expresión de orgullo y a la vez incertidumbre de su madre cuando partió hacia Tokio a estudiar en la prestigiosa universidad de la Todai luego de haber superado con tanto esfuerzo y sacrificio el examen de ingreso.

Mukeino pasó varios años, saltando de trabajo en trabajo temporales para cubrir sus gastos escolares y su estadía en la abarrotada ciudad. Pero tras años de estudios en la carrera, de la especialización y el doctorado por fin el muchacho se sintió todo un hombre cuando al fin obtuvo su título que le reconocía como licenciado en Medicina Pediátrica.

Si, Mukeino, ahora convertido en un querido doctor, había dedicado su vida a curar las enfermedades y lesiones en niños y adolescentes que acudían al hospital tokiota donde él trabajaba. Había curado a muchos chavales, otros desgraciadamente no pudo salvarlos, a otros les mejoró la calidad de vida, otros pudo alargar su esperanza de vida a unos cuantos años más. Era un trabajo muy duro y que, en ocasiones, ponía a prueba su estabilidad pero siempre estuvo contento con su trabajo y dedicaba todos sus esfuerzos a atender y curar a los niños enfermos. Desgraciadamente, su trabajo era tan exigente que rara vez pasaba por casa y aquello había ocasionado que no pudiera formar una familia ni que sus relaciones amorosas pudieran salir a flote, algo que le causó con gran disgusto a su madre que le insistía una y otra vez cada vez que tenía la ocasión de verse que levantase un hogar con una buena mujer que le diera muchos niños. Que un hombre tan provechoso como él era un verdadero desperdicio se que quedara soltero y sin ser padre.

Sin embargo, el doctor Mukeino estaba demasiado ocupado con su trabajo y lo que menos quería era formar una familia para complacer a su madre y luego tener que dejarla desatendida tantas horas en casa. Era la cruz de ser un médico; su profesión le obligaba a estar pendiente a cualquier emergencia y atender a todo aquel que le necesitase, y desgraciadamente cuidar de una familia exigía un trato diario incompatible con sus horarios.

Pero ese día, el apreciado doctor recibiría en su vida el caso más raro que jamás pudo toparse en toda su carrera. Ocurrió un día en el que Mukeino salió a trote de uno de sus pacientes en cuanto se escuchó la voz alzada de los auxiliares de ambulancia que traían en camilla a un paciente menor de edad.

-¡¿Qué tenemos?!-preguntó Mukeino posicionándose junto a la camilla en movimiento para examinar al paciente.

-Varón, entre cinco y siete años. Sin identificación; unos deportistas le encontraron inconsciente en la rivera del río. No hay señal aparente de agresión física o abuso sexual. Respiración normal. Ritmo cardiaco estable. No hay señal de consumo de drogas.-informaba la auxiliar de la ambulancia mientras el doctor abría un ojo del menor y lo apuntaba con una linternita para ver la reacción de sus pupilas que mostraban, como bien le habían informado, la ausencia de drogas.

-¿Ha dicho algo en algún momento?-cuestionó Mukeino.

-Negativo. No ha dado muestras de despertarse en ningún momento.-informó la auxiliar.

-Bien. Vamos a llevarlo al Área de Atención-indicó el doctor sin apartarse del lado del muchacho. Lo contempló por unos instantes llamándole la atención aquel cabello rubio tan insólito para un japonés, de hecho, cuando le abrió los ojos para examinar sus pupilas pudo apreciar que el iris era de color azul ¿un niño mestizo, quizás?-¿El niño estaba solo?

-Sí, no había ningún adulto con él, los deportistas llamaron también a la policía, en un rato se pasarán para ver si pueden tomar declaración al niño.-informó la auxiliar al mismo que, con ayuda de sus compañeros, cargaba la camilla para pasar al paciente a una cama.

-Veamos pequeño que tienes para mi…-murmuró el doctor comenzando a desnudar al niño para examinarlo.

El entrecejo del doctor se frunció cuando sus ojos apreciaron que en la blanca piel del torso del menor resaltaban de forma desagradable varias marcas de arañazos y mordiscos cuyo color rojizo levantaba la preocupación del médico. La posibilidad de una agresión sexual cruzó por su mente de nuevo y, buscando poder descartar aquel diagnostico, procedió a despojarle de los pantalones y la ropa interior buscando las marcas amoratadas por las piernas, caderas, cintura o la zona genital, incluso sangrado o desgarro de la zona anal, que suele evidenciar dicha agresión.

Mukeino sintió alivio cuando, al examinarlo, pudo ver la ausencia de dichas marcas, sin embargo, estaba lejos de sentirse tranquilo pues al igual que la zona pectoral, la parte inferior de su cuerpo estaba lleno de arañazos y mordiscos. Que no hubiera tenido lugar la penetración no descartaba el abuso. Ayudándose de la iluminación de la sala, el doctor Mukeino procedió a examinar, más detenidamente, el estado de las heridas que el menor lucía en su cuerpo menudo; mirándolas desde más cerca Mukeino descartó que pudieran ser mortales pero desde luego no eran precisamente superficiales, imaginaba que alguna de esas heridas iban a dejar cicatrices que acompañarían al niño el resto de su vida.

El doctor entonces apreció algo que le llamó mucho la atención. Tanto las marcas de mordiscos como la de los arañazos tenían una forma extraña; la de los mordiscos era demasiado amplia como para que pudiera provocarlo una mandíbula de una persona adulta, ningún ser humano tenía una mandíbula tan amplia y tan grande como para poder acaparar tanta zona de carne en el cuerpo de un niño, por muy pequeño que fuera su cuerpo. Y los arañazos…también eran impensables que pudieran ser provocados por las uñas de una persona; la distancia entre lo que debían ser los dedos era demasiado amplia al igual que el grosor del corte, ridículamente ancho para unas simples uñas humanas, aquello fue provocado por fuerza por algún tipo de garras.

Una nueva hipótesis cruzó por la mente del pediatra ¿Acaso el niño había sido atacado por algún animal? Eso sí que sería posible, que el niño estuviera jugando por el parque o dando una vuelta por la calle y fuera atacado por algún perro callejero. Pero tampoco podía sostenerse demasiado a esa hipótesis pues las marcas, aunque era lógico pensar que eran más de animal que de persona, no era capaz de reconocer qué animal pudiera provocar semejantes heridas. Ya había tratado antes heridas provocadas por ataque de animales, y estas heridas no era capaz de reconocerlas con las que provocaban los perros, zorros o mapaches.

De todos modos, lo más sospechoso fue lo siguiente que apreció; si fuera acertada la suposición de que el niño hubiera sido atacado ¿cómo era posible que hubiera acabado tan bien, a pesar de todo? Las heridas no hacían que la vida del niño peligrara pero era un hecho insólito que hubiera ausencia de sangrado pese a la profundidad de éstas. Ningún animal, rabioso o hambriento, dejaba en este estado a una presa a no ser que fuera abatido y por lo que sabía no encontraron el cadáver de ningún animal junto al niño.

-¿Qué ocurre, doctor?-preguntó la enfermera a su lado.

-Extráigale sangre para una analítica y colóquele una vía para administrar antiinflamatorios y analgésicos al paciente.-indicó el médico sin responder a la enfermera-Me haré cargo de tratar sus heridas. Cuando acabemos, hay que trasladarlo al Box.

-Entendido, doctor.-asintió la enfermera procediendo a acatar la orden encomendada.

/*/*/*/*/

Dos horas después…

No pasó demasiado tiempo, las heridas no eran tan graves como para que hubiera que utilizar tantos recursos y tiempo en tratarlo, pero la idea que Mukeino tenía de como se había accidentado el menor era algo que no podía quitarse de la cabeza. Ya era un hombre vivido y sabia reconocer las heridas provocadas por personas, animales o armas y ahora mismo no estaba seguro del todo que era lo que había atacado al niño.

"¿Qué demonios te han hecho, pequeño?" se cuestionó en su mente el pediatra mirando al pequeño, aún inconsciente, recostado en la cama mientras la enfermera terminaba de acomodarlo en ella y comprobaba que la vía estaba bien colocada.

-¿Qué es lo que piensas, Mukeino-kun?-preguntó la enfermera acercándose a su compañero con confianza al apreciar el ceño fruncido que se le había formado en su siempre apacible semblante.

-Pensaba en el niño-contestó sin variar su semblante inquieto.

-Lo entiendo. Es tan pequeño.-se apenó la joven enfermera viendo a la inocente criatura sumido en un profundo sueño.-¿Quién ha podido hacerle algo así?

-¿Crees que ha sido cosa de alguien?-cuestionó entonces Mukeino mirando con suspicacia a su compañera.

-Eso creo. Un niño tan pequeño nunca está demasiado lejos de sus padres, y no había nadie con él. Es posible que le hayan secuestrado y….

-No te montes tu propia película, Honda-se apresuró en reprenderla-Nuestro trabajo es devolverle la salud a ese niño, de lo demás ya se encargará la policía.

Intimidada por aquel corte, la joven Honda bajó la cabeza abochornada pensando que había hecho enfadar a su colega. Sin embargo, no sospechaba que pensamientos similares rondaban la cabeza del pediatra, que no despegaba la mirada del niño.

-¿Es usted el doctor Mukeino?-se escuchó de pronto una tercera voz dentro de la habitación haciendo que ambos profesionales dirigieran sus miradas de forma inmediata hacia la puerta, encontrándose con un hombre uniformado de azul que pudieron reconocer como un policía.

Se trataba de un hombre alto, bastante además, en un simple vistazo el doctor podía deducir que debía medir cerca de los dos metros. Joven, quizá rondara los veinticinco años, tal vez más aunque estaba seguro que no llegaba a los treinta. Un cabello morado llamativo por su color y forma con acabado en punta que caía grácilmente por varios lados de su cabeza, y unos profundos y brillantes ojos oscuros tras unas sencillas gafas reflejaban amabilidad.

-Sí, ese soy yo-asintió a modo de saludo.

-Encantado, doctor, soy el inspector Kageyama. Estamos aquí porque nos ha llegado una llamada alertándonos de que han encontrado a un niño herido en la rivera del rio.-se presentó aquel hombre imponente.

-Han sido rápidos-le sonrió con afabilidad el pediatra.

-¿Cómo está el niño?-preguntó el policía echando una mirada hacia la camilla donde descansaba el pequeño rubio.

-Está estable y sólo tiene heridas superficiales. Es posible que le queden algunas cicatrices pero sin duda saldrá adelante-comunicó Mukeino echando también una mirada al pequeño durmiente antes de volver a dirigirse hacia el agente-Disculpe pero ¿se sabe algo de los padres de este niño?

-Eso estamos intentando averiguar.-indicó aquel hombre de cabellos morados-Según los testigos y el personal sanitario de la ambulancia el niño estaba solo cuando le encontraron. Y por lo que parece nadie ha dado la alarma por la desaparición de un menor.

-¿Debo asumir que puede tratarse de un abandono?-cuestionó el pediatra, no sería el primer caso de un niño abandonado que pasa por sus manos. Había familias que por un motivo u otros no podían o no querían hacerse cargo de los hijos, normalmente por temas económicos, y terminaban abandonándolos en orfanatos, descampados, iglesias o directamente, si eran mayores como para inculpar, intentaban deshacerse de ellos con medidas drásticas como por ejemplo echarlos a un rio. Era una aberración pero era algo que pasaba y, después de tantos pacientes que habían pasado por sus manos, Mukeino ya se esperaba cualquier cosa.

-Eso me gustaría saber pero para saberlo necesito interrogar a la victima.-indicó el pelimorado volviendo a echarle un vistazo el menor.-¿Cuándo creé usted que podría tener una conversación con él?

Mukeino se lo pensó por un segundo antes de responder, pensando si sería conveniente que el niño se sometiera a un interrogatorio nada más despertarse. No le hacía ninguna gracia que un niño pequeño se viera en la desagradable situación de tener que responder preguntas incómodas a unos desconocidos, por muy policías que fueran, pero por otro lado también era cierto que había que encontrar de alguna forma a sus padres y si estos no se dignaban al menos a poner una denuncia por desaparición pues el niño tendría que dar una descripción de ellos y decir donde vivía para poder encontrarlos.

-En principio podrá hacerlo cuando despierte, aunque le rogaría que procediera hacerlo cuando le hayamos hecho algunas pruebas más.

-¿No acaba de decirme que sus heridas eran superficiales?-cuestionó el pelimorado.

-Y así es, agente. Pero se ha mantenido inconsciente desde que lo encontramos y no sabemos por cuánto tiempo ha permanecido así. Los resultados de la analítica han dado negativo en el consumo de drogas y no hay pruebas visibles de que haya recibido un golpe en la cabeza, así que suponemos que ha tenido que recibir una impresión muy fuerte que le ha llevado a quedarse en ese estado. Aún así preferirá hacerle una resonancia y un tac para asegurarme que su cerebro está en buen estado.

-Comprendo.-asintió el pelimorado-Pero tratándose de un menor, entienda que debo mantenerlo vigilado, así que me verá a menudo por aquí mientras el niño esté hospitalizado-Mukeino lo miró con el ceño ligeramente fruncido; entendía que aquel hombre estaba haciendo su trabajo pero no le hacía ninguna gracia que alguien estuviera rondándole a un niño pequeño-¿sabe por casualidad si el niño tenía algo encima que pareciera una documentación? Si pudiera proporcionarme su ropa o lo que sea que llevara encima cuando lo encontraron podría ser de utilidad.

-Ah, sí, discúlpeme-asintió el médico dirigiéndose hacia Honda.-Los objetos personales del menor se encuentran en una bolsa de plástico en mi despacho, haga el favor de traérselas al inspector.

-¡Ah! ¡Enseguida, doctor!-asintió la joven enfermera que hasta el momento había permanecido en silencio en un segundo plano, haciendo una leve reverencia hacia el policía pasó por su lado para salir por la puerta y cumplir el mandato.

-No me haría ninguna gracia descubrir que este niño ha sido víctima de un abandono…-murmuró Kegayama haciendo sobresaltar al doctor al verlo acercarse con confianza hacia el niño. El pelimorado lo escrutó con su oscura mirada antes de sonreírle con amabilidad–Relájese, doctor, parece que vaya a crisparse de un momento a otro.

-Sólo me preocupo por mi paciente, inspector, no querría que se asustara por ver de repente a un desconocido tan cerca de él.-se justificó sintiéndose abochornado por haberse mostrado en alerta ante un inspector de policía.

-Eso también podría aplicarse en usted ¿no cree? Al fin y al cabo el niño tampoco le conoce a usted ¿o es que acaso me equivoco?

Mukeino frunció el entrecejo ligeramente molesto por el tono perspicaz que había usado el pelimorado, casi como si estuviera burlándose de él.

-Entiendo; es usted de la clase de persona que no puede evitar cuidar a personas indefensas y ver como amenazas a cualquier desconocido ¿verdad? Igual que hace una leona con sus cachorros…-dedujo el policía volviendo a sacarle los colores al médico, que se sentía cada vez mas abochornado.

-¿Está usted burlándose en mi cara, inspector?-cuestionó a la defensiva el pediatra mirando con seriedad la desfachatez de aquel hombre.

-Jajaja por favor, no se ponga así. Lamento si algo de lo que le he dicho le ha molestado. Desde hace unos años que no puedo evitar hacer comentarios inadecuados sin darme cuenta. Es un muy mal hábito que me ha pegado mi mujer.

-¿Su mujer…? ¿Está usted casado?-cuestionó Mukeino llamándole la atención aquel dato. El policía era alguien joven, y aunque en otros tiempos era distinto, hoy en día era curioso ver a gente joven contraer matrimonio, las parejas preferían alargar su periodo de novios varios años antes de decidirse pasar por el altar.

-Muy bien casado, hace cinco años que me casé y once años de relación con mi mujer. Y déjeme decirle que también soy padre de un niño de tres años, por eso puedo entender bien ese instinto de protección que parece tener usted tan bien desarrollado.

-Vaya…-se sorprendió ante aquella confidencia sobre la vida personal del policía.

-¿Y usted, doctor? ¿Tiene hijos?-preguntó el pelimorado apoyándose tranquilamente en la pared observando al médico con sus analíticos ojos.

-Por mi trabajo no he podido tener ocasión de tenerlo. Pero me encantan los niños y para mi, mis pacientes son lo más cercano a hijos que puedo y me encanta tener.-sonrió de forma más confiada Mukeino al recordar las innumerables caritas infantiles llenas de felicidad cuando les curaba los males.-Los echo de menos cuando reciben el alta pero el que no regresen significa que están bien sanos y que no me necesitan.

-Es muy loable por su parte, pero permítame decirle que también debe ser muy duro tener que tratar enfermedades a unos niños. Yo me pongo malísimo cuando tienen que ponerle una vacuna a mi hijo. Y uff, mi mujer lo pasa peor. Una vez nuestro hijo se asustó tanto cuando tuvieron que inyectarle medicina para la gripe que movió el brazo de tal manera que se arrancó la vía y se hizo sangre. Y créame, he visto a mi mujer enfadarse infinidad de veces, pero en aquella ocasión, temí de verdad que iba a tener que pasar por el mal trago de detenerla y llevarla a comisaria porque ¡caray, casi mata al pediatra!

Divertido por aquella anécdota, el médico intentó contener una risa, pero no fue capaz de evidenciarse a sí mismo al tener que llevarse la mano a la boca para contener la carcajada.

-Por lo que me cuenta, su mujer tiene carácter.-comentó sintiéndose cómodo y confiado de pronto.

-No lo sabe usted bien.-sonrió orgulloso.

-Inspector.-llamó entonces Honda desde la puerta con un envoltorio de plástico transparente entre los brazos-Esto es todo lo que el niño tenía encima.

-Oh, muchas gracias señorita.-agradeció Kageyama tomando las pertenencias del niño y procediéndolo a sacarlas del envoltorio en busca de algo que pareciese una documentación.

Pero como era de suponer, el niño no parecía tener nada con lo que pudieran identificarle, con sólo palpar los bolsillos del pantalón Kageyama ya podía hacerse una idea que en su interior sólo había canicas. Su hijo también tenía la mala costumbre de meterse juguetes o golosinas en los bolsillos, aunque a veces el muy bicho se le ocurría esconderlos en el interior de sus calzoncillos. Sin embargo, algo llamó la atención del policía en cuanto al ir a examinar el otro bolsillo sintió una textura extraña y el característico ruido de algo arrugándose, como si fuera papel.

-Vaya…¿Qué tenemos aquí…?-murmuró el pelimorado sacando del bolsillo lo que parecía ser un pequeño papel doblado y, mostrándoselo al doctor y a la enfermera preguntó;-¿alguien ha registrado las pertenencias del niño?

-En absoluto. Cuando le quitamos la ropa, Honda se ocupó de dejarla en el interior de la bolsa. El registro de los objetos personales lo solemos realizar cuando nos aseguramos que el paciente está estable.

-Entiendo, pero tenía que asegurarme. No sería bueno que alguien hubiera metido pruebas falsas en los bolsillos de la ropa.

-Puedo asegurarle que cualquier trabajador de este hospital sabe muy bien cómo proceder en situaciones así-aseguró Mukeino, molesto de que se atreviera a poner en duda de la capacidad de sus compañeros y colegas.

Sin prestarle mucha atención aquel comentario, Kageyama procedió a desdoblar el papelito que tenía en la mano. Estaba doblado dos veces y era de un color amarillo, la textura del mismo se le antojaba extraña pues no le sonaba que los papeles que suelen vender en papelerías tuvieran aquella textura. Era como papel de pergamino. Doblado de forma apresurada al no coincidir las esquinas.

Cuando terminó de abrirlo en su totalidad, Kageyama pudo ver que tenía algo escrito en él.

-Vaya, parece que tenemos algo…-murmuró en voz alta siendo escuchado por Mukeino y Honda.

-¿Algo interesante?-cuestionó el doctor.

-¿Alguno de ustedes le suena de algo la palabra que hay aquí escrita?-cuestionó entonces el pelimorado enseñando el pequeño papel, sucio y arrugado, entre los dedos dejando ver la palabra escrita en mayúsculas;

"ROXAS"

/*/*/*/*/

Veinte días después…

-¿Qué alguien ha tenido que dejárselo en el bolsillo a propósito?-preguntó Yoshida a su compañera Honda. Ambas estaban en su media hora libre y habían decidido pasarse por la sala de descanso a tomarse juntas un café, había otros compañeros alrededor de ellas, por lo que hablaban entre cuchicheos intentando que nadie las escuchara.

-Eso es lo que ha dicho el inspector.-susurró Honda tomando tímidamente un sorbo de su humeante café con leche-El niño tiene heridas que podrían haberle desangrado hasta la muerte, sin embargo, estaban tratadas y limpias como si alguien se hubiera ocupado de mantenerlo vivo. Se cree que el niño ha podido estar sufriendo malos tratos por parte de su familia pero que ha tenido que tener a alguien a su lado que ha estado ocupándose de que no muriera.

-¿En serio? ¿Eso se sabe por el papel que encontraron en su ropa?-preguntó curiosa Yoshida mirando expectante a su compañera.

-La letra estaba algo borrosa pero la policía asegura que esa letra no la puede tener ningún niño, por fuerza ha tenido que escribirlo un adulto. Se tiene la idea de que quien fuera que lo dejara en la rivera lo hizo para sacarlo de algún sitio y escribió aquel nombre para que pudiéramos identificar al niño.

-¿Entonces está confirmado? ¿Roxas es el nombre del niño?-cuestionó Yoshida.

-Eso es lo que de momento se piensa, aunque le escuché decir al doctor Mukeino que ese nombre también podía referirse a un padre, un hermano o incluso un amigo del niño-murmuró Honda entusiasmándose con el relato, le recordaba aquellas series policiacas que tanto le gustaban.

-Siendo así…¿han encontrado algo con lo que poder encontrar a los padres?

-Nada-suspiró Honda encogiéndose de hombros.-Yo creo que con ese nombre y ese color de pelo y de ojos el niño tiene que tener al menos un familiar, padres o abuelos, con orígenes americanos o europeos. No han encontrado ninguna evidencia de que el niño viva por la zona, ni siquiera que viva en la ciudad, han preguntado por todos los colegios de primaria de Tokio y ninguno ha dicho que el niño fuera alumno suyo. Así que yo creo que el niño debe de vivir en el extranjero y que estaba en Japón quizá por turismo con sus familiares hasta que decidieron deshacerse de él.

-Honda-se escuchó entonces una tercera voz que hizo que ambas enfermeras se sobresaltaran y la espalda se les tensara. La aludida miró justo tras ella encontrándose con la mirada amable del pediatra que portaba bajo el brazo un taco de papeles que seguramente serían los diagnósticos oficiales de los pacientes que había estado atendiendo durante la mañana-Lamento la interrupción, sé que es tu hora libre, pero cuando puedas me gustaría que hicieras llegar este informe a dirección, en estos momentos debo ocuparme de otros pacientes y no quiero que se me olvide.

-C...Claro, doctor, no hay ningún problema-asintió sonrojada Honda tomando los informes entre sus manos. En cuanto termine de tomarme el café iré de inmediato a dejarlos en la dirección.

-Estupendo; disculpa las molestias, Honda-asintió Mukeino dándose la vuelta para regresar a su trabajo.

-Es mi trabajo, doctor.-sonrió la joven enfermera ante la atención del pediatra.

-Ah, una cosa más…-exclamó Mujkeino como si acabara de recordar algo importante.

-¿Si? ¿Necesita algo más?

-Te agradecería mucho que fueras más discreta con las cosas que dices, donde y a quién se las dices y te evitaras dejarte en evidencia al hablar del caso de un niño de carne y hueso que está herido y se ha quedado solo como si estuvieras hablando de un capitulo de serie de televisión.

Aquel reproche hizo palidecer a Honda que inmediatamente la vergüenza se le hizo presente evidenciándose en su rostro sonrojado y apartando la mirada para evitar mirar los ojos decepcionados de su compañero. Sabía que estaba mal ponerse hacer comentarios cómicos o especulaciones sobre un caso tan delicado como era el de Roxas, el cual ya todos en el hospital lo llamaban así a falta de otros datos, pero escuchar la llamada de atención por parte del doctor la hizo sentirse más avergonzada y cohibida que si lo hubiera oído en boca de otra persona. Le hacía sentirse mala gente, aún cuando ella no tuvo intención alguna de tratar el caso de Roxas como si fuera parte de un show de entretenimiento, entendía que cualquiera que la oyera pensaría que estaba siendo una insensible al hablar así de la dramática situación del niño.

-L…lo lamento, no volverá a ocurrir…-se disculpó apenada sin atreverse a levantar la mirada, sabía que el pediatra tampoco estaba mirándola y eso la martirizó más. El doctor no era agresivo pero su sola actitud y sus palabras eran capaces de hacerla sentir pequeñita a su lado y cuando se molestaba ella ni siquiera se atrevía a toserle, sobre todo cuando sabía que era él quien tenía razón.

-Eso espero-asintió Mukeino dando una leve reverencia a modo de despedida antes emprender la marcha fuera de la sala para ir hacerse cargo de sus obligaciones.

Honda suspiró y se dejó caer sobre la mesa, presa de una repentina sensación de extenuación ante el mal rato que había pasado. Yoshida se quedó mirándola con una sonrisa comprensiva y trató de animarla acariciándole la cabeza.

-Tranquila, no se lo tomes en cuenta. Sabes que el doctor siempre ha protegido a todos los niños que están a su cargo y el caso de Roxas es algo que lo mantiene inquieto.

-Lo sé-gimió de forma lastimera Honda mirando a su compañera sin que el rubor de vergüenza abandonara su rostro.-Roxas desde luego es un gran misterio médico; el doctor le ha hecho todas las analíticas posibles y todas las pruebas necesarias.

-¿Y aun así no hay señal alguna…?-preguntó Yoshida dando un nuevo sorbo de café.

-Ninguna. Los resultados dicen que está sano, total y completamente sano pero…-murmuró Honda mirando su reflejo en su café.

-¿Pero…?

-Roxas no despierta.

Mukeino tenía ese día otros tres pacientes y estuvo con toda la mañana ocupada, apenas teniendo tiempo siquiera para comer. Sin embargo, no se arrepentía. Había conseguido que dos de esos tres pacientes pudieran regresar a casa ese mismo día, el otro que aún estaba ingresado necesitaba permanecer al menos un par de días más, pero en nada podrá regresar a casa y aquello lo llenaba de optimismo. Pero en esta ocasión estaba demasiado distraído a pesar de su profesionalidad para con los niños, por lo que decidió dejarle a Honda a cargo de llevar el papeleo a dirección e ir hacerle una visita rápida al objeto de sus desvelos de los últimos tiempos.

Saludó a varios compañeros y pacientes con los que se cruzaba por los pasillos pero al mismo tiempo esperaba que nadie se le ocurriera reclamar su presencia o entretenerle a charlar por los pasillos en los próximos diez minutos. Sólo quería esos diez minutos para asegurarse que Roxas estaba bien o apreciar si había algún cambio visible en su estado que pudiera indicarle mejoría o, por el contrario, deterioro en su salud.

Pero tuvo la suerte de que nadie parecía estar prestándole atención suficiente y en un golpe de suerte el busca no le había sonado alertándolo de una nueva emergencia que requiriera su presencia, por lo que su trayecto hacia la habitación donde descansaba el niño fue tranquilo y no tuvo problemas para llegar hasta a él.

Al entrar en la habitación el doctor vio la imagen que ya se había acostumbrado a ver en los últimos tiempos. A un pequeño niño rubio durmiendo boca arriba en la cama inmensa a comparación de su cuerpo, con los brazos fuera del interior de las sabanas, una vía en el brazo y, cómo no, una escalofriante quietud que a veces daban a pensar que el niño no estaba vivo, hasta que te fijabas en que su respiración regular evidenciaban que aún se encontraba entre ellos.

El doctor se acercó con aire respetuoso hacia el niño, como si temiera que se despertara y se asustara si él hiciera alguna clase de ruido, más Mukeino era consciente que bien podía generar un escándalo tirando cualquier utensilio médico de metal o cristal por el suelo y el crío ni siquiera se inmutaría. El pediatra suspiró resignado al tener que volver a enfrentarse aquella imagen tan perturbadora que demostraba el menor y alargó una de sus manos para tocarle el brazo. Estaba frío. Tenía los brazos helados y el doctor se imaginó que alguna de las enfermeras rebajó la calefacción para que no sudara tanto.

Con cuidado, metió uno de los brazos bajo las sabanas y la otra tuvo que dejarla como estaba para que la vía no sufriera ningún percance, a continuación subió un poco la temperatura de la calefacción para que la habitación le envolviera con algo más de calor. Sólo faltaría que, además de lo que ya tenía encima, el niño tuviera que lidiar con un resfriado.

Mukeino se permitió echarle un rápido vistazo a los vendajes que se dejaban ver sobresalir de su pecho y, por la hora que era, se imaginaba que en menos de media hora una de las enfermeras entraría en la habitación para cambiarle los vendajes y aplicarle las cremas cicatrizantes. Del mismo modo se imaginaba que las vendas saldrían limpias de sangre, nunca hubo sangrado por parte de esas heridas pero fue necesario cubrirlas para evitar alguna clase de infección.

Sin embargo, no eran las heridas lo que ahora le preocupaba al doctor respecto al estado de Roxas.

-¿Qué es lo que ha podido pasarte? Han pasado cuatro días desde que te encontraron y por mucho que busco no encuentro nada que me pueda ayudar a despertarte…-susurró el pediatra viendo la escalofriante quietud en el semblante del menor; pero a pesar de todo, sonrió y cambiando su tono de voz preocupado, intento dirigirse a él con uno más paternal-¿Sabes? Eres un dormilón, Roxas, seguro que cuando vas al colegio tienen que estar tirando de las sabanas para que te levantes de la cama, sino no me explico cómo puede gustarte dormir tanto.-pero como esperaba, no recibió ninguna contestación por parte de su receptor.-Roxas…ni siquiera tengo claro que ese sea tu verdadero nombre. Me gustaría que pudieras despertar para que al menos puedas decirme…cómo te llamas.

Pero de nuevo el silencio invadió cada rincón de esa habitación, Mukeino no estaba muy seguro si el niño podía oírle como le pasaba con las personas en estado de coma, dado que el niño seguía estando en un estado de inconsciencia y, a pesar de su aspecto, no había señal alguna de que estuviera en coma. Entristecido por no poder hacer más por aquel pobre muchachito, Mukeino decidió que lo mejor era que su visita terminase ahí de momento, tenía otros pacientes que debía atender y no podía demorarse mucho. Al menos ya había comprobado que no había cambios en el estado de Roxas y, dentro de lo que cabe, estaba bien. Ya volvería a visitarlo por la noche.

Sin embargo, lo que no se dio cuenta el doctor fue que, justo al momento en que abandonaba la habitación, unos dedos infantiles hicieron un imperceptible movimiento.

/*/*/*/*/

Cinco días después…

-Ey, tranquila pequeña, no tienes porque llorar.-susurraba de forma sosegada el pediatra ante el llanto incontrolable de la pobre niña de cuatro años que tenía en brazos mientras su madre la miraba preocupada desde otra esquina de la habitación.-¿Ves? Ya he terminado ¿a que no ha dolido tanto como parecía?

La desconsolada niña había entrado en la cocina mientras su madre estaba enfrascada preparando la comida ese día. La madre no se había dado cuenta que su hija, que hasta hacia un momento estaba durmiendo la siesta, había aparecido en la cocina por tanto no se percató que ésta se había subido a una de las sillas de la mesa donde ella tenía a remojo unos garbanzos con los que pensaba preparar un guiso. No fue hasta que oyó el estridente llanto que se dio cuenta que la niña había estado jugando con uno de los garbanzos y en vez de llevárselo a la boca, se le ocurrió averiguar qué pasaría si se lo metía por la nariz. En cuanto la niña comenzaba a toser roncamente entre sus lloros y a empezar a tener la cara azul, la madre casi entró en pánico al saber que su hija se estaba ahogando y no perdió tiempo en correr a urgencias donde Mukeino se hizo cargo de atenderla.

-N…no sé en qué momento se le ha ocurrido hacer semejante locura.-gimió la alterada madre-Estaba durmiendo la siesta…ni siquiera la escuché entrar en la cocina…y cuando quise darme cuenta…

-Mujer, no se altere, lo crea o no esta clase de accidentes ocurre a menudo con los niños pequeños.-intentó relajar Mukeino ante la mirada de la madre-Son tan curiosos que siempre quieren experimentar con todo lo que tienen a su alrededor, por eso es muy importante mantener las cosas peligrosas fuera de su alcance.

-Pero…no puedo evitar atormentarme, doctor. Si mi hija hubiera estado sola, tal vez…

-Ah, no creo que unos padres dejen a una niña pequeña sola durante demasiado tiempo.-sonrió Mukeino con amabilidad mientras le daba a la niña una piruleta de fresa que, al verla, la niña dejó inmediatamente de llorar para tomarla entre sus diminutas manos.-No debe preocuparse, estos accidentes pasan a menudo y debe alegrarse de que todo haya quedado sólo en un susto. Sólo hay que tener más cuidado.

-L...Lo tendré, muchas gracias doctor.-agradeció la mujer haciendo una reverencia antes de cargar en brazos a su niña que a esas alturas ya se tomaba felizmente su piruleta olvidándose por completo de todo el incidente que había ocasionado.

-¡Doctor! ¡Doctor Mukeino!-exclamaba de forma atropellada Honda que entraba de forma apresurada a la consulta provocando que tanto el pediatra como la madre dieran un sobresalto ante la inesperada aparición.

-Honda…podrías al menos tocar la puerta.-le reprochó Mukeino.

-L…Lo siento…lamento irrumpir así, doctor, señora-se apresuró a disculparse ante ellos con una reverencia un tanto exagerada.-P…pero es urgente que me acompañe, doctor.

-¿Por qué? ¿Cuál es la emergencia?-cuestionó Mukeino prestándole toda su atención a su compañera.

-¡Roxas se ha despertado!-exclamó la castaña con suma alegría dejando paso una expresión de incredulidad total en las facciones del médico.

Lo siguiente que pasó fue algo que Mukeino no se tomó la molestia de intentar recordar, ni siquiera se dio cuenta de si se había despedido apropiadamente de la niña y la madre a la que había estado atendiendo hace unos instantes. En el momento en el que Honda le dio aquel anuncio, todo lo demás pasó a un segundo plano y se fue a paso rápido hacia su destino olvidándose completamente de la profesionalidad que debía dejar ver ante sus pacientes, tanta era su premura que ni siquiera tomó el ascensor para llegar a la planta sino que prefirió hacer uso de las escaleras para evitarse tener que esperar para comprobar lo que necesitaba.

-¡Doctor, por favor, aguarde!-suplicó desde atrás Honda.

Honda iba corriendo detrás de él, sabía que el niño era un caso que al pediatra le afectaba más de lo que quería reconocer y debía haberse esperado una reacción así, pero es que incluso ella se había emocionado ante lo que había visto, más sin embargo, el doctor se dejó llevar demasiado fácilmente que no le permitió terminar de informarle sobre la situación.

Pero vio que era ya demasiado tarde cuando Mukeino entró como un rayo en la habitación donde permanecía el paciente y sabía el golpe que iba a recibir ante la realidad que se le presentaba.

Por su parte, Mukeino se quedó congelado por unos instantes, sin poder creerse lo que sus ojos estaban viendo. Allí, en la cama, la imagen que se había acostumbrado a ver cada día había tomado otra forma; ahora el cuerpo menudo ya no se encontraba acostado como había estado en los últimos catorce días, ahora se encontraba incorporado, con la cabeza agachada como si estuviera con los ojos clavados en su regazo y su cabello ocultando sus ojos tras ellos. Mukeino no pudo evitar que una radiante sonrisa se le plasmara en su rostro al poder ver por fin despierto al menor.

-"Mantén la calma"-se recordó así mismo para mantener controlada su euforia.-"Recuerda que él no te conoce. No hagas nada que pueda asustarlo"

-D…Doctor…-jadeó Honda desde atrás recuperando el aliento luego de aquella carrera por los pasillos. Cruzó mirada con Yoshida, que había estado junto al niño desde el momento en que se había despertado mientras ella iba en busca de Mukeino, la veía nerviosa y sin tener muy claro que hacer más que mantenerse al margen mientras el doctor se acercaba a interactuar con el niño con precaución, sentándose a su lado en la cama despacio y con cuidado.

-Hola, Roxas, ¿cómo te encuentras?-fue lo primero que preguntó el doctor en cuanto sintió que el niño no mostraba la mas mínima perturbación al colocarse cerca de él. Viendo su silencio, Mukeino creyó pertinente presentarse formalmente al niño para que tomara algo de confianza-Soy el doctor Mukeino Shou, has tenido un accidente hace un par de semanas y me he estado ocupando de que te pusieras bueno.

-D…Doctor, espere…-murmuró Yoshida temblándole la voz al ver los ojos alegres del doctor dirigiéndose al rubio.

De nuevo se hizo el silencio, Mukeino no sintió movimiento alguno por parte del menor lo cual atribuyó a inseguridad o timidez ante el lugar y la gente desconocida a su alrededor.

-No tienes que tener ningún miedo, pequeño, estás a salvo. Estas preciosas señoritas han estado cuidando de que nadie pudiera hacerte daño mientras estabas dormido. Y con eso debo decirte que has dormido como un oso en invierno ¡seguro que ahora estas muy descansado!

-Doctor…-le llamó esta vez Honda acercándose a él intentando tocar su hombro, pero al ver el gesto feliz del hombre no se atrevió hacerlo y se sintió cruel por ello.-C…Creo…que debería examinarlo…

-Ah, perdona por llamarte Roxas,-se disculpó Mukeino sin haber escuchado lo que su enfermera había dicho, lo había hecho en un tono tan bajito que no fue capaz de captar sus palabras.- me he acostumbrado a llamarte así porque cuando llegaste sólo tenias una nota con ese nombre y todos asumimos que se trataba del tuyo. Aunque…supongo que ahora sí que podrás confirmarnos si ese es tu nombre o si tienes otro.

Cuando el tercer silencio llegó al mismo tiempo lo hizo la extrañeza del médico, no le resultaba raro que el pequeño se abstuviera a hablar, pero lo que le llamó la atención es que no había hecho un solo movimiento desde que entró en la habitación. Además de los silencios, un niño nervioso o asustado gimoteaba, se revolvía incómodo, lloraba o gritaba…Roxas en cambio no hacía nada de eso, es más, no hacía absolutamente nada, era como si no se hubiera enterado de que había más personas con él en la habitación.

-¿Roxas…? ¿Puedes oírme?-preguntó con cuidado Mukeino tanteando el terreno, tocando con precaución con la yema de los dedos el hombro ajeno esperando que al niño no le diera un ataque de pánico.

Para su sorpresa, ni se inmutó ante el contacto, y eso ya despertó de nuevo su preocupación.

-Roxas ¿te encuentras bien?-preguntó Mukeino llevando su mano en dirección aquellos cabellos que ya había tocado en varias ocasiones para poder mirarle a los ojos.

En cuanto apartó los mechones que estorbaban, Mukeino sintió que por un segundo se le escapaba el aire de los pulmones.

Los ojos de Roxas estaban vacios y fríos iguales a los de un muerto.

-¡Roxas!-exclamó el médico tomando su linterna para examinar sus ojos pero en cuanto lo hizo tuvo la misma percepción que la primera vez que lo hizo; ojos sanos que se dilataban normalmente con la luz con el añadido de que hacia amago de querer parpadear para alejarse de aquella ella por lo que se comprobaba que el niño podía ver.

Sin embargo ahí estaban sus ojos, vacios como los de un cadáver, como si no fuera capaz de percibir nada de lo que tenía a su alrededor.

-Mierda…¿Qué te ha pasado, Roxas?

/*/*/*/*/

Diez días después…

-¿Pérdida total de la memoria?-exclamó sorprendido Kageyama ante el diagnostico que le acababa de informar el doctor.

Desde el ingreso de Roxas al hospital, Kageyama se pasaba regularmente por ahí para preguntarle al médico por el estado del niño para de esa forma asegurarse de estar informado por si se despertaba o no. Aquel día había vuelto a pasarse luego de ser informado, de forma tardía por cierto, de que el niño había despertado hacia más de una semana. Según la excusa de Mukeino, el niño había actuado de una forma anormalmente extraña y dado que él debía velar por la salud del menor no creyó pertinente verle rondando por el hospital como si estuviera acechando al niño para buscar la menor abertura entre las enfermeras para acercarse a él a interrogarlo.

Kageyama respetó el trabajo del buen doctor, pero en cuanto las altas esferas comenzaron atosigarlo en que avanzara con el caso del niño de una vez, se vio en la obligación de tener que volver a pasar por el hospital para presionar al doctor de que le dejase ver al niño de una vez para que al menos pudiera ver con sus propios ojos si estaba en condiciones de pasar por un interrogatorio e informar a sus jefes antes de que se le echaran encima.

Nunca se imaginó que el doctor fuera a darle semejante noticia en cuanto lo encontró; el niño había sufrido una especie de pérdida de memoria.

-¿Qué quiere decir con una "pérdida total de memoria"?-cuestionó Kageyama extrañado con aquel diagnostico.

-Quiero decir exactamente eso, inspector.-suspiró exhausto Mukeino con ojeras bajo los ojos.-El niño, no sabemos cómo, ha perdido hasta los recuerdos más básicos que sostienen a una persona autosuficiente.

-Doctor, debería explicarse un poco mejor, porque creo que no estoy entendiendo muy bien a que se refiere con eso… ¿No me había dicho que el niño no había recibido ningún golpe en la cabeza?

-Y no lo tiene, no hay daños en ninguna zona del cráneo y las pruebas indican que no hay lesiones en el cerebro. No sé como explicárselo de otro modo para que pueda entenderme. Pero a grosso modo sólo puedo decirle que el cerebro de ese niño está completamente vacío de recuerdos, como lo estaría un muñeco.

-¿Me está hablando de un caso de alzhéimer? Eso es anormal en un niño pequeño-se extrañó Kageyama ante la idea de una enfermedad propia de gente anciana estuviera en el cuerpo de un niño.

-No, parece que es así pero no tiene nada que ver. El alzhéimer es una enfermedad degenerativa progresiva, donde se van perdiendo poco a poco los recuerdos hasta dejar al enfermo en un estado casi vegetativo; al principio confundiendo lugares o hechos de la infancia, luego se confunden caras de los seres queridos, después comienzan los pequeños olvidos como dejarse las llaves en casa varias veces y así sucesivamente…el caso de Roxas no tiene nada que ver con el alzhéimer.-le informó Mukeino observando los papeles que tenía en la mano con el informe del estado mental de Roxas.-Nuestros psicólogos y pedagogos infantiles han estado examinándole por si tiene alguna clase de retraso mental o un tipo de autismo pero el niño responde ante los estímulos y es capaz de aprender y reproducir todo lo que ve y lo que oye.

-¿Eso puede descartar los retrasos mentales y el autismo?-cuestionó Kageyama.

-Bastante, sobre todo si tenemos en cuenta lo que marca la diferencia entre cuando se despertó y lo que puede hacer ahora.

-¿Lo que puede hacer ahora? ¿A qué se refiere?

-¿Recuerda que le he dicho que Roxas había perdido incluso los recuerdos que hacían autosuficiente a una persona? Los seres humanos, como cualquier otro ser vivo, nacemos con el instinto de querer comer y beber para sobrevivir, es algo instintivo que ni siquiera se piensa. Incluso los bebés recién nacidos identifican el hambre y saben que al llorar reciben aquello que les puede saciar; no lo piensan ni lo racionalizan, sólo lo saben. Pues en este caso, cuando Roxas se despertó no era capaz de beber ni de comer por su cuenta. Si, sé que va a decirme que eso ocurre a menudo con gente con pérdidas de memoria avanzada, pero lo de Roxas va más allá-se apresuró a callarlo cuando lo vio que iba a decir algo.-Cuando le poníamos la comida o el agua, Roxas se quedaba mirándola como si no supiera que era lo que tenía que hacer con ella. Se ahogaba o vomitaba cuando intentábamos darle de comer porque no era capaz de recordar que debía masticar ni mucho menos de tragar. Cuando comenzó a sentir sed y a sonarle el estomago no fue capaz de identificar por si mismo que esas sensaciones eran hambre y sed y que podía dejar de sentirlas si tomaba lo que le dábamos. No recordaba la relación entre la sensación y la acción.

-¿Pero eso no confirma entonces que si sufre autismo…?

-Lo confirmaría si fuera un hecho permanente o si fuera degenerativo. Pero no fue así, en cuanto logramos hacer que comprendiera que comiendo y bebiendo hacia desaparecer la sensación de hambre y sed entonces fue cuando ya comenzó a intentar comer por sí mismo. Le costó un poco y se manejaba bastante torpe pero al final consiguió hacerlo en un periodo de tiempo corto.

-Ah, pero eso es bueno ¿no? Significa que puede recordar.

-No lo recordó; lo aprendió-corrigió Mukeino sorprendiendo al inspector.

-¿Cómo que lo aprendió?

-Eso es lo que le diferencia con un paciente con retrasos mentales o autismo. Roxas no puede recordar ni lo más básico, pero tiene capacidad de aprendizaje. Puede tomar ideas al verlas y reproducirlas. Cuando captó la relación entre la comida y el hambre, aprendió entonces que comiendo se le quita esa sensación. Si pudiera recordarlo entonces no tendría tantas dificultades ni se habría mostrado tan patoso a la hora realizar la acción. Eso lo hace alguien que está aprendiendo algo nuevo, no alguien que recuerda algo que había olvidado como se hace; en otras palabras, Roxas no tiene recuerdos pero puede aprender para hacer que su cerebro avance varios niveles como lo hace cualquier niño.

-Entonces…¿es como si Roxas hubiera sufrido una especie de retroceso a una infancia más temprana?

-Mucho más temprana-asintió Mukeino rascándose con cansancio detrás de la nuca.-Es como ver a un bebé atrapado en el cuerpo de un niño de siete años; no sabe nada, no conoce nada, no sabe que da miedo ni que es peligroso, no sabe caminar, lavarse ni que hay que usar ropa y zapatos tampoco sabe quién es e incluso me atrevo a decir que ni siquiera sabe que es un ser humano –suspiró agobiado al recordar las miradas vacías que Roxas le había dedicado desde que se despertó, una mirada vacía como el contenido de su cerebro, incapaz de reconocerle como una persona o de identificar si era alguien bueno o no-. Hay que enseñarle todo desde cero igual que se haría con un bebé, la ventaja es que la capacidad de aprendizaje de Roxas es como la de cualquier niño de su edad, así que es más que posible que sea cuestión de tiempo que empiece a actuar normal en cuanto las cosas básicas las haya memorizado y aprendido a usar en su vida diaria.

-¿Cómo narices ha podido pasarle eso?-cuestionó Kageyama sin dar crédito.

-Eso me gustaría saber a mí. Le he hecho tacs y resonancias varias veces y en todas se han descartado cualquier tipo de daño cerebral que hubiera podido inducirle a ese estado. Por eso ahora estamos intentando examinarle por la parte psicológica…pero toca esperar.

-O sea que…ya podemos ir olvidándonos de que pueda decirnos donde vive y quiénes son sus padres-murmuró Kageyama.

-Eso parece.-asintió apesadumbrado Mukeino.-No sé que le han hecho a ese pobre crío pero han tenido que usar alguna clase de sustancia extraña que no conozcamos porque no tiene sentido que un niño pequeño pierda toda la memoria, incluso que aquellas que debería manifestar mediante instintos.

-Estamos igual que antes…-siseó Kageyama-¿Cuál es el estado actual del pequeño?

-Aparte de las dificultades que tiene a la hora de realizar cualquier actividad, está todo en orden. No tiene problemas respiratorios ni cardiacos, tampoco parece que haya sufrido desnutrición o deshidratación en algún momento. Tiene buen peso y buena altura. Lo único que llama la atención a parte de sus memorias perdidas es su sueño pesado.

-¿Sueño pesado?

-El niño duerme demasiadas horas al día.-aclaró Mukeino echando un nuevo ojo al informe donde tenía escritas todas las anomalías presentadas en Roxas.-Desde que se despertó de esta especie de sueño extraño, ha estado ocurriendo de forma recurrente que cuando se vuelve a dormir tarda muchas horas en despertarse, y nunca dura demasiado tiempo despierto.

-¿Tan raro es?

-Bastante. Entendíamos que por causas de la medicación el niño pudiera sentir somnolencia pero su comportamiento es como si no fuera capaz de mantenerse despierto durante demasiado tiempo y se queda dormido en casi cualquier lado en cualquier momento. Alguna vez hemos temido que hubiera vuelto a caer en ese sueño profundo del que tanto le costó salir de tantas horas que dormía.

-¿Cuántas horas son esas…?

-Pues de veinticuatro horas que tiene el día perfectamente Roxas puede pasarse durmiendo quince o diecisiete.

-¡¿TANTO?!

-Sí, pero como le he dicho físicamente está sano pero, al igual que pasa con su memoria, no sabemos de dónde puede provenir esta anomalía, porque no parece ser un caso de narcolepsia.

-Madre mía, que extraño resulta todo esto…

-Ahora mismo iba a verle. Yoshida, una de las enfermeras, le tocaba hacerse cargo de asearle ¿quiere usted acompañarme?-preguntó mostrándole una sonrisa al ver el interés del inspector.

-Sí, me gustaría ver con mis propios ojos el estado del niño-asintió el inspector comenzando a seguir al doctor, aunque le llamó la atención la forma en la que el médico se tambaleaba ligeramente.-¿Se encuentra usted bien, doctor? Le noto disperso.

-He estado trabajando demasiado los últimos días. He intentado atender a Roxas todo lo posible pero al final todo me ha venido de golpe con todos los demás paciente.-contestó Mukeino rascándose tras la nuca. Desde luego en cuanto pudiera se tomaría un café bien cargado.-Puede que esté feo decirlo, pero el que Roxas duerma tanto ayuda bastante a que no me preocupe tanto por él. No me sentiría cómodo que se quedara sin vigilancia la habitación en ese estado…

-Veo que ha tomado mucho cariño a ese niño-comentó con una sonrisa el inspector al sentir tan entregado al doctor a la vez que este presionaba el botón para hacer venir el ascensor.

-Es un caso demasiado extraño, algo con lo que jamás he topado en toda mi carrera como pediatra. Ni siquiera tengo claro si ha habido algún caso similar en algún otro lado del mundo.

-¿No lo ha comentado con sus colegas?-cuestionó Kageyama- Quizá en otros hospitales o comentarlo en el ministerio de salud podrían informarle de algo.

-Lo he pensado pero recurrir a eso sería contraproducente para Roxas. Aún hay que hacerle más pruebas psicológicas que nos confirmen si hay posibilidad alguna de que pueda recordar algo o si su pérdida de memoria será permanente y hasta que no tenga esa confirmación preferiría no hablarlo con la gente del ministerio.

-¿En serio? A mí me parece que está intentando retrasar lo inevitable ¿o me equivoco?-cuestionó de forma perspicaz en lo que el doctor de devolvía una seria mirada mientras las puertas del ascensor se abrían dejando salir a varios celadores que los saludaron a ambos con un cabeceo. Kageyama, con total confianza, ingresó en el interior del ascensor seguido de Mukeino y cuando este presionó el botón de la planta destinada y se cerraron las puertas prosiguió;-¿Qué es lo que tanto le asusta, doctor?

-Intento proteger al niño. Eso es todo-confesó observando con seriedad al inspector, que no tenía ninguna perturbación en su mirada.-Roxas es un niño pequeño y ahora se ha quedado completamente solo ¿cómo cree usted que reaccionarían los del ministerio si se me ocurre informarles de un caso tan extraño como el suyo? No me gustaría nada que de pronto Roxas se convirtiera en un enigma para la comunidad médica y la prensa estuviera intentando sacar imágenes y videos de él para que todo el mundo lo viera. Es un niño, está solo y se merece recuperarse tranquilo sin que el mundo esté atosigándole y pendiente de si se puede curar o si puede ser algo que le pueda ocurrir a cualquiera.

-Entiendo su punto.-concordó el inspector.-Como ya le dije en una ocasión, yo soy padre de un niño pequeño y entiendo que es responsabilidad de los adultos mantener a los niños a salvo de cualquier cosa que pueda perturbarlos. Pero…

-¿Pero…?

-También es responsabilidad suya como médico y mía como policía hacer saber a la población de la existencia de esta clase de anomalías para que, si llega a darse un nuevo caso, puedan saber identificarlo y pedir ayuda a tiempo.

Mukeino se mordió la lengua para callarse lo que estaba pasando por su cabeza. Comprendía las responsabilidades que acarreaba su profesión para las personas; como médico, era responsable de identificar, tratar y curar aquellas enfermedades y lesiones que pudieran padecer las personas, pero aquel cargo también le añadía la responsabilidad de dar a conocer cualquier tipo de enfermedad o rareza médica al mundo para poder prevenir a la población para saber que hacer de darse un nuevo caso similar.

Era una batalla entre la responsabilidad profesional y la responsabilidad moral. Cómo médico debía pensar en el bien común, saber qué era lo mejor para todos; era su responsabilidad y sabía bien que si se le ocurría ir en su libre albedrío todo el mundo, quienes lo conocían y quienes no lo conocían lo tacharían de irresponsable y no volverían a confiar en él para tratar enfermos. Por otro lado…la responsabilidad moral, aquello que sabes que está bien o que está mal. Desde que era pequeño aprendió que había que mantener a los niños al margen del mundo de los adultos; los adultos tenían situaciones demasiado complejas y problemáticas para que los niños tuvieran conocimiento de ello o se vieran involucrados. Los niños tenían que seguir siendo eso; niños. Tenían que vivir su infancia e inocencia como tal y no verse expuestos en los problemas de los adultos. El doctor sabía que si informaba al ministerio o al mundo en general del estado de salud de Roxas, entonces el rubio se vería envuelto en una situación turbulenta nada saludable para él. Un niño que no tiene padres o alguien haciéndose cargo de él era más accesible para las sabandijas de la prensa que cualquier otro.

-Sé cuál es mi lugar, inspector. Pero al igual que usted espera que dé valor a mi cargo, yo también espero de usted que ante todo prime la coherencia.-tachó el doctor dejando con una mirada de sorpresa por parte del inspector antes de salir del ascensor rumbo hacia la habitación.

Desde luego, cada vez que hablaba con ese hombre no sabía si era un buen tío o alguien demasiado borde al que comete el error de contarle sobre su debilidad para con el pequeño rubio. Sentía que con el inspector tenían ambos una visión en común con respecto a la protección e integridad de los niños, pero al mismo tiempo perdía la confianza en él cuando le daba toques de atención con respecto a lo que se esperaba de ellos ignorando por completo del bienestar de Roxas.

Mukeino no quería montar ninguna escena en el hospital por lo que dejó de prestarle atención al gigantesco inspector que le seguía el paso por detrás en silencio, detalle que el pediatra agradecía. En cuanto estuvieron justo frente a la puerta de la habitación, el doctor le hizo un gesto a Kageyama indicándole que se mantuviera en silencio; por el bien del estado del niño había estado evitando introducir gente nueva en su entorno para impedir cualquier tipo de sensación sobrecogedora para él. Ahora que sabían que su cabeza estaba vacía y que ni siquiera los instintos más básicos eran capaces de hacerle actuar como se esperaba, el equipo médico dirigido por Mukeino había estado tratando al niño con cuidado y prácticamente entre almohadones. Era el único modo de tratarlo al menos hasta que tuvieran alguna clase de idea de cómo proceder con él o si había conseguido aprender lo suficiente en el tiempo que llevaba despierto como para poder hacerle interactuar con personas nuevas sin que se pusiera nervioso. Kageyama iba a ser la primera persona nueva en introducirse en el entorno del niño, que ya parecía haberse familiarizado con la habitación y la gente que llegaba a ocuparse de él. Mukeino no estaba muy seguro cual iba a ser la reacción de Roxas en cuanto viera a un desconocido invadir aquel espacio seguro.

-No se le ocurra hacer nada que lo altere ¿de acuerdo?-le advirtió el pediatra y, antes de permitirle contestar a Kageyama, abrió la puerta encontrándose con que Yoshida estaba usando una toalla para secarle el cabello al niño, quien se dejaba hacer sentado en la cama y con la cabeza agachada. La enfermera morena, al ver quiénes eran los que entraban por la puerta paró su actividad y sonrió a modo de saludo a su colega y el visitante.

-Doctor Mukeino, inspector Kageyama-saludó ella con un respetuoso asentimiento para entonces volver a realizar el frote de la toalla contra los laterales de la cabeza del niño, posiblemente secándole la parte de atrás de las orejas.

-Buenas tardes, Yoshida ¿cómo está Roxas?-preguntó con una sonrisa amable mientras se acercaba a la cama.

-Se ha portado muy bien ¿a que si, Roxas?-dijo la enfermera con voz animada bajando la toalla por detrás de los hombros del menor dejando ver su mirada vacía y expresión que recordaba a un cadáver. El pelimorado sintió un escalofrío al ver aquella mirada en alguien tan joven; realmente parecía un muñeco muy logrado de esos que se estaban poniendo tan de moda fabricar, tanto que daba grima mirarlo. Si no lo supiera a ciencia cierta, dudaría de que el rubio fuera una persona.-Se ha enfadado un poco conmigo porque tuve que despertarlo para bañarlo pero cuando le he llevado a la bañera le he puesto un gel especial que hace burbujas al agua ¡y se ha divertido mucho intentando atraparlas!

-Vaya ¿has estado cazando burbujas? ¿Cuántas has conseguido?-preguntó Mukeino sentándose al lado del niño quién, de forma inmediata, alzó la mirada hacia él y se agarró a la manga de su bata de médico antes de volver a quedarse mirando a un punto fijo de la habitación como si se hubiera quedado totalmente en blanco.

-Ha cazado un montón de ellas ¿verdad que si?-preguntó Yoshida con voz alegre consiguiendo que el niño hiciera un gesto parecido a un asentimiento con la cabeza.-Al principio le ha sorprendido ver aparecer las burbujas y no sabía que debía hacer con ellas sobretodo cuando explotaban al tocarlas, pero luego pareció gustarle mucho intentar cazarlas y ha estado muy entretenido.

-¿No has tenido problemas entonces?-preguntó Mukeino dirigiéndose a la enfermera.

-Bueno, al principio como Roxas no entendía de que iban las burbujas ha intentado llevarse la espuma a la boca.-dijo con una sonrisa nerviosa ante lo sucedido pero viendo el gesto con el que ambos hombres la miraban, les sonrió despreocupada.-Que no cunda el pánico que no le he permitido hacerlo. En cuanto le he dicho que las burbujas eran para jugar no ha vuelto a intentar tragárselas y se ha entretenido atrapándolas. Así me ha sido más fácil lavarle la cabeza mientras estaba distraído con ellas.

-Vaya, que rabia habérmelo perdido ¿sabes, Roxas? a mí también me gustaba mucho jugar con las burbujas cuando era un niño. Habría sido divertido verte jugar con ellas.-comentó Mukeino acariciándole la cabeza al niño de forma afectuosa. Roxas no contestó pero sin embargo dejó caer su cabeza sobre el brazo del pediatra.

Kageyama no tenía ni idea de cómo proceder ante algo así. Normalmente se entendía muy bien con los niños, pero el estado de Roxas le hacía dudar demasiado de cómo debería dirigirse a él. Estaba claro que, tal y como estaba el rubio, iba a ser imposible conseguir que diera alguna clase de información sobre quién era, de dónde venía o quiénes eran sus padres, el doctor se lo había advertido pero realmente no esperaba que el diagnostico fuera tan literal como le había descrito. Pensaba que quizás Mukeino no había podido evitar exagerar un poco sobre la condición del menor dado la preocupación constante que parecía estar sintiendo siempre por él. Pero ahora, viéndolo de forma directa, ya le costaba más poner en duda el diagnostico ¿así era como se veían las personas con alzhéimer? Recordaba que el doctor le había dicho que esa enfermedad no tenía nada que ver con Roxas aunque tuviera efectos similares pero Kageyama sólo había visto esa clase de mirada en personas con ese tipo de enfermedad, pero dado que Roxas no padecía ninguna enfermedad mental…¿entonces es así como se ven alguien con ningún recuerdo en la cabeza?

-Exactamente como un muñeco…-musitó para sí mismo, no le sentaba bien usar ese término para un pobre niño pero no encontraba otra definición que darle que fuera más suave que la ya empleada.

-Roxas, hoy ha venido un señor de la policía ¿te acuerdas de lo que es un policía? Son esos hombres buenos que luchan contra el mal para proteger a la gente y a los niños buenos como tú, lo leímos en el libro de cuentos del otro día ¿te gustaría conocerle?-preguntó Mukeino sin perder su sonrisa afable. El niño no se movió ni hizo gesto alguno, ni queriendo afirmar o negar ante lo que le habían preguntado, más bien parecía estar tan acomodado en la posición donde estaba que no le apetecía moverse lo más mínimo. Kageyama se sintió ligeramente abochornado al pensar que el niño podría estar pensando en algo así como: "paso del mundo entero…"

En cuanto vio un gesto afirmativo que le dirigía el buen doctor, Kageyama se sintió en la libertad de acercarse aunque, respetando las condiciones de Mukeino, lo hizo con todo el cuidado que pudo para no alterar a Roxas. Tenía experiencia en eso cuando debía ir a la cuna de su hijo cuando le atacaban los terrores nocturnos.

-Hola, Roxas, soy el inspector Kageyama Hikaru. Me han contado que estuviste malo cuando te encontraron y me han mandado para ver si puedo ayudarte-indicó despacio el pelimorado estando a una distancia prudente y respetuosa del menor.

Pero el menor no le respondió. Eso se lo esperaba pero desde luego le era incomoda la situación cuando ni siquiera recibió ni una reacción por su parte, ni una mirada, ni un gesto, ni siquiera un pestañeo; vamos que el niño no hacía ninguna clase de movimiento que le diera la señal de que al menos le estaba oyendo. Seguía apoyado en el brazo del doctor y apenas parpadeaba y aquello le hacía cuestionarse al inspector si el niño siquiera le habrá oído o siquiera se habría percatado de su presencia.

-Puede verle y oírle perfectamente…-dijo Mukeino adivinando los pensamientos que le rondaban al policía.

-¿Ah…?

-Que Roxas ni está ciego ni está sordo, sabe que usted está ahí y le ha oído perfectamente. Lo que pasa es que no quiere responderle.

-Ya…básicamente me está ignorando…-susurró para sí mismo el inspector con una gota resbalando por su nuca.

-No se lo tome en cuenta.-se disculpó Yoshida con una sonrisa apenada.-Roxas también era así cuando despertó y todo el tiempo actuaba como si nosotros no estuviéramos. Sé que para usted esto no significa nada, pero que Roxas muestre esta clase de gestos como apoyarse en el brazo del doctor o que nos deje a las enfermeras o a mí enseñarle juegos o bañarlo son muestras de confianza hacia nosotros. Como a usted no le conoce prefiere ignorarlo, es su forma de hacer distinción entre la gente que confía de la que no conoce.

-Ya, comprendo. Y si, sé que me lo ha dicho antes pero…¿está usted seguro que el niño no tiene autismo…? Actúa igual que una persona que si lo tiene…

-Le agradecería que no hiciera ese tipo de comentarios frente a Roxas.-le reprochó Mukeino con una mirada molesta.-Ya le he dicho que Roxas no está sordo.

-L...lo siento…no pretendía molestarle.-se apresuró en disculparse el pelimorado al comprender que quizá había hablado demasiado.

Yoshida, viendo que el ambiente se estaba comenzando a tensar, se apresuró a ir a un pequeño armarito que había en la esquina de la habitación donde normalmente solían guardar mantas de repuesto. De allí sacó un pequeño xilófono con las teclas de diferentes colores y un par de baquetas y, volviéndose a dirigir hacia donde estaba Roxas, se lo tendió bajo la atenta mirada de ambos hombres;

-Mira, Roxas, te he traído el xilófono.-enseñó sonriente la enfermera.-¿Querrías enseñarle al doctor y a este amable policía lo que has aprendido esta mañana?

Roxas entonces alzó la cabeza colocándose erguido al ver cerca de él aquel instrumento que ya se le hacía familiar y que asociaba al bienestar. Alzó los brazos tomando entre sus manos aquel colorido xilófono colocándoselo sobre el regazo y lo miraba como si esperase que apareciese algo interesante como por arte de magia. Yoshida, que entendía que era lo que quería el menor, colocó las baquetas sobre las teclas del xilófono y Roxas, llamando la atención del inspector, las tomó entre sus manos con firmeza; gesto que Kageyama interpretaba con que era una situación familiar o ya conocida para el niño.

-¿Has aprendido a tocar, Roxas?-preguntó Mukeino-Estoy seguro que a todos nos encantará oírlo.

-¿Te acuerdas de cómo era?-preguntó Yoshida para confirmar si el menor recordaba lo que habían interpretado aquella mañana.

Kageyama vio al niño colocar las baquetas en la posición de dos teclas, preparado de realizar la pieza pero justo después sintió un estremecimiento recorrerle el cuerpo cuando escucho una vocecilla raspada, casi afónica susurrar al mismo tiempo que tocaba la tecla correspondiente.

-Mi.

-Sí, muy bien, Roxas, esa es la nota Mi.-indicó Yoshida apreciando el semblante sorprendido del inspector. Roxas la miró con sus vacios ojos carente de todo brillo-Pero tú te sabes muchas mas ¿verdad?

Roxas volvió a bajar la mirada hacia las teclas y, con una soltura que dejó pasmado al inspector comenzó a recitar al mismo tiempo que tocaba las teclas correspondientes;

-Mi. Mi. Sol. Mi. Mi. Sol. Mi. Sol. Do. Si. La. La. Sol-canturreaba con su vocecilla apagada en medio del silencio de la habitación que sólo era roto por la suave vibración del xilófono.-Re. Mi. Fa. Re. Re. Mi. Fa. Re. Fa. Si. La. Sol. Si. Do.

-P…Puede hablar.-susurró el inspector sorprendido al escuchar la voz infantil.

-Se me olvidó comentarle que aparte de que no es ni sordo ni ciego, Roxas tampoco es mudo.-se guaseó el pediatra y viendo la forma en que lo miraba Kageyama se apresuró en añadir.-Roxas tiene las cuerdas vocales en perfecto estado, así que puede hablar pero normalmente no lo hace.

-Me había dicho antes que el niño había olvidado todo, incluso lo más básico ¿cómo es que sabe hablar?-cuestionó Kageyama señalando al niño que seguía tocando y canturreando sin prestar ninguna atención

-Que tenga voz no quiere decir que sepa hablar. Quiero decir, sabe hablar pero no sabe cómo hacerlo. Tiene cuerdas vocales que le permiten tener una voz pero Roxas ha olvidado tanto el idioma que debería hablar como lo que debe hacer para que su voz salga de la garganta.

-¿Entonces como puede…?

-Roxas sólo me está imitando.-intervino Yoshida atrayendo la mirada del inspector.-Yo le enseñé a tocar esa canción como parte de la terapia y mientras tocábamos le iba canturreando las notas. Roxas sólo está repitiendo lo que me ha oído decir a mí en el momento de enseñarle a tocar pero no entiende las notas ni lo que representan.

-Ya…-suspiró Kageyama rascándose la cabeza. Desde luego aquel caso iba a ser difícil.

Observó al pobre infante que se encontraba enfrascado en tocar aquella canción de cuna una y otra vez. Sintió desazón por él y por lo que le esperaba dentro de poco tiempo, así que, con un gesto hacia el doctor le indicó que le siguiera afuera. Mukeino, al verlo, asintió con disconformidad.

-Roxas, es una preciosa canción.-halagó el doctor acariciándole de nuevo los cabellos rubios del menor.-El señor policía quiere preguntarme una cosa, así que saldré un momento, pero estaré justo detrás de la puerta y enseguida regresaré contigo para leerte algo antes de que te vuelvas a dormir ¿de acuerdo?

El doctor tuvo que reprimir una risa cuando la respuesta del niño fue tocando la tecla "Si" del xilófono. Sabía que aquella acción no era sino otra forma de comunicación que el niño había empleado por tenerla al alcance pero habría sido divertido que lo hubiera hecho por hacer el chiste fácil, desarrollar un sentido del humor le parecía vital para el pequeño.

Con un gesto, indicó a Yoshida que se quedara acompañando al niño, la cual asintió encantada, por lo que Mukeino se levantó de donde estaba sentado para ir junto al inspector fuera de la habitación donde, nada más cerrar la puerta, el pelimorado lo escrutó con su seria mirada.

-Bueno, supongo que ya se ha convencido del estado de Roxas lo suficiente como para convencer a sus jefes ¿no?-se atrevió a preguntar sintiéndose algo achantado ante aquella mirada.

-Sí, tengo lo suficiente…y creo que usted sabe lo que va a tener que pasar a continuación ¿verdad?

Mukeino, entendiendo bien a lo que se estaba refiriendo, afiló su mirada para enfrentarse a la del pelimorado.

-Es demasiado precipitado y lo sabe, inspector.

-Usted mismo lo ha dicho, sin contar su pérdida de memoria, Roxas es un niño completamente sano y no pasará mucho tiempo hasta que decidan darle de alta.

-Pero su estado mental no es favorable, no puede desenvolverse por el mundo tal y como está y esos ataques de sueño repentino podrían dificultarle la vida para…

-Si no tiene daños en el cerebro y esta anomalía que tiene con su memoria no supone un peligro para sí mismo o para los demás y se puede corregir entonces lo que el niño necesita es atención psicológica y una vida normal lo antes posible, no estar internado en un hospital.

-Inspector…-siseó Mukeino.

-Usted lo sabía, doctor. Si el niño está físicamente sano y puede tener tratamiento fuera del hospital ¿por qué tendría que quedarse aquí?

-¡Porque está solo!

-Para eso están los servicios sociales, doctor, por mucho que le moleste oírlo.-tachó Kageyama viendo la irritación en los ojos ajenos.-Oiga, sé que ahora mismo debe estar pensando lo peor de mi, que soy engañoso o que soy un insensible. Pero de verdad que pienso en el bien de Roxas. Como bien me ha dicho, es un niño pequeño, está completamente solo y no tiene motivos por los que deba permanecer en el hospital y cuando le den el alta, el niño necesita un lugar donde poder ir y permanecer, y dado que no tenemos la forma de localizar a sus padres ni a ningún otro familiar, me temo que es trabajo del Estado hacerse cargo de él. A no ser, claro, que usted o alguna de las enfermeras tenga la intención de considerar la adopción.

Mukeino se quedó helado ante esa última proposición por parte del inspector. Sabía que todas que cada una de sus palabras eran ciertas, Roxas no iba a permanecer mucho tiempo ingresado, pese a su estado, conseguía aprender rápido las cosas y era cuestión de tiempo, poco había que aclarar, a que su cabeza consiguiera estabilizarse al nivel de cualquier niño de su edad y que pudiera hacer una vida normal por lo que no había motivo suficiente de que permaneciera allí pero…¿adoptarlo? Mukeino le había tomado mucho afecto aquel chiquillo de ojos perdidos y sin duda la idea le tentaba demasiado, los niños siempre le habían gustado y ser padre era una de sus asignaturas pendientes por lo que la idea de adoptar a Roxas se le hacía atractiva.

Sin embargo, sabía que si hacia eso estaría siendo un maldito egoísta. Era consciente que para cualquiera era el candidato ideal para hacerse cargo de la crianza de un niño; un médico, pediatra para más señas, independizado, con una economía estable, espacio suficiente en su hogar, capaz de proporcionar unos estudios al menor, juguetes, libros…pero Mukeino sabía que a pesar de todo eso sería un padre terrible. Roxas necesitaba toda la atención del mundo en estos momentos para que su desarrollo y estabilidad fuera beneficiosa pero desgraciadamente en cuanto dejara el hospital Mukeino sabía que sería demasiado complicado volver a verle. Si no había sido padre hasta la fecha era porque su trabajo consumía demasiado tiempo y no podía permitirse dejar abandonados a pacientes de urgencia que ocurrían a menudo para ocuparse de la familia, por eso no había formado una. Un niño necesita constantes atenciones, algo que Mukeino no podía proporcionar por su tiempo, y sabía que si se le ocurría la idea de adoptar a Roxas condenaría al niño a estar solo en casa demasiadas horas al día.

-"Eso no es vida para ningún niño…"-pensó para sí mismo tapándose la cara con la mano.

-No puede hacerlo ¿verdad?-cuestionó Kageyama dándole la espalda al médico viéndose apesadumbrado por la silenciosa negativa.-Entonces no hay nada más que se pueda hacer. En cuanto Roxas reciba el alta, los servicios sociales vendrán a recogerlo.

Y sin más, el pelimorado dejó atrás al médico perdido en sus pensamientos, por su parte poco podía hacer para detener el procedimiento legal que sucedería a continuación. Más sin embargo era capaz de reconocer la bondad dentro del médico para con Roxas pese a su negativa de hacerse cargo de él. Kageyama lo entendía. Para algunas personas, las responsabilidad del bienestar ajeno podían consumirlos y Mukeino era una de esas personas que dedicaba su vida ayudar a los demás y para ello debía hacer demasiados sacrificios. Era triste pensar en todo el cariño que el doctor le había tomado a Roxas y que tan pronto dejara de ser su paciente la relación entre ellos sería nula. Pese a lo que otros pudieran llegar a pensar, Kageyama opinaba que el rechazo a la adopción era otra forma de manifestación de afecto que Mukeino sentía por el niño. Por su posición laboral era muy sencillo pensar que simplemente podía adoptar al niño y darle un hogar renunciando a varias horas de trabajo para hacerse cargo de él; pero para un médico, las cosas no son tan sencillas como para decidir dejar a sus pacientes. A la larga sería peor para Roxas ser adoptado por Mukeino porque pasaría de estar solo a tener un padre por temporadas con el que apenas se vería. Rechazando la adopción, Mukeino asumía que no iba a poder hacerse cargo del menor como este necesitaba.

Kageyama se cuestionó si había algo que podía hacer para aplicar los remordimientos que estaba seguro achacarían al doctor tan pronto los servicios sociales se llevasen a Roxas.

Y entonces una idea le vino a la cabeza; quizás aun había algo en su mano para poder darle a Roxas el mejor destino posible. Y de paso darle un poco de paz mental al doctor.

/*/*/*/*/

Veinte días después…

En los hospitales, además de los enfermos, era pan de cada día encontrar las lágrimas en los ojos de los familiares o de los propios pacientes ya fuera de alegría o de tristeza, incluso si se pone especial atención al pasar por algunas habitaciones se podía escuchar sollozo provenir de su interior, algo que por norma general los médicos preferían no entrometerse de forma directa permitiéndoles a los pacientes y familiares la intimidad que necesitaban en esos momentos.

Pero en aquella ocasión, en aquella habitación parecía un drama digna de aquellos culebrones televisivos que tanto le gustaba ver a las ancianitas por las tardes. Honda y Yoshida estaban hechas un mar de lágrimas mientras abrazaban con fuerza al pequeño Roxas, el cual, con su ya acostumbrada mirada inexpresiva y vacía, se aferraba al cuello de ambas sin querer hacer nada por soltarse de ellas.

Los asistentes sociales se quedaron al margen en un respetuoso silencio mientras dejaban que las mujeres se despidieran del niño, mientras tanto el doctor Mukeino se encontraba apoyado en el quicio de la puerta de la habitación observando la escena con un nudo en la boca del estomago. Pese a todo cuanto lo había deseado, no hubo forma de siquiera alargar la estancia de Roxas en el hospital, pese a sus influencias y las largas discusiones con el director, este no quiso seguir permitiendo que el niño se quedara internado alegando que su bienestar se encontraba en la terapia psicológica que le proporcionarían en su nuevo hogar y la interacción con otros niños.

Saber que lo más seguro es que no podrían volver a verlo, tanto Yoshida como Honda se habían derrumbado en el mismo momento en que vieron aparecer a los asistentes sociales por la puerta para llevarse a Roxas. Ambas mujeres habían tomado tanto cariño por el niño como Mukeino y les costaba asumir que aquella situación a la que tanto habían temido hablar en voz alta estuviera ocurriendo finalmente. Ahora Roxas cuyo estado de salud se encontraba perfectamente ya no tenía ningún motivo por el deba permanecer en el hospital y, por ello, el Estado había pasado hacerse cargo de él a partir de ese momento.

-¿D…De verdad tienen que llevárselo?-gimoteó Honda sin separarse de los bracitos de Roxas al mismo tiempo que observaba al hombre y a la mujer de los servicios sociales que se encontraban apartados de la escena.

-Lo lamento mucho, pero es así como tiene que ser.-dijo la mujer-Si el niño no tiene familia, nosotros debemos proporcionarle un lugar donde pueda quedarse hasta su mayoría de edad.

-¡Pero no es justo que se lo lleven así, en su estado!-protestó Yoshida entre sollozos apretando mas al rubio contra si misma.-¡Mírenlo ustedes mismos! ¡Él ni siquiera comprende que es lo que está ocurriendo y piensan separarlo de las personas que lo han estado cuidando hasta ahora! ¡Somos lo único que él reconoce como…!

-Entendemos lo que quiere decir, señorita.-la interrumpió el hombre.-Pero también estamos convencidos que usted sabe muy bien que esto es lo mejor para el niño. Él no puede pasarse toda su vida internado en un hospital cuando no tiene necesidad de ello. Su lugar está en una casa junto a otros niños para que pueda...

-¡Un orfanato, por el amor de Dios! ¡¿De verdad ustedes creen que ese es el mejor lugar para que un niño pueda criarse?!

-Yoshida…-sollozó Honda viendo lo alterada que estaba su compañera.

-Puede que usted no crea que sea el sitio ideal para que un niño crezca, señorita. Pero sin duda, hoy por hoy, es lo mejor que Roxas puede tener.-razonó la mujer haciendo que un gemido de dolor saliera de los labios de Yoshida.-Entiendo que pueda ser duro el despedirse de él, pero deben pensar en su porvenir. Y si tanto les importa, saben que pueden solicitar la adopción cuando crean conveniente…

-Pero…ninguno de nosotros puede permitirse hacerse cargo de él…-murmuró Honda.

-Por eso es necesario llevarlo al orfanato.-apostilló el hombre negando con la cabeza.-Y sé que ustedes lo saben y es el dolor lo que no les deja verlo.

Ahogando un nuevo gemido, ambas mujeres volvieron a centrar sus energías en abrazar al niño. Ellas lo sabían. Sabían que aquello era lo mejor para él. Debían pensar en lo que le convenía al niño y no tanto en la pena que ellas sentían con su marcha, no podían ser egoístas, tenían que pensar en el bien del pequeño.

-P…pórtate bien ¿vale, Roxas?-dijo Honda entre sollozos.-Haz muchos amigos y abrígate bien por las noches.

-Comete todas las verduras y nunca dejes nada en el plato ¡pero nunca se te ocurra darte un atracón de dulces! No queremos que te pongas malo.-advirtió Yoshida intentando retomar la compostura.

-Señoritas, lo lamento pero no podemos alargarlo más. Tienen que dejar que nos llevemos a Roxas.-indicó la mujer acercándose a ellas con intención de tomar al niño, haciendo que un gemido de dolor salieran de los labios de ambas enfermeras.

-V…Vamos, Roxas, ve con la señorita. Te llevará a un sitio precioso donde podrás jugar con un montón de amiguitos y pintar todo lo que quieras…-gimió Honda instando al niño a que se soltara de ellas.

Roxas no hizo amago de resistencia dejándose tomar en brazos de aquella desconocida que lo alejaba de aquel par de presencias cálidas que le reconfortaban y le aportaban seguridad. No hizo falta. Los gestos mudos y casi imperceptibles que empleaba y que sólo aquellos que lo habían tratado de cerca podían descifrar, dejaba ver que aquella situación no le hacia la mas mínima ilusión y que lo que menos quería era separarse de aquellas dos figuras maternas que había conocido al despertar de su letargo. Aquello terminó por destrozar a ambas enfermeras que a duras penas podían contener las lágrimas frente a su pequeño.

-Tranquilas, me aseguraré de que Roxas llegue bien a su nueva casa.-intervino Mukeino intentando brindarle algo de ánimo a sus dos compañeras, aunque tenía plena conciencia de que aquello en esos momentos era imposible. Estaban desconsoladas y nada de lo que pudiera decirles iba hacerlas sentir mejor.

Sin querer alargar más aquella agonía ni seguir dándole a Roxas aquella desagradable y penosa visión de ver a sus pilares derrumbándose de esas formas, los asistentes salieron de la habitación con el niño en brazos seguidos por el doctor Mukeino mientras dejaban atrás a las dos enfermeras que, incapaces de dejar de llorar, se lamentaban por la pérdida de su pequeño niño.

Caminaron por un rato por los pasillos dirigiéndose hacia la puerta de la planta baja donde les esperaba un coche que les llevaría a su destino pero, justo cuando estaban ya cerca, el menor comenzó revolverse entre los brazos de la mujer como si quisiera que lo dejara en el suelo.

-R...Roxas, tranquilo, no te pongas nervioso.-intentó tranquilizarlo la mujer al mismo tiempo que trataba de no soltarlo.-Por favor, te vas a caer.

Entonces, para sorpresa de los asistentes, Roxas clavó su vacía mirada en el doctor Mukeino como si acabara de darse cuenta de su presencia y, sin pensárselo, alzó los brazos hacia su persona pidiendo que fuera él quien lo cargase. Mukeino, entendiendo que era lo que el niño quería no dudó en dirigirse hacia él y arrebatárselo a la mujer de los brazos.

-Deje que sea yo quien lo lleve.-dijo Mukeino apoyando la cabeza del niño contra su hombro mientras que éste se tranquilizaba en el acto rodeando su cuello con los brazos.-No se lo tome a mal, pero el niño no la conoce y no se siente cómodo con que le cargue durante demasiado tiempo. Conmigo estará más tranquilo y no dará problemas durante el viaje.

La mujer quiso protestar pero al percatarse que en el momento en que el doctor había tomado al niño en brazos éste dejó de pelear por liberarse, se abstuvo de comentar nada y prosiguió con su camino hacia el coche seguido del pediatra. No importaba realmente, mientras el niño no montase un numerito por ser llevado al orfanato estaría todo bien.

-¿Sabe? El inspector Kageyama me habló muy bien de usted, doctor.-comentó el hombre mirando como el niño se aferraba al cuello ajeno sin preocupación alguna.

-¿el inspector?

-Si, según me ha contado, usted es una persona bondadosa con los niños y el inspector tiene en consideración la estima que tiene por Roxas. Es por eso que se ha tomado la molestia de mover hilos y hacer uso de sus contactos para escoger un orfanato en concreto donde Roxas estará bien cuidado y atendido.

Sorprendido por aquella aclaración, Mukeino se quedó mirando al asistente social con expresión incrédula ante el detalle que había tenido el inspector sin que se lo hubiera pedido.

-Entonces…¿es un buen sitio de verdad?-preguntó con precaución.

-Mucho, la verdad. No es la primera vez que llevo a un niño a ese orfanato y me consta que allí los tratan maravillosamente y se encargan de cuidarlos en condiciones hasta que son adoptados o cumplen la mayoría de edad.

-Ya…-musitó Mukeino observando por el rabillo del ojo la cabellera rubia que se apoyaba en su hombro.-¿Y cuál es ese orfanato? Nadie ha querido decirme nada.

-Normal, estoy segura que no han querido informarle de eso porque ha convertido el caso de Roxas en algo personal.-comentó la mujer abriendo la puerta del coche para que Mukeino entrará por ella.-Se involucrado demasiado con Roxas a nivel emocional y personal y eso puede alterar su objetividad, para evitar posibles problemas era mejor mantenerle tanto a usted como a las enfermeras que están bajo sus órdenes al margen del destino del niño…al menos así debería haber sido pero el inspector, otro sensiblero, ha decidido que se le permita acompañar a Roxas a su nueva casa bajo la excusa de que puede hacerle tener una trayectoria calmada y evitar que el abandono del hospital le resulte traumático.

Incapaz de negar aquella realidad, Mukeino se abstuvo a contestarle.

-¿Cómo se llama el orfanato?-quiso saber ignorando por completo la mirada que le dedicaba la mujer.

El hombre, sin embargo, esbozó una sonrisa contagiosa para después decirle;

-Sun Garden.

/*/*/*/*/

Treinta minutos después…

Sun Garden era uno de los orfanatos más conocidos de Tokio. No precisamente que fuera algo que mucha gente de la ciudad lo conociera como para visitarlo o darse un paseo por los alrededores pero era un lugar con cierto prestigio ya que era financiado por uno de los pesos pesados del país. Lo que Mukeino sabia de aquel lugar era que su director y principal proveedor financiero era un empresario millonario que había decidido abrir aquel lugar para ceder parte de sus ganancias al bienestar de los niños sin hogar que había por la ciudad. Aquel sitio era como una pequeña empresa familiar pues aparte del empresario, la que estaba a la cabeza administrativa y encargada de ejercer de cuidadora principal de los niños no era otra que la hija mayor del empresario; mientras que el hijo menor, que trabajaba como director en una de las empresas que tenía su padre repartidas por la ciudad, se ocupaba de realizar las excursiones y festejos a los niños en fechas señaladas como navidad, san Valentín o cumpleaños, incluso a veces se hacía cargo de hacer los trabajos administrativos que su hermana no podía realizar por los horarios de los menores.

Sin duda, una familia millonaria que dedicaban parte de su fortuna aquellos niños que necesitaban un techo y mucho afecto. Mukeino no pudo evitar sentirse un poco emocionado al saber que gente tan adinerada fuera capaz de prescindir de parte de su dinero y tiempo por el bien ajeno; aquello era algo que a Mukeino le daba algo de fe en la humanidad.

-El sitio sin duda es grande y parece tener mucho espacio.-comentó Mukeino parpadeando sorprendido por la inmensidad del lugar.

Estaba hecho principalmente de madera y con un estilo arquitectónico tradicional, como las antiguas mansiones de nobles japoneses de la era heian, algo que Mukeino no pudo evitar apreciar por su reluciente belleza.

-Lo tiene, lo tiene-confirmó el hombre de los servicios sociales viendo con satisfacción la cara sorprendida que mostraba el doctor.-Ahora mismo más de doscientos chavales están viviendo aquí.

-¡¿Doscientos?!-exclamó sin poder evitarlo mirando al asistente incrédulo.

-Corrijo; doscientos uno contando ahora con este pequeño-señaló a Roxas que continuaba con la mirada perdida sin despegarse del hombre que lo cargaba.-Tiene un espacio inmenso y comedor propio. Habitaciones habilitadas para cada franja de edad, compartidas, eso sí, pero perfectamente acondicionadas para cada uno de los niños. Incluso tienen un autobús escolar contratado para que lleven y recojan a los críos del colegio. Incluso tienen a casi todos los niños apuntados a actividades extraescolares. Una joyita de sitio.

-Si…parece un buen sitio…-murmuró Mukeino para luego dirigirse a Roxas-¿A ti que te parece, Roxas? ¿Te gusta este sitio?

Pero como también se esperaba, el niño no le respondió. Siguió permaneciendo en la misma posición en la que había estado desde que salieron del hospital, con los brazos rodeándole el cuello, la barbilla apoyada en su hombro y seguramente con los ojos perdidos en algún punto fijo del paisaje. Mukeino se preguntó si en su mundito interno, Roxas podría percibir algo de lo que estaba pasando o simplemente prefería ignorarlo, porque no había recibido ninguna reacción por su parte desde que se pusieron en marcha y por el ritmo de su respiración Mukeino sabía que no estaba dormido.

Para alivio de la mitad del personal sanitario, los horarios de sueño de Roxas comenzaron hace unos pocos días a estabilizarse, permanecía despierto más horas al día en comparación a lo que ocurría antes y aquello había permitido que Mukeino se atreviera a hacer pequeñas excursiones con él o acompañados por Honda y Yoshida para dar breves paseos y así ver si el niño podía reaccionar ante otros estímulos fuera del recinto hospitalario. Y así fue. Roxas mostró gestos parecidos a la sorpresa o a la curiosidad ante el canto de los pájaros, el ruido del tráfico, la cantidad de personas caminando y hablando a su alrededor, curiosidad por las piedras, los árboles, el césped, incluso le llamó la atención los insectos aunque en este último caso Mukeino sudó la gota gorda al tener que echar a correr para detener al niño que había tomado un saltamontes del suelo y hacía el amago de querer llevárselo a la boca. Igual que haría un bebé cuya forma de experimentar su entorno era mordiendo…

Pero en este caso, Roxas no tuvo reacción alguna y eso le preocupó un poco al pediatra. El rubio siempre mostraba algún gesto ante todo lo que fuera nuevo o se saliera de su rutina diaria, pero desde luego desde que salieron del hospital no hizo amago ni gesto alguno.

-Entre con nosotros, le presentaremos a la encargada.-indicó el asistente indicando el camino con la mano haciendo que Mukeino despertase de hilo de pensamientos.

-Ah…si…-murmuró retomando la marcha para ir ingresando en aquella gigantesca casa y desde luego, lo que vio ahí dentro era algo que le abrumó un poco.

Vio a niños, decenas de ellos, grandes y pequeños que caminaban a sus anchas por la recepción, algunos reían, otros estaban compartiendo unas chucherías, otros parecían jugar con bloques de construcción y cochecitos. Instintivamente, el doctor apretó al rubio contra sí mismo y se cuestionó si aquello no iba a ser una locura. Demasiados niños, demasiadas caras desconocidas y un entorno nuevo donde Roxas iba a tener que desenvolverse solo ¿y si el menor sufría alguna clase de ataque de pánico? Mukeino no quiso ponerse extremista ya que Roxas nunca había sufrido ninguna clase de ataque de ese estilo desde que despertó dado que incluso se le había olvidado lo que era el miedo a que algo hiciera daño porque también se había olvidado lo que era sentir dolor, por tanto no podía hacer la relación entre sentirse amenazado y que le hagan daño para que su instinto le haga querer buscar la forma de evitar el peligro.

-¿Oh? Ya han llegado, pensaba que llegarían un poco más tarde ¿les he hecho esperar demasiado?-preguntó entonces una voz femenina que a Mukeino se le antojó encantadora y al ir a mirar se encontró con una mujer de cabellos verdosos dirigiéndose a ellos dándoles la bienvenida con una sonrisa.

-Doctor Mukeino, permítame que le presente a la directora del orfanato Sun Garden; Kira Hitomiko. Kira-san, este hombre es el doctor Mukeino Shou, es la persona que se ha estado ocupando de tratar a Roxas el tiempo que ha estado en el hospital.

-Encantada de conocerle, doctor.-saludó la mujer con una reverencia.

-I…igualmente.-respondió mirándola desconcertado ante la sorpresa.-P…perdona pero ¿usted es la directora? Tenía entendido que la persona que es dueña del orfanato es su padre.

-Y así es pero dado las ocupaciones que tiene mi padre debido a su trabajo no le permiten dar demasiado tiempo al orfanato, por eso soy yo la que se ocupa de todo ya que me dedicó por completo a cuidar de los niños.

-¿Significa eso que el señor Kira no está aquí?-volvió a preguntar con un poco de malestar, la verdad es que le gustaría conocer a la persona que iba a ser responsable del niño durante varios años. Quería poder al menos verle la cara.

-Es un hombre muy ocupado, imagino que usted como doctor también se hará una idea del tiempo que puede consumir el trabajo ¿verdad?-comentó ella sin variar su sonrisa ante la actitud dubitativa del médico.-Pero si tanto desea conocerlo podrá verle todos los martes, viernes y domingos de la semana. Siempre hace un hueco en su apretada agenda esos días para poder pasar un rato con los niños, aunque sea a la hora de la comida o salir a pasear con ellos.

-E...Entiendo…

Entonces, Hitomiko se fijó en el niño que estaba entre los brazos del médico y su sonrisa se hizo de una apariencia más maternal, encontrando tierno ver a un niño sostenerse con esa confianza alguien que sabía que lo apreciaba mucho.

-Hola, así que tú eres Roxas. Encantada de conocerte, yo soy Hitomiko y todos teníamos muchas ganas de que vinieras.-saludó la peliverde inclinándose para mirar al niño el cual no hizo ni siquiera el amago de mirarla.

-Ah…Roxas es un niño especial.-se apresuró en decir Mukeino ante la mirada que la mujer le dedicaba al niño.-Imagino que ya le habrán informado sobre cuál es su estado de salud.

-Sí, no se preocupe estoy al corriente de eso, y puede estar tranquilo, en este centro tenemos varios psicólogos infantiles que hemos solicitado para poder tratar a Roxas todo el tiempo que necesite. Ya verá que en este ambiente, Roxas se recuperará totalmente dentro de nada y podrá hacer una vida normal.

-Suena bien…-sonrió con tristeza ante lo que estaba escuchando.

Todo lo que estaba contándole la mujer sonaba de maravilla y aquel edificio estaba en perfectas condiciones como para poder permitirse el tener viviendo allí a varios niños. Roxas iba a tener mucho espacio para jugar y aprender, iba a poder tener muchos amigos, iba a poder ir al colegio, cosas que en el hospital no habría podido tener por estarse empeñando en mantenerlo dentro en un círculo cerrado para protegerlo de posibles reacciones contraproducentes para sí mismo. Pero Roxas no había mostrado ninguna clase de signo que pudiera dar la alarma de esa clase de reacciones y Mukeino temía que eso fuera porque estuvieran manteniéndole aislado del mundo y ahora que debía enfrentarse algo más no estaba muy seguro de cómo iba a tomárselo.

Una parte de su corazón habría querido encontrarse con una chapuza de lugar o al menos algún indicio que le dijera que el sitio no era el adecuado para que el niño creciera, así tendría la excusa de llevarse a Roxas de vuelta al hospital y solicitar otro lugar mejor para él. Aunque Mukeino era consciente que ese deseo no era sino para evitarse así mismo la pena de tener que dejar marchar al menor.

-Acompáñeme por favor, le invitó a que vean nuestras instalaciones para que pueda convencerse de que aquí Roxas tendrá las mejores atenciones.-indicó Hitomiko adivinando cuales eran los pensamientos que le rondaban al doctor por la cabeza.-Ah, por cierto, querría hacerles una pregunta antes de nada.

-¿Si?

-¿Cuál es el nombre completo del niño?-preguntó entonces dejando descolocados a todos los presentes.-Debo rellenar el registro de permanencia y para eso necesito todos los datos posibles de Roxas para poder tenerlo aquí.

-Verá, Kira-san, Roxas no tiene un apellido.-dijo avergonzada la asistente al no haber contemplado aquel detalle.-Ni siquiera tenemos claro que "Roxas" sea su nombre, el personal del hospital comenzó a llamarlo así porque la policía encontró una nota con ese nombre en uno de los bolsillos de sus pantalones. No hemos podido encontrar alguien de sus características en el registro civil…

Mukeino entrecerró los ojos haciendo un gesto de claro disgusto ¿no podía tener esa mujer un poco de delicadeza con lo que decía? El niño podía oír perfectamente cada palabra que estaba diciendo y al doctor no le hacía ninguna gracia que hablasen de esa manera como si él no estuviera delante o como si fuera un tontito que no podía entenderla.

-Oh, entiendo…-murmuró con una sonrisa apenada la peliverde.

-Mukeino.-murmuró el doctor atrayendo la atención de los presentes.

-¿Cómo dice, doctor?-preguntó la asistente mirándolo con el ceño fruncido.

-Que el nombre completo de este niño es Mukeino Roxas.-sentención el pediatra.

La expresión incrédula ante los presentes fue algo que el doctor no pudo evitar saborear con satisfacción.

-¿Está usted diciendo que quiere solicitar la adopción del niño?-preguntó Hitomiko ladeando la cabeza hacia un lado.

-Desgraciadamente es algo que no me puedo permitir. Me encantaría hacerlo pero no puedo y no quiero hacerle pasar a Roxas la mala experiencia de tener un padre ausente.-se excusó el doctor ruborizado ante el bochorno que le causaba decir eso en voz alta.

-¿Entonces por qué ha dicho usted…?-quiso preguntar el asistente.

-Roxas es una persona y como tal tiene todo el derecho del mundo a tener una identidad propia, con o sin familiares que puedan proporcionársela-recalcó seriamente al ver los ojos brillantes en reproche de la asistente.-No puedo hacerme cargo de él y eso es algo que me pesa en toda el alma, pero ofrecerle mi apellido para completar su identidad ante el mundo es algo que si puedo hacer. Al menos tendrá un nombre y un apellido con el que presentarse ante todos hasta el día en que pueda ser adoptado y vaya a recibir el apellido de la familia que le acoja.

-Pero…¿Quién se ha creído usted que es para decidir algo así?-protestó la asistenta ganándose una mirada irritada por parte del médico.

-Soy su médico y también le recuerdo que he sido yo la principal persona que ha estado haciéndose cargo de él y tratando su problema con la memoria. Puede que usted crea que si no lo adopto no tengo ningún derecho sobre él, y tiene usted toda la razón, pero dado que aquí lo que importa es el derecho del niño a tener una identidad propia y yo, que soy la persona que se ocupó de él, tengo perfecta preferencia a cederle mi apellido para cumplirle ese derecho.

Sin dejarse achantar por la presión ejercida por aquella mujer de los servicios sociales, Mukeino le sostuvo la mirada dejando muy clara su posición y que no había nada que pudiera decirle para quitarle aquella idea de la cabeza. Era cierto que no iba a ser un buen padre, ni siquiera uno que Roxas mereciera, pero darle su apellido que pudiera hacerle un huequito en el mundo era lo mínimo que podía hacer por él, para encaminarlo a la vida normal que se merece.

-Entiendo perfectamente lo que quiere decir.-sonrió la encargada sin poner ninguna pega a lo que el doctor había decidido.-Entonces, señor, si me acompaña rellenaremos los papeles de Roxas para mandarlos al registro y así quedará patente su nombre y el lugar donde vive.

-¡¿Acaso piensa usted permitirlo?!-cuestionó sorprendida la asistente.

-Si tiene algún inconveniente, puede hablarlo con sus jefes. Pero le recuerdo que yo también tengo mis propias influencias que respaldarán mi decisión y tengo la impresión de que el inspector Kageyama también puede hacerme ese pequeño favor si resulta que usted quiere poner demasiadas trabas al asunto.-advirtió el buen doctor sintiéndose ya mosqueado por aquella actitud.

Escandalizada por lo que estaba oyendo, la mujer dejo salir un resoplido frustrado y, sin querer esperar a su compañero, refunfuñó una disculpa y salió del lugar alegando que los esperaría en el coche.

Ignorando el pequeño percance Hitomiko no hizo desaparecer su sonrisa amable y volviendo a dirigirse al doctor preguntó;

-¿Me acompaña entonces a rellenar los papeles?

Devolviéndole la sonrisa y apretando al niño contra sí mismo en un gesto de alegría absoluta respondió:

-Por supuesto.

Al menos, había podido darle algo a Roxas antes de despedirse.

/*/*/*/*/

Quince días después…

Si alguien hubiera querido saber cómo había ido la despedida entre el doctor Mukeino y Roxas seguramente se imaginaría una despedida triste y desalentadora, incluso emotiva, pero lamentablemente aquello estaba lejos de ser como fue. Si bien el doctor le costó horrores soltar al niño y dejarlo allí junto a la directora, también era consciente que era imposible que Roxas tuviera alguna clase de sentimiento de abandono o que fuera a echarle de menos. El niño había olvidado lo que era tener sentimientos y no era capaz de sentirlo ni de expresarlo ni siquiera consigo mismo, el tema de las emociones era algo más complicado y lleno de matices cuyo desarrollo en Roxas se iría haciendo paulatina conforme conviviera con la gente y comenzara a aprender a reconocer y a moverse en el entorno donde vivía.

Por lo que Mukeino fue completamente consciente que, aunque Roxas se mostrara reacio a soltar a las enfermeras o a soltarlo a él dejando claro que sentía afecto, era un sentimiento que apenas estaba aprendiendo a identificar y todavía no lo había experimentado lo suficiente como para sentir disconformidad, miedo o tristeza ante la separación. Para Roxas el separarse no era sino un acto recurrente; como cuando le dejaba en la habitación del hospital con otra persona, o cuando se ausentaba para atender a otros pacientes. El aparecer y desaparecer de su vista era algo a lo que estaba habituado y el que Mukeino se marchara no suponía nada para él porque asumía que acabaría apareciendo de nuevo tarde o temprano. Quizá el nuevo entorno en el que le había dejado era algo que le extrañaba y hacía gestos de mirar para varios sitios intentando identificar que era cada cosa pero la marcha del doctor no supuso gran cosa para él. Ni siquiera en días posteriores.

Roxas no era capaz de sentir pena o rabia por la separación o el alejamiento de su entorno porque había olvidado completamente lo que era sentirlo, y debía aprenderlo de nuevo para poder dar reacciones ante esas situaciones, por lo tanto el comportamiento de Roxas ante la situación resultaba sospechosa en el sentido de que parecía que el niño estaba comenzando a olvidar al doctor Mukeino, aunque ya Hitomiko comprobó que no era cierto pues cuando el menor veía alguna fotografía del doctor o al mismo doctor que veía a visitarlo mostraba reacciones que indicaban que lo reconocía perfectamente, como si de repente se acordara de que lo conocía y que lo apreciaba.

La rutina no cambió demasiado en Roxas, por lo que le fue sencillo acomodarse a su nuevo espacio, aunque sí que era cierto que aún dormía demasiadas horas al día como para adaptarse demasiado rápido sin embargo lo tenía bastante sencillo. El trato de Hitomiko y el resto de cuidadoras hacia él eran tan similares a la de las enfermeras en el hospital que Roxas apenas percibía el cambio e hizo lo que siempre había hecho desde que se despertó; dejarse cuidar y aprender lo que le enseñaban. Aunque Hitomiko tuvo que presenciar el trance más problemática que tuvo que pasar Roxas y que realmente lo estaba esperando desde que el niño pisó el Sun Garden; la relación con los demás niños.

Roxas era demasiado extraño y escalofriante para cualquier otro niño y aquello sólo hacía que ningún niño se atreviera acercarse a él por timidez o temor a que reaccionara de forma violenta. Algunos, los más mayores, si que se armaron de valor para acercarse a él y saludarlo pero se quedaban en una situación incómoda cuando se veían hablándole a Roxas mientras éste no hacia el menor amago de contestarles, ni siquiera de mirarles. Hitomiko ya había sido advertida reiteradas veces sobre las peculiaridades del caso de Roxas, pero también había apreciado que el pequeño aprendía rápido y, poco a poco, comenzaba a expresar lo que quería o necesitaba cómo cuando dejaba claro al tomar las faldas de una cuidadora que llevaba un paquete de galletas en la mano. Pero el tema social era algo más complicado porque…¿cómo enseñas a un niño de siete años a relacionarse con otros niños cuando se ha olvidado hasta que debía sentir cariño o rechazo por la gente para entablar relaciones?

Aquello era algo que inquietaba Hitomiko, sobretodo en el tema en que en algún momento Roxas tenía que empezar a ir al colegio y en su estado era impensable. Los niños del orfanato eran todos como una familia y, pese a todo, se cuidaban entre ellos más sin embargo el colegio al que iban también asistían niños que no eran del orfanato y tenían sus vidas en sus respectivas casas con sus padres ¿Qué clase de trato podrían darle a Roxas en cuanto vieran su estado mental? Roxas nunca había tenido reacciones agresivas pero también era cierto que desde que despertó había estado muy arropado y protegido y Hitomiko era demasiado consciente de lo crueles que podían llegar a ser los niños ante un comportamiento extraño ¿Qué sería de Roxas si finalmente se enfadaba y comenzaba a tener comportamientos agresivos? La agresividad era una de las funciones más primitivas del ser humano para poder enfrentarse a las amenazas, algo que estaba dentro de los instintos. Aunque Roxas hubiera olvidado lo que era sentirse enfadado y mostrarse agresivo, tarde o temprano terminaría por aprender a identificar la emoción y el deseo de hacer daño que acabarían por llevarlo a su ejecución. Y lo peor era eso. Siendo una emoción tan fácil de aprender y tan fácil de dejarse llevar para una mente cuya memoria era nula el descontrol de si mismo era inevitable. Si Roxas decidía empezar a golpear no sería capaz de parar hasta que el propio agotamiento lo hiciera detenerse o hasta que alguien le detuviese, y no sería capaz de sentir remordimiento por sus actos porque, como todo, también había olvidado lo que era sentir eso.

Aunque el que Roxas se pasase casi todo el día durmiendo fuera un buen medio para ralentizar esa clase de situaciones, Hitomiko sabía que era algo que debían evitar retrasar porque cada día que pasaba las horas que el niño se pasaba durmiendo eran cada vez menos. Cuanto antes aprendiera Roxas a sentir y a controlar las emociones, antes se quitarían futuros problemas de encima pero…¿cómo lo haría?

-Hitomiko-san…-susurró la vocecilla rasposa justo a su espalda haciendo que la mujer de cabellos verdosos se girara sorprendida ante la inesperada presencia encontrándose con la causa de sus actuales preocupaciones.

-Roxas, pequeño ¿Qué tal estas?-saludó ella arrodillándose a su altura viendo aquellos ojos vacios que ya le eran tan familiares.

La razón por la que la mujer se había sorprendido no fue por la aparición en si del niño, sino por el hecho de que la había llamado. Desde que comenzó a vivir en el orfanato y asistiendo a las sesiones terapéuticas de los psicólogos, Roxas poco a poco había sido capaz de articular mas palabras que cuando estaba en el hospital. Ahora era capaz de reconocer a una persona por su nombre y llamarlo como tal, e incluso de chapurrear algunas frases coherentes para manifestar lo que quería, más sin embargo, la mujer se había percatado que no era algo que le gustase demasiado hacer. Hablar parecía suponer mucho esfuerzo para Roxas y se cansaba enseguida con unas pocas palabras, por lo que de normal evitaba hacerlo.

Aunque según le comentó el doctor Mukeino, cuando estaban enseñándole a Roxas a caminar también se mostraba perezoso y se negaba a seguir practicando en cuanto sentía que se le cansaban las piernas cuando éstas sostenían el peso de su cuerpo y las forzaba a moverse para desplazarse. Imaginaba que el hablar sería algo parecido.

-Niños…fuera…¿yo ir?-cuestionó, o al menos eso parecía, el pequeño rubio escrutándola con su azulada y vacía mirada.

-¿Niños…?-preguntó extrañada echando un rápido vistazo por la ventana viendo a un pequeño grupo de niños que no conocía, de la edad de Roxas, bromeando entre ellos. Hitomiko miró al rubio y enseguida lo cargó en brazos para señalarle al grupo.-¿Te refieres a ellos?

Roxas, como toda respuesta, asintió.

-¿Les conoces de algo?-preguntó sorprendida de que le estuviera pidiendo permiso para salir a jugar.

-Hayyyyyneeer-pronunció Roxas con dificultad como si decir aquel nombre lo más complicado del mundo señalando al niño rubito del grupo.-Oleeeetteee-esta vez señaló a una castañita-Peeeence…-un niño moreno-Naaaaminéee-la última niña, una rubita.

Hitomiko de nuevo se sorprendió ¿Roxas pidiéndole permiso para salir a jugar con un grupo de niños que no conocía? Hitomiko los escrutó con la mirada. Un niño y una niña rubitos, tal vez de padres extranjeros, una niña castaña y un niño morenito. La peliverde tenía la tentación de darle el permiso a Roxas para que se fuera a jugar con ellos porque era extraño ver a Roxas con la iniciativa de querer ir a divertirse con otros niños, pero sin embargo, tenía el temor de que algo pudiera pasar ante la falta de estabilidad con las emociones del rubio.

Pero al mismo tiempo, no se sentía capaz de desperdiciar aquella oportunidad que tenía Roxas de hacer amigos.

-Aún es pronto para que te deje salir a la calle, Roxas-dijo Hitomiko acariciándole la cabeza-Pero dile a tus nuevos amigos que pueden entrar en el patio del orfanato y podrás jugar con ellos todo el tiempo que quieras.

-…Si.-asintió el niño comenzando a removerse para que le dejara en el suelo.

En cuanto lo dejó en el suelo, el niño se apresuró a su manera de irse de allí para reunirse con sus nuevos amiguitos bajo la atenta mirada de Hitomiko. La mujer echo otro vistazo por la ventaja apreciando como los niños se percataban de que Roxas se dirigía a ellos y comenzaban a rodearlo y hablar entre ellos todos a la vez. Se quedó preocupada por si Roxas se estaba sintiendo agobiado, pero enseguida le atenazó la sorpresa al ver como el otro niño rubio daba una especie de grito entusiasta antes de agarrar a Roxas por la muñeca y llevárselo a rastras con él hacia una parte del patio con un balón bajo el brazo.

Hitomiko no pudo evitar sonreír

Quizás Roxas no necesitaba tanta protección como había imaginado.

/*/*/*/*/

Roxas…

"¿Mmmh? ¿De dónde viene esa voz?"

Roxas…tienes que despertar…

"¿Dónde estás? ¿Desde donde me hablas?"

Tengo tantas cosas que contarte…tantas cosas…

"¿Quién…?"

Ya estás a salvo…ya estás en casa…

"¿Quién eres…?"

Despierta, por favor.

Como si se hubiera despertado de una pesadilla, Roxas abrió los ojos desmesuradamente ante aquella última frase que le resonó en el interior de su ser dando una bocanada de aire como si hubiera estado sumergido en agua tanto tiempo que había perdido la conciencia. Tosió varias veces sin poder evitarlo obligándose a sí mismo a incorporarse para no ahogarse con su propia saliva al estar acostado y colocando la mano sobre su boca para no armar tanto escándalo.

Estuvo tosiendo durante varios segundos hasta que consiguió que su respiración se normalizase y la garganta dejara de producirle aquel desagradable picor que se le había formado, permitiéndole al fin pensar en donde rayos estaba.

-¿Dónde…?-se cuestionó extrañado cuando lo primero en lo que se percató es que su ropa había desaparecido dejando en su lugar una especie de fina túnica que, por lo que podía sentir, dejaba libre sus piernas.

Lo siguiente que pudo percibir era el estar acostado en una amplia cama alta con sabanas blancas y barreras anti-caídas en cada lado y a continuación miró a su alrededor encontrándose solo en una habitación blanca con un armario y un mueblecito a su lado que le recordaba a una mesita de noche.

-¿Estoy…en un hospital?-se preguntó mirando curioso a su alrededor mientras se rascaba la cabeza confundido por estar en aquel lugar ¿acaso había tenido un accidente?

Roxas quiso ponerse a pensar que rayos había sido lo que le había pasado, pero conforme se hizo aquella pregunta los recuerdos llegaron a su cabeza igual que si le hubieran dado un disparo entre ceja y ceja. En su mente aparecieron las imágenes de todos sus compañeros y amigos tirados por el suelo sumidos en un profundo sueño mientras un castaño se hallaba frente a él empuñando una enorme llave de diseño infantil, el pánico vivido en el momento en que Roxas se vio solo a merced de Sora y acabó huyendo por los pasillos en busca de una salida encontrándose encerrado con él en el recinto escolar. Recordó entonces la escena en la que había sellado las ventanas de la biblioteca con un hielo salido de la nada y Roxas había decidido pelearse contra Sora para poder salir vivo de aquella situación.

Recordó la pelea, el cómo había conseguido sorprenderlo lo suficiente como para alejarlo de aquella llave maldita. La forma en la que le había colgado sobre su espalda y golpearlo repetidas veces contra la estantería y…

-¡La estantería!-exclamó Roxas espabilándose por completo al venirle la coherencia de todo haciendo contacto de su puño con la palma de su otra mano.-Se me cayó la estantería encima ¿verdad? Por eso me han ingresado en el hospital.

Aquello le hizo sentir un alivio extremo. Eso significaba que alguien, seguramente Naminé lo habría avisado cuando fue a recolectar las pruebas, le había parado los pies a Sora y había intervenido en la situación antes de que él pudiera hacerle algo mientras estaba inconsciente ¡Sora había tenido que largarse con el rabo entre las piernas luego de eso! Era demasiado improbable que hubiera hecho frente a quien ese alguien, un médico o un policía, explicándole que era lo que había pasado ahí.

¿Significaba eso que la pesadilla se había acabado?

-Ah…¿Dónde estarán los demás? ¿Los habrán ingresado también?-se preguntó Roxas al caer en la cuenta de que estaba solo en la habitación de un hospital y ninguno de sus amigos estaba allí acompañándolo.

Sería lo más previsible, la persona que detuvo a Sora se encontró con todo un instituto inconsciente en el suelo, no sería extraño que todos hubieran sido mandados al hospital para hacerles pruebas y ver si estaban bien. Aunque eso dejaba a Roxas con la duda de cuánto tiempo había estado inconsciente.

El rubio se apartó las sabanas de su cuerpo para poder sacar las piernas fuera de la cama y ponerse de pie, pero antes de realizar la acción algo le llamó mucho la atención en cuanto quiso apoyarse en el colchón para salirse de la cama.

-¿Yo….no me había roto la mano?-se preguntó a si mismo mirando la aludida con confusión.

En un instante había recordado que durante su pelea con Sora erró un golpe que acabó impactando contra la madera de la estantería, pese a su estado de descontrol, Roxas sintió dolor ante ese golpe y estaba seguro que algo había tenido que romperse, incluso se lo había escuchado comentar a Sora cuando se la examinó mientras lo tenía inmovilizado en el suelo. Situación vergonzosa y humillante cuanto menos, cabe recalcar… sin embargo, al ver ahora su mano parecía que ésta estaba como si nada, salvo por un ligero enrojecimiento alrededor de los nudillos pero ninguna venda ni siquiera la piel raspada ¿acaso el daño no había sido tan grave como se había esperado? Roxas estaba convencido de haber escuchado el ruido de sus huesos romperse y el dolor de su mano al golpear la madera.

Pero aquello sólo le hizo crear más incertidumbre al rubio cuando se percató de un segundo detalle importante. Se suponía que se le había caído encima una estantería que lo había dejado inconsciente ¿verdad? Entonces…¿Por qué no sentía dolor en ninguna parte de su cuerpo? Instintivamente se llevó la mano a la cabeza donde recordaba haber sentido el golpe cuando lo recibió encontrándose con que no sentía dolor ante el contacto ni tampoco podía sentir que tuviera alguna gasa o parche que le estuviera cubriendo una herida, sólo podía sentir su propio cabello contra su palma. Roxas barajó la posibilidad de que los médicos hayan podido estar suministrándole medicamentos contra el dolor mientras estaba dormido, pero de nuevo se percató de que no había estado conectado a ningún gotero cuando se despertó, ni siquiera tenía puesta una vía en el brazo en caso de necesitarlo.

Entonces se sobresalto al escuchar que detrás de él una puerta se abría y se cerraba.

-Oh, jovencito ¡por fin se ha despertado! ¡Qué alegría!-escuchó una voz femenina a su espalda haciendo que el rubio se sobresaltara. Sin duda debía tratarse de una enfermera haciendo la ronda para ver el estado de los pacientes.

-Ah, señorita, disculpe pero…-fue a hablar Roxas dándose la vuelta para encarar a la mujer.

En cuanto Roxas se giró a mirarla, todo el color de su cara se perdió en cuestión de milésimas de segundo.

Se cuestionó a sí mismo si estaba soñando o si directamente había perdido por completo la cordura para que su mente estuviera recopilando la imagen que tenía ante él. Probó a frotarse los ojos y a morderse el interior de las mejillas sintiendo dolor ante el acto y cuando apartó las manos de sus ojos y vio exactamente lo que creyó ver sintió que se le había ido la cabeza por completo.

¡Y es que la enfermera que tenía delante era extremadamente delgada con una cabeza anormalmente desproporcionada! Tenía unos diminutos cuernos sobresaliendo en cada lado de la cabeza, una especie de morro sobresaliente con dos enormes orificios que hacían de fosas nasales, un pelaje negro y blanco que le cubría todo el cuerpo, unas orejas diminutas y planas donde eran adornadas por dos anillas de oro reluciente y unos enormes y vivarachos ojos saltones que le miraban.

Y es que aquella enfermera era…

-¿Le pasa algo, jovencito? ¿No se encuentra bien?-preguntó preocupada ladeando la cabeza hacia un lado, haciendo sonar un suave tintineo de una campanita que tenía alrededor del cuello, detalle que terminó de fundir el ultimo cable de coherencia que tenía Roxas.

Aquella sencilla pregunta terminó de convencer a Roxas que no estaba soñando y, como era de esperar, gritó a pleno pulmón como si la vida le fuera en ello y los ojos saliéndose de las órbitas;

-¡UNA VACA!

/*/*/*/*/

-No puedo creer que esto esté pasando.-se lamentaba Sora con una expresión de derrota absoluta y llena de frustración en el rostro mientras caminaba en círculos por uno de los pasillos del hospital como una fiera enjaulada mientras sus dos amigos, junto al doctor, intentaban hacer que se calmara.

-Sora, por favor, tranquilízate.-rogó una muchacha pelirroja abrazándose al brazo del chico para que se detuviera en su nervioso caminar.- Poniéndote así no vas a conseguir que se solucione nada.

-¿Y cómo quieres que me ponga, Kairi?-espetó malhumorado el castaño mirando a la que era su amiga de toda la vida.-Sabes bien lo mucho que he luchado para traerle de vuelta y ahora tengo que encontrarme con…¡esto! Lo siento, pero entiende que tenga derecho a enfadarme.

-Sora.-susurró apenada la muchacha al ver a su buen amigo tan alterado.

-Doctor ¿en serio no se puede hacer nada?-preguntó entonces un chico de cabellos albinos más altos intentando sonsacarle al médico que estaba junto a él.-No sé, alguna clase de ejercitación mental o…

-Lo siento, Riku, pero los resultados son concluyentes.-cortó el médico con toda la delicadeza que pudo.-Entiendo cómo debe hacerte sentir esto, Sora, pero desgraciadamente no hay tratamiento posible que pueda ayudar a tu compañero.

Riku y Kairi sintieron un estremecimiento cuando su amigo lanzó un gemido lleno de derrotismo y se agachaba en el sitio para abrazarse las piernas a lamentarse.

-Esto no es justo…-protestó el castaño con una voz tan quebrada que hizo sentir a sus amigos mucha tristeza por su pesar.-Esto no es nada justo…

-Lo siento mucho, Sora.-se lamentó Kairi agachándose a su lado para abrazarlo a modo de darle apoyo moral.

-¿Qué es lo que voy a decirle ahora?-cuestionó Sora asomando su azulada mirada entre los brazos de su amiga como si no la escuchara.-¿Cómo voy hacer que crea algo de lo que le diga…? Maldita sea, pensaba que trayéndolo de vuelta iban a poder solucionarse las cosas de una forma más sencilla pero ahora con esto…¡después de todo lo que hemos pasado!

-Precisamente por eso deberías ser fuerte y afrontar esta nueva situación, Sora.-aconsejó Riku arrodillándose al otro lado de Sora para mirarlo a los ojos.-Sé que es difícil y que, ahora que sabes que Roxas tiene este problema el asunto va a ser todavía más complicado de lo que ha sido hasta ahora. Pero recuerda que tú eres un luchador y te has pasado toda la vida luchando por lo que siempre has querido….¿acaso ahora que por fin lo tienes al alcance…vas a rendirte?

-Yo no he dicho que quiera rendirme, Riku, porque sabes muy bien que no pienso hacerlo.-siseó Sora mirando mal a su amigo por semejante despropósito.-Pero estoy enfadado. Muy enfadado. Me había hecho tantas ilusiones…creía que al fin iba a poder conseguir algo de bienestar, un poco de paz luego de tanto sufrimiento pero…

-Lo sé, lo sé pero recuerda; Has conseguido traer a Roxas hasta aquí-le recordó dándole un amistoso golpe en la frente para evitar que se siguiera hundiendo en la miseria.-¿No es eso un buen paso…?

-Él me teme, Riku-declaró Sora sintiendo una profunda pesadumbre al tener que reconocer tal realidad.-Ha malinterpretado cada cosa que he hecho y dicho, incluso a acabado herido por mi culpa. No va a querer escuchar nada de lo que quiero decirle…ni siquiera va a querer creerme…

-¿Y eso supone un problema para ti?-cuestionó Riku mirándole con una mueca burlona.-Te recuerdo que a cabezón no hay quien te gane. Y precisamente como se trata de Roxas es por lo que vas a poner más empeño a esa cabezonería tuya para que te escuche…recuerda que esto no sólo te involucra a ti ¿de acuerdo, maldito llorón?

-Que idiota eres.-sonrió un poco más animado Sora mostrando su blanca dentadura mientras comenzaba a incorporarse con ayuda de Kairi.

-Si os sirve de algo…-intervino con precaución el doctor acercándose a ellos sintiendo sus miradas sobre su persona.-Aquí no hay nada que tengamos para ayudar a vuestro amigo, sin embargo, estoy seguro que si solicitáis una audiencia con el rey él podrá encontrar a alguien que pueda proporcionaros una solución.

-¿El rey…?-cuestionó Sora mirando parpadeante al médico.

-Tiene a muchos eruditos bajo su servicio con una gran habilidad para curar. Tal vez él pueda echaros una mano. Se supone que os lleváis muy bien con él ¿no?-cuestionó sonriente.

Los tres amigos se miraron entre ellos sabiendo que era lo que estaba intentando hacer el médico. Claro que conocían al rey, lo conocían desde hace mucho tiempo y eran conscientes de las influencias y gente que tenía a su servicio, pero pese al esfuerzo que estaba empleando aquel buen hombre en darles algo de esperanza ellos ya sabían el diagnostico que les esperaría sin importar cuantas opiniones recabasen: el problema de Roxas no tenía solución alguna.

-¿Os importa quedaros vosotros oyendo los detalles del doctor?-preguntó Sora de pronto apartando con delicadeza a Kairi de su lado para poder empezar a encaminarse a donde quería.

-Sabes que si.-asintió Riku viéndole pasar por su lado.

-¿A dónde vas…?-preguntó Kairi al verle comenzar a caminar hacia los pasillos.

-Quiero volver con Roxas. No quiero que despierte solo.-se rascó la cabeza un poco apenado.-Si se despertase estando solo seguro que se asustaría un montón ¿Os imagináis la que se liaría si viera alguien del personal del hospital? Podría ser un desastr….

-¡UNA VACA!

Y tal grito retumbó como un sismo entre las paredes del recinto, seguidamente la puerta de la habitación que se encontraba varios metros alejados de ellos salió literalmente volando hasta estamparse contra la pared producido por la fuerte patada de un histérico Roxas que salió huyendo del interior de la habitación presa de un serio ataque de pánico.

-¡Por dios! ¡Que alguien detenga a ese joven! ¡Ha perdido por completo el control, se va hacer daño!-gritó la enfermera que salía justo tras él.

-¡UNA VACA! ¡ UNA VACA! ¡ES UNA VACAAAAA!-gritaba histérico y completamente fuera de control el pobre rubio echando a correr hacia una dirección aleatoria mientras tiraba por el suelo todo aquello que se encontraba por su camino y empujaba a todo el personal y pacientes que se le pusieran por delante.

-¡Venga! ¡Seguridad! Atrapen a ese muchacho!.-gritó otro enfermero al mismo tiempo que varias personas comenzaban a ir tras el rubio pasando por el lado de un estático Sora que se había quedado en el sitio completamente congelado y con la boca abierta.

Pasaron un, dos, tres, siete y hasta diez segundos en las que reinó una total calma luego del comienzo de la persecución del equipo de seguridad hacia el fugitivo, dejando atrás un montón de polvo y papeles volando en varias direcciones. Riku y Kairi no se atrevieron a comentar nada al respecto colocando cara de póquer, pero al pasar los segundos y notar que Sora no era capaz de terminar de procesar lo sucedido y reaccionar como debería, Riku optó por romper su hilo de pensamientos alterados;

-Me parece que ya se ha despertado.-señaló con el dedo el lugar donde se había producido el ajetreo.

-¡MALDITA SEA!-gritó está vez Sora llevándose las manos a la cabeza antes de echar a correr como un loco en la dirección donde había huido el rubio.

Roxas había sucumbido el pánico y lo peor de todo es que ese estado estaba yendo a más, su mente no era capaz de procesar las cosas que estaba viendo. Ver a una vaca parlante frente a él con una bata de enfermera le había puesto histérico pero lo peor fue cuando al salir de la habitación entre gritos terminó por volverse loco cuando sus ojos captaron que el personal médico estaba compuesto básicamente de monstruos.

-¡Quieto ahí inmediatamente! ¡Para de una vez!-exigía una voz grave y profunda a su espalda mientras estaba corriendo. Roxas, sin dejar de correr, hecho un ojo hacia su espalda encontrándose con una enorme boca cerca de él que proliferaba gritos exigiendo que se detuviera

-¡AHORA UN MALDITO HIPOPOTAMO!-gritó sobresaltado apretando el paso intentando alejarse todo lo posible de aquella enorme mandíbula que podría engullirle de un solo bocado y sin masticar.-¡DEJA DE SEGUIRME, MALDITO GORDO!

-¡¿Gordo?! ¡Oye, chico, un respeto!-exclamó ofendido el inmenso animal ante semejante insulto.

Aquella persecución estaba comenzando a convertirse en una especie de carrera de obstáculos, sólo que estaba dejando un desastre repleto. Roxas tiraba al suelo todo lo que podía estar a su alcance para ralentizar la velocidad de sus perseguidores, incluso hizo gala de de sus reflejos al hacer segadas para esquivar algunas camillas que se encontraban en su camino; tuvo que agradecer las horas muertas que pasó con sus amigos jugando a los juegos de Megaman por ello.

No obstante, el escándalo que estaba ocasionando con todo esto sólo hacía que el número de monstruos persiguiéndole fuera en aumento y aparecieran en cada esquina que pasaba, por lo que como suele ocurrir en estos casos, el instinto de supervivencia le hizo volver actuar cuando se vio acorralado. En situaciones así el cerebro elige ir bajo tierra o subir a un sitio alto, dado que por ahí no tenía ningún lugar donde refugiarse bajo el suelo, sus pies lo llevaron a subir todas las escaleras posibles mientras seguía tirando las cosas que había en su camino al suelo para evitar que lo atrapasen.

-Mierda…-exclamó casi sin aliento apoyándose en una puerta que había en lo alto de unas escaleras. Casi no podía respirar del esfuerzo que había tenido que hacer para escapar, los pulmones le dolían y las piernas estaban comenzando a fallarle.

-¡Corred! ¡No dejéis que escape!-escuchó las voces a lo lejos haciendo que de nuevo Roxas se tensara y se apresurara en abrir la puerta, pero el nerviosismo le jugó la mala pasada de no poder girar la perilla para abrirla por lo que, dejándose llevar una vez más, abrió la puerta de una sola patada, provocando que ésta saliera disparada.

Cualquiera que lo viera pensaría que estaba tomando la mala costumbre de patear puertas…

Pero el pobre rubio no tuvo más tiempo en pensar en esas cosas tan banales teniendo frente a él un escenario que en su vida se había imaginado. Se encontraba en la azotea del hospital, en la parte más alta donde podía vislumbrar una noche cerrada junto a las luces de una ciudad que resultaba imposible que fuera Tokio, con un espectáculo en el cielo que a Roxas le había dejado completamente estático en el lugar.

-¿B…Brujas...? ¿N…Naves?-cuestionó con los ojos desorbitados hacia el cielo.

Si, estaba viendo surcar los cielos a cientos de personas montadas en lo que parecían ser escobas u objetos similares como si fuera lo más normal del mundo y cientos de naves gigantescas que a Roxas le recordaban a naves espaciales o dirigibles tuneados de forma muy épica para que lo pareciesen.

Era como si ante sus ojos hubiera un absoluto mundo de fantasía que tanto había oído hablar en los cuentos de cuando era un niño.

-¿Dónde…estoy…?-preguntó tembloroso el rubio sintiendo que sus piernas iban a fallarle en cualquier momento de lo abrumado que se sentía ante semejante mundo incoherente.

-¡Está aquí!-escuchó una voz chillona a su espalda provocándole tal sobresalto que le hizo mirar atrás, encontrándose esta vez con la misma vaca enfermera con la que se había topado en la habitación-¡Le he encontrado!

Al sonido de aquella alerta, Roxas se hecho para atrás al sentirse acorralado, subiéndose al muro que servía como seguridad para evitar caídas al vacio, sin embargo, se arrepintió de haberlo hecho cuando contempló la altura a la que se estaba arriesgando. Tragó duro. Aquello podía tener perfectamente diez o doce plantas. Si se caía, seguro que se mataría.

-Muchacho. Por favor, no hagas locuras-suplicó uno de aquellos animales, hipopótamo para más señas, que dio un paso en su dirección haciendo que Roxas se tensara más.

-¡NO TE ACERQUES A MI!-bramó Roxas dando un pequeño hacia atrás deteniendo en seco aquel inmenso animal bípedo.

-Vale, vale, tranquilo ¡vamos hablar! ¿De acuerdo?-exclamó el hipopótamo nervioso ante el peligro que corría.

-¿Dónde diablos estoy…? ¿Quién…mejor dicho ¡qué! Sois vosotros?-exclamó señalándolos.

-E…estás en el hospital general de Ciudad de Paso y nosotros somos médicos que trabajamos aquí.-se apresuró en explicarle el hipopótamo.

-¿C…Ciudad de Paso? ¿Me…médicos?-cuestionó confuso Roxas volviendo a echar la vista hacia atrás y encontrándose con el mismo escenario de brujas y naves surcando los cielos en la iluminada ciudad.-P…pero…¿por qué estoy aquí? Yo debería estar en Tokio.

-¿Tokio?-escuchó la voz del hipopótamo volviendo a centrar su atención en él.-Escúchame, chico, estas confundido ¡y es normal! Tuviste un accidente que te provocó una lesión en la cabeza y una ruptura en varios dedos de la mano derecha.

-Un accidente…-murmuró Roxas acordándose de la ausencia de heridas que tenía en su cuerpo.

-¡Pero ahora estás bien!-se apresuró en decir aquel enorme animal con bata blanca temeroso de que el paciente perdiera de nuevo el control.-Te quedaste inconsciente, pero tu compañero fue rápido para traerte hasta aquí para que te atendiésemos y no se movió de tu lado en todo el tiempo que estuviste dormido.

-¿Mi compañero…?-cuestionó Roxas extrañado por las palabras del animal parlanchín.-¿Qué compañero…?

-¡Alto! ¡Alto todo el mundo!-exclamó una voz alterada desde la puerta. Ante ella todos los médicos y enfermeros presentes se hicieron a un lado para dejarlo pasar, dejando visible a un jadeante castaño.

El semblante de Roxas se pudrió en una expresión de furia al reconocerlo.

-Sora…-siseó, o más bien gruñó por lo bajo, el rubio cuando sus ojos hicieron contacto con aquel tipo.

-S…Siento mucho lo ocurrido-se apresuró a disculparse el castaño cuando sintió las miradas del personal médico sobre él y, cruzando una mirada con la del rubio añadió enseguida;.-Por favor, no le hagáis nada. Él es mi compañero.

-Habla con él, Sora. Está muy alterado.-suplicó una de las enfermeras temiendo por la vida del rubio que estaba demasiado cerca del abismo.

-Roxas.-llamó Sora acercándose hacia donde estaba el rubio en un intento de hacer que se alejara del borde pero al ver su mirada se detuvo en seco. Era mejor no alterarlo más y que acabase haciendo una tontería.-L…lo siento…lo siento mucho. Te has tenido que asustar un montón ¿verdad? Juro que estuve contigo todo el tiempo, no me separé de ti ni un momento. P…pero el doctor me llamó para hablar sobre tu estado y…sólo fueron cinco minutos, Roxas. Lo siento, no debería haberte dejado…yo…

-¡TÚ!-exclamó Roxas abalanzándose sobre el castaño presa de una furia descontrolada.

Sora, que no se esperaba para nada aquella embestida, sintió el impacto de su espalda contra el duro suelo de la azotea y las manos del rubio agarrando con fuerza el cuello de su ropa mientras que se pudo escuchar como el personal sanitario del hospital contuvo la respiración de forma repentina ante la acción. Sora, aturdido por el golpe, abrió los ojos mirando los de Roxas encontrándose con unos desorbitados orbes azules cargados de furia y miedo tal y como había pasado en la biblioteca.

-Roxas…no…-suplicó Sora sabiendo que era a lo que iba a tener que atenerse a partir de ahí.

-¡Tú eres el responsable!-gritó Roxas alzando el puño para a continuación hacerlo caer hacia el rostro ajeno.

Sin embargo, aquella acción no llegó a realizarse pues el puñetazo fue detenido por la propia palma de Sora que se interpuso en su camino para evitar el golpe. Aquello no hizo sino que ofuscar mas al rubio que, dejándose llevar por el descontrol, hizo despliegue de una lluvia de golpes teniendo como objetivo hacerle el máximo daño posible a la persona que en esos momentos se encontraba bajo su cuerpo. Pero por más que intentaba e intentaba, sus puños sólo pudieron tocar las palmas de su víctima que, pese a estar acorralada contra el suelo, se las apañaba bien para detener sus golpes, incluso cuando intentó darle algunos cabezazos fue capaz de pararle moviendo la suya propia por el lado contrario o de usar sus manos para interceptarle.

¡No conseguía darle! Aquel maldito desgraciado se movía más que una sardina fuera del agua.

-¡Roxas por favor, cálmate! ¡Deja que te explique lo que está pasando!-suplicó el castaño sin dejar de detener la lluvia de golpes que estaba amenazando con atinarle. Al fijarse en un movimiento ajeno de los que estaban observando la escena, se apresuró en gritar.-¡Que a nadie se le ocurra intervenir! ¡Él es mi responsabilidad!

-Pero, joven Sora…-gimió una enfermera sorprendida por semejante descontrol por parte del chico de cabellos rubios.

-¡Sora! ¡¿Qué ha pasado?!-exclamó entonces la voz de Riku apareciendo junto con Kairi por la destrozada puerta y, al ver semejante situación, ambos se quedaron mirando descolocados.-Pero…¿Qué diantres…?

-¡Sora ¡¿estás bien?!-gritó Kairi al ver a su amigo castaño acorralado en el suelo con el rubio encima.

Aquella voz femenina captó la atención del rubio que, en mitad de su ataque, sus ojos se cruzaron con los de Kairi. La imagen de la muchacha descolocó por completo a Roxas, se quedó mirándola con una mezcla de desconcierto y confusión, tanto fue el impacto que había cesado su ataque contra el castaño que se encontraba bajo de él, es mas incluso parecía habérsele olvidado que se encontraba ahí.

Sus ojos sorprendidos estaban completamente enfocados en la muchacha que se encontraba a tres metros de él.

-¿Naminé…?-susurró desconcertado ¿Qué hacia su amiga allí?-¿Por qu…?

Pero aquella distracción le costó caro. Sora, viendo su oportunidad, utilizó sus pies y un giro de cadera para poder hacerle una barrida a las rodillas ajenas que se estaban encargando de sostener al contrario en aquella posición, como consecuencia, Roxas se sorprendió ante el repentino desequilibrio y se derrumbó sobre el pecho de Sora quién aprovechó perfectamente la ocasión para rodearlo con sus brazos y cambiar posiciones dejando esta vez a Roxas acorralado en el suelo quedando encima de su cuerpo.

El cambio de posición hizo que Roxas volviera a tomar conciencia de la situación en la que se encontraba y trató de volver a luchar para retomar el control pero en esta ocasión la buena fortuna no le quiso sonreír. Sora no tenía ninguna intención de permitir que siguiera comportándose de esa forma tan violenta; con rapidez, el castaño se sentó sobre el vientre de Roxas para de esta manera impedir que pudiera hacerle una barrida en las piernas o darle patadas, a continuación tomó ambas muñecas del rubio y las inmovilizó por encima de su cabeza, y con la mano que le quedaba libre presionaba el pecho ajeno como forma de anular cualquier tipo de impulso que le llevara a querer darle cabezazos.

Roxas, viéndose completamente a merced de su enemigo, intentó retorcerse para quitárselo de encima, proliferando gruñidos y maldiciones inentendibles.

-¡Roxas! ¡Para, es suficiente!-exigió Sora sin moverse un ápice de su posición, si se le ocurría dejar un solo hueco libre, Roxas volvería a la carga y no podía permitírselo.-¡Para, por favor! ¡Tranquilízate! ¡No quiero hacerte daño! ¡Por favor, si sigues así no me quedará más opción que hacerte dormir!

Pero por suerte aquello no hizo ninguna falta. La lucha que Roxas había estado intentando librar para quitarse encima al moreno sólo había conseguido dejarlo exhausto haciendo que las fuerzas le abandonaran y le incapacitaran para seguir luchando, exactamente igual que había pasado en la biblioteca pero, al contrario que allí, esta vez Sora se había encargado de que no tuviera forma de tomar el impulso necesario para sacárselo de encima con algunas reservas de energía. No podía liberarse, Sora era demasiado fuerte. Estaba atrapado, inmovilizado y a merced de ese tipo y todos esos monstruos que le rodeaban.

Sora se sintió aliviado cuando vio que poco a poco Roxas estaba dejando de luchar, al final no había necesitado hacer uso del hechizo Morfeo pero aquello estaba lejos de ser algo satisfactorio. Vigiló a su jadeante compañero y se permitió apreciar su rostro, pero tan pronto sus ojos hicieron contacto el rubio, éste, humillado y avergonzado, volteó el rostro hacia un lado cerrando los ojos para intentar esconderse de todo el mundo. Parecía tan asustado…

Sora, al ver aquella expresión, se le rompió el corazón.

No se movió un solo ápice, por experiencia previa, sabía que Roxas podía resultar impredecible aunque pareciera estar tan cansado como demostraba estarlo, pero se permitió el deslizar la mano que tenía sobre el pecho ajeno para conducirlo hacia la cabellera rubia acariciándola con suavidad en busca de brindarle un poco de bienestar. Pero al comenzar el contacto, Roxas dio un gemido de miedo y un espasmo al mismo tiempo que se encogía un poco y apretaba los ojos como si esperase recibir algún golpe, aquella reacción sólo consiguió que Sora se sintiese aún peor.

-N…No pasa nada. No tengas miedo ¿vale? no hay nada por lo que tengas que preocuparte.-le susurró de forma muy suave cerca de él con cierto nerviosismo, ver a Roxas tan vulnerable le hacía temblar.-Aquí nadie te va hacer daño ¿de acuerdo? Estás a salvo.-siguió diciendo el muchacho sin dejar de tocar la cabellera ajena mientras seguía escuchando los jadeos cansados de Roxas. La imagen proyectada por parte del rubio era desconcertante y Sora, sin poder evitar su deseo de reconfortarlo y de querer aproximarse más a él se permitió el lujo de apoyar su frente en el hombro ajeno antes de susurrar por último;-Estás en casa…

CONTINUARÁ

¿Alguien se esperaba el nuevo capítulo? Mejor dicho ¿alguien ha sido capaz de leerlo todo? Lo siento si ha resultado demasiado largo, pero me hizo tantísima ilusión recibir los cuatro review que me llegaron en el capitulo pasado que me puse a escribir este con muchísima motivación para vosotros. Muchísimas gracias, eran cuatro review, pero los que me llegaron me hicieron dar un vuelco en el corazoncito, así si que vale la pena escribir y darse todo el trabajo que conlleva.

Este capitulo quizá haya parecido un poco extraño porque parecía estar visto mas desde el punto de vista de Mukeino que del propio Roxas, pero era necesario hacerlo de esta forma si se quería dar a conocer como fue el pasado de Roxas antes de que conociera a Hayner y los demás. Roxas en capítulos pasados ya da a entender al lector que no tiene demasiados recuerdos de aquel entonces y que su vida comenzó verdaderamente cuando conoció a sus amigos, ya que fue con ellos con los que empezó a interaccionar de verdad con el mundo real y a desarrollar sus emociones, por eso era complicado hacer un flash back desde su punto de vista porque en aquel entonces su cabeza estaba vacía de cualquier recuerdo y cada cosa que veía o oía era extraña, hasta la cosa más nimia le resultaba desconocida. Por ello era mejor hacer conocer esta parte de su pasado a ojos de una persona que se hubiera ocupado de él en esos momentos y ese era su médico. Por cierto, con esto no quiero decir que Roxas se hubiera olvidado de Mukeino, él cuando le veía le reconocía y le saludaba pero como se menciona en este capítulo Roxas aún no sabía sentir afecto y el miedo al abandono o al rechazo, por lo que la ausencia del doctor no supuso ningún trauma para él porque se le había olvidado hasta que se echa de menos a los que se quieren cuando se van. Si os interesa saber cuál es su relación cuando Roxas es mayor, digamos que es cordial y de respeto mutuo, no tienen una relación paterno-filial sino más bien una relación parecido entre dos vecinos o compañeros que se llevan bien pero que no se involucran demasiado en sus vidas.

A partir del siguiente capítulo se empezará a ver más cosas respecto a ese pasado de Roxas antes de que fuera encontrado, ese que nuestro rubio es incapaz de recordar, y así podréis ver qué pinta Sora en todo este embrollo pero…¿tenéis vosotros alguna teoría? Comentádmela en el review que dejéis, a ver que sois capaces de imaginar.

Por cierto, antes de que nadie llame la atención, si, el inspector Kageyama Hikaru es el mismo personaje que el de Inazuma Eleven Go, de la misma forma que la mención de que Roxas fuera hallado en una rivera de un río o que lo encontraran unos "deportistas", estas tres referencias son a ese anime que me encanta por sus personajes. Quien no lo sepa, Inazuma se supone que hace alusión a un barrio de la ciudad de Tokio, así que no era descabellado hacer la referencia teniendo en cuenta que Roxas vive en Tokio.

Ahora procederé a contestar a los review que me habéis mandado;

Linita0507; Muchas gracias por leer mi historia y me alegra un montón que te guste la forma en que lo hago. Escribir es una de mis aficiones e intento hacerlo de la forma más entretenida y entendible para quien lo lea sin que sea aburrido o demasiado simple. Yo creo que en el mundo del fanfic hay muchos fics donde se puede sacar mucho jugo pero las autoras caen demasiado en los mismos estereotipos a la hora de armar historias (básicamente el triunfo del amor verdadero frente a todos los males, pero hecho de forma demasiado simplificada como si todo fuera fácil de hacer). Entiendo lo de los review, pero me encantaría que siguieras haciéndolo si pudieras. Este fandom es muy pequeño y poca gente comenta, y la verdad es que yo me tomo mucho tiempo escribiendo un solo capitulo así que cuando veo que la gente deja review…es como "explosión de felicidad" y me motiva a seguir haciéndolo. Así que te animo hacerlo y yo te doy más capítulos. Buen trato, ¿no crees?

Hisaki Raiden; a ti te contesté a parte de tu review en un mensaje privado pero, por si acaso no lo llegaste a leer o no te llegó te lo repetiré por si acaso; Roxas se quedó inconsciente porque se le cayó encima una librería, creeme esas mierdas duelen mucho cuando caen con todo su peso sobre una persona. Cuando dices que "Sora hace eso todo el tiempo en el juego pero aquí lo sentí mil veces genial" ¿te referías a cuando hace salir la Keyblade? Es que no tengo claro si te refieres a eso o a los hechizos que lanza. Y si, Naminé es muy lista y sé que ha podido resultar odiosa por haberse entrometido entre Roxas y Sora, pero personalmente opino que en los fics se desaprovecha mucho a los amigos de los protagonistas que parece que sólo hagan la función de empujar al protagonista a los brazos del enamorado o, por el contrario, competir contra el enamorado para obtener el amor del protagonista. Por eso quise hacer que los amigos de Roxas tuvieran implicación con más peso que el de estar de adorno y Naminé me parecía la mas sensata de todos como para realizar las investigaciones por su cuenta para ayudar a Roxas, el cual estaba bastante nervioso con la situación. Es decir intentaba hacer que Naminé se comportara como se esperaba de ella, como una verdadera amiga.

Alfredo; Y yo te agradezco de sobremanera que me hayas dejado un review, por cosas así hace que valga la pena trabajar tanto en escribir un capitulo, ya he mencionado que este fandom es muy pequeñito y lleva inactivo mucho tiempo, asi que ver a gente dejando review es algo raro y me daba pena escribir y saber que no iba a recibir un review. Es como si me dijeran que el fic no interesaba o no gustaba lo suficiente. Respecto a Naminé, sé que la odiaste por su intromisión pero eso tiene su explicación que se la di a Hisaki, yo quería que Naminé actuara como se esperaba de ella, hacer todo lo posible por proteger a su amigo ya que creo que los personajes que hacen el papel de amigos están muy desaprovechados o tienen funciones demasiado simples en las historias. Por cierto….¡¿de verdad eres hombre?! Perdoname, es que me resulta muy extraño ver a un hombre comentar, estoy demasiado acostumbrada a que por estos lares haya sólo chicas.

Hikari Heartsong; ¿What? ¿Fantasmona? Pero no des largas, mujer, que este fic es guapo, bonito y gratis que sólo quiere ser admirado y recibir amor ¿serías capaz de darle amorcito? XDDDD dios, que empalagoso sonó eso.