Confiar
En el coche, Emma puede sentir la tensión correr por las venas de Regina: tensa en su asiento, esta última mira la carretera sin disfrutar realmente del paisaje, pero Emma no se lo tiene en cuenta, prefiriendo mantener su atención en la camino.
Al cabo de 15 minutos de trayecto, llegan a la calle principal, donde se encuentran todos los comercios. Se paran delante de la floristería.
«Por si no lo sabía, el señor French es el de padre de una de mis empleadas, de Belle»
«¿Ah sí? ¿Nunca va a la casa?»
«Nunca. La rechazó el día en que ella decidió venir a trabajar para mí y jamás ha intentado contactar con ella desde el día en que atravesó mi puerta»
«Oh…super ambiente entonces… Bueno, vamos allá» Pero Regina se queda clavada en su asiento, tensándose cuando los paseantes posaban sus miradas un poco más de tiempo de lo debido en el Mercedes «¿Regina?» Ella posa una mano sobre la suya, calmándola y la bella morena encuentra entonces algo de valor: abre la puerta y Emma hace lo mismo saliendo y yendo hacia Regina que palidecía a ojos vista. «No se va a desmayar, ¡venga vamos!»
La toma por el brazo y Regina intenta evitar las miradas de algunos transeúntes antes de entrar rápidamente en la floristería felizmente vacía.
«¿Puedo ayudar…» el hombre algo rellenito y con cara de bonachón se para al ver quién está en su tienda. Se queda mudo, y es Emma quien empieza las presentaciones.
«Buenos días, ¿señor…?
«Fr…French…señor French»
«Encantada, yo soy Emma Swan y ella es la señora Mills»
«Yo…yo sé…quién es ella» dice con un tono algo miedoso, algo inseguro «¿Qué…qué desea?»
«Mirar. ¿Podemos?»
«Por…por supuesto»
Regina está maravillada por la inmensa variedad presente en las estanterías, que da a la tienda esa atmosfera tan característicamente afrutada y floral. Hacía mucho tiempo que no ponía los pies en esta floristería.
Se detiene en las rosas emperador cuya belleza le hace abolir su timidez «¿Cómo hace usted…» dice ella observando la flor mientras la roza con su índice
«¿Có…cómo dice?» balbucea él, todavía sorprendida al verla en ese lugar
«¿Cómo hace usted para mantener las flores tan bellas y frescas fuera de su estación?»
«Oh…Bien…Utilizo un abono hecho a propósito. Permite ralentizar el crecimiento y el ajamiento de las flores»
«Fascinante…¿Vende ese abono?»
«Oh euh… No, en fin…No tenía la intención…»
«Es lamentable…» dice ella con un deje de decepción en la voz
«Lo que ella intenta decirle…» murmura Emma al florista «…es que si consiente en vendérselo, ella le pagaría un buen precio»
El vendedor abre desorbitadamente los ojos oscilando entre el miedo hacia esa mujer, su reputación frente a los otros si se enteran de que hacía negocios con Regina Mills, y el afán de lucro al saber que es muy rica y que no repara en gastos, y no sabe qué hacer. Pero cuando ve su mirada amorosa sobre las rosas, se da cuenta de que es una apasionada de ellas como lo es él también.
«Y bien…podría hacerlo y…llevárselo»
«¿De verdad?» dice ella con entusiasmo
«Sí…pero…en fin…va a llevar un tiempo…además de mi tienda…»
«Será evidentemente remunerado por el trabajo suplementario. Su precio será el mío»
French se queda mudo de estupor. Emma está divertida al ver cuánto la cuestión de dinero era una solución tan fácil para Regina.
«Yo…sí, gracias…» dice él confundido
«¿Tiene Edelweiss?» pregunta ella cambiando de tema, sin darse cuenta del problema en que acaba de meter al florista
«¿Edelweiss?»
«Sí, es lo que acabo de decir» añade ella un poco molesta por tener que repetirse
Al percibir la tensión, Emma calma un poco la situación «Nos…nos gustaría comprar Edelweiss, por favor»
«Lo siento, no me queda. Las recibiré la semana que viene» dice él confuso.
Regina esboza una mueca, pero Emma intenta calmarla «¿Y aquellas?» dice señalando unas Poinsetia, rojas brillante
«¿Poinsetia? Flores tradicionales de la época de Navidad»
Regina las mira antes de ver que Emma les prestaba una atención particular «¿Le gustan?»
«Adoro las flores de Navidad…Alegran siempre una casa, ¿no cree?»
La sonrisa de Emma hace saltarse un latido al corazón de Regina que suspira «Me las llevo»
«…¿Cuántas quiere?'»
«Me llevo todas las que tenga»
Una vez más el florista se queda sin habla y balbucea «¿Esta se...g..a?»
Emma responde afirmativamente con la cabeza. Regina se pasea de pasillo en pasillo, dejando vagar su mirada por las bellas composiciones…
«¿Cuenta con comprar toda la tienda?» le murmura él a Emma
«Podría hacerlo, sí» dice divertida la muchacha.
«Bien, ¿cuándo podría llevarnos lo comprado?» dice Regina de forma rígida.
«Oh…el tiempo de cargar el camión…¿cerca del mediodía?»
«Perfecto, se le pagará a la entrega, y se le dará un adelanto por el abono que me procurará más adelante. En cuanto a las Edelweiss, tomaré una decisión la semana que viene»
Regina se dispone a salir, pero Emma la frena, una mano bajo su brazo. Regina levanta un ceja con aire interrogativo «¿Qué?»
Emma levanta las cejas como empujando a Regina a decir algo «Cuando usted quiera…» suspira ella discretamente
«¿Cuando yo quiera qué?»
«Ser educada y amable» susurra Emma con los labios casi cerrados
Regina levanta los ojos al cielo y se gira hacia el florista a quien le ofrece una sonrisa educada «Gracias y…buenos días»
«Se…Señora…» Regina se gira de nuevo «Yo…yo…me gustaría…agradecerle y…saber…en fin…»
Regina resopla pesadamente ante el florista antes de que Emma le dé una ligero codazo en sus costillas «¿Sí?» dice Regina intentado ser paciente.
«Yo…ella…»
Regina comprende entonces a dónde quería ir a parar el hombre «Ella está bien» El florista respira, aliviado. «Podrá verla cuando me lleve las flores» concluye ella con una sonrisa antes de salir de la tienda, seguida de una Emma más orgullosa que una madre el día de la graduación de su hijo.
«Ha estado bien Regina. ¿Regina?»
Esta última está parada delante de ella, como hipnotizada, pareciendo coger aire: esa inmersión en la vida activa del pueblo la había trastornado «Estoy bien. Volvamos»
«¿Qué? ¿Ya? Pero, me gustaría llevarla antes a otro sitio»
«¿Otra tienda?»
«Sí. Necesario. Venga, vamos»
«¿Caminando?»
«Es aquí al lado» Emma desliza su brazo bajo el de ella y la arrastra por las calles. Como le había dicho, el trayecto solo dura unos minutos. Se detiene ante una fachada de color y un dibujo representando un par de tijeras, un peine y burbujas arcoíris.
«¿Un peluquero?» se asombra Regina
«Sí. Usted es magnífica, pero…sus cabellos…Le endurecen el rostro. Si lleva un corte más corto y moderno, el rostro se iluminaría»
«¡Me gusta mi pelo así!»
«Pero nadie lleva los cabellos tan largos hoy en día. Parece una bruja» dice divertida Emma
«¡No pienso cortármelo!
«Muy bien, muy bien…Quédese así. Después de todo, usted tiene razón, es su pelo, debe saber mejor que yo lo que se hace o no…yo lo único que digo…»
Regina resopla fuertemente «¡Usted es imposible!»
«Y usted es muy bonita para estropear ese rostro con esa larga cabellera negra. Estaría mucho mejor con un corte hasta los hombros, ligeramente degradado» dice ella cogiendo los cabellos de Regina, levantándolos un poco, rozando su nuca con sus manos. Regina enrojece y se separa rápidamente «¡Déjelo, se lo ruego!. ¡Yo no soy una muñeca a la que puede vestir y peinar a su gusto!»
Emma se pinza el labio inferior «Lo siento. Bien, entonces volvamos…»
Emma se aleja, y de repente, Regina se siente desnuda y sola, perdida en esa acera «¡Emma!»
La bella rubia se gira «¿Qué?»
«Acepto» susurra ella
Emma no responde nada sino que deja ver una gran sonrisa. Toma a Regina por el brazo y entran en el gran salón. Felizmente para Regina, no había ningún cliente en el horizonte y la única peluquera arbolaba un look tan colorido como su escaparate «Buenos días, ¿deseaba…algo?»
Lo más seguro es que esa chica haya reconocido a Regina, piensa Emma «Buenos días, venimos a por un corte»
«Oh…yo…ahora no puedo, tengo….otras citas…»
«Y bien, ahora mismo, no hay nadie aquí. Siéntese Regina» La bella morena obedece, sintiendo que Emma se enfadaba poco a poco. «Si no desea una cliente que no repara en gastos, peor para usted, nos iremos a otro lado»
«Bien…bien, bien. Yo la cojo»
Regina parece divertida, imaginando lo que los nuevos rumores expandirían pronto: la bruja tiene ahora un guardaespaldas…
Regina se relaja un poco sintiendo el agua templada resbalar por su cabellera. Había olvidado lo agradable que era que alguien se ocupara de ti.
«Bien…¿Qué desea hacerse?»
«Un corte más moderno: más corto, por los hombros, un ligero degradado a los lados y un alisado» dice Emma segura de ella, lo que asombra a la peluquera, y sin que Regina pueda decir una palabra.
«Bi…bien…Vamos allá»
«¡Está estupenda!» exclama Emma cuando el último corte de tijeras acaba con la última mecha rebelde. Un ligero alisado y Regina parecía haber cambiado literalmente de cabeza, incluso ella misma no se reconocía en el espejo.
«¿Soy…yo?»
«Su amiga tenía razón, ¡está mucho mejor!»
Regina percibe la palabra "amiga" y, por defensa, se tensa «No es mi amiga, es mi empleada», se levanta, saca algunos billetes y sale del salón. La peluquera, sorprendida, se dirige hacia el mostrador y cuenta los billetes: había muchos más de lo que era necesario, pero no vale la pena retenerla.
«Gracias» dice Emma antes de salir y seguir a Regina que caminaba hacia el coche «¡Hey! Entonces…¿le gusta?»
«Ciertamente, es….un cambio»
«Pero, ¿le gusta?»
Regina se muerde el labio inferior y le da la cara «Sí, me gusta, ¿contenta?»
Emma no responde, pero esboza una pequeña sonrisa ante de subir al coche. Regina rueda los ojos antes de hacer lo mismo.
El camino de vuelta se hace en el silencio más absoluto y cuando entran en la casa, Marco las recibe antes de detenerse algunos segundos en el nuevo look de su patrona «¡Ni una palabra!» dice ella como advertencia antes de subir las escaleras «Estoy cansada. Tomaré el almuerzo en mi habitación. Sola»
Emma no le da importancia y mira a Marco «Yo tomaré el mío en el comedor, como siempre»
Y cuando se dispone a subir las escaleras, Marco la detiene por el brazo «¿Todo…todo ha ido bien?»
«Excelente. Su nuevo corte le queda bien, ¿no?»
«Efectivamente…es un cambio» dice Marco
«¡Oh! Este mediodía recibiremos una entrega de flores. ¿Podría avisarme cuando lleguen?»
«Por supuesto. Pero…¿Cómo ha sido el paseo?» pregunta con curiosidad
«Bien, rápido, pero bien»
«¿Por qué parece ella furiosa?»
«No está furiosa, está contrariada»
«Pero, ¿por qué?»
«No lo sé. Bueno, subo»
Marco frunce el ceño, pero no pregunta nada más. En cuanto a Emma, se deja caer en la cama, mirando el techo, antes de coger su PC, ponérselo en las rodillas y teclear.
«Este día hay que marcarlo en rojo en el calendario: por primera vez después de años, Regina ha salido de su casa. Estoy muy orgullosa por haber contribuido en ese pequeño logro
De momento solo ha sido una corta salida, pero espero iniciar otras en el futuro. He descubierto a una Regina apasionada por las flores…Bueno, no es que sea algo nuevo, pero allí he visto una mirada en ella que nunca había visto antes: admiración, pasión y cierta plenitud. Después en la peluquería…gran aventura, pero puedo decir que hoy Regina está mucho mejor que antes. Sí, me atrevo a decirlo: es realmente hermosa, incluso una de las mujeres más hermosas que yo haya visto en mi vida.
Ella no tiene nada de las exuberantes top-model que se pueden ver en las revistas o en las pasarelas. Ella no tiene la talla de una modelo ni es el estereotipo perfecto de explosiva rubia de generosos pechos…No, ella tiene mucho más que eso, mucho más. Su mirada es seguramente uno de sus atractivos: a través de ella, puede expresar todo tipo de emoción…Emociones que no muestra nunca. Y su sonrisa, cuando se otorga el derecho de mostrarla, es radiante e ilumina su rostro. Es pequeña y menuda, frágil y sin embargo tan imponente a la vez: tiene un carisma tremendo y verdaderamente impone.
Hoy, ha dicho una cosa que me ha sorprendido y me ha hecho reflexionar…Ha dicho que no soy su amiga, sino que era una empleada…Una simple empleada. Lo encuentro injusto después de todo lo que he hecho por ella y la paciencia que he demostrado para llegar a esto. Y es ahí cuando he comprendido: ¿qué estoy buscando finalmente? Esta mujer es mi patrona, la que me paga…Esta mujer ha estado sola durante años, sin tener la menor interacción con el exterior. Y hoy, ¿me presento aquí e intento hacer qué exactamente?
Los otros empleados me ven como la solución a sus problemas, una salvadora. Pero yo no lo creo en verdad. Pienso que, haga lo que haga, esta mujer es inaccesible.
Pero, sin embargo, no sé por qué, deseo persistir, creer en ello. Quizás por altruismo, por generosidad o sencillamente…por otra cosa, aunque todavía no sé por qué razón. Me gustaría ir a verla ahora, tocar a su puerta y que nos expliquemos, pero no tengo ni el valor ni la voluntad…No, de hecho, creo que tengo miedo…Tengo miedo de que me diga a la cara lo que temo: que me detesta y que quiere que me vaya. Porque tengo la impresión de tener una misión aquí y no deseo marcharme con este sentimiento de fracaso cuando veo el potencial que ofrece Regina.
Ella quizá nunca lo admita, pero sé que le ha gustado esta salida de hoy, y estoy ansiosa por continuar. Pero antes de eso, voy a tener que hacer que lo admita y también que se abra a sus propias emociones. ¿Cómo puede ella comprender lo que le ocurre, lo que siente, si no se deja ir…?
Ella conoce la rabia, la cólera y la soledad…Me gustaría que conociera ahora el placer, la felicidad y la serenidad»
«¿Emma? El almuerzo está listo» Emma reconoce la voz de Ruby y abre la puerta con estrépito y tira a Ruby hacia su habitación «¡Hey, hey, con cuidado…»
«¡He salido! ¡Con Regina!»
«¿Tú…tú has salido con Regina? Levanta una ceja divertida Ruby
«¡Sí! ¡En fin, no, no en ese sentido! » Se sientan en la cama
«¡Venga, cuenta!»
«Hemos ido al pueblo. Primero a la floristería y después a la peluquería»
«¿A la peluquería? Pero no te has cortado»
«Yo no, Regina»
«Espera, ¿se ha cortado el pelo?»
«¡Sí!» dice orgullosamente Emma «Está magnífica ahora»
«Wow…»
«¿Qué?»
«La manera en la que hablas…»
«Bah, ¿qué?»
«No sé…Tus ojos brillan, tus manos están húmedas y…y tienes en la cara esa sonrisa bobalicona que tienen los que…»
«¿Los que qué?» pregunta Emma
«No, nada…Bueno, me contarás el resto abajo, eh, tu comida se enfría»
Emma mira la hora atentamente. No había vuelto a ver a Regina desde esa mañana. Había almorzado en compañía de Ruby y ahora, estaba sentada en los primeros escalones del hall, esperando la llegada del florista. Y cuando suena el timbre, salta sobre sus pies y antes de que Marco pueda advertir de que alguien esperaba junto a la reja, ella ya estaba fuera corriendo hacia el visitante.
«¡Hey!
«Buenos días…en fin, otra vez. Espero no llegar tarde»
«En absoluto, entre»
Ella abre las rejas y el pick-up de French entra. Emma lo conduce hacia un lado del invernadero y él se para. Ella lanza un vistazo a las ventanas que debían ser las de Regina y conduce al florista al invernadero.
«Vamos a dejarlo todo aquí de momento, más tarde nos encargaremos de plantarlas»
El señor French obedece absorbido por la inmensidad del invernadero y todas las plantas y flores que en él había. Al cabo de 20 minutos, Marco viene a su encuentro «Señorita Swan, ¿me ha llamado?»
«Sí, ¿puede servirnos un café en el salón pequeño y…llamar a Belle?»
«¿Belle?»
«Por favor»
Marco no me pregunta más y se da la vuelta. Emma acaba el trabajo de instalación e invita a French
«Oh, euh no…Prefiero que no…»
«¿Por qué?»
French se inquieta, se tritura los dedos ante el malestar «Yo…ya sabe lo que se dice…de esta casa y sus ocupantes…»
«Ah, sí, esos famosos rumores…¿Piensa usted de verdad que la mujer que ha visto esta mañana es una bruja cruel y asesina, eh?»
«…»
«Venga»
French la sigue y, por primera vez, él entra en la casa. Atraviesa la cocina, sigue a Emma hasta el hall que traspasan para finalmente sentarse en el pequeño salón en el que una bandeja, con dos tazas y azucarados y pequeños dulces, estaba dispuesta.
«Gracias por habernos traído…Oh, lo prometido, tenga su dinero. Hay un extra por el abono»
«Haré lo posible para tenerlo a tiempo…»
«Siempre que podamos contar con usted y su palabra, todo irá bien»
French esboza una ligera sonrisa que pierde, de estupefacción, cuando escucha pasos detrás de Emma. Ella sabe quién está detrás cuando ve qué él deja caer al suelo su dulce.
«¿Be…Belle…?»
«¿Papá?»
El hombre se levanta y apenas se atreve a moverse. Belle da algunos pasos hacia él antes de que Emma se levante a su vez «Bien…os voy a dejar solos un momento»
Cuando se marcha, Belle encuentra de repente las palabras «Hace tiempo que…»
«Sí…cerca de tres años»
«Yo diría más bien cuatro»
«Ah…»
«¿Qué has venido a hacer aquí?»
«He venido a traer flores para…tu patrona»
«Oh…te has atrevido a franquear las rejas…¿No tienes miedo de ser quemado vivo? ¿O que te echemos una maldición?»
«…»
Sabiendo que su padre ya estaba bastante incómodo, no pone más el dedo en la llaga «¿Cómo está Charlie?»
«Ella está bien. Te echa de menos, ¿sabes?»
«…»
«Bueno, me tengo que ir. He cerrado la tienda para venir aquí»
«¿Volverás?» pregunta ella con un atisbo de esperanza en la voz
«Sí, seguramente. Tengo que traer abono…tu patrona es…muy generosa»
«Ella no tiene nada del monstruo que la gente dice que es»
«Ella es algo distante y fría» dice él
«Pero, quizás sea el mudo exterior quien la ha vuelto así»
«…»
«Entonces…te veré pronto»
«¡Por supuesto!» se da prisa en decir él, lo que hace sonreír a su hija. Se acerca torpemente y posa sus dos manos sobre sus hombros antes de inclinarse ligeramente y besar a su hija en la frente. Sonríe tímidamente antes de marcharse. Se une a Emma que lo esperaba en la puerta de la entrada «¿Todo bien?»
«Sí, gracias» dice él con gratitud
Lo acompaña hasta la reja que ella vuelve a cerrar tras su marcha. La llegada del señor French podría cambiar las cosas, ser el comienzo de algo nuevo.
Emma hubiera querido avisar a Regina de que las flores ya habían llegado, pero algo le dice que ella ya está al corriente. Además, ella prefiere que sea la bella morena la que dé, por primera vez, el primer paso.
Se queda en el invernadero, entreteniéndose en un pequeño macetero que había hecho suyo con el acuerdo de Regina. Planta con cuidado algunas Poinsetia y pasa lo que queda del día en el invernadero, hasta que ve las estrellas a través de los cristales.
Regina no había venido.
Una vez más, y por segunda vez en el día, Emma come sola. Le hubiera gustado hablar con Regina: saber lo que la joven había sentido fuera, pero en lugar de eso, esta última se había encerrado de nuevo en un mutismo incomprensible.
A la hora de irse a la cama, Emma lanza una última mirada a la puerta cerrada de Regina, suspira y entra en la suya. Después de una rápida ducha, se mete en la cama. Poco motivada a abrir su ordenador, prefiere un libro. Y apenas hubo pasado al capítulo 2 cuando tocan a la puerta. Al ver la hora, no duda de quién puede ser su visita.
«¿Espera, ya voy Rub!»
La joven salta de la cama y abre la puerta con estrépito, pero se queda petrificada en el sitio al ver que en lugar de Ruby, era Regina la que estaba parada en su puerta.
«Oh, euh…¿Regina?»
La joven arbolaba una mirada y un rostro severo, ese rostro que Emma no había visto en ella desde hace semanas. «¿Puedo entrar?»
