Capitulo 7:
Agnus doomsday [1].
En toda la historia de la familia Hellsing, ningún descendiente había disfrutado, en lo excesivo, de la exagerada compañía social o el ambiente de ciudad; a menos que lo requiriera la cuestión profesional. El viejo Abraham fue claro ejemplo. Era tan poco su agrado por las multitudes de personas y la urbanidad de la época, que mando a construir su propia casa no muy lejos de la ciudad. Tenía, sin embargo, más cercanía con los pueblos de la campiña inglesa, y solo quedaba a unos cuantos minutos en auto para llegar a Londres.
El sitio estaba en alguna parte de una amplia llanura verde, rodeada de árboles y uno que otro animal salvaje que paseaba por ahí. El paso estaba prohibido por orden gubernamental para toda persona que careciese de cualquier relación con la organización. La gente, por supuesto, no encontraba mucha lógica en que el gobierno impidiese el paso a lo que ellos creían que era una llanura tan común y corriente, pero terminaban pasándolo por alto cuando no encontraban nada en Google Maps. Por suerte, el gobierno inglés imponía la suficiente eficacia para controlar a su gente… y el Internet.
Por su labor uno pensaría que personas como Helena no tendrían tiempo para los pasatiempos de la vida común, pero resulta que los van Hellsing también tienen complejo de jardineros [2]. La prueba absoluta: el gigantesco, diverso y hermoso jardín trasero.
Laura y Carmilla estaban en una banca mecedora, a modo de un columpio bastante grande hecho de madera, justo bajo las sombras de las hojas de un gran y frondoso árbol; de esos colosos de tronco grueso e incontables ramas llenas de hojas. Estaban admirando el paisaje, encontrando un poco de todo, aun siendo la mayor parte arbustos y varios pinos. Lo había de todo, disperso estéticamente aquí y allá en varias formas y colores: arboles de trompeta, rosales, amapolas, dalayas y demás fantásticos ejemplares. Cerca de ellas también había pequeños huertos de tomate, zanahorias, fresas, papas y lechuga. Mas al centro podía verse una fuente de agua funcionando. Todo rodeado de tierra y el fresco y bien cuidado pasto.
Hacía buen clima; el viento era agradable y la infinidad de ramas y hojas sobre sus cabezas impedía los rayos excesivos del sol de las tres de la tarde. Siendo que el lugar estaba prácticamente alejado de toda urbanidad, todo el alrededor estaba muy tranquilo. Había aire fresco -auténticamente fresco-, sin autos atrapados en el trafico infernal y las únicas visitas inesperadas que llegaban a haber eran algunos pájaros que iban a refrescarse a la fuente o a resguardarse en sus nidos.
LaFontaine ahora mismo estaba acompañando a Helena en algún punto del jardín, probablemente haciéndole honores a su reputación de biólogo. Van Hellsing justo ahora debía estar tomándose la molestia de escuchar y responder, asegurándose también de revisar, regar y corregir cualquier anormalidad en su segundo legado familiar.
A Laura le costaba creer que una persona dedicada a mantener bajo control todo el complejo asunto del lado oscuro del mundo pudiese albergar tal fragmento de paraíso en su patio trasero. Incluso le hacía gracia pensar que ya había visto de todo en Silas. Ver a un auténtico cazador de monstruos, descendiente de personaje tan famoso y dueña de tan importante herencia, pasando sus ratos libres dedicándose a la jardinería no era algo que se viese todos los días.
Por cierto, Carmilla y Laura llevan un rato sin dirigirse una sola palabra desde que se sentaron. El vampiro, de todos modos, no parecía tener la intención de comenzar con una conversación. Se le notaba pensante disfrutando del extenso paisaje, y podría ser que Laura lo estuviese también; pero ella lo estaba porque necesitaba preguntarle algo, y estaba en el dilema de lo hago o no lo hago. No quería molestarla, pero para ella era un asunto de suma importancia, sobre todo porque tenía que ver con la misma criatura del otro lado de la banca.
-Carm.
La aludida le prestó atención, insinuándole con la sola acción de la mirada para que continuara.
La humana entonces se tensó un poco. Junto sus manos sobre sus piernas, jugando desinteresadamente con sus pulgares y mordiéndose el interior del labio inferior, pensando en que tal vez hubiese sido una mejor idea pensar algo concreto antes de abrir la boca.
Solo a ti se te ocurre, pensó.
Mierda ¿Por qué era tan difícil hablar con ella?
- ¿Si, creampuff? —Dijo calmada, tranquila, sin desesperarse por la increíble lentitud de la muchacha para improvisar. Eso tranquilizo un poco a Laura.
La paciencia que tenía Carmilla para casi todo era envidiable, más aún cuando te la pasas perfeccionándola durante más de trescientos años, encima conviviendo con la misma persona que te ha complicado en mucho la existencia.
Hollis aclaro su mente y por fin se dispuso a hablar.
-Cuando Helena dijo que la Decana no estaría contenta contigo, ¿que quisiste decir con que ya lo habías asimilado?
Laura no estaba mirando, pero podía sentir la atención de los ojos del vampiro sobre ella.
-Es obvio —Respondió—Me fui en su contra. Desobedecí sus órdenes y por lo tanto esta molesta. No sé si eh sido clara, pero un vampiro de trescientos treinta y algo no tiene oportunidades de sobrevivir contra alguien como ella.
-No digas eso. Por supuesto que tienes oportunidad.
-Yo nunca eh tenido oportunidad con ella, Laura. Nadie ha tenido oportunidad. Ni siquiera Mattie o… cualquier otro atarantado que se le haya revelado.
- ¡Tú sí! Dos veces.
-Eso fue muy distinto.
-Pero casi la derrotamos el semestre pasado. Debería ser suficiente como para que podamos lograrlo ahora, ¿cierto?
Karnstein meneo la cabeza.
-No, no es lo mismo. Un casi es muy distinto a lo hicimos.
-Bueno, si… pero…
-Oh vamos, cupcacke. Solo piénsalo. Aun cuando pensábamos que nos la habíamos quitado de encima siguió en lo suyo sin que nos diéramos cuenta, y consiguió lo que quería. Blade allá tiene razón; querrá deshacerse de mi nada más me tenga en frente.
- ¿En serio crees que pueda matarte? —Preguntó, con un claro deje de preocupación en su voz. De repente sintió que algo estaba por estrujarle el corazón.
- ¿Qué si puede? –Dijo ente carcajadas sarcásticas— Por supuesto que puede. La has visto. Créeme que me gustaría pensar que no lo haría porque en parte soy su hija, pero no soporta que se repitan los errores y ya había hecho algo parecido antes, ¿recuerdas? Ell.
-Una vez dijiste que Mattie había intentado matarla muchas veces antes.
-Eso dije ¿Y?
-No lo sé, estaba pensando que tal vez contigo pudiera pasar algo igual.
-Lo dudo.
- ¿Por qué?
-Mattie era toda una prodigio para Madre cuando se trataba de negocios. Hubiese sido muy difícil reemplazarla de un día para otro; le era muy efectiva, por eso no la mato antes. Conmigo es muy distinto. Nunca le eh servido de mucho, en realidad. A diferencia de Mattie, cualquiera podía reemplazarme.
No es verdad, pensó Hollis.
-Fue como si me hubiese dado una última oportunidad y ya. Y volví a fallar, encima… Solo espero que no vuelva a usar el ataúd lleno de sangre.
-Carm, nadie va a matarte.
Ya incluso empezaba a notársele la terrible angustia.
-En serio, no tienes que pensar así. Mira, entiendo que parezca algo imposiblemente absurdo de hacer, pero… podemos salir de esta, ¿de acuerdo? Nada te hará daño.
Carmilla mantuvo la mirada con la de ella un rato. Mirada triste, melancólica, casi inexpresiva, pero firme; de Carmilla. Parecía reclamarle en silencio de algo demasiado obvio para que todavía no se diese cuenta.
-Ya todo el mundo me ha hecho daño, Laura.
Justo ahí, algo se rompió.
Una expresión triste, mezclada con alguna sensación de dolor, corrompió el rostro de la adorable chica. Le hizo, entonces, de frente al suelo, presionando la tela del pantalón sobre sus rodillas en el intento por mitigar la sensación, aunque para su mala fortuna sus ojos se humedecieron. Tuvo, aun así, la suficiente voluntad para contenerse, pues no es como si quisiese que Carmilla la viese llorando otra vez, muy a pesar de que sus ojos y garganta tuviesen la intención de traicionarla.
Y el demonio se dio cuenta de su error.
No, no quería eso. No quería verla sufrir. No quería que ella padeciera del ingrato sufrimiento por alguna ridícula blasfemia que haya dicho o hecho.
- ¿Laura, estas bien? Lo siento, no quería que te pusieras así –Agregó, acercándose con sigilo para comprobar, todavía manteniendo un par de centímetros de distancia.
-No, estoy… No importa. Está bien –Respondió con rapidez, secándose un par de lágrimas que habían escapado con pésima disimulación— Si, sí, estoy bien. Es solo… Es que…
Volvieron a cruzar miradas, apreciando por instantes las expresiones en el rostro de la otra. Karnstein casi podía sentir la angustia y la tristeza de Laura al mismo tiempo en que ella misma sentía culpa y auto desprecio por provocársela. Hollis, a la vez, podía notar el deje de preocupación en el vampiro. Un gesto sincero, de disculpa y pena. Humano de una u otra manera.
-Carm, no soporto la idea de poder perderte. De que algo muy malo pueda pasarte otra vez y que… simplemente ya no pueda volver a verte.
Karnstein no pudo evitar sonreír ligeramente, sintiendo entre alegría y comprensión.
-Qué curioso. Yo tampoco lo soportaría.
Se mantienen así un rato, hasta que la humana no puede soportarlo más y aparta su vista hacia algún punto infinito entre el suelo y sus rodillas. Detestaba no poder sostenerse cuando hablaba con ella, porque era específicamente con ella cuando podía decirle adiós a su confianza y firmeza. Sus conversaciones llegaban a ser muy profundas, en ocasiones incluso encantadoras, pero en situaciones como estas no soportaba la tensión. Le llenaba a niveles que no quería la mente y el corazón, y por lo mismo trataba de no pensar en ello, porque le dolía.
Es un abrazo -repentino, tonto y dudoso; de alguien que no es exactamente experto - el que de la nada culmina con su padecer. Todo lo que hace dos segundos estaba pensando pasa a migrar a quien sabe dónde por su mente. Son sus ojos y una repentina inhalación de aire por la impresión los únicos que muestran señal de expresión, pues su confundido cerebro ha vuelto a poner su cuerpo tenso y no puede corresponderle. Sabe, sin embargo, que lo hace con la mejor intención, porque es más fácil para Carmilla expresarse con actos y no con palabras. Justo ahora, por ejemplo, Laura sabe que ese abrazo es un lo siento.
¿Por qué, universo? Es difícil cuando lo pones así.
-Gracias. Por importarte, ya sabes.
Hollis por fin se relaja, sonríe y contenta le devuelve el gesto; es un poco más firme y natural, sin rastro de incomodidad. Así se quedan uno o varios instantes, disfrutando de la ya algo añorada cercanía de la otra, hasta que Carmilla decide apartarse conservando el agradable olor del cabello de Laura en su nariz.
-Tengo que ir adentro.
- ¿Te acompaño?
-No es necesario. Nos vemos.
Se levantó y se fue. Ella la vio irse, deseando que pudiera quedarse tan solo un rato más, pero se abstuvo de decírselo y termino sin cumplirse. La vio cruzar la amplia sombra del árbol y el porche hasta desaparecer más allá del umbral que conectaba el jardín con el comedor.
Justo ahora esa banca se sentía muy grande para ella sola.
- ¡Oye, Laura, tienes que venir a ver esto! Helena tiene plantas carnívoras –Exclamo LaFontaine, revelándose detrás de unos arbustos.
-Voy, voy –Indicó en lo que se levantaba de su asiento, caminando bajo la amplia sombra del enorme árbol sobre ella.
Por un momento llego a pensar que esa cosa podría tener un departamento como casa del árbol. No debía ser el ejemplar más grande del mundo, pero es que de verdad era enorme. Debía tener decenas de años, poco más de cuatro generaciones existiendo.
Mientras caminaba entre los vistosos caminos, entre los arbustos, flores y pinos, sus ojos se sintieron atraídos por la increíble visión de un rosal de rosas negras [3]. Las rodeaban otras rosas de tonalidades oscuras, y aunque todas eran hermosas, esas eran una visión única.
…Oh, y es verdad. Helena también cría plantas carnívoras.
…
A Matska Belmonde nunca le había agradado la presencia de Danny Lawrence en vida, pero ahora que estaba muerta -o no muerta, como sea- concluía que le simpatizaba todavía menos. Tal cantidad de temperamento y actitud de heroína santurrona la llevaron a esto, primero a la muerte y a la no vida por consecuente. Lo disfrutaría de no ser porque ahora tendría que aguantarla otra vez, convertida para colmo en el nuevo perrito faldero de Madre, lo cual la hacía todavía más irritable.
Estaban en la sala del departamento, esperando a la Decana. Belmonde se hallaba en el sofá de cuero, vistiendo ropas distintitas puesto que las que traía se habían ensuciado con polvo y algunas telarañas. Muy para su disgusto, Danny estaba sentada en la silla de al lado jugando a hacerla de guardia de celda, siguiendo órdenes específicas de no dejar que se fuera. Matska gustosamente se habría reído si no hubiese estado tan preocupada por el paradero de su hermana -con quien pensaba tener una serie charla- y Lilita presente.
Aun si no tenía todas sus fuerzas, conservaba las suficientes para enviar de regreso al más allá a la detestable amazona a su lado. Unos cuantos días como vampiro no se comparaban con siglos de perfeccionamiento en el incomprendido arte del homicidio. La única razón por la que todavía estaba ahí sentada, absteniéndose del deseo de masacre, era porque Madre probablemente se enfadaría a como se diera cuenta que acababan de hacer polvo a su nueva mascota. Eso no era nuevo…, pero en serio, ¿no pudo buscarse otro más?
Bueno, con algo de suerte podrían hablar civilizadamente. Tanto silencio empezaba a volver aburrido el departamento.
- ¿Y bien? ¿Qué se siente haber pasado al lado oscuro?
-Cállate, Belmonde –Respondió seria.
-Oh, cuanta agresividad. Me siento tan ofendida – Dijo haciendo un fingido gesto de indignación en un tono exagerado de drama.
-Cierra la boca, ¿quieres? –Advirtió la otra, a lo que Matska acabo riendo divertida entre dientes.
Bien, al carajo la civilización.
- ¿Qué harás si no? No es como si pudieses matarme otra vez, querida.
-Estoy bastante segura de que podría matarte aquí y ahora si quisiera.
La morena se echó a reír con más ganas.
- ¿De veras eso crees? Bien. Adelante, aquí te espero. Solo ten en cuenta que ahora y no hay medallón que destruir y que molestarías mucho a Madre si me pusieras un dedo encima. Y mi querida amazona, tu no quieres hacerla enojar.
Al final, Lawrence no hace nada. Se queda ahí, bufando en la silla cual estudiante harto de que el tiempo se haga más lento en el salón de clases. A su lado, la criatura más antigua se mofa de ella, disfrutando de la deliciosa impotencia que acababa de incitarle, no usando más que su bien entrenado lenguaje.
Tenía la intención de hacerla estallar en ira, nada más para matar el tiempo, hasta que la presencia de la poseída Lola Perry entró en escena, vistiendo las prendas del terrible nosferatu milenario.
-Lamento la tardanza, chicas. Estaba renegociando unos asuntos con Corvae –Dijo en lo que tomaba asiento en una de las sillas cercanas a la pared— Hola, Mattie ¿Ya te llevas bien con tu nuevo pariente?
-Temo que no nos agradamos mucho. Tomará un rato.
-Oh, qué pena. Pero bueno, estas cosas llevan su tiempo
Se dirigió a Danny esta vez.
- ¿Qué hay de ti, querida? ¿Te gusta tu nueva posición en la cadena alimenticia?
Lawrence trato de no hacer contacto visual.
-Nunca me ha agradado la idea, pero creo poder encontrarle una o dos ventajas.
-Ya te acostumbraras. Tu descuida, nadie asimila la idea de la eternidad tan pronto. Algunos, como Mircalla, llegan a detestarla.
Entonces, como de chispazo, a Belmonde recordó que justo en esos momentos su hermana, donde sea que estuviera, debía pensar que estaba muerta. Sabía que Vondenberg había muerto y que ella huyo a quien sabe dónde con el científico loco… y Hollis.
Si, definitivamente tendría que regañarla cuando volviera a verla.
-Madre –Le llamó—, ¿sigue sin haber rastro de Carmilla?
-Por desgracia no. He hecho mis esfuerzos por encontrarla, pero es como si se la hubiese tragado la tierra. Incluso los soldados revisaron los pasajes y no encontraron nada. Es curioso, no hay forma de que haya podido escapar.
- ¿Qué hay de JP? –Preguntó Danny.
-Los soldados siguen buscándolo. Es bastante escurridizo. No quiere cooperar, es igual que ese grupo de estudiantes extraños que creen que pueden oponerse a todo lo que dicte la escuela. Ya hemos apresado a varios y algunos siguen escondidos, pero tendrán que rendirse algún día. Son detalles de mas, nada demasiado importante.
Danny bajo la cabeza, de algún modo sintiendo algo de culpa.
Summer y Zetas habían pasado a formar parte muy importante de toda su vida en la universidad, y ahora que se veía obligada a hacerlos a un lado, a olvidarlos así tan de la nada, era casi como una pedrada directa en su punto emocional. En este estado ni siquiera sería capaz de parárseles enfrente; ya no los podía ayudar. Muchos ya deberían sospechar que la criatura que había estado causando pavor en el campus los últimos días era la difunta Danny Lawrence en persona. Lo único que le quedaría hacer por ellos era desearles buena suerte o que intentaran no morir en el proceso. En un futuro igual podía hacer algo.
Viéndolo desde otro punto, ya no tenía razones para preocuparse por ellos.
Por ahora, Danny consideraba sus propios objetivos un poco más prioritarios.
-En fin, no es como si ellos realmente importaran –Continuó la Decana— Solo los necesito para llegar a Carmilla y a la pequeña amenaza que la acompaña.
- ¿Por qué tanto interés en encontrarla? –Dijo Matska.
-Hay un asunto pendiente que tengo con ella. Me ha desobedecido de nuevo y eh decidido que no quiero arriesgarme a que vuelva a pasar. Danny aquí va a ayudarme con eso, ¿no es cierto, querida?
Lawrence asintió, sonriente
- ¿Qué? –Se exalto Belmonde— No, no puedes. Es tu hija, enterrarla viva de nuevo no servirá de nada.
-Nadie dijo nada sobre dejarla con vida. Pienso reemplazarla por alguien un poco más confiable – Agrego, mirando a la chica más alta.
Belmonde sintió sus hombros desplomarse. Madre iba matar a su hermana, a su pequeño monstruo.
No, no podía dejarla.
-Ah, por cierto, yo venía a hablar de ustedes de otra cosa. Corvae me ha devuelto el poder de la universidad y han vuelto a trabajar al cráter. La Primera Puerta se ha abierto, ahora solo necesita de un pequeño sacrificio para que funcione debidamente. Ahí entras tú, Mattie.
La morena casi pudo sentir su piel palideciendo y sus músculos tensarse.
- ¿Yo?
-Sí, tu "La Puerta quiere a la torre" ¿Te suena? Tendrás el honor de ser la llave al nuevo mundo que se avecina. Míralo como una compensación por tantos años de buen servicio.
- ¡Estás loca!
-Cuida esa boca. En serio, querida, no me hagas tener que encerrarte hasta el día del sacrificio.
- ¡Pero vas a destruirlo todo! Si haces esto acabaras con todo lo que existe.
-Oh, tampoco es para tanto, no exageres. Solo afectara a los mortales y no es como si tuviese pensado liquidarlos a todos. Sera algo así como un equilibrio entre razas.
-Madre, no puedes simplemente…
- ¡Silencio! –Ordenó severa, logrando que Belmonde se callara— No está a discusión de nada. Todo va a cumplirse al pie de la letra, ¿entendido?
La morena apretó la quijada, hirviéndole la sangre en impotencia y coraje. Lilita, a pesar de utilizar como contenedor el cuerpo de la asustadiza Lola Perry, debía conservar la suficiente energía para utilizar alguno de sus infernales trucos contra ella.
-Sí, Madre –Contesto entre dientes, evitando el contacto visual.
-Excelente. Danny, querida, algunos estudiantes se han unido a los grupos rebeldes para escapar de Corvae y en realidad no quiero que nada arruine esto ¿Me harías el favor de encargarte de ellos?
-Seguro.
-Ah, y también tomate un tiempo para buscar al escurridizo de Armitage y el refugio de Summers y Zetas. Los soldados te ayudarán a vigilar día y noche, y te dirán si notan algo extraño en el campus.
-De acuerdo.
-Retírate.
La chica obedeció y se fue.
Belmonde seguía sin querer hacer contacto con Lilita presente, sobre todo ahora que sin la presencia de Lawrence el sitio parecía haberse hecho más grande. Sabía que el vampiro más antiguo la observaba desde el otro lado de la sala, tal vez disfrutando de toda su tensión y frustración, del miedo que le provocaba pensar en lo que le deparaba a ella y a su pobre hermana menor. Pero no, no le iba a dar ese placer. Seguiría desafiándola incluso a un paso de la muerte.
-Cometiste un error con ella. Aún es muy joven como para seguir tus órdenes.
-La paciencia es virtud. Sera lo mismo que contigo y tus hermanos, solo necesito enseñarle un par de cosas y voila.
- ¿Y qué hay de ti? ¿Piensas quedarte en el cuerpo de Dorothy por la eternidad?
-No es que este muy convencida, pero por el momento es lo que hay. Empieza a volverse un poco complicado. Su consciente aun alega por el control.
-Entonces sigue viva.
-Por condición. Si ella muriese ya no tendría cuerpo anfitrión.
-Genial –Dijo con fastidio.
-Anímate, querida. Mira, entiendo que no quieras formar parte de una catástrofe profetizada hace siglos, pero si lo vez por el lado bueno, ya no tendrás que obedecerme ni soportar a nadie más. No tienes por qué preocuparte.
- ¿Preocuparme de que, exactamente?
-De mí, por supuesto; soy tu Madre. Y estaré perfectamente cómoda en mi puesto en la cima del nuevo mundo con mis poderosos aliados a mi disposición.
Mattie sonrió con sorna.
-Corvae siempre ha obedecido ordenes tuyas, pero no son precisamente grandes estrategas de guerra.
-Oh, ¿no te eh contado?
A la morena se le borro la sonrisa de la cara.
-Mierda ¿Y ahora qué?
-Corvae no serán los únicos que me acompañen, también tengo pensado reclutar a dos individuos bastante interesantes ¿Nunca les hable de ellos? Uno solo puede destrozar a dos ejércitos enteros.
-Suena como si fueran buenas piezas para tu tablero.
-Lo son. Letales, poderosos; artistas excelsos del terror y la sangre. Ambos antiguos amos de la muerte y la guerra. Si logro convencerlos entonces no habrá nada que pueda oponérseme. Tampoco es como si fuese tan fácil, hay un pequeño inconveniente.
- ¿En serio? ¿Cuál?
Lilita sonríe y a continuación se mueve en una posición más cómoda en su silla, sin dejar de mirar su hija.
- ¿Nunca te eh hablado de la organización Hellsing?
[1] "Agnus doomsday" significa "cordero del juicio final"
[2] No siempre hay trabajo en la organización, así que pensé que sería buena idea ponerle a la familia un pasatiempo un poco más común para olvidar un rato todo el rollo sobrenatural. Víctor también ayuda porque hay ciertas plantas que le son útiles. Los vampiros también ayudan en algo de vez en cuando.
[3] Lo de las rosas negras no es invento mío. Son naturales de Halfeti, en el sur de Turquía y también pueden ser sembradas a base de rosas de colores oscuros. Me imagine que una familia como los Hellsing podrían tener algo así de impresionante en su propio jardín.
