Nota: Heidelderc es un lugar que queda afueras de Alemania.
Adiós (Capt. 7)
Habían pasado días desde que Lily y Edward no se hablaban. Él aparentaba no estar interesado por ella, sin embargo, su rostro arrepentido lo decía todo.
Con Alphonse una tarde se encontraba sentado en el comedor de la casa de Heiderich. Disimulaba un poco leyendo el periódico.
- Hermano, ¿Por qué no vas y le pides perdón?- preguntó Alphonse al verlo tan pensativo y distraído.
- ¿Yo? ¿A Lily? ¡Si la que me plantó una cachetada fue ella!- contestó sacudiendo el periódico, la verdad, no entendía del todo por qué Lily lo había abofeteado, creía que era cosa de chicas.- Pero…no puedo evitar sentirme culpable.- rebajó la mirada.
Alphonse lo miró con una leve sonrisa sin que él se diera cuenta.
- Ya me voy, iré a ver a Estefanía.- se preparó para salir a la calle y se marchó tras cerrar la puerta. Ni tan si quiera dejó que Ed le dijera palabra alguna, simplemente se fue, sabiendo que el ojimiel pronto tomaría la iniciativa de disculparse con Lily.
- Ah, ése Al, cree que iré a pedirle perdón de rodillas a Lily…- decía Ed con los brazos cruzados y muy orgulloso.- Aunque….- se dijo y pronto visualizó el rostro de una Lily tiernamente triste. Se puso rojo como tomate después de haberse imaginado la sentimental escena.- Está bien, está bien, iré a pedirle perdón.- dijo serio y un poco terco.
Suspiró torciendo la boca, encogiéndose de hombros al estar frente a la casa de Lily. Esto, iba a ser difícil para él.
Por otra parte, Alphonse arribó a la iglesia en donde Estefanía cumplía su servicio.
Después de que finalizara la misa y que la gente se retirara, divisó en el fondo a una monja que estaba de espaldas prendiendo velas en un altar.
- ¡Estefanía!- la llamó Alphonse.
La chica, que aún no lo veía, puesto que estaba de espaldas, al oír su voz sintió un escalofrió que le caló los huesos.
Ni volteó a saludarlo y empezó a marcharse un poco preocupada.
- Estefanía… ¿Qué sucede?- preguntó también preocupado Alphonse cuando estuvo cerca.
Ella se detuvo.
- Alphonse…hoy regresaré al convento, el de aquí en Heidelderc…- miró hacia otro lado. Alphonse entristeció en seguida. - No quiero que me busques.- dijo virándolo a ver firmemente.
Él no comprendía porqué Estefanía diría algo así, además siendo algo tan anticipado, pero de algo estaba seguro, por cómo lo había dicho no cambiaría de parecer. No le quedó de otra más que quedarse de pie mientras Estefanía se marchaba.
Por otro lado, Edward había entrado a casa de Lily, siempre lo recibían con gusto y todo porque sus constantes visitas le hacían méritos, eso antes de que Lily lo abofeteara.
Subió al segundo piso, le habían dicho que la chica se encontraba en su habitación, lo raro, es que ella accedió a que lo dejaran pasar.
- Ehm, Lily…- dijo un poco apenado tras asomarse en el cuarto.
Lily estaba de espaldas mirando hacia la ventana.
- No Edward, no me pidas perdón, no quisiera que perdieras tu orgullo.- lo viró a ver con una mirada fría.
- ¿Por qué te comportas así? ¡He venido a disculparme, ni si quiera sé porqué, si tú fuiste quien me plantó una cachetada!- dijo un poco molesto por el comentario de la chica.
- ¡No! ¿Por qué te comportas tú así? ¿Crees que arriesgando tu vida conseguirás algo? Si Hohenheim te viera…- dijo sin terminar pues habló demás.
- ¿Qué fue lo que dijiste?
- Yo…nada…- trató de ocultar lo anterior pero Edward lo había escuchado perfectamente, a partir de ese momento el ambiente cambió radicalmente.
- Lily… - la llamó Ed serio y un poco preocupado. Todo empezaba a tener sentido.- hace mucho que no escuchaba ni mencionaba ese nombre… tras la muerte de mi padre… ¿Quién te habló de la alquimia?- preguntó con solidez.
Lily lo miró e intentó remediar lo que había dicho, pero de su boca no salió ninguna excusa. Se dio por vencida.
- Después de terminar de estudiar….me uní a una sociedad secreta llamada Thule. Ahí conocí a Hohenheim, tu padre.- recordó con voz débil y abatida, sin mirarle a los ojos a lo que él fruncía el entrecejo.- Edward, yo...- Lily quería explicarse pero palabras torpes salían de su boca, ni su astucia podría librarle de ésta.
En la mente de Edward resonaban las palabras "No sé más de alquimia de lo que tú sabes" las mismas que le había dicho Lily, luego recordó cuando murió su padre.
- Tú…lo traicionaste…- susurró con coraje y Lily empezó a sollozar dejando salir pequeñas lágrimas.
- No, yo le advertí… que todo era un engaño.
xXx
- ……Hohenheim, debes irte, ellos…pronto…- rogaba Lily desesperada, en un alejando momento, al padre de Edward y Alphonse.
- No Lily.- dijo Hohenheim con serenidad.
- Pero…- musitó angustiada, pero antes de poder decirle algo, éste añadió:
- Hay veces que uno debe sacrificarse para obtener algo y…lo que más deseo es que Edward y Alphonse vuelvan a estar juntos.- finalizó con una sonrisa ante el asombro de Lily.
xXx
- Él realmente quería que estuvieran juntos.- dijo Lily entre lágrimas tras recordar la triste escena.
Edward seguía con la mirada perdida reflejando desolación ante su seriedad.
-Tú...lo sabías todo.- apartó la vista de Lily como si le causara repulsión.
Ella mientras lloraba dejaba oír lánguidos susurros de aflicción por presenciar el rostro de Edward ante la verdad.
- Lily, yo arriesgué mi vida por salvar la de mi hermano, y mi padre arriesgó la suya para que yo y Alphonse volviéramos a estar juntos, entiendo que en un principio te molestaras por arriesgar nuevamente la mía… creí hacerlo sólo por ti…pero empiezo a dudar si realmente valió la pena.- le dijo Ed abatido y triste, mirándola como si sus ojos fueran dagas que le atravesaban el corazón, pues ella tras oír sus palabras cayó de rodillas cubierta en llanto. - Sólo quiero que me digas una cosa… ¿Dónde está el hombre que trajo a éste mundo la bomba de Uranio?- preguntó con mesura dando indicios de marcharse.
Lily cesó su llanto.
- A quién buscas no es al hombre, sino a su creación.- enunció sin levantar la mirada.
Lily tenía razón, Ed había buscado al hombre que había traído la bomba de uranio a nuestro mundo, ya que creía que encontrándolo daría con exactitud con la bomba, pero ahora, teniendo a Lily ante sus pies, ya no era necesario encontrarlo.
- ¿Dónde está?- preguntó Ed refiriéndose a la bomba.
- Antes de que abrieran el portal con tu mundo me retiré de la sociedad de Thule…la última vez que la vi iba rumbo a Francia, sé que ya no le pertenece a la sociedad, así que no sé dónde pueda estar ahora.- contestó Lily habiéndose calmado.
- Debo irme…- dijo Ed fríamente y empezándose a retirar de la habitación.
- Edward…- se puso de pie. Él se detuvo a escucharla.- no lograrás nada si consigues esa bomba…es el destino, algunas cosas deben suceder…- dijo a sus espaldas.- Por algo esa bomba fue creada y traída a éste mundo, si tú evitaras ello, causarías un desequilibrio total entre tu mundo y el mío…sé que en el tuyo han ocurrido tragedias, ahora, nos toca a nosotros. Es la ley de los estados equivalentes.- terminó diciendo ante la mirada estupefacta de él.
- ¡No voy a permitir que ocurra lo mismo!- gritó al retirarse corriendo, dejándola sola y de pie en su habitación.
Ed salió corriendo de la casa de Lily sin saber a dónde dirigirse, simplemente era un impulso orillado por la ira y la rabia. A su cabeza se le venían imágenes del pasado y resonaba en sus oídos cada palabra de Lily "Es la ley de los estados equivalentes" de repente, se detuvo, encontrándose de pie en su presente ahí en medio de las calles vacías de Alemania. ¿Por qué no había nadie en las calles? ante la incógnita, alzó la vista hacia el cielo y vio nubes grises por encima de su cabeza. Una gota cayó justo en su nariz seguida de otras más que le cayeron encima.
- Ella tiene razón…- susurró en su soledad, bajando la vista y escurriendo agua por sus dorados cabellos.
Alphonse estaba de pie en la entrada de la iglesia viendo con desánimo caer las gotas de lluvia, ya llevaba tiempo estando así. De pronto vio salir una monja de edad avanzada.
- Toma.-le dijo la mujer entregándole una carta. Él, manteniendo sorpresa, tomó la carta y con esto la mujer en seguida se marchó. Abrió el sobre y leyó el contenido:
"Alphonse, cuando leas esto, yo ya estaré partiendo hacia el convento, en verdad lamento que esto sea demasiado prematuro, pero mientras más rápido mejor.
Quisiera decirte tantas cosas, pero sólo me queda valor para decirte una última, y la cuál, en un principio, debí decirte. Hace mucho, siendo muy joven, estuve comprometida con un hombre de la milicia de Alemania. Una vez, leí uno de sus documentos y descubrí que trabajaba para una sociedad secreta, por consecuente, trató de matarme….
xXx
Un disparó se oyó en seco y la chica pelirroja cayó al suelo. Cuando despertó todo lo veía borroso a causa de su nublada vista, pronto recuperó sus sentidos y sintió un gran dolor en su pecho, el mismo dolor que la había hecho volver en sí. Se vio así misma bañada en su sangre y aún con dolor se puso de pie, percatándose de que su agresor había huido. Ponía la mano en su herida para evitar la hemorragia, necesitaba ayuda y sabía a donde acudir. Nadie debía saber que había sobrevivido al percance, así que decidió cortar camino adentrándose en el bosque. Creía que pronto caería rendida, pero había más de una razón para no dejarse caer. Dejando gotas de sangre en su trayecto, notó que en el cielo se había formado una nube de humo justo en la dirección hacia la que se encaminaba. Su rostro se llenó de dolor y corrió lo más que pudo a pesar de su herida. Cuando llegó al orfanato, aquel estaba cubierto en llamas, gritos de desesperación se escucharon de pequeños infantes. Ella, ahora con rostro de terror, corrió hacia el interior del edificio.
Salvó a cuanto niño pudo. Uno tras otro salía y entraba al edificio, pero las llamas pronto cobraron su belleza, tal si fuera un cambio equivalente.
Aunque salvó a varios, no pudo salvarlos a todos.
"….Tal vez ahora comprendas la posición que he tomado, más aún cuando mi prometido se enteró de que sobreviví .Él trató de nuevo arruinar mi vida cuando estaba a lado de Heiderich, supongo que Ed te ha contado de aquel incidente en el que me apuñalaron, pero sólo a ti me atrevo a decir que no fue un incidente. Empiezo a creer también que la extraña enfermedad de Alphonse Heiderich no era tan extraña después de todo, pues la especialidad secreta de mi prometido eran las armas biológicas. Alphonse, no tienes idea de lo que descubrí en sus documentos, tampoco tienes idea de los tantos contactos que ése hombre, a quién yo desconozco, tiene. No quisiera perder de nuevo lo que ahora tengo, me marcho sin despedirme porque temo que eso sería más doloroso, además, porque…me cuesta mucho tan sólo llamarte amigo cuando sé que significas mucho más para mí, no quiero mentir más, por eso te digo la verdad.
Huye de mí y yo huiré de ti, así sabré que estás bien…."
Atte. Estefanía
Edward y Alphonse, llenos de dolor, alzaron la vista en el mismo instante hacia el nublado cielo, recordando que todo parecía ir bien hasta que las cosas empezaron a nublarse. A pesar de las lágrimas y lo gris de las verdades, ni ellos, ni nadie, se atrevían a despedirse, como si cada uno se negara a renunciar a lo que sentían.
