Aquí os dejo el siguiente capítulo. No he podido subirlo antes porque hoy hice mi último exámen y tenía que salir a celebrarlo, ¡Jejeje!

Este capítulo lo cuenta Edward, espero que os guste. Un beso a todos.


CAPÍTULO 8: Ella

Edward PoV

Hoy decidí levantarme más temprano que de costumbre. Estaba de mal humor y no quería encontrarme con mi prometida. Por la mañana llegaba a casa la mocosa que Ángela se había empeñado en traer a vivir con nostoros. De la noche a la mañana resutó que tenía una prima cuyos padres habían muerto y ella era su única familia. Por supuesto, Ángela quería hacerse cargo de la chica. Era demasiado buena.

No me hubiera molestado si se hubiese tratado de una niña más pequeña, pero... ¡Una adolescente de 17 años! Tendría las hormonas como una olla express. Insistí en que rechazara la tutela, ambos éramos muy jovenes para asumir la responsabilidad, además de que trabajabamos mucho y no podríamos ocuparnos de ella, pero no hubo manera. Si había alguien necesitado ella tenía que acudir al rescate.

Le repetí hasta cansarme que nos daría demasiados problemas: Chicos, sexo, alcohol, drogas, estudios... ¡Por amor de Dios! ¡Acabo de cumplir los 24! No hace tanto que mi padre me dio la charla de "chicas", ¿Cómo se supone que iba a educar a una chica de 17 años? ¿Qué debería hacer? ¿Llevarla de fiesta con mis amigos los fines de semana? ¡Esto era una locura!

¡Eso teniendo en cuenta que no fuera una delincuente en potencia! ¡No sé cómo he podido permitir esto! Y para colmo de males perdí todo el fin de semana pintando y montando los muebles de la odiosa niña. Por su culpa ahora tenía un montón de trabajo acumulado.

Salí de casa din hacer ruido, antes de que Ángela se levantara. No quería cruzarme con ella. Yo estaba de un humor pésimo y ella estaría entusiasmadísima con su nueva primita, de la que por cierto no sé ni su nombre. No quería discutir con ella, así que opté por la evasión.

Una vez estuve en la oficina empecé a organizar mis citas. Mi secretaria estaba enferma. ¡Vaya día! ¿Qué va a ser lo siguiente? ¿Va a caerme un rayo encima? Porque es lo único que me falta. Por la tarde tenía una reunión muy importante con unos clientes del bufete, así que pasaría todo el día organizando y estudiando los documentos para hacer una buena presentación.

Por fortuna nadie me molestó durante toda la mañana. La mayoría de los abogados estaban en el juzgado. A eso de las 11 decidí hacer un pequeño receso para tomar un café. Café. ¿Dónde diablos está aquí el café? Cuando quiero tomar algo, normalmente Rebecca, mi secretaria, me lo traía al despacho. Decidí que sería mejor ir a la cafetería que estaba a la vueta de la esquina y pedir un expresso para llevar, de paso me daría un poco el aire. Cogí mi móvil y la cartera. Me quité la corbata, la guardé en un cajón y salí a la calle. Caminaba dirstraído, absorto en mis pensamientos hasta que la vi. Era la mujer más hermosa que había visto en mi vida. Me quedé parado en medio de la calle, creo que con la boca abierta, mirándola. Ella iba tecleando en su móvil tan ensimismada que no se dio cuenta de que se dirigía directamente hacia mí. Quise advertirle o apartarme, pero mi cuerpo no me respondía. Nada funcionaba. Sólo era capaz de mirarla. De repente chocó contra mí, tan fuerte que cayó al suelo. Intenté sujetarla, la agarré por el brazo, pero no pude y finalmente quedó sentada en el suelo y yo agachado a su lado.

"¡Mierda! ¡Es que no puedes mirar por donde...!" Empezó a gritar. Quise contestarle: "No, sólo puedo mirarte a ti." Eso no era buena idea. Pesaría que soy un asesino en serie o un violador y saldría corriendo. No lo podía permitir.

Yo seguía mirándola fijamente como un idiota. Como si tuviera entre mis manos el tesoro más precioso. Sus ojos de caramelo derretido me tenían atrapado. Quería tocar sus mejillas, que habían adquirido un dulce tono rosado. Pero no podía moverme. Nada en mí funcionaba correctamente. Seguía sujetándo su brazo, en parte para evitar que saliera corriendo sin decirme al menos su nombre, pero por otro lado porque no quería dejar de tocarla.

En un momento de lucidez me di cuenta de que ella me miraba de la misma forma. Directamente a los ojos. Pero parecía... no sé... estar en shock. ¿Y si se había hecho daño con el golpe?

"¿Estás bien?" Logré articular no sin cierta dificultad. Ella no contestó, tan sólo se mordió el labio inferior. ¡Era adorable! Una mujer de carácter, pero que destilaba inocencia.

Seguía sin responderme y eso hizo que se formara un nudo en mi estómago. ¿Se habría lastimado de verdad? Moví su brazo ligeramente y entonces reaccionó.

"Sí, perdóname iba distraída con el móvil y... bueno, no te vi."

Pues yo a ti sí que te vi. ¡Vaya si te vi! Al oirla hablar sentí como el nudo de mi estómago se diluía, dejando paso a una sensación de cosquilleó que nunca había sentido.

"Discúlpame tú, la culpa ha sido mía. Jamás debí permitir que una mujertan hermosa se golpeara." No sé por qué dije eso. Por un momento me arrepentí, pero ese sentimiento desapareció al ver su sonrojo. ¡Se veía tan dulce...!

La ayudé a levantarse y me volví a adentrar en sus ojos, intentando descifrar su alma, averiguar más cosas de ella. De un momento a otro me di cuenta de que no nos quedaríamos eternamente de pie en medio de la calle. Tenía que conseguir más tiempo con ella, tenía que conocerla y saber todo de ella. Sin pensar mucho encontré la excusa perfecta:

"Déjame compensarte. Permíteme invitarte al menos a un café." Acompañé la frase de mi mejor sonrisa, suplicando internamente para que aceptara. Si no, tendría que buscar otra excusa para conocerla. Estaba dispuesto a lo que fuera.

"Está bien, pero creo que la que debería invitarte, soy yo. Al fin y al cabo esto ha sido por mi culpa. Era yo la que iba distraída." ¿Había aceptado? Tuve que contenerme para no dar un alzar el puño y gritar ¡Yes!.

Lo que no pude contener fue lo que mis labios pronunciaron sin permiso: "¿Por tu culpa? Gracias a ti en todo caso." Era ella la que había provocado que conociera a la mujer más interesante que he visto en mi vida. De todas formas me avergonzó sobremanera no haber podido controlar ese comentario y di un paso atrás, dándole su espacio y soltando su brazo, que aún sostenía. No podía permitir que ella pensara que yo era un tarado o un loco. "Mi cafetería favorita está cerca de aquí, al doblar la esquina, podemos ir ahí." Dije intentando desviar su atención de mis últimas palabras y dando gracias porque ella no lo hubiera escuchado.

Solo asintió pero de pronto se paró en seco y dijo:

"¡Oh! Mi móvil" Me pareció notar una nota de angustia en su voz. De repente lo vi en el suelo y me agaché para recogerlo.

"Aquí está." Le dije mientras se lo daba. Aproveché este gesto para rozar su mano. La necesidad de tocarla se volvía cada vez más fuerte, pero más que tocarla, necesitaba protegerla. Precía tan frágil...

Al tocar su piel sentí desaparecer el resto del mundo. Sólo existíamos ella y yo. Edward, preocúpate. Esto jamás te había pasado con... ¡Ángela! La había olvidado por completo. Sentí como el color huía de mi rostro, así que me dí la vuelta para evitar que la muchacha lo viera y empecé a caminar. Sentí que ella iba a mi lado pero sin tocarme. Una especie de corriente eléctrica fluía entre su perfecto cuerpo y el mío, invitándome a recortar la distancia entre nosotros.

De repente me fijé en que hacíamos una pareja físicamente perfecta. Fue un sentimiento extraño. La chica llevaba unos vaqueros ajustados, una camiseta y una americana. ¡Espera un momento! ¿Lleva tenis? No llevaba zapatos, sino que llevaba unos Puma, y sin embargo podría entrar en el restaurante más caro de Seattle pasando despercibida. No iba especialmente arreglada, pero la elegancia con la que llevaba su ropa hacía que pareciera que vestía de Pret-à-Porter.

No pude evitar recordar a Ángela. Ella era guapa sin duda, y su complexión era muy parecida a la de esta muchacha, ambas me llegaban por la barbilla, más o menos, y sus cuerpos estaban muy bien proporcionados, con las curvas justas. Nada exagerado. Pero mi prometida ni de lejos tenía la elegancia del ángel que ahora caminaba a mi lado y que estaba poniendo mi corazón y mi mente patas arriba.

Llegamos a la cafetería y comencé mi plan para desvelar el misterio que se sentaba a mi lado. Sin embargo al cabo de no sé exactamente cuanto tiempo, cai en la cuenta de algo. Edwar, menos mal que eres abogado, porque si fueras detective, ¡te morirías de hambre! ¡No le había preguntado su nombre! Ante este hecho solo pude avergonzarme, cosa que ella notó.

"¿Ocurre algo? ¿Va todo bien?" Me preguntó, pero no fui capaz de deducir qué emoción se ocultaba tras su rostro. Me debatí internamente. Tenía que preguntarle su nombre, pero me daba mucha vergüenza no haberlo hecho antes. "Solo dilo." Dijo mirándome directamente a los ojos. ¿Acaso yo tenía en la frente un rótulo en la que ponía todo lo que pensaba? ¿O ella leía mi mente?

"Es que... yo... bueno... yo... no sé cómo te llamas." ¡Qué patético eres Cullen! ¡Has tartamudeado como cuando tenías 13 años! ¡Va a pensar que eres idiota!

"¡Jajajaja!! ¿Era eso? ¿En serio? ¡Jajaja!" Empezó a reírse y mi corazón dio un vuelco. En este tiempo juntos la había visto sonreir, pero no reirse abiertamente. Aún era más bella todavía, si es que eso era posible.

"Yo soy un maleducado que no te ha preguntado ni cómo te llamas ¿y a ti te parece gracioso? ¿Qué clase de caballero soy?" La rabia me invadía. Yo quería mostrarme tal y como era, y por descontado mi padre me había enseñado cómo tratar a una mujer, pero con ella no hacía más que meter la pata. Primero la tiraba al suelo y después ni si quiera le preguntaba cómo se llamaba.

"Uno despistado" Dijo aún riendose. "Bella, me llamo Bella."

'Bella'. Definitivamente había que felicitar a quien hubiera escogido su nombre, porque le iba perfecto.

"Yo soy Edward." Cuando me acercó su mano para que se la estrechara no pude frenar la necesidad que me presionaba el pecho desde que solté su brazo en la calle, y la besé en el dorso. Podía sentir cómo todo mi cuerpo temblaba ante el contacto, pero por suerte mi mano se mantuvo firme. Su olor me embriagó, aturdiendo mi mente y todos mis sentidos, llevandose cualquier atisbo de cordura que quedara en mí.

Seguimos hablando, y no sé muy bien cómo terminamos hablando de un caso de estafa que estaba siendo llevado a juicio en estos días. Me sorprendió que argumentara una defensa bastante plausible para el estafador.

"¡No me digas que tú también eres abogada!" Le pregunté gratamente sorprendido por todos sus conocimientos. Más bien supuse que sería estudiante de derecho, porque debía de tener unos 20 años, más o menos.

"No, no, lo mío son más bien....las finanzas." Dijo con aire distraído. "Pero dime, ¿en que bufete trabajas?"

Le conté que trabajaba para un bufete de Seattle que tenía una oficina aquí, y que no llevaba mucho tiempo en la firma porque me había licenciado hacía poco. Pero que lo que realmente me apasionaba era la medicina.

Seguimos hablando, pero con cada pregunta que le hacía ella conseguía más información de la que daba.

El tiempo pasó volando. Cuando me di cuenta era la hora de comer. Estas tres horas con Bella no habían sido suficientes. Pero creo que todo el día a su lado no sería bastante. Ni si quiera una semana o un mes. Edward, ¿Qué estás haciendo? Es una desconocida y tú hermosa prometida te estpera esta noche a cenar con su nueva prima. Ella es una desconocida, ¿no pensarás tirarlo todo por una chica de la que no sabes nada? Pues tendré que averiguarlo todo a cerca de ella, para que deje de ser una desconocida.

Necesitaba más tiempo a su lado. Como fuera. Pues invítala a comer. Pero... ¿y si ella tenía novio? A lo mejor la esperaban para comer en casa, sus padres, por ejemplo. ¡Inténtalo Cullen! ¿Qué te puede pasar? ¿Que te diga que no? Entonces estarás igual que estás.

Bella vio mi debate interno reflejado en mi cara y dijo entre bromas:

"Tú ya sabes cómo me llamo y yo que eres un caballero despistado, así que esto tiene que ser más grave, ¿Qué ocurre?"

Era ahora o nunca. "Bueno... yo... me preguntaba...¿tienes prisa?" ¡Estaba volviendo a tartamudear! El efecto que esta mujer tenía sobre mí era increible. No me ponía así de nervioso desde... ¡Ya ni me acuerdo de la última vez que me puse así! Ni si quiera cuando le pedí matrimonio a Ángela me puse en este estado. ¡Ángela! Ella no se merece esto. Pero... no soy capaz de dejar marchar a Bella, no, no lo soy.

"En realidad no." Dijo poniéndose un poco seria. ¿Será que no quiere comer conmigo?

"Quizá te apetecería comer conmigo. Bueno, si no te espera nadie, claro. No sé..." Definitivamente mantener mi voz firme a su lado era una caso perdido.

"Sí, claro, me encantaría comer contigo, pero yo invito." ¿Había aceptado? ¡Ha aceptado!

Me negué a dejarla pagar, quería mostrarle que realmente era un caballero, tartamudo en algunas ocasiones, pero un caballero al fin y al cabo.

La llevé hasta mi coche, mi orgullo. Me encantaba ese coche. Lo compré al poco de entrar a trabajar en el bufete. Fue lo primero que compré con mi propio dinero. Al abrirle la puerta del copiloto para que entrara pasó a mi lado y su dulce olor nubló todos mis sentidos. Estaba tan cerca de mí que podía notar el calor que emanaba su cuerpo. Lo único en lo que podía pensar era en abrazarla para que nunca más se pudiera separar de mi lado. Aún no sé muy bien me contuve y recé para que no se volviera a acercar tanto, porque no sabía si la próxima vez mi autocontrol resistiría.

Comimos en un restaurante italiano. Era uno de mis favoritos. No es escesivamente lujoso, al contrario, era bastante familiar, creo que ese es su encanto. Además de que la comida era increíble, claro.

Seguimos charlando y conociéndonos a través de nuestras opiniones. Estábamos en nuestro propio mundo, donde nadie más existía además de nosotros dos, hasta que su móvil sonó. Al ver la pantalla del teléfono su gesto cambió bruscamente. En él había una extraña mezcla de emociones, sorpresa y confusión desde luego, pero también ¿miedo? ¿alegría? No entendí muy bien qué pasaba por su mente, pero no me gustó.

"Dicúlpame un minuto, por favor." Dijo en un tono frío. Asentí, comprendiendo que no quería hablar delante de mí. Es normal Edward, no te conoce de nada.

Mi cerebro trabajaba a mil revoluciones por minuto, intentando encontrar una explicación a su repentino cambio de humor. ¿Sería su novio? ¿Se sentía culpable por estar conmigo? Pero no estábamos haciendo nada malo, bueno, al menos de momento.

El timbre de mi móvil me sacó de mis cavilaciones. Miré la pantalla cruzando los dedos para que no fuera mi prometida. Esa palabra cada vez me suena más extraña. No sé qué estás haciendo Edward, pero esto va a acabar mal. Afortunadamente era Eric, un compañero del bufete.

"¿Dime Eric? ¿Para qué soy bueno?"

"¡¿Se puede saber dónde diablos estás?!" Dijo gritando histerico. ¿Qué demonios le pasaba? ¿Por qué me hablaba así?

"¿Se puede saber qué te pasa? ¿A qué vienen esos gritos?" No entendía nada.

"¿Como puedes estar tan tranquilo Cullen? Tienes una reunión dentro de media hora y no te he visto en todo el día, ¿se puede saber dónde estás metido?"

¡Maldita sea! ¡La reunión! Lo había olvidado por completo. Si salía ahora mismo y conducía como a mí me gustaba, quizá llegara a tiempo. Quise levantarme pero mi cuerpo no me respondió y una serie de imágenes se fijaron detrás de mis párpados: Bella sonriendo, Bella sonrojándose, Bella bromeando, Bella mirándome a los ojos, Bella riéndose a carcajadas, Bella caminado a mi lado...

Simplemente no tenía opción, no podía alejarme de su lado, todavía no. Esto va a acabar mal.

"Eric, hermano, tienes que hacerme un favor." Supliqué a mi amigo.

"¡Oh Dios! ¡Edward! Cuando me llamas hermano es porque nada bueno se avecina. No me pidas lo que creo que me vas a pedir. Por favor, dime que estás de camino y que llegarás en cinco minutos, ¡por favor!" Eric sonaba desesperado, pero yo lo estaba más.

"Eric, tienes que ir a esa reunión por mí. Los papeles están encima de mi escritorio. Yo no puedo ir, de verdad, es una emergencia."

"Mira, no sé en qué andas metido, pero no me gusta. Esto es muy extraño en tí. Iré a esa reunión, pero más vale que me des una buena explicación mañana."

"¡Eres el mejor Eric! Me has salvado la vida, te debo una." Colgué y vi cómo Bella volía a la mesa de nuevo. No logré esquivar la sonrisa que se apoderó de mi cara al pensar en que podría pasar el resto de la tarde con ella. Y más feliz me sentí al ver que sonreía igual que yo. Sin embargo no pude evitar sentir una punzada de celos al ver que dos hombres sonreían y comentaban a su paso.

Al terminar la comida, se me volvió a plantear de nuevo el mismo problema, ¿tendrá que irse ya o podré pasar agún tiempo más en su compañía? Así que decidí preguntarle:

"¿Qué te apetece hacer ahora?" Suplicando interiormente para que no me dijera que nuestro tiempo se había acabado.

"Pues... la verdad es que esta mañana estaba buscando una librería, no sé, quizá tú conozcas alguna." Sonreí al escuchar esto. No solo iba a pasar más tiempo en su compañia si no que además compartíamos el amor por la literatura.

"¿Buscas algo en concreto? ¿Literatura especializada?"

"Nop, simplemente es que mi biblioteca necesita una pequeña ampliación." Sonrío y mi corazón se derritió.

"Entonces te llevaré a mis favoritas. Una de ellas tiene un apartado con sofás y cafetería. Los viernes organizan charlas y debates a cerca de libros o géneros literarios. También fimas de libros, proyecciones de películas en versión original y cosas por el estilo." Sobre todo iba allí cuando estaba en la Universidad, pero de vez en cuando seguía llendo.

"¿En serio? ¡Eso es estupendo! Cuando me trasladé aquí jamás pensé que habría un sitio así, es realmente genial. Vamos, ¡me muero por verlo!"

La llevé a otra librería, que quedaba de camino, antes de enseñarle el sitio del que le había hablado. Pareció fascinada por la variedad de libros y la calidez del lugar. Nos sentamos en uno de los sofás, pedimos un par de capuccinos y pasamos el resto de la tarde charlando de literatura.

No sé cuanto tiempo transcurrió, pero de pronto miró el reloj y su hermosa cara mostró preocupación.

"¿Qué ocurre? ¿Estás bien? ¿Algo va mal?" Cogí su mano al preguntarle, necesitaba sentir su piel.

"No, todo está bien. Es sólo que me esperan a cenar. Tengo que marcharme." Murmulló.

Sentí como mi corazón se encogía en mi pecho al escucharla. Había pasado todo el día a su lado, pero aún así, no era suficiente. "Está bien. ¿Cuándo... cuándo nos volveremos a ver?" Tenía que saber cuando volveríamos a estar juntos.

"No te preocupes, si es nuestro destino, nos volveremos a ver." Dijo mientras se levantaba de la mesa y se dirijía a la puerta.

¿Qué? ¿El destino? ¿Como pretendía que dejara en manos del azar volver a verla? Si ni siquiera me había dado su número de teléfono. Cullen, mueve el culo y llévala a casa. Me levanté como alma que lleva el diablo y salí a buscarla. Afortunadamente se encontraba a unos metros de la puerta. Cogí su brazo y la giré para que me mirara. Con el impulso quedó pegada a mi cuerpo, sin un centímetro que nos separase.

"¡No! No confío en el destino. Tengo que volver a verte."

Me deleité con el marrón de sus ojos. Su olor me aturdía de tal modo que no pude evitar besarla. Lentamente me acerqué a sus labios, esos que llevaban todo el día volviéndome loco y la besé.

"¡¿Bella?! ¿Qué está pasando aquí?" Era la voz de un hombre. ¿Sería su novio? Tal vez sólo era su hermano.

Sentí como la ira recorría cada parte de mi cuerpo tensando todos y cada uno de mis músculos a su paso. Llevaba todo el día queriendo besarla, y, cuando por fin lo consigo, ese idiota me interrumpe.

"¿Quién es este tipo Bella?" Dijo el muchacho agarrandola por el brazo.

¿Quien se creía ese mocoso para tratarla así? Noté como mis puños se cerraban a mis costados. Necesité de todo mi autocontorol para no romperle la cara.

"Tranquilízate Jacob, sólo es un amigo." Dijo Bella con tono firme.

"¿Un amigo? ¿A caso crees que soy idiota? Vámonos de aquí, te llevaré a casa." Definitivamente ese idiota sin modales era su novio.

¡Mierda! Tiene novio. Normal, ¿qué hombre no querría estar con una mujer así? Pero por otra parte, ¡tú estás prometido! El animal llamado Jacob tiró de Bella, pero ella se soltó y le dijo algo que no pude oir. Él sólo respondió:

"Está bien" Se dio media vuelta dirigiéndose a un coche rojo aparcado a unos metros.

Cuando Bella se aseguró de que él se apartaba, se giró para encararme, se acercó a mí quedando aún más pegados que antes y me acarició la mano:

"Te prometo que nos veremos pronto. Confía en el destino." Musitó contra mis labios.

Sentí que todo mi mundo giraba en torno a ella. Quise acercarme y darle el beso que ese idiota había interrumpido. Si se atrevía a enfrentarme por besar a su novia, no me importaría partirle la mandíbula. Pero entonces me di cuenta de que delante de mí sólo había aire, y Bella caminaba con paso apurado hacia el coche rojo.

"Pero no confío en el destino" Dije a su espalda. "Tengo que volver a verte." Susurré para mí.

Aún sentía como me ardían los labios, reclamando el beso que les correpondía. Me quedé unos minutos de pie en la acera, como un idiota, hasta que el sonido de mi teléfono me sacó del trance.

"¿Si?" Contesté aún ausente.

"¡Hola amor! Te llamo para decirte que en media hora termina mi turno, después pasaré a recogerte por tu oficina." Era la voz de Ángela y, para colmo de males, estaba más contenta que de costumbre.

"Ok. Pero, ¿por qué tan contenta?" En este momento no es que me interesase mucho, ya que solo podía pensar en una persona, Bella. Era más una pregunta de cortesía.

"Edward, no me digas que lo has olvidado. Hoy llegaba mi prima a casa. ¡Ya verás! Parece una chica estupenda. No es para nada lo que nos habíamos imaginado. Tiene pinta de ser seria y responsable. ¡Te va a encantar!"

Había olvidado que ese saco de hormonas en ebullición estaría instalada hoy en mi casa. Lo único que esperaba era que no se hubiera atrevido a tocar mi piano, mis libros o mi música, por su bien.

"Es cierto. Te espero en la oficina entonces." Colgué antes de que me dijera que me quería y no supiera qué responderle. Era mejor así.

Recogí mi coche de donde lo había aparcado y me dirigí a la oficina. Ángela saldría del hospital en media hora, y de ahí hasta mi oficina había otros 15 minutos andando, tal vez 20, así que tenía unos tres cuartos de hora hasta que llegase. Cuando llegué al bufete sólo quedaban un par de despachos ocupados. Encima de mi mesa había una nota:

Más vale que haya sido grave. Mañana espero una explicación y no lo pasaré por alto. La reunión salió bastante bien teniendo en cuenta que sólo tuve media hora para informarme y que yo no era el abogado que esperaban. ¡Me debes una y grande!

Eric

Me puse la corbata y decidí esperar a Ángela abajo. Cuando llegó me saludó con un pequeño beso, desatando un montón de preguntas en mi cabeza. ¿Como iba a volver a besar a mi prometida si lo único que ocupaba mi mente era Bella? ¿Cómo sería capaz de seguir mirándola a los ojos? ¿De decirle que la quería? De lo que estaba seguro era de que ya no podría volver a acostarme con Ángela, porque ella jamás me hizo sentir lo que Bella logró con un simple roce. Lo único que tenía claro era que me moría por verla de nuevo. La buscaría por toda la ciudad si era necesario.

Afortunadamente Ángela se dedicó a parlotear durante todo el camino, sobre la mocosa y de cómo le había ido en el hospital, por lo que bastó con que emitiese ciertos sonidos de aprobación y algún que otro monosílabo.

Antes de entrar en el apartamento, me advirtió muy seria:

"Más vale que te comportes Edward, porque mi prima se ha ofrecido a preparar la cena."

"Genial" ¡Eso era lo que me faltaba! Además me quedaría sin cenar. ¡Esperemos que no haya quemado la cocina!" La respuesta a mi comentario fue un codazo en las costillas.

Abrí la puerta y dejé mi maletín en el suelo.

"¿Hola? ¡Ya estamos en casa!" Saludó Ángela mientras cerraba la puerta.

"¡WoW! ¡Huele realmente bien!" Dije impresionado. Después de todo, quizá no sea tan malo como yo había pensado. Sentí que mi corazón rugía ante el olor tan agradable que venía de la cocina.

"¿Sabes?" Susurró Ángela abrazándome por la espalda. "Aún no me has dado ningún beso hoy."

Ni pretendía hacerlo. Sin embargo me giré y apoyé las manos en su cintura. Estaba tan cerca de ella como lo había estado de Bella hace una hora, pero Ángela no me hacía sentir ni una décima parte de lo que sentí en aquel momento. Sin embargó antes de que pudiera besarla, se apartó de mi con las mejillas teñidas de rojo. ¡Dios! Su rubor no tiene ni punto de comparación con el de Bella. Fue entonces cuando me di cuenta de que su prima estaba de pie detrás de mí. Y entonces algo me alteró, un olor llegó a mí. Ese olor... como a fresias...

"¡Oh! Perdón. Mira cariño, te presento a Bella, mi prima." Al oir esas palabras sentí mi mundo derrumbarse. No podía ser.

Me giré mientras mi mente hacía una estadística de con las probabilidades de que hubiera dos 'Bellas' en Forks y de que ambas olieran igual. Esto no puede estar sucediendo.

Al darme la vuelta la vi ahí parada, tan hermosa como esta tarde, con su deslumbrante sonrisa, pero pálida. Su rubor ya no estaba. Debo de estar soñando. ¡Tiene que ser eso!


Supongo que era de esperar que el prometido de Ángela fuese Edward, no? A Alec aún no le ha llegado el turno de aparecer, pero cuando os entereis de lo que le hizo a Bella lo vais a querer matar!! Jejeje!!

Bueno, espero vuestras reviews, por fi, me animan un montón!! Y para que lo sepais, son las 5 de la mañana!! Mirad a qué horas me teneis escribiendo!! Jejeje!!!

Un beso a todos y gracias por estar ahí!!