Capítulo 8: Solitarios en la obscuridad

Atravesó la gran puerta de metal que estaba solo trabada con una cadena y un candado bastante nuevos para el tiempo en que ha estado cerrada la fábrica pero no ella le dio importancia, atravesó veloz pero cuidadosamente el pasillo y al dar la vuelta vio a unos seres como insectos gigantes que ya había visto en la ciudad, estaban devorando el cuerpo de una persona, alguien que tal vez estaba escondido allí ya que traía ropa normal. Jill apunto con su lanzagranadas y disparo dándole a aquel ser repugnante provocándole la muerte. Jill continuo con su recorrido y entro a la última puerta del pasillo, la abrió con rapidez y apunto para asegurar la zona pero al parecer estaba despejada, la sala parecía una pequeña oficina y había una puerta más atrás pero ella por el momento no quiso inspeccionar, tomo una silla que estaba junto a la mesa y se sentó dándole la espalda a la puerta, su cara parecía la de un muerto, sin expresión alguna, puso sus armas en la mesa a su derecha, aun sin expresión puso sus codos en la mesa, agacho la mirada y escondió su rostro entre sus delicados brazos y se puso a llorar recordando todo lo que le había sucedido en las últimas horas, sobre todo en el hombre y compañero que había perdido, ella se sentía abrumada y culpable ya que debido a ella el murió.

-maldita sea, fue un estúpido, porque razón salvarme, no lo entiendo, porque tenía que jugar al héroe en ese momento, ¿Por qué? Apenas y me conocía. Si yo no hubiera sido tan egoísta y cobarde el seguiría con vida, si tan solo me hubiera ido cuando estábamos en la torre del reloj él no hubiera corrido ningún peligro, seguro que él podría haber salido de aquí, era un tipo muy duro pero ya nada importa, hubiera preferido que ese monstruo me matara a mi ¿Por qué? Todo es tu culpa Carlos por querer jugar al galán maldito te odio y lo que más dio es que me hallas dejado sola me prometiste que escaparíamos de aquí…-

Se decía en voz alta y con un mar de lágrimas en sus ojos, la castaña que siempre había sido una persona fuerte esta vez no ocultaba su llanto, fácilmente cubría todo el cuarto de sus lamentos, sabía que nadie la escucharía y además si ese ser monstruoso regresaba ya no le tenía miedo, incluso si en ese preciso momento la mataba ya no le importaba incluso eso sonaba una propuesta aceptable, al menos así se reuniría con aquel hombre que dio su vida por ella sin siquiera conocerla.

-Carlos maldita sea, no me explico que paso por tu mente, incluso ya me estaba enamorado de ti y tu maldito acento ya empezaba a hacerme sonreír de vez en cuando-

Sonrió un poco al pensar en eso pero de repente el llanto le regreso a los ojos y se ocultó más entre sus brazos, continuo vario tiempo hay encogida, casi al grado de quedar dormida pero despierta, sola en sus pensamientos que no la llevaban a ninguna parte con los ojos completamente perdidos en una espesa capa de lágrimas inertes allí retenidas. Entre sus pensamientos escucho que la puerta se abría y que alguien entraba lentamente, ella pensó que se trataba de algún ser o de aquel monstruo que la perseguía, pero su cuerpo no le respondía, en ese instante nada le interesaba. Escucho que se acercaba lentamente y ella ya dispuesta a morir o dejar que la mataran solo suspiro y cerró los ojos, sitio que la sujetaban fuertemente de los brazos casi a la altura de los hombros y la levantaban volteándola al mismo tiempo, ella abrió los ojos y vio algo que la dejo sin expresión en el rostro…

El mercenario no sabía dónde estaba ni que ocurría, solo sentía un fuerte dolor en el abdomen, seguramente una de sus costillas estaba rota y por el momento él no podía moverse. Alzo la cara y de repente se levantó de golpe al tener un flashazo repentino de lo que había pasado, movió su cabeza a todos lados buscando a su fiel compañero que estaba a unos cuantos metros a su izquierda, pensó la manera más rápida de llegar arriba donde seguro estaba Jill o eso esperaba. Siguió unos cuantos pasos, de repente salto a unos arbustos al ver a dos figuras humanas que se movían con agilidad por el desagüe de la fábrica.

-estoy seguro que son humanos, pero no sé si deba confiar en ellos, los seguiré tal vez conocen la ruta de escape-

Carlos los siguió de cerca y descubrió una ruta de entrada y solo tenía que subir una escalera, pero antes de subir por ella escucho una discusión de los dos hombres que allí estaban y uno de ellos le recordaba a la forma de hablar de Nicholai.

-Estás loco, hay que salir de aquí rápido, acabo de recibir informes de que ya dieron luz verde al misil nuclear para esterilizar la ciudad, ya tenemos todas las pruebas y lo más seguro es que los demás supervisores ya estén muertos y tenemos la muestra y los datos de batalla de todos los especímenes que soltaron no tenemos nada más que hacer aquí Nicholai vámonos de una vez-

-está bien, creo que tienes razón soldado, solo que hay un pequeño problema ¿en qué saldremos de aquí?-

-en el patio de atrás hay un helicóptero listo para la evacuación así que vámonos lo más rápido posible de aquí-

-muy bien, solo que hay un pequeño problema, tu no vienes-

¡Pum!

Se escuchó un disparo y después pasos que corrían en un torrente de agua, cuando no se escucharon más pasos Carlos subió por la escalera y al cruzar, vio que el hombre al que le dispararon aún seguía con vida

-hey amigo resiste-

Le decía Carlos sabiendo que ya nada lo podría salvar, seguramente la bala le había atravesado un pulmón y comenzaba a desangrarse poco a poco internamente.

-tu quien eres, o ya veo eres uno de los mercenarios que enviaron y aparte eres muy joven muchacho, pero sal de aquí lo más rápido, al amanecer aran explotar la ciudad. Ten este mapa y esta tarjeta, te dará acceso a la salida trasera donde está el helicóptero, solo prométeme una cosa chico-

-¿Cuál?-

-mata al hijo de perra de Nicholai si es que lo vez-

Y con estas últimas palabras el sujeto murió, Carlos se puso en marcha hacia arriba, ahora ya tenía un poco de esperanza, solo le quedaba encontrar a Jill y salir de ese maldito lugar, claro antes de que Nicholai se le adelantara.

Corrió deprisa siguiendo el mapa que le habían dado aquel sujeto y llego a un elevador por el cual subió, hasta ahora solo había unos cuantos zombis lentos los cuales eludió perfectamente pero al llegar a la parada del elevador vio a 4 de esos seres rojos y negros de garras largas paseando por el pasillo, él sabía que si llamaba su atención estaba muerto, no disponía de tanto poder de fuego para los cuarto dejando de lado que estos eran muy rápidos, pensó rápidamente en un plan para salir de allí y vio 3 tanques de oxígeno en una esquina

-si tan solo pudiera atraerlos allí, podría acabar con ellos-

Carlos tomo un cubo de metal que estaba a su derecha y lo arrojo para llamar la atención de esos seres, el plan funciono los 4 saltaron bruscamente hacia el lugar y en el momento que voltearon Carlos disparo a los tanques matándolos a todos y corrió a la puerta, salió a un pasillo largo en forma de U y continuo hasta la salida le aquel lugar, afuera no había nada y el puente estaba todo destrozado, el chico perdió las esperanzas y al entrar de nuevo en la fábrica vio en el mapa que al final del pasillo había un cuarto que aún no había explorado. Casi sin esperanzas el mercenario fue a ese pasillo, vio que había un ser que parecía mosco todo achicharrado y una marca en el lugar, seguro esa debió de haber sido Jill, quien más portaría un lanzagranadas y corrió a inspeccionar el cuarto que faltaba.

Entro sigilosamente a esa habitación por si había alguno de esos seres allí adentro, también estaba en su mente desde el momento en que se dirigía hacia allí ver el cuerpo muerto de Jill, cosa que le ponía los pelos de punta y trataba de no pensar en eso aunque tal vez fuera posible, por su mente pasaban un mar de sentimientos, era como esperanza y desilusión al mismo tiempo, no quería ver el cuerpo sin vida de Jill pero también estaba preparado para enfrentar su muerte si así era el caso, lo único que no se podía permitir era irse de allí sin haber recorrido todo el lugar y cerciorarse de que Jill estuviera allí viva o muerta sea cual sea el resultado estaría satisfecho de saber que al menos la encontró.

Abrió la puerta y apunto rápida pero silenciosamente hacia adelante y vio una figura delgada y atractiva que se acongojaba en la mesa mientras lloraba amargamente. Era Jill él lo sabía, su instinto se lo decía aunque no sabía porque estaba así, se apresuró hacia ella esperando que nada malo le hubiera pasado, la tomo de los brazos a la altura de los hombros y la volteo hacia él, era Jill tan preciosa y tierna con lágrimas en los ojos.

Ella lo vio y su cara se quedó atónita, la del muchacho también se quedaron viendo unos segundo que para ellos parecían horas pero horas maravillosas para los dos, la muchacha se le lanzo al cuello y los dos se besaron apasionadamente sobres todo ella que lo abrasaba fuertemente y casi parecía comérselo a besos, el mercenario le correspondía casi de igual manera, ninguno de los dos quería soltarse. Los dos querían estar así por siempre y si morían en ese instante no importaba, ambos eran felices, Carlos de momento se separó un poco sin dejar de abrasarla y le dijo

-valla preciosa, solo nos separamos un poco y parece que nunca más me ibas a volver a ver-

-cállate, creí que nunca escucharía tus tonterías y no vería tus ojos cafés de nuevo, pensé que estabas muerto-

-yo no podría dejarte e este lugar solo, te prometí que escaparíamos juntos y ya sé cómo-

Carlos le conto todo lo de el plan y lo que paso en los pisos inferiores

-si esto es cierto debemos irnos lo antes posible Carlos qué tal si Nicholai encuentra el helicóptero antes-

-tranquila preciosa, el tipo que me dio el mapa me dijo que Nicholai no sabía dónde estaba el helicóptero además que este es su mapa-

La chica asistió con la cabeza y cuando Carlos se dispuso a abrir la perilla de la puerta Jill lo volvió a besar apasionadamente diciendo

-si morimos aquí quiero que sepas que la respuesta a lo del puente es si y ya no me importa nada, solo que tu estés aquí-

Carlos se sonrojo no sabía que decir

-mira, que tal si olvidamos eso y me lo dices una vez que salgamos de aquí-

A Jill le pareció raro eso pero no le dio mucha importancia, solo quedo un poco atónita. Por otra parte Carlos recordó que ella le había comentado que tenía a otro y que tal vez esas palabras en ese preciso instante estaban disfrazadas de agradecimiento y no de amor, él sabía muy bien lo que era ese sentimiento de agradecimiento y quería que cuando Jill le dijera eso fuera sin ninguna presión de la ciudad y sobre todo que sean sinceras para que no se le rompiera el corazón una vez que salieran de esa pesadilla.

El abrió la puerta y Jill salió primero en dirección a la puerta que estaba cerrada con una chapa electrónica que los llevaría al final de esa pesadilla