Aviso: Habrán algunas escenas de sexo explícito, pero NO vulgar, así como también algunas palabras altisonantes en momentos requeridos durante la trama, pero NO serán frecuentes, si entiendes que esto es un inconveniente para ti, tienes la libertad de abandonar la lectura cuando gustes.
Inocente
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 8
Vio como sus ojos adormilados y cansados se agrandaron de repente, primero por el asombro de su petición, segundos después, recargados de lágrimas, de dolor y de una decepción profunda. Él se retiró de encima de ella para que pudiera levantarse, le costó porque no quería dejarla ir, su corazón, su alma, no querían que se fuera, tampoco su cuerpo luego de haber explorado la calidez del suyo, que al culminar un acto tan bonito, a pesar de las circunstancias, sólo lo invitaba a dormirse junto a ella, en su tierno abrazo.
Candy se sentó un momento en la orilla de la cama y emitió un largo suspiro, con las lágrimas atrapadas, negándose a soltarlas, Terry la observaba, esperaba su reacción. Pero Candy no dijo ni una sola palabra. No decía nada, absolutamente nada, ni un reclamo, ni exigía una explicación. ¿Por qué? Se preguntó Terry. ¿Será que en el fondo no había sido tan importante para ella? Sólo un capricho que él le había cumplido.
No, no era eso. Recordó muy bien por qué esa reacción tan resignada de ella. "Susana me dijo que siguiera adelante, aunque me lastimes..." Y justo eso ella estaba haciendo, siempre fue conciente de su destino, se había preparado para ello. ¡Maldita Susana! ¿Cómo pudo aconsejarle eso? No podía dejarla ir así... ¿En qué estaba pensando?
Candy finalmente se puso de pie, adolorida, su entrepierna ensangrentada y con otros fluídos que el acto había desprendido. Terry la miró lleno de arrepentimiento. Se percató de la estela de sangre en sus sábanas. Sangre de ella, del dolor que soportó por él al entregarse. Le entregó su primera vez a él, le confió su cuerpo a él y había pagado un alto precio. Había sido suya, sólo suya y él iba a dejarla ir... así iba a echar de su vida a la única mujer que había sido sólo suya, sin condiciones.
—Candy...— Se le acercó e intentó tocarla, buscar su cercanía, pero ella lo esquivó, con su gesto altivo.
—Sólo dame un momento para asearme...— Dijo y se dobló ante la molestia del dolor.
—Candy, olvida lo que dije, puedes... puedes quedarte...
—Voy a asearme y me voy.— Ni siquiera lo miró.
—Por favor, no quise decir eso, quédate...— Le tomó el rostro y la miró a los ojos, pero los ojos de Candy estaban llenos de rabia y dolor.
—¿Ahora? ¿Ahora quieres que me quede? Ahora el señor ha decidido que me quedo. ¡Puedes irte al diablo! ¿Y sabes qué, Jack? Ni te preocupes, ya no tendrás que verme, ni lidiar con la niñata malcriada y caprichosa que dices que soy, no me volverás a ver nunca, no me cruzaré más en tu vida y espero...— hizo una pausa en la que finalmente aflojó el nudo de su garganta y lloró.— Espero que te lo hayas disfrutado, ganaste una medalla más para tu ego.
Ella consiguió sacarle un par de lágrimas, lo golpeó y lo aturdió sin ni siquiera tocarlo. Desde la muerte de su padre hacía cinco años, Terry no había sido capaz de conmoverse jamás y mucho menos llorar. O arrepentirse de algo. Se estaba arrepintiendo de hacerla sufrir de esa forma tan ruin. Los Andrew eran unos malditos infelices a los que les deseaba la muerte de mil maneras, pero Candy... ella era inocente y él la había arrastrado al infierno por su necedad.
—Candy, hablé sin pensar, realmente no quiero que te vayas. Quiero que te quedes, lo digo en serio.— Desesperado tomó sus manos, en un intento de retenerla.
—Sabes, Jack, los Andrew tenemos muchos defectos, no conocemos la humildad, no sabemos perder, pero hay otra cosa que tampoco sabemos, ¡rogar!— Le gritó.— Hice esto... te dejé hacerme el amor porque quise y porque además me enamoré de ti, pero no voy a rogarte, Jack Smith, ¡nunca! Ni teniendo la muerte delante.— Se soltó de sus manos y se encaminaba al baño.
En su confesión, Terry llegó a la suya, pero en silencio. Se había enamorado de ella y eso le daba rabia y le dolía porque simplemente no iba a dejar que se fuera, no todavía. Sabía que tarde o temprano iba a perderla, cuando ella descubriera toda la verdad, porque aunque la amaba, no iba a desistir de su venganza, pero tampoco iba a perderla antes de tiempo.
—Entonces, soy yo quien te ruega, Candy.— Se volteó extrañada.— No sé rogar tampoco, pero supongo que me estás enseñando...
—Jack, me voy.— Su firmeza se estaba quebrando, pero aún así mantuvo la altivez.
—Seguiré rogando.— Le dio una sonrisa agridulce.— Toda la noche si es necesario.
Se le acercó y por fin la volvió a besar. Recibiendo todos sus golpes y arañazos, los aguantó todos y no se defendió, pero no dejó de besarla ni un sólo momento hasta que ella se rindió. Cuando él comenzó a abrazarla y acariciarla, ella se asustó.
—Jack...
—Dime.— Enjugó sus lágrimas y la miraba distinto.
—Voy a quedarme, pero... no me lo hagas otra vez todavía, me duele demasiado...
—Sólo quiero que te quedes y duermas conmigo.
—¿Sólo dormir? ¿No me vas a...?
—No, Candy. No soy tan malo como crees, pero si cambias de opinión...
—¡Ya!— Lo empujó.
—¿Quieres la tina?
Se la preparó y luego fue por ella. La tomó en sus brazos, desnuda y la metió en el agua tibia. Candy no podía creer semejante arrebato de ternura luego de que sin miramientos la había corrido.
—¿No entrarás conmigo?
—No te conviene que yo entre contigo, Pecas.
Tomó su jabón y lo frotó contra la suave piel de sus hombros y brazos, lo frotó en sus senos y vientre, luego ella se giró y se inclinó para que él enjabonara su espalda.
—Ahora oleré a hombre... a ti...
—Lo siento, para la próxima vez compraré jabones para ti.— Le dio un beso. Era una versión de Terry muy nueva para ella.
Terminó de bañarla, disfrutándose ese momento. Con ella, para él todo estaba siendo nuevo también, porque todo era puro en ella, tenía esa inocencia tan grande que lo estaba perdiendo y estaban aflorando sentimientos que juró haber enterrado junto con Susana.
—Iré por una toalla para sacarte.
—Pero no quiero salirme todavía...— le hizo pucheros, jamás pensó que amaría un gesto como ese.
Luego de cambiar las sábanas y acomodar la cama, fue por Candy y la sacó envuelta en la toalla, la sentó en la cama y él mismo se puso a secarla.
—¿Quién eres y qué hiciste con el Jack de hace un rato?
—¿Qué hiciste tú con él?
Tras secarla, le puso una de sus camisetas y le prestó un bóxer nuevo que a ella le quedaba como un short.
—¿Me veo sexy?— bromeó ella, conciente que no era un atuendo atractivo precisamente.
—Muy sexy.— Contestó él riéndose.
—¡Mentiroso!
—No miento. Me gusta todo de ti.
Recorrió sus piernas y muslos, pero se quedó con uno de sus pies. Masajeándolo un rato, besándolo.
—¿Qué te traes con mis pies?
—Son preciosos. Y pequeños, muy suaves...
—Mmmm... te tengo a mis pies...— Le dijo mordiéndose los labios con diablura.
—No presumas, pequeña, puede que el viejo Jack vuelva.— Le dio un beso en los labios y fue a bañarse él.
...
Bajo la ducha él pudo meditar. Reconoció ahí su error. Debió haberle hecho caso a George y dejar a Candy fuera desde el principio. Pero siempre había sido un necio y ese era su maldito problema. Ahora se había enamorado de ella, ahora no quería dejarla ir y era una tortura conocer que en cualquier momento iba a perderla. Cuando su venganza se llevara a cabo en su totalidad, ella iba a odiarlo y él no podía hacer nada por evitarlo, no podía derrotar a los Andrew sin dañarse a sí mismo. Le había pasado por la mente decirle la verdad a Candy, pero sabía que ella no lo entendería, sólo vería el engaño y el amor por su familia la cegaría. Ella no iba a quedarse con él tras la caída de sus hermanos ni iba a permanecer junto a él a sabiendas de sus planes. Hubiera sido mejor no haberla conocido, pero ya era tarde.
Estaba en sus manos decirle la verdad y no llevar a cabo su venganza por ella, sólo por ella. Pero Albert no merecía ese sacrificio, tenía que pagar por lo que hizo, por la muerte de su padre y además, desistir no le garantizaba que Candy permaneciera a su lado, de hecho, nada le daba esa garantía. Ella era doce años menor, puede que fuera verdad que lo quería, pero en su juventud voluble podrían también cambiar sus sentimientos.
Cuando salió de la ducha, ella ya estaba dormida, hecha un ovillo en el lado derecho de la cama, su lado. Se secó y se puso un bóxer, apagó la luz y se acomodó a su lado.
—Jack...— Murmuró su nombre, abriendo los ojos un momento. Terry deseó poder escucharla susurrar su verdadero nombre alguna vez, así dormida o en un arrebato de pasión, eso jamás ocurriría.
—Shhh. Sigue durmiendo.— La acomodó en sus brazos, abrazándola, era raro, pero amó el que ella llevara su olor en la piel, aunque fuera una fragancia tan masculina, con los matices de su propio olor era embriagante.
Se sentía bien dormir así. No recordaba haber dormido así nunca, Susana siempre fue distante a su cariño.
—Candy, si tu apellido no fuera Andrew, todo sería tan distinto...— murmuró y le besó el pelo, conciente de que ella no lo escuchaba.
No había forma de cambiar eso y él, dolorosamente no podría cambiarle el apellido por el suyo, era un amor imposible, un amor que cuando la bomba de la verdad estallara, se convertiría en odio.
...
Terry no podía creer que había dormido ocho horas completas. Desde que pisó la cárcel, con dificultad dormía tres horas seguidas, pero lo despertó la sensación del vacío, de un espacio sobrante.
Se puso de pie y llamó a Candy, la buscó por toda la habitación y no estaba, el pánico lo invadió. Caminó hasta la cocina y el olor lo llevó a ella.
—Buenos días.— Le sonrió alegre.
—Buenos días...— Se fijó en el desastre de la cocina.
—Quise sorprenderte con el desayuno, pero... lo quemé todo...
—Ahora tengo que hacer remodelar mi cocina.
Se le acercó y la cerró en sus brazos, indulgente, dándole el primer beso del día. Sólo llevaba un bóxer, su erección mañanera se incrementó más al entrar en contacto con Candy, pero tenía que calmarse, era posible que ella aún no estuviera lista para repetir.
—Deja eso así, te llevaré a desayunar.
Le agradeció al cielo haber tenido la astucia de decirle a Albert que era muy probable que pasara la noche en casa de una amiga, de lo contrario... estaría pidiendo su cabeza. Sólo rogó porque el rubio no la hubiera llamado, pues su celular yacía en el fondo del lago gracias a Terry.
...
Tres meses después
—Al, lo mejor sería declararnos en quiebra... tarde o temprano...
—¡Nunca! Además, no estamos en quiebra. Acabo de firmar un contrato con la nueva compañía, así que ya no somos competencia, pronto volverán a verse los dividendos...
—¿Hiciste qué? ¿Sin ni siquiera tomarme en cuenta?— Se quejó Neil.
—¡No tuve otra opción! ¿No te das cuenta que estamos llenos de deudas? Nuestra única salvación era esa...
—Dime que no invertiste todo nuestro dinero en esa locura, dímelo, por favor...— Rogó Neil.
—Quien no se arriesga no gana, hermanito, siempre te lo he dicho.
—¡Y si no ganas! ¿Sabes lo que sería eso? ¡Estaríamos en la puta calle!
—Baja la voz. ¿A caso quieres despertar a mi hijo?
—Espero que sepas muy bien lo que estás haciendo, Al.
—¿Por qué tantos gritos? Ya despertaron a William...
Bajó Susana con el pequeño de dos meses en brazos. Niel lo miró bien y se puso blanco como el papel.
—Todo es culpa de Neil, amor. Ya sabes que es más histérico que una vieja con el periodo.
—¿Ah sí? Pues ahora, que el tío Neil lo duerma.— Susana le entregó el bebé y los nervios por poco lo hacen convulsar.
—¿Qué te pasa, hermanito? ¿Nunca has cargado a un niño?
—Hola, hola. Buenos noches a todos. ¡Ay precioso! Estás despierto...— Candy llegaba de una cita con Terry y corrió hacia su sobrino, lo adoraba.
—¿Se puede saber donde estabas tú hasta esta hora?
—No, Al, no lo puedes saber. Y no me deberías preguntar, soy mayor.
—Mira, Candy, por mí puedes tener cincuenta años, mientras vivas aquí...
—¡Ay no! No, no, William, no escuches a este sangrón de tu papá, acaba de cumplir cuarenta y ya sabes como es...
—Candy, no estoy jugando...
—Albert, no quiero discutir, alguien tiene que dormir a este príncipe, cuyo motivo de su desvelo ya me lo imagino, ¿verdad, bombón? Seguro te despertaron estos viejos sangrones.
Y así Candy desapareció con el niño, lo meció en sus brazos hasta que se quedó dormido.
—Haces muy buen trabajo como madre, eh...— Apareció Susana.
—Bueno... lo intento...— Ella le sonrió.
—Sólo espero que no te lo tomes muy a pecho, ¿sabes a lo que me refiero, verdad?
—¡Por supuesto que no! Yo...
—No quiero ser testigo de tu asesinato si Albert se entera...
—Tranquila, Susana, eso no va a pasar. Me encantan los niños, pero mientras la madre sea otra.— Le guiñó un ojo y se fue riéndose.
...
—Está quebrado, George. Él mismo me lo confesó, bueno, no a mí, sino a Jack Smith. Tiene todas sus esperanzas puestas en mí...— La sonrisa de Terry fue perversa y diabólica.
—No sé por qué presiento que eso no te satisface del todo...— Las canas de George eran muy sabias y suspicaces.
—No sé de qué hablas, George. Las cosas no podrían ir mejor...
George no comentó nada más. Terry se engañaba a sí mismo, bueno, ni a sí mismo, él sabía muy bien lo que pasaría, pero mientras más pasaba el tiempo, más se enamoraba, más la amaba y más le dolía saber que iba a perderla.
—De todas formas, no tendrá salvación... desde la cárcel no podrá continuar con los negocios... lo que implicaría un incumplimiento de contrato y... perdería su cuantiosa inversión...
—¿Desde la cárcel?— Preguntó George extrañado.
—El Berto sigue haciendo sus negocios turbios, George, es como único ha mantenido la compañía a flote... por eso, yo lo denunciaré con el I. R. S. y esta vez, no tendrá a nadie más a quien culpar... Estará preso y sin un mísero centavo.
Se envenenó su mirada y tomó dos vasos de la licorera que había en su oficina, en ellos vertió whiskey y brindó junto a George.
—Muy pronto podrás descansar en paz, papá...
Continuará...
¡Hola! Estoy más que satisfecha por la reacción y respaldo que tuvo el capítulo anterior, muchas gracias, chicas. Creo que dentro de poco está de más que les advierta que van a sufrir... pero en fin... Buajajajajaja.
Annita: Bienvenida, es un honor saber que lo escribo se roba algo de tu tiempo, gracias.
AZUKRITA: Espero que la depre se te pase pronto, es horrible. Oye, ¿no me habías dicho una vez que eras fan de Albert...? ¿Mi arrogante neandertal te ha robado el corazón? Jajajajaja
Gracias por comentar:
Maride de Grand, Becky70, norma Rodriguez, AcuaMarine, Aneiram, Zafiro Azul Cielo 1313, Yomar, Alesita77, Dulce Lu, Dylan Andry, Gina MC, Odette e arriagada, Loca x Terry, thay, luz rico, vianyv07, bettysuazo, Maquig, ELI DIAZ, Zucastillo, dulce maria, Rdelal, annita, myrslayer, Alheli, cerezza0977, Guest, Ana, AZUKRITA, Claus mart, Iris Adriana, Luisa, Soadora, LizCarter, maria1972, gatita, elisablue85, skarllet northman
Hasta pronto,
Wendy
