8. Lukanikos
Llueve.
A cantaros.
Caen chuzos de punta, y no llevas paraguas. Y aunque lo llevaras, con el vendaval que hay montado, sería inútil.
No te he visto durante dos días. Desde que conseguiste manipularme para que te acompañara al decadente edificio donde habitas. Tan decadente y gris como el que me permite vivir a mí.
No te hablé durante el corto trayecto que te seguí, cargando una de tus bolsas rebosantes de cosas útiles para subsistir con dignidad. Afortunadamente tú tampoco lo hiciste. Andabas seguro, aunque tu seguridad no fue obra y milagro de mi compañía.
¿Realmente sientes algo? ¿Sabes lo que es el temor? ¿Eres consciente de la droga que fluye a tu alrededor? ¿Del sucio dinero que ésta cuesta? Podrían asaltarte...robarte...Pero nadie se te acerca. Parece que en este barrio te respetan. ¿Qué tienes que te proteja de esta manera?
¿Inocencia? ¿Pureza? ¿Ceguera?
Los vecinos diurnos y los habituales nocturnos te respetan porqué no les temes. Y no les temes porqué no les ves...no les miras...No les juzgas con el desprecio que lo hacen las miradas que ven. Y ellos te lo agradecen.
Pasas de tu entorno...y el entorno pasa de ti. Como si no existieras.
Me fijé en el graffiti que adorna tu portal: Lukanikos está impreso en él. Debo admitir que fue fruto de un trabajo hermoso y meticuloso. Callejero. Real y sentido. Un tributo a un ser tan puro y leal como parece ser tu chucho.
Lukanikos era valiente. Guerrero. Combatiente. Poseía un corazón más humano del que muchos humanos poseen. Lukanikos era un perro sin marca. Sin antepasados de pura casta. Un animal curtido por la realidad del mundo que le tocó. Por la ciudad que le conoció. Por la revolución que él eligió.
Otra vez estoy divagando mientras veo como cierras tu garito, mojándote el lacio cabello rubio e impoluto que siempre luces. Aceptando las embestidas de las ráfagas de viento...Raay también se está mojando. Se sacude el agua que cae sobre él para acabar pareciéndose a un puerco espín gigante. Y observándole a él vuelvo a recordar la nobleza de Lukanikos. No son tan diferentes los chuchos, aunque el tuyo sí que lleva el sello del pedigrí. Pero la nobleza y la lealtad canina no entiende de etiquetas...Lukanikos luchó para salvar los latidos de una sociedad que agonizaba...y que aún lo hace, pero ahora luciendo como arma una sonrisa que a mí no se me contagia. Raay lucha día a día a tu lado. Tú eres su revolución, la única que le importa.
No...no me digas que te aventurarás a andar bajo este torrente de lluvia que está cayendo. Aunque mores a tan sólo tres cuadras de aquí, llegaréis hechos un desastre...
La lluvia se escurre a través de los sucios cristales que obran el milagro de ofrecerme una programación más interesante que la que propone la televisión, pero aún así te sigo viendo las intenciones de no esperar a que amaine. Es una tormenta de fin de verano, chico de los cupones...espérate unos minutos y habrá pasado...
Vaya, veo que recapacitas...Te acercas a buscar refugio bajo un portal. Es lo más acertado que puedes hacer, pero...¿tienes que elegir mi portal? ¿Qué pretendes? ¿Que baje a hacerte compañía? ¿Que te invite a subir y te ofrezca un café mientras esperamos que la lluvia cese? No...ésto no lo voy a hacer. Mi piso da asco...aunque a ti no te importaría ¿verdad? No verías el desorden que gobierna mi vida. Pero no te invitaré a subir, vete quitando esta idea de la cabeza. No somos amigos, pese a que sólo a ti hablo constantemente.
Mierda...El cielo no se despeja todavía. Ignoro cuánto tardará, y me obligas a hacerlo. Bajo los dos pisos que me separan de ti a pie, como siempre, y os veo al otro lado del viejo portal. Estáis juntos, pegados al cristal, recibiendo las salpicaduras y la indiferencia de la lluvia...y de la poca gente que ante vosotros cruza.
Abro el portal y el gruñido de Raay es tan veloz como delator. Yo permanezco dentro, manteniendo el acceso abierto, y tú te medio volteas para intentar ubicarme quien sabe dónde. Evidentemente la reacción del chucho, de tu particular Lukanikos, ya te ha relatado el contexto de la situación.
- Hola, Siete...No sabía que vivías aquí...
- Entrad. Podéis sentaros en las escaleras mientras esperáis que pare de llover.- Tú dudas...Raay duda sólo porqué tú lo haces...y yo me uno a vuestras dudas. No sé qué cojones me ha llevado a actuar así, pero ya no lo puedo arreglar.- En el vestíbulo no os mojaréis.
Es todo lo que digo para justificarme.
Es todo lo que necesitas para ceder y entrar.
- Gracias...
Lo pronuncias con voz queda, aunque sincera. No sabes dónde ir, cómo moverte. No conoces esta nueva dimensión que he abierto para ti, de manera que ando sonoramente para que el ruido de mis pasos te oriente hasta el nacimiento de la mugrienta escalera, lugar donde vais a quedaros mientras yo regreso a mi andrajosa cueva.
Me sigues en silencio, tanteas la barandilla con una mano y el primer peldaño con un pie. Raay se sacude la lluvia con una energía que consigue hacernos llover encima de nuestras piernas, antes de tumbarse para holgazanear durante la espera. Tú te sientas en el segundo peldaño y yo alcanzo el primer rellano. Aunque me detengo antes de seguir con mi ascenso y observo el aspecto desvalido que la humedad ha impreso en ambos. Percibes mi inmovilidad, y por mi infortunio aprovechas esta brecha de amabilidad aparecida en mi perenne mal humor.
- Hoy no has venido a comprar tu Siete...
Cierto. En secreto te prometí adquirirlo en el puesto que se aburre en la estación del Piraeus.- Lo compré en otro lado.
- Deberías probar suerte con otra terminación...
- Deberías aprender a callar. No quiero hablar contigo.
Miento, miento, miento...pero no debes saberlo...
- No lo sueltes todavía si no puedes, pero intenta con otra terminación también...aunque la compres en otro lugar.
- El Siete me gusta.
- El Siete te duele...
¡Joder! ¡¿Y a ti qué más te da?! ¡¿Qué coño pretendes hacer?!
- ¡¿Y a ti te duele ser ciego?! ¡Apuesto a que sí pero a mí me importa una mierda! ¡Es tu vida!
Inhalo furia mientras tú exhalas calma y aceptación, jodiéndome todavía más.
- Acaba de subir las escaleras con los ojos cerrados y lo sabrás...Claro que me duele. Pero lo acepto.
- ¡Pues no deberías!
- No lo puedo cambiar, así que sí debo aceptarlo...
- ¡Pues acepta también que sólo os he abierto el edificio porqué un chucho mojado apesta! ¡Nada más!
No espero respuesta. Subo a casa, me encierro, mastico rabia y aborrezco el cd que nunca cesa de dar vueltas. Intento no pensar en vuestra presencia estancada en el vestívulo de abajo. Lucho para no dirigir todos y cada un de mis pensamientos hacia ti. Me fuerzo a detener las palabras que mentalmente te ofrezco día sí y día también.
No quiero hablar, chico de los cupones...No puedo hablar...
No me atrevo a hablar...
Sólo me atrevo a dejar que la vida pase...y a esperar que la lluvia cese.
No me fuerces a más...
Tú ya tienes a tu Lukanikos...y yo no me merezco ninguno.
¡Gracias a todos los que os seguís adentrando en esta locura :)!
Aclaraciones al capítulo: Lukanikos era un perro callejero que durante las protestas del 2011 en Grecia contra las medidas de austeridad, ganó notoriedad al aparecer siempre en la primera línea de batalla del lado de los manifestantes contra la policía siendo icono de la revolución, y en las calles de Atenas existen algunos graffitis que recuerdan su lucha.
