¿One of the guys?

Capítulo 8

"Moon"

Disclaimer: Los personajes de Card Captor Sakura no me pertenecen, solo los tomé prestados para crear esta historia.

Mis padres se miraron entre ellos por tercera vez.

-¿Un campamento de verano? – parecían no creer que yo quisiera ir a uno, sobretodo porque durante mis quince años de vida me negué a ir a alguno. Nunca me había interesado mucho asistir a un lugar lleno de mocosos sudorosos solo para que los mosquitos me picaran por todas partes. Pero esta vez era diferente…

-Pero si tú no sabes tocar ni el pandero monstruo – Toya como siempre no perdió la oportunidad de molestarme. Pensé en patearlo pero mis padres me estaban mirando como si fuera un extraterrestre así que desistí. Esa noche no obtuve una respuesta.

Todo comenzó esa mañana, Yamasaki había decidido sentarse a mi lado durante el almuerzo, todos parecían sumamente emocionados por lo cerca que estaba el verano, yo solo estaba abrumada por lo rápido que los exámenes finales se acercaban.

-Ayer fui a comprar repelente de mosquitos –oí que Yuki le decía a Eriol – en el campamento pasado casi me acabo tu botella.

-Fue entretenido ver como Li se rascaba por todos lados – le respondió este con una sonrisa de oreja a oreja. Li se limitó a fruncir el ceño y mascar su pan aún con más fuerza que antes.

-¿Campamento? – le pregunté al moreno casi en un susurro.

-Cada año vamos al campamento musical de Tokio. Deberías venir este año – Ya que él no hablaba tan bajo como yo todos nos miraron cuando concluyó su frase, todos al unísono dieron su aprobación para esa idea. Yo no estaba tan convencida de eso ya que, a mi pesar, Toya tenía razón, mis aptitudes musicales eran más bien escasas.

-No sé si sea muy buena idea, no se tocar ningún instrumento – todos lucieron un poco desanimados pero quizá pensaban lo mismo que yo.

-Será divertido – me sonrió Yuki.

-No solo hay talleres instrumentales – complementó Yue que estaba tirado en el pasto como siempre.

-¡Es cierto! – a Yamasaki se le iluminó el semblante por un instante luego se acercó a mí y comenzó a susurrar en mi oído. Al parecer también había talleres de composición y el chico estaba haciendo un trabajo excelente haciendo que estos sonaran como una experiencia que podía cambiarme la vida.

La idea estaba plantada en mi cabeza tan profundo que ni siquiera la mirada escéptica de mis padres pudo sacarla de ahí. Esa semana no recibí una respuesta lo que hizo que perdiera la esperanza por completo. El sábado por la noche, cuando ya me había dado por vencida, recibí mi tan deseada respuesta aunque no era precisamente lo que esperaba.

-Puedes ir al campamento – sentenció mi padre – pero debes prometernos que tu promedio no bajará de donde ha estado.

-¡Por supuesto! – salté y lo abracé aunque después de meditarlo no era un trato muy favorecedor para mí que seguía asustada pensando en lo que me deparaban los finales.

El lunes antes de comenzar el ensayo le anuncié a todos que estaba lista para el campamento, lo celebramos con una ronda de jugo de uva.

-Es genial que vayamos a ir todos al campamento – me dijo Yamasaki al finalizar el día, estaba recogiendo partituras así que cuando solté un gran suspiro por poco salen todas volando.

-Es genial pero mi padre me hizo prometer que mi promedio no bajaría. No sé si pueda lograrlo.

-Todo irá bien – puso una mano en mi hombro y me dio pequeñas palmaditas de consuelo. Parecía convencido de que yo podía hacerlo, pensé que me hubiera gustado tener esa convicción. De todas formas le ofrecí mi mejor sonrisa y le dije que me esforzaría al máximo. Fui la última en salir del salón por lo que no esperaba encontrarme a Shaoran sentado en la escalera, en cuanto me vio se levantó y tomó su mochila del suelo para colgársela del hombro.

Lo miré durante un rato, tenía el ceño fruncido como siempre pero aparte de eso no veía nada que me dijera la razón por la que estaba ahí. ¿Estaba esperando a que saliera para poder seguir practicando solo?

-Escuché lo que le dijiste a Yamasaki – luego abrió el cierre de la mochila y sacó el libro que había visto en su casa. Lo extendió hacia mí. No estaba muy segura de que un libro de matemáticas me ayudara a salvar milagrosamente el semestre pero de todas formas le ofrecí mi mejor sonrisa y lo tomé. Era un buen gesto de su parte – ven conmigo.

¿Era mi idea o toda la gente a mi alrededor asumía que la seguiría en cuanto diera la vuelta? Algún día me iría por mi lado solo para desafiar la lógica humana, aunque aquel no era ese día. Lo seguí escaleras arriba y luego por un angosto pasillo que no recordaba haber recorrido nunca. Llegamos hasta una puerta un poco más grande que la de los salones, afuera el letrero rezaba "biblioteca", un pequeño escalofrío me recorrió la espalda, no era una persona precisamente afecta a ese lugar. Siempre acababa dormida sobre un libro o era incapaz de guardar silencio.

Entramos y una chica de cabello corto nos miró por un momento, no pude evitar notar el rubor que afloró en sus mejillas en cuanto vio a Li. Este pasó de largo el escritorio sin siquiera ver de reojo a la pobre. Se sentó en la primera mesa que vio, no estaba muy segura de si debía sentarme a su lado o enfrente, me senté al lado ya que parecía lo más fácil.

-¿Qué hacemos aquí? – pregunté tratando de mantener mi voz lo más baja posible.

-Vamos a estudiar – seguro mi cara de desconcierto le hizo gracia pues su ceño se suavizó. Era bastante tarde así que el lugar estaba casi vacío y él ¿quería que estudiáramos? Realmente consideré la opción de irme por un segundo – tú papá estaría muy decepcionado si no cumples con tu parte del trato.

Él tenía razón, tenía que esforzarme para lograr mi objetivo.

Esa tarde la dedicamos solo a matemáticas, Shaoran parecía conocer la biblioteca de rincón a rincón pues cada vez que parecía atorarme en un tema se levantaba y regresaba con algún libro que me hacía sentir menos perdida. Cuando me atoraba con algún problema el me ayudaba a pensar en él y me obligaba a razonar, llegó un momento en que sentía que mi cabeza iba a estallar.

-Creo que ya ha sido suficiente por hoy – tenía la cabeza apoyada en el libro y aunque trataba de ocultarlo estaba exhausta así que le agradecí parar en ese momento – mañana seguimos.

-¡Al fin! – exclamé y luego eché la silla ligeramente para atrás. Resultó que no fue tan ligero el empujón pues pronto sentí las patas resbalar del suelo y en cámara lenta me vi cayendo al suelo. Cerré los ojos esperando caer pero nunca sucedió. Al abrirlos de nuevo solo me encontré con la mirada achocolatada de Li a menos de cinco centímetros de mi cara. Estaba deteniendo la silla y se lo agradecía pero el tenerlo tan cerca me hacía sentir algo…nerviosa. Podía examinar cada detalle de su cara, desde sus tupidas cejas hasta esos carnosos labios que parecían una fina línea de tan apretados que estaban. Mis mejillas se sentían tan calientes que no dudaba que se vieran como las de la chica de la entrada.

-¿Estás bien? – de pronto su voz se me antojó más grave de lo normal. ¡Detente Sakura! Frené mis pensamientos.

-Sí, gracias por detenerme

-Eres una chica muy distraída Kinomoto – al fin enderezó la silla y volvió a su lugar. Mi corazón siguió otros diez minutos palpitando como si acabara de correr un maratón. Guardé mis cosas a toda prisa ¿es que acaso también tenía que prohibirme a mí misma las salidas a solas con Li? Aunque por el momento eso era imposible, en verdad quería ir al campamento. Había descubierto cierto placer en componer canciones y me hacía mucha ilusión asistir a un lugar lleno de gente que quizá sentía lo mismo.

-Muchas gracias por tu ayuda Li, no sé qué haría sin tu ayuda. Si mi promedio está donde está es gracias a todas esas lecciones que me diste.

-Sabes a veces extraño esos pulpos de salchicha que trajiste una vez – me dio risa la voz algo infantil con la que lo dijo.

-De acuerdo, mañana habrá pulpos para desayunar, pero no le digas a nadie que los hice para ti o comenzaré a recibir pedidos de todos.

-Será nuestro secreto – dijo y luego me dedicó una pequeña sonrisa ladeada. Justo cuando pensaba que mi corazón ya latía a su ritmo normal.

Cada vez que nuestras manos se rozaban por accidente, cuando su rodilla chocaba con la mía debajo de la mesa o cuando se acercaba a mí y me explicaba algo, sentía un cálido rayo de sol recorrer todo mi cuerpo.

Fue casi una tortura sobrevivir una semana viéndonos después de clases, las cosas mejoraron un poco hacia el final de la semana cuando la biblioteca comenzó a llenarse de chicas "inexplicablemente" aunque también comencé a notar que muchas de ellas me miraban como si quisieran que mi cabeza explotara en el acto.

El viernes por la tarde confirmé que no era mi imaginación, mis zapatos llenos de gelatina me lo gritaban. Saqué ambos del locker y los llevé al boté de basura para intentar sacarles esa masa pegajosa. Intenté no llorar con todas mis fuerzas pero por más que apreté los ojos varias lágrimas comenzaron a salir hasta que mis piernas comenzaron a temblar tanto que tuve que sentarme en el suelo abrazando mi par de maltrechos zapatos.

En mi mente solo había una pregunta ¿por qué a mí?

Luego mil preguntas más surgieron, la principal ¿Cómo iba a volver a casa?

Estuve quizá media hora sentada contemplando la idea de ponerme los zapatos así, traía calcetas así que tal vez la experiencia no resultaba tan espantosa.

-¿Sakura? – giré la cabeza tan rápido que casi me dislocó el cuello, salía tan tarde de mis lecciones extras que nunca había nadie por ese pasillo, al parecer me había equivocado. Que alguien me viera en ese estado hacía que la panza se me revolviera - ¿Qué sucede?

-No es nada – Eriol me tendió la mano para que me levantara - ¿Qué haces aquí tan tarde?

-A veces apoyo al coro tocando el piano

-Ya veo – luego de eso quise que la tierra me tragara, no sabía qué más decir y estaba descalza a medio pasillo. Miré para todos lados tratando de idear un plan de escape.

Eriol no dijo nada más, se acuclilló en el piso junto a mí.

-Vamos sube – estaba tan impactada que sus palabras llegaron a mis oídos como si yo me encontrara debajo del agua.

-¿Qué?

-No puedes ir a casa con esos zapatos

Debí suponer que él se daría cuenta de lo sucedido, después de todo su poder de observación y deducción era cien veces mejor que el mío. No tenía caso discutir, no tenía muchas opciones más, así que subí a su espalda la cual resultó ser maravillosamente amplia. Estaba contemplando lo que creo eran sus omóplatos cuando se levantó a una velocidad que por poco me hace caer de espalda al suelo.

-Lo siento, creí que requeriría más esfuerzo para levantarte. Estás enclenque.

-¿Enclenque? – me hizo gracia la palabra - ¡oye! – pero también me ofendí.

-Te ves mucho mejor con esa sonrisa – dijo mientras me acomodaba bien y recogía mi mochila del suelo, resultó bastante cómodo viajar de esa forma – agárrate bien

Algo cohibida rodeé su pecho con mis brazos, así de cerca podía percibir de nuevo la colonia que me había cautivado aquella vez en el parque.

-Pensé que a ti no te molestarían

-¿Habían molestado a alguien antes? – sentí su pecho subir y bajar al suspirar.

-Hubo un tiempo en que no dejaban a Tomoyo en paz. Casi cada tarde hacíamos esto, fue antes de que fuéramos novios

-¿Así fue como se enamoraron?

Casi me doy un golpe al notar lo que parecía que estaba implicando. No parecía muy feliz ante la idea de tocar el tema así que no esperé una respuesta y comencé a hablar de lo primero que se me vino a la cabeza, lo cual, extrañamente, fue mi hermano. Justo le estaba hablando de lo estricto que era conmigo y lo grosero que se portaba cuando sentí que alguien me jalaba del cabello. Estábamos cerca de mi casa así que comencé a sudar frío solo de pensar que pudiera tratarse de…

-¡Toya! – sí, era él.

-¿Otra vez este mocoso? ¿Qué haces cargando a mi hermana? – había olvidado que quería que la tierra me tragara pero en ese momento lo volví a desear con todo mi corazón.

-Buena tarde – Eriol se limitó a sonreír y exhibir sus excelentes modales. Mi hermano por su parte siguió frunciendo el ceño mientras veía mis manos alrededor del pecho del chico y sus manos en mis muslos.

Pensándolo bien, si era una posición algo comprometedora.

-Uno de mis zapatos cayó en el lodo así que Hiragizawa se ofreció a traerme a casa

-Pudiste haberme llamado, monstruo

-¡Que no me digas monstruo! – pero ni mis protestas lo disuadieron de bajarme de mi cómodo asiento para llevarme a la casa como un vil costal de papas. Apenas me dio tiempo de agitar la mano y agradecer a Eriol.

-No me gustan tus nuevos amigos

-¿Porque son chicos? – sabía que mi hermano no simpatizaba con mis amigos, esa era la razón por la que mi vida amorosa era más bien escasa, pero nunca me lo había dicho.

-Porque siento algo raro en ellos. Ten cuidado

-Sí…sí claro

Las predicciones de mi hermano rara vez fallaban y aun así lo olvidé tan rápido como subí a mi cuarto y saqué los zapatos sucios de la mochila. Tenía peores enemigos de los cuales ocuparme en ese momento.

Las clases de Li resultaron tan buenas para mí que inclusive pasar al pizarrón ya no me parecía el camino al infierno. Esto compensaba un poco el hecho de que las chicas me jugaran bromas pesadas a todas horas y esas miradas asesinas que a veces hacían que mi nuca se sintiera pesada.

Al final de la segunda semana de intimidación Tomoyo se acercó a mí mientras limpiaba mi mochila por sexta vez en el día.

-¿Sabes por qué te molestan?

¿Era una broma? Casi quise descargar toda mi ira y frustración en ella y darle una buena cachetada. Claro que sabía por qué me molestaban, no era coincidencia que todo hubiera empezado después de que públicamente me vieran acompañada de Li después de clases, casi quería hacer las cosas que se imaginaban que hacíamos solo para desquitarme.

De todas formas le contesté.

-Según tú ¿por qué?

-Porque eres débil. Quieres agradarle a todos y eso es imposible.

-Pero… - traté de protestar, luego reflexioné y quizá solo quizá tenían un poco de razón. Pensé que al mudarme a un pueblo la gente sería más amable, al parecer me había equivocado. Algunas chicas pasaron a nuestro lado, me preparé mentalmente para las miraditas y los cuchicheos, pero estas solo agacharon la mirada y siguieron su camino. ¿Al fin iban a dejar de molestarme? Luego me di cuenta de la gélida mirada que Tomoyo les estaba enviando.

-¿Por eso tú eres así? – esta vez su mirada se dirigió a mí – lo siento, escuché por ahí que a ti también te molestaban.

Cambió el peso de un pie a otro pero no contestó nada.

-¿Necesitas dinero Sakura? – seguramente la cabeza de Daidouji era como un laberinto, nunca podía adivinar lo que estaba pensando y justo cuando creía haberla descifrado resultaba aún más misteriosa. ¿Necesitaba dinero? Mis padres habían aceptado pagar el campamento pero eso no quería decir que fueran a comprarme ropa o todas las cosas que necesitaba para ir.

-¿Por qué? – decidí comenzar a ejercer esa desconfianza que tanta falta me hacía aunque mi primer impulso había sido gritar "¡sí!"

-Naoko está enferma – claro, por eso no se había presentado a clases esa mañana – necesito ayuda. Igual que la vez pasada.

Pensé en la bolsita aún recluida al fondo de mi cajón, aún me daba miedo pensar en que alguien de mi familia necesitara algo de este y la encontrara. Por otro lado, realmente necesitaba un par de jeans y esos tenis que había visto en el centro comercial. Tallé por décima vez esa mancha que parecía imposible de quitar, también necesitaba una mochila nueva.

-¿De cuánto estamos hablando? – la sonrisa de Daidouji se ensanchó y casi pude sentir un escalofrío recorrer mi espalda. Al parecer había hecho un pacto con un ente no muy deseable.

-Te vas a divertir. Mañana en mi casa a las seis – y de nuevo con esa despreocupación tan suya dio media vuelta y se fue. ¿Me iba a divertir? ¿Qué tenía de divertido ir y sentarme en una mesa a repartir pequeñas bolsas llenas de polvo mágico?

Al día siguiente en su casa hicimos exactamente lo mismo que la vez anterior, al llegar la mesa estaba mucho más escondida que antes, al parecer esta vez no sería algo así como la recepcionista. Cuando entramos apenas estaban probando las bocinas y acomodando vasos llenos de cerveza en una mesa. Tuvimos tiempo de sobra para acomodar las fotografías que Naoko había tomado y rellenar las bolsas que nos habían faltado.

-Bien, esto se ve perfecto. Tú te sientas aquí y yo voy a promocionar para allá. No permitas que nadie se llevé nada sin depositar dinero en esta caja antes – acto seguido me entregó una caja de zapatos con una ranura en la tapa. Chicos y chicas comenzaron a llenar el lugar con su parloteo habitual, pronto perdí a mi acompañante de vista.

Esta vez no mucha gente se estaba acercando a la mesa. Sobre todo las chicas parecían evitarla como si yo les pudiera contagiar la peste.

-Pero si tenemos aquí a una pequeña zorra – genial, unas chicas de tercer año se acercaron contoneándose y diciendo cosas rudas como esa. Justo cuando pensé que todas me estaban evitando

-No solo es una zorra también es una traficante.

-Quizá deberíamos decirle al director sobre esto

-Tengo una idea mejor – la primera chica se acercó a la mesa y comenzó a sacudirla tanto que algunas de las fotos comenzaron a caer al suelo. Trataba de mantenerla en su lugar pero luego las otras dos se unieron y esta acabó volcándose.

-¿Qué creen que están haciendo! – Tomoyo se acercó y las retó con esa mirada que tanto me hubiera gustado poseer en esos momentos. Las dos chicas más bajitas parecieron un poco amedrentadas pero la líder solo hinchó más su pecho y se acercó tanto a la morena que sus narices casi se tocaban.

-¿Estás defendiendo a la nueva zorrita porque te da lástima?

-No estoy defendiendo a nadie, pero si tiras la mesa con mí mercancía es obvio que voy a romperte la cara – ok, las cosas comenzaban a ponerse un poco agresivas, Salí de detrás de la mesa volcada y me puse entre ambas, no quería verme envuelta en una de esas peleas.

-Vamos chicas, cálmense – las dos secuaces se miraron entre sí y parecieron decidir que tampoco querían peleas.

-Narumi vámonos de aquí, no vale la pena – la chica le dirigió una última mirada desafiante a Tomoyo y luego se fue por donde había venido. Mi pecho se sintió más ligero, Luego la morena giró sobre sus talones para verme con toda su ira contenida y mi pecho volvió a apretarse.

-¡Esta fue una pésima idea! Yo me quedo en la mesa, tú vete

-No te pedí que me trajeras aquí – no me quedé a discutir, sabía que no era buena en ese terreno así que solo hice lo mismo que ella, me fui sin esperar a que la otra persona dijera algo en su defensa. Estaba tan enojada que empujar gente para abrirme paso parecía mi hobby. Al fin vi una puerta que parecía llevar al exterior, aparté a una parejita que se besaba apasionadamente y al llegar fuera inspiré hondo para que mis pulmones se limpiaran, adentro el aire estaba lleno de humo de cigarrillo. Miré a mi alrededor, al parecer había salido al patio trasero en lugar del delantero…genial.

Busqué con la vista la puerta por la que había entrado, era una casa bastante grande, sin darme cuenta había caminado varios metros lejos de la casa, la música llegaba a mis oídos llevada por el viento veraniego. Cerca de donde estaba había un chico sentado en la hierba, su vista estaba fija en la luna que resplandecía como un faro aquella noche.

-¿Yue? – su tez pálida enmarcaba sus ojos de una manera bastante peculiar aquella noche, era como si la luna fuera el complemento perfecto para sus facciones.

-¿Qué haces aquí Sakura? – me indicó que me sentara a su lado.

-Vine a ayudar a Tomoyo con unas cosas, pero al parecer solo le causé problemas. ¿Tú qué haces aquí?

-Yukito quería hablar con Nakuru – ¿Nakuru? No había oído hablar de ella hasta ese día, sentía curiosidad por saber más de ella pero sabía que preguntarle a Yue no serviría de mucho.

-¿No te gustan las fiestas? – era casi una pregunta tonta ¿qué más estaría haciendo afuera si no? De todas formas esa noche no tenía el ánimo para soportar el silencio.

-No, hay mucho ruido allá adentro – luego dio un sorbo al vaso que tenía en la mano, percibí un ligero aroma a alcohol.

-¿Eso es…?

-Cerveza ¿quieres? – le dije que no, la cerveza era una de las cosas que había probado por curiosidad y que casi escupo por su sabor. No entendía como a mis compañeros podía gustarles.

-No soy muy buena bebiendo. No entiendo por qué los chicos aman hacerlo – el chico permaneció callado un rato, enterré mi cara entre las piernas, solo quería irme.

-Quizá es porque nos hace sentir felices aunque sea solo por un rato. Es como ser tú sin ser tú – sus ojos reflejaban la luna perfectamente, sentí que estaba siendo honesto conmigo, tan honesto que era sobrecogedor. Recordé aquella vez que mi madre había estado muy grave en el hospital, mis amigos habían decidido que para animarme organizarían una pequeña reunión, esa noche al beber sentí que mis problemas habían desaparecido y que la Sakura del presente era una persona feliz.

-¿Me das un poco? – bebí aunque casi quise escupirlo de regreso al vaso cuando tocó mis papilas gustativas – creo que esto puede hacerte daño.

-Por lo general las cosas que me hacen daño no parecen dañinas, al menos con esto estoy seguro – di otro largo sorbo al vaso, por alguna razón mi pecho se sentía apretado aunque no de la misma forma que antes, esta vez las ganas de llorar apenas eran controlables para mí. Cuando me di cuenta el vaso ya estaba vacío.

-Lo siento, se acabó – Yue me regaló una pequeña sonrisa que hizo que mi corazón diera un pequeño vuelco. Era como si fuera él pero sin ser él…

-Iré por otra – cuando Yue se fue volví a recargar la barbilla en mis rodillas. Mis hormonas me estaban jugando una mala pasada, es decir, claro que antes me había fijado en alguien y hasta llegué a sentir que estaba enamorada, pero jamás había experimentado esa inquietud que ahora sentía al estar al lado de algunos de mis nuevos amigos.

-Toma – esta vez el chico regresó con un vaso en cada mano, no estaba muy segura de querer seguir bebiendo pero ya que se había molestado en traer una para mí la acepté.

-¿Al fin terminaste la canción?

-Voy a la mitad – estaba algo decepcionada de mí por escribir tan lento, di un pequeño sorbo al contenido de mi vaso, empezaba a sentirme algo mareada. De pronto Yue se tiró en el pasto y no solo eso sino que posó su cabeza en mi regazo como si fuera la cosa más natural del mundo, casi me atraganto con el sorbo de cerveza que acababa de dar.

-Cántala para mí – esta vez si me atraganté y comencé a toser como si tuviera cáncer de pulmón o algo parecido. ¿Cuánto había bebido Yue? - ¿Estás bien?

-Sí, es solo que…yo no canto, solo las compongo

-Haz una excepción, no hay nadie más aquí – acto seguido cerró los ojos. No estaba muy feliz de hacerlo, mi voz era terrible, aún recordaba el jardín de niños cuando intentaba cantar "huitzi huitzi araña" y desafinaba. Miré el reflejo de la luna en el líquido en mi vaso, luego me lo tomé de un solo trago.

Al principio mi voz tembló un poco, no estaba acostumbrada a cantar, al menos no fuera de la ducha y mi hermano siempre diciendo que iba a provocar un terremoto con esos alaridos no ayudaba mucho.

Luego mi garganta pareció calentarse y cantar se sentía mucho más natural para mí, comencé a tratar de afinar e incluso le añadí mi toque a la letra, pero la canción era tan corta aún que justo cuando le estaba agarrando el gusto terminó.

-Cantas muy bien – mis mejillas ardieron un poco aunque afuera el viento soplaba en una brisa refrescante.

-No intentes halagarme ahora. Sé que no lo hago bien.

-¡No lo hago por eso! – se reincorporó y de pronto me encontré con su respingada nariz a centímetros de la mía, estábamos tan cerca que cualquier persona que pasara por ahí hubiera pensado que nos besábamos.

Luego algo insólito ocurrió, miré a Yue a los ojos y en ellos creí ver reflejada la luna a pesar de que él me miraba a mí también. No lo sentí acercarse hasta que su boca rozó mi mejilla, fue un contacto suave y delicado, aun así logró que mis pensamientos chocaran entre sí creando un caos en mi mente.

-Eres mi musa Sakura – fue lo que creí escuchar después aunque todos mis sentidos estaban embotados por el alcohol y ese nuevo sentimiento que hacía a mi cerebro tener algo muy parecido a un corto circuito.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Notas de rainy:

Buen día queridas/os lectoras/es! He reaparecido trayéndoles el octavo capítulo de esta historia. No tengo mucho que decir más que ¿Vieron como en un solo capítulo metimos algo de SxS, SxE Y SxY? Jajajaja ¿cuál fue su momento preferido? No sé, creo que los momentos que más me gusta escribir son en los que Sakura y Yue están a solas, siento que ella es como esa tabla de salvación que él había estado esperando tanto tiempo aunque Shaoran no se queda atrás, para mí Sakura es para él como esa causa perdida que le encanta salvar (sí, sé que en Dark Side of the Road había una situación algo similar) pero en fin es un poco difícil cambiar esa percepción mía jajaja.

Espero que sigan disfrutando la historia y que dejen algún lindo comentario para ayudar con esa cosa llamada inspiración :D También recibo muy feliz los correos donde me dicen que han agregado la historia a alguna de sus listas así que vamos! Háganlo! Jajaja

Esta vez no podré contestar los hermosos comentarios que me dejaron :´( pero leí cada uno y todos ellos me ayudaron a escribir este capítulo jajaja es un poco extraño escribir en la oficina pero bueno, uno no escoge cuando las ideas llegan.

¡Nos leemos! ¡Dejen un lindo comentario/crítica/sugerencia!