Gracias por todos sus reviews. Este capítulo es muy emocional y revelador y no sé qué más hacer para explicarles que lo amo y que lo que sigue va a ser todo de what the fuc*ing fu*k.
Sin más, gracias a todos por su apoyo.
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The Lonely Shepherd
"¿No es una imagen perfecta de la vida y la muerte? Un pez que tiembla en la alfombra y un pez que no tiembla en la alfombra. Es tan fuerte que una niña que no sabía lo que era la muerte, lo comprendió."
Bill by Kill Bill Vol. 2
Las estrellas más brillantes en la noche más obscura.
Ben Solo tenía 14 años cumplidos cuando comenzó a entrenar con su tío, Luke Skywalker.
Mala cosa es para un niño ser incapaz de escapar de un destino impuesto. Y su padre lo sabía.
Han Solo no sólo no estaba de acuerdo, sino que fue una de las primeras cosas en que cedió ante su esposa, la Senadora Leia Organa, que le "sugirió", como una imposición tácita, que Ben debía tener la capacidad de controlar las habilidades que la Fuerza le prodigaba al ser su hijo. Han Solo no estaba de acuerdo. Así se lo hizo saber a su esposa, que respondió a la preocupación del cazarrecompensas arqueando dubitativamente las cejas.
...
- Tiene demasiado de Vader – Dijo, sentado con la pierna cruzada abrochándose el chaleco, en un gesto que era común en Han cuando comenzaba a irritarse ante la actitud indiferente de su esposa.
- ¡Vamos, Han! Ben es un muchacho y hasta hoy no ha demostrado nada que indique que podría adquirir esos defectos de carácter que existían en… Mi padre – Por un momento, Leia Organa dudó. Dudó porque realmente no lo sabía, pero no quería alarmar al padre de su hijo ni alarmarse a sí misma con suposiciones.
- Nada, excepto arrogancia. Suficiente como para ir deambulando entre el lado obscuro y cualquier caldera de este planeta, Leia. Su juicio puede malograrse. No quiero eso para él – Se tumbó contra el sillón, arqueando la cabeza hacia atrás, con gesto cansino. Leia contestó, algo furiosa, con aquella actitud tan propia de ella, como si aún fuese una princesa mimada.
- Oye esto, Han Solo, porque es la última vez que lo repetiré. ¿No quieres eso para él? ¿Entonces prefieres que sea un cazarrecompensas como tú y que pase su vida huyendo constantemente para evitar que lo atrapen por sustraer lo que no le pertenece o por hacer negocios sucios?
Han Solo se levantó y miró a su esposa. Era muy hermosa aún, a pesar de haber dado a luz catorce años atrás a un pequeño de cabello castaño obscuro, casi negro, con un rostro muy parecido al de su padre, aunque con algunas variantes no muy notorias entonces. La miró como siempre que tenían esa discusión y comprendió que era una que jamás iba a ganar. Su enojo en vez de disminuir, aumentó ante este pensamiento, porque no era una cuestión superficial la que discutían. Se trataba del futuro del hijo de ambos, de los dos, y, por lo tanto, él también tenía algo que decir y todo el derecho de decirlo.
- Si Ben quiere eso, lo apoyaré. Pero si algo sale mal, Leia, tú serás responsable por ello.
...
Salió de la habitación rápidamente, furioso. Había dicho la última frase por decirla, pero no tenía la menor idea de que, dieciséis años después, él sería agredido por su propio hijo. Quien, gracias a su acercamiento con la Fuerza, había dejado su nombre y a su familia, asesinando a la Orden Jedi y a todos los padawan en ella, siendo el único sobreviviente para transformarse en un miembro de la Primera Orden de Caballeros de Ren, una organización aparentemente neutral pero letal, con interés en aniquilar a la Resistencia, liderada por su propia madre y dejando en la ruina moral a su tío, Luke Skywalker, el último jedi existente en la Galaxia, y el más poderoso. Todo había sido gracias a la arrogancia y a su ferviente deseo de ser justo como su abuelo, Darth Vader, el ser a quien, en secreto, Han Solo más temía, y que era la suprema aspiración de su hijo.
…
La noche en que todo sucedió, Luke Skywalker pasaría por el sufrimiento más devastador y la muerte emocional más dolorosa.
Ciertamente, la pérdida que sufriría esa noche, tendría un fuerte efecto en su carácter y en sus decisiones posteriores, mismas que le llevarían a tomar otra que iba a permitirse únicamente por resultarle insoportable continuar viviendo.
Tenía once alumnos. Uno de ellos era Ben Solo, Alana Skywalker, su hija, misma que las niñeras que habían criado a Ben, habían criado también; y otros nueve niños de edades comprendidas entre los seis y los trece años. Uno de esos niños, era de hecho, una niña, de nombre Lorelei Naberrie. La niña, proveniente de Naboo, había sido encomendada a Luke Skywalker desde su nacimiento por un contacto del que jamás hablaba y del que nunca dio ninguna explicación. La entregó a su hermana Leia, quien, entre su cargo como Senadora y sus múltiples ocupaciones como Reina de Alderaan, no tuvo tiempo de criar ni a su hijo ni a la bebé recién llegada. Había suficientes ayudantes y niñeras, por lo que su hijo, su sobrina Alana y Lorelei, la recién llegada, fueron criados por ellas.
Ben siempre sintió predilección por la bebé, a quien solía cargar y llevar a cuestas por largos tramos de campo, mientras le hablaba de sus sueños infantiles o de cómo sería tan fuerte como su abuelo. La bebé solía responder con balbuceos o con largos períodos de autocontemplación de sus pequeñas y regordetas manos.
Por su prima Alana sentía un dejo de protección y compasión. Su madre, Mara, había muerto durante la guerra, pues al igual que su tío, era una guerrera importante para la orden Jedi y no se podía prescindir de su servicio a la Galaxia. Alana no tenía a nadie con quien jugar, y en Ben, de carácter más bien tímido, encontró al compañero perfecto para compartir sus juegos.
Pues bien… Esa noche, con su sobrino de dieciséis años, una hija y una sobrina adoptiva pequeñas y ocho niños que conformaban su orden padawan Luke Skywalker debió huir de lo que quedaba del Imperio Galáctico, tal como Mara, su esposa en secreto, debía huir y había muerto en un intento por salvar a su hija y a su marido.
La historia se repetía. Luke Skywalker se había casado y había mantenido la identidad de Mara también en secreto, por lo que, al morir, Mara Jade no había dejado rastro de que tenía alguna familia. Afortunadamente, nadie buscaría a su hija y nadie sabría que había sido la esposa del jedi más fuerte en la Galaxia. Eso los mantendría a salvo. Murió rápido y murió en paz. El rayo de una pistola láser, disparado con precisión entre sus ojos hizo el trabajo sucio y en la explosión y el incendio que sucedió a su muerte, su cuerpo se perdió entre los de todos los demás muertos.
Luke Skywalker no tuvo siquiera el consuelo de darle un funeral y no volvió a ver de nuevo a su esposa.
Había corrido con la misma suerte que su padre y como su padre, comenzó a darle cabida al sufrimiento y a la ira, dos de los caminos directos al lado Obscuro.
Pasaron todo un día escondidos. Los niños más pequeños lloraban, por lo que, Luke debió hacer uso de la fuerza para algo indebido, controlando el ritmo circadiano en los cuerpos de los pequeños, obligándolos a dormir. Ben estaba intranquilo, no sabía nada de sus padres y no deseaba admitir que estaba asustado. Apenas podía cuidar de sí mismo, quizá protegía a Alana y Lorelei, pero no sabía cómo ayudaría a cuidar al resto de los niños. Para Skywalker, el miedo del adolescente en un momento de vital importancia, era algo irritante y decidió que quizá le haría bien dormir un poco con los otros padawan.
Pero Luke Skywalker no contaba con la habilidad nata del muchacho.
Su sobrino no estaba de acuerdo con usar la Fuerza para tales fines; era una de las cosas que su padre repudiaba más. Han Solo trataba siempre de sustraer a su hijo de su fuerte vínculo con la Fuerza y al no lograrlo, procuraba siempre recordarle que sólo debía usarla en casos de vital importancia, pero que, mientras fuese un niño y tuviese un padre, esto no iba a ser necesario.
Excepto que iba a ser necesario.
Sostuvo una discusión con Luke. Una discusión que el muchacho no recordaría de nuevo por muchos años, pero que Luke Skywalker llevaría a cuestas hasta el último día de su vida.
…
Al fin, Ben Solo dormía plácidamente con los demás. Luke Skywalker no contaba con que no todos los padawan tenían dominio sobre la Fuerza y que incluso algunos eran sensibles a la Fuerza para mal. En el lapso de tiempo que permanecieron dormidos por la influencia del control que Luke ejerció sobre ellos, nueve de los padawan habían muerto.
Alana Skywalker era uno.
Quedaban con vida sólo Ben y Lorelei.
Por un segundo, Luke Skywalker acarició el cabello rubio de su hija y le dijo adiós besando su frente. Su madre había muerto en vano.
Su dolor, su ira y el sufrimiento que comenzaba a abrasarlo, ardían en su interior como lava y le llevaron a cometer el acto más deleznable que podría cometer.
Ben era joven. Podría soportarlo y continuar con su vida. La niña recogida en Naboo ni siquiera se daría cuenta del cambio si borraba su memoria, del mismo modo que reemplazaría la de Ben para obligarle a creer que todo había sido su culpa. Después de todo, él le había ayudado a dormir a los demás padawan, así que sería responsable de todos modos.
Por fin, comprendió que Ben era un joven tímido, que se tambaleaba entre la idea de ser tan grandioso como Anakin Skywalker incluso siendo un Sith, -Darth Vader -, y que sería él mismo quien le daría la escapatoria que necesitaría para sacar de su ser la realidad.
Había matado a esos niños. Y había matado a su propia hija.
Dejó los cuerpos tal cual estaban, sin tocar ninguno, y abrazando fuertemente a su hija, esperó que los dos padawan sobrevivientes despertasen para darles las malas nuevas y plantearles su plan.
...
Ben daba vueltas, presa de una angustia muy superior a la que parecía mostrar Lorelei, que miraba cómo su amigo daba vueltas por la habitación y miraba con curiosidad al Maestro Skywalker sin entender muy bien lo que había pasado.
Como si leyera su mente, Ben se inclinó, hincándose frente a la niña, a la que miró fijamente a través de sus pupilas obscuras. Procuró sonreírle, tratando de infundirle un poco de paz. No había sido un buen día.
- Lor, tenemos que irnos de aquí. Vamos a buscarte una casa – Ben estaba al borde de un colapso nervioso, la huida y las muertes de sus compañeros padawan le habían afectado gravemente. Su alma estaba conmovida y temerosa.
- ¿Por qué no puedo vivir más con la tía Leia? – Ben entonces abrió más sus ojos, como si desconociera a la pequeña de cabellos castaños y ojos marrón verdoso. Entonces, un destello de comprensión pareció atravesarle y se levantó de golpe hacia su tío, acercándose furiosamente.
- Dime qué hiciste, tío.
- Esta niña no puede saber quién es ni dónde estaba hasta hoy. Está en peligro. Debe quedarse en Coruscant un tiempo.
- ¡Le hiciste creer que es tu hija! – El reproche de su sobrino caló profundamente en el Maestro Jedi.
- No sé de qué me acusas, Ben, pero no puede ser de otra manera. Alana ha muerto y nadie sabe de su existencia.
El rostro de Ben expresaba su extrañeza. A él nadie le había hecho partícipe de tan importante dato. Nadie nunca le había dicho que su prima Alana Jade Skywalker era un secreto y debía continuar siéndolo aún al momento de su muerte.
Luke supo entonces que no tenía más opción que usar a Ben para salvarle de sí mismo.
Imposible dejar morir al hijo de su propia hermana. Suficiente había sido matar a su propia hija.
- Llevaremos a Lorelei a Coruscant. Allí, le buscaremos un nombre y un lugar donde pueda permanecer hasta el día que debamos venir de regreso por ella. Tiene que quedarse, es peligroso que vaya con nosotros
- ¡No la abandonaré!
- Tienes que hacerlo, Ben. ¿Quieres que muera? Esto a nadie duele más que a mí, pero debe hacerse, tenemos que irnos de Coruscant y desviar la atención de ella…
- No puedo hacerlo, tío. ¡No pienso dejarla aquí!
- Eres débil, Ben – Con una mirada carente de emoción y de un golpe en la cabeza con el mango de su sable, Luke Skywalker dejó inconsciente al muchacho.
…
Caminamos rumbo a la enorme puerta principal. Ben usó su fuerza física, de modo que el seguro de considerable tamaño no dio problemas al abrir. La luz del día me cegó, parecía que había pasado mucho tiempo en un planeta demasiado obscuro para mis ojos. Kylo Ren ni siquiera se inmutó. Pero, por supuesto. El horrible casco obscuro y plata ya refulgía sobre su cabeza y era una obviedad que no le afectaría lo más mínimo.
Una nave TIE estaba allí y parecía ya tener unas horas, justo sobre el risco donde la fortaleza obscura a donde Kylo Ren me había llevado, estaba. De ella, salió un piloto con traje y casco de SSF y detrás suyo, la mano derecha del Líder Supremo Snoke, el general Hux, dirigente militar actual de la Primera Orden.
Kylo Ren se acercó, adelantándose frente a mí, indicándome con su mano enguantada que no me acercara, de tal modo que el general no se diera cuenta de que estaba tratando de protegerme.
- Te ha enviado el Líder Supremo – dijo escuetamente Kylo Ren.
- Claro que me ha enviado. Nos aseguramos que permanecieras con vida, Kylo Ren. La última vez que estuviste cerca de esta mujer, pudiste haber muerto de no ser por mí – Su arrogancia era infinitamente mayor a la de Kylo Ren y me resultó profundamente irritante. Estuve a punto de abrir la boca, pero si Ben me había indicado que me mantuviera a un lado, trataría de aguantar sin decir una palabra.
- ¿A qué has venido? – Nuevamente, volvía a ser Kylo Ren. Inmediatamente pude sentir cómo iba adoptando su papel de nueva cuenta. Iba escapándose de mis manos.
- A llevarlos ante el Supremo Líder. Quiere conversar con la chica.
- Aún no ha completado su entrenamiento, Hux. Es mandatorio que así lo haga.
- Al Líder Supremo no le interesa. Tú debes completar tu entrenamiento. Así que he venido por ustedes. Cabrán perfectamente en esta nave, el viaje es corto y debemos estar allí en un par de horas.
Ben estaba frustrado y desvié la vista sin dar muestras de incomodidad, pero sus pensamientos invadían mi cabeza como si fueran propios. Me llevé las manos a los ojos, apretando los párpados. Hux estaba a mi lado y me tomó el brazo con violencia cruzándomelo por detrás. Su cuerpo se restregó contra el mío por la espalda; era posible que no voluntariamente, porque el gesto fue rudo e innecesario. Esto no pasó desapercibido para Kylo Ren, que en un instante había desenvainado su sable láser y amenazaba a Hux con éste acercándolo a su cuello. Hux estaba temeroso, pero no dejó que Kylo Ren viera en su fisonomía lo que podía ver a través de la Fuerza, por lo que no se movió un ápice. Tampoco yo lo hice. El piloto apuntaba con un rifle láser al torso de Kylo Ren. La tensión se podía cortar. Me temblaban los labios, era incapaz de mantener mi sangre fría. Por protegerme, obligaría a Ben a matar de nuevo.
Entonces, su voz me invadió de nuevo, como la primera vez que me capturó.
No necesitaba hablar, no necesitaba mover sus labios ni mirarme de ninguna forma. Yo sabía lo que decía porque ardía en mi pecho, subía por mi garganta e inundaba mis oídos hasta llegar a mi cerebro de la forma más cálida y pacífica.
"… No te muevas. Me desharé de él. Mientras estés conmigo, nadie te hará daño…"
Lo miré. Mis labios dejaron de moverse, y el terror frío que sentía desapareció.
"… Quédate aquí, ¿Está bien? Volveré por ti y cuando estés conmigo de nuevo, prometo que nadie te hará daño… Recuerda que nadie debe saber nada sobre este momento. Tu nombre es Rey. Ése será siempre tu nombre y así te conocerán todas las personas con quien te topes de ahora en adelante. No lo olvides. Volveré por ti …".
El recuerdo me tomó por sorpresa. Sentí rabia, furia, frustración, miedo. Y cuando uno siente miedo, comete errores. Errores estúpidos que lo llevan a uno a cometer más errores estúpidos.
En un segundo que recuerdo con claridad sobrecogedora, Kylo Ren se distrajo para controlar al piloto. Ni siquiera se movió. El piloto cayó desmayado, con su arma rebotando contra las piedras del sendero. Fue sólo un instante, suficiente para hacer un movimiento que me quitara del alcance del General Hux sólo unos pasos; los suficientes para alejarme y mirarle fijamente, tratando de usar la Fuerza en su contra.
Lo intenté, pero no podía. No podía moverlo.
Entré en pánico. Estaba presa de un ataque de pánico y me quedé estática.
Hux me tomó por el cuello, nuevamente situándose detrás de mí y con un arma láser, de las que el ejército usa cuando están encubiertos en alguna misión secreta, apuntándome. Ben no podía hacer un solo movimiento.
- Si alguno de los dos mueve un cabello, la mataré.
- Aléjate de la chica, Hux, tenemos que entregarla al Líder Supremo, es lo que ordenó – Kylo Ren intentó en un último gesto de obediencia, conciliar con el general, que parecía haber perdido la cordura.
- Eres tan estúpidamente emocional, Kylo Ren – Se burló el general – Como si pudieras engañarme – La mano del general, que sostenía el arma, se deslizó sobre mi pecho y lo apretó. Kylo Ren dio un paso y pude sentir como su miedo se transformó en una furia sin límites. Apreté los párpados asqueada, suplicando en silencio que se detuviera. Si me movía, mataría a Ben. O Ben lo mataría a él. La voz del general, desafiante, resonó contra las paredes exteriores de la fortaleza – Por suerte, no puedes engañarme. Sé quién es esta chica y sé quién eres tú. ¡El Líder Supremo no confiará jamás en ti como confía en mí!
Trataba de pensar frenéticamente en algo, cuando su voz nuevamente hizo presa de mí, resonando en mi interior, como si cada uno de mis órganos estuviera hecho sólo para escucharla.
- Rey, no temas. Lo asesinaré.
Entonces mis pensamientos dejaron de correr vertiginosamente en mi cabeza. No le dejaría matar. Parecía como si se hubieran apagado todos mis sentidos por completo, y recordé que Kylo Ren me había entregado un sable, un sable construido para mí. Un sable por el que, momentos antes de salir de la fortaleza, se había disculpado.
"- Perdona que el cristal sea rojo. Sé que preferirías tener otro sable, pero esto es todo lo que puedo conseguirte para entrenar…"
De un movimiento, sin dedicar un solo pensamiento a éste, con la mente completa y absolutamente abstraída, sin temor, sin dudas ni titubeos, empujé con mi espalda el cuerpo del general mismo que disparó una vez. Desenvainé el sable en el instante en que el general se acercó a levantarme del piso, al que había caído tumbada boca arriba sosteniendo el sable por el mango. La expresión de su rostro al ser traspasado es algo que nunca olvidaré. Su cuerpo, ahora inerte, yacía tumbado sobre mi cuerpo. Era alto y pesado, de rojo cabello engominado y piel casi lechosa. Sentía ganas de salir corriendo, de llorar, de huir. No hice ninguna de esas cosas.
Volteé buscando a Ben y éste yacía sangrando por el hombro. Cierto, ése general Hux no era importante. Después de todo, era Kylo Ren a quien había logrado salvar y era lo que importaba.
Ben recuperó el aliento y me miró, mientras, hincada, procuraba hacer presión en su hombro.
- Es un rozón. Estaré perfectamente en unos minutos – y se incorporó – Vámonos, iremos con el Supremo Líder.
- Pero ¿No dirá nada sobre esto?
- ¿Sabes ocultar tus pensamientos, no es así, Rey? – Dijo con mucho énfasis, pero con la misma voz escueta de siempre.
- Sí – respondí.
- Entonces no hay nada de qué preocuparnos. Lo dará por muerto.
Repasándose el hombro con la mano, Kylo Ren me tendió la suya. Una de sus manos enguantadas acarició mi mejilla y detrás del visor de su casco observó mis ojos con fijeza.
Porque sabía que en ellos, se había encendido una llama que sólo enciende la muerte de quien asesinamos.
