— ¡¿Y por qué mierda tengo que ser yo el que se vista de mina?! — Manuel se veía muy molesto, llevaba un vestido azul, una peluca que le hacía ver el cabello largo, amarrado con una cinta blanca y los labios pintados de color rosa.

— Bueno, con esa cara furiosa pareces una bruja más que una dulce nenita — reclamó Diego con desilusión con sus manos cruzadas detrás de su cabeza.

— Bruja tu abuela — respondió Manuel molesto.

— No te enojes Manuel — señaló Francisco con expresión seria —, es que con ese disfraz te ves mejor que nosotros, cualquiera que te viera, pensaría que eres una chica real…

— Y eso ¿debo tomarlo como un cumplido? — Manuel suspiró molesto. — Bueno sigamos con el plan.

— Pero primero — Diego se puso serio mirándolos a ambos — Francisco ¿me dejas violarme a Manu primero?

— ¡¿Qué mierda estás diciendo?! — le grito Manuel y le empezó a lanzar golpes que Diego riéndose esquivaba sin problemas.

Francisco los observaba en silencio y luego dejo escapar una pequeña risa sonrojándose. Diego y Manuel lo miraron con sorpresa, hace tanto tiempo que no lo oían reír, que verlo de nuevo con esa expresión era agradable.

— Bueno Francisco, sigamos con el plan — señalo Diego.

— Hay alguien que está esperando que lo rescates — agrego Manuel sonriendo.

Francisco los miro a ambos y luego les sonrió, moviendo la cabeza afirmativamente.

— Aunque aun no entiendo ¿Por qué traías esta ropa de mujer? — Manuel observo el vestido que llevaba puesto.

— Eh… es que pensaba rescatar a Rafa vistiéndolo de mujer — Francisco se sonrojó.

— Ya veo, eres tan pervertido como yo — agregó Diego de inmediato, riéndose.

Pancho se sonrojó tanto, que a pesar de que quiso dar explicaciones, no pudo decir nada claro. Salieron de la celda, con las llaves que Francisco anteriormente había robado del guardia que dejo inconsciente en la entrada a ese lugar. Caminaron con cautela hasta salir a cubierta, el cielo ya estaba oscuro, pero afortunadamente aun había partes de la Luna que iluminaban el lugar. Los piratas dormían tirados por cubierta, algunos extremadamente borrachos.

— Ya veo el porqué te fue tan fácil escabullirte sobre este barco — susurró Diego mirando a los piratas dormidos — estos están tan borrachos que no se despertarían aunque se estuvieran hundiendo…

En eso sintieron que los piratas que hacían la guardia se acercaban, era hora de poner el plan en marcha.

Los piratas al acercarse, vieron a una chica que estaba desmayada en cubierta, se acercaron curiosos, viendo a la joven de tez blanca y cabellos castaños inconsciente.

— ¿Una mujer aquí? ¿Pero cómo? — pregunto uno de ellos extrañados.

— De seguro es una de las mujeres del capitán — respondió el otro.

— Si, es bastante bonita, ¿crees que al capitán le moleste si jugamos con ella? — el pirata la miró con una expresión pervertida.

— Acaba de poner una expresión de rabia — agregó uno extrañado — ¿tendrá alguna pesadilla?

En ese momento Diego y Francisco aparecían detrás de los piratas, golpeándoles las cabezas con un balde y así los dejaron inconscientes.

— Justo a tiempo mi bella dama — exclamó Diego levantando a Manuel en brazos.

— No te aproveches de la situación — reclamó Manuel molesto.

-
Arthur se arrodillo cerca de la celda y se sentó en el suelo dándole la espalda a Rafa, quien sentado en una banca miraba hacia el suelo con triste expresión.

— Admiro esa fidelidad tuya — señaló Arthur sin mirarlo — esa persona que dices odiar sigues protegiéndola ¿vale realmente la pena?

Rafa levantó su rostro y lo miró un leve segundo, su mirada gris se perdía en la figura de aquel pirata que no lo miraba.

— ¿Crees que él vendrá por ti? ¿Realmente lo crees? — le preguntó Arthur volteando para mirarlo fijamente.

— No lo sé — respondió y volvió a bajar la mirada – a lo mejor ni cuenta se ha dado de mi desaparición, si fuera el Francisco que conocí, estaría seguro que vendría… pero… - guardo silencio.

Arthur abrió la puerta de la celda y se acerco al joven de cabellos oscuros, arrodillandose frente a él. Lo miro con cierta expresión triste que intrigo a Rafa.

— No vale la pena amar sin ser amado — exclamo el pirata, mientras Rafa al oír esto sentía un enorme dolor en el pecho… ¿es que acaso era esto realmente así? Había pensado en eso, pero no quería reconocer que eso fuera cierto.

—No amado — repitió Rafa bajando la cabeza y sonrió con tristeza.

— Es doloroso pero si es así, debes reconocerlo. — Arthur se levantó — No has pensado mejor permanecer conmigo…

Rafa levanto la mirada de forma inentendible, y ante esto el pirata le sonrió con dulzura.

— ¿Quieres seguir llorando por alguien que no vale la pena? — le preguntó. — Admiro esa tonta fidelidad, pero en este mundo el que no es fuerte muere, en este mundo el que se deja llevar por el amor desaparece, así ha sido y seguirá siéndolo. Si tú me das información importante seré tu amigo, te cuidare y protegeré, pero si sigues negándote… te matare, así de simple y ¿eso aun sigue valiendo la pena? Morir por alguien que no siente nada hacía a ti.

— Eso no es cierto, vale la pena por lo que yo sienta.

— Tonto — murmuró Arthur movimiento la cabeza y con un rapidez giro, atravesó el pecho de Rafa con su espada — ¡¿Crees que sigue valiendo la pena?!

Rafa lo miro desconcertado y cerró los ojos sintiendo el dolor de la espada que le atravesaba el pecho, sin poder evitarlo escupió sangre que cayó en el rostro de Arthur, los ojos del pirata se veían brillantes de odio.

— ¡Sigue valiendo la pena sufrir tanto! — Le gritó, sacando su espada del pecho de Rafa y agarrándolo de la camisa. — Él no vendrá y tu morirás protegiéndolo — lo soltó y el joven Costa Rica cayó al suelo. — No valorara tu sacrificio — Arthur volteo saliendo de la celda y se alejo.

Rafael cerró los ojos, ya el dolor físico no era tan fuerte, pero sintió que su sangre escapaba de su cuerpo. A lo lejos pudo oír los pasos de Arthur alejarse, y el paisaje de esa oscura celda se puso borroso, todo empezó a oscurecerse, a irse, a alejarse. Finalmente cerró los ojos, ya no sentía más el dolor físico ni de su corazón.

Francisco palideció casi desvaneciéndose, ante la sorpresa de Manuel y Diego, quienes de inmediato se acercaron a verlo. Levantó la cabeza con una expresión aterrada.

— Rafa — repitió sin borrar su expresión — Maldición no, no, nooooo ¡RAFAAAAA!