Sí, esta vez es en serio.
Este es el último capítulo de Conexiones.
Sin embargo, me lo he pensado bien, y sí: haré una secuela.
Si quieren saber más detalles, pueden ver la publicación que hice en mi página de Facebook: búsquenme como aquí, Rossana's Mind.
Lo único que les puedo decir, es que la secuela se llamará Unión.
Bueno, ya basta de charlas.
Espero que les guste el último capítulo.
DISCLAIMER: Shaman King no me pertence, sino a Hiroyuki Takei.
Capítulo 8: El lugar donde uno pertenece
—… Eso es todo.
Un profundo silencio se hizo después de las palabras de Yoh. El Asakura menor no sabía qué esperar de su familia; sabía que su abuelo estaba molesto; su abuela… tal vez no; y de su padre y madre no tenía idea. No hablaba mucho con ellos, así que no sabía qué reacción tendrían. Además, incluso si querían castigarlo, cancelar su compromiso con Anna, desheredarlo, o lo que fuese… le daba igual. Él seguiría tomando sus propias decisiones. No se alejaría de la itako, no rechazaría su lazo con Hao, y tendría la vida tranquila que siempre quiso.
—… Si Anna ha logrado que se comporte como se debe, no me importa —habló Kino, provocando un respingo en todos.
—… Abuela…
—¡Kino!
—Anna es la única que puede enfrentarse a Hao y dar una buena pelea —comentó—. En la batalla anterior no lo hizo porque sabemos que es peligroso que se exceda. Sin embargo, todos sabemos… que Anna es la mejor candidata para derrotar a Hao en cualquier situación.
Yoh entrecerró los ojos, incómodo por el comentario. Sabía que Anna era fuerte; él, mejor que nadie, lo sabía. Mas, no le hacía ninguna gracia imaginarse a su hermano y a su prometida pelear a muerte. No sabía hasta qué punto Anna había intervenido ese día mientras estuvo inconsciente, pero notó con gran alivio que Hao no le había hecho daño. Recordaba las pequeñas interacciones entre ambos y podía asegurar que se llevaban bien; no era estúpido, notaba esas sonrisas cómplices entre ellos… como si estuviesen divirtiéndose de algo que solo ellos comprendían… porque estaban en su propio mundo.
Y también…
Sus pensamientos frenaron al ver la silueta de sus amigos fuera de la sala.
—… Eso es todo lo que tengo que decir. Si quieren discutirlo, háganlo. Yo me iré —se levantó rápidamente y salió de allí. Pasó de largo a sus amigos hasta salir de casa. Soltó todo el aire que había escondido y se giró, sabiendo que el resto lo había seguido—. ¿Qué quieren preguntarme?
Los signos de pregunta estaban casi rallados en sus caras. Ren mantenía el ceño fuertemente fruncido, mientras que Horo Horo, Ryu, Faust, Chocolove y Manta se veían desconcertados.
—… ¿Qué es eso de que doña Anna es más fuerte que todos nosotros?
Ugh, diablos…
—Lo es —afirmó.
—¡¿Entonces por qué rayos no nos ayudó cuando peleamos con Hao?! —protestó Horokeu.
Ren tenía una idea del porqué. El momento en que el conjuro no funcionó, Anna había perdido toda esperanza. No quiso seguir luchando… ni viviendo. Simplemente, esperó a que Hao terminara calcinándolos a todos, pero el regreso de Yoh cambió todo. Aún recordaba la forma en que se habían doblado sus piernas y se había dejado caer con tal agonía que no pudo evitar pedirle que se levantara nuevamente a pelear, aunque la mirada de Anna le hizo entender enseguida: ya nada importaba.
—… Yoh-kun… Anna-san nunca intervino directamente con Hao… ¿por qué? —preguntó esta vez Manta.
El castaño suspiró. No era un secreto; en realidad, era la verdad. Incluso si no lo decía, pronto se enterarían. Dudaba que a Hao le importara. Nunca lo discutieron, pero…
—Hao posee una habilidad que le ha permitido incrementar sus poderes considerablemente —comenzó con cuidado. No sabía muy bien cómo explicarlo—… Y… huh…-
Calló rápidamente, y sus amigos entendieron. Cerca… muy cerca, estaba la presencia de Anna, la de Opacho… y la de…
Yoh casi se tropezó con las sandalias, pero salió corriendo en dirección al cementerio: el lugar donde se encontraba su hermano. Los demás lo dijeron sin decir nada. ¿A quiénes querían engañar? Ellos también querían ver al amo de fuego vivo en carne y hueso… querían asegurarse de que realmente había sobrevivido. El de auriculares naranjas corrió tan veloz como sus piernas pudieron; mentalmente, le agradeció a Anna el entrenamiento. Sentía que estaba patinando sobre el suelo. Saltó la entrada del cementerio y visualizó a Anna sentada bajo el árbol. Hao estaba cerca de la lápida donde había visto a Amidamaru por primera vez con Opacho a su lado. Cuando su prometida lo miró, Hao giró su rostro y sus ojos se encontraron.
—… Nii-san…
Los amigos del shaman con auriculares naranjos no pudieron evitar hacer una mueca por la forma en que había llamado al shaman de fuego, pero a él no pareció importarle.
—Yoh —sonrió—, oí que cuidaste de Opacho.
—… Uh, sí…
Ren observó con fascinación el aire tan pacífico que rodeaba a Anna y a Hao, casi le parecía ridículo lo que había dicho Asakura Kino respecto a la posibilidad de que esos dos pelearan a muerte. Los demás miraron con desconcierto a Hao, pero notando su poncho levantado, vieron la cicatriz que Yoh había dejado en él.
—Tch…—Horo Horo no pudo evitar tensarse.
—Sí, sobreviví. Qué lástima, ¿no?
El Usui se tensó ante su comentario. La forma en que había hablado… como si supiese…
—… Como si supiese lo que estoy pensando —terminó de pronunciar su pensamiento el shaman de fuego.
Yoh hizo una mueca.
—No terminaste de contarles todo, Yoh —se encogió de hombros—. ¿Temías que podría enfadarme?
—Uh… no pensé que te molestaría, pero…—miró con nerviosismo a Anna. La rubia alzó una ceja, desafiándolo con la mirada.
Su hermano sonrió.
—No creo que a Anna le importe —la miró de soslayo. Cuando los amigos de Yoh se acercaron lo suficiente, pero a una distancia prudente, Hao ensanchó su sonrisa—. Quieren saber cómo sobreviví, y cómo es posible que Anna tenga tanto poder espiritual como yo.
Ninguno respondió a las obvias preguntas que tenían en sus cabezas.
—Honestamente, no sé quién me salvó —entrecerró los ojos—. Desperté en una choza, pero apenas recordé, vine aquí. No tuve interés de saberlo —miró de reojo a Opacho.
—… Opacho escuchó que un apache exiliado salvó a Hao-sama.
El shaman no dijo nada; lo había visto en su mente, pero a Opacho no le gustaba que leyera su mente, así que fingió no haber recibido ese pensamiento a su cabeza.
—Bueno, veo que un apache me quiere.
Yoh se sentó al lado de Anna, quien lo miró en silencio.
—… La abuela no está enojada contigo… a veces, pienso que te quiere más a ti que a mí—se rio Yoh.
Ella no le contestó.
—¿Y bien? —preguntó Ren, un tanto impaciente por saber la verdad tras el poder que tenía Anna.
Hao formó una cruel sonrisa en sus labios.
—Reishi —contestó finalmente—. Esa es la habilidad que Yoh les mencionó. Literalmente, significa lectura del corazón —los amigos de Yoh se tensaron ante esa confesión—. Ahora lo entienden, ¿verdad? Soy capaz de leer el pensamiento de todos ustedes, sé lo que piensan, lo que sienten, y si quiero, puedo indagar en sus mentes y ver sus recuerdos. Es una habilidad que debes saber controlar, de lo contrario, podrías enloquecer. No es voluntad propia: los pensamientos llegan a mi mente sin poder evitarlo junto con todos sus sentimientos.
Por eso… por eso, había perdido tanto los estribos el día de la batalla. Los sentimientos y pensamientos de los amigos de Yoh eran tan fuertes que taladraban sin piedad su cabeza, y las emociones quemaban sus sienes. Eran potentes; era digno de admirar, pero era demasiado dolor en su mente. Tanto así, que los pensamientos puros de Opacho no fueron suficientes para mantenerlo cuerdo.
—He tenido este poder por mil años —resumió—; esta habilidad incrementa gradualmente el poder espiritual, aunque no sea posible controlarlo. Recuerdo que, en mi primera vida, era un tanto difícil mantener todos esos pensamientos al margen —se encogió de hombros.
Ellos recordaron perfectamente su entrenamiento con la bitácora. La convicción de destruir a los humanos había nacido allí; no debían ser genios para saberlo: si calculaban bien, la primera vida de Hao había sido en medio de las guerras, del horror y fue testigo de los rostros humanos más crueles. Por lo tanto, no era de extrañar que toda esa negatividad, rencor y odio lo hayan vuelto loco.
—Ahora, si quieren saber qué tiene que ver esto con Anna —miró los ojos dorados de la itako, quien lo miró de vuelta—… es porque ella es la única… a la cual no puedo leerle la mente.
—… ¿No puedes leerle la mente? —repitió Horo Horo.
—¿Qué significa eso…?
El chino averiguó enseguida el trasfondo de esas palabras.
—… Anna también lo posee —murmuró, provocando un escándalo en el grupo.
—¡¿ANNA-SAN LO TIENE?!
—¡AHORA TODO TIENE SENTIDO! ¡MALDITA BRUJA…! —Horo Horo fue interrumpido por la sandalia de Anna estrellándose contra su cara. La rubia lo miró con molestia.
—Lo tuve —aclaró—. Ahora no, ya no —entrecerró los ojos y relajó su expresión. Hao notó ese gesto y no pudo evitar sentir un poco de envidia. Ella era libre de ese poder, y podía vivir tranquila—. Pero estuve más de diez años con ese poder… por lo que me es sencillo leer las expresiones de las personas; puedo adivinar lo que piensan.
—¿Cómo dejaste de tenerlo?
—No lo sé… fue poco después de…
Yoh la miró.
—… Poco después de haber conocido a Yoh —finalizó. Podía dar datos del reishi, pero no tenía razones para dar detalles de lo ocurrido en el monte Osore. Además, pensaba que Matamune merecía un poco de respeto por eso.
—Asumo que Anna tuvo un reishi mucho más poderoso que el tuyo en tu primera vida—comenzó Ren, mirando a Hao—, pero lo tuvo por poco tiempo. Contigo es diferente.
—Así es.
—¿Por qué nunca te enfrentaste a él, Anna? —inquirió el ainu.
—No me hables con tanta confianza, imbécil —lo escudriñó con la mirada—. No tenía porqué; sabía que Yoh ganaría.
Horo Horo iba a protestar, pero una vez más, la voz de Ren se escuchó.
—Si Anna es más fuerte que todos nosotros… ¿por qué nunca absorbiste su poder?
Yoh se tensó de pies a cabeza, tomando instintivamente la mano de Anna. La rubia no parecía alterada, pero se vio interesada por la pregunta del chino. Todos miraron expectantes al amo de fuego, quien sonrió con suficiencia.
—No quería hacerlo.
—¡Eso no es suficiente…!
—Quería ser el Shaman King, y así, casarme con ella.
Todos miraron rápidamente a Yoh y Anna, pero ninguno reaccionó de forma explosiva. El castaño sonrió de forma misteriosa, mientras que Anna rodaba de ojos, acostumbrada a los comentarios del amo de fuego.
—¡¿No dirás nada?! —soltó Horo Horo.
—¿Por qué debería? —contestó con otra pregunta Yoh.
—… ¡TU HERMANO TE QUIERE ROBAR LA NOVIA! —acusó con el dedo a Hao.
—Esa no es su decisión —Anna se cruzó de brazos—. Es mía, y yo quiero casarme con Yoh.
—Además, el torneo ha sido cancelado. Y es desconocido si algún día volverá a caer Ragoh ante nuestros ojos —comentó Hao—. Pero tengo la corazonada de que volverá —ensanchó su sonrisa con cierta malicia—; el mundo necesita del Shaman King —cerró los ojos unos segundos, para después abrirlos y mirar a los amigos de su hermano—. En fin: Anna obtuvo el reishi por un tiempo, y yo lo he tenido por mil años. Aún no tengo claro porqué no puedo leer su mente, pero asumo que debe ser un hechizo de reflexión que nace de las personas que adquieren esta habilidad.
Ren se mantuvo en silencio tras la respuesta de Hao, así que suspiró y, sin decir nada, se retiró. Horo Horo y Chocolove lo siguieron instantáneamente, mientras que Manta, Faust y Ryu se debatían si deberían hacer lo mismo. El doctor miró de reojo a los gemelos Asakura y sonrió levemente, para finalmente irse, seguido de los otros dos.
—¿Estará bien dejarlos solos? —se preguntó Ryu.
—Bueno, Hao nunca fue hostil cuando estuvo en la pensión —comentó Manta—… no creo que haga algo.
—Yo también lo dudo —sonrió Faust—, quiere mucho a su hermano y a Anna-san para hacer algo al respecto.
—¿Tú crees?
El doctor sonrió tétricamente y siguió caminando. Él, mejor que nadie, conocía las miradas llenas de amor de las personas. Las miradas entre Yoh y Anna eran una de las cosas más bellas que Faust podía ver aparte de la mirada de su amada Eliza. Sin embargo, había notado algo muy curioso: los ojos de Hao casi nunca se apartaban de Anna. Sorpresivamente, era extremadamente sutil; la miraba con delicadeza y afecto.
—… Faust… Tu cara da mucho miedo.
—¿Tú crees? —se rio.
Se preguntaba si Yoh ya lo había notado.
—… Nii-san…
Hao miró a Yoh. Aún no se acostumbraba a la forma en que su hermano le llamaba, pero no diría nada.
—Umm… ¿Qué harás ahora? —sonrió nervioso—. Has vuelto, así que… pensé…
—¿Quieres que me quede?
—¡SÍ! —contestó automáticamente, provocando un resalto en su prometida y en su hermano. Hao tuvo que darle crédito a su hermano menor; ni siquiera había procesado esa palabra en su mente, y la había escupido como si nada.
—Si los Asakura perdonan el hecho de me hayas salvado… tendrás que dar una habitación a Opacho y a mí.
—… Uh… entonces, espero que así sea…
—Yoh —dejó de sonreír—, ¿por qué quieres que me quede?
El castaño menor le sonrió.
—Eres mi hermano, y el único de la familia con quien he interactuado, aparte de Anna —miró de reojo a su prometida—. Me gustaría que siempre fuese así. Entrenar no me es muy grato, pero se vuelve divertido cuando lo hacemos juntos. La mesa no está tan vacía… aunque vengan mis amigos, sé que se irán. Pero contigo es diferente. Eres mi hermano mayor.
Opacho observó con gran felicidad cómo los ojos de su amo mostraban una emoción que solo se la dedicaba a ella: ternura. Las palabras de Yoh lo habían conmovido mucho. La niña miró a Anna, quien miraba atentamente la expresión del amo de fuego.
—… Hmph —se colocó de pie—… bien.
Dicho esto, una llama de fuego lo envolvió a él y a Opacho, para luego desaparecer. Yoh frunció el ceño, confundido por la corta respuesta.
—No te preocupes. No creo que se vaya.
—¿Cómo lo sabes, Anna?
—Hao no tiene un lugar al que pertenece —susurró—. Y si quieres seguir manteniendo un lazo con él, lo mejor será encontrárselo pronto. Si es cerca de ti, mejor. Hemos logrado conocerlo gracias a ti, y tu influencia ha disminuido sus ganas de matar a los humanos. No sé a qué punto, pero lo hizo.
El castaño sonrió un poco.
—¿Yoh?
—Estoy bien —le sonrió y tomó su mano con afecto—. Gracias por apoyarme en mis decisiones, Annita. Lo aprecio mucho.
—No tienes porqué agradecerme. Es mi deber como tu futura esposa. Aunque tus decisiones sean estúpidas, tengo que apoyarte, porque sé que son las mejores decisiones —una imperceptible sonrisa se formó en sus labios.
Yoh rio y no pudo evitar abrazar con fuerza a la itako, quien soltó un ruido de sorpresa, para después maldecirlo por su impulsividad.
—Necesitamos verlo primero.
Yoh y Anna intercambiaron miradas ante la petición de Asakura Yohmei. Cuando su nieto iba a replicar, una llama de fuego nació a sus espaldas, y se relajó al sentir la mano de Hao en su cabeza. El abuelo observó en shock a su nieto mayor, quien le sonrió con autosuficiencia.
—Asakura Yohmei, ha pasado mucho tiempo.
—… Hao.
—Creo que puedo aceptar tus términos, pero dilos de todos modos para que no haya malinterpretaciones.
El anciano frunció el ceño cuando supo que el shaman de fuego había leído su mente. Soltó un sonoro suspiro.
—Muy bien —miró a los ojos a Yoh—. Yoh, Anna será la encargada de ustedes dos. Kino tiene razón; la única persona capaz de sobrellevar su poder es ella. Sé que Anna es capaz de dominar sus sentimientos cuando la situación lo demanda; sé que será capaz de enfrentar a Hao si la situación lo demanda. Tú eres un caso distinto, así que no te atrevas a negar esta condición.
El castaño con auriculares se entristeció un poco. Hao y Anna jamás se enfrentarían; su hermano la estimaba demasiado como para hacerle daño, y Anna… pues… le preocupaba de verdad que fuese capaz de pelear contra el amo de fuego.
—Y segundo, no puedes matar a nadie —entrecerró los ojos—. En el caso de que vuelva el torneo, haz lo que quieras… pero ahora, estás bajo nuestro mando, ¿oíste?
Hao no tenía porqué obedecerles. Él solo quería unir lazos con su hermano y con Anna. Gracias a ellos, había recuperado a Opacho. Todo era por ellos. Sin embargo, sabía que debía recompensar a su hermano de alguna forma. A él no le gustaba que matara gente. Incluso ahora, oía sus pensamientos suplicándole que accediera, pero solo si se sentía cómodo con esto.
—… Acepto —los hombros de Yoh se relajaron—. Estaré bajo el mando de Anna hasta la Shaman Fight.
El anciano lo escudriñó con la mirada unos segundos más, hasta que se levantó y se acercó a la salida.
—Quiero que me llamen constantemente.
—Está bien… ¿dónde están mis padres?
—Se adelantaron. Ya están en el auto.
Yoh se encogió de hombros. No le sorprendía.
—Kino dice que está orgullosa de ti, Anna —al oír un profundo silencio a modo de respuesta, él carraspeó—… y espero que puedas disculparme por haber sobreestimado tu capacidad como esposa de los Asakura.
—… Mm.
Hao entrecerró los ojos, sabiendo que Anna no lo había perdonado del todo. No necesitaba del reishi para ver su expresión.
—Yoh, ¿dónde dijiste que estaba el baño?
—¿Eh? Está al final del pa…
—Llévalo —ordenó Anna.
—¿Eh? Está bien…
El castaño se levantó y llevó a su abuelo. Hao entrecerró los ojos y suspiró.
—… ¿Quieres que vaya?
—Conociéndote, no tomará más de tres minutos. Así que ve.
Él se tragó un segundo suspiro y caminó hacia la entrada de la pensión. Apenas abrió, se encontró con Asakura Keiko, quien le miró sorprendida.
—Keiko —saludó.
—… Hao…
—Supe que deseabas hablar conmigo.
—… Así es —la mujer frunció un poco el ceño—… sé que sonará muy hipócrita de mi parte porque no he sido una muy buena madre para ninguno de ustedes. Pero necesito decírtelo, aunque ya lo sepas —susurró lo último, refiriéndose a su habilidad de leer mentes—… Siempre agradecí el momento… en que lograste escapar de la muerte. Aunque era el enemigo, nunca quise que mi hijo muriera.
Hao la miró unos segundos sin decir nada. Sentía la presencia de Mikihisa en el auto, sabiendo que saltaría en cualquier movimiento sospechoso. Siempre lo supo: Keiko nunca había deseado que la familia luchara contra él. Casi podía oler el alivio de su ser cuando Yohmei había aceptado que Yoh y él viviesen como hermanos. Pero ella era una mujer sumisa; siempre guardaría sus más profundos sentimientos para ella.
—Agradezco tu honestidad, Keiko. Pero solo puedo darte eso —retrocedió un poco—: gratitud. No mentiré, y solo diré esto. Yoh… y Anna son mi única familia —frunció el ceño—; solo ellos.
Sintió el dolor de la mujer como suyo; había nacido desde su pecho y se esparció por todo su cuerpo. Ella asintió lentamente y susurró su despedida. Hao terminó por retirarse y volver al lado de Anna.
Asakura Keiko no era su madre.
Las dos últimas mujeres que le habían dado la vida las protegió por agradecimiento de haberlo traído de vuelta al mundo, pero solo fue eso. Jamás las llamaría así, ni intentaría forjar lazos con ellas. Porque él solo tuvo una madre.
Y la había perdido.
Detuvo sus pasos al sentir escozor en sus ojos. Detestaba admitirlo, pero no se dejaba pensar en ella muy a menudo. Sabía que, al hacerlo, se volvía extremadamente sensible. Pero no podían culparlo; ver a su madre ser quemada viva mientras él no pudo hacer nada para evitarlo…
—Hao.
La voz de Anna lo calmó un poco, pero no lo suficiente.
—… Dame unos segundos.
Mantuvo los ojos cerrados todo ese tiempo, y escuchó a Anna acercarse lentamente a él. Al sentir sus manos en sus brazos tirando de él, no pudo evitar abrirlos cuando su mentón se apoyó contra su hombro y su torso se pegó suavemente con el de su cuñada.
—Te doy solo cuarenta segundos. Cada vez que te sientas de esta forma, te daré cuarenta segundos. No más, si menos. Necesitas cooperar por el bien de Yoh. ¿Entendido? Estoy a cargo de ti, recuérdalo.
Pensar en Yoh logró que comprendiera sus intenciones. Anna le estaba brindando un lazo que no le había dado a nadie: su amistad. La rubia había levantado sus manos, tomando el rol de confortarlo cuando no fuese capaz de encarar a su hermano en tal estado. Ninguno de los dos sabía lo que era tener un amigo; ambos por las mismas razones: ser llamados demonios. Yoh había llegado como un rayo de luz en sus vidas, pero no llenaba el papel de "amigo".
—Comenzaré a contar.
Al terminar la frase, Hao rodeó el cuerpo de la itako y la abrazó con fuerza, escuchando el lento conteo de la rubia.
Yoh estuvo buscando mucho rato a su hermano. Había ido a su habitación a despedirse de él, pero solo encontró a Opacho dormida. Tras avisarle a Anna que iría a buscarlo, ella solo asintió.
"Yoh-dono."
—¿Lo encontraste?
"Está en el techo. Quiere hablar con usted."
Él sonrió.
—Gracias, Amidamaru. Puedes irte ahora.
El joven se asomó por la ventana y subió hasta el lugar más algo de la casa. Se sorprendió un poco de verlo con el cabello tomado en una cola alta y vestido en un chándal.
—Me quedan bien, ¿no?
Yoh se rio y asintió hasta sentarse a su lado.
—… Anna me ofreció su amistad.
Su hermano menor lo miró con grata sorpresa, para luego sonreír enormemente.
—¡Eres el primer amigo de Anna! ¡Estoy tan feliz! —exclamó con gran alegría. Hao lo miró con interés, una suave curva formada en sus labios—. Ah… pero no se pelearán, ¿verdad? No me pidan tomar lados, por favor…
—Creo que, si llegamos a pelear, será por mi culpa —rodó de ojos con exasperación—. No deberías preocuparte por eso.
—No lo haré. Sé que tú y Anna serán grandes amigos.
Amigos…
—Eso espero —cerró los ojos unos momentos—. Anna me preguntó qué era lo que deseaba mi corazón en estos momentos, y seré completamente honesto contigo, Yoh.
El menor lo miró atentamente.
—Quiero ser el Shaman King —se tornó serio—. Y debo seguir entrenando, para seguir siendo más fuerte cada día. No dudo de mi poder, pero tengo que admitir… que mi corazón es débil —Yoh se entristeció ante esas palabras—. Me fortaleceré, y te demostraré que no podrás ser tú quien reinará —lo miró desafiante unos segundos, para luego sonreírle cálidamente—, porque yo ganaré.
—… ¿Aún quieres matar a los humanos?
—Así es —pausó unos segundos—, pero tengo tiempo para hacerlo. Tiempo suficiente para… tal vez, cambiar de opinión —su hermano estuvo a punto de hablar, pero él siguió—. No me malentiendas; mi odio por los seres humanos sigue presente. Nunca entenderías el gran aborrecimiento que siento por ellos. Sin embargo, he encontrado a gente en quien confío, y quizás puedan darme una mejor opción para lidiar con estos sentimientos —tragó saliva con calma. Una vez que formulara la petición, sabría enseguida la respuesta—. Yoh… cuando volvamos al torneo… quiero que hagas un equipo conmigo.
El joven con auriculares parpadeó, sin poder creérselo. No esperaba semejante solicitación, aunque tampoco esperaba que Hao volviese con sus antiguos seguidores. Pero nunca esperó que buscara en él el apoyo que necesitaba para ser fuerte.
—Además… tengo razones para mantenerte en mi equipo —Hao sonrió misteriosamente—. Nuestras almas reaccionan de una forma muy curiosa cuando nos reunimos armoniosamente. Aún no estoy seguro de qué es, pero lo averiguaré. Por eso, te necesito en mi camino para ser el Shaman King.
—… Formaré parte de tu grupo, nii-san —sonrió—, pero no permitiré que seas el Shaman King. Le prometí a Anna que yo lo sería, y quiero una vida tranquila para ella y para mí.
Hao ensanchó su sonrisa.
—Hmph. Eso ya lo veremos, otouto.
Dewa... matta
That's it.
Me agrada la idea de que Hao y Yoh luchen por un objetivo "en común". Sé que dejé algunas cosas inconclusas, como la partida de Lyserg, las reflexiones de los amigos de Yoh, las opiniones de la familia Asakura… pero este fic se trataba de la forma en que Yoh y Anna sanarían lentamente el corazón de Hao. La secuela se encargará de llenar estos vacíos que dejé.
Agradezco el apoyo de todos ustedes. Llevaba años haciendo esto (en serio XD), y tuvieron la paciencia de leerlo y esperar a que actualizara.
Nos leemos en otro fic.
Saludos.
Rossana's Mind~
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