Le compte à rebours est commencé
Run, run, little girl. You can run but you can't hide.
Capítulo VII: Ilusión
Sentirse acompañada otra vez, ser abrazada por una de las últimas personas que esperarías ver viva, escuchar el latir del corazón de un ser querido, realmente no tiene comparación después de todo lo que ha pasado.
Sentir un corazón latir.
Francis está conmigo, está a salvo. Respira. Late.
Me aferro a él, tomando nota de cada detalle, cada sentimiento, porque quien sabe cuando pueda perderlo.
Sólo hay una cosa que me detiene de explotar de alegría, y es que no puedo evitar notar que Arthur no está en ningún lado visible.
Y sé que Francis ha notado la falta de los gemelos.
Por eso cuando nos separamos, es algo gracioso cuando los dos hablamos al mismo tiempo para preguntar por los ausentes. A pesar de que es sólo una risa es débil y no dura más de unos segundos, es una risa al fin.
-Que sucedió, por qué gritabas, ¿ha pasado algo?-me pregunta buscando otro enfoque
-Está muerto, ¿no?
-¿Ah?
-Arthur.
-No, non, ¡claro que no! O por lo menos quiero creer que no. Nos separamos durante la pelea. No pude encontrarlo, así que supuse que habría venido a buscarlos a ustedes, porque eso fue lo que pactamos de antemano, que si nos separábamos nos reuniríamos en la selva con ustedes.
-Oh. Entonces…hay una chance que no esté muerto…
-¡Hay mucho más que una chance, ma chérie! Yerba mala nunca muere, recuérdalo.e me dice golpeando cariñosamente la nariz
Mi respuesta no es más que un tarareo mientras sigo mirando nuestros pies. Mis sandalias blancas ya están irreconocibles a estas alturas, diferente a las botas de Francis, preparadas para ser todoterreno.
-Acaso Mathieu y Alfred…
No puedo evitar que una oleada de lágrimas me ataque. Y claro, como no. Los gemelos están muertos.
¿Pueden entender eso? ¿Dos naciones, muertas? Y Kumanjiro.
Esto no puede estar pasando. No quiero tener que decírselo a Francis, cualquiera menos él.
-Désolé, papa, désolé
Susurro patéticamente, apenas noto que lo he llamado papa como cuando era niña. Dieu, mi marcha atrás no se detiene.
Francis también se quiebra con la noticia. Ver como pequeñas lágrimas se forman en sus ojos me pone aún peor, quizás si no me hubiera abrazado ya hubiera caído al suelo de nuevo.
-Primero, Kumanjiro murió queriendo proteger a Matthew, luego Matthew cuando unos bandidos nos atacaron y tan solo esta mañana, L'Amérique también…también…
No tenía sentido que siguiera explicando porque ni Francis necesitaba saber los detalles en este momento ni yo podía seguir.
Que importa lo que pasó, sólo se que ya no están.
No sé cuanto tiempo pasa, pero no podemos caer por siempre. Francis lo sabe, yo también, pero como siempre es más fácil ignorarlo. Y como siempre, dejo que alguien más se haga cargo.
Francis intenta calmarme, secando mis lágrimas, meciéndome en el abrazo, siendo tan dulce como bien sabe serlo.
Pero cada vez que intenta decirme que todo va a estar bien, algo se quiebra y su voz tambalea. Estoy segura que ahora él también está considerando si no podremos haber perdido a Arthur también.
Así que decide empezar de vuelta y busca otro enfoque. Me pregunta si tengo hambre, y se ofrece a cocinar algo porque la cena se acerca. La cocina siempre fue su pasión, y recuerdo cómo cuando era niña solía hacer lo mismo para consolarme, cocinarme un delicioso plato para "espantar mis miedos y curar mis penas". Claro que ahora sus opciones están completamente limitadas a los utensilios e ingredientes que hay en la selva, pero hay algo en su expresión cuando está encendiendo el fuego que poco a poco, va deteniendo mis lágrimas.
Quizás es el sentimiento familiar que me da revivir una vieja rutina, o el calor que me produce el ver que alguien no sólo intente calmarme, sino que además se está esforzando en cocinar sólo para mí. Es cómo volver a ser niña, y creer que Francis lo sabe y lo soluciona todo. Es permitirme, por tan solo esos segundos en que me quedó mirando esos ojos azul zafiro sumergidos en profunda concentración, pensar que Francis tiene una explicación a esto en donde estamos todos vivos y lejos de cualquier peligro.
Francis sonríe cuando termina esa especie de ensalada con frutos cocinados que ha inventando, y sigue sonriendo cuando me da mi plato. Cuando nos sentamos frente al fuego, en cambio, vuelve a la seriedad. Comemos en silencio mientras la noche va cayendo, enfocados en la nada y en el todo.
A pesar que debería de tener hambre después de tanto tiempo sin comer, apenas como medio plato. Sé que Francis no va a ofenderse, así que sólo lo dejo a un lado. Él sí lo termina, termina el mió también, y hasta come unos frutos rojos extras. De postre, me dice con media sonrisa. Recuerdo que cuando era pequeña y no quería terminar mi comida, siempre me decía que hay que comer mientras se tenga comida enfrente, porque nunca se sabe cual será tú último plato.
-Quizás…-empezó Francis comiendo los últimos frutos-quizás deberíamos dormir, descansar esta noche, y en la mañana buscar a Arthur. Los dos hemos estado dando vueltas por la jungla y aún no hemos cruzado ni tenido noticias de él, así que creo que deberíamos ir a Victoria, donde podemos intentar hacer contacto con la resistencia y ver si ellos saben algo. Además, si no se ha acercado después de tu grito, no creo que esté en ningún lugar de por aquí-comenta medio con ironía, medio con cansancio
Hay algo que se ilumina en mi mirada, Francis lo ve, y sabe que es algo más que el reflejo del fuego.
-¿Resis…tencia?
-Oui, no son fáciles de contactar pero no te preocupes, encontraremos la forma. Bueno, lo mejor sería que tú no te acerques mucho, pero realidad la resistencia no está en Victoria, sino concentrada en las cercanías, la ciudad ha sido completamente tomada…
No me habla a mí, sino más bien es para ponerse un orden a sus pensamientos, lo cual es bueno porque he perdido completamente el hilo de su monólogo.
-Sesel, ma chérie, ¿estás bien?-me pregunta cuando nota mi expresión pérdida
-¿De verdad…hay una resistencia?
-¿Ah? ¡Pero, por supuesto que la hay! Aca-…-
Su respuesta eufórica se apaga cuando yo no cambio la cara a pesar de su emoción. Básicamente, porque en mi interior hay una guerra entre creer y no creer, entre tener esperanzar y protegerme de futuras desilusiones. Francis toma mi cara entre sus manos, amable como sólo él sabe tratarme, y luego dice mucho más suave y tranquilo
-Chérie, estás viva. Lo que significa que hay gente, tu gente, peleando por ti. Tú bandera no ha caído. Ni caerá.
Esto de llorar se ha hecho rutina ya. De miedo, tristeza, dolor o emoción, las lágrimas han estado demasiado presentes estos días. Francis besa mi frente, y yo lo abrazo. Elijo creer por esta vez. Con Francis siempre elijo creer.
-Creo que lo mejor sería dormir por ahora, y mañana será otro día.
-No, no, dormir no, ¡dormir no!
Mi reacción es automática. Se supone que cuando uno se pregunta a si mismo si no se está volviendo loco, entonces no está loco, ¿verdad? Porque creo que estoy perdiendo la razón poco a poco.
-Voy a seguir estando aquí en la mañana, Chérie. Y en la mañana de mañana, y la de después, y la otra. No iré a ningún lado, es una promesa. ¿Y sabes que más? Quizás en la mañana de mañana hasta esté Arthur con nosotros también.
No es justo que Francis suba mis expectativas tan fácil, porque así como suben caen. No es justo que con un simple beso en la mejilla baje mis defensas, tengo que estar alerta. Preparada.
-Chérie, por hoy, sólo por ahora, olvídate de todo.
-¡No puedo! Estamos en guerra, Mat-…-
-No importa eso ahora. No en este momento. Sólo cierra los ojos y no pienses en eso. Es horrible, lo sé. Hay mil cosas por las que preocuparse, y otras mil de las que arrepentirse. Pero sólo por estas horas que quedan hasta el amanecer, intenta calmarte. Necesitas-…- ngnks-
Francis se alejó de mí y empezó a toser violentamente. Inconscientemente le doy unos golpes en la espalda hasta que termina. Quita su mano de la boca, y estoy segura que sus ojos muestran tanto horror como los míos.
Sangre brilla en su palma, sangre que salió de su interior.
Oh, Dieu.
Y que le guste al que le guste.
