Disclaimer: ¡Nada me pertenece. Los personajes pertenecen a Yamane Ayano y la historia a thegreymoon! (Esta es una traducción).


Capítulo 8

—Esto no tiene nada que ver conmigo —dijo Yuri con una voz suave y enojada—. ¡Lo que estás haciendo está mal y lo sabes, de otra forma no estarías tan a la defensiva respecto a esto!

—¿Mal? —dijo Mikhail, balanceando el vaso entre sus dedos, mirada inquebrantable mientras observaba fijamente a los ojos del hombre—. Te aseguro, tío, que poco de lo que he experimentado en mi vida jamás se ha sentido tan bien como esto. Debo tenerlo. Lo tendré y no hay nada que puedas hacer para detenerme. Y para que conste, no soy yo quien está a la defensiva. Tú estás siendo ofensivo. ¿Ves la diferencia que hay?

—Mikhail, él no es solo un hombre, también es de la Tríada —dijo Yuri, ignorando su último comentario. Por la forma en que las venas sobresalientes palpitaban en sus sienes y por la fuerte sequedad del tono de su voz, Mikhail estaba seguro que el hombre estaba tratando de mantener la calma, y le interesó ver cuánto podía presionarlo antes de que se agrietara por todas partes—. Es un puto, hijo de una puta. Su sola existencia es la evidencia de la traición. Toda su vida está marcada por la traición. Nació en ella, vive por ella y morirá por ella. ¡Si solo pensaras en ello con cabeza fría, estoy seguro de que te darías cuenta de que no podrías querer algo así en tu vida!

Mikhail había escuchado ese discurso tantas veces, que ya no tenía la potencia para siquiera hacerlo enojar, y mucho menos intimidarlo para hacerlo retroceder, pero le divertía ver a su tío sacar la misma historia una y otra vez. Su absoluta falta de creatividad nunca dejaba de sorprenderle, y pensó irónicamente que al menos era agradable que el relato fuera interesante y cercano a su corazón, puesto que se había visto obligado a escucharlo infinidad veces.

«Un puto, hijo de una puta». La primera vez que había visto a Fei Long, había sido golpeado por su dolor más que por su hermosura sobrenatural. Era una escultura; una obra maestra viviente con el porte perfecto, el rostro perfecto, una máscara perfecta, con poder ilimitado a la punta de sus dedos delgados y perfectamente cuidados; sin embargo, estaba roto por dentro, con una herida abierta en su alma y un torbellino de oscuridad gritando en su interior que emocionaba y aterraba. Una profunda sensación de tragedia le cubría como un velo, empapándolo y permeando todo lo que tocaba. El oscuro manantial de amargo dolor que Mikhail había visto en sus intensos y negros ojos no podía deberse a obra de la vida, sino de algo sinuoso que se extendía a través de generaciones de infelices destinos.

Esto en cierta forma tenía sentido, porque algo tan hermoso como Fei Long no podría haber llegado a existir a menos de que fuera para que estuviera tan profundamente defectuoso. Esto había detenido el aliento en su pecho al verlo y había sabido que debía tenerlo, o morir de anhelo si no podía, porque enamorarse de alguien como Fei Long era una enfermedad de la que ningún hombre podía recuperarse.

—Él es todo lo que quiero en mi vida, tío —dijo Mikhail.

—¡No puedes hablar en serio! —gritó Yuri horrorizado.

—Él es la otra parte de mi alma —continuó Mikhail—. La parte que me falta, que completará mi destino. No puedes estar en contra de eso.

Yuri bufó a modo de burla.

—La parte que te falta, ¿eh? —dijo—. ¡No seas tan dramático! ¡Todos sabemos de qué se trata esto! ¡Él es hermoso, se lo reconozco! Con semejante rostro tan bonito es capaz de enloquecer y empujar incluso al mejor de los hombres a la transgresión y lo entiendo, pero ¿realmente es necesario todo esto? ¿No podrías simplemente follártelo y terminar con todo esto de una vez, para que todos podamos continuar con nuestras vidas sin que te involucres tan profundamente en ese mundo? Sabes lo que estás arriesgando... No podemos permitir que te ensucies las manos con... ¡esto!

—Tsk, tío —lo amonestó Mikhail con un humor superficial que ocultó su verdadero disgusto—. Realmente no deberías emplear semejante lenguaje repugnante cuando hables de él. Es… es inadecuado al tratarse de una criatura tan sublime. Y no, simplemente no podría follármelo, como tan crudamente lo expones. No es su cuerpo lo que busco. Quiero todo lo que tiene por dar; toda su oscuridad y su dolor. Quiero extirparlos de él hasta que no quede dolor en su alma, y pueda finalmente arrancar la intacta flor de su satisfacción durmiendo bajo esto. No quiero solo una noche de pasión con él. ¡Quiero tenerlo toda la vida a mi lado! Quiero extinguir el dolor de sus ojos y finalmente tenerlo mirándome con amor. Quiero que esté tranquilo en mis brazos, para que así yo pueda encontrar mi propia realización en los suyos. Y si tener eso significa ensuciarme las manos, entonces, ¡que así sea! Tus objetivos ya no son los míos.

—Ten cuidado con lo que dices, pequeño tonto —dijo Yuri en una voz baja y enojada—. ¡Tú no puedes elegir tus objetivos! ¡Hay mucho más en tu destino que la simple satisfacción de tus bajos deseos! ¡No olvides eso!

—Nunca he descuidado mis deberes, así que no te atrevas a sacar eso ahora —dijo Mikhail, un poco de verdadera ira atravesó su voz por primera vez—. ¡Lo uno no tiene nada que ver con lo otro y tú lo sabes, así que no trates de convertir esto en algo que no es!

—Incluso si es así, ¿qué te hace pensar que tendrás éxito en esta locura? —se burló Yuri—. Ahora, tienes la preciosa escritura de Liu Fei Long, junto con la garantía de que sus hombres le traicionarán cuando llegue el momento, pero ¿crees que eso es suficiente? ¿Esperas que te ame por esto? ¿Por convertirlo en un prisionero en su propio mundo, en su propia casa?

—No te preocupes por semejantes detalles, tío —dijo Mikhail con una sonrisa paciente y condescendiente que sabía enloquecería al otro hombre—. Él me amará a su momento; simplemente no lo sabe todavía... Es cuestión de tecnicismos para los cuales no necesitaré la ayuda de la organización, así que no tienes que preocuparte por el funcionamiento de nuestra futura relación.

—¡No sabes lo que estás haciendo! —Yuri se ruborizó de un rojo ardiente por las obscenas implicaciones en las palabras de su sobrino—. ¡Él te destruirá y tu caída nos arrastrará también a todos nosotros! ¡Por amor de Dios, Mikhail! ¡Aún hay tiempo! ¡Regresa a Moscú y olvídate de este desastre! ¡Aún no es demasiado tarde para salvar tu reputación!

Mikhail bostezó y miró a su tío con aburrido desinterés en sus ojos soñolientos.

—Ya es demasiado tarde, tío —dijo—. Cuando regrese a Moscú, será con él a mi lado, o de lo contrario no lo haré.

Le encantaba hacerle esto, dejarle exaltarse y después poner una pared entre ellos. Sabía que no había nada que Yuri odiara más que saber que estaba siendo ignorado y lo hizo de manera evidente, disfrutando la satisfacción de ver sus manos enguantadas apretarse. Los ojos enrojecidos de Yuri se retorcieron en sus cuencas y su boca se estrechó mientras se esforzaba por contener la rabia.

—Rezaré por ti, hijo mío —dijo Yuri roncamente, temblando completamente por su frágil autocontrol—. ¡Rezaré para que veas el error de tus métodos y te arrepientas de tus fechorías!

—Tío, ¿hay una razón para todo esto? —dijo Mikhail irritado, terminando su bebida—. ¿O simplemente estás metiéndote conmigo porque sabes que puedes hacerlo?

Yuri lo miró fijamente, tomando un momento para reagrupar sus pensamientos y ponerlos de nuevo en marcha para eso que le había llevado hasta las habitaciones de Mikhail en primer lugar. Respiró hondo y cerró los ojos lentamente. Apretó su puño una vez más y todo su brazo tembló mientras recuperaba el control.

—En realidad, la hay —dijo calmadamente, savoreando la noticia que traía con alegría vengativa.

Mikhail levantó una ceja hacia él.

—¿Y?—cuestionó—. ¿Vas a decírmelo o simplemente vas a esperar hasta que tu sermón me haga dormir?

—Oh, dudo mucho que duermas después de esto —dijo Yuri. Sonrió débilmente, las arrugas alrededor de su boca daban a su rostro una horrible expresión—. Acabo de recibir una llamada de Wong Liu de Baishe.

Para su satisfacción, Mikhail se estremeció visiblemente.

—¿Wong Liu? —dijo—. ¿Qué quería?

—Parece que hay una falla importante en tu brillante plan —continuó Yuri, saboreando cada palabra en su boca como si fuera una deliciosa recompensa—. Ah, Baishe... nunca puedes confiar en que harán lo que esperas, ¿cierto?

—¿De qué estás hablando? —dijo Mikhail; impaciente, preocupado y sin molestarse en ocultarlo.

—Tu precioso Fei Long ha desaparecido. —Yuri entregó el golpe con fingida preocupación, disfrutando del sinfín de emociones que su sobrino revelaba ante la noticia.

—¿Desaparecido? —Mikhail entrecerró los ojos peligrosamente—. ¿Qué quieres decir con desaparecido?

—Quiero decir exactamente lo que dije. En Baishe no saben dónde está, así que pensaron que debían llamarte, solo para comprobar si tenías algo que ver con ello. Si tal vez habías puesto en marcha tus planes sin avisarles primero.

Mikhail puso con fuerza el vaso que tenía en la mano sobre el mostrador, erizado completamente por toda la violencia apenas contenida.

—¿Y por qué te llaman a ti? —siseó—. ¿Por qué no me llaman a mí directamente?

—Oh, lo intentaron —dijo Yuri alegremente, sin ocultar lo mucho que estaba disfrutando esta pequeña venganza; su justa compensación por ser ridiculizado y siempre ignorado por el joven de cabellos dorados delante suyo—. ¡Pero parece que tu celular ha estado apagado durante toda la noche! Y sigue estándolo, hasta donde sé.

Un frío miedo retorció las tripas de Mikhail al darse cuenta que Yuri tenía razón. Había olvidado encender su teléfono tras salir de la sala de reuniones.

—¿Y por qué no me lo dijiste antes? —dijo enojadamente, pero Yuri simplemente levantó una ceja, impertérrito.

—Te lo estoy diciendo ahora —dijo calmadamente, mirando atentamente mientras Mikhail alcanzaba su descartada camisa, poniéndosela nuevamente con una sombría expresión en su hermoso rostro—. Realmente, hijo, debes prestar más atención a lo que sucede a tu alrededor si vas a empezar a involucrarte con estos sombríos individuos. Nunca sabes qué puede salir mal en su traicionero mundo.

—Puedes presumir más tarde, tío —le reprochó Mikhail y pasó sus dedos por su ondulado y desordenado cabello, como si esto le ayudara a despejar sus apresurados y confusos pensamientos—. No tengo tiempo para apreciar tu veneno en estos momentos. ¿Hace cuánto tiempo se ha ido?

—¿Te refieres a Fei Long?

—Sí, me refiero a Fei Long —espetó Mikhail, el tono de su voz afirmaba claramente que había sido presionado más lejos de lo que podía soportar—. ¡No juegues conmigo! ¡Esto es serio!

—La última vez que alguien recuerda haberlo visto sería alrededor de las nueve de la noche —dijo Yuri, sabiendo mejor que nadie como hostigarlo aún más.

—Ahora son... las tres y media —reflexionó Mikhail, acariciando el puente de su nariz—. Eso significa que se ha ido hace... ¿qué? Seis... ¿siete horas?

—Bueno, sin duda aún no es nada drástico —dijo Yuri, paseándose hasta el bar y sirviéndose una copa en el vaso de Mikhail—. Pero con Asami aún suelto en Hong Kong, uno nunca puede ser demasiado cauteloso.

—Imagino que por ahora Asami ya debe estar de vuelta en Japón —dijo Mikhail, distraído por su propia preocupación.

—¿De verdad lo crees? —contestó Yuri, dejando caer unos pocos trozos de hielo, uno por uno, en la bebida y observando el rostro de Mikhail con una evidente mueca de irritación mientras cada trozo resonaba de manera exasperante contra el cristal—. Incluso aunque esa hubiera sido su intención, ¿cómo esperas que haya podido llegar hasta Japón? El clima es un verdadero alboroto. Todo el tráfico en aire y mar ha sido detenido. Oh, imagino que Asami aún está muy cerca de todos nosotros.

Mikhail lo miró fijamente. El mal presagio, el hilo de mala suerte que le había estado persiguiendo durante todo el día de repente se hizo muy claro. Yuri estaba en lo cierto, Asami todavía estaba allí y estaba seguro de que cualquier cosa que hubiera causado la desaparición de Fei Long tenía sus huellas por todas partes.

Yuri tomó un largo trago del líquido oscuro, toda su cara se retorció mientras lo saboreaba en su boca.

—Además... —continuó—. No puedes esperar que el hombre solo recogiera a su amante y se fuera en paz después de todo lo ocurrido. ¿No crees?

—Siete horas —susurró Mikhail para sí mismo, imaginando lo peor. Siete horas era demasiado tiempo—. ¡Tenemos que encontrarlo!

—¿A quién? —Yuri levantó una ceja—. ¿A Asami?

Mikhail tomó su chaqueta y lo miró ferozmente.

—Si no vas a ser útil —dijo fríamente—, ¡entonces al menos ten el sentido común para saber cuándo callarte!

Se precipitó al exterior y cerró la puerta violentamente tras de sí. Yuri se quedó mirando fijamente en su dirección por un buen tiempo, con una sonrisa en su delgado y ceroso rostro. Bebió el trago en su mano de un solo sorbo y finalmente cedió ante sus inaguantables ganas de reír.

Después de todo, había un Dios cuidándolo.