Cap. 8 Occideor… (asesino...)

Pride you took,
Pride you feel,
pride that you felt when you kneel
Not the world
Not the love
Not what you thought from above…
I see faith in your eyes
Never you heard the dircouraging lies
I hear faith in your cries
Broken is the promise, betrayal
The healing hand held back by the depend nail
Follow the God that failed.

The God that failed.
Metallica, disco negro.

Había sido la mejor noche de su vida, sonrió entre sueños, recordando la suave firmeza de la piel de Camus, en su inconsciencia se intento pegar mas al cuerpo que lo había dejado extasiado hacia él, pero lo único que encontró fue el mullido cuerpo de una almohada, frunció el seño y aun con los ojos cerrados tanteo el colchón en busca del calor de su compañero, nada, después un estridente grito y golpes contra la pared lo hicieron abrir los ojos de golpe, pestañeo un momento acostumbrándose a la semi penumbra de su recamara, la puerta estaba abierta y dejaba pasar una franja de luz proveniente de la sala, donde sus sentidos le indicaban que estaba todo el alboroto, miro en derredor suyo, confirmando que Camus no estaba, una serie de voces ininteligibles y sonidos extraños hicieron que su piel se erizara, y saltara de la cama, algo le indicaba "peligro" y le angustiaba sobremanera el pelirrojo.
Salió de la recamara sin importarle su desnudes, iba por el pasillo que daba a la sala cuando encontró en una esquina sus boxers, se los puso y siguió caminando con cautela hacia la sala, lo que vio lo dejo estupefacto, un denso y extraño humo amarillo rodeaba la figura del seminarista, el cual se aferraba a la pared para sostenerse, llego un momento donde cayó de rodillas, comenzando a toser, se convulsionaba en el piso, de su boca salían exclamaciones ininteligibles y sonidos guturales en un tono tan ronco y grave que hicieron que Milo tragara saliva ante el cuadro que se presentaba ante el, después, el cuerpo de Camus comenzó a levitar por momentos, y de su boca salía espuma, tenía los ojos en blanco, y la piel cambiaba de tonalidades, las venas se hicieron visibles en todo el cuerpo, dándole tintes violáceos y verduscos, los músculos del francés se tensaron mientras en el aire seguía convulsionándose, las uñas de las manos le crecieron de manera impresionante, por ultimo dio un desgarrador grito, para después caer al suelo.
Todo quedo en calma, Milo estaba en el umbral de la sala, tenía los ojos desorbitados mientras veía el cuerpo tirado del pelirrojo, indeciso en si acercarse o no, balbuceaba en voz baja su nombre, intentando que su mente le explicara que era lo que había pasado, soltó un sonido gutural de susto cuando vio como el pelirrojo se sentaba, comenzó a admirar sus manos, su muy extremadamente pálida piel, se toco el rostro, el largo cabello, y comenzó a reír, primero por lo bajo, después en fuertes carcajadas que hacían que su espalda se convulsionara, haciendo de esta manera que el pelo dejara por momentos descubierta su espalda, y dejando a la vista de Milo un enorme tatuaje en toda la extensión de la piel, era un pentagrama con muchas figuras dentro, el rubio no sabía qué hacer, algo le había pasado al seminarista, pero realmente tenía miedo de acercarse.
- Ca… Camus?…- dijo con voz trémula el nervioso rubio, el pelirrojo dejo de reírse para dirigirle una mirada de soslayo al ser que se le acercaba, esbozo una sonrisa sardónica mostrando los insanamente blancos dientes, pero lo que hizo estremecer a Milo fueron los ojos, los hermosos ojos azules de Camus ya no eran mas, ahora estaban teñidos de rojo, de un rojo refulgente que le recordaba las ilustraciones de las antiguas Biblias donde se hablaba del infierno…
El pelirrojo se había levantado y comenzaba a dirigir sus pasos hacia el espantado joven que retrocedía a cada paso que el daba, y no era para menos, ya que cuando Milo observo de frente el rostro de Camus, este estaba lleno de golpes, tenia reventado un labio, la ceja y el pómulo derecho, y mientras caminaba, estos golpes desaprecian dejando la piel como si nada hubiera pasado, choco contra una de las paredes, Camus amplio su cínica sonrisa mientras lo apresaba contra la misma.
- Que te pasa "amor"- Le dijo con la voz cargada de cinismo- parece que viste al diablo…- rió por lo bajo ante su mal chiste, Milo temblaba de pies a cabeza, sintió el dedo índice de Camus recorrer su rostro, todo el se estremeció, el toque era helado, pero a la vez lo quemaba, no sabía por qué, todo lo que entendía en ese momento, era que ese Camus le causaba repulsión y terror, así que lo alejo con un fuerte empellón, el pelirrojo se carcajeo ante la reacción del rubio, que ahora lo miraba enojado.
- Me tienes miedo Milo? Te causo asco? Hace rato no parecía eso… en cambio parecías disfrutar tanto de mi que gemías más que una perra en celo…- Milo enrojeció de golpe, definitivamente ese no era Camus…
- Quien eres? Que has hecho con Camus?- el pelirrojo rió por lo bajo.
- Soy yo "amor" es que acaso no me reconoces?-
- Ya cállate! Tú no eres ni serás él! Que has hecho con el?- Milo estaba desesperado, el ser frente a el lo miro por un momento.
- Parece que ustedes primates sobre desarrollados tienen mas inteligencia de lo que pensé… tienes razón, no soy Camus, y francamente te agradecería que me dejaras de llamar así, su nombre me enferma… y déjame decirte muchacho que "yo" soy la verdadera esencia de Camus, la personalidad sosa que tu conociste fue solo una cubierta.-
- No…no! Tu mientes!-
- Te parece que miento?- Milo trago saliva, y mas cuando vio la mirada llena de lasciva y lujuria que el ser frente a el le lanzaba, fue cuando reparo en que ambos estaban en ropa interior, el Camus bizarro comenzó lo acorralo nuevamente contra la pared.
- Pero cambiando de tema… puedo ver por qué Camus se intereso en ti… eres muy bello muchacho, por que no pretendemos que soy el verdadero Camus y…- Milo abrió los ojos con sorpresa, el cinismo de ese ser no tenia limites, se lleno de ira, le dio un fuerte puñetazo contra la cara mientras le gritaba fuertemente "aléjate de mi!" el demonio retrocedió unos pasos, se paso el dedo pulgar contra el labio reventado llevándose sangre en el acto, le lanzo un mirada por debajo del flequillo, las rojas irises refulgieron enojadas, escupió y comenzó a avanzar amenazadora mente hacia el rubio.
- Odio… que se opongan a mis deseos…- siseo con crueldad atrapando nuevamente a Milo contra la pared, lo golpeo en la boca del estomago haciendo que el rubio se doblara hacia delante, lo tomo de la barbilla con fiereza, le estrello el cráneo contra la pared haciendo que Milo soltara un quejido, acto que aprovechó para besarlo salvajemente, con una mano apreso amabas del rubio, y con la otra comenzó a acariciarle sin pudor el firme trasero por dentro de los boxers.
Milo gemía de dolor, la cabeza le explotaba por el golpe, Camus le mordía sin consideración los labios y lo masturbaba tan fuertemente que en lugar de sentir placer sentía dolor, se sacudía intentando sacarse al pelirrojo de encima, forcejeaba contra el, haciendo solamente que aquel se pegara completamente a su cuerpo, sintió asco, el dulce sabor de la boca de Camus se había ido, sentía besar a un extraño, cosa la cual lo hizo forcejear con más fuerza.
Camus sonreía mientras besaba la deliciosa boca del rubio, la resistencia de Milo solo lo alentaba, si había algo que le gustara era hacer sufrir a su víctima y sentir el desespero en el alma del mortal frente a el lo hacía excitarse sobre manera, pero súbitamente algo lo lastimo, comenzó a sentir que su pecho ardía, algo quemaba contra su esternón de manera tal que se alejo del cuerpo de Milo, el cual tomo aire con desesperación y se limpiaba con asco la boca mientras le lanzaba una furiosa mirada, el demonio miro hacia su pecho viendo una gran quemada justo en medio, la carne le escocía, no se explicaba cómo había pasado eso, levanto la mirada para ver como del cuello de Milo pendía una cadenita dorada con una imagen de San Miguel en ella, soltó un gruñido enojado, la piel quemada comenzó a regenerarse poco a poco ante la atónita mirada de Milo.
- Miguel…- siseo enojado Camus, por tercera vez se acerco al asustado griego pero esta vez lo tomo del cuello ahogándolo con una sola mano, mientras con la otra intento arrebatar la dorada imagen, pero solo al tocarla, esta comenzó a quemarle la mano, grito desesperado soltando a Milo, se miro incrédulo la mano, la cual comenzaba a regenerarse, Milo comenzaba a incorporarse frente a el, y con odio, dio un tremendo revés contra la cara de Milo que al no esperar el golpe le dio de lleno lanzándolo contra el otro lado de la sala estampándose contra la pared y cayendo inconsciente mientras un hilo de sangre bajaba por su nuca y otro caía de su ceja reventada.
- Muchacho imbécil…- dijo para si el demonio, había sido suficiente de juegos, se dijo a si mismo, se dirigió hacia la recamara de Milo, abrió el gran closet y escogió uno de los trajes del griego, se vistió, encontró en la cómoda una cajetilla de cigarros, se llevo uno a los labios encendiéndolo al chasquear los dedos y guardose los demás, tomo unos lentes de sol, se dio una checada en el espejo, vestía un traje de seda, negro en su totalidad (léase, saco, camisa, pantalones y zapatos) sonrió ante su imagen mientras pensaba que a pesar de todo los humanos tenían buen gusto.
Salió del departamento sin inmutarse en el cuerpo inconsciente de Milo que yacía no muy lejos de la puerta la cual cerro de un portazo, en la ciudad, las luces del alba comenzaban a despuntar pintando de rojos y naranjas las calles del Vaticano, expelió el humo de sus pulmones mientras comenzaba a dirigir sus pasos hacia el aeropuerto internacional de Roma.

Y muchas horas después…
Ya era más de medio día y de Camus ni sus luces, Saga se sentía terriblemente mal, pues sabia que había sido su culpa que el pelirrojo se fuera del departamento, caminaba de un lado a otro en la sala de su departamento sin apartarse de un momento del mueble que sostenía el teléfono esperando que Camus se comunicara, Kanon lo miro dar su vuelta numero 134, soltó un bufido apenas audible, aunque debía admitir que estaba igual de preocupado que su gemelo, ya que después de que el pelirrojo se fuera la noche anterior, este había prometido llamarles pero ya habían pasado mas de 12 horas y nada.
Después de que Saga había despertado ese día como a las 9, recordó todo lo hecho contra su hermano y contra Camus, había pedido muy sentidas disculpas a su gemelo, el cual lo perdono con la promesa de que él pagaría la cirugía plástica de nariz pues esta se había inflamado y Kanon parecía Rodolfo el reno, Saga había abrazado a su hermano con cariño, a pesar de sus arranques de ira, el siempre estaba ahí para ayudarlo, aguantarlo y confortarlo, le estaba realmente agradecido.
-200! Ya no aguanto más!- dijo Kanon levantándose súbitamente de su lugar acercándose a Saga.
- Que?...-
- Ya has dado 200 vueltas al mismo lugar y ya me desesperaste! Si estas tan preocupado llámale tu!- con enojo, el gemelo menor levanto el auricular del teléfono y marco los dígitos del celular de Camus, 4, 5, 6 tonos y el buzón de voz les contesto, Kanon se quedo extrañado, esta ya era demasiado, la preocupación hizo presa de el, Camus nunca faltaba a su palabra, y si no les había llamado era porque algo muy malo le había pasado, Saga sugirió salir a buscarlo, Kanon acepto, ambos tomaron sus chaquetas.
- mmm y ahora? Por donde comenzamos…- pregunto Saga al estar ya en la calle.
- Pues… piensa, si fueras Camus, donde estarías?... a ver… soy un santurrón asustadizo y un mocho in corregible… ya se! La Basílica!- Saga no dijo anda de los poco ortodoxos métodos de su gemelo, pero en que tenía razón, tenía razón, Camus normalmente se iba a la Basílica, así que buscarlo ahí fue lo que hicieron.
Buscaron por todos lados y nada, dentro de la Basílica, la plaza, que estaba atestada de turistas… los albergues para fieles, los cafés que solía visitar, incluso en los hoteles de mala muerte que había un poco alejados del centro (o mas bien en Roma…), nada, tres horas después se sentaron derrotados en uno de los cafés que estaban frente a la plaza de San Pedro, ambos pensaban lo mismo, era "como si se lo hubiera tragado la tierra" seguían insistiendo al celular pero solo contestaba el buzón de voz, ambos pidieron unos cafés, y mientras la mesera los traía, un viento insistente comenzó a soplar, y en una de esas hizo que un hoja de periódico que había estado en la otra mesa se estampara contra la cara de Saga, que con molestia lo retiro, iba a hacerlo bola y tirarlo cuando algo llamo su atención.
- Creo que ya se en donde esta…- dijo muy enigmático el gemelo mayor, Kanon lo miro extrañado, sin decir palabra, Saga le enseño una de las columnas del periódico, donde el autor firmaba como "Milo el escorpión" Kanon capto el mensaje, al momento ambos se levantaron del lugar para salir hacia el departamento del columnista.

Arribaron al lugar, Saga intento tocar la puerta, pero esta cedió al rocé de sus nudillos, los gemelos se miraron extrañados, abrieron por completo dejando ante ellos un panorama un tanto inquietante, algunos muebles estaban volteados, algunas de las paredes de la sala estaban manchadas de sangre y para completar el cuadro, el cuerpo de Milo tirado sobre un pequeño pero alarmante charco de sangre ya seca los hizo decidirse a entrar.
Saga miro en derredor preguntándose qué había pasado en el lugar, lo que llamo su atención eh hizo que una punzada de algo lo recorriera fue ver la ropa de Camus tirada en el suelo junto con la del rubio, el cual estaba siendo atendido por Kanon, el cual le llamo la atención para que lo ayudara a cargarlo hasta la recamara, para Kanon tampoco paso desapercibido el detalle de la ropa, pero lo que mas le preocupaba era el estado de Milo y la desaparición del seminarista.
Con cuidado lo depositaron en la cama revuelta, entre ambos limpiaron y curaron las heridas de Milo, el cual al sentir el escozor del alcohol comenzó a reaccionar, vio frente a el a 2 figuras iguales que lo miraban con preocupación.
- Que… paso?- pregunto con la voz seca el rubio que intento incorporarse fallando en el intento, Saga y Kanon se dirigieron miradas significativas.
- Eso es justamente lo que quisiéramos saber… venimos aquí buscando a Camus y…- a la mención del pelirrojo Milo salto de la cama lastimándose en el proceso, pero llego hasta la sala para ver el desastre que era.
- Oye ten cuidado…- llamo una voz a sus espaldas – Milo… que paso? Donde esta Camus?- el aludido volteo hacia su interlocutor que era Kanon, lo miro un momento, para después desviar la mirada hacia la sala nuevamente.
- no lo se… algo… algo le sucedió… todo estaba bien y de repente… cambio… ya no es el Camus que conocemos…- ambos gemelos se habían unido a Milo en la sala, se miraron confusos.
- Que quieres decir?- pregunto con apremio Saga.
- El… fue el que me golpeo… - los gemelos se miraron incrédulos, después de un rato, Milo se había vestido (pues cuando lo encontraron estaba en ropa interior….)y se habían sentado en el comedor esperando la comida que habían pedido, ya que el pobre rubio no había probado bocado desde el día anterior y después del extenuante " ejercicio" del día anterior, lo necesitaba, mientras, les contó todo lo sucedido (claro que no toooodo…) comunicándoles sus sospechas de que "algo" se había posesionado del francés.
- Pero… no lo entiendo… estas seguro de que era el?- pregunto Kanon.
- Si, más que seguro, te digo que vi cuando un extraño humo lo rodeaba, y después se transformo… supongo que después de noquearme se fue, pero no tengo la menor idea de donde-
- Pues si se fue… parece que lo hizo desnudo, pues sus ropas están adornando tu sala…- dijo mordaz Saga, Milo enrojeció y Kanon le lanzo una mirada de advertencia, la cual paso por alto.
- Pues para tu mayor información Saga… no es así, revise mi closet y… se llevo mi traje Armani…- Kanon no pudo evitar una carcajada mientras Milo enrojecía mas y Saga lo miraba enojado. Después de esto los tres llegaron a una conclusión, no sabían dónde se encontraba el pelirrojo, no tenían idea de donde empezar a buscar ni tampoco de cómo lo harían, pero lo que si sabían era que iban a encontrarlo para descubrir que le había pasado.

Y a muuuchos kilómetros de ahí…
- Bonjour Monsieur… Camus… Vouz avez fait bon voyage?- (buen día señor…Camus… Tuvo un buen viaje ?) pregunto con cortesía el hombre que revisaba los pasaportes en la salida del aeropuerto internacional de Paris.
- Oui, merci…- contesto el pelirrojo con una media sonrisa, unos minutos después salía en un taxi para dirigirse a la ciudad de las luces mientras reflexionaba para si, antes de llevar a cabo su plan maestro tenia cuentas pendientes que… "saldar" después de todo, hacía falta cerca de un mes para semana santa, podía tomarse el tiempo y divertirse un poco.
El taxista lo dejo frente a un viejo convento en las afueras de la ciudad, sonrió con crueldad al ver la gastada cantera de la fachada, una monja le abrió la puerta principal, para llevarlo después ante la madre superiora, lo hicieron entrar a un despacho muy rustico mientras traían a la madre, se sentó en una de las viejas sillas de madera que parecían ser mas reliquias que un mueble con una utilidad, a un lado del escritorio había una escultura del "divino preso" que normalmente usaban en semana santa, pero cuando no, la guardaban dentro del despacho, se acerco a inspeccionarla de cerca, por un momento quedo impresionado por el realismo de la escultura, los reguerillos de sangre que corrían por la frente de Jesús, el amoratamiento de pies y manos por las tensas sogas, los pómulos y labios reventados por los golpes, todo tenía un realismo macabro, reconoció la escultura como una de las tantas hechas durante el gótico, después de analizarla se acerco al rostro de la misma y sonrió frente a ella con burla.
- muy pronto… sufrirás nuevamente… te ganare tu "preciado reino" te volveré a ver humillado y a mis pies…- no pudo continuar con su soliloquio, pues la puerta se abrió en ese momento, hizo una leve inclinación en forma respetuosa ante la mujer entrada en años que había entrado y se había sentado frente a el en el escritorio.
- Así que usted es el doctor Donatien Alphonse? Por que esta tan interesado con sor Marie?- Camus tomo asiento frente a la monja.
- bueno, como le comente ayer por teléfono madre… esta "sor Marie" sufrió una especia de esquizofrenia de joven y por eso es que me interesa, vera, estoy haciendo un estudio sobre el modo en que afecta la creencia religiosa en la conducta humana, hable con el padre Paulo en Italia, el me contó todo lo sucedido con esta mujer… como comprenderá es un estudio importante para la psiquiatría, así que si fuera tan amable de dejarme hablar con ella por un momento se lo agradecería…- le sonrió con inocencia, la mujer frunció el seño y soltó un gruñido, había algo que no le cuadraba del todo del "doctor" Camus, aun así, accedió a llevarla a la celda de sor Marie.
Caminaron por los desgastados adoquines de los pasillos, el demonio admiraba las descascaradas y viejas paredes del convento, se sentía como transportado a la edad media, el convento estaba situado en un viejo castillo, así que no era raro ver emblemas heráldicos en las arcadas o viejas pinturas de nobles que fueron plasmadas sobre las paredes como recuerdo de días llenos de gloria de los que habitaron el lugar, llegaron a un oscuro pasillo lleno de humedad, la monja se paro frente a una de las enmohecidas y herrumbrosas puertas.
- Antes de dejarlo entrar, tengo que advertirle que está un poco mal de la cabeza, dice incoherencias, como que su hijo es "la reencarnación de Satanás" o cosas por el estilo, si logra entablar con ella una conversación civilizada, créamelo, será el primero- metió la llave en el enmohecido picaporte, con un fuerte chirrido, los goznes de la puerta cedieron y esta se abrió pesadamente, dentro una mujer menuda, hincada frente a un gran Cristo se balanceaba hacia atrás y adelante mientras repetía otra vez "Anima Christi, sanctifica me, Corpus Christi, salve me, Sanguis Christi, inebria me." Parecía que ni siquiera había notado a los intrusos dentro de su cuarto.
- Sor Marie… él es el doctor Alphonse… viene a hablar con usted…- la mujer no respondió, siguió en su "rezo" repitiendo una y otra ves la misma cosa, la madre se encogió de hombros y salió dejando a Camus y a la mujer solos.
Cuando la monja salió, Camus se acerco hacia la mujer hincada, se le acerco al oído y le susurro "eh vuelto… madre" la reacción de Marie no se hizo esperar se detuvo en su movimiento de vaivén, sus manos cayeron, su cara se lleno de espanto y dirigió una mirada aterrorizada al ser a un lado de ella.
- Creíste que yendo con el sacerdote ese podrías desacerté de mi no?- la mujer se había parado pero temblaba de pies a cabeza, mientras aferraba de forma enfermiza un rosario contra su pecho, intento alejarse del demoníaco ser que la miraba con odio, se acorralo ella misma contra una de las paredes.
- Eres una muy mala madre Marie, dejaste a tu hijo sin ti durante 22 años… muy malo… es por eso que… eh venido por ti, además de que nadie se opone a mis deseos, y tu… creíste haberme detenido, es por eso que tengo que castigarte, yo se que tu entiendes verdad "mamá"? – la tomo de la barbilla mientras le sonreía con una falsa dulzura, la mujer estaba pálida.
- Ca… Camus… no… no… tu…-
- ya veo que si recuerdas mi nombre madre, y hasta lloras! Pero no te remordió la conciencia cuando me dejaste en manos de esos sacerdotes verdad!?- le dio un brusco jalón de la barbilla, la mujer lloraba desesperada. – Cállate! Si hay algo que no soporto son los lloriqueos de una mujer!- y dicho esto la lanzo sobre el camastro, la mujer algo entrada en años, se incorporo y vio a los ojos a su "hijo".
- Camus… lo hice por tu bien, yo no quería que fueras lo que tu padre dijo que serias, yo…- la mujer callo cuando las manos de Camus se aferraron a su cuello.
- Muy malo mujer… lo único que hiciste fue retrasar un poco mi "trabajo" pero estoy aquí, y tu no pudiste hacer nada por tu querido hijo… solo provocaste que tu partida al infierno fuera… cruel…- la mujer no podía emitir sonido alguno la mano de Camus le aferraba con fuerza y no la dejaba respirar, lo único que se escucho en la celda fue una risa macabra…

Una hora después, Camus se dirigía hacia un hotel en Paris, mientras que en el convento, una de las hermanas se dirigió hacia la celda de Sor Marie, le toco varias veces pero la monja no le contestaba, esto se le hizo raro, así que abrió, las llaves cayeron de sus manos, quedo aterrada ante lo que había dentro del cuarto, soltó un estridente grito, en menos de 5 minutos la puerta de la celda estaba atestada de monjas que se persignaban al ver el macabro cuadro, contra una de las paredes, estaba "crucificada" de cabeza sor Marie, estaba desnuda de la cintura para arriba, le habían cortado el vientre y las viseras caían sobre su cara, junto a ella en la pared pintado con sangre de la víctima "…Satanás será puesto en libertad y saldrá de su prisión a engañar a las naciones, a Gog y a Magog, para reunirlas para la guerra… ¡Ay de la tierra y del mar, por que el diablo ha bajado hasta vosotros poseído de un gran furor…" (Ap. 12, 12 20 7,8), al siguiente día, la noticia corrió por el mundo…