Capítulo 8
—Te atraparé, Allison Cullen.
El grito de Edward provocó que las aves del bosque huyeran de manera frenética, haciendo ruido como si alguien hubiera disparado y algunas se golpeaban entre ellas, algo que era gracioso de ver. Claro que yo no tenía tiempo para eso, ya que me encontraba huyendo de un Edward muy pero muy enojado.
Aun me daba coraje el motivo de esta persecución, donde literalmente corría por mi vida. Bueno, no debía exagerar y debía admitir que era mi culpa y la de Emmett, aunque más mía que la de mi hermano oso.
—¡Te gane! —gritó eufórico de Emmett
Su voz se escuchó por todo el bosque y un oso de piel oscura yacía en el suelo sin vida, Emmett había tomado hasta la última gota de sangre de ese animal. Pateé una de las patas del animal y me crucé de brazos molesta.
—Tú tienes más experiencia.
—Pero aun así aceptaste —se burló.
—Pero…
Me sentía frustrada.
—Apuesta es apuesta, pequeña Allison-
—Te odio —apreté más mis brazos.
—Ambos sabemos que me amas —dijo divertido.
—Ya no eres mi preferido —dije para hacerlo enojar, aunque eso era una mentira. Emmett era el tipo de hermano mayor que todo mundo deseaba: protector y divertido.
—Así, ¿Quién es tu preferido ahora? —preguntó con burla.
—Jasper —contesté y él soltó una carcajada.
—Claro —fingió limpiarse una lágrima— El vampiro más divertido y sociable del mundo.
—Cállate —suspiré frustrada— ¿Qué quieres que haga?
—Así me gusta.
Graciosamente se colocó un dedo debajo del mentón y comenzó a caminar, pretendiendo que pensaba. Era teatro, Emmett no hacía una apuesta sin pensar en lo que haría el perdedor, era así, siempre creía tener la ventaja, le encantaba jugar y ganar, y yo, al igual que él, me encantaba jugar, el ganar ya era una recompensan, pero perder ante Emmett, sabiendo como era su retorcida mente, era frustrante.
—Deja tu melodrama, sé muy bien que ya tienes una idea.
Mi estrés aumentaba por momentos.
—¡Oh! —se hizo el sorprendido— ¿Edward te comparte su don para saber que ya tengo una idea? —lo mire molesta— Ya no te enojes —me abrazó con fuerzas para evitar que yo saliera de su agarre.
—¿Qué tengo que hacer? —pregunté nuevamente, con más resignación que antes y alejándome de él.
—Tan solo será una pequeña broma.
—¿A quién?
—A Edward —soltó divertido.
—¿Qué? —grité sin creerlo— Yo no puedo hacerle una broma a Edward.
—Claro que puedes y lo harás —advirtió con total convicción— Apuesta es apuesta —dijo cuando yo abría la boca para protestar.
—Se enojará conmigo—la desesperación me estaba invadiendo.
—Sabes muy bien que Edward nunca se enojaría contigo, por eso te estoy poniendo la tarea a ti, además de que eres muy buena para ello —en medio del caos me sentía feliz por sus palabras.
—De acuerdo ¿Qué tengo que hacer?
—Para que veas que soy bueno —él sonrió traviesamente— Te dejo la creatividad a ti, tú puedes llegar a ser muy inventiva.
Y diciendo eso se fue corriendo.
Ahora tenía que pensar en una broma para Edward, sea cual sea la broma estoy segura de que se enojará, y eso es lo que menos quiero. Estúpido momento que acepté la apuesta de Emmett para ver quien cazaba el primer oso, él tenía más experiencia y claro, cuenta con esa fuerza bruta.
Me senté sobre las rocas cerca de la playa pensando en algo, pero no se me ocurría nada.
—Allison —escuché la melodiosa voz de Rose— ¿Qué pasó? Emmett regreso muy feliz.
—Tu oso es un idiota —dije molesta.
—Lo sé, pero así lo amo —respondió ella con una sonrisa— Pero ¿qué fue lo que hizo?
—Pues tengo que hacerle una broma a Edward, es por una tonta apuesta.
En toda la playa se escuchó su perfecta carcajada.
—Rose, deja de reír —le reproché y ella paró su risa— Y ayúdame, haz que Emmett se olvidé de la dichosa apuesta.
—No puedo ayudarte, y no es porque no quiera, pero Emmett llegó muy entusiasmado y no creo que lo olvide. Tendrás que cumplirla.
Ella se levantó y me dio una bolsa, que no había notado, y adentro se encontraba un traje de baño de color rojo.
—Vamos a nadar —dijo quitándose el vestido color rosa para quedar tan solo en un traje de baño color negro.
A gran velocidad me quité la ropa y me puse el traje de baño. Poco a poco nos fuimos sumergiendo en el agua. El mar siempre conseguía relajarme y hacerme olvidar todo. Empezamos a jugar en las olas, gracias a mi don podíamos surfear sin la necesidad de una tabla y Rose disfrutaba deslizarse, tenía una gracia natural para eso.
—¿Y Alice? —pregunté curiosa.
Desde que nos llevábamos mejor, las tres buscábamos pasar tiempo solo para chicas, salimos a caminar al bosque o nadábamos durante la noche, pues a pesar de que no nos importaba brillar ante el sol, era algo de verdad extraño. De hecho, era difícil distinguir a Rose con tanta luz.
—Ella y Jasper fueron a dar un paseo por el bosque.
—¿Y Emmett?
Ella se recostó en la playa a lado de mí e hizo sombra con sus manos sobre sus ojos.
—Fue al centro comercial a comprar otro videojuego —su voz sonó entre divertida y molesta. El gran oso nunca maduraría.
—¿Cuántos más necesita? —pregunté y ella se limitó a rodar los ojos.
Nos quedamos acostadas en la playa un buen rato sin decir palabras, aunque preferimos darnos la vuelta, para que fuera más fácil distinguir nuestro rostro.
—Allison —su voz suave rompió el silencio.
—¿Sí?
—Tus ojos ya casi adquieren el tono dorado, pronto iremos a la ciudad —dijo ella con una sonrisa.
Ojalá pudiera sentir el mismo entusiasmo que ella y la familia mostraba, pero no, estaba preocupada y cada vez se me hacía más atractivo no salir, quedarme encerrada en esta playa y bosque.
—Tengo miedo —murmure.
—¿Por qué? —ella enarcó una ceja.
—¿Y si no me puedo controlar? ¿Y si termino matando a una persona?
Ese es mi mayor miedo, lastimar a alguien, acabar con la vida de un inocente.
—No creo que eso pase —ella recostó su rostro sobre su mano y con la otra, me acarició el cabello, mirándome prácticamente desde la arena— Jasper dice que tú no fuiste como un típico neófito, rápidamente te adaptaste, tuviste un mayor control. Me recuerdas a mí de cierto modo, rápidamente adquiriste conciencia de quien eres. Un neófito común al principio es tan solo un animal descontrolado tratando de saciar su sed, pero tú no.
—Gracias —sonreí.
Rosalie siempre buscaba la manera de hacerme sentir mejor.
—Chicas —escuchamos la voz de Alice.
Rápidamente nos levantamos para poder recibir su acostumbrado efusivo abrazo.
—Hola, Alice —dije.
—Que hermoso traje de baño —elogió ella haciendo que yo diera una vuelta. Me sentí muy avergonzada ya que enfrente esta Edward— Te queda perfecto ¿Quién te lo regalo?
—Rose —contesté.
—Que buen gusto —la rubia sólo sonrió con suficiencia— De acuerdo, Edward, Jasper y yo iremos de caza ¿no quieren venir?
Cada vez que uno avisaba sobre la cacería, significaba que se irían lejos y no regresarían hasta el siguiente día. Yo casi nunca lo hacía, prefería cazar en el bosque y cuando iba más lejos, siempre iba uno de los chicos acompañándome.
—No, gracias, yo todavía no lo necesito —contestó Rose mientras se seca su cabello con una toalla.
—¿Y tú Allison? —preguntó Edward sonriéndome.
—No, gracias, yo todavía aguanto unos días más.
—De acuerdo, regresaremos mañana —dijo Alice despidiéndose de nosotras con un corto abrazo y un beso en la mejilla. Jasper tan solo sonrió y se alejó con la pelinegra.
—Nos vemos mañana —murmuró Edward cerca de mi oído para después darme un beso en la mejilla— Adiós, Rose.
Él salió corriendo para alcanzar a los chicos. Si la sangre corriera por mis venas y si mi cuerpo pudiera estremecerse, en este momento sería una hoja con las mejillas rojas. Quede viendo la dirección por donde había desaparecido, donde las hojitas que él levantó con su rápida carrera caían de manera suave. No era raro que hiciera eso, todos sabían que éramos muy unidos, pero, aun así, yo no me acostumbraba a ellos, pues me hacía sentirme ilusionada.
Un sonidito parecido a una risa me hizo voltear donde Rose me veía con una sonrisa.
—Él es tan ciego —murmuró ella pasándome una toalla.
—No es eso —contesté y vi como levanta una ceja— Él ama a otra, y jamás se fijará en los detalles si ella no está incluida.
Ella suspiró con cansancio, pues le molestaba la mención de aquella otra chica. Sabía porque, ella misma me había explicado las pocas ganas de vivir que tenía Isabella y su deseo por ser inmortal. A veces pensaba que ser vampiro era como ganar algo por lo que no estás compitiendo, no sabes que estás en el juego y de repente ya te transformarte. En realidad, yo no hubiera pedido ser vampiro, matar animales me gusta cuando siento la sed, pero no antes y tampoco era genial saber el peligro que corren otros cuando están cerca de uno. Además, quiero que creer que mi vida anterior era buena.
Las dos terminamos de vestirnos y empezamos a caminar lentamente para volver a la casa.
—¿Por qué él? —preguntó de manera sorpresiva Rosalie.
La miré confundida y luego sonreía al recordar que ella en realidad no pudo enamorarse de él cuando la convirtieron, pues ese era el plan de Carlisle y no saber que vi, la ha de confundir.
—No encuentro razón, ni siquiera una explicación coherente para decir porque lo amo. Tan solo sé que pasó, pudo haber sido en el momento justo cuando desperté aquel día o puede que haya sido cuando lo vi acercarse mientras mi cuerpo se desangraba —bajé la mirada y luego miré hacia los árboles— No lo sé, Rosalie, no sé cuál fue el momento crucial, tan solo sé que pasó, ahora sé que estoy enamorada como una idiota de Edward y no hay algo que pueda hacer para deshacerme de esto.
Ella se detuvo y me abrazó, yo le devolví el abrazo presionando mi cara en su hombro.
—Tranquila, todo estará bien.
Creía en sus palabras, pero ¿Cuándo? Quería preguntar.
Llegamos a la casa, donde nos encontramos a Esme viendo con una sonrisa a Emmett quien estaba entretenido jugando el nuevo videojuego. Realmente ella sonreía enternecida por esa imagen cuando una persona normal podía quedar perturbada por la representación de un niño gigante feliz chocando carros en la televisión. Pero Esme era nuestra madre, ella vería adorable cualquier cosa que hiciera Emmett.
—Hola, niñas —saludó ella.
—Hola —contestamos al unísono y me senté a su lado— ¿Y papá? —pregunté por Carlisle.
—Está en el despacho revisando algunas cosas —contestó acomodando mi cabello, que de seguro ahora se encontraba hecho un nido— Hueles más a mar que de costumbre —dijo sonriendo.
Al parecer mi don influía mucho en mí ya que mi aroma era algo peculiar, según Esme mi aroma tenía un toque a brisa de mar, algo fresco y ligeramente salado.
—Rose y yo estuvimos nadando —ella sonrió dulcemente.
—¿Y tus hermanos? —preguntó mientras tomaba un libro.
—Jasper, Edward y Alice se fueron de caza —contesté— Creo que iré a darme un baño —dije para después salir corriendo a mi habitación.
No tarde mucho en bañarme y poder quitarme toda la arena y la sal del agua. Me encontraba ya peinando mi cabello cuando tocaron suavemente la puerta.
—¿Podemos pasar? —preguntó mi padre.
—Claro.
Esme y Carlisle entraron tomados de las manos.
—Iremos al centro, ¿no te gustaría algo? —preguntó Esme.
Estaba a punto de negar cuando vi la pared de mi cuarto donde se encontraban pintadas unas flores de cerezo a medio terminar. Fue idea de Alice el pedirle a Jasper que pintara algo para mí y como me gustaba muchos esas flores, él lo hizo.
—Oh, sí, me podrían traer un poco de pintura para poder terminar eso —señalé la pared.
—Qué bonito te está quedando —dijo mi madre con una sonrisa.
—Gracias, pero el crédito no es mío, Jasper está haciendo la mayoría de las cosas —les conté— Creo que no soy muy buena pintando.
Ellos sonrieron.
—De acuerdo, te traeremos más pintura —dijo mi padre.
Los dos me dieron un beso en la frente y se fueron.
Bajé las escaleras y en la sala me encontré a Rose y Emmett viendo una película.
—Allison ¿ya tienes una idea? —preguntó Emmett. Lo quedé viendo sin comprender, pero al ver su sonrisa divertida me acorde de la apuesta.
—Ya estoy pensando en eso —mentí porque la verdad ya se me estaba olvidando.
—Pues date prisa, tienes la oportunidad perfecta ya que Edward regresara hasta mañana —dijo él como si se tratara de una tarea sumamente importante.
—De acuerdo —dije abriendo la puerta.
—¿A dónde vas? —preguntó Rose.
—Necesito pensar —fue todo lo que dije y caminé hacia al bosque.
No sabía qué hacer, necesitaba pensar en algo. estúpida apuesta. Las apuestas en esta familia se cumplían porque se cumplían, era como una ley, además de que eso se trataba todo el juego. Apostar.
¿Qué era lo que podía hacer? Emmett no me dejaría es paz si consideraba la broma poca cosa, quisiera o no, tendría que ser algo grande, algo que lo hiciera reír a él.
—Pero ¿qué podía hacer? Allison piensa —murmuré, pero nada llegaba a mi cabeza, ninguna idea se me asomaba.
El sol poco a poco se fue ocultando así que regresé a casa. Carlisle y Esme estaban sentados en la sala viendo un programa de televisión.
—Hola —les dije dándoles un beso en la mejilla a los dos.
—Hola, cariño ¿Dónde has estado? —preguntó Esme.
—Fui a dar un paseo —ellos asintieron— ¿Y los chicos? —pregunté por la rubia y el oso.
—Se fueron a su cabaña —contestó Carlisle.
—Oh, supongo que nos los veré hasta mañana.
—En tu cuarto dejamos los botes de pintura —dijo mi padre.
—Gracias. Veré si no arruino la obra de Jasper —dije haciendo changuitos con los dedos y ellos sonriendo.
Ya estaba en el tercer escalón cuando la voz suave de mi madre me hizo detenerme. La vi moverse por la sala y luego se colocó delante de mí.
—Te compramos un nuevo libro —dijo ella entregándome una pequeña bolsa.
—Persuasión, gracias —la abracé y le sonreí a mi padre que todavía se encontraba sentado en el sofá.
Llegué a mi habitación y dejé mi nuevo libro en la cama. Encendí mi reproductor de música, poniendo el volumen muy bajo, y amarré mi cabello en una alta coleta. Tomé una brocha del vasito que había dejado Jasper sobre mi tocador y me dispuse a terminar de pintar algunas flores.
Sonreí satisfecha por el trabajo terminado, mis flores no habían quedado tan estilizadas como las de Jasper, pero habían quedado bastantes presentable para ser la primera vez. De repente se empezó a escuchar Para Elisa de Beethoven, esa era mi melodía favorita, podía pasarme horas y horas tarareándola, y Esme me había regalado una cajita de música con esa melodía, que descansaba igual sobre mi tocador.
Volteé a ver el reproductor como si el pudiera darme las respuestas de todo del mundo. Eso era, la idea llegó a mí de manera nítida, tal vez se enojaría, pero no creía que sería para tanto una vez que le explicara. Lo único que tenía que hacer sería coger uno de sus discos favoritos y hacerle una copia, pero haciéndole unas pequeñas modificaciones.
—Hija, iremos a dar un paseo en el bosque —la voz de mi padre me sobresalto, justo detrás de la puerta. Asentí y le sonreí.
—De acuerdo.
Esto era perfecto.
Escuché la puerta cerrarse y cuando ya no pude percibir ningún sonido del resto de mi familia, salí de mi cuarto sigilosamente. Era la primera vez que le haría una broma a Edward y me sentía en extremo nerviosa. Abrí la puerta de su cuarto, su aroma estaba impregnado por todo el lugar y me golpeo en toda su gloria, no puede evitar el deseo de tomar una de sus camisas que estaba sobre su cama y la llevé a mi nariz y respiré profundamente, recordando cada momento en que me abrazaba, que me rodeaba con sus brazos, haciéndome sentir tan protegida y feliz.
La dejé justamente como estaba. En un rincón de la habitación se encontraba su estéreo con varios discos desordenados, el único disco que se encontraba afuera era el que había escuchado antes de irse y de seguro es el que vendría a escuchar.
—Claude Debussy —murmuré.
Por supuesto tenía que ser este. Ahora recuerdo que Alice le había hecho una pequeña broma a Emmett regalándole el mismo disco para ver si así lograba tener un poquito de inteligencia y elegancia. Por supuesto que Emmett había gruñido al verlo y más cuando todos habíamos empezado a reír.
Salí del cuarto de Edward y me dirigí al de Emmett y Rosalie, el oso era un desorden por completo. Busqué en su mesita de noche, cajones, cajas y nada, el disco no aparecía por ningún lado.
—Al menos que…
Efectivamente, en una caja vieja adentro del closet se encontraba el disco cubierto por una fina capa de polvo.
—Te tengo.
Cerré la puerta asegurándome de dejar todo en su lugar.
Ahora sí era momento de trabajar, encendí mi computadora (daba gracias de que Rosalie se hubiera tomado la molestia de enseñarme el manejo de todos estos programas).
Una hora después, el disco estaba modificado a mi conveniencia, lo guardé de nuevo en su cajita y cerré la laptop, dejándola sobre mi cama.
Nuevamente me encontraba en el cuarto de Edward, coloqué el disco nuevo con las modificaciones ya hechas sobre el reproductor. Tan solo quedaba esperar su reacción y le rogaba al cielo que no se fuera a enojar mucho, en sí no era tan grave y puede que hasta él lo encuentre divertido. Pero si las cosas no salían como se suponía y se enojé conmigo más de los previsto, Emmett me las pagaría.
