Nota de los signos:
* *= sonidos de ambiente.
« » = pensamientos.
«' '» = recordando lo que dijo una tercera persona.

Disclaimer: El universo aquí mencionado es propiedad intelectual de sus autores.

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Capítulo 8 Tan cerca y a la vez tan lejos.

―Vienen hacia acá seguidos de una manada de Snubbull y Granbull.

― ¡¿Eh?!

Mientras Marshal corría, Caitlin veía a la distancia un par de árboles caer y se escuchaban los gritos desesperados de los jóvenes.

―¡Después de separarnos debiste perderlos! ―gritó Cress.

―¡No pude, me siguen a todas partes! ―contestó Chili.

―¿Y ahora? ―dijo Cilan― No servirá de nada volver a separarnos.

―¡Chili, todo esto es tu culpa! ―gruñó Cress.

―¡¿Mi culpa?! ―dijo muy indignado― ¡Yo me opuse a pasar por este bosque!

―¡Sí, por las tontas ideas de tu amigo! ―continuó Cress.

―¡¿Llamas tontas a las historias del Conde?!

Cress y Cilan quedaron boquiabiertos no daban crédito a lo que oían:
―¡Debiste de haberlo dicho antes! ―gritaron en unísono con molestia.

―¡¿Pero qué les pasa?!

―¡Tonto, esa no era una historia común! ―dijo un molesto Cress― ¡Era una advertencia!

―¿Así que el Conde ya les había advertido del Caballero Negro y se adentraron imprudentemente con una carta-peón?

―¡Marshal! ―gritaron los tres de alegría al verlo.

―Hola chicos. ―dijo Caitlin desde el hombre de Marshal.

―¡Cai-…

La oración se quedo a medias pues quedaron horrorizados al ver los raspones en el sonriente rostro de la chica de cabellera ¿castaña? y alborotada, por lo poco que se apreciaba también tenía hecho harapos su camisón rosado.

―¡El Conde me va a matar! ―dijo con terror Chili― ¡No quiero ser un conejo por el resto de la partida!

―¿Conejo? ―dijo extrañada Caitlin.

―Cada vez que algo sale mal, el Conde se desquita convirtiendo a Chili en un Buneary. ―dijo Cilan.

―¡Y se lo tiene merecido! ―concluyó Cress.

―¿Qué pasa? ―dijo Marshal al ver a Caitlin pensativa.

―Qué no los perros persiguen conejos. ―dijo Caitlin con una simpleza.

Los chicos frenaron su carrera, jamás se les había pasado por la mente.

―Y según sé, este bosque revela nuestro más profundo temor. ―dijo refirmando lo obvio.

Rápido corrieron a apartarse de Chili.

―¡¿Qué?! ―dijo Chili al verse solo en el camino.

―¡Descuida Chili, te apoyamos desde lejos! ―dijo Cress― ¡Muy, pero muy lejos!

―¡Eso no da ánimos! ―mientras reanudaba la carrera.

―¡No era para darte ánimos! ―le replicó.

―¡Escúchame Chili! ―gritó Caitlin― ¡Tienes que hacerles frente o te pasaras el resto de tu vida huyendo!

―¡Eso no va a funcionar! ―Chili ignoró por completo la sugerencia.

―¡Entonces te dejaremos en este bosque por siempre! ―recalcó Cress.

Las palabras hicieron eco y freno de golpe, pasar toda la eternidad en ese bosque siendo perseguido por una manada de perros y que cuando al fin lo atraparan jugarían con él como una bola de estambre, pasando de pata en pata y después lanzado por los aires y cuando se hartaran de él lo enterrarían en el patio trasero como un hueso olvidado; pasando todas su días en un frío y oscuro hoyo rodeado por gusanos y quien sabe que más, esperando a ser descubierto como un tesoro olvidado por sus amigos y allegados. Ok tal vez no, eso era mucha exageración pero nunca está de más. Sabía que tenía que hacerle frente a su más grande temor y temblando de pies a cabeza como una gelatina espero a esa manada de perros. Los Snubbull y Granbull se saborearon a su comida que los esperaba frente a ellos, babeando a chorros con la lengua de fuera y con un peculiar brillo en sus ojos apresuraron el paso.

―¡Eso no puede ser una ilusión! ―dijo Chili reanudando su carrera.

―Esos sí que son unos perros astutos. ―dijo Cress.

―No la va hacer, no por propia voluntad. ―dijo Cilan.

―Algo me inquieta. ―dijo Caitlin bajando del hombro de Marshal― Si el Caballero Negro crea esas ilusiones debieron desaparecer cuando fue derrotado.

―No exactamente. ―dijo Marshal― El Caballero Negro crea fantasías ilusorias, tú lo experimentaste de primera mano, pero eso perros son una ilusión.

―¿En este bosque abundan pokémon fantasma? ―pregunto la chica.

―Demasiados, pero tratar de dar con el correcto lleva tiempo. ―dijo Cilan.

«¿Sabían de eso y aun así decidieron entrar?»

―La gente cruza este bosque como último recurso. ―dijo Cilan como si supiera lo que pasaba por la mente de ella.

―No hay otra opción, hay que llevarlo a la cabaña del bosque. ―habló Marshal.

―¿Cabaña del bosque? ―dijo ella al recordar el relato de Chili.

―Sí, en la cabaña del bosque vive una bruja que puede quitar todas las maldiciones. ―concluyó Marshal.

*Chiflido* Una enorme sobra sobrevoló el bosque, el viento arreció y los pokémon pájaro piaron más que nunca con temor cuando escucharon el rugido. Batiendo sus enormes alas la bestia descendió, sus garras, sus colmillos, su mirada, todo ello conjugaba con su fiera personalidad, el enorme Salamence rugió a todo pulmón cuando vio a su dueño.

―Buen chico. ―dijo Marshal acariciando al dragón.

―¿Que un caballero no monta un caballo? ―dijo la chica.

―¿Has visto mi complexión? Un caballo no me soportaría. Además los dragones son mejores: fieros, rudos y con piel de acero, justo como yo. ―Marshal agarró a Caitlin por la cintura y la subió― No se diga más, todos ustedes monten excepto Chili que debe de seguir a pie.

El mencionado lanzó un par de maldiciones pero quedaron ahogadas por el fuerte aleteo del dragón. La bestia se elevó unos cuantos metros y levantó el vuelo como un tornado surcando el cielo. Ante el temor Caitlin se agarró con fuerza de Marshal, todo su diminuto cuerpo lo apretó contra la ancha espalda de él. Claro que sabía de su físico, lo veía todos los días, pero ahora no tenía ni la menor idea del porque era más consciente de ello. Un leve rubor rosado apareció en sus mejillas y el corazón se aceleraba, deseó con todas sus fuerzas que nadie más lo notara. Escondió su rostro entre su larga y ondulante cabellera.

―Caitlin ―Cilan tocó su hombro―, mira.

Ante el temor de ser descubierta miró con un solo ojo a través de su alborotado cabello. Su ojo turquesa fue invadido por los alucinantes colores arcoíris del cielo; llevada por la fascinación como un bebé que descubre algo, gateo sobre la espalda del Salamence. Las nubes de algodón de azúcar estaban al alcance de su mano que podía deleitarse. Ocultándose entre algunas nubes del horizonte se apreciaba uno de los soles. Busco de manera furtiva a la luna, justo sobre su cabeza estaba la luna del mismo tamaño, no había crecido nada.

―¿Ese chico piensa correr en círculos?

Caitlin se había olvidado por completo de Chili. Miró hacia abajo y vio el bosque como si fuera una diminuta pradera en donde esos Snubbull y Granbull corrían brincando como conejos sobre un prado de hierba alta.

―Salamence desciendo un poco, necesitamos que se dirija hacia el puente de madera.

El dragón descendió en picada, Cilan y Cress casi salían volando y se aferraron a lo que podían, a los tres monos y a la gatita parecía no afectarles. Caitlin por poco se cae de no ser por Marshal que la agarró y la sentó delante de él. Caitlin al estar adelante pensó que se aplastarían contra el suelo pero el pokémon frenó de golpe y batió sus alas.

―¿Qué estás haciendo? ¡Ve hacia el puente de madera! ―espetó Marshal.

―No puedo, cuando llego a ese punto por alguna razón regreso a donde estaba.

―Rayos, no queda de otra. ―continuó― Conviértete en conejo.

―¡Jamás, mientras viva nunca adoptare esa forma humillante por mi propia voluntad!

―No es momento de mostrar orgullo, necesitamos llegar a la Mansión Oscura. ―dijo Cress.

Ante las miradas incomprensivas del grupo Chili sacó una baya de su bolsillo y de mala gana se la comió, hubo una nube de humo y una pequeña figura salió dando saltitos. Con cola esponjada, patitas de algodón, orejas enroscadas y cuerpo de peluche, se asomo un pequeño Buneary. El grupo estalló en carcajadas pues esa apariencia no iba con su personalidad.

―¡A callar! ―dijo molesto.

―Y también habla. ―dijo Caitlin entre risas.

El pequeño conejo era demasiado rápido para los perros que en unos cuantos minutos los dejo atrás. Corriendo a gran velocidad pasó el punto que lo retornaba y se encaminó hacia el puente de madera. A lo lejos se logró vislumbrar un escuálido y derruido puente de madera, seguramente carcomido por termitas, las sogas que lo sostenían se veían podridas y le faltaban algunas tablas. Nada seguro y mucho menos si este colgaba de un acantilado donde ni se apreciaba el fondo. Chili frenó, inspeccionó el puente y dudó por un momento. El puente derruido de madera se mecía por el fuerte viento que cruzaba por el acantilado, con cualquier cosita este se caería justo debajo de sus afelpadas patitas. No obstante Chili no tenía más remedio que cruzarlo: primero porque era la única vía para llegar a la choza de la bruja y segundo porque esos perros le pisaban los talones. Armándose de valor puso su esponjosa pata en el primer tablón del puente y después la segunda, al parecer resistía su peso y… comenzó a correr como alma que lleva el diablo.

―Ese puente sí que es resistente. ―dijo Caitlin al ver como lo atravesó.

―¡Tomen eso! ―Chili se burló de los perros cuando se sintió seguro del otro lado― Es imposible que ustedes puedan atravesar ese puente con sus enormes cuerpos. ¿Qué piensan hacer? ¿Enflacar para poder atravesarlo? Ya me lo imagino, serían enormes rascacielos deformes. ―estalló en carcajadas y meneó su esponjosa cola.

―No deberías de hacer eso. ―dijo la chica.

―Qué me pueden hacer si ya estoy del otro lado.

―Mira bien. ―interrumpió Cress.

La manada retrocedió unos cuantos pasos, tomaron velocidad y brincaron el enorme precipicio como si fuera cualquier cosa. Los canes volaban por el cielo arcoíris con sus orejas ondulantes y la lengua de fuera; el Salamence permaneció quieto en el aire entre ese mar de nubes donde los canes parecían tiburones rodeando una pequeña balsa. El grupo se inquieto un poco pero los canes no los tomaron en cuenta, iban por su presa. Caitlin los observó volando y dejando tras de sí una estela brillosa, lo más inquietante fue el Snubbull que le guiño un ojo y acto seguido le lanzó un objeto. Tras todo eso los canes aterrizaron con gracia del otro lado del precipicio a unos cuantos pasos de su presa, y la persecución continuó con un Chili corriendo en sus cuatro patas.

―¿Qué es? ―pregunto Cilan al ver a la chica cabizbaja.

La joven se sobresaltó, lo volteó a ver y regresó su vista a sus manos:
―Es una carta con una rosa naranja.

Procedió a leerla en voz alta:

Para: B.S.

Me es difícil describir lo siguiente que no sé por dónde comenzar:

Desde que recuerdo mi corazón ha estado en la línea de fuego,
en un mundo en donde solo existíamos nosotros dos.
La inocencia de su mirada, la melodiosa voz que me mencionaba
y anhelaba, la delicadeza de su presencia,
todo ello era para mí y nadie más.

Desde hace un tiempo hay una tormenta que turba mi paz
y amenaza con apagar la llama de mi esencia.
Me convencía a mi mismo de que era un simple capricho,
pero la obstinación ha nublado mi juicio ante la verdad.

Mi mundo de risas está a punto de hacerse trizas
e inundar todo en lágrimas.
Y lo que alguna vez fuimos no quedara
más que un simple recuerdo de lo que ahora somos.

El destino deliberadamente me ha aconsejado
formar una alianza con usted.
Aquella que también sufre este infortunio
que amenaza con destrozar nuestras esperanzas.

Le pido a usted con el corazón en la mano
ayudarme a detener este amor insolente
que ha nacido entre el Conde y la Duquesa.

Atte. El Rey de Corazones.

―¡¿El Conde y la Duquesa están enamorados?! ―por primera vez el gritó de Caitlin fue tan escandaloso que le hizo perder sus modales.

―Wow, tienes buenos pulmones. ―dijo Cress ya que Caitlin gritó cerca de su oído.

«No me lo esperaba, quien hubiera imaginado que el ególatra de Grimsley estaría enamorado de alguien que no fuera él. Tengo más curiosidad por saber quién es esa Duquesa.» Caitlin volvió a releer la carta «¿Rey de Corazones?»

―¡¿Hay un Rey de Corazones?!

―Estos gritos de asombro han ido demasiado lejos ―se volvió a quejar Cress―. Es obvio que si hay Reinas debe de haber Reyes.

―Pe-pero la carta dice que el Rey de Corazones está enamorado de la Duquesa ¿No se supone que debería de estar enamorado de la Reina?

Los tres hombres intercambiaron miradas, Marshal regresó su vista al frente y en tanto Cilan y Cress suspiraron.

―Wonderland puede parecer un mundo fascinante pero no es así ―dijo Cilan― ¿Acaso ya olvidaste lo que viste en el Jardín de Rosas?

―A pesar de que la Reina Roja y la Reina de Corazones tengan su contraparte, el Rey de Corazones y el Rey Rojo, no quiere decir que esto sea un país de la maravillas en donde ellos están enamorados. ―dijo Cress― Lo que es hermoso para uno se convierte en desastroso para otro.

Caitlin se conmocionó, las palabras de Alder retumbaban en su mente. «ʹ¿Realmente es hermoso o simplemente desastroso?ʹ»

―¿Quieres decir que este lugar tan hermoso está lleno de dolor? ―dijo con tristeza.

―Una vez el Conde citó: "El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos".

―William Shakespeare. ―dijo Caitlin con una leve sonrisa.

―El juego aun no ha terminado. ―intervinó Marshal― Debemos de seguir jugando con nuestras vidas al límite, ese es el objetivo de Wonderland.

―Hacer que la luna sea lo suficientemente grande para que ilumine en la oscuridad y puedas tocarla. ―dijo Caitlin― Ahora lo entiendo todo; Cuando dice luna no se refiere al satélite sino a una persona y la oscuridad hace referencia a la soledad. En pocas palabras: Hacer que esa persona ilumine entre el dolor del amor no correspondido de aquel que lo sufre y añora con tenerla cerca.

«B.S. Está enamorada del Conde, el Conde ama a la Duquesa; pero antes la Duquesa amaba al Rey de Corazones ¿o todavía lo ama?… Esto será un completo lío, sin olvidar que Darach ama a la Reina de Corazones… y yo ¿Dónde quedo? A todo esto ¿La Reina Roja ama a alguien? Y ¿Qué pasa con el Rey Rojo?» Caitlin se devanaba los sesos entre preguntas.

―¿El Conde y la Duquesa tienen contrapartes?

―No ―dijo Cilan― El Conde es el Rey de Espadas y la Duquesa la Reina Blanca, nunca han interferido con el juego del otro.

―Para elegir a su contraparte ellos coronan a una pieza inferior. ―concluyó Cress.

Caitlin respiró profundo y dejó que el viento acariciara su rostro:
―Bueno, las cosas se facilitan. ―se llenó de energía― Tenemos que acabar este juego de cartas y peones para unir a una pareja.

―Sí. Pero antes tenemos que buscar a la bruja, ―dijo Cilan bajándola de la nube― ¿ya te olvidaste de Chili?

El pobre de Chili estaba completamente agotado y rodeado por los canes. El grupo se maldijo en silencio por no haber prestado atención. Los canes daban vueltas alrededor del Buneary, uno de ellos se acercó y lo agarró entre su hocico y empezó a desplazarse por el bosque.

―¡No quiero morir tan joven! ¡Soy muy bonito!

―¡Se lo van a comer! ―gritaron con terror los dos hermanos.

―Salamence sigue a ese perro.

El dragón volaba a toda velocidad, los monos y la gata comenzaron a agitarse, Caitlin volteó para tranquilizarlos pero estos le hacían señas. El resto de la manada se desvanecía y el único que quedaba era el Snubbull que cargaba con Chili, curiosamente ese mismo can fue el que le lanzó la carta junto con la flor.

―¡Ese perro es el causante de la ilusión!

―Es demasiado rápido. ―dijo Marshal.

―Esto es extraño ―dijo Cress―, se dirige hacia la choza.

El bosque quedó atrás y un lugar completamente muerto se extendía ante ellos, algunos troncos de árboles secos que estaban al borde del pantano el cual rodeaba la cabaña del bosque hacia lucir ese lugar completamente desolado. Sobre el tejado de la cabaña estaban algunos Murkrow que tallaban sus plumas contra las estatuas de gatos. En su única ventana se vislumbraba la tenue luz de una vela, en un instante la luz se apagó y la perilla de la puerta giró. El grupo tragó saliva ante su trágico final.

―Fue un placer conocerlos. ―dijo Chili desde el hocico del perro.

La rechinante puerta de la cabaña se abrió.

―¿Por qué nunca le echan aceite a las bisagras? ―susurró Caitlin.

Cuando la puerta se abrió por completo el dragón descendió y la tripulación bajó. Hasta el momento no apareció nadie frente a ellos. Hubo un estallido seguido de una nube de humo y en lugar de un Snubbull apareció un Haunter cargando entre sus manos un pequeño Buneary.

―¿Tardaste tanto solo para traerme un conejo? ―se quejó una pequeña vocecilla.

El Haunter se apenó y tiró a Chili.

―Ellos tampoco me sirven, ninguno de ellos posee la magia suficiente para sacarme de este encantamiento.

El grupo miró a todos lados y seguían sin ver a nadie.

―¿Dónde estás? ―dijo Caitlin titubeando.

―He estado frente a ti todo este tiempo.

―Sigo sin verte.

―Abajo.

El grupo miró hacia sus pies, un moño negro con forma de la cara de un gato estaba flotando unos cuantos centímetros sobre el piso.

―¡Shauntal! ―gritó la chica.

―Llámame Bruja Shauntal o B.S.

Caitlin dejó caer la carta junto con la rosa naranja.

Continuará…

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Hasta el siguiente capítulo.