Mis pequeños demonios
Capítulo 8: La fiesta de Halloween
Esa noche fue muy larga. Esme y Carlisle la pasaron mirándose el uno al otro mientras Jasper dormía en su cama entre los dos. Ninguno de los dos se movió lo más mínimo para no despertar al pequeño. Cuando salió el sol, Esme despertó al pequeñajo y le preparó un baño mientras ella cortaba el pan con cariño para hacer unos bocadillos para el recreo.
Siguieron la rutina de todos los días, Carlisle se lleva a los que van al instituto que empiezan las clases antes, Emmett se despierta tarde, Emmett no quiere desayunar, Esme se enfada y se lleva a los dos pequeños al colegio… que llegan tarde.
-Y Emmett, te lo advierto –dijo Esme muy severamente- ¡Ni una sola redacción más!! Ni media palabra acerca de lo que somos o… ¡te castigo de por vida!
Los días, las semanas, poco a poco fueron pasando hasta llegar a finales de octubre. Las cosas seguían igual:
Bella, por su parte, no aceptaba la relación de Jacob con Nessie. No es que no la aceptara, es que, como madre sobreprotectora que era, creía que Nessie era demasiado jovencita y que Jacob… todos conocemos a Jake, simplemente era una caradura.
Además, a Bella no le hacía ninguna gracia que en el instituto la conocieran como "la prometida del gran Jake". Cada vez que oía eso, no hacía más que pensar en Edward.
Edward y Alice lo llevaban mejor, en cierto modo. Alice era muy cariñosa con Jasper y estaban muy unidos. Ambos se querían, por decirlo de alguna manera, más allá de su cuerpo. Verlos juntos era como una hermosa obra de arte, perfectos, guapos y alegres. Se seguían amando pese a todo.
Edward también seguía amando a Bella, pero andaba deprimido porque su hija le sacaba un par de años, al menos en apariencia.
La historia de Rosalie y Emmett era muy diferente. Rose ya apenas hablaba con Emmett. Con lo superficial que era Rosalie, el hecho de que su hombretón fuera un niño le parecía menos que repugnable. Ella amaba a Emmett, pero todo tenía un límite. Pronto perdieron el contacto y ambos estaban tensos en presencia del otro. Habían perdido su feeling y eso fue una cosa que notó toda la familia.
Emmett, como modo de protesta, se portaba mal, haciendo que Esme tuviera que estar pendiente de él todo el día. Emmett, no pudiendo tener aquello a lo que más amaba, empezó a considerar la idea de ser niño otra vez. Una segunda oportunidad, ser un pequeño gamberro. Y eso era justo lo que estaba haciendo día tras día.
Llegó un día, a mediados de octubre que Emmett llegó del colegio con una inusual cara seria y concentrada.
-¿Ocurre algo, Emmett? –preguntó Esme en el coche de camino a casa.
-No, en absoluto –dijo él mirando por la ventana distraído.
Estuvo toda la tarde cabizbajo en su usual sitio del sofá, y ni siquiera alzó la vista cuando Rosalie entró por la puerta, exhibiendo una sonrisa de autosuficiencia. Esme le observaba desde lejos con preocupación. Incluso se le pasó por la cabeza llamar a Carlisle, que volviera antes del hospital y examinara al pequeño.
Un par de días después, Emmett volvía a ser el mismo. De hecho, empezó a comportarse como un niño de verdad, concentrado en su día a día del colegio y sus notas mejoraron. Tomó ejemplo de Jasper con quien empezó a llevarse mejor. Esme estaba mucho más contenta. Ese era el tipo de familia con el que siempre había soñado.
Una tarde de sábado, Emmett sorprendió a Esme, que estaba en el despacho de Carlisle compartiendo notas con su marido sobre el avance del antídoto. Emmett tocó a la puerta.
-Hola papis –dijo con voz de niño bueno. Esme y Carlisle intercambiaron una mirada rápida.
-¡Emmett, cielo! ¿Qué quieres? –le preguntó Esme con una sonrisa.
-Os he traído un sándwich –dijo Emmett revelando un plato con un sándwich relleno de… ¿mermelada de ciruela?
-Emmett –dijo Carlisle- gracias pero nosotros no comemos. Es todo tuyo si te apetece. Tiene buena pinta.
Emmett miró a Carlisle frustrado.
-No, lo he hecho para vosotros –dijo con mucha insistencia, dejando el sándwich sobre el escritorio de su padre adoptivo. Les miró con cara de corderito degollado y se fue corriendo del despacho, cerrando la puerta tras de si con mucha delicadeza.
Carlisle abrió el sándwich y encontró una nota dentro escrita en un papel de cuadros de libreta escolar. El doctor sacó el papel, chorreante de mermelada y lo abrió con sumo cuidado. La misteriosa misiva decía:
Emmett, el grande, salvador de la humanidad, rey de los calzones con pinzas, os recomienda ir a verle en su guarida del misterio, castillo del terror de los vampiros.
-Pues que miedo –se rió Carlisle- ¿No nos podía decir lo que quiere aquí?
-Carlisle –comenzó Esme- me preocupa Emmett.
-Y a mí, Esme. –Reconoció el vampiro- desde que Rose y él no se llevan… ¿Crees que debería hablar con ella?
-Ya lo intenté yo una vez y pasó de mi –confesó Esme- Me preocupa que se encierre en su mundo y luego no pueda salir. Me gusta ser su madre, saber que depende de mí. Pero no quiero que sea un niño para siempre. No es lo que nuestro Emmett querría.
Carlisle se levantó y abrazó a su mujer
-Vamos a salvarlo –dijo con esperanza y el convencimiento en la voz.- Te lo juro Esme. Les vamos a salvar a todos, dentro de poco.
-Te quiero Carlisle –dijo Esme besando a su marido.- ¿Vamos a ver que quiere Emmett?
Se dirigieron a la habitación del pequeño. Llamaron tres veces antes de entrar. La habitación de Emmett estaba tan desordenada como siempre. El suelo estaba lleno de calcetines, piezas de robot, pelotas de tenis, papeles pintados, huesos de un tiranosaurio sin montar, trozos de cartulinas, paquetes vacíos de galletas y algún calzoncillo de Carlisle que Esme reconoció enseguida.
-Bienvenidos a mi humilde morada –dijo Emmett desde encima de su cama.
-¿Qué quieres, Emmett? –preguntó Carlisle directo poniéndose las manos en los bolsillos de los vaqueros. A Esme no se le pasó por alto lo guapo que se le veía así.
-Me he portado muy bien –dijo volviéndose serio.
-Lo sabemos –dijo Esme, sentándose en la cama junto a su hijo y peinándole el pelo con sus suaves manos.
-Entonces –preguntó Emmett- ¿Me dejáis organizar una fiesta de Halloween en casa?
Esme y Carlisle se miraron, preguntándose si seria buena idea.
-¿Para quién? –quiso saber el médico.
-Para mis amigos del colegio –dijo Emmett- He empezado a hacer amigos en clase y quiero que vengan a mi fiesta. Y creo que Alice quiere invitar a gente de su instituto. ¡¡¡¡Por fa, por fa, por fa, por fa, por fa!!!!
-No sé si será prudente –reflexionó Esme- tantos humanos en esta casa con tus hermanos semivampiros. Piensa que a ellos la sangre humana también les gusta.
-Venga –insistió Emmett- ¡Dejabais que Alice le montara fiestas a Bella!
-De acuerdo –cedió Esme- pero con una condición
-¿Cuál?
-Ordena tu cuarto –ordenó Esme mientras se dirigía hacia la puerta- ¡Y no le robes más calzoncillos a tu padre!
Y los días fueron pasando muy deprisa. Alice, como era de esperar, estaba totalmente emocionada con la idea. De hecho, desde el primer momento les dejó bien claro que ella se encargaba de realizar las tarjetas y de la decoración, ya que lo había hecho antes en muchas ocasiones y siempre con excelentes resultados. Jasper le ayudó, aunque muy lentamente, pero como mínimo trabajaban juntos.
En total invitaron a unas ciento cincuenta personas, entre amigos de primaria y del instituto. La decoración iba a ser totalmente fantasmagórica. Sin ir más lejos, Alice había alquilado un par de ataúdes reales. Las calabazas eran una cosa que no iban a faltar, sin duda, de eso se encargó Esme.
Además, colgaron murciélagos y fantasmas brillantes de las paredes, que previamente tapizaron de negro. La luz en la sala iba a ser escasa y la música rock, por supuesto. Alice preparaba otras cosas de miedo, como un esqueleto gigante para la entrada.
-Murciélagos –se burló Esme- ¡Que cosa tan ridícula! Espero no convertirme nunca en un bicho tan feo.
A Bella le aterrorizó –literalmente- la idea de la fiesta, y aún más cuando supo que se tenía que ir disfrazado. A eso se sumaron rápidamente Esme y Carlisle que decidieron no improvisar mucho y prepararse un traje de vampiro.
-No será necesario que os maquilléis mucho –rió Edward cuando lo oyó.
-Bueno, yo quería disfrazarme de médico pero Esme lo encontró… poco original –confesó Carlisle
-Yo me quiero disfrazar de conejito –dijo Jasper- Alice, ¿me ayudarás con el disfraz?
-Claro cielo –le dijo ella mientras le daba de cenar y le dio un beso en la frente. Era difícil de creer que Jasper, el vampiro que había sido mordido en tantas ocasiones en las guerras del sur, pudiera llegar a ser tan adorable.
-Tendremos que comprarnos vestidos negros –pensó Esme- y colmillos de esos de pega. ¡Hay que dar ejemplo como anfitriones! Además, tengo entendido que algunos padres de los amigos de Emmett y Jasper vendrán y también estarán disfrazados. ¡Carlisle y yo no podíamos ser menos!
-¡No sabíamos que fuerais tan marchosos! –confesó Bella
-Bueno –dijo Carlisle- Digamos que estamos viviendo una etapa de nuestra vida… bastante marchosa.
Esme le sonrió con dulzura. ¡Estaba tan contenta! Iba a poder hacer su papel de madre como siempre lo había soñado. Podría estar en la fiesta de sus hijos y hablar con los otros padres, compartir consejos y experiencias. ¡Claro que Esme tenía ganas de disfrazarse! Estaba radiante y rebosante de felicidad.
-¡Ya veo los titulares! –Se mofó Jacob- "Prestigioso doctor se vampiriza"
-No se lo digas al profesor de Emmett –se rió Esme en voz alta
-Yo no… quiero disfrazarme –dijo Edward reflexivo.
-Claro que lo harás –dijo Alice- Ya tengo tu traje y el de Bella medio hecho.
-¡NO! –Gritó Bella- No me hagas esto Alice. ¡Bella Cullen no se disfraza!
-Venga Bells –dijo Emmett- Es mi fiesta, ¡Hazlo por mí!
-Y yo me voy a disfrazar de… –comenzó Jacob- ¡hombre lobo!
-Te pega más de indio, cariño –dijo Nessie haciéndole carantoñas ante la mala cara de Bella.
-¿Y tu Nessie? –preguntó Jasper
-No lo he decidido aún –confesó- Había pensado en hawaiana pero hará mucho frío.
-¿Y tu Rose? –preguntó Jasper. Pero Rosalie, evidentemente, no estaba en esa sala.
La tarde anterior a la fiesta fue muy agitada. Alice iba llamando a turnos a su habitación a todos los Cullen y les probaba su vestido en la intimidad.
-¿Cómo puede ser? –Preguntó Alice- ¡Te lo probé ayer y te iba bien!
-Pues te has equivocado cortando –dijo Edward enfadado
-¡No me he equivocado Edward! –Gritó Alice ofendida.- Te llegaba por los pies, y hoy se te ven las zapatillas. Menudo desastre… ¡Deja ya de crecer, Edward!
-¡Oye Alice! –Dijo Edward enfadado.- ¡Es lo que tiene ser medio humano! ¡Un día te levantas y mides más! Ahh… -Edward cayó en la cuenta- Ya sé que te pasa Alice… ¿Estás celosa?
-En absoluto –dijo Alice haciendo una pataleta
-¡Alice está celosa porqué yo crezco y ella no! –gritó Edward comportándose, ciertamente, como un niño pequeño -¡AAAAAYY!!
El grito de Edward se oyó por toda la casa. Jasper, que había oído la conversación, le pegó a Edward una patada en el tobillo con todas sus fuerzas.
-¡Se lo voy a decir a Esme! –amenazó Edward de mala gana, con lagrimitas en los ojos.
Pero Esme estaba muy ocupada. Preparar la comida de la fiesta había sido muy difícil. Ella estaba acostumbrada a cocinar (últimamente lo hacía mucho) pero no para tanta gente. Tenía miedo de que no hubiera quedado bien. Había preparado un par de tartas de calabaza, pasteles en forma de murciélago, piruletas con un fantasmita dibujado, galletas con un zombi, pasteles en forma de hueso, chocolatinas rellenas de un líquido rojo que parecía sangre… Nuestra pobre Esme se pasó el día entero en la cocina, aunque por suerte Bella la ayudó mucho.
Por si fuera poco todo ese trabajo, tuvo que controlar a Emmett que entraba en la cocina y comía todos los dulces que podía antes de ser detectado.
-¡EMMETT! –Gritó Esme la séptima vez- ¡Ve a ponerte el disfraz!
-Nof edo –dijo el apelado con la boca llena
-¿Qué ha dicho? –preguntó Bella sacando unas galletas del horno. Por desgracia, el horno no era vampírico y tardaba bastante en cocer los alimentos.
-Que no puedo –contestó Emmett haciendo un gran ruido al tragar- Alice está ayudando a Jasper-conejo.
-¿Quieres que te ayude yo? –Le preguntó Esme- Bella, vendré dentro de cinco minutos, así tu podrás ayudar a Edward.
-De acuerdo.
Esme subió las escaleras a paso humano al lado de Emmett, que agarró su mano y tiraba fuertemente de ella para que se diera más prisa.
-Voy a estar aterrador –dijo Emmett con misterio mientras se dirigía a su habitación. El disfraz de Emmett era de fantasma, claro. Confesó que se quería disfrazar de vampiro, pero que nosotros le habíamos chafado la idea.
-¿Doy miedo? –preguntó Emmett una vez vestido. Alice había hecho un buen disfraz, pegando hojas a una vieja sábana y manchándola con sangre.
-La verdad es que no mucho –confesó Esme.
Jasper iba disfrazado de conejito. Llevaba un disfraz gris, de piel y con una colita muy rica y respingona. Llevaba además unos guantes grises en los que Alice le había cosido una zanahoria de mentira. Además, le había diseñado un sombrero con unas orejas de conejito que eran una monada. Solo le faltaban los bigotes y la nariz que Alice le maquillaría más tarde.
Esme fue también a arreglarse. Antes pasó por la habitación de Bella que vestía a un malcarado Edward.
-He apagado el horno, Esme –dijo Bella cuando la vio. Esme sonrió en señal de agradecimiento.
-¿Qué tal lo llevas, Edward? –pregunto Esme
-Bueno, no está mal del todo –contestó Edward- Apenas me siento disfrazado cosa que hace que no me sienta mal. No haré el ridículo.
-Claro –contestó Esme –Por cierto, ¿de que vas disfrazado?
Edward llevaba solamente unos pantalones marrones, unas botas del mismo color y una camisa blanca.
-¿Qué? Esme, está claro –contestó Edward ofendido- ¡Voy de vaquero! Mira, ¡llevo una pistola en el cinturón!
-Te falta el sombrero –dijo Bella cariñosamente poniéndoselo sobre la cabeza y sonriendo a su pequeño marido.
-¡Ahora! –reconoció Esme, aunque el empeño por Edward de "ir normal" había hecho que su disfraz resultara poco evidente. Esme decidió no preguntar por Bella, ya que era evidente que ella no iba a disfrazarse por mucho empeño que Alice hubiera puesto.
Esme fue hacia su habitación (que era la última del pasillo) y pasó por la de Nessie y Jacob, aunque técnicamente la de Jacob era la de enfrente y ellos no dormían juntos. Eso era técnicamente, pues Esme sabía muy bien que Jacob no había dormido en su habitación ni una sola vez desde que vivían en Alaska.
Nessie iba disfrazada de princesa, pero no de princesa de esas que salen en los cuentos que van todas de rosa. Ella iba de princesa con un vestido largo y con una gran falda, inspirada en la que algún día debió llevar María Antonieta. Un auténtico vestido de época. Una pieza maestra elaborada por Alice.
Y estaba preciosa, un vestido largo hasta los pies de color oro con adornos negros en la falda. Llevaba un gran moño, unos guantes muy elegantes y unos tacones de espanto. Además de un gran escotazo, cosa que no acababa de convencer al celoso de Jacob. No es porque fuera su nieta, pero Esme encontraba que Nessie era realmente preciosa.
En cambio Jacob, finalmente decidió ir zombi, aunque su disfraz fue un desastre. Había intentado pintarse la cara de verde, pero su temperatura corporal hizo que la pintura se derritiera antes de tocarle la cara. Y en vez de perder el tiempo buscando otro disfraz, estaba ayudando a Nessie a retocarse.
A Esme no le sorprendió ver a Rosalie en su habitación, sin ningún disfraz. Estaba tirada sobre la cama y miraba por la ventana con un gesto de derrota.
Cuando Esme entró en su habitación se encontró a Carlisle cambiándose. Al verlo así, sin camiseta y con unos pantalones negros elegantes, su mujer no pudo resistirse. Esme se acercó a su marido y lo besó con fuerza.
-Cuidado –bromeó Carlisle- que soy un vampiro y muerdo.
-¿En serio? –Preguntó Esme pícaramente- ¿Y has mordido a muchas chicas guapas?
Carlisle agarró a su mujer por la cadera y la atrajo hacia sí.
-¿Guapas? Puede… –contestó Carlisle- Pero perfectas… chicas perfectas solo mordí a una, y me casé con ella.
-¡Que descarado! –dijo Esme riéndose, mientras Carlisle le mordía con suavidad el cuello.
Dos minutos después Esme y Carlisle bajaron al salón y ayudaron a Alice con la preparación. Colocaron sobre una mesa la comida, bajaron las luces y encendieron la música.
-Alice, tu vestido es adorable -la alabó Esme
-Gracias –dijo Alice bailando por la sala. Se había disfrazado de duende, con unas faldas verdes largas y una camiseta del mismo color en verde. Además, con enredadera del jardín se había hecho unos collares y una diadema que le quedaba divinamente. En realidad todos estaban muy guapos y Esme tan orgullosa de su familia…
Sonó el timbre y empezó la fiesta.
Los primeros en llegar fueron los amigos de Jasper y Emmett acompañados de sus padres. Esme haciendo de anfitriona estaba radiante y Carlisle permanecía en un segundo plano para que su esposa estuviera en su salsa.
La sala enseguida se llenó de los gritos de los pequeñajos, pero los adultos parecía que no le escuchaban. Jasper y Emmett se lo estaban pasando de muerte.
Una hora más tarde, cuando ya había oscurecido, llegaron los alumnos del instituto. Esme, que había sido previsora, llevó a los pequeños al piso de arriba para que los adolescentes pudieran bailar a gusto.
-¡Voy a estar atenta! –Le dijo Esme a Emmett- a la mínima que oiga alboroto voy a subir. ¡Pórtate bien!
-¿Cuestionas mi capacidad como anfitrión?
Esme fue corriendo como una bala a servir en el comedor la comida a los adultos. Carlisle, su adorado Carlisle, ya había puesto los alimentos al horno (previamente cocinados por Esme y Bella) para que se calentaran un poco y en dos minutos lo pudieron servir.
Durante toda la noche llegó gente de toda la ciudad. El método de transmisión oral había funcionado y pronto no hubo espacio para bailar, cosa que agradó bastante a Edward y Bella, que cuando pudieron se fueron a descansar sin que Alice los viera.
Y ¿qué decir de Nessie? Estaba preciosa, cosa que no pasó desapercibida para nadie. Pero Jacob era demasiado celoso, eso ya lo sabemos. La cosa empeoró cuando llegó Henry.
-Nessie –le dijo con una gran sonrisa. Iba muy elegante, con un traje negro de corte clásico.- Estás preciosa.
-Gracias Henry –contestó ella- Me alegro que hayas venido.
Henry sonrió y sacó un ramo de rosas de detrás de su espalda.
-Son para ti –le dijo y se las tendió a Nessie que se puso colorada.
-Gracias –dijo ella tímidamente, bajando la vista.
-¿Bailamos? –preguntó Henry y le agarró la mano arrastrándola a la pista de baile.
Evidentemente, en ese momento sonaba una canción lenta. Nessie, bailando con Henry, se vio el centro de atención de casi toda la sala, pero no se atrevió a mirar si Jake estaba allí. Las chicas murmuraban insultos graves contra Nessie por bailar con el chico más guapo del instituto, estaban claramente celosas. Los chicos admiraban a Henry por pillar la chica más guapa. El guapo y la guapa… Y además bailaban tan cerca el uno del otro. Seguro que tenían un lio. ¿Por qué ella estaba libre, verdad?
Nessie abrió los ojos y lo vio, a Jake, en primera fila del corrillo de curiosas, temblando de pies a cabeza. Por suerte, allí estaba Bella.
-Jake, venga –le dijo Bella llegando a su lado demasiado rápido para ser una humana
-¡Déjame Bella! –gritó furioso apretando fuertemente los puños.
-Jacob, ¡Si entras en fase ahora meterás en un lio a Carlisle y Esme! –Bella tiraba de él intentando razonar- Hay muchas personas aquí. Vamos a la cocina y hablemos, por favor.
Finalmente Jacob accedió de mala gana. En la cocina Bella y Jacob encontraron a Esme y Carlisle que preparaban el postre para los adultos. Los dos vampiros miraron con preocupación a Jacob que estaba fuera de si.
-¡Voy a ir a arrancarle la cabeza! –gritó Jacob volviendo hacia la pista de baile. A pesar de los esfuerzos de Carlisle y Bella, Jacob se fue corriendo de nuevo a la pista. En ese momento sonó el teléfono móvil de Carlisle.
-¿Diga? –preguntó Carlisle con voz monótona. Eran sobre las dos de la mañana… ¿quién llamaba a esas horas? Alguien contestó desde el otro lado del auricular. Carlisle abrió los ojos, sorprendido.
-¿Aro? –Preguntó Carlisle perplejo- ¿Aro, eres tú?
Continuará…
