Hola a todos, y muy buenas tardes. Tras la larga espera aquí os dejo el Capítulo VIII, que pensaba ya que nunca llegaría a terminarle. Este capítulo es, posiblemente, uno de los más completos, ya que tiene acción y desvelará una pequeña parte de todos los misterios que se plantearon desde que dio comienzo el fic. No me queda mucho más que decir, salvo quelo disfrutéis, ya que me ha costado bastante escribirlo xD Los reviews y sugerencias para mejorar el fic siempre son bienvenidos.
Capítulo VIII: Nacido Para Volar
Las semanas pasaron rápidamente desde el incidente del Terra Rocket. Aquella noche, los oscuros cielos de Hoenn eran tapados por una enorme sombra de dudosa forma. El lacayo de Darkrai sentía el fuerte viento dándole de cara. Si sus teorías eran ciertas, Juno estaría esa noche en la plataforma-zepelín. Bajo la piel de aquella mujer de cabellos blancos, habitaba un alma fría, calculadora y manipuladora. A lo largo de los años, Las noticias de todos los canales de televisión no paraban de informar sobre las desapariciones de cientos, incluso miles, de personas de bajos estratos sociales y que no eran esperados por nadie tras una larga temporada de ausencia, y era Juno quien se encargaba de esos desgraciados. Ya fuese para venderlos o usarlos para la organización, el destino de los presos no era escrito por ellos mismos. La misión de Ash no era otra que enfrentarse al Team Caelum, guardianes de Rayquaza, Dios Pokémon de los Cielos e intermediario de las continuas disputas entre Kyogre y Groudon, sus semejantes del Mar y Tierra respectivamente. El fuerte y decidido Noctowl de Ash desplegaba y abatía sus fuertes alas para hacer más sencillo el modo de vuelo, pero sobre todo para moverse a la misma velocidad que la enorme plataforma. De un potente salto, el militar de Pueblo Paleta se aferró a uno de los salientes de aquella base, quedando colgado por lo menos a un kilómetro de altura, distancia que lo separaba de la tierra firme. Echó una rápida mirada hacia aquel enorme abismo, y se sintió aliviado al ver seis sombras aladas y lejanas moviéndose en abanico. El plan salía a la perfección, pero ahora le tocaba la labor de infiltrarse en la base. Con los brazos totalmente estirados, y sin ningún otro punto de apoyo, se desplazó lateralmente por el saliente hasta quedar detrás de dos robustos Rocket que realizaban su turno de guardia. Parecían dormidos y aburridos tras permanecer largas horas en pie.
-¿Tienes tabaco?- preguntó el que más a la derecha se encontraba.
-¡Ni un gramo! Nos hemos fumado hasta la última colilla en esta dichosa guardia. Cúbreme durante unos minutos, iré a por más al almacén.- le dijo el otro, abandonando su puesto.
Somnoliento y falto de nicotina, aquel soldado Rocket dejó solo a su compañero, mientras emprendía rumbo a la despensa. Ash sonrió para sus adentros. Parecía ser que la mayoría de los guardias se escapaban de sus turnos de vigilancia, y aquella era la oportunidad perfecta para colarse entre los territorios enemigos. Según había oído, en aquella base había unas mazmorras que, sin exagerar, eran prisiones para varios esclavos humanos. El de Pueblo Paleta se desplazó lateralmente entre los salientes del lugar, haciendo tan sólo uso de sus brazos. Tardó unos pocos minutos en llegar a la otra punta del lugar. Allí no había nadie que pudiese delatarlo, por lo que puso pie en aquel hostil lugar. Su paso era rápido y liviano, como el de una hoja revoloteando por los aires durante los salvajes vientos otoñales, lo que hizo que la infiltración en el lugar fuese un objetivo demasiado sencillo. Mientras se apoyaba en las paredes de aquellos amplios y laberinticos pasillos, divisó a lo lejos una puerta, diferente a las demás. Era de madera y estropeada, en diferencia de las estériles y metálicas puertas del resto de la instalación. Seguro que era allí donde tenían retenidos a aquellos desgraciados, pensó. Dirigió sus pasos hasta el céntrico lugar, sin ser visto, y forzó sin pasarse la tabla, cerrándose automáticamente detrás de él.
Salvo por alguna que otra breve luz, prácticamente estaba todo a oscuras, y reinaba un frío insoportable. Además, el habitáculo contaba con numerosas goteras. Debido a su irrefrenable itinerario, las humedades habrían sido producidas en un lugar donde las lluvias eran frecuentes. Observó detenidamente que sólo había camino a su izquierda, lugar en el que miles de cajas estorbaban su movilidad, pero lo que vio después de eso le frenó la respiración. Frente a Ash se encontraban varias personas, una docena como mucho, más mujeres que hombres, atadas de pies y manos contra las paredes, luchando por liberarse de aquellos apretados grilletes de acero. Sus aspectos reflejaban la desnutrición y debilidad que sentían, ¿cuánto tiempo llevarían sin comer, beber o hacer sus necesidades? El olor a orina y heces provocaron una mueca de desagrado en la cara de Ash. Avanzando lentamente y con los cinco sentidos en alerta, por el rabillo del ojo divisó una sombra moverse a lo lejos. Se volteó rápidamente, pero no vio nada.
-¿Ahora qué, esclavista?- dejó escapar Ash aquellas palabras, la última carga de odio e ironía.
-¡No me llames así! Sólo quiero ayudarles, igual que ellos me ayudaron a mí.- se le oyó decir a una mujer, cuya voz era firme pero algo chillona.
-¡Encarcelarlos así no es ningún favor!- gruño el moreno, sin entender el punto de vista de la esclavista.
-¿Encarcelarlos?- preguntó casi ofendida.- Los mantengo a salvo, mientras se preparan para el viaje que les espera.
-¿Qué viaje? ¡ES UNA VIDA DE ESCLAVITUD!- rugió él, ante los delirios de grandeza de la que supuestamente era Juno. Una estridente carcajada de la mujer le enfureció aún más.
-No tienes ni idea.
-¡Socorro…, sálvame…!- escuchó decir el Comandante a un esclavo, encerrado en una jaula, que se aferraba desesperado a su pierna.
-He sido una estúpida al traerte…, al creer que tal vez podrías entenderlo.- dijo con un tono de lamentación.
-Lo entiendo de sobra, ¡muéstrate ya!- exigió Ash, mientras avanzaba hacia la derecha, el único lugar que tenía salida.
Aquel camino le llevó a una sala circular, aparentemente, y espaciosa. Sólo había un pequeño foco en el centro del lugar, pero por lo demás, todo estaba a oscuras. No obstante, se podía percibir la presencia de varias personas, ya fuese por el pisar de sus botas o por el fuerte latido de sus corazones.
-Ah, ¿así que quieres ver a la mujer que te ha traído a este lugar…?- en efecto, ya se podía contrastar la idea de que era una mujer. Por su carácter soberbio y arrogante, todas las papeletas señalaban a Juno.
-¡Tú no me has traído! He venido por mi propia cuenta.- expresó Ash, intentando mantener las formas ante dicho bicho. Otra risa enfermiza de Juno desmoronó tales intenciones.
-¿De veras? ¿Quién te abrió la puerta y te despejo el camino? ¿Has tenido que usar tu arma contra alguno de mis hombres, eh? No, todo eso lo he hecho yo.- se mostró orgullosa la guardiana de Rayquaza.- Ahora, sal a la luz, para que te haga un último favor.- imperó Juno.
Los pies de Ash tomaron vida propia, y se posicionó en el lugar indicado. Su capucha oscura y ondeante, debido a la brisilla del lugar, parecían también estar viva. De la oscura nada reinante en la esférica sala, dieron un paso al frente varias reclutas Rocket, vestidas con un típico uniforme blanco que tenía estampada una erre roja en el pecho, y armadas con potentes y fieros AK-47. Debía de haber una docena de mujeres rodeándole, o al menos eso intuía él, ya que no veía a las que tenía detrás. Ash no pudo evitar sonreír. Tenía otra idea en mente de cómo sería estar rodeado de mujeres. Justo entonces, la luz se hizo en el lugar, y alzó la vista hasta su objetivo primordial. Dentro de una enorme urna de cristal, Rayquaza, el dios de los cielos, se encontraba encadenado y muy inquieto, clavando en el moreno sus heladores ojos amarillos. Sentada sobre aquel enorme cubo de vidrio, se encontraba sentada una figura femenina cubierta por una túnica similar a la de Ash, salvo por ser la tela de color blanca como la nieve. Con movimientos gráciles y finos, se puso en pie y bajó su capucha, quedando su rostro al descubierto. Juno, una de las más bellas agentes del Team Rocket, tenía el aspecto de una treintañera, aunque su albino físico dijese lo contrario. Su inmaculado cabello iba recogido en una larga coleta de caballo, y algún que otro rizo rebelde se dejaba caer por su frente. Lo que más intimidó a Ash fueron sus ojos, totalmente grises. Normalmente, el gris de los ojos solía tender al azul, o en casos extremos al plateado, como era el caso de Kamon. Sin embargo, los de Juno parecían estar compuestos por la pura mixtura de los colores blanco y negro. Además, su inexpresividad hacía que esos orbes grisáceos fuesen más fríos que el acero puro. La observada líder del Team Caelum se desprendió de su túnica, dejando al descubierto su ajustado uniforme Rocket, que daban a la imaginación la capacidad de visualizar sus atributos femeninos. En lugar de armas de fuego, llevaba un elegante arco en su mano, así como una aljaba que descansaba sobre sus espaldas, llena de proyectiles para dicha arma.
-Aquí estoy. Ya me tienes.- abrió sus brazos todo lo que pudo, mostrándose desafiante ante Ash.- ¿Qué quieres ahora?
-¡Ven, baja aquí!- señaló Ash su posición.-Arreglemos esto con honor.-dijo él, con voz fría y firme.
-¿Por qué has de recurrir siempre a la violencia?- preguntó, a la par que sacudía la cabeza en tono de decepción.- No puedo ayudarte, ya que tú mismo no quieres ayudarte. No permitiré que amenaces mi trabajo, y tampoco me dejas otra opción: Debes morir.- comunicó Juno, indicando a sus muchachas con un arqueo de cejas su voluntad.
Obedientes, las mujeres quitaron el seguro de sus armas e hicieron el círculo que rodeaba a Ash cada vez más pequeño. El acorralado ni siquiera se movió, no se sentía amedrentado por la presión de todas aquellas guerreras, pero lo que sí le daba pena era arrebatarles la vida a un grupo de féminas que, pese a llevar armas de fuego, físicamente eran más flojas que él…, pero era su deber, y si para acabar con Juno lo tenía que hacer primero con ellas, que así fuese. La oscura capa con capucha voló por los aires, y su alter ego, vestido con su típico neopreno, hizo aparición en la sala. Esta vez no llevaba armas de fuego, pero si una larga katana, bien protegida en su funda, y una especie de pistola lanzadora de garfios, perfecta para desplazarse a sitios elevados o alejados. Desenfundó lentamente su arma blanca, y todo el mundo pareció oír un leve silbido cuando lo hizo. Una enorme explosión tuvo lugar en algún recoveco de la base, lo que hizo que el enorme zepelín se tambaleara violentamente, haciendo caer a sus pasajeros. El Comandante sonrió para sus adentros. La táctica acordada con sus Pokémon había tenido resultado, y mientras ellos rescataban a los prisioneros, Ash tendría todo el tiempo del mundo para dar caza a Juno y a Rayquaza. En un desesperado momento al ver su vida peligrar, la de cabellos blancos destruyó la urna de cristal con una flecha explosiva y subió a lomos del Pokémon dragón, escapando de la amenaza que representaba El Guerrero Fantasma. Rayquaza, alterado por las cada vez más explosiones, emprendió vuelo con su captora a las espaldas, agujereando de lleno la pared del lugar. Ash apretó su afilada dentadura a más no poder, y, mediante limpios y fuertes ataques, empezó a usar el filo de la katana a su favor. Cuando no partía en dos brazos o piernas, cortaba cabezas, atravesaba pulmones, corazones y estómagos sin piedad alguna, e incluso podía llegar a escuchar como los latidos de todas aquellas mujeres se apagaban, como pasaba con la sangre que goteaba de sus cuerpos frescos hasta llegar al suelo. Con la mayor velocidad que sus fuertes piernas le permitieron, saltó al vacío por el agujero creado por el Pokémon oscuro. La progresiva caída y la mayor aparición de viento revolvieron del todo su larga melena oscura, pero esta volvió a la normalidad cuando Ash descansó sobre la dura espalda de un Aerodactyl que parecía estar hecho de carbón. Mientras surcaba los cielos sobre su Pokémon prehistórico, reconoció a lo lejos la alargada figura de Rayquaza, con Juno encima de él. A su vez, se percató de que el dirigible, envuelto en llamas y agujerado por cualquier lugar en que se mirase, iba perdiendo altitud a pasos agigantados, así que aprovecho dicha oportunidad para ocultarse bajo su enorme sombra. Empezaba la segunda parte de su plan.
-¡Lo tengo!- grito un Rocket, que estaba subido sobre un Fearow, mientras apretaba el gatillo de su SVD, un rifle francotirador.
El tiro pareció dar en el blanco. A lomos de un Charizard, una figura humana empezó a descender hacia el alejado suelo, sin vida. La expresión del Rocket pasó de ser feliz a iracunda en pocos segundos. Gracias a la mira de su rifle, entendió que el cuerpo al que había agredido no era el de Ash, ¡sino el de uno de sus aliados! Aquello le resultaba inverosímil, puesto que ninguno de sus camaradas poseía un Charizard tan fuerte y agresivo como aquel, pero entonces se percató de que aquel cuerpo estaba algo descompuesto, como si la persona hubiese muerto hará tan sólo unos días, ¡era un jodido señuelo, le habían tomado el pelo! Charizard se había dado cuenta del ataque, y voló raudo y veloz hacia el Rocket, esquivando cada una de las balas que le proyectaba. Una cara de pavor se apoderó del terrorista, así como la de su Fearow, cuando se encontraban los dos a puntos de ser calcinados por las potentes llamaradas del dragón anaranjado. Ambos cuerpo tardaron más bien poco en volverse negruzcos y chamuscados, y cayeron al vacío. Alejados de esa escena, varios Rocket creyeron ver a Ash subido a lomos de otros cuatro Pokémon diferentes, y todos cayeron en la misma trampa. Pidgeot, al igual que Noctowl, Swellow y Staraptor, derribó y eliminó a los francotiradores, Pokémon y demás enemigos, con la misma facilidad que lo hizo su compañero Charizard. Mientras tanto, Ash, subido todavía encima de Aerodactyl, acortaba distancias con Juno y su peligroso Pokémon Legendario. Lo que más le preocupaba es que todavía no había oído hablar de las armas de destrucción media y máxima de esta ejecutiva Rocket, ¿sería acaso porque no utilizaba…, o por que serían más incontrolables que las de sus anteriores misiones?
-¡Aerodactyl, usa Ala de Acero!- le ordenó Ash.
Con un fuerte golpe de su extremidad voladora, el pterodáctilo rocoso le atestó un fuerte golpe a Rayquaza, provocando a su vez que Juno casi cayese al abismo. De mala gana, esta se giró y observó como Ash le pisaba los talones.
-¡Rayquaza, Hiperrayo!- chilló ella, taladrando los oídos de Ash y Aerodactyl.
El potente ataque fue vomitado por el dios de los cielos, dirigido con gran velocidad a sus enemigos. En un último momento, el Pokémon dinosaurio esquivó el ataque, pero ambos, entrenador y Pokémon, se quedaron horrorizados ante los resultados de aquel ataque. El Hiperrayo evitado por Aerodactyl colisionó en el acto con una Rocket y su Altaria, desintegrándolos a los dos y sin dejar ni tan siquiera un pelo de la cabeza. Tragaron saliva, ante semejante salvajada y las carcajadas lunáticas de Juno.
-¿Sorprendidos, verdad? Pues esto es tan sólo el comienzo, ¡adelante, arma de destrucción media!- vociferó Juno, con un brillo de victoria en sus ojos.
Un imponente graznido hizo eco en el lugar. Desorbitado, Ash meneaba constantemente la cabeza, para encontrar a tal monstruo, pero no tuvo éxito alguno. El dirigible en llamas terminó por generar una ensordecedora explosión, y aquel grito volvió a taladrarle las sienes. Del humo negro producido por la deformación de la base Rocket surgió una bestia alada y extraña, mitad Pidgeot y mitad Rapidash. Aquel Pokémon, extremadamente agresivo, era llamado por su dueña "Hipogrifo". Sus ojos, centelleantes y perversos, anhelaban el sabor de la sangre.
-¡Hipogrifo, Rayo Solar!- le ordenó la Ejecutiva Rocket.
Pese a no estar bajo la luz de dicha gran estrella, el Pokémon pájaro-caballo vomitó un potente haz de luces verdes y rosas que impactó contra el cuerpo rocoso de Aerodactyl, ataque que fue muy eficaz. Debilitados, Ash y su Pokémon descendieron a gran velocidad varios metros, pero se rehicieron rápido. Varios y sucesivos ataques Hiperrayo, ya fuese por parte del Hipogrifo o Rayquaza, eran lanzados para desintegrar al equipo fantasma, de la misma manera que aquella Rocket y su Altaria. Para evitar más incidentes, o uno mayor, el humano empezó a pasar por cada uno de sus Pokémon. Los fortísimos haces de energía impactaban contra los aliados de Ash, debilitándolos paulatinamente, pero este, subido a lomos de Charizard, había diseñado un plan un poco falto de buenas ideas, pero era mejor que no hacer nada. Haciendo uso de su impecable puntería, accionó su pistola garfio, y el pequeño proyectil de metal, adjuntado a una larga cuerda, salió disparado del cañón. Hasta que no encontrase un objetivo bien sólido, la punta de metal no se anclaría en ningún sitio, y así lo hizo: La afilada punta agujereó el ala izquierda del Hipogrifo, y cuatro pequeños ganchos se abrieron y desplegaron en su extremidad plumosa. Fue entonces cuando Ash accionó el gatillo de nuevo y, como si estuviese poseído, salió disparado hacia su objetivo. El fuerte tiró terminó por arrancarle al pájaro-caballo el ala, cuya enorme herida no paraba de sangrar y le desestabilizaba cada vez más el vuelo, así que decidió seguir prolongando aquel río de sangre. Su katana recién desenfundada pareció cegar a aquella mala bestia con su brillo y, a pocos centímetros de distancia entre ambos, Ash realizó un corte horizontal que penetró en el cuello del Hipogrifo como si fuese mantequilla. El cuerpo decapitado del Hipogrifo cayó al vacío, provocando en Juno una expresión de leve sorpresa al volver al ver a Ash sobre Aerodactyl.
-¿Eso es todo, un vulgar pájaro-perro? Ha sido un juego de niños.- fanfarroneó Ash, soberbio.
-¡Cuánta arrogancia! Eres como cualquier superhéroe, se te ha subido demasiado la fama a la cabeza, pero no te preocupes. Ya me encargaré yo de bajarte los humos, y…, ya que puedes derrotar sin problemas a un arma de destrucción máxima… ¿podrás hacerlo también contra cuatro a la vez…, no…? ¡Adelante, armas de destrucción máxima!- ordenó la de inmaculados cabellos.
Cerca de ellos se formó una enorme nube negra que concibieron varios truenos, rayos y relámpagos. Dentro de ella, un sonido de tambores y varios traqueteos daban a aquella situación un estado más lúgubre. Entre las grisáceas neblinas parpadearon varias luces de diversos colores. Cuando el humo se disipó, las imágenes de cuatro Rapidash alados surgieron majestuosamente. Los equinos no estaban solos. En sus respectivas grupas, descansaban cuatros mujeres subidas sobre elegantes sillas de montar. Era la primera vez que Ash se enfrentaba a seres humanos dirigiendo armas de destrucción máxima.
-¡Vaya! Veo que no sales de tu asombro. No te estreses, que yo me encargo de las presentaciones. Empecemos de derecha a izquierda. La primera de todas es Victoria.- comunicó Juno, señalando a la mencionada, que sólo agitó la mano en señal de saludo.-La sigue Guerra, y las otras dos son Hambre y Muerte.- continuó ella las presentaciones, que derivaron en un breve saludo.- Todas ellas forman la élite del Team Caelum. Yo las he nombrado "Las Cuatro Jinetes del Apocalipsis".
Las tiesas pupilas del moreno observaron a las mozas, montadas sobre sus extraños caballos con alas.
La chica a la que Juno había llamado Victoria tenía su cabello, blanco como la nieve, suelto y descansado sobre sus espaldas, y sus ojos eran prácticamente blancos, incluso sin pupilas. Eran como dos perlas. Iba armada con un arco plateado, y un carcaj con flechas, del mismo material, que reposaban sobre sus espaldas. Su Rapidash alado era igual de inmaculado, incluso sus crines de fuego eran tan blancas que parecían estar hechas de seda. Por último, el caballo tenía una corona de platino con lujosas joyas incrustadas.
Guerra era, sin duda algunas, la amazona que parecía más violenta. Su cabello rojizo era igual de apocalíptico que sus grandes ojos, del mismo color. Las facciones de su rostro eran demasiado duras para una mujer, con lo que parecía que siempre estaba enfadada. Sobre su cinturón pendía una enorme espada bien cuidada en su funda. De iguales condiciones era su Ponyta evolucionado, de piel amarronada, crines fogosas rojizas y carácter rabioso. Ese Rapidash se hallaba equipado con una resistente armadura de metal que cubría sus robustas patas, así como su lomo y cráneo.
La guerrera denominada Hambre simulaba pena y mal augurio. El color azabache dominaba por completo su pelo y ojos. Su semblante lucía demasiado afilado y desnutrido, casi era blancuzco. Sobre las riendas de su Pokémon colgaba una pequeña balanza de cobre, lo que la convertía en la rival más inofensiva, a primera vista. La criatura alada era de piel oscura, y sus crines llameaban colores azules, y su complexión no era tan atlética como las de sus compañeros, pero el brillo de sus ojos azules expresaban la fuerza y bravura que no representaba su fisionomía.
Por último, la cuarta jinete, llamada Muerte, era prácticamente una zombi. Sus cabellos grisáceos, ásperos y desagradables, parecían telarañas, y sus ojos eran idénticos a los de Juno, grises, vacíos e inexpresivos. El rostro de esa mujer se mostraba chupado cual pasa, su piel presentaba unos colores amarillos y grisáceos, y bajo sus ojos reposaban unas desmesuradas ojeras. Una vieja y afilada guadaña era su arma representante. El Rapidash de Muerte no estaba en mejores condiciones que su entrenadora: Por el color de su piel amarillenta daba la impresión de estar parcialmente descompuesto y desnutrido, y añadiendo a eso su importante delgadez, lo más seguro era visualizar en él el cadáver de un equino. Sus largas patas eran esqueléticas, su extrema escualidez podía verse en sus marcadas costillas, e incluso su testa se encontraba exageradamente pronunciada, con sus ojos casi huecos, como una calavera. Las alas de aquel tétrico Pegaso también se encontraban muy gastadas y caídas. Finalmente, sus crines de fuego, de color verde moho, no desprendían mucho brillo, es más, estaban prácticamente apagadas.
-Realmente esplendidas, ¿no crees? Pues esto no es nada, ¡chicas, acabad con este gusano!- les ordenó Juno.
Las cuatro guerreras, montadas en sus corceles, desenfundaron sus armas contra Ash. Con una envidiable velocidad, cabalgaron hacia su objetivo. Hambre y Muerte ordenaron a sus Rapidash que escupiesen enormes cantidades de fuego, envolviendo al moreno y sus Pokémon en un pequeño y calenturiento anillo de tonalidades azules. Del cielo empezaron a caer numerosas flechas empuñadas por el arco de Victoria, que se partieron al instante tras tocar el cuerpo de Aerodactyl. Los placajes y cabezazos aumentaron por parte de los enemigos, obstruyendo cada vez más las defensas de Ash. Aquellas armas de destrucción máxima eran duras de pelar…, puede que no fuesen tan agresivas como Hydrados, ni tan mortíferas como el Basilisco, pero el control de los humanos sobre ellas las convertía en algo muy peligroso. Sentir la suela de la bota de Guerra en su estómago le hizo caer de encima de su Pokémon dinosaurio, ¡como golpeaba la jodida! Cayendo vertiginosamente, desenfundó rápidamente su pistola de garfios, presionó el gatillo y el anzuelo rodeó las cuatro patas del Rapidash negro. Al volver a accionar el gatillo, empezó a elevarse por los aires, desenvainó su katana…, y el espíritu del Guerrero Fantasma se apoderó de Ash. El vulnerable estómago de aquel Rapidash sucumbió ante el contacto del frío metal, impregnando la fina hoja de sangre, y manchando su cara con la linfa del equino. Las tripas que colgaban de la enorme herida fueron aprovechadas para estrangular a Hambre, que vio su final al ser atravesada de un lado a otro por el arma blanca, del mismo modo que fue atravesado el gaznate de su Pokémon moribundo.
De un fuerte impulso, realizó una amplia voltereta en el aire, hasta agarrarse a una de las patas traseras del Rapidash de Muerte. Auto proyectándose a sí mismo, de un hábil salto subió a lomos del enfermizo caballo, y este no pudo evitar ponerse en lo peor ante la presencia de un desconocido que intercambiaba puñetazos y cabezazos contra la representante de la Parca. Pelearse con aquella mujer le daba mucha grima, ya que su frágil aspecto parecía que iba a romperse ante la violencia de Ash. Aprovechando su ventaja física, la agarró por los hombros para inmovilizarla del todo.
-¡Charizard, usa Hiperrayo!
El Pokémon de Ash generó un haz de luz que usó para atacar a su objetivo. El de Pueblo Paleta no se mostró temeroso ante la idea que un Hiperrayo pudiese pulverizarle por completo, si con ello podía suprimir los planes de sus enemigos. La ofensiva de Charizard derivó en una enorme explosión que desintegró a Muerte y su Rapidash en el acto. Tras la detonación, se generó una grisácea cortina de humo de la que Ash salió disparado con la guadaña de la muerta entre sus manos. La velocidad a la que iba fue la suficiente para alcanzar a Guerra y Victoria, que cabalgaban majestuosas sobre los cielos. La hoz que portaba entre sus manos parecía que cortaba el viento con su mura presencia. Aquel instrumento usado en la sega de altas hierbas cortó el brazo de Victoria, y con ello consiguió una nueva arma: Su arco plateado y su aljaba llena de flechas. La cuerda de la curvada arma se tensó hasta sus límites, y dejó escapar un proyectil que atravesó las dos patas delanteras del equino de Victoria, que dejó escapar un relincho de dolor, y una cantidad considerable de vaho por sus orificios nasales debido al frío de la noche. Debido a su experiencia como excelente tirador, Ash era capaz de acertar todos sus tiros en un tiempo record de dos segundos y medio por flecha. Proyectil tras proyectil, el cráneo de Rapidash terminó agujereado, y media docena de flechas en el pecho de Victoria sentenciaron su final. La caída al abismo fue inevitable. Allí estaban entonces, frente a frente, Ash contra Guerra, dos fastuosos guerreros con diferentes ideas del honor. La amazona llevó su diestra mano hacia la empuñadura de su espada, y la desenfundó lentamente. Era una espada enorme y pesada, de diseños tribales, de más de un metro de longitud, con el nombre "Delirio" grabado en su gruesa hoja, en letras japonesas de color carmín. Aquella arma podía partir en dos un Tauros, una Nidoqueen, e incluso un Onix. Guerra miraba desafiante a Ash, subido este en su Swellow.
-Debo felicitarte, chaval. Mis compañeras han caído, pero yo no correré ese mismo destino. Aquí estamos, en este momento: Tú, yo…- pausó su discurso, y miró de reojo su enorme espada.-…, y Delirio, claro está.- sonrió ella.
- ¿Y a qué esperamos, entonces? Que se abra la veda.- le dijo Ash, sin perder esa sonrisa perversa, propia de su alter ego.
Las continuas y violentas sacudidas de Delirio evitaban un posible acercamiento al Comandante, pues un corte significaba caer desplomado como un árbol recién talado. La verdad es que el manejo de aquella arma por de la guerrera era impresionante. Pocos hombres sabían usar de manera tan perfecta esa potente arma, y para Ash Guerra ya era una mujer digna de su respeto, militarmente hablando. Volar en círculos alrededor de esa mujer y su Rapidash era una pérdida de tiempo. Así no conseguiría realizar un ataque contundente por mucho tiempo que pasase. El único método de poder terminar con Guerra era subirse a lomos de su caballo. Dio un enorme salto, esquivando por los pelos el ataque de Delirio, y quedó sentado detrás de su enemiga. La mujer le proporcionó un codazo en la nariz, haciéndole sangrar. Una enorme mueca de desagrado se dibujó en el rostro de Guerra, que deseaba terminar ya con toda aquella pantomima, ¿un solo individuo venciendo a las jinetes? No, eso jamás. Antes prefería morir, pero se llevaría al Guerrero Fantasma por delante.
-¡Fin del trayecto, Guerrero Fantasma! Hoy yo, bajo la pálida y plateada luz del crepúsculo, la gran Guerra, moriré, ¡pero tú también lo harás, y te arrastraré conmigo hasta el mismísimo Infierno!- gritó desesperada la subordinada de Juno.
Guerra volteó la espada hacia sí misma, y siendo consciente de lo que iba a hacer, se ejecutó con un harakiri, atravesando también el estómago de Ash. Grandes cantidades de sangre emanaron de sus bocas, bañando violentamente la hoja de la majestuosa espada. Haciendo uso de las fuerzas disponibles en su estado, Ash sostuvo el filo y, empujando fuertemente, se liberó de aquella presión. Casi sin vida, Guerra se giró despacio, contempló, sonriente y con ojos vidriosos, el perfil sudoroso de Ash…, y cayó, con la espada aún clavada en su cuerpo, de la grupa de su caballo, descendiendo a gran velocidad. Perdiéndola de vista desde las alturas, el moreno se llevó las manos a aquella enorme herida en forma de I, hueca por dentro y que no paraba de sangrar. Notaba como se regeneraba, pero de manera mucho más lenta que antes, ¿acaso estarían fallando ya, o peor dicho, deteriorándose sus poderes, tal y como le dijo Darkrai? Posiblemente le quedaría marca, pero eso era lo de menos. El Rapidash de la fallecida Guerra comenzó a zarandearse nervioso, debido a la presencia de un intruso en su lomo. Su breve estado de debilidad le jugó una mala pasada, estando a punto de sufrir el mismo y vertiginoso destino que Guerra. Atrincherado fuertemente a una de las patas traseras del caballo, volvió a ascender hasta la grupa y se puso en pie, intentando contener el equilibrio ante tal inestable medio de transporte. Lo que separaba a Juno de Ash era aquel Rapidash alterado genéticamente. Cada vez que tenía que arrebatarle la vida a uno de esos Pokémon creados por laboratorio notaba como algo dentro de él moría, pero aquellos extremos no se podían evitar. Dirigió sus manos a las alas del Pokémon y las agarró fuertemente, dispuesto a arrancárselas. Dos sucesivos crujidos indicaron que estaban a punto de romperse, y, con más fuerzas de las que había pensado tener en esos instantes, lo hizo. Le costó, sí, pero con su fuerza sobrehumana arrancó las alas de Rapidash, gritando este a modo de dolor. El Pokémon herido descendió hasta empotrarse fuertemente contra una montaña del lugar, esparciendo sus sesos en el rocoso elemento. Verle planear con esas enormes alas arrancadas hacia Juno era como rememorar las hazañas de Ícaro para ascender al mismísimo cielo. Ya nada podría pararlo. Juno moriría esa misma noche bajo la influencia del frío acero de su katana. Una vez que se subió encima de Rayquaza, se deshizo de aquellas extremidades recientemente apropiadas, pero no pudo evitar que la de los cabellos blancos se diera cuenta de su presencia. Amenazada, la Rocket intentó intimidarle con su arco.
-¡Ríndete, Juno! Has sabido jugar bien tus cartas, pero no has sabido aprovechar la mano adecuada. Acaba con este disparate, entrégame a Rayquaza, y te perdonaré la vida.- propuso Ash, gesticulando una mueca de desagrado. Por fin se había cerrado la herida de sus abdominales.
-Arrogante hasta la muerte… ¿No vas a cambiar nunca, verdad? Pues lamento decirte que no ha llegado el día en el que haya tirado la toalla sin luchar hasta el final, y me temo que hoy no va a ser ese día…, mala suerte, chico…- dijo irónica Juno, mientras tensaba hacia atrás la cuerda de su arco.
La flecha salió proyectada en su dirección, y no tuvo tiempo para esquivar tal ataque. Clavó se aquel utensilio en su hombro derecho, haciéndole retroceder un par de pasos sobre Rayquaza. Sintió entonces algo que nunca había proyectado bajo la faceta del Guerrero Fantasma, ¿acaso había sentido…, dolor…, al notar el choque de la flecha sobre su carne…? Definitivamente, sus poderes se veían cada vez menos longevos y eficaces. Arrancó con fuerza aquella saeta, dejando escapar un leve gruñido de dolor y, acto seguido, liberó rápidamente su katana de la funda. Se veía que Juno era una tiradora selecta, pues disparaba igual de rápido que Ash. Igualmente usó el muchacho su velocidad para partir los proyectiles con su espada, teniendo una buena oportunidad para partirle en dos la cabeza a la mujer, que salió airosa gracias al sacrificio de su mejor arco, que se vio fragmentado en dos partes iguales al defenderse con él del ataque de Ash. Los dos se vieron enzarzados en una importante pelea cuerpo a cuerpo, siendo ignorados por el Pokémon dragón que los llevaba sobre su estructura ósea. La Ejecutiva Rocket no era precisamente fuerte, pero sí muy rápida. Esquivaba y contraatacaba cada movimiento de Ash con bellos y perfectos conocimientos de Aikido y Kung Fu. Tras varios momentos de intensa batalla, el foráneo de Pueblo Paleta le atizó un fuerte rodillazo en la boca del estómago, y Juno cayó de rodillas contra la dura piel del dios de los cielos. Aventajado, el moreno llevó sus manos a la cabeza de aquella mujer bastante mayor que él, y empezó a absorber sus pensamientos oscuros. Mientras ella gritaba a pleno pulmón por las imágenes distorsionadas y psicológicamente agotadoras que pasaban por sus ojos, un aura de colores oscuros la rodeó, y, sin tardar mucho tiempo, acabó por envolver también a Rayquaza. Así mataría dos pájaros de un solo tiro. Numerosos gritos y rugidos de dolor eran escupidos por las dos víctimas de todo esto. En un intento por liberarse, el pobre Pokémon comenzó a convulsionarse violentamente, desviándose constantemente de su recorrido unidireccional. Fueron varias las montañas con las que se chocaron por el camino. Tras varios zarandeos, la piel de Rayquaza volvió a ser de color esmeralda, ya que había sido totalmente purificado, pero ahí no acaba todo. Más cerca que lejos, se empezó a observar la figura de una enorme iglesia gótica, cuyo exterior se encontraba lujosamente decorada con vidrieras de diversos colores y enormes gárgolas de piedra, que simulaban a varios Pokémon Legendarios. Los pocos devotos situados a las entradas del religioso edificio echaron a correr, despavoridos al ver a aquel dragón haciendo impacto con aquel enorme objetivo. Como si un enorme viento fuese, el techo de la catedral se vio abajo debido al enorme golpe. Los innumerables escombros sepultaron a la mayoría de los feligreses que se hallaban realizando sus oraciones, pero por suerte algunos consiguieron salir con alguna que otra orgullosa herida. Una vez que el Pokémon Legendario volvía a ser él mismo, abandonó el lugar, desconcertado y perdiéndose en aquel oscuro cielo. Apartando aquellos viejos ladrillos de encima de él Ash se liberó de aquella sepultura, y mediante el techo ya inexistente del santuario, contempló la enorme Luna. Creó una enorme esfera oscura en la palma de su mano, y la lanzó contra el satélite terrestre. Así le haría llegar a su maestro la materia absorbida de sus enemigos. Un silbante sonido le despertó de su ensimismamiento, esquivando una flecha por muy poco, pues su punta de acero le rozó el pómulo derecho, produciéndole una pequeña y superficial herida. A diez escasos metros de distancia, la líder del Team Caelum portaba una pequeña ballesta de madera. De su frente y ceja derecha caían varios hilillos de sangre, debido a unas brechas en muy mal estado, fruto de enorme golpe que habían vivido momentos anteriores.
-¡Esto ha llegado demasiado lejos, bastardo! Te has colado en mi base como una rata, usas tu acero para asesinar a mi ejército, eliminas fácilmente a mis armas secretas, del mismo modo que a mis cuatro mejores escoltas… ¡y para colmo, has purificado a Rayquaza, dios de los cielos! Esto ya toca a su fin. Perderás la cabeza cuando una de mis flechas explosivas impacten en tu entrecejo y la hagan estallar…, sí, así es…, a este templo no le queda mucho para que acabe desplomándose con nosotros dentro. Moriré asfixiada bajo innumerables cantidades de piedra y polvo, pero no te daré el gusto de asistir a mi triste final. Estás desarmado, no tienes nada que hacer, así que acepta tu destino…- exclamó cansada Juno, mientras amenazaba a Ash con esa arma, casi igual de vieja que el fuego.
La ejecución se veía venir. Aquel detonante proyectil salió disparado con gran rapidez, pero Ash, algo magullado por la tremenda colisión contra el tejado del edificio, se tiró en plancha lejos del explosivo. Cuando la munición eclosionó, más derrumbamientos se produjeron en el lugar. Las paredes se veían cada vez más agujereadas, y los pilares que sostenía aquella basílica alejada de la mano de Dios caían sin remedio, dando al lugar una atmósfera de peligro e inestabilidad inminentes. A regañadientes, Ash tuvo que darle la razón a aquella maníaca: Sin armas estaría dando vueltas en círculos inútilmente, o, lo que era peor…, terminaría sin cabeza. Lo único que tenía a mano era aquel lanzador de garfios. Su mirada se iluminó en el acto, todavía tenía una oportunidad de dar muerte a Juno. Apretó el gatillo, y el gancho se ancló en la gran lámpara redonda que colgaba del techo. Ya en la cima, creyó librarse del acoso de Juno, pero se equivocó. La ascendente lluvia de flechas terminó por acelerar más el derrumbamiento de la ermita, y, debido a los escombros, los candelabros que iluminaban el lugar terminaron por entrar en contacto con la fina alfombra de tela roja, incendiándose todo. Era justo lo que les faltaba, estar encerrado en una iglesia al borde del colapso, prendida en fuego y ellos dos matándose a palos por ver quién era el vencedor de aquella disputa. Con el tiempo en su contra, logró esquivar una enorme piedra que se llevó por delante el candil, pisando de nuevo las duras baldosas marmoladas. Se agradecía aquel tiempo brindado entre disparo y recarga, ahí nada valía lo rápido que se fuese usando un arco, puesto que el procedimiento para recargar la munición de una ballesta siempre era más lento y pesado. Escondido detrás de una columna, Ash despertó un sentimiento de euforia al ver su katana brillando a lo lejos. Si se hacía con ella, habría ganado la partida. La estrategia para acercarse al perímetro de Juno la tenía planificada en su mente, pero hacerlo sin un arma supondría la muerte. Respiró hondo, y corrió hacia el lugar de interés, no sin ser de nuevo atacado por Juno. Además de esquivar aquellas flechas, también debía tener especial cuidado con las llamas, cada vez más propagadas. En un hábil movimiento, aferró el arma blanca fuertemente contra su mano derecha, y permaneció inmóvil. La de pelo blanco, sorprendida, bajó por un instante el arma. A lo lejos parecía que Ash sonreía.
-¿Se puede saber qué es lo que hace tanta gracia? Has bajado la guardia, por lo tanto…, ya estás muerto. Un placer haber batallado contigo, Guerrero Fantasma.- se despidió Juno, volviendo a encañonarle con su ballesta.
-Ídem, Juno…, Ídem…- le contestó Ash, sin perder la sonrisa y, a su vez, enfilando a la mujer con su pistola de garfios.
Todo aquello sucedió rapidísimamente. Con un vital salto, el moreno esquivó la flecha de Juno y, mientras permanecía unos segundos más en el aire, apretó el percutor. La metálica ancla, sostenida por la ayuda de una cuerda refrenó al entrar en contacto con la ballesta de la Ejecutiva Rocket y, con otro raudo movimiento, la cuerda aprisionó las manos de Juno, indefensa y sin poder recargar más su arma. Triunfante, el Comandante volvió a presionar el gatillo, con lo que salió despedido hacia la posición de Juno. Voló sobre el fuego y los escombros, hasta que quedó a pocos centímetros de ella, y, como si fuese a cámara lenta, hundió sin preocupación alguna el filo de su espada en el estómago de Juno. El repentino empujón los arrastró a los dos hasta el altar de misa, quedando la herida "entre la espada y la pared". La que ahora era prisionera de una muerte inevitable notó como su respiración se tornaba agitada. Posiblemente aquellos fuesen sus últimos minutos de vida. Arrodillado frente a ella, Ash sostenía su cabeza para poder mantener la mirada ante ella.
- Ya no tienes donde huir. Confiésame tus secretos.- dijo Ash con una voz suave, como si quisiese acunarla y hacerla llegar al eterno sueño que estaba por llegar.
- Yo ya he cumplido mi parte. La Hermandad no es débil, y mi muerte no impedirá que triunfe.- se mostró taciturna ella, disfrutando de lo poco que le quedaba de vida.
- Ah, ¿así que ahora os consideráis una Hermandad? ¡Una panda de chalados, eso es lo que sois! Puede que seáis una Hermandad, sí, pero una Hermandad de terroristas. Con tu muerte, estoy a un paso más cerca de desmantelar vuestros absurdos chanchullos. Sólo vosotros tenéis planes malévolos para sumergir a la Humanidad en la más asquerosa de las miserias.- ironizó el moreno, ante la falta de cordura de Juno.
- ¿Sólo nosotros…? -rió la moribunda, sin perder su toque de locura. –No…, en eso estás muy equivocado, muchacho. El Coronel Steelix también tiene planes para esta guerra…, pero no voy a decir nada más.- alegó la de pelo blanco.
- Entonces, se acabó. Pídele perdón a Arceus por tus pecados.- sugirió Ash, sin entender del todo la mención de Juno a su viejo Coronel.
- Ya no está con nosotros. Hace mucho que abandonó a las personas a las que yo he acogido.- algo parecido al lamento decoró esas palabras.
- ¿Qué quieres decir?- preguntó inquisitivo El Guerrero Fantasma.
- Pobres, putas, adictos, leprosos… ¿te parecen que serían buenos esclavos…? No sirven ni para las tareas más humildes. No, yo los recogí para, así…, salvarlos. Tú, en cambio…, matas, por la simple razón de que te lo ordenan.- le reprochó la Rocket, clavando en el sus ahora más apagados ojos grises.
- No.- la cortó Ash, tajante y sin pudor. -Tú vives de la guerra. Sólo eres un parásito.- escupió aquellas palabras con el mayor desprecio posible.
- Sí, eso es lo que piensa un ignorante como tú. No quieres comprender, como ninguno de los tuyos. No ves la ironía en todo esto..., no…, parece que aún no…, pero la verás…- dejó escapar sus últimas palabras en un susurro, cerrando sus ojos lentamente y quedándose sin respiración.
Observó la bella y angelical figura de Juno una vez que hubo muerto. Las puntas de su cabello inmaculado se encontraban ahora parcialmente ensangrentadas, y su rostro palidísimo la asemejaba a una muñeca de nieve. Ash limpió el filo de su katana con la palma de su mano, se untó su dedo índice en la sangre de Juno, y tachó su nombre del pergamino. Tan sólo quedaban tres Ejecutivos Rocket a los que dar caza: Atila, Atenea y, el más anhelado por Ash…, Atlas. De igual forma, tras haber liberado al trío de dioses Pokémon de Hoenn, todavía debía enfrentarse a cuatro fortísimos Pokémon Oscuros: Raikou, Celebi, Heatran y Moltres. Unos temblores poco prometedores indicaron que la estructura de piedra estaba cediendo, y que en pocos segundos la iglesia acabaría totalmente desmoronada, así que se puso en pie y corrió hasta la única vidriera que permanecía erguida, y saltó a través de ella. Pocos segundos después, todo se vino abajo, y los restos de Juno quedaron sepultados bajo toneladas de rocas. Se sacudió la ropa, quitándose los cristales que aún tenía sobre sus hombros. A lo lejos, vio a sus Pokémon revoloteando en el aire. Un solo silbido sirvió para que acudiesen ante él, y todos salvo Staraptor fueron retornados a sus Poké Ball, y Ash se subió encima de este, partiendo vuelo a saber qué lugar. Lo importante era esconderse en algún sitio donde los Rocket no pudiesen hallarle, puesto que estarían más despiertos ante la amenaza del Guerrero Fantasma, y peinarían de inmediato todos los rincones de las cuatro regiones a partir del alba. Tendría que partir hacia Jotho en cualquier momento. Las palabras de Juno hacían eco en su cabeza: "El Coronel Steelix también tiene planes para esta guerra…, pero no voy a decir nada más." ¿El Coronel…, un traidor…? No, aquello era ilógico… ¿Mentiría Juno…, o en realidad el Coronel Steelix trabaja con los Rocket, beneficiándose así de un mundo con guerra perpetua…? Varias piezas no encajaban, pero otras sí. De todos era sabido que Steelix envolvía muchos misterios: nadie conocía nada sobre su infancia o pasado, capturó a un Entei Oscuro, sabiendo que la pertenencia de un Pokémon Oscuro sólo se veía en los Rocket, y lo más importante…, había veces en las que se ausentaba durante largos meses en la Milicia, ¿acaso sería el un chivato, un vulgar soplón que vendía la información acontecida en las filas militares al mejor postor? Ash no sabía que pensar, ni se atrevía tan siquiera a imaginar que la persona más entregada a la liberación del mundo y a la destrucción del Team Rocket fuese la que menos deseaba que concluyese el conflicto, por el simple hecho de que así llenaba más sus bolsillos. Había algo en el Coronel que aún le seguía dando muy mala espina.
La mañana posterior a la muerte de Juno se mostraba hermosa. El Sol, a gran altitud, brillaba en un intenso sinfín en la alejada y paradisiaca Isla Canela. Sentadas sobre las robustas rocas bañadas por el mar, dos muchachas, una pelirroja y la otra rubia, remojaban sus pies mientras comían sus deliciosos helados y escuchaban música desde el Poké Gear de la rubia. Detrás de ellas, dos preciosas Flareon y Vaporeon, junto con un sociable Pikachu, jugueteaban entre ellos, oliéndose y lamiéndose a modo de saludo y aprecio. Las dos jóvenes charlaban animadamente, como las grandes amigas que eran. La rubia, conocida en Isla Canela como la única heredera de Blaine, escuchaba atentamente las buenas noticias traídas por su amiga Misty.
-¡No me lo puedo creer! ¿Me lo estás diciendo en serio? ¡Qué fuerte, tía, el papel protagonista! Desde pequeñita, uno de mis sueños ha sido salir en la televisión o en el cine.- dijo Zoe, y soltó un leve suspiro de alegría.- Me das una envidia…, si ya me extrañaba yo que alguien me cogiese a mí en un casting…- susurró algo apenada la más joven.
-¡Pero qué bobadas dices, Zoe! Eres una belleza de mujer, y aún eres muy joven, ¡seguro que muchas desearían ser como tú!- la consoló Misty, considerada por Zoe como su mejor amiga.
Y en efecto, Misty no mentía. La hermosa Zoe, de tan sólo dieciocho tiernos años de edad, poseía una belleza nórdica que, sin lugar a dudas, provocaba la envidia entre las mujeres. Sus cabellos rubios, naturales y luminosos como los rayos del Sol, iban acompañados por unos ojazos de color azul turquesa, y un cuerpo curvo, sensual y de generosos atributos femeninos, por lo que se podía intuir que practicaba deporte para conservarse en su línea. Además, en Kanto era famosa por su preciosa sonrisa, capaz de hipnotizar a cualquier hombre, y por ser la Líder de Gimnasio más joven desde las reaperturas de la Liga Añil Pokémon, siendo los más mayores el Teniente Surge, Koga y Blaine, estos dos últimos nombrados como tutores vitalicios de sus respectivos gimnasios. Zoe era Líder del Gimnasio de Isla Canela, especializado en los Pokémon de tipo fuego, pero era supervisada por su abuelo Blaine, el verdadero líder. La muchacha era una gran estratega con los Pokémon, excelente cualidad, pero, antes que ser todo eso, era mucho más cariñosa y tierna con ellos, lo que todo eso la convertía en una envidiable entrenadora. Su bondadoso carácter no sólo se limitaba a sus Pokémon, ya que también lo transmitía al resto del mundo, sobre todo a sus amigos, pero, obviamente, su corazón pertenecía a su anciano abuelo, la persona a la que más quería en este mundo. Inteligencia y talento tampoco escaseaban en su persona. Le ponía ahínco y esfuerzo a todo, pese a las adversidades. Según la pelirroja, Zoe podía ser lo que quisiera en la vida. Era una chica muy importante en su vida, y que valía muchísimo. La quería tanto que la consideraba la hermana menor que nunca tuvo.
-Gracias, Misty. Tu apoyo significa mucho para mí.- se sinceró la rubia, desarmando a su amiga con su famosa sonrisa.- Bueno, ¡cuéntame, cuéntame! Todo esto me tiene en ascuas, ¿cómo es el protagonista que interpretas en "Las Pasiones de la Primavera"?- curioseó Zoe.
-Bueno…, antes que nada te diré que la producción ha cambiado un poco el nombre a la telenovela. Ahora se llama "Las Pasiones de Nueva Zelanda", y… ¿qué te puedo decir yo de mi personaje…? - se llevó un dedo al mentón, pensativa.- Vale. Yo interpreto a una joven noble procedente de la Inglaterra del Siglo XIX que acude a Nueva Zelanda, un país con grandes expectativas, tras haber sido apostada por su padre en una partida de BlackJack, para casarse con su prometido, al que no conoce. El padre de su prometido, ganador de la apuesta, es un importante magnate del país que será su nuevo hogar. Posee una enorme y lujosa casa, ganada gracias a los beneficios del esquileo de ovejas y demás labores agrícolas.- pausó su discurso para aceptar un cigarrillo de Zoe.
-¿Qué me estás contando? ¡Ni siquiera ha comenzado todavía, y ya con tan sólo contarme el principio estoy súper enganchada! ¡Cuéntame más!- exclamó ansiosa la nieta de Blaine, a lo que Misty no pudo evitar reírse.
- Todo allí es como su suegro la relató: Una lujosa casa, decorada al más puro estilo inglés, repleta de sirvientes nativos del país, e infinidad de preciosa flora y fauna. Tras conocer a su futuro marido, un auténtico caballero y un par de años mayor que ella, surge un flechazo, y la boda se lleva a cabo exitosamente. No obstante, el paso del tiempo empeora la situación de la familia: Las peleas entre padre e hijo son mayores, mi personaje se encuentra sexualmente insatisfecha y el suegro no para de ofenderla con el tema de no tener herederos para su imperio. Desde su llegada a Nueva Zelanda, la nueva señora de la casa entabla una fuerte amistad con el capataz de los establos, amistad que derivará en amor, relaciones sexuales y mucha pasión y dolor. La historia gira en torno al amor, la amistad, el odio, la pasión, el paso de los años…, pero sobre todo, sobre el sufrimiento y las calamidades que estos dos tórtolos deben padecer para conseguir estar juntos durante el resto de sus vidas.- concluyó Misty, dando una calada a su cigarrillo.
-¡Oh, que romántico! Parece que el papel esté hecho para ti.- dijo emocionada Zoe, expulsando humo por la boca.
-¿Qué quieres decir?- preguntó la de Ciudad Celeste, más curiosa que molesta.
-¡Es obvio! A ti te ha faltado más bien poco para llegar virgen hasta el matrimonio, mientras que tu moreno capataz se habrá puesto las botas en más de una ocasión. Los papeles cuadran con vuestras personalidades: Tú, una señorita rebelde e indomable, y Ash, un joven atractivo y trabajador nato, que no dudará en estrecharte bajo sus fuertes brazos y acariciarte con esas manos tan masculinas y ásperas debido al duro trabajo que realiza. Sois diferentes, sí, pero por alguna extraña razón sois también almas gemelas.- le explicó Zoe sus alocadas hipótesis, mientras acariciaba al Vaporeon de Misty. La aludida no pudo evitar poner sus ojos en blanco.
-¡Hay que ver…, tan madura para unas cosas, y tan cría para otras!- se quejó Misty, cruzándose de brazos al instante.
-¡Tonta, era una broma!- bromeó la nieta del maestro de fuego, salpicándola con el agua que corría entre sus pequeños pies.- Por cierto, ¿tienes noticias de él…?- supo que había metido un poco la pata al ver como su amiga sacudía la cabeza, triste.
-No sé nada de él, Zoe. Llevo casi un mes sin saber nada. No sé cómo estará, ni lo que hará o si está en peligro, ni si tendrá ahora esa barba morena de tres días que tanto me gusta de él…, ni si me estará echando de menos…- susurró la pelirroja, en un arrebato de nostalgia.
- Escucha, Misty. De momento no tengo poderes ni una bola de cristal para conocer las respuestas a tus preguntas…, pero de lo que sí estoy segurísima, y pondría además la mano en las brasas de mi querida Flareon, es de que Ash no hará otra cosa que pensar en ti las veinticuatro horas del día. Es la persona, sin contar a tus hermanas, que más te quieren en este mundo. Vuestro amor en Kanto es legendario, tal y como dicen los programas del corazón, pero a esos no les hagas mucho caso. Tú hazme caso a mí, ¡que yo de estas cosas entiendo!-comunicó Zoe, guiñándola un ojo.
-Muchísimas gracias, Zoe. Ahora sé a ciencia cierta porque eres mi mejor amiga.- dijo sonriente y consolada Misty, mientras que con una mano acariciaba el cálido pelaje de Flareon y con la otra una de las puntiagudas orejitas del Pokémon de Ash.
De repente, la música se cortó, dejando a las dos amigas un tanto desubicadas. La rubia cogió su Poké Gear y entendió el porqué del cese musical. En lugar de las animadas canciones que frecuentaban escuchar, surgió la melodía del informativo matutino. Entonces, Zoe anduvo rápida, y buscó la aplicación de televisión en su Poké Gear. Tras unos leves segundos de carga, en la pantalla surgió el canal de noticias, donde un hombre mayor, regordete, elegantemente vestido con camisa y corbata, y portador tremendo y cómico bigote canoso informaría de la situación.
-Muy buenos días a todos los espectadores de la región de Kanto. Con todos ustedes, el informativo intensivo de la CNN Hoenn. Por tercera vez consecutiva, las hazañas del Superhéroe de moda, El Guerrero Fantasma, se extienden por los cuatro cardinales del globo terráqueo. Hace tan sólo poco más de tres semanas que tuvimos nuevas noticias al respecto de este enigmático y perverso personaje. Por ese entonces momento, y gracias a las imágenes que han captado nuestro satélites, él sólo, con la ayuda única de sus Pokémon, prendió fuego a la base e instalaciones médicas del Terra Rocket, guarida que se encontró ubicada durante los últimos diez años al norte de Ciudad Malvalona, Hoenn. Los corresponsales a dicho evento consiguieron identificar el cadáver sepultado de Petrel, Líder del Terra Rocket, además de ser miembro honorífico de la célula terrorista y cruel doctor de la misma. Esta misma madrugada, nuevas imágenes nos han llegado desde otro lugar de Hoenn. Según parece, la base voladora del Team Caelum transportaba esclavos humanos, a saber Dios para que fines. La guarida de los Rocket colisionó contra una enorme montaña, y no se han encontrado ninguno de los cuerpos de los secuestrados, por lo que podemos deducir que fueron primordialmente salvados por nuestro héroe.- hizo una breve pausa para tomar un poco de agua, y continuó.- Más cadáveres, tanto de humanos como de Pokémon científicamente alterados han sido encontrados en los densos bosques de Hoenn. Vean pues las imágenes.-se podía ver claramente los cuerpos desmembrados del Hipogrifo, Victoria y Hambre, así como de sus Rapidash. Por último, la escena de Guerra con la espada clavada en su cuerpo fue la imagen más brutal de todas.- Ha de informarse de la destrucción de una de las iglesias más antiguas de la región, donde varios huidizos feligreses han contrastado la versión de que Rayquaza, Dios Pokémon de los Cielos, colisionó contra el edificio. Los cuerpos de Fuerzas y Seguridad de la Región, así como varias grúas de rescate, han removido los escombros del lugar, donde al menos se han encontrado veintitrés muertos, entre ellos la Ejecutiva Rocket Juno, Líder del Team Caelum, que parece haber muerto minutos después de ser asesinada con lo que parece ser un arma blanca, posiblemente una Katana.- bebió otro sorbo de agua.- El Guerrero Fantasma, un caso realmente excepcional que un servidor jamás había visto en sus más de treinta años de profesión, ¿quién se ocultará bajo esa identidad? ¿Será humano? ¿Trabajará realmente solo, tal y como nos muestran? Y lo más importante, ¿podrá dar caza a los otros tres Ejecutivos Rocket y acabar con la organización de una vez por todas? Son muchas las preguntas que tenemos sobre una de las más famosas y heroicas figuras de nuestros tiempos, pero nada conocemos de él…, salvo su apariencia física. Les dejamos con la primera foto que nos muestra al Guerrero Fantasma en carne y hueso, cortesía de un joven adolescente que dice haberse enamorado a primera vista de él, y no es de extrañar, ya que para muchas damas es un hombre muy apuesto. Muchas gracias a todos nuestros espectadores y oyentes, que pasen una muy buena tarde. Les mantendremos informados sobre las nuevas hazañas de este fenómeno televisivo.- la imagen del reportero desapareció, y en su lugar apareció una foto que por fin daba rostro al Guerrero Fantasma. Sobre el tejado de un edificio en llamas y al borde del colapso, permanecía erguida la figura de un hombre con la cabeza bien alta de orgullo, de entre veinticinco y treinta años. Superaba el metro noventa de estatura, era musculoso, algo pálido, afeitado y con pelo azabache engominado hacia atrás. Vestía un traje de neopreno negro ligeramente destrozado, y agarraba en su mano derecha una escopeta. Lo más llamativo eran sus ojos rojizos y con pupilas verticales. El brillo de su fría mirada, segura y valiente, emanaban un fuerte sentido de la justicia y la erradicación de los cánceres de la sociedad.
-¿Lo has visto, Misty? Madre mía, ¡qué guapo es…! Un poco pálido, o por lo menos para mí, pero eso se arregla tomando el sol aquí, en Isla Canela, ¡a ese le rasgaba yo el uniforme de neopreno a mordiscos!- exclamó excitada la adolescente, dando rienda suelta a su lascivia.
-¡Pero qué vasta eres…!- gritó Misty, ruborizándose ante el comentario de su amiga. Volvió a mirar la foto.- Sí, la verdad es que es un hombre bastante atractivo…, pero lo que no sé es…, de que me suena a mí. Hay algo en su mirada que…, me resulta familiar…- dijo la pelirroja, dubitativa.
-¡Vaya, vaya! ¿Pero qué hacen dos preciosidades como vosotras tan solitas en su sitio como éste?- dijo una voz ronca y masculina que parecía surgir de la nada.
Misty dio un respingo, asustada, pero Zoe parecía reconocer al mensajero. La pelirroja se volvió rápidamente, y quedó aliviada al ponerle rostro a la voz masculina que había oído. Aquella persona no era otra que el famoso Blaine, el Líder de Gimnasio de Isla Canela, y el más veterano de todos los líderes de la región de Kanto. El recién llegado era un hombre de estatura media-alta, de poco más de sesenta años de edad, además de ser muy elegante. Vestía con un traje compuesto por un chaleco y pantalones blancos, contando también con un sombrero del mismo color. Calzado con unos caros zapatos de piel parda, el gran amante de los Pokémon de fuego les hacía tributo portando una camisa roja y de mangas largas, combinada con una fina y llamativa corbata amarilla. Aun así, las cosas que más destacaban de Blaine eran sus gafas de sol azabaches, su poblado y canoso bigote, decorando así su estilosa apariencia con un bastón de madera, el cual tenía tallado la cabeza de un Rapidash en la empuñadura. La joven rubia corrió hacia él, y lo abrazó del mismo modo que cuando era una niña.
-¡Abuelo!- gritó contentísima la moza, abrazando fuerte y tiernamente al anciano. Blaine no puedo reprimir una enorme sonrisa de afecto, y rio levemente ante la muestra de cariño.
-¿Cómo está mi precioso querubín? - preguntó Blaine, acariciando el suave cabello de su nieta, y dándola un enorme beso en su mejilla sonrojada. A continuación, su mirada se postró en Misty, que sonreía emocionada ante el encuentro familiar.- ¡Misty, que agradable sorpresa! Me alegra volver a verte.- dijo acercándose a ella. Se inclinó y tomó la mano de Misty para insinuar un perfecto besamanos. En efecto, tal y como ya sabía, Blaine era un galán y un perfecto caballero.
- El gusto es mio, Blaine.- respondió la mujer, dándole dos besos a modo de saludo, un saludo un tanto informal si se comparaba con el del hombre mayor.
-Dime, Misty, ¿Qué te trae aquí por esto lares? Según he oído, debes estar nerviosísima con el Gimnasio y el guión para la telenovela.- quiso saber el de voluminosos bigotes canosos.
-¿Tú también te has enterado?- preguntó sorprendida la pelirroja.
- Zoe me contó algo al respecto. Mis más sinceras congratulaciones, señorita Waterflower, ¡seguro que sus hermanas están que echan más fuego que cualquiera de mis veteranos Pokémon!- bromeó Blaine.
-Sí, Misty. Se lo dije yo. Entre mi abuelo y yo no hay secretos.- dijo Zoe, abrazando a su abuelo.-Espero que no te haya molestado…- continuó algo arrepentida. Ella misma era consciente de que a veces metía demasiado la pata.
-No, Zoe, no te disculpes. Para nada me ha llegado a molestar, pero ya sabes cómo son estos reporteros…, una vez que entras en el mundo de la televisión no te sueltan ni a patadas.- alegó sabiamente la de Ciudad Celeste.
-Ah, amiga mía, ¡es lo que tiene ser famosa! De ahí a tener un escolta hay un paso.- dijo Blaine, mientras fumaba de su pipa.- Oye, Misty, ¿te apetece quedarte a comer con nosotros? A Zoe le haría muchísima ilusión.- propuso el Líder de Isla Canela.
-¡Sí, buena idea, abuelo! Vamos, Misty, ¡di que sí, anda! ¡Por favor!- suplicó la nieta del anciano, juntando sus dos manos a modo de súplica, mientras ponía ojitos a su amiga.
-Claro, ¿por qué no? ¡No puedo negarte nada si me miras con esos ojitos!- exclamó convencida Misty, y dejó escapar una suave risita.
Las dos mujeres agarraron al anciano, cada una por un brazo, y le ayudaron en la larga caminata hacia el hogar. Los tres Pokémon jugaban entre ellos alegremente, mientras que los tres humanos charlaban de diversos temas, o por lo menos sólo dos de ellos. La pelirroja se encontraba pensativa, como ida. La fabulosa relación entre abuelo y nieta hicieron que floreciera un pequeño sentimiento de envidia, pero una envidia sana, para nada posesiva. Ver el enorme afecto que había entre Blaine y Zoe la había conmovido, ¿por qué ella nunca había manifestado ese sentimiento con sus hermanas…? Cierto era que la relación con ellas había mejorado notablemente en los últimos años, pero antes de eso todos los sentimentalismos vividos fueron por motivos de interés, o simplemente no había sentimiento. Además de eso, le seguía dando vueltas al tema relacionado con aquel hombre, El Guerrero Fantasma…, un hombre misterioso, fuerte, decidido y atractivo, pero algo frío y solitario, ¿a quién le recordaba…? Por mucho que pensase en él, no podría llegar a imaginarse quien se escondía bajo esos ojos, brillantes como dos rubíes.
El humo de los puros provocaba una pequeña neblina en el lujoso despacho. Sentados los dos frente a frente, cantaban aquellos habanos de primera calidad. Sosteniendo una elegante botella de cristal, vertió un poco más de whisky en el vaso de su joven empleado y amigo. La necesidad de nueva información era indispensable para el Coronel Steelix. Con el único ojo que tenía, clavó su fría mirada azul en los ojos de su invitado, del mismo color que los suyos.
-Bien, coméntame, ¿cómo llevas tu labor de espía? Espero que hayas captado buenas instantáneas del Guerrero Fantasma.- demandó Steelix, dando un largo sorbo de whisky.
-De momento todo va bien, Coronel. Mediante el satélite que he instalado puedo captar las veinticuatro horas del día todos sus movimientos.- informó el joven, absorbiendo el humo del puro.
- Ese condenado fantasma tiene los cojones bien puesto, no le teme a nada… ¿Y de Ketchum? ¿Qué noticias tienes de él?- preguntó el Coronel, dando una larga calada y sirviéndose otro vaso.
-No he encontrado por el momento ninguna prueba que le incrimine. Si de verdad está trabajando para otra organización, tal y como usted opina, sabe llevarlo muy bien en secreto. Lo único que puedo decirle es que se encuentra de aquí para allá, de ciudad en ciudad. Dudo si será por algún que otro negocio clandestino, unas vacaciones o si está huyendo.- dijo el más joven, revolviendo su larga melena castaña.
-¿Esconderse el Comandante? Parece mentira que le conozcas. Ese tiene algún chanchullo por ahí, y con ello puede poner en peligro a la Milicia, ¡eso me pasa por no atarle en corto!- blasfemó el tuerto, sirviéndose un enésimo whisky.
-Eso lo dice usted, ¿no? Que se divide el dinero con los Señores de La Guerra, ¿quién es más traidor, Coronel: Ash…, o usted…?- le echó en cara el muchacho, harto de tanta hipocresía.
Aquello fue el colmo para el Coronel, ¡uno de sus hombres revelándose contra él! Echó su asiento hacia atrás, de mala manera, y se levantó como mejor pudo. Con el pulso tembloroso y el aliento apestándole a Whisky, encañonó a su subordinado con su arma, una pistola SIG Sauer P226 del calibre 40. El rostro del amenazado permanecía inmóvil, sin miedo alguno.
-Que te quede bien claro, niñato, ¡ni se te ocurra volver a ponerme en evidencia, JAMÁS! ¿Te ha quedado claro? ¡Yo no soy ningún corrupto!- vociferó, enfadado y con una enorme vena en su cuello que parecía estar a punto de reventar de la ira.
-En ningún momento he mencionado esa palabra, Coronel, pero ya que por fin habla claro…, le diré que así es como le veo, y si usted ha dicho la palabra prohibida… ¿no será que acaso se siente así, como un corrupto que sólo piensa en su propio ombligo?- dejó las cartas sobre la mesa el espía de Steelix.
-¡Vete, ahora mismo! ¡FUERA DE MI VISTA, IMBÉCIL!- estalló el del parche, rojo y sudoroso como un pollo en el horno. Su respiración era más agitada de lo normal.
Sin alterarse en lo más mínimo, se dio la vuelta, caminando lentamente hacia la puerta. Giró el pomo pero, cuando ya tenía un pie fuera, el Coronel volvió a llamarle.
-Ritchie, una última cosa…, como el recién Comandante de la Brigada Voltio que eres…, debes honrar a tu gente. No pierdas de vista al Guerrero Fantasma, y si ves algún movimiento sospechoso en Ketchum…, pégale un tiro, ya sea en el entrecejo o por la espalda, pero mátalo si algo raro pasara. No quiero traidores en mis filas, ¿lo has entendido?
-Sí, mi Coronel.- respondió brevemente el delatado.
-Bien, entonces…, puedes irte.- le ordenó Steelix, sin darle mucha importancia a la tensa situación vivida anteriormente por ellos dos.
La puerta se cerró detrás de él. Ritchie sentía como si hubiese vendido su alma al mismo Diablo, y nunca mejor dicho. Steelix era conocido también como "El Diablo Tuerto", y más sabía el Diablo por ser viejo que por ser Diablo. En esos tiempos oscuros, uno tenía que ganarse el pan de una manera u otra. Su jornal como Comandante era más que envidiable, pero había que asegurar el futuro de alguna manera. Había vendido a Ash, su gran amigo del pasado, por doscientos cincuenta mil Poké dólares, un cuarto de millón que, con el paso del tiempo y con un transcurso especial de la guerra, se multiplicaría su valor por ocho. Dos millones…, mucho dinero, sin duda. No obstante, se sentía como una rata miserable…, un vulgar traidor…, o peor aún…, un corrupto.
La tarde estaba bien entrada, casi ya era de noche. Tras la noticia de la masacre de Team Caelum, la gente respiraba más tranquila, e incluso ya la mayoría de ellos se atrevían a salir de sus casas, disfrutando de la preciosa noche. Familias enteras aprovecharon para salir a cenar, pasear o ir al cine. Ciudad Portual estaba rebosante de felicidad, y Ash se alegró al pensar que Hoenn era por fin un lugar tranquilo gracias a él. Entre los diferentes establecimientos, divisó el que realmente le interesaba: El Puerto. Dirigió sus pasos hacia la recepción del lugar, donde se sintió un poco nervioso al ser reconocido por una joven, con un par de años menos que él, pelo castaño y ojos verdosos, una completa hermosura de muchacha que, sin duda alguna, era una de sus innumerables fans.
-¡Usted…, usted es el Comandante Ketchum! ¡Es más guapo en la vida real!- gritó entusiasmada, llevándose las manos a la cara del asombro.
-¡Señorita, baje la voz, por favor!- dijo casi en un susurro Ash, meneando la cabeza de un lado a otro para cerciorarse de que nadie lo había oído.- Escuche, le pido absoluta discreción, por favor. Estoy en una misión muy arriesgada, y mi nombre no puede llegar a oídos de ningún indeseable. Usted ya me entiende.- la dijo, guiñándole un ojo.
-¡Oh, discúlpeme…!- habló también en un tono bajito, sonrojada de la vergüenza.- ¿Qué es lo que desea, señor?- le atendió ella con la más objetiva de las profesionalidades.
-Quiero un ticket para viajar a Jotho. Cuanto antes sea, mejor.- expuso el moreno.
-A partir de mañana, un Ferry partirá hacia dicha región a las cinco de la tarde, ¿tiene ya previsto en que ciudad o pueblo desembarcará?- preguntó la recepcionista, para poder imprimir así el pase.
-En Ciudad Cerezo, por favor.- respondió brevemente.
-¿Billete de ida, o de ida y vuelta?- siguió la chica con el formulario conveniente.
-Ida solamente.
-Muy bien, pues son cien Poké dólares, por favor.- comunicó el importe, que fue pagado en efectivo con un único billete.- Muchas gracias, ¡que pase una buena noche!- al ver como se alejaba, sacó fuerzas de su interior para formularle la mayor de las preguntas vergonzosas.- ¿Señor Ketchum…?
-¿Sí? ¿Ha habido algún problema con el billete, señorita?- preguntó inocente él.
-No, no…, verá, quería preguntarle si…, podría firmarme un autógrafo…, si no le es mucha molestia…- comunicó la joven, con voz temblorosa y la cara roja como un tomate. La sonrisa de Ash la achicharró aún más.
-¡Faltaría más!- dijo, pero se quedó en estado de shock al verse a sí mismo en una revista femenina, semidesnudo y con el torso al aire.- ¿Me…, me podría decir su nombre…?- ahora el que estaba sonrojado y con un nudo en la garganta era él.
-Valentina. Me llamo Valentina.- informó ella, guiñándole un ojo de manera lujuriosa.
-Bien…, "Para Valentina, con mucho cariño…, del Comandante Ash Ketchum…", aquí tiene…- garabateó así su firma y le devolvió la revista.
-¡Muchas gracias, Comandante, y que pase usted un buen viaje!- se despidió ella, inspeccionando de arriba abajo el cuerpo de Ash.
Se alejó de allí lo más rápido que pudo. Por unos momentos se había sentido como una especie de objeto, un mero juguete sexual, ¡eso de tener muchas fans a la larga no era precisamente bueno! A veces resultaba hasta agotador. Él sólo deseaba que Misty le pidiese un autógrafo, para poder corresponderle con la mejor plasmación de su ser con un interminable beso. Misty…, hacía ya cuatro semanas, veintiocho días…, se dice pronto, que se había despedido de ella, y aún le quedaba poco más de un mes para tener la posibilidad de volver a casa con vida. Encendió un cigarrillo, y lo fumó tranquilamente observando el mar. Miles de pensamientos se apretujaban en su cabeza: Misty, primordialmente, el pacto con Darkrai, el empeoramiento de sus poderes, lo vivido el día anterior y las palabras de Juno que alertaban a Ash de las presuntas intenciones del Coronel Steelix. Eran muchas cosas, así que se reservó para el viaje en barco. Ahí tendría mucho tiempo para centrarse en todo. Bajo la faceta del Guerrero Fantasma había hecho cosas con las que un mortal soñaría: Atravesar montañas sin romperse un hueso, sobrevivir dentro de las tripas de un Pokémon Hidra y al veneno de un Basilisco, volar…, sí, volar. Habida nacido para volar…, libre como un pájaro, creando su propio destino. Efectivamente, las cosas habían cambiado mucho en el transcurso del último mes, pero ahora, más que nunca, no se dormiría en los laureles. Todavía quedaban tres Ejecutivos Rocket, los más poderosos dentro de la organización, y todo aquello no iba a ser moco de pavo. Lo vivido con Juno, y con todo aquello que la precedió, no era más que la punta del iceberg.
Fin del Capítulo VIII
¡Pues, con esto y un bizcocho..., final del capítulo ocho! Me decanté a última hora por incluir a las cuatro jinetes, haciendo honor a los temidos Jinetes de Apocalípsis, pero ya que como Juno es una mujer..., pues cree la versión femenina. Personalmente, me ha gustado mucho cuando Ash le ha arrancado de lleno las alas a Rapidash, como Kratos en el videojuego "God of War II" cuando batalla contra los grifos. Para los próximos capítulos meteré también alguna que otra pelea contra jefes finales de ese videojuego, pero, obviamente, plasmadas de forma coherente en la saga de Pokémon. No sé si os habréis dado cuenta, pero todas las subdivisiones del Team Rocket llevan nombres de distintos elementos en latín, o al menos eso me dice el traductor de google..., por ejemplo: (Aqua = Agua, Terra = Tierra, Caelum = Cielo, y los que faltan: Fulgur = Relámpago, Tempus = Tiempo y Igneus = Fuego) Como veréis, cada nombre guarda relación con su Pokémon Legendario, o con sus cualidades o poderes. A continuación, os dejo con las fichas de hoy:
Personajes (Fichas 29-32)
29) Blaine
Edad: 62 años.
Altura: 1,79 metros.
Ocupación: Antiguo Líder del Gimnasio de Isla Canela y Juez de la Selección del Alto Mando.
Historia: Para este amante de los Pokémon de tipo fuego, el tiempo se ha consumido como una cerilla. Blaine ha aparcado definitivamente su labor como Líder de Gimnasio, cediéndole el timón a su única nieta, Zoe. El amor que siente por su pequeño ángel no se puede explicar con palabras ni reflejar en imágenes, porque por ella daría la vida. Para matar el tiempo, se distrae supervisando las labores de su nieta en el Gimnasio, acabando este año las prácticas, y estudiando los casos de los aspirantes a formar el nuevo Alto Mando, en el cual también participa su nieta. Como gran entrenador Pokémon que es, el parentesco no evitará que pierda su profesionalidad a la hora de escoger a los candidatos adecuados. No habrá ningún favoritismo para su nieta.
30) Zoe (Inspirada en una versión adulta de Yellow, personaje protagonista del Manga)
Edad: 18 años.
Altura: 1,76 metros.
Ocupación: Líder, en prácticas, del Gimnasio de Isla Canela y aspirante al Nuevo Alto Mando.
Historia: La vida de Zoe empieza a describirse con una triste palabra: Sufrimiento. La única y hermosa nieta de Blaine perdió a sus padres en un accidente automovilístico, siendo ella muy pequeña cuando pasó tal dramático acontecimiento. Es por eso que comparte una relación casi mística con su abuelo: Ella sufre el dolor por la pérdida de aquellos que hicieron posible su vida, y Blaine carga sobre sus hombros el triste recuerdo de haber sobrevivido a su propia y única hija, temor de cualquier padre. Debido al dolor que ambos padecieron, la relación entre ellos se hizo más amena y feliz. Antes de que alguien hiciese peligrar la vida de su abuelo, Zoe se llevaría a todo el mundo por delante. El amor que siente por la anciana y cansada figura de su abuelo no conoce límites, y es por eso que nunca deja de demostrarle su cariño, ya sea con un beso o acompañarle en sus largos paseos por la playa. Pese a ser una niña que no ha tenido mucha suerte, nadie pueda borrar su carácter amigable, cariñoso y dulce. Es una chica feliz. Misty es su mejor amiga, como lo es ella para la pelirroja.
31) Las Cuatro Jinetes del Apocalipsis (Victoria, Guerra, Hambre y Muerte)
Edad: Entre 20 y 25 años.
Altura: Variable, entre 1,60 y 1,80 metros.
Ocupación: Escuadrón de Élite del Team Caelum y Guardia Personal de Juno.
Historia: Los motivos por los que están jóvenes muchachas entraron en las filas Rocket son muy diversos, mas todos van ligados al sufrimiento y a la pérdida de sus seres más queridos. Desde muy niñas han visto como la guerra nacía y les arrebataba a sus familias. Fueron esas cuatro niñas las que se escaparon de las garras del Team Rocket, permaneciendo dos semanas ocultas por los bosques de Hoenn. Sorprendidos por su carácter superviviente, la organización las encontró, y las dio una oportunidad. Como vulgares experimentos, se volvieron sumisas gracias a los conocimientos de Petrel en el campo del control mental. Todas y cada una de ellas arrastran un trauma que hace honor a su nombre que, dentro de la propia organización, esta guardados en archivos confidenciales. Nadie dentro de la célula, ni tan siquiera los jefes, pueden mencionar el pasado de estas cuatro guerreras si ellas están cerca. Las consecuencias pueden ser nefastas.
32) Juno
Edad: 33 años.
Altura: 1,74 metros.
Ocupación: Ejecutiva Rocket, Líder del Team Caelum, Subdivisión del Team Rocket y Traficante de Seres Humanos.
Historia: La segunda más joven de todos los Ejecutivos Rocket, contando todavía con Protón. Nada se sabe de su pasado, pero fue ella la que se encargaba de administrarle los pacientes a Petrel. Raptaba seres humanos para venderlos o convertirlos en esclavos. Además de eso, con el control de Rayquaza, asustaba a los habitantes de todo Hoenn y destrozaba sus hogares a cambio de cobrarles unos impuestos ligeramente inflados. Es famosa en la organización por sus cabellos blancos y por sus legendarias habilidades como tiradora. Fría y calculadora, muere la noche del 17 de Julio a manos del Guerrero Fantasma, dando a entender que no sólo el Team Rocket tiene planes con ánimo de lucro.
Me despido de todos, ¡hasta más ver! No sé cuánto tardaré en actualizar, pero espero que sea pronto, así que intentaré no demorarme tanto. No os olvidéis de dejar comentarios y sugerencias, pero ante todo muchas gracias por pasaros a echar un vistazo. Ciao!
