AUSENTE
Algo raro le estaba pasando. Se sentía más atontado de lo normal y estaba esa sensación en su interior, que le decía que las cosas no tenían que ser así. Pero no se lo explicaba.
Shion era hermosa, sexy… y… nada más, no sentía algo más que le diera un poco de justificación al golpeteo loco que hacía su corazón cuando la miraba, casi parecía un perro, jadeando y queriendo estar con ella, tocándola y… Dios, el viejo pervertido al final si le había pegado todos sus males.
Pero cuando vio a Hinata, toda su excitación por Shion se había esfumado. Literal. Ver a Hinata no solo hacía que su corazón se pusiera loco de alegría, su respiración se cortada, y ese hormigueo en las manos que no podía controlar se esparcía a través de su cuerpo. No era una atracción descomunal como le pasaba con Shion. Claro que Hinata era muy bonita y su cuerpo reaccionaba con su cercanía. Pero no se sentía como perro en celo cuando la miraba a ella. Aunque si sentía la necesidad enorme de estar a su lado y tocarla. ¡Dios! Necesitaba tocarla. En un rincón muy lejano de su subconsciente sabía que la había extrañado horrores. Pero al ver a Shion, no tenía cabeza para nada más. Era como si alguien se metiera en su cerebro y le hiciera hacer lo que la rubia le pedía, cuando lo pedía y como lo pedía.
Eso no podía estar bien…
Naruto acompaño a Shion a la residencia en la que se alojaría mientras residía en la Hoja. Habían hablado de cosas de las que, para ese momento no tenía ni la más remota idea. Simplemente no las recordaba. Era como si su cerebro se desconectara al estar en la presencia de la rubia.
Cuando se despidieron, Shion le había besado con suavidad el cuello. Solo había sido un contacto corto, pero se había sentido como fuego.
Caminaba a su departamento, e intentaba relajar su respiración. Shion había querido besarlo, y él había sentido verdadero deseo de hacerlo, de besarla también, de acariciarla y… pero se había girado en el último momento, por eso el beso había llegado a su cuello solamente. Aunque le gusto. Claro que le había gustado, se sentía deseoso y su temperatura corporal estaba alta. Pero no se sentía bien. Había algo, era como un hueco en su estómago, como una advertencia… un aviso… Tal vez, solo no se sentía cómodo.
Caminaba distraído y sin ninguna prisa, aun no llegaba a su destino, en realidad parecía que solo estaba dando vueltas, todos sus pasos lo llevaban siempre al barrio Hyuuga. Se detuvo justo en la entrada e hizo un esfuerzo porque esa idea que casi se perdía en su mente saliera a flote. Hinata… Su garganta se cerró. ¿Qué había pasado con ella?
Lo repetía. Era como si le hubieran desconectado el cerebro un rato, como si alguien más guiara sus acciones y cegara su razón.
Quería tocar la puerta, quería verla y quería… entro en modo sabio rápidamente, solo para saber si la chica estaba dentro, se dijo a sí mismo. Era muy tarde, obvio no tocaría ni despertaría a nadie… Ella no estaba ahí, no estaba dentro, durmiendo, cenando o… simplemente no estaba ahí.
En cuestión de segundos llego, al lugar en el que se encontraba la pelinegra. No demoro prácticamente nada. Ella estaba llorando, Naruto entro en pánico. ¿Qué se supone que iba a hacer ahora?
Su respiración se aceleró y empezó a sudar frío mientras trataba de hacer las conexiones necesarias entre sus neuronas para decir algo que… —Hinata… —dijo con cautela.
La chica estaba tan metida en su tristeza y él había aparecido tan de repente, que por un momento se espantó al escuchar que alguien le llamaba. Cuando vio que era ese joven rubio, sintió como se contraía su corazón, sus pulmones, su estómago, y… de hecho se sentía más pequeña de lo normal.
Ahora no solo tenía que enfrentar el hecho de haber visto al amor de su vida con otra mujer, sino que también debía cargar con la vergüenza de ser encontrada en pleno drama… bufo en su interior, y se limpió rápidamente las lágrimas, respiro profundamente y giro su rostro en dirección al rubio con una máscara de… no, no era de felicidad, pero esperaba al menos que no se viera tan destrozada como estaba.
—¿Qué sucede? —Pregunto Naruto. —¿Por qué lloras?
¿Era en serio? No podía comportarse como si no tuviera idea de lo que significaba sus lágrimas… ok, en realidad ellos nunca habían definido nada como una relación. No habían quedado de ser novios, o nada… Tal vez para ella los ratos y los besos compartidos significaban más que para él… evidentemente.
Su corazón dolió al aceptar eso. Porque claro, el concepto en el que tenía al rubio era diferente. Siempre lo vio procurando a sus seres queridos y peleando por lo que él consideraba justo o correcto. Pero también tenía que aceptar que el chico era un despistado total, no quería decir que él era cruel con intención o por placer. Claro que no, ese no era el Naruto que ella conocía. Aunque claro que había pasado por alto la confesión que había hecho de sus sentimientos años atrás, y ahora actuaba como si entre ellos no hubiera nada… Hinata sintió enojo, por primera vez en su vida se enojó de verdad. No sabía si su molestia estaba dirigida al rubio o a su propia inocencia. Pero era el momento de decir: basta. No podía dejarse tratar de esa manera. ¡Ella era una Hyuuga!
Algo dentro de ella le susurro que estaba retractándose de su palabra. Hizo oídos sordos a esa afirmación. Tenía que hacerlo. Había pasado gran parte de su vida detrás a un chico hermoso, y bello como persona, luchador inalcanzable y defensor de todos. Y el corazón de un chico así evidentemente no era fácil de capturar. Tenía que aceptar que Shion era una chica muy bella, elegante y refinada. Tal vez, tal vez era la mujer que el rubio necesitaba para compartir su vida.
Resultaba desolador que tuviera que encontrar ese final, y que para nada se acercara a uno feliz, pero era definitivo. Ese era el desenlace…
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