Nota: Bueno, finalmente el último capítulo y queda el Epílogo, con probavilidad de una secuela que sea la continuación, pero aun no estoy segura de hacerla realmente, si lo hago, seguramente sea en la época de los merodeadores, la segunda mitad del último año.
Ha sido por decirlo de alguna manera, una historia entretenida de escribir, conciderando que no tenía ninguna regla ni ninguna linea real de tiempo para seguir más allá de los primeros 5 libros de HP, los cuales más allá del primer capítulo donde Hermione menciona sus posibles muerte, no aparecieron en nada.
Creo que le he tomado mucho cariño a la historia a pesar de que la he escrito rápidamente con ideas que surgían en el momento y escenas que mis amigos y yo presentamos en nuestras vidas diarias, como las peleas de que alguno se tiene que cuidar, instintos maternales de los cuales me enorgullezco a decir que vienen de mi parte, etc.
Solo diré una cosa y es: WOW! SOLO FALTA EL EPILOGO!
Sin más y como una madre orgulloza ante su pequeño,
Luna Ming
Tonos de Negro VIII
Veritas, El Destino Monstruoso
Habían podido bañarse y comer algo de lo que los elfos habían traído.
En si, todo seguía siendo extraño…
Cuando habían salido del baño, un elfo vestido con una funda de almohada cuidadosamente arreglada e impecable había aparecido y dejado una bandeja en cada una de las mesas que separaban sus camas para que pudieran comer.
Incluso les había saludado antes de desaparecer del lugar, cosa nunca antes vista en uno de esa especie, que solían tratar de escabullirse sin ser notados para llevar a cabo sus cometidos.
Desde que habían llegado no habían tenido tiempo de hablar entre ellos, en vista de que siempre había alguien 'resguardandoles', así que no les quedó más que aprovechar la media hora que les quedaba.
"Oye, Moony, Prongs, ¿Qué creen de todo esto?" Expresó el morocho de pelo largo, mejor conocido como Sirius Black o Padfoot.
"La verdad que no sé que pensar… aun no estoy seguro si avanzamos solo 20 años. No podría tener un hijo que pareciera de 30 a esta altura…" El más bajo de los tres, de cabello negro y ojos castaños se revolvía el cabello mientras trataba de sacar conclusiones.
"Recuerda que nos han dicho que tiene 17… aunque parece que ha pasado esa edad hace rato." Señaló Moony.
"Y la enana… no debe ser mucho menor que nosotros, yo… digo él…" Trataba de conjugar las palabras Padfoot, sin saber como referirse al si mismo del futuro.
"Hagamos como ellos… tu eres Padfoot y él será Sirius."
"Bueno, si… Sirius y Remus dijeron que esos Harry y Ron la conocen desde que son pequeños, así que calculo que no debe ser tanto mayor."
Los otros dos se encogieron de hombros.
"Padfoot, pareces demasiado interesado, viejo…" Prongs entrecerró los ojos viéndole pícaramente. "¿Es que acaso estás interesado en ella? Yo que tu tendría cuidado… no valla a ser que tu yo futuro te gane la carrera."
"No seas tonto, Prongs." A pesar de sus palabras, desvió rápidamente la mirada para no verle de frente.
En ese momento se había abierto la puerta, dejando ver a tres personas que venían, el primero, Sirius mayor, que tenía una sonrisa en el rostro recién afeitado y el cabello mojado atado en una cola baja que llegaba fácilmente a la cintura.
Detrás de él, las otras dos personas discutían, mientras que el licántropo, Remus Lupin, traía como costal de papas a la chica que ya se habían acostumbrado a ver.
"En serio, te juro que haré que comas más, no puedes estar tan delgada, hace falta rellenar esas curvas."
"Que como bien, por enésima vez, Remus, bájame de una vez, no estoy enferma y mis piernas funcionan perfectamente."
"Nada de eso, princesa, ya ríndete, te bajaré cuando haya una silla para que te siente."
Dicho y hecho, al entrar los tres, Remus bajó a la chica en una silla, donde ella se acomodó viéndole con venganza en los ojos, la cual él despidió con una risa de diversión.
"Vamos, sabes que no es tan malo…"
"Cállate, Remus. Ahora, a lo que veníamos. Creo que tiene preguntas y este es el momento para hacerlas." La nena se giró a los otros tres merodeadores que les veían con maravilla en los ojos. Jamás Remus se había comportado de esa forma, a pesar de su espíritu merodeador, con ninguna chica.
"Erm… bueno, primero que nada queríamos saber quien eres, tu edad y esas cosas… como para saber con quien estamos hablando." Acotó Padfoot al ver que sus amigos le veían como sabiendo a donde iba todo el tema.
"Oh, claro, presentaciones apropiadas. Hermione, si no me equivoco tengo 17 años, no, seguro, tengo 17, ex Gryffindor. Actualmente directora de Pyramide y cabeza de la cofradía Canis. Soy profesora de armas muggle y preparación física, además de arte." Respondió restándole importancia.
"¿17?" Exclamaron los tres adolescentes, mirando a la chica que poco más de 14 años le daban.
"Soy baja, no hace falta que me lo recuerden." Rezongó de mala manera mientras taladraba a los muchachos con la mirada.
"De eso estábamos hablando, princesa. Deberías rellenar un poco esas curvas. Da la sensación de que te fueras a quebrar cada vez que te agarro. Ya no hay nada por lo que sea necesario que saltees tus comidas. No hay urgencias que requieran tu atención inmediata, deberías aprovecharlo." Señaló el Remus adulto desde el costado de esta.
"Este no es el momento, Remus… hablaremos en la noche sobre ese tema."
"Pero, ¿Por qué dudaste sobre tu edad?" Señaló Moony el hecho que sus dos amigos habían salteado.
"Hace 10 años que vengo festejando los 17 años, sin contar las 5 veces que festejé los 16… así que extraoficialmente tengo 32 años de edad. Pero para el ministerio sigo teniendo 17, apenas cumplida la mayoría de edad."
"¿Podrías explicarnos eso? La verdad que parece sorprendente… ¿Acaso eres un vampiro? Pero eso no explicaría el hecho de que hayas cumplido 5 veces 16 años…" Trató de buscar su propia explicación a la nueva información Moony.
"No, la explicación es exactamente igual a la de ustedes estando acá… gira-tiempos. Solo que el nuestro está desarrollado para cubrir una sala entera. Si se hubieran fijado bien en el comedor, hubieran notado una línea dorada que circula las paredes y las puertas. Está construido para retroceder exactamente 1 año, ni más ni menos."
"Pero entonces podrían regresarnos a nuestra época fácilmente…" Apuntó Prongs.
"Ojalá fuera tan fácil… este lugar, como Padfoot habrá notado, es la mansión Black. Hace 16 años aun la familia Black tenía residentes en este lugar, sin contar que el giratiempos se perdería ya que para entonces no estaba colocado en la pared del lugar. Recién fue instalado por nosotros hace exactamente 9 años, al final del primer año de Pyramide, para poder ser utilizado por todos los estudiantes a la vez. Aun el conocimiento del viaje al futuro está siendo resguardado en el departamento de misterios, así que es un poco difícil poder ayudarles."
"Pero tenemos que regresar…" Expresó Prongs con algo de angustia. "Si no lo hacemos, Lily me va a matar."
"Tengo una duda más." Les llamó la atención otra vez Moony, el más inquisidor de los tres. "¿Por qué construyeron una escuela militar? ¿Acaso ya no hay aurores?"
"Eso lo puedo responder yo, por propia vivencia." Se acercó el Sirius adulto que había permanecido callado, mientras su contraparte parecía escasearle con la mirada para notar las diferencias.
Sus ojos azules que parecían llenos de vitalidad y alegría, por un momento parecían acosados por años de dolor y miedo.
"Aun no han salido de Hogwarts, pero cuando salgan, tiempos oscuros se van a acercar. Creo que hasta ahora no han escuchado el nombre Voldemort…" los chicos negaron. "Entonces les sonará 'el innombrable'" Ante esa mención, los tres alzaron las cabezas para mirarle. "Pocos saben de donde viene, pero es necesario para la supervivencia de todos el aprender a defenderse de él. Por eso se creó esta escuela. Para entrenar al destinado a derrotarlo y a la gente dispuesta a dar batalla en su contra."
"Pero la guerra del mundo mágico no duró tanto, ¿no? La guerra no debería durar tanto, al paso que Voldemort va en nuestro tiempo, debe tener muchos seguidores dispuesto a morir por él… y…" Padfoot miraba horrorizado a los otros que trataban de entender que la guerra hubiera durado más de 20 años.
"No, Padfoot… la guerra no duró 20 años. Ahí es donde ustedes tres entraron en juego. O mejor dicho Lily y James." Todos se giraron a ver al anonadado James. "Luego de casarse, se enfrentaron a Voldemort tres veces en persona, hasta que Lily quedó embarazada de Harry. Fue entonces que se hizo una profecía… el niño nacido a finales de Julio, con los padres que desafiaron a Voldemort 3 veces y marcado como su igual, sería quien le derrotara… y solo hubo dos que encajaron la descripción, pero Harry fue el elegido, a la vez que causó la desaparición de Voldemort por 13 años."
"A ver si entiendo… deberé enviar a mi hijo a luchar con un lunático que desea matar a todos los de sangre impura." Exclamó Prongs alarmado por la noticia.
"No, James…" Intervino en Remus del futuro. "Tu y Lily están muertos."
"¿Entonces quien lo hará? Calculo que Padfoot, Moony o Wormtail tendrán que hacerlo." Razonó mientras se hundía en la cama donde estaba sentado, tratando de encontrarle la vuelta a su muerte que aun no sucedía.
"Tampoco… Remus es licántropo, así que no puede tener custodia de un menor… Y yo… estuve 12 años en Azkaban porque Wormtail nos traicionó." Agregó dudoso Sirius, mientras dejaba recorrer su mirada por los rostros dolidos de su yo pasado y sus amigos de la infancia.
"Pero…" Logró salir de la boca de Moony tras varios tartamudeos incoherentes. "Peter nunca haría eso…"
"Eso pensamos todos cuando le nombramos el guardián secreto del hechizo Fidelius de la casa de James y Lily. Pero estuvimos equivocados. Él delato a sus amigos para ganar un lugar como servidor de Voldemort. Sirius fue declarado culpable de todo ello." Agregó Hermione desde su asiento.
"¿Por qué nos dices esto?" Preguntó un Padfoot demasiado serio para lo que era habitual.
"Porque están acá y hace exactamente dos meses Voldemort por fin fue eliminado de la faz de la tierra. Y si van a quedarse con nosotros, deberán acostumbrarse a que lo que pasa aquí son vestigios de una guerra que hemos vivido desde que, en el caso de algunos, cumplimos 11 años. Hemos perfeccionado la forma de pelear, hemos crecido y nos hemos adaptado, la mayor parte de los hombres que vean allí afuera, pueden parecer de 30 años, pero en si apenas tienen 16 o 17 años nada más. Hemos visto muerte en primera persona, hemos asesinado hasta poder llegar a Voldemort…"
"Pero Dumblendore siempre dice que el amor es el poder supremo, que eso sería lo que le haría caer…" Apuntó con miedo Prongs.
"Y el amor nos ha ayudado… pero no se derrota a un mago oscuro con besos y abrazos, dejarlos inconscientes significa que cuando les des la espalda, ellos se alzarán otra vez y te atacarán. No a lastimarte un poco y dejarte inconsciente como los aurores suelen hacer… a matarte. Solo dos palabras y tu vida desaparece. Ningún escudo es lo suficientemente fuerte como para detenerlo… así que debimos tomar todo lo que teníamos y aprender a vivir con lo que hacíamos. La magia blanca no nos ayudaría a sobrevivir."
"¿Y Dumblendore? No creo que esté a favor de hacer todo esto."
"No, no lo está… o no lo hubiera estado si se hubiera enterado antes del final. Pero él no es quien para quejarse, luego de todo lo que hizo por 'el bien mayor'. La edad le ha llegado, es mayor y su entendimiento del bien y el mal se ve flaquear a cada decisión que toma." Los chicos fruncieron los seños ante lo dicho por la castaña. "No me mal interpreten. Dumblendore es un buen hombre, pero muy poderoso para su propio bien. A pesar de eso, al tratar de protegernos ha cometido errores que a muchos nos costará perdonarle. Es el precio que todos tenemos que pagar, con la guerra en marcha, todos dejamos de ser completamente inocentes."
"Muñeca, tienes que ir al aula 5, los Bestiae reclaman una clase de arte. Desde el final de la batalla que reclaman que quieren regresar a clase." Dijo Sirius, mientras la sacaba de la silla para que marchara, a lo cual la chica giró los ojos.
"Son como unos niños… ¿Cuándo se darán cuenta de que ya se han graduado?" Expresó de buen humor, mientras se dirigía a la puerta. "Les dejo con Sirius y Remus… pero les aviso que si planean hacer algo, de cinco merodeadores, los voy a transformar en 5 conejitos."
Al cerrar la puerta, los cinco se vieron entre si.
"¿Tienen algún plan entre las manos?"
"Ustedes déjennos a nosotros… Los gemelos vienen en camino."
En ese instante, la puerta de la enfermería se abrió para rebelar un zorro colgado de la manija con sus patas delanteras, mientras que otro entraba caminando en sus patas traseras en una posición que parecía que tuviera los puños en la cintura.
Esto iba a ser único.
Y desastroso.
Siete cabezas se asomaron en la puerta sin ser notados.
Del otro lado, una chica de cabello castaño estaba indicando ciertos movimientos de baile a un grupo de 40 personas que le seguían sin ninguna duda en sus pasos.
"Recuerden paso básico, no pierdan el ritmo. Derecho adelante, centro, izquierdo atrás."
Acompañando las órdenes había música movida, pero en un momento se detuvo.
"Bueno, en parejas. Armen un círculo, los hombres como son más, deberán rotar. Harry, ven aquí, tú serás mi pareja para demostración. Antes de comenzar, tomen los aretes con las esferas de fuego." Mientras todos se movían a sus lugares, la chica volvió a hablar. "Y los siete que nos espían, adentro, que si van a estar ahí parados, prefiero tenerlos a la vista. Entren y tomen sus lugares."
Los tres merodeadores vieron como los otros abrían la puerta con un quejido.
"¡Pero yo no sé bailar!" Se quejó Moony.
"Entonces es momento de que aprendas." Replicó la castaña a la vez que les hacía señas para que entren al lugar. "Tu, Remus y Sirius intercambiarán con Harry, Fred y George intercambian con Viktor y Cho. Y parece que Padfoot y Prongs han encontrado su camino hacia su pareja de baile. Muévanse."
Y así era.
Tras recorrer con la vista el salón, lo primero que habían visto, como si brillara, era a una chica rubia y pálida, de facciones finas y delicadas que era simplemente… perfecta.
Como si fueran moscas se acercaron a ella a paso lento hasta que la voz de Hermione les despertó.
"Fleur es parte veela, así que no les recomiendo que hagan nada inapropiado hacia ella… les aseguro que no les dejaría bien parados." Se quitó la túnica dejando ver un conjunto de pantalones amplios negros con una remera sin mangas de color verde oscuro y recogió su cabello para que se vean unos aretes iguales a los que tenía puestos la tarde anterior.
El resto de las personas estaban vestidos igual que ella, que con un movimiento de su varita transformó sus ropas en conjuntos iguales, salvo que de remera blanca.
"Movimiento 21, todos han tenido mala puntería con este… y eso que es uno de los más simples. Coronación y ataque. Los nuevos solo miren, primero deberán aprender los movimientos, luego si tienen tiempo, les enseñaremos a usar la magia."
Los tres se miraron, pero al ver que no había respuestas a la pregunta general, se encogieron de hombros y esperaron.
"Sus objetivos serán los muñecos contra la pared derecha. Haré una demostración y luego ustedes practicarán."
Dicho esto, tomó la mano de Harry y comenzaron una danza rápida pero sensual, en la que él tomó la mano de ella y la guío detrás de la cabeza de esta, soltándole antes de que esta gire y con la punta de los dedos rozando el arete de esta, a la vez que las manos unidas de ambos se dirigían a unos de los maniquíes y de sus manos salían lo que parecerían llamas.
No era necesario decir, que el muñeco quedó totalmente carbonizado.
"¡Wow!" Intervino Padfoot, acercándose para ver el muñeco desde al lado de la pareja. "¿Cómo lo hicieron? ¿Acaso tienen una varita escondida? ¿Qué fue ese hechizo? Me encantaría poder usarlo en madre."
Hermione ignoró sus exclamaciones, girándose a Harry y hablando con él. A su vez, Sirius se acercó a su contraparte, pasando al lado de la chica y tocando su oreja, retirando el pendiente que estaba colgado en ella.
"Padfoot, Moony, Prongs, acérquense que les mostraré como funciona." Tras asegurarse de que los merodeadores estaban alrededor, abrió su mano derecha mostrando el pendiente con una esfera de cristal que parecía tener una pequeña llama en su interior. "Esto es lo que llamamos esfera de contención, una creación de Fred y George. En su interior contiene un hechizo, que en las originales se liberaba al explotar la esfera. Esta es una versión avanzada y con solo tocarla puedes dirigir el hechizo… estas, por ejemplo contienen un 'Fiend Fire', también conocido como 'Fuego Draconiano' o 'Fuego Infernal', generalmente es considerado magia negra, ya que es un gran hechizo de batalla que consigue derretir la mayor parte de las defensas." Explicó en tono de maestro a los tres.
"Entonces, al tocarlo Harry y al tenerlo puesto Hermione, ambos pudieron canalizarlo y alimentarlo de la magia de ambos… es increíble." Expresó el castaño, mientras veía maravillado el arete.
"Exacto. Asegúrense de no tocar ninguno de estos por accidente, es mucho tiempo el que hace falta para aprender a controlarlo, ya que apenas la magia hace contacto con sus pieles busca una forma de liberarse causando un efecto muy parecido a la magia accidental de los niños. Les aseguro que no les gustaría ir con un 'Fiend Fire' atacando lo que se mueva… hasta Hermione, que es una bruja de magia controlada como Lily, tuvo varias malas pasadas con estos…"
Luego los cuatro se giraron para volver a ver a Hermione, que estaba señalando errores a Harry, mientras tomaba distraídamente a Remus del brazo y le indicaba que lo hiciera con ella.
Fue exactamente igual, salvo que se notaba que el licántropo tenía en si más gracias que el chico, tocando el arete, pasando la mano por el brazo de la chica y tomando la mano de esta antes de disparar, causando que el fuego tomara una forma extraña, como si se tratara de un rostro de boca abierta y colmillos prominentes, que prácticamente tragó el muñeco dejando solo cenizas en el suelo.
"Y así es como se libera el Fiend Fire…"
La clase aplaudió ante tal muestra e incluso ellos aplaudieron mientras veían el montículo de cenizas que habían caído ordenadamente al suelo.
"Ahora todos, muévanse."
Inmediatamente la sala comenzó a moverse, avanzando hacia las chicas que se habían colocado en hilera delante de los maniquíes, siguiendo los pasos indicados por la instructora y lanzando el hechizo.
"A la cuenta de tres agáchense." Les llegó el susurro de los gemelos.
"1… 2… ¡3!" Enseguida, siete personas se agacharon y se escuchó un vidrio quebrarse a la vez que luces de color rojo se disparaban en todas direcciones, segundos después, otro ruido y más luces, pero esta vez verdes.
No se atrevían a alzar la cabeza por miedo a lo que encontrarían, pero el grito de furia que escucharon simplemente hizo que tuvieran que mirar.
"¡Ya basta! ¡Me rindo! ¡Esto ya ha llegado demasiado lejos! ¡No estoy para hacerme cargo de estas cosas! Harry, tu ve por ellos…"
Al alzar la vista, vieron que la mitad de la clase no les llegaría ni a la cintura, algunos de estos y de los… 'adultos', tenían de cabello serpientes que recordaban los de las gorgonas.
En el suelo, haciendo berrinche, estaba una niña de 7 años, con todas las serpientes de su cabello siseando a donde se encontraban los gemelos.
El chico, Harry, se veía incierto de que hacer, mientras veía como una serpiente se escurría por su cabello para mirarle a los ojos a través de las gafas.
"Genial, nunca se aburren de estos hechizos y Hermione está al borde de un ataque de nervios…" Miró al grupo entre aburrimiento y furia de tener que ser él el que se encargue de ellos. "¿Escapen?"
"Lo que mande, señor…"
"Pero, verá, no sé si sea tan conveniente."
"Sin contar que no fue nuestra idea." Harry a esta altura había alzado una ceja y miraba incrédulo como los gemelos al tratar de salvar sus cuellos se estaban enterrando ante la vista de todos los presentes.
"Sirius y Remus creían que sería buena idea mostrarles a nuestros queridos mini merodeadores nuestra forma de vida…"
"¿Y que mejor que hacerlo con una buena broma?"
"De esas que nunca pasan de moda, ¿Verdad hermano?"
"Definitivamente, George."
Con el pulgar y el índice, el moreno se apretó el tobique de la nariz y recorrió con la mirada el lugar por el resto de los culpables.
"Les recomiendo que se paren del suelo. Ya que van a aprender el modo de vida de este lugar para el tiempo que se queden, no solo aprenderán sobre las bromas, sino también sobre los castigos. Moony será la excepción por hoy, ya que no es animago… los otros seis… Ya que Hermione no puede impartir castigo, les recomiendo que escapen mientras puedan, tienen exactamente 10 segundo."
Todos se miraron, mientras Sirius y Remus arrastraban a Prongs y Padfoot fuera del aula.
"Si no quieren que los alcance, transfórmense y corran tan rápido como puedan" A la orden, un semi-lobo, dos perros negros, dos zorros y un ciervo estaban corriendo por los pasillos en busca de refugio que les pudiera proteger de la pantera de ojos verdes que se arrimaba e ellos a cada momento.
"Al menos agradezcan que no es Hermione…" Se escuchó de parte de un hombre que pasaba en dirección al aula de la que habían escapado.
"Estoy muerto…" Declaró el morocho de pelo largo mientras se tiraba en la cama. "Ya hace casi dos meses que estamos acá y aun no sabemos como regresar… Realmente, Prongs, ¿Cómo nos metiste en esto sin saber?"
"No se quejen, véanlo por el lado positivo… con lo que aprendemos acá nos podremos enfrentar a Voldemort y salir vivos." Declaro el otro morocho, que imitaba las acciones de su amigo en la cama contigua.
En dos meses habían aprendido varias cosas…
Como el hecho de que en realidad los castigos no implicaban escribir unas cuantas líneas o refregar el fondo de los calderos de peltre como en el colegio, aunque esas cosas se podían usar para cosas menores como hacer explotar un caldero cuando se están siguiendo instrucciones. No, si realmente habías hecho algo, era mejor que corrieras, porque no dudarían ni los profesores ni los otros alumnos en romperte los dientes si así te lo merecías.
A la vez, si necesitaban ayuda, cualquiera, sea de la cofradía que sea, ayudaría sin importar de quien se trataba. Como había dicho Remus, todos se comportaban como lobos. Primero la manada, por lo que no condescendía un peligro a esta de cualquier índole. Segundo la justicia dentro de esta, primero sería un gruñido, luego un mordisco de advertencia y la tercera vez que se infringía la ley, morderían hasta sacar sangre… y eso lo tenían muy en claro luego de la segunda broma. Por último estaban los Alfas seguidos de los Beta.
La Alfa sin lugar a dudas era Hermione, quien se encargaba de cuidar de todos los que pertenecían al lugar. Aparentemente no había 'macho alfa', nunca dejaba que se acerquen más de lo estrictamente necesario. Y particularmente ellos no querían que se les acerque, porque eso solo podía significar que estaban en problemas... tener a la Directora siguiéndoles el rastro solo significaba problemas… grandes problemas.
Claro que estaban de acuerdo con los gemelos.
Valía la pena, siempre valía la pena.
Especialmente en el último mes que la chica había empezado a ganar algo de peso y estaba dejando de parecer una niñita escuálida. Estaba tomando la forma de una mujer como debería haber sido hacía tiempo y hasta jurarían que había crecido uno o dos milímetros desde entonces… aunque no esperaran un milagro, tal vez iba a llegar a tener una estatura decente… aunque no la necesitara para hacer que tiemblen a su paso.
Padfoot era el que les había remarcado esos cambios. Al parecer le estaba prestando más atención de la que debía y Prongs dudaba de que fuera buena idea tratar de 'enredarla en los encantos Black', como solían llamar a los intentos de conquista de su amigo, ya que la chica no solo parecía ignorarle, sino que era una imagen demasiado lejana para ellos… y ni hablar de su agilidad para atraparles cada vez que los tres trataban de escapar luego de la última broma hecha.
Bueno, Moony no parecía tan inclinado a causar escándalo desde que habían llegado.
Tal vez por el hecho de saber que a pesar de todos los problemas causados por su licantropía iba a ser aceptado en algún lugar del planeta…
O por el hecho de que él no era animago, así que escapar era algo casi imposible para él si se trataba de un ataque no mágico.
También de los tres fue el único que pudo relacionarse fuera de las actividades con los otros dos merodeadores y la jovencita, que parecía que tenía debilidad por el chico-lobo. Los celos de Padfoot se hicieron notar ante esto, el licántropo nunca había tenido más suerte con una mujer que él y no estaba dispuesto a que esto cambie.
Sin contar que en ese lugar al parecer directamente no tenía suerte con ninguna mujer. Cada vez que se acercaba a una, estas le miraban como patéticamente trataba de flirtear con ellas y luego le ignoraban completamente, sin importar lo guapo que era o las promesas que había. Simplemente era como si le conocieran demasiado bien o tal vez supieran algo que ellos no.
Los betas del lugar, Harry y Ronald. Mejores amigos de la infancia de la chica antes mencionada. Estos, sin lugar a dudas eran más abiertos que la amiga.
Harry siempre que podía se reunía a hablar con ellos. Quería saber sobre Lily, saber sobre la mujer que le amo tanto que por él dejó su propia vida. Quería escuchar sus aventuras que siempre le fascinaban y se acercaba a ellos para conocer como eran antes de lo ocurrido.
Era un chico bueno, amable y carismático. Algo reservado con respecto a su vida antes de ir a Hogwarts, pero siempre hablaba maravillas de sus aventuras allí, aunque cada una de ellas venía con cierta mortificación al notar el peligro que habían pasado sus amigos por ayudarle.
También les contó como dejó de sentirse completamente culpable por todas ellas… lo cual implicaba a Hermione y puñetazo que le dio vuelta la cara para que se diera cuenta de que todos hacían lo que querían y si ellos querían ayudarle, él no podría detenerlos.
Su lealtad hacia sus amigos solo era comparable con la de estos hacia él.
De nada valía preguntarle sobre Hermione o Ronald, ya que las respuestas siempre serían escuetas y descorazonadas, nunca más de lo estrictamente necesario y si era posible, ni eso les decía.
De hecho, fue por pura casualidad que descubrió que la chica, su mejor amiga, era su madrina… ¿Cómo era que alguien de la edad de su hijo era su madrina? Pues esa era una pregunta aun sin responder, ya que se negó a desarrollar esa idea mucho más.
Por el otro lado, Ronald, parecía interesado en ellos, pero no tanto como su amigo.
Descubrieron que este era el hermano de Bill Weasley, por lo tanto, su apellido era Weasley. Sin contar que era el varón menor de una familia de 7 hermanos. Bill era el mayor, fue mordido por un hombre lobo en forma humana, al igual que otros dos, y para evitar su muerte en base a la toxina que fue segregada en la herida debieron hacer que un hombre lobo le mordiera… algo realmente desagradable, pero que valió la pena según el punto de vista de su prometida Fleur. Bill entró en la casa Canis por su condición.
El segundo, Charlie, según Ronald les había contado, solía trabajar con dragones en Rumania. Fue inmediatamente citado para pertenecer a Bestiae en base a su gran destreza física y su capacidad para con las bestias. Una persona bromista y relajada, pero con un temperamento que hace juego con su cabello… y con los de sus hermanos. El típico hombre que actúa y luego piensa.
Siguiendo detrás de los dos, el tercer hijo, Percival, es por el contrario el analítico. Desde pequeño fue siempre estudioso y según decían, fue prefecto y premio anual. Ronald siempre se quejaba de que había sido muy difícil de ubicar en el colegio, ya que era muy bueno para la investigación, aunque no para el desarrollo. Pero finalmente decidieron por la estrategia. Demasiado reservado y de ideas muy fuertes como para meterse en la magia oscura de lleno, sería más una molestia que una ayuda para el grupo de cánidos. Con él había ido su novia, Penélope, que claramente le mantenía siempre alerta. Aunque era difícil ignorar la arrogancia que le traía cada logro.
Sin ser menos, detrás del Caeli Percy, llegaban los gemelos… los que rompían con los esquemas de la familia. Fred y George, los dos Canis, bromistas por excelencia, creativos e ingeniosos, eran capaces de crear cualquier cosa que se proponían… y de sacar de sus cabales a cualquiera que se cruzaba con ellos. Prongs que se enorgullecía de tener un 'sano humor' había perdido la paciencia con estos dos 3 o 4 veces sin siquiera darse cuenta. Leales y convincentes, ponían al resto por sobre ellos mismos… aunque no lo hicieran de la manera convencional. Siempre estaban dispuestos a jugar una broma cuando los ánimos parecían decaer, lo cual causaba que casi todos salieran a perseguirlos.
Última pero no menos, Ginevra de Bestiae. La menor y única hija mujer de Arthur y Molly. Su temperamento solo rivalizaba con el de Lily y Hermione. Explosiva, posesiva y dominante, la hacían una pequeña fiera cuando se trataba de escapar de ella. También se debía admitir que era considerablemente hermosa. Cabello rojo fuego hasta la cintura y lacio, ojos castaños y cierta pose de superioridad. Pero a pesar de todo, era uno más de los chicos, no te atrevas a decirle nada, porque tiene el conocimiento de suficientes maldiciones como para hacerte llorar por una semana.
"Al menos nosotros no tomamos todas las clases… juraría que de tanto correr ya hasta soy más rápido." Le respondió Padfoot, sacándole de su análisis.
"Chicos, en serio, no es tan malo, piensen en todo lo que aprendimos últimamente. Es una lástima que no podamos quedarnos acá más tiempo, hay un montón de conocimiento que nos serviría de regreso." Señaló el castaño desde uno de los escritorios mientras escribía en un pergamino su tarea para 'Estrategia'.
"¿Realmente creen que sea capaz de traicionarnos?" Preguntó luego de unos minutos Padfoot que se hallaba boca abajo sobre los cobertores.
"No lo sé… pero no me gustaría pensar que sea cierto." Suspiró Moony.
"Arriba los ánimos, aun no tenemos que preocuparnos por eso, ¿Por qué no mejor tratamos de descubrir algo de la directora? Ya sé… repartámonos por los pasillos y busquemos donde duerme." Trató de alegrarles Prongs.
"Yo aun tengo por delante un pie de pergamino… les recomiendo que ustedes también terminen las tareas antes de que salgamos a hacer algo. Eso de limpiar los pisos de las aulas cuando te duele todo el cuerpo no es muy agradable." El licántropo mientras hablaba seguía escribiendo furiosamente en el pergamino.
"Vamos, Moony, ¡alégrate!"
"No, la última vez no salió bien y les recuerdo que yo no me puedo transformar como ustedes para escapar. Aun me duelen las piernas de saltar sobre las mesas para poder salvarme y aun así no lo logre. Les recuerdo que estamos en una escuela militar, no en Hogwarts, donde nos darán castigos amables."
"Buen punto… nunca me volveré a quejar si McGonagall nos hace escribir mil veces que no debemos jugar bromas." Concedió el más alto de los tres mientras se sentaba. "De todas formas, vamos, Prongs, Tu ve por los pasillos a la izquierda y yo a la derecha a ver que encontramos."
"Bueno, me llevo la capa de invisibilidad, si les encuentro te aviso."
Dicho esto, salieron por la puerta y se separaron.
Prongs solo había caminado unos metros cuando recordó que el día en que llegaron habían estado en el cuarto de la chica, si recordaba bien, era en el pasillo principal que se dirigía al comedor.
Se giró para llamar a su amigo, pero este ya se había desaparecido en algún giro.
Sin saber que más hacer, reviso por ambos lados que nadie le viera y se colocó la capa para ir a destino.
Si no se equivocaba, era la tercera luego del cuadro del mago manco.
Y allí estaba la puerta de madera, tenía que encontrar una forma de entrar sin que le vieran, así que no había otra más que esperar. Y lo hizo…
Durante 10 minutos estuvo parado al lado de la puerta sin ser visto y cuando se cansó de esperar, extendió la mano para poder abrir, pero alguien se le adelantó.
"No se preocupen, en tres días estará todo listo para el ritual, luego podremos hacer un banquete y un pequeño baile para celebrar la unión, no tienen de que preocuparse, los elfos seguramente estarán encantados de adornar el comedor para la boda."
Al ver que nadie salía, se deslizó dentro con cuidado, aun si ver quienes estaban hablando.
"Líder… quiero decir, Hermione, además queríamos pedirte antes de irnos que tu seas nuestra jueza, ya que todo Pyramide será testigo de nuestra unión deseábamos que tu fueras quien nos unieras." Agregó una voz profunda y rasposa de hombre.
"Valla, es un honor. Claro que lo haré. Ahora vallan a transmitir las noticias, los veo en la cena."
"Claro, nos vemos luego." Respondió esta vez una mujer.
Se quedó quieto, mientras veía a una pareja salir peligrosamente cerca de él, la mujer rubia y el hombre morocho alto de cabello corto. Los reconocía como un Caeli y una Canis.
Y allí estaba a quien estaba buscando, era quien había hablado con la pareja y ahora se dirigía al escritorio central de la habitación, acomodando unos pergaminos que estaban esparcidos por esta.
Pensaba acercarse para ver que había escrito en estos, cuando la puerta el costado se abrió sin previo aviso y de esta salió un Sirius mojado de recién haberse bañado con apenas unos pantalones cubriéndole y la toalla en el cuello.
Se arrimó más a la pared, tratando de esconderse más si era posible, aunque sabía que si Sirius llegaba a usar el olfato, ni la capa de invisibilidad le protegería de ello.
Para su suerte, este parecía demasiado ocupado viendo a la chica como para prestarle atención a sus otros sentidos que le alertarían de su presencia.
"Muñeca…" Había sido un susurro suave, pero al parecer alcanzó para alertar a la joven, ya que esta se removió en su asiento. "En serio, sabes que estamos preocupados por ti. ¿Por qué te haces esto?"
La preocupación era evidente en su tono y en la manera de hablar, incluso sus ojos que generalmente parecían atormentados parecían brillar con algo más… algo que había estado allí todo este tiempo, pero ellos no se habían gastado en reconocer.
"No sé a lo que te refieres." Llegó la respuesta cortante.
"Creí que ya habíamos pasado esta instancia aquella vez que te encontré casi muerta en el piso de Grimauld." Antes de que la chica dijera algo, el hombre le silenció con un gesto de la mano y se acercó a ella rodeando el escritorio. "Sé que te estas cuidando más que antes. O mejor dicho, Remus y yo nos estamos haciendo cargo de que te cuides más que antes. Pero casi ni te vemos… de hecho, cuando vamos a dormir aun no regresas y cuando despertamos ya no estás. A veces me pregunto si realmente duermes siquiera y no pienses que no hemos notado los frascos de poción revitalizante tirados bajo la cama."
El hombre se agachó para estar a su altura y le acarició la mejilla en un gesto cariñoso.
"Sirius, sabes que tengo mucho que hacer… y ahora, con Padfoot, Prongs y Moony dando vueltas y teniendo que descubrir alguna forma de regresarlos… no sé ya ni donde estoy parada." Había bajado la voz hasta apenas un susurro cargado de cansancio y malestar.
"Amor, recuerda que tienes gente capacitada a tu mando, gente que puede hacer las cosas por si mismos, no necesitan que tu te hagas cargo de todo, reparte el peso de la carga de la cual te has adueñado… No todo es tu responsabilidad."
Para sorpresa de Prongs, la chica bajó la cabeza y depositó sus labios sobre los del hombre mayor en un beso amable.
Y mayor fue esta, cuando desde la puerta del baño llegó una protesta.
"Oigan, ustedes dos, ¿Acaso me van a dejar afuera?" la pareja y el adolescente escondido se giraron para ver a Remus vestido con la camisa fuera de los pantalones y el cabello castaño revuelto y mojado salir del baño.
"Claro que no, Lobo, ven acá y ayúdame a convencer a la señora de que necesita una siesta, ya hasta se le ven moradas ojeras de falta de descanso." Habló Sirius mientras apuntaba a la castaña que tenía una sonrisa en el rostro, cosa que James jamás había visto antes en ella.
"A la orden señor." Dicho esto, el licántropo fue hacia ellos y alzó a la chica en brazos, estampando sus labios no tan amablemente sobre ella, para mayor sorpresa de James, y la llevó hacia la cama, recostándola en esta y él del lado derecho de esta.
"No entiendo como lo logran, pero ustedes ganan, yo dormiré una siesta, creo que Severus podrá arreglárselas con los gemelos por hoy." Dicho esto, se acurrucó contra el hombre-lobo para poder descansar a la vez que el animago perro se recostaba al otro lado de esta.
Solo fueron segundos hasta que se comenzaron a escuchar los ligeros sonidos de respiraciones profundas anunciando que la chica estaba dormida.
"Sirius, ¿Recuerdas aquel día?" Preguntó en un susurro Remus, que sostenía a la chica, mientras alzaba la cabeza para ver al otro hombre.
"Como si pudiera olvidarlo… tan preocupado estaba por saber si Harry estaba bien, cuando llegaría, si iba a poder verlo, que no me di cuenta que la mejor amiga de mi ahijado estaba muriendo bajo mis propias narices." Replicó este mientras acariciaba el largo cabello castaño de la chica.
"¿Alguna vez te arrepentiste de haber tomado esta decisión?"
"Nunca, esto, si bien fue duro al principio, es lo mejor que me podría haber pasado. Siempre temí que mi familia fuera la raíz de todos los males, pero ahora… con Hermione a la cabeza de la familia Black, sé que nos podemos revindicar. Es muy dura con todos, pero a veces me pregunto si no es porque es dura consigo misma… Es una personita amorosa, a pesar de que no lo muestre."
"Lo sé. Si no fuera por ella no sé que habría sido de mi… nunca hubiera admitido lo que siento, siempre preocupándose más por nuestra felicidad que por la de ella."
"Pero ahora estamos juntos… y ambos cuidaremos de lo nuestro. Nosotros somos sus pilares y nunca dejaremos que nuestra Muñeca se caiga. ¿Verdad, Moony?"
"Por siempre, Padfoot…"
El último shock de James llegó cuando los labios de los dos hombres se unieron como sellando una promesa antes de acurrucarse alrededor de la figura más pequeña para descansar ellos también.
Lentamente se acercó otra vez la puerta y ante el primer ronquido, la abrió y escapó.
Padfoot y Moony lo encontraron caminando ausentemente hacia el dormitorio que compartían, sin dar muestras de querer reaccionar en ningún momento pronto.
Lo habían llamado 5 veces ya y aun no conseguían nada, hasta que Moony cansado dio un grito para que su amigo reconociera su presencia.
Y lo hizo…
Miró a uno, miró al otro, abriendo la boca repetidas veces como tratando de formular algo…
Y luego cerró la boca, tratando de alejar de su mente la imagen de los dos, varios años mayores compartiendo un beso… no tan inocente.
"Prongs, ¿Qué ocurre?" Preguntó un preocupado Padfoot. "¿Acaso te descubrieron y vienes escapando?"
Finalmente uniendo sus pensamientos negó con la cabeza.
"No, solo que no fue tan buena idea ir a buscar información de ella… será mejor que vallamos al cuarto."
"Veníamos a avisarte, al parecer encontraron una forma de regresarnos, así que en una semana esperan tener listo un giratiempos especial para regresarnos al mismo momento en que nos fuimos." Apuntó Moony, haciendo señas con las manos.
"Y adivina que…" Habló entusiasta Padfoot mientras parecía brillar de alegría. "¡Hemos descubierto que Severus es en realidad Quejicus! Podremos jugarle una broma para recordarle los buenos tiempos."
"Padfoot, no…" Dijo Prongs cansado. "En este tiempo no es el llorica que era antes. ¿Recuerdas? La verdad que no tengo ganas de ser perseguido por un chacal por todo el lugar… aparte, él ayudó a terminar la guerra."
Los otros dos se miraron entre si y luego al tercero que jamás se había negado a descargar una de sus crueles bromas sobre Quejicus. Era raro, lo cual generalmente no significaba nada bueno.
"James, ¿Estás bien?" Preguntó el castaño a su amigo con cierta duda en su voz.
"Si, perfectamente, solo necesito un descanso, me despertaré para el entrenamiento físico de la tarde, así que no se preocupen."
"Claro, luego hablamos…"
Los dos vieron al chico adentrarse a la habitación y cerrar la puerta con manos temblorosas… había pasado algo, pero no estaban muy seguros de querer saber que.
"Prongs, el giratiempos de Lily tiene una traba para que no se gire mientras regresan, asegúrate de tocarlo con tu varita y decir claramente 'James Harold Potter, Novato Bestiae' para que se destrabe antes de entregárselo. En ese momento se va a activar el hechizo de memoria para ti. Padfoot y Moony, les haremos el hechizo de memoria antes de que se vallan así no habrá problema."
"¿Por qué es tan importante que no recordemos?"
"Para que no cambien la historia, muchas cosas les han pasado a través de los años que si son evitadas, Voldemort nunca será vencido… desgraciadamente es un sacrificio necesario." Sentenció la castaña con cierta tristeza en la voz. "Les hemos enseñado todo lo que podíamos a nivel instintivo para que puedan sobrevivir lo mejor posible los próximos años, pero eso es todo lo que podemos hacer… el destino ha sido escrito ya y no somos quienes para cambiarlo."
Sin decir más, del enorme grupo de gente que estaba en el comedor, Harry se acercó a Prongs, abrazándolo fuertemente.
"Si puedes, dile a mamá que la amo y que su sacrificio no fue en vano." Le susurró al oído antes de separarse y abrazar a los otros dos.
"Ya es hora." Dicho esto, Hermione extendió una cadena dorada alrededor de los tres y programó un giratiempos de extraña forma para que les llevara al lugar de donde venían.
Le dio la mano a Prongs y luego procedió a abrazar a los otros dos con un susurrado 'nos vemos en el futuro'.
Era hora de irse, pero antes vio dos rayos de luz que se dirigían a sus amigos, borrando los recuerdos de la permanencia en ese lugar que era la Mansión Black, mejor conocida como Colegio Pyramide.
